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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar vol.5 no.5 La Plata jul./dic. 2004

 

DOSSIER

Procesos de construcción y evolución delconcepto de hispanismo desde la perspectiva de los estudios de literatura española

Melchora Romanos

Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas
«Dr. Amado Alonso» Universidad de Buenos Aires

 1. La Hispanística en el siglo XIX y comienzos del XX: construcción del objeto de estudio

Todo intento de abordar una suerte de definición de lo que entendemos por Hispanismo nos plantea, en primer término, la necesidad de detenernos en algunas consideraciones acerca de los imprecisos límites del objeto a describir, ya que su definición guarda connotaciones que van más allá de la problemática exclusivamente semántica, por cuanto entrañan procesos de construcción de un imaginario en el que se superponen desde de lo lingüístico a lo histórico, y desde lo político a lo emocional.

Precisamente como muestra de esta compleja diversidad de matices, al celebrarse en 1998 el Vº Congreso Argentino de Hispanistas, Dinko Cvitanovic señalaba en su ponencia sobre «Hispanismo y globalización» la evolución semántica con que aparece registrado el vocablo Hispanismo en el Diccionario de la R.A.E.:

Mientras hasta no hace mucho aparecía definido como la 'afición al estudio de la lengua y literatura españolas y de las cosas de España' (1970), en una edición más reciente (1984) está consignado como la 'afición al estudio de lenguas, literaturas o cultura hispánicas'. La diferencia que se advierte es pequeña, pero no desdeñable: se ha suplantado el término español por el de hispánico y, en lugar de referirse a una literatura (la española) se pluraliza, en alusión más o menos obvia al contexto de la antigua Hispania, término este último que concierne probablemente a los 'pueblos que formaron parte de ella y a los que nacieron de estos pueblos en época posterior'. (1999: 22)

Esta puntualización no deja de resultar interesante en razón de que la matización que desde un criterio restrictivo pasa a uno más amplio está asentada en una percepción del problema que mucho tiene que ver con la impronta que el Hispanismo que se desarrolla como tal fuera de España y particularmente en países de otra órbita lingüística, ha impuesto en los últimos años a su objeto de estudio, debido a la enorme gravitación alcanzada por la literatura y la cultura de los países de Hispanoamérica. Esto nos conduce a abordar, en cuanto a problemas de identidades se refiere, el entender el fenómeno del Hispanismo como «la mirada del otro». Y aquí conviene deslindar una cuestión fundamental desde nuestro aquí y ahora o, si ustedes prefieren con cuño orteguiano, desde nuestra circunstancia: la mirada del otro / hispanoamericano no es igual a la mirada del otro / francés, italiano, alemán, inglés o estadounidense.

En efecto, como acertadamente afirma Emilia de Zuleta: «desde Hispanoamérica, el término hispanismo sigue nombrando, preferentemente, tanto la presencia de lo español en obras americanas como el estudio de la lengua, la literatura y la cultura españolas» (1993: 17). Es importante recordar que esta delimitación del campo se encuentra signada por los procesos históricos que dieron lugar a la independencia, pues al fragor de las guerras y los conflictos políticos con que se fueron forjando las identidades nacionales se construyeron también sus literaturas que intentaban deliberadamente apartarse de los modelos impuestos por España en busca de una expresión propia y original. Por tanto, voy a dejar esta cuestión momentáneamente de lado para centrarme en la mirada del otro cuya lengua materna no es el castellano.(1)

Es indudable que desde el siglo XIX los hispanistas –o sea, los extranjeros que desde una perspectiva que no es, ni lo será nunca, la de un español natural-vienen mirando a España, desde otro país, no sólo con afición sino también porque en la historia de las naciones, observarse unos países a otros siempre obedeció, como bien señala Jean-François Botrel (2001: 8) «a un interés intelectual y estratégico». El Romanticismo es el movimiento que va a producir un cambio significativo en la perspectiva de la visión española, en la medida en que es entonces cuando surge el hispanismo militante en el mundo germánico, en el anglosajón y en el francés con la consecuente potenciación de su literatura que, según estos románticos tiene siempre un aire caballeresco, es un tanto medieval siempre, y cumple tres condiciones que llegarán hasta el siglo XX en la formulación de Menéndez Pidal: es una literatura realista, popular y nacionalista.

