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Prismas

versión On-line ISSN 1852-0499

Prismas vol.15 no.2 Bernal jul./dic. 2011

 

DOSSIER: El siglo XIX de Tulio Halperin Donghi

Una América Latina por sus espacios y tiempos

 

João Paulo Pimenta

Universidade de São Paulo

 

Publicada por primera vez en 1967, en italiano,1 la Historia contemporánea de América Latina de Tulio Halperin Donghi conocería después amplia fortuna editorial en sucesivas traducciones, ediciones revisadas y aumentadas, constituyéndose, en las últimas cuatro décadas, en una de las síntesis de historia del continente más prestigiosas y leídas en todo el mundo. Las razones para el fenómeno son muchas, todas ellas gravitando en torno a los grandes méritos intelectuales de su autor, ampliamente reconocido, desde hace mucho, como uno de los grandes de la historiografía mundial. En mi lectura particular de ese libro, veo un motivo específico que parece haber justificado su suceso: el hecho de que, a su manera, ofrece una concepción de lo que es la América latina; un retrato que es, al mismo tiempo, de un lugar y de una historia.
Ahora bien, ¿esta lectura no chocaría con lo que pretende el mismo autor del libro, una vez que lo que en él encontramos contemplado son muchos espacios y muchas historias? De acuerdo con sus palabras de apertura,

una historia de Latinoamérica independiente: he aquí un tema problemático. Problema es ya la unidad del objeto mismo; el extremo abigarramiento de las realidades latinoamericanas suele ser lo primero que descubre el observador extraño.2

Una unidad problemática, sin duda, pero una unidad real. ¿Qué es, entonces, esa América Latina, que se define -y ahora colocamos las cosas en el plural- por sus muchos espacios y tiempos? Si Halperin evita una definición introductoria de su objeto, responde a tal indagación a lo largo de la obra, construyendo no un resumen histórico, sino una síntesis-problema. Y es esa respuesta, amplia, pormenorizada, llena de matices y contradicciones, lo que quiero aquí destacar muy brevemente, en un doble sentido: primero, como atendimiento a demandas típicas del contexto intelectual que crearon la refl exión de Halperin; segundo, como una propuesta de carácter metodológico, que trasciende aquel contexto.
¿Cuándo comienza la historia de ese objeto problemático? La centralidad de la crisis de la Independencia resulta de su capacidad de crear estados y naciones hasta entonces inexistentes, lo que conduce al surgimiento de un nuevo orden en el continente americano. Lo que entra en crisis -el orden colonial- debió, por lo tanto, ser debidamente considerado por el autor, en la medida en que el régimen "neocolonial" surgido en el siglo XIX llevaría consigo fuertes legados del anterior. La historia contada por Halperin es así, simultáneamente, la de colonizaciones y la de sus sucesivas disoluciones, entendidas éstas como las fuerzas capaces de configurar una unidad compuesta por antiguos dominios españoles y portugueses, territorios subordinados a los dictámenes de una Europa expansionista y de un capitalismo en formación.
¿Cómo aprehender tamaña variedad de situaciones, unificadas en torno a esa posición de subordinación que no es absoluta o uniforme? Emprendiendo una especie de "vuelo de águila", Halperin sube a las alturas, desde donde contempla amplios movimientos estructurales y coyunturales -bajo inspiración braudeliana- enclavados por elementos de una historia événementielle que, cuidadosamente evitada por el autor como principio organizador de su narrativa y de su propia concepción de la historia, sirve admirablemente bien al análisis de la "crisis de la independencia": un contexto acelerado, repleto de acontecimientos capaces de crear situaciones nuevas o de desestabilizar estructuras poco sólidas y que mereció atención en el segundo capítulo, el que a propósito es central en la obra. Es a partir de éste en el que no sólo el autor retomará los amplios movimientos, sino que además seguirá adelante con la convicción de haber, desde entonces, definido su objeto de análisis: una América "neocolonial" surgida de la disolución del orden anterior.
De ahí la presencia de pasajes con relación al Brasil, sin la necesidad de recurrir a la comodidad de métodos comparativos que, para ese momento, comenzaban a entrar en boga en algunos de los ambientes intelectuales frecuentados por Halperin. Pues las diferencias entre las historias del Brasil y de las demás partes del continente se tornan más o menos proporcionales a las propias especificidades internas de cada una de ellas, incluyendo otros espacios igualmente plurales, como el Río de la Plata, México, Nueva Granada y Perú. Todo es abordado y minuciosamente caracterizado, pero la síntesis-problema que resulta de ese modo de observación, adoptado en todo el libro, debe ser concordante con la propia unidad que él busca caracterizar: multiforme, dinámica, de difícil aprehensión.
Si la historia de esa unidad es la de situaciones articuladas, no obstante irreductible a morfologías o a patrones de simultaneidad histórica o de simple proximidad geográfica, todas ellas convergen para una posición de subordinación, de dependencia de un sistema internacional que jamás reserva a la América Latina posiciones favorables. En este aspecto, Halperin produjo una obra en perfecta sintonía con las demandas intelectuales de su tiempo, en las que las inquietudes en torno al presente y el futuro de los países del continente acostumbraban evocar la historia en busca de luces, que se dejaban seducir por las apelaciones a una unidad continental histórica, geográfica, económica y cultural. No es ésta una descripción adecuada de los propósitos y de los resultados inmediatos del trabajo de Halperin; sin embargo, en parte esa concepción informa su obra, así como -creo- contribuye para comprender parte de su éxito. Tomemos, como una muestra específica (pero ejemplar), el texto de presentación de la primera edición brasileña, que, evidentemente, no debe ser atribuido al autor:

[La] Historia de la América Latina, por su carácter inédito, por su profundidad se tornó un clásico en el género, lectura obligatoria para todos aquellos estudiosos e interesados en los orígenes sociales, políticos, económicos y culturales del subdesarrollo en que está inmerso nuestro continente. Donghi nos ofrece con su libro una lección de historiografía, una inmersión indispensable en el pasado como condición para entender el presente y el futuro.3

Las persistentes dificultades del continente confirman a éste el carácter de una unidad, incluso una unidad histórica que, a su vez, ofrecía a los lectores de Halperin una imagen contemporánea y actual de lo que sería esa "América Latina".

El tema de la recepción de la obra de Halperin, en el Brasil y en otros países, merece desarrollo aparte. Aquí finalizo con una observación de otra naturaleza. Desde el inicio, el autor demuestra notable seguridad en el análisis de su objeto, a pesar de reconocerlo como de difícil definición. Un buen historiador (cabe aclarar que Halperin es, repitamos, mucho más que eso) puede prescindir de ciertas definiciones introductorias, seguro de que se encargará de construirlas y fundamentarlas a lo largo de su narrativa. Halperin no sólo fue capaz de acumular un denso manantial de material histórico, sino que también lo manejó con notable sensibilidad e intuición. El "Prólogo" de su libro ya sugiere que él sabe exactamente de lo que se trata aquello que evita definir. Aquí, repitamos, el análisis de las independencias es fundamental. Si "entre los relatos políticos y patrióticos y las constantes a cuyo examen se consagran otras ciencias humanas, la historia halla difícil en Latinoamérica encontrar su terreno propio", ese terreno se ofrece a partir de una situación creada por la "crisis de independencia". 4
Sobre ésta, Halperin ya venía trabajando cuando su Historia Contemporánea de América Latina adquirió forma definitiva, por los mismos motivos que dieron centralidad al segundo capítulo de ésta, y en clave analítica bastante semejante: pues si el entendimiento de la "crisis de independencia" - en la que los hechos fácticos de la historia corta son inescapables - permite, de muchas maneras, también el de la colonización y de la contemporaneidad del continente, es pretexto para una articulación de diferentes tiempos históricos que preocupaban al autor:

es preciso admitir que, en cuanto a ciertos planos de la realidad social, la historia se mueve acaso más despacio aquí que en otras partes.5

Lo fáctico al servicio de lo no-fáctico; un tiempo corto denunciador de un pasado persistente y determinante de un futuro largo y todavía abierto; las independencias, acontecimientos cruciales, en sus debidas articulaciones con lo que vino antes y después de ellas. En todo eso, la Historia contemporánea de América latina, documento de una época, parece recobrar gran actualidad. Creo que la fuerte y pujante historiografía actual de las independencias mucho tendría que ganar con incursiones más osadas y numerosas en temas todavía tradicionalmente confinados al siglo XVIII o a la segunda mitad del siglo XIX; así como si demostrara mayor interés en la consideración de las estructuras que las envuelven, que en función de los acontecimientos se modifican en tiempos lentos. Como la propia América Latina que Tulio Halperin Donghi concibió.

Notas

1 Tulio Halperin Donghi, Storia dell'America Latina (trad. de Cesare Colombo), Turín, Einaudi, 1967.         [ Links ]

2 Utilizo aquí la primera edición española, corregida y ampliada por el autor en relación con la italiana: Historia contemporánea de América Latina, Madrid, Siglo XXI, 1969, p. 7.         [ Links ]

3 Tulio Halperin Donghi, História da América Latina (trad. de Carlos Nelson Coutinho), Río de Janeiro, Paz e Terra, 1982.         [ Links ]

4 Tulio Halperin Donghi, Historia contemporánea de América Latina, op. cit., p. 9.

5 Ibid., p. 8.