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Prismas

On-line version ISSN 1852-0499

Prismas vol.15 no.2 Bernal July/Dec. 2011

 

DOSSIER: El siglo XIX de Tulio Halperin Donghi

El valor de los textos, una incitación lograda

 

Horacio Crespo

Universidad Nacional Autónoma de México / Universidad Nacional de San Martín

 

Publicado en 1980 por Biblioteca Ayacucho como estudio preliminar de un conjunto de textos de protagonistas del período transcurrido entre Caseros y la federalización de Buenos Aires, Una nación para el desierto argentino fue objeto de una progresiva separación respecto de esos textos, en sucesivas ediciones, alguna con ellos en versión digital adjunta -con claro carácter de "apéndice documental" subordinado- y otras ya sin los escritos que originalmente prologaba. En la más reciente, las obras originales aparecen ya sólo citadas como notas de pie de página, acentuando así su carácter de meros "documentos" de apoyo al trabajo de Halperin; también se suprimió -esto sí en todas- la cronología que los contextualizaba en eruditas ciento treinta y tres páginas de la edición original.1 Subrayo estas referencias bibliográficas -podrían considerarse nimias, o de darse alguna significación a estos cambios de presentación, justificarlos pragmáticamente por "necesidades" editoriales para mejor difusión de un escrito ya canónico-, porque remiten a una secuela historiográfica compleja: la autonomización, parcial o consumada, la "liberación" o al menos el aflojamiento de las ataduras del inicial prólogo respecto del corpus textual al que estaba, por su condición, ligado, más aun, subordinado. Singular inversión de posiciones, cambio de jerarquías textuales. Operación legítima, sin duda, autorizada por el autor y, más aun, por la consensuada consagración específica de Una nación... como discurso paradigmático, pero no sin consecuencias: a mi parecer, precipita el desdibujarse de una concepción del trabajo del historiador, de su relación con el material de su oficio, y también un método que está presente en un considerable segmento de la obra de Halperin -que va desde Una nación... a Vida y muerte de la república verdadera (1910-1930), La república imposible (1930-1945) y la entera serie Biblioteca del Pensamiento Argentino concebida sobre aquel modelo- y de la novedad que aportó, que trascendió la historiografía, para derramarse sobre la cultura argentina y latinoamericana. Ni más ni menos que renovar la relación con los textos de la historia, con su materialidad y su carácter, con la forma y los tiempos de su circulación, con la naturaleza de su lectura; con la tradición en la que se insertan, con la genealogía que confi guran. Sobre esto, las observaciones que siguen.
En un agudo comentario a Vida y muerte de la República verdadera, que puede extenderse a Una nación..., Luis Alberto Romero señalaba que Halperin cuenta su historia "apoyándose principalmente en las voces de sus actores -a los que convoca para decir las partes de un guión trazado por él mismo".2 En efecto, el resultado historiográfico es derivación de dos momentos específicos y, a la vez, articulados: la operación de lectura de un corpus cuyo previo recorte, constitución y sintaxis es la clave de bóveda de todo el proceso, y su presencia como elemento decisivo del conjunto. Circularidad entre textos y hermenéutica, cuya secuela es la apertura a la corroboración de la propuesta interpretativa hecha por el autor de la selección y el arco de asentimientos, disidencias y variaciones que el lector puede introducir a partir de su propia utilización del corpus. La dialogicidad virtual establecida entre autores y obras seleccionadas, el antólogo/hermeneuta y el lector crea un campo activo de participación cuyo efecto no menor es la inmediata actualización en el presente de los textos del corpus. No mero apoyo documental pretérito, mediado por el autor intérprete, sino actores dialogantes por derecho propio, inmediato, habilitados por la presencia textual en el cuerpo de la antología.
La operación no es neutra. Elección textual, organización y lectura se vinculan en el proyecto del autor. Dice Halperin en una reciente entrevista:

Y lo que no hice -se refiere puntualmente a La república imposible, pero es extensible a toda su labor como antólogo- y eso evidentemente es muy objetable pero es inevitable, es justificar la selección. Mi selección está hecha con mi criterio, es decir, lo que me parece importante. [...] Lo que uno hace cuando trata de entender la historia es muy parecido a lo que hace cuando trata de inventar una historia, es decir, encontrar los nexos para explicarla.3

Los dos momentos a los que nos habíamos referido, la construcción del corpus y su hermenéutica incluida en la narrativa que los introduce, apoyada en la rica cronología cuidadosamente montada, aparecen así claramente expresados por el historiador.
La presencia de los clásicos textos del debate fundacional de la nación y del Estado argentinos -que en la versión de Halperin Donghi se funden dramáticamente en ese período, lo que en sí mismo fue una novedad, y polémica, ya que siempre se suponía una nación preexistente a la "organización nacional"- representó, en el momento de su aparición, un aire refrescante, saludable, en el ominoso ambiente de la dictadura argentina, extensivo a varios países del Cono Sur y, en general, en América Latina. 1980, fecha de la publicación original de Una nación..., presenció la aparición de signos de que comenzaba a buscarse una "salida" política al proceso militar. También se sentía la creciente consolidación, en sectores fundamentales de los intelectuales y la izquierda latinoamericana y argentina, de una tendencia que hacía de la vinculación estratégica del socialismo con la democracia el núcleo de su proyecto político futuro. El socialismo democrático iba erigiéndose en uno de los posibles pilares de la reconstrucción de la nación y del Estado, de la mano de un creciente republicanismo con ciudadanía virtuosa, no necesariamente antagónico con aquél.
Ese ambiente, todavía un tanto difuso pero de todos modos perceptible, fue permeable a una convocatoria implícita que contenía el libro de Halperin. En principio, la revitalización de la tradición de pensamiento nacional, sepultada tras capas y capas de retórica reverencial, mala fe facciosa e inopia intelectual. Alberdi, Sarmiento, Mitre, Hernández, Fragueiro, Olegario V. Andrade, Nicasio Oroño, entre otros, recrearon, de la sutil y a veces muy irónica mano de Halperin, un debate vivaz, enconado, polémico, propositivo, abierto al futuro. Habían dicho en voz alta, y aquel decir volvía a significar en una inmediata lectura. Un debate histórico que encontraba eco en la situación que se avizoraba en el horizonte de expectativas presentes. Después de la férrea dictadura del rosismo y la despolitización creciente de sus últimos años, tras de la violencia inaudita de la contienda civil entre facciones, Halperin mostraba que Buenos Aires y la voluntad decidida de un fogoso tribuno, Bartolomé Mitre, había reinventado la política en 1852. La analogía era tentadora: ¿podía inaugurarse otro tiempo para una política avalada por una necesaria proyectualidad renovadora, un naciente momento de refundación republicana? La prefiguración de los caminos que se recorrerían desde 1982, y particularmente en 1983, puede ser sugerente para posibles futuras especulaciones de la intrahistoria, en la senda de don Miguel de Unamuno, y allí la recepción y la urdimbre del mensaje implícito en Una nación... y sus textos ocuparía un lugar destacado. Los textos, su vivacidad, la polémica y el diálogo que el autor recreaba, los ponía nuevamente a la orden del día. Señalaba que la nación había sido resultado de un proyecto, de un debate, cuyos parámetros se diseñaban con claridad. Representaba el regreso a las claves del pensamiento que dieron origen a la nación, daban la idea de que la inteligencia tenía y hacía sentido. "Enunciar significa producir" afirmó Mallarmé, presintiendo toda la teoría de las capacidades performativas del discurso.4 Se reencontraba un quehacer a la historia de las ideas, que abría cauce para un debate de la política y la sociedad actuales en un momento crucial. El último texto antologado nos revela un Sarmiento que en 1887 clama por el fortalecimiento de la ciudadanía con la naturalización de los inmigrantes y el voto responsable en el ejercicio de la democracia, como vía de remediar los males profundos de la inefi ciencia y la corrupción. Un Sarmiento que planteaba todo un programa para la Argentina y los argentinos de 1980.
Halperin subrayaba, desde sus palabras iniciales, la excepcionalidad argentina en el contexto latinoamericano: "el progreso argentino es la encarnación en el cuerpo de la nación de lo que comenzó por ser un proyecto formulado en los escritos de algunos argentinos cuya única arma política era su superior clarividencia" y, por lo tanto, "He aquí a la Argentina ofreciendo aún [1938, en palabras de Pedro Henríquez Ureña, sutilmente recogidas por Halperin] un derrotero histórico ejemplar -y hoy por eso mismo excepcional- en el marco hispanoamericano".5 Un envite virtual, que unía la provocación con la tentación: ¿Quién hoy podría -debería- recoger el guante de esa ejemplaridad, quién podría ponerse a la altura de aquellos textos convocantes, quién sostendría el diálogo sin mengua? 1980, ¿2011?

El autor señalaba que fue una etapa marcada por "acciones violentas y palabras destempladas", quizás la más violenta de la historia argentina, en las que el actor fue el naciente Estado nacional, con lo que trazaba notable distancia respecto de la línea apologética de las llamadas "presidencias históricas" de Mitre, Sarmiento y Avellaneda. Señalada por el ocaso del partido federal, ahogado por los pactos de Urquiza, por su asesinato, por el fracaso de las rebeliones de Peñaloza, Varela y López Jordán, por los paulatinos reacomodos de sus restantes referentes; también, por el apocamiento singular del mitrismo y el desfallecimiento final del autonomismo alsinista en las jornadas del '80. En el horizonte, el roquismo, como una amalgama de facciones erigida sobre el éxito en la construcción del Estado, sobre el nuevo ejército nacional y sobre un acuerdo más transversal y sólido: la apuesta a la toma de oportunidades que ofrecía el mercado mundial, el consenso sobre las bondades de la inmigración.
La trama historiográfica de Halperin se recortaba nítida de la académica, pero también -pese a algún guiño nunca reconocido- de la interpretación facciosa protagonizada por el revisionismo en un debate que llevaba ya más de medio siglo. Este colocarse un paso más allá de los tradicionales contendientes de la historiografía argentina fue probablemente decisivo para que a partir de Una nación... se afirmase un indisputado liderazgo y fuese una guía insoslayable en la renovación de su práctica en las próximas tres décadas.
Treinta años después, el futuro posible se convirtió en el pasado verdadero. El libro de Halperin, ya aliviado de esos textos poderosos que ayudaban a programar el mañana, se convirtió en un clásico de la historiografía. Ankersmit percibe, refiriéndose a la especialización de los historiadores y la sobreproducción resultante, que la historiografía tiende ahora más al análisis de las interpretaciones, que de las obras en sí; segundo efecto: debido a su evidente "multi-interpretabilidad", los textos originales pierden su capacidad de fungir como árbitros del debate histórico. "El resultado paradójico de todo esto es que el texto en sí ya no tiene autoridad ninguna en una interpretación [...]. En resumen, ya no tenemos textos ni pasados, sino sólo interpretaciones de ellos".6 Melancolía posmoderna, resignación ¿rendición? frente al bizantinismo de la hora. Sin embargo, la voz de Halperin sigue inquieta, inquietándonos; rememora el diagnóstico final que Sarmiento lanzara en 1883 sin eufemismos ni circunloquios, que Martínez Estrada actualizara en 1933 en Radiografía de la pampa coincidiendo con el balance lúcido y desangelado de Alberdi:

-Pienso que la Argentina fue realmente, como apuesta, una de las apuestas más audaces que ha habido. Porque la idea de hacer un país nuevo, no renovar una sociedad sino crear una sociedad, que en buena medida se hizo, no salió bien. No hay vuelta que darle;7

-Mire, es otra cara de lo mismo. La sociedad argentina es escéptica en todo, salvo sobre ella misma: es siempre la víctima inocente de calamidades en las que nunca tuvo nada que ver. Y quien se atreve a dudar de ese dogma es siempre mal recibido.8

Escuchar, ahora en silencio.

Notas

1 Proyecto y construcción de una nación (Argentina 1846-1880), Selección, prólogo y cronología de Tulio Halperin Donghi, Biblioteca Ayacucho, 68, Caracas, 1980, CII + 599 pp.         [ Links ] Luego fue reeditado en la Biblioteca del Pensamiento Argentino, Ariel, Buenos Aires, 1995; con CD documental, Emecé, Buenos Aires, 2007; sólo el prólogo: Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1992; Prometeo Libros, Buenos Aires, 2009. Tulio Halperin Donghi, Vida y muerte de la República Verdadera (1910-1930), Buenos Aires, Ariel, 2000;         [ Links ] Tulio Halperin Donghi, La república imposible (1930-1945), Buenos Aires, Ariel, 2004;         [ Links ] reeditados por Emecé, con apéndice documental en CD, Buenos Aires, 2007.

2 Luis Alberto Romero, <http://foroiberoideas.cervantesvirtual.com/resenias/data/27.pdf>         [ Links ].

3 Carlos Pagni, "Halperin Donghi: Memorias y confesiones", en ADN Cultura, La Nación, 13 de septiembre de 2008.         [ Links ] Las cursivas son mías, H. C.

4 Epígrafe, en Jean-Pierre Faye, Los lenguajes totalitarios, Madrid, Taurus, 1974.         [ Links ]

5 Pág. XII de la edición de Biblioteca Ayacucho. No hay espacio para tratar aquí la otra dialogicidad del texto-antología de Halperin Donghi: la establecida con el corpus de la Biblioteca Ayacucho, también ya un tanto infelizmente desplazada.

6 Franklin R. Ankersmit, Historia y tropología. Ascenso y caída de la metáfora, Fondo de Cultura Económica, México, 2004, pp. 316-317; 1ª ed. University of California Press, Berkeley-Los Ángeles-Oxford, 1994.         [ Links ]

7 Carlos Pagni, op. cit.

8 Mariana Canavese e Ivana Costa, "Entrevista a Tulio Halperin Donghi. La serena lucidez que devuelve la distancia", en Revista Ñ, Clarín, 28/5/2005.         [ Links ]