Hay un proceso largo y fecundo –si confuso a veces-detrás de estas consolidaciones ideológicas que Juan Manuel Rozas (1978: 17) desarrolla con gran precisión en su intento por determinar las etapas de afianzamiento del concepto de Siglo de Oro en la Literatura española y en el que confiere el punto de partida, precisamente, a los románticos alemanes. Señala al respecto algunas de las varias razones que hacían converger a los hermanos Schlegel hacia la literatura española y hacia su puesta de moda en la Europa romántica: en primer lugar, su situación de teorizadores del Romanticismo y de la literatura nacional; en segundo lugar su rechazo del neoclasicismo francés; en tercer lugar pudo tal vez influir la conversión al catolicismo de Federico, que fue teorizador y difusor de ideales teocéntricos. Todo ello hizo que en torno a los hermanos Schlegel (Guillermo y Federico) se crease, dentro de los mitos del Romanticismo alemán, una inquietud por la literatura española y especialmente por la del Siglo de Oro y su teatro, cuya labor, completada por los esfuerzos de Böhl de Faber en la propia España, culmina con Adolfo Federico, Conde de Shack y su Historia de la literatura y del arte dramático es España (cinco volúmenes, 1839).

En el siglo XIX se organizó, junto con el alemán, un hispanismo internacional, con firmes puntales en Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Por estar muy cerca del siglo XVIII y siendo éste antagónico a la estética del momento, es lógico que los esfuerzos se centren especialmente en torno al Siglo de Oro. Es imposible demorarnos en cada uno de ellos pero basta al menos recordar algunos hitos más destacados.

Francia, que había tenido en los siglos XVI y XVII una fuerte llamada hispanista, se orienta en el XIX particularmente imitando temas y modos de la literatura y la historia como lo hacen Chateuabriand y Victor Hugo. El hispanismo inglés romántico se encamina esencialmente hacia el teatro y, en forma especial hacia Calderón, como muestra la particular afición del poeta Shelley que entendió y tradujo muy bien a don Pedro. En Estados Unidos los románticos se dirigen hacia la historia, como es el caso de la magnífica labor de Prescott, o hacia la divulgación de lo español por medio de la creación lírica o novelesca, tal como se ve en las páginas de Irving o en las de Longfellow, traductor de las Coplas de Jorge Manrique.

Una mirada a las historias de la literatura nos confirma que, hasta la publicación de las obras de estricta historia literaria de Menéndez Pelayo, la historiografía de la literatura española se divulgó en obras de autores extranjeros. Se abre el siglo con la de Bouterweck (1804) y se cierra con la Fitzmorice-Kelly, respectivamente un alemán y un inglés; y, en medio, campea la del norteamericano Ticknor (1849). Todas estas miradas se suceden y se refractan en contrastadas perspectivas que van como ya señalamos del confesionalismo de la España de los hermanos Schlegel al del protestante y anglosajón Ticknor que en su sombrío capítulo introductorio al Siglo de Oro traza, en notoria adscripción a la leyenda negra, la línea consabida de Inquisición, censura, fanatismo, contrarreforma y luego decadencia. Todo ello sin dejar de valorar a los grandes escritores en significativos capítulos de su obra: Cervantes, Lope de Vega y Calderón. No cabe duda de que, en buena medida, estas visiones confrontadas transcurren por un cauce común que es el de la anomalía, el del exotismo, el de la diferencia.

Los procesos de aproximación fueron evolucionando a lo largo del siglo XIX hacia formas y tratamientos que paso a paso convirtieron a los estudios hispánicos en un objeto merecedor de una visión y cuestionamientos científicos, pues, como señala Jean-François Botrel (2001: 8) los hispanistas

han procurado superar las meras relaciones de viajes y los informes de los cónsules o las manifestaciones opinables de hispanofilia o hispanomanía de marras, para desde fuera, distanciando la mirada, construir una ciencia de ambiguo estatuto epistemológico, pero ciencia al fin y al cabo, que pudiera servir de referencia y base para la formación de unos profesionales de lo hispánico, [...] los expertos en cualquier tarea de mediación entre el mirado y el que mira.

Ahora bien, para delinear la evolución de las representaciones me parece necesario plantear algunos aspectos del siglo XX para proseguir con el señalamiento de temas a tratar.

2. La guerra civil, el franquismo y la España de la Unión Europea: etapas contrastantes del Hispanismo. Hispanismo español / hispanismo europeo / hispanismo americano

Los primeros treinta años del siglo están signados por el gran desarrollo de los estudios filológicos tanto dentro como fuera de España, labor que tuvo su lugar de privilegio en el Centro de Estudios Históricos en el que destacados historiadores, medievalistas, fonetistas, gramáticos y dialectólogos, bajo la dirección de Menéndez Pidal, produjeron magníficos estudios y textos publicados en las páginas de la Revista de Filología y en sus anejos. De entre estos estudiosos es necesario recordar a Amado Alonso quien fue elegido por don Ramón para ocupar el cargo de Director del Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en el que permaneció desde 1927 a 1946, por cuanto la caída de la República y la guerra civil española lo convirtieron en un desterrado. El exilio trajo a otros dos discípulos de Menéndez Pidal: en 1939 a Clemente Balmori que permaneció hasta su muerte en 1966, y en 1940 a Joan Corominas que permaneció cinco años en la Argentina. Estas figuras, junto a un gran número de españoles que se alejaron de su tierra y se instalaron en países tanto de habla hispana como de otras lenguas, constituyen un nuevo y significativo parámetro en el que el juego de miradas se entrecruzan. Hay que tener en cuenta que, como bien señala el ya citado Botrel, gran parte de la formación de los hispanistas y de la producción de los distintos hispanismos extranjeros se debió a los «exiliados culturales» de España y luego de Hispanoamérica o a sus hijos. No es difícil entender lo que pudo suponer para ellos tener que mirar desde lejos aquello que tan hondamente llevaban arraigado en su memoria.

El aislamiento de España durante el franquismo, en materia cultural y de investigación literaria, produjo un fortalecimiento y un redimensionamiento de los hispanismos extranjeros y trajo también una necesaria búsqueda de estrechar lazos y de establecer contactos que llevaron a la creación de la Asociación Internacional de Hispanistas. En el año 1962, al celebrarse en Oxford el primer congreso, quien era entonces su presidente de honor, don Ramón Menéndez Pidal, reflexionaba aún sobre la relativa desatención que habían tenido los estudios hispánicos entre los de la Romania a principios del siglo XX; al pronunciar su discurso de apertura del VI Congreso (Toronto, 1977), Rafael Lapesa se alegraba de la nueva «extensión geográfica» de la lengua castellana y del hispanismo en general, mientras celebraba la diversidad de los enfoques teóricos que se estaban abriendo en el campo de los estudios hispánicos.

A partir de 1978, y más aún de 1986 –tal como afirma Botrel-al cambiar el objeto mirado cambió la mirada y hasta la razón de ser de los Hispanismos. Las políticas culturales llevadas a cabo hacia fuera hicieron que la imagen de España apareciera con un nuevo cuño. El auge de la investigación en las universidades españolas creó nuevos equilibrios para el diálogo. Hoy en día, el Hispanismo de los hispanistas extranjeros sigue obedeciendo a las necesidades y a las tradiciones propias de cada país, pero también ha venido a ser un hispanismo de cooperación, en el que se cruzan y contrastan las miradas sobre unos objetos que, al menos en Europa, van siendo propuestos cada vez más por los hispanistas españoles.

3. Espacio actual del canon hispánico clásico y contemporáneo en Hispanoamérica

Y ahora la pregunta es: ¿qué lugar ocupamos en ese mundo los que desde la Argentina nos dedicamos al Hispanismo? Ya me referí al comienzo de mi exposición al hecho de que en nuestro ámbito se entiende como tal al estudio de la literatura, la historia y la cultura españolas, por cuanto en la actualidad un estudioso de la Literatura argentina, en nuestro ámbito, no considere que es un hispanista y lo mismo sucede en cualquiera de los países en los que el español es la lengua materna. Hay, por cierto, un sentimiento generalizado que procura apartar todo lo que puede considerarse un vestigio de colonización o dependencia cultural en lo que hace al campo de trabajo y al discurso crítico, tanto en los que prefieren hoy ser considerados especialistas en Literatura latinoamericana antes que hispanoamericana, como en los que incursionan solo en la de la Argentina.

Ahora bien, este fenómeno se revierte cuando esos mismos profesores se integran a los departamentos de universidades norteamericanas o de otros ámbitos lingüísticos y ceden sus afanes autonomistas ante el peso e importancia de la lengua en la formación de los estudiantes. De este modo, el concepto de Hispanismo se resemantiza o se matiza en función de los intereses locales o interiores frente a los internacionales o exteriores. Esto, por supuesto, obedece a circunstancias que acompañan la evolución y la construcción de nuestra propia identidad y se adensa en momentos y circunstancias diversas que no puedo considerar. Al respecto, me parece oportuno recordarles un interesante ejemplo que ilustra algunos de los aspectos que subyacen en este cruce de miradas de América a España. Ricardo Rojas, al incluir La Aurora en Copacabana de Calderón de la Barca en la colección de ediciones de textos denominada «El pasado argentino», entiende que es necesario fundamentar las razones que lo llevan a tal determinación. Así es como defiende su posición en el «Estudio preliminar»:

Acaso algún patriota desmemoriado extrañe ver una comedia del siglo de oro español en esta serie bibliográfica del «pasado argentino». Yo aconsejé la inclusión, y escribo ahora la primera página del libro, no para justificarme, sino para anticipar advertencias que faciliten la tarea del lector. Consiste la primera en explicar por qué ni el autor ni la obra son extraños a la tradición de nuestro país (1955: 7)

Pero más que esta problemática me interesa detenerme en el hecho significativo de la enorme importancia alcanzada, en los Estados Unidos y en Europa, de la literatura y la cultura de los países de Hispanoamