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Prismas

On-line version ISSN 1852-0499

Prismas vol.21 no.2 Bernal Dec. 2017

 

Dossier: La Revolución Rusa en la historia intelectual latinoamericana

Emilio Frugoni y la Revolución Rusa en el Uruguay

 

Gerardo Caetano
UDELAR, Montevideo

 

Con su famosa "Profesión de fe socialista" de diciembre de 1904, se producía la incorporación de Emilio Frugoni a las filas de un movimiento socialista en formación en el Uruguay desde fines del siglo XIX. Ya bajo su liderazgo, se constituiría plenamente como partido en 1910. Nacido en marzo de 1880 en un hogar acomodado, de padre comerciante y genovés de origen, Frugoni había comenzado su militancia política en las filas del Partido Colorado. Tuvo una fugaz participación del lado gubernista en la guerra civil de 1897, fue animador junto con José E. Rodó y Carlos Reyles del Club colorado Libertad, volvió a participar del lado oficialista en la revolución de 1904. Esta segunda experiencia impactó con mucha fuerza en sus convicciones políticas, provocando su alejamiento de las filas coloradas y reorientando sus ideas a las propuestas socialistas.

Ya por entonces era un hombre de prestigio en los círculos intelectuales montevideanos: estudiante avanzado de Derecho, poeta, polemista habitual en varios de los círculos más connotados de debate ideológico y cultural del Montevideo mítico del Novecientos. En el segundo semestre de 1904 aparece ya afiliado al Centro Obrero Socialista, institución que organizaría su "Profesión de fe socialista" del 22 de diciembre de ese mismo año en la sede de la Nuova Stella d’Italia.1

El cronista de Diario Nuevo registró en sus páginas aquella conferencia fundacional de Frugoni. En su exposición, el novel dirigente socialista argumentó a favor de una "fórmula política" que permitiera la comparecencia electoral de los socialistas bajo el lema del Partido Colorado, elogiando especialmente a "los jóvenes colorados" ("una legión caballeresca, cuyas nobles identidades […] suelen obtener triunfos sobre las viejas preocupaciones de las ‘estatuas de sal’, eternamente vueltas al pasado").2 El acuerdo socialista-colorado finalmente no fructificó. Este fracaso contribuyó a confirmar la opción del camino político independiente para el Partido Socialista en formación. Esta posibilidad se abrió en 1910, al decretar el Partido Nacional su abstencionismo en las elecciones como señal de protesta frente al seguro retorno de Batlle y Ordóñez a la presidencia. La expectativa de marcar presencia en el Parlamento constituía entonces una alternativa vista con especial ilusión por varios grupos de opinión, en particular por católicos, liberales y socialistas.3 Finalmente, esta circunstancia se concretó a través de la presentación en los comicios de 1910 de dos partidos nuevos: la "Coalición liberal-socialista" (con listas en Montevideo) y la "Unión Católica" (con listas en Montevideo, Canelones y Flores).

En Montevideo, el único departamento en el que al menos teóricamente hubo competencia, de aproximadamente 30.000 ciudadanos inscriptos solo se contabilizaron 9.126 sufragios (30,42%). El Partido Colorado obtuvo 7.881 votos, mientras que la Coalición Liberal-Socialista logró 894 y la Unión Católica 351. De acuerdo con esa votación, la Coalición Liberal-Socialista obtuvo en las mencionadas elecciones dos bancas de diputados por Montevideo, las que fueron ocupadas por sus primeros candidatos, el liberal Pedro Díaz y el socialista Emilio Frugoni. Respectivamente.4 El intento efímero de esta Coalición tuvo como una de sus derivaciones principales la elección del primer parlamentario socialista de la historia uruguaya. Más allá de que esta articulación política entre liberales y socialistas siguió funcionando durante los primeros meses del segundo gobierno de Batlle, la Coalición como tal pronto se disolvió.

En sus inicios el Partido Socialista, bajo el liderazgo de Frugoni, priorizó la actuación parlamentaria y periodística (en especial a través de su principal vocero de entonces, El Socialista) para la difusión de sus ideas, participó activamente en el debate político, penetró –aunque en minoría frente a los anarquistas– en el ámbito sindical a través de su participación en la Federación Obrera Regional Uruguaya (creada en 1905) y debió esforzarse para distinguirse del batllismo en su etapa más radical en el gobierno. En aquellos años el Uruguay se encontraba en un contexto de cambios profundos, con una fuerte confrontación política que enfrentaba en clave polar a dos grandes "familias ideológicas": el "republicanismo solidarista" (liderado por el batllismo y sus fracciones más radicales), frente al "liberal conservadorismo" (bajo la conducción del "ala derecha" del Partido Nacional).5 Las izquierdas socialista y anarquista (con caudales de adhesión marginales)6 se perfilaban en una perspectiva de relativa "izquierdi-zación", empujadas en más de un sentido por el radicalismo reformista del batllismo. Esto también repercutía en el movimiento sindical, en el que predominaban aun los anarquistas, quienes habían profundizado su hegemonía a partir de la fundación de la foru en 1905. Asimismo, desde 19137 comenzó a imperar un contexto de crisis económica que, a la vez que incrementaba el clima de polarización social y política general (derivado principalmente del debate acerca del intento de "freno" conservador a las reformas batllistas), aumentaba la conflictividad en el campo laboral y reforzaba las tendencias más "izquierdistas" y "sindicalistas" dentro del Partido Socialista y en los círculos anarquistas.8

Fue en ese contexto general que impactó el estallido de la Revolución Rusa en el Uruguay en general y en las filas del Partido Socialista en particular. Como líder e ideólogo del campo socialista, a Frugoni le cupo un rol decisivo en toda la coyuntura, aunque, como veremos, sus posturas terminarían siendo derrotadas. En especial entre 1918 y 1919, con una radicalización muy fuerte en el campo sindical, pudo confirmarse la advertencia que un informante le daba al Jefe de Policía de Montevideo por entonces: "La revolución rusa es el plato del día de todos los militantes […]. Si el calor que provocara la hoguera revolucionaria argentina fuera mayor, el fuego llegaría a pegarse aquí".9 Durante ese bienio clave, al impacto de la Revolución Rusa venían a sumarse las noticias sobre la radicalización del movimiento huelguístico en Buenos Aires, al tiempo que el propio ps adoptaba una postura cada vez más crítica frente al gobierno colorado y de apoyo a la movilización sindical, duramente reprimida.

No cabe duda de que la conflictividad sindical, iniciada ya a partir de la crisis de 1913 pero agravada de manera inusitada en 1918 y 1919, coadyuvó al impacto político e ideológico del proceso de la Revolución Rusa. El propio devenir de esta dio lugar a fuertes debates en la prensa socialista, anarquista y obrerista. Acontecimientos como la Revolución de Febrero de 1917 en San Petersburgo, el retorno de Lenin y el lanzamiento de sus "tesis de abril" exigiendo la revolución socialista, la Revolución de Octubre y la caída del gobierno provisional de Kerenski, la Paz de Brest-Litovsk en marzo de 1918, la fundación de la III Internacional en marzo de 1919, las resoluciones de sus primeros Congresos,10 las acciones represivas del gobierno bolchevique frente a las demandas anarquistas (como el aplastamiento del levantamiento de Kronstadt), entre otros acontecimientos, comenzaron a constituirse en los temas más debatidos en la prensa y en las asambleas de socialistas y anarquistas del Uruguay. Las tendencias que emergían tenían en muchos casos un largo proceso de fragua, pero el detonante de la Revolución Rusa las ponía en el centro de la escena y en más de un sentido las volvía inconciliables.

Como bien ha estudiado López D’Alessandro, durante toda esa década y en especial en ocasión de la "controversia revisionista", los socialistas uruguayos con Frugoni al frente se ubicaron junto a las posiciones más "izquierdistas" del socialismo internacional.11 Sin embargo, frente a la evolución de la Revolución Rusa, la división interna del ps se reactivó de inmediato, con Frugoni como protagonista en la lucha de tendencias. Ya el estallido de la primera Guerra Mundial había marcado tensiones dentro del ps. Pese a que al inicio del conflicto bélico se dio la primacía neta de la tesis de la "neutralidad", la existencia de un "sector occidentalista" que marcaba matices frente al posicionamiento de los Estados Unidos dio lugar más adelante a la división profunda entre "internacionalistas" y "reconstructores", no casualmente liderados por Eugenio Gómez12 y por Emilio Frugoni, respectivamente. El estallido de la Revolución Rusa profundizó a un punto de no retorno esas divisiones.

En primer lugar, comenzaron a realizarse actos "unitarios" entre socialistas y anarquistas en defensa de la revolución, algo que era interpretado por la vieja dirigencia de ambos campos como una herejía. Las diferentes posiciones comenzaron a cobrar plena visibilidad dentro del ps. Mientras la postura de los "maximalistas" o "revolucionarios internacionalistas", liderada como vimos por Eugenio Gómez y con fuertes sustentos en el frente sindical partidario, se volvía cada vez más fuerte, otro sector más disperso hacía ver su posicio-namiento "antibolchevique", con la crítica a la metodología que había depuesto a Kerenski y a su gobierno, a lo que venía a sumarse su repudio a la paz concretada luego con Alemania. Las autoridades partidarias, comandadas por Frugoni y básicamente alineadas con estos últimos, se negaron a mediar en un diferendo ya inconciliable. Sin embargo, desde los editoriales del vocero oficial El Socialista sostenían la "inviabilidad de la Revolución Bolchevique", al tiempo que rechazaban "la paz unilateral" firmada con Alemania, que a su juicio no podía significar otra cosa que "la victoria del imperialismo prusiano".13

En medio de un generalizado movimiento de actos barriales a favor de la Revolución, con un creciente apoyo en los sindicatos controlados por los socialistas y con un peso argumentativo que comenzó a ganar la prensa partidaria y hasta buena parte de las autoridades (bastiones tradicionales del Frugoni fundador), poco a poco Eugenio Gómez y su fracción "maximalista" comenzaron a ganar la partida. Mientras en Europa parecía iniciarse la "bancarrota" de la Internacional socialdemócrata, en ancas del prestigio del triunfo soviético, los "comunistas" no perdieron el tiempo. En marzo de 1919 se reunió en Moscú el Primer Congreso de la Internacional Comunista, mientras poco más de un año después se realizaba el Segundo Congreso, inaugurado el 19 de julio de 1920, que entre otras cosas estableció la indispensable adhesión a las "21 tesis de Lenin" (signadas por una adhesión total a la urss y sus posturas, una "ruptura total y definitiva con el reformismo", entre otras posiciones "maximalistas") como condición de ingreso a la Internacional Comunista.14

Como ya era previsible, las resoluciones que por Congreso estableció el Partido Socialista uruguayo tuvieron definiciones abrumadoras: la votación del ingreso a la Internacional Comunista se resolvió el 21 de septiembre de 1920 con 1.297 votos de congresales a favor, 175 negativos y 275 abstenciones.15 Pese a su dura derrota, Frugoni anunció su permanencia en el partido y fue elegido para integrar el nuevo Comité Ejecutivo con 1.197 adhesiones (el máximo de votos únicamente empatado por su archirrival Eugenio Gómez). Sin embargo, la definición en torno a las "21 tesis de Lenin" ya no dejó espacio para ninguna conciliación. Nuevamente por abrumadora mayoría, en la noche del 17 al 18 de abril de 1921, los "maximalistas internacionalistas" (devenidos ahora en comunistas a secas) arrasaban a los "reconstructores" (ahora socialistas): 1.007 votos frente a apenas 110.16 La ruptura tantas veces anunciada se consumaba plenamente: de manera simbólica, el nuevo Partido Comunista se quedó con la "Casa del Pueblo", con el periódico Justicia (que había venido a sustituir a El Socialista) y presentó fechada la carta de renuncia como diputado de Emilio Frugoni, práctica tradicional por entonces.17 Surgía de esa manera el "bipartidismo" de la izquierda tradicional uruguaya: Partido Comunista y Partido Socialista.

Aunque intentó inicialmente mediar para evitar la división, frente al "vértigo" de los avances "maximalistas" y del emergente "leninismo", Emilio Frugoni marcó definitivamente en el bienio 1919-1921 sus convicciones ideológicas, que mantendría hasta su muerte en 1969. Esas ideas son las que aparecen en su obra doctrinaria, en especial en Génesis, esencia y fundamentos del socialismo.18 En ese texto fundamental en la expresión de su pensamiento ideológico, luego de reivindicar el papel histórico de los "revolucionarios de febrero" con Kerenski a la cabeza, de volver a criticar los riesgos corridos por la Paz de Brest-Litovsk, de marcar sus discrepancias en varios aspectos con el leninismo y en especial con la deriva estalinista, Frugoni profundizaba en sus objeciones de régimen político frente al comunismo soviético:

Hemos de decir que si las constituciones de las democracias capitalistas no son consecuentemente democráticas […], la constitución soviética tampoco lo es, porque no acuerda las libertades públicas esenciales y los derechos políticos democráticos sino a un partido […]. Para nosotros no cabe duda que es un Estado políticamente democrático y liberal, o de democracia liberal socialista, el único llamado a las soluciones integrales del problema.19

Más duro aun sería en otro de sus libros, La esfinge roja, publicado luego de haber sido ministro plenipotenciario de Uruguay ante la urss entre 1944 y 1946:

Es evidentemente una dictadura que se pretende democrática. […] Solo [desde] ese concepto de una democracia antiliberal o antilibertaria […], sin libertades políticas, […] se puede calificar de democracia una dictadura ya ni siquiera de clase, sino de partido único, que tal era el caso de la Alemania nazi y tal es el caso de la Unión Soviética.20

Emilio Frugoni siempre se definiría como marxista pero no leninista, del mismo modo que reivindicaría de manera permanente al socialismo democrático como su norte ideológico. Esa matriz sería la hegemónica en el socialismo uruguayo hasta mediados de los años cincuenta, cuando –una vez más contra Frugoni– se operó una transformación radical del partido hacia una perspectiva leninista crítica de la democracia liberal.

Notas

1 "La asamblea socialista. La conferencia de Emilio Fru-goni", El Día, Montevideo, 24 de diciembre de 1904, p. 1.

2 Cf. "Los socialistas. La conferencia de anoche", Diario Nuevo, Montevideo, viernes 23 de diciembre de 1904, año II, Nº 413, p. 2.

3 De acuerdo con la legislación electoral vigente por entonces, para que el partido mayoritario se quedara con todas las bancas en disputa en una circunscripción departamental, debía contar aproximadamente con un 91% de los sufragios emitidos. Aun con el abstencionismo nacionalista, tamaño desempeño no era sencillo para el batllismo ni siquiera en Montevideo.

4 En las listas de esta "coalición liberal-socialista" aparecían figuras destacadas de diversas procedencias ideológicas. Además de liberales y socialistas, hubo también batllistas y nacionalistas disidentes. Cf. "La coalición liberal socialista. La reunión de anoche", El Día, Montevideo, 8 de diciembre de 1910, p. 5.

5 Gerardo Caetano, La República Batllista, Montevideo, ebo, 2011, pp. 9-16.

6 En su primera comparecencia electoral en 1910, en coalición con el Partido Liberal, con listas solo en la capital, los socialistas obtuvieron 894 votos; en el plebiscito de elección de constituyentes de 1916, en solitario y con listas en varios departamentos, los socialistas obtuvieron 2.001 votos, un 1,36% del total de votantes; en 1917 bajaron a 723, un 0,55% del total; en 1919, con las nuevas reglas electorales garantistas de la Constitución que entraba en vigor, los votos socialistas (todavía unidos en un mismo partido) ascendieron a 4.394 (2,27% del total); en 1922, ya divididos, el Partido Socialista obtuvo 997 (0,40) y el Partido Comunista 3.179 votos (1,29). Los anarquistas no participaban de las elecciones pero su peso se daba solo dentro del reducido elenco dirigente del movimiento sindical. Cf. Gerardo Caetano, La República Conservadora. (1916-1929), 2 vols., Montevideo, Fin de Siglo, 1992; Benjamín Nahum, Estadísticas históricas del Uruguay. (1900-1950), Montevideo, udelar, 2007.

7 José P. Barrán y Benjamín Nahum, Batlle, los estancieros y el Imperio Británico, vol. VI: Crisis y radicalización. (1913-1916), Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1985.

8 Fernando López D’Alesandro, Historia de la izquierda uruguaya. La fundación del Partido Comunista y la división del anarquismo (1919-1923), Montevideo, Vintén Editor, 1992, pp. 121 y ss.

9 AGN, Archivo particular de Virgilio Sampognaro, caja 216, carpeta 22, carta de Francisco Corney a Virgilio Sampognaro del 8 de enero de 1918. Cabe resaltar que Corney devino en informante policial luego de haber desempeñado importantes cargos dirigentes en el campo sindical, entre ellos el de secretario general de la foru.

10 En particular, la adopción de las "21 tesis de Lenin" aprobadas en el II Congreso del Kominterm celebrado en julio y agosto de 1920.

11 Cf. López D’Alesandro, Historia de la izquierda, op. cit., pp. 121 y ss.

12 Eugenio Gómez (1892-1973) fue no solo el promotor de la corriente "maximalista internacionalista" sino el verdadero líder fundacional del Partido Comunista en 1920 y en 1921, a partir de la escisión del campo socialista. Expulsado del Partido Comunista en 1955, fue autor de una obra de fuerte contenido revisionista bajo el título Historia del Partido Comunista del Uruguay hasta el año 1951.

13 López D’Alesandro, Historia de la izquierda, op. cit., pp. 137 y ss.

14 Ibid., pp. 196 y ss.

15 Ibid., p. 215.

16 Ibid., p. 233.

17 Pedro Manini Ríos, Una nave en la tormenta (1919-1923), Montevideo, Imprenta Letras, 1972, pp. 232 y 233.

18 Frugoni, Génesis, esencias y fundamentos del socialismo, 1ª ed., Buenos Aires, Americalee, 1947.

19 Ibid., pp. 158 y 185.

20 Emilio Frugoni, La esfinge Roja [1948], 3ª ed., Montevideo, Cámara de Representantes, 1990, pp. 195 y 196.

Bibliografía

Barrán, José Pedro y Nahum, Benjamín, Batlle, los estancieros y el Imperio Británico, vol. vi: Crisis y radicalización. (1913-1916), Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1985.

Caetano, Gerardo, La República Conservadora (1916-1929), 2 vols., Montevideo, Fin de Siglo, 1992 y 1993.

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Manini Ríos, Pedro, Una nave en la tormenta. (1919-1923), Montevideo, Imprenta Letras, 1972.

Nahum, Benjamín, Estadísticas históricas del Uruguay (1900-1950), Montevideo, udelar, 2007.

Fuentes

Prensa de la época

El Día, 2004 y 2010. Diario Nuevo, 2004.

Archivo

Archivo General de la Nación. Archivo particular de Virgilio Sampognaro, jefe político y de Policía de Montevideo, 1913-1919.

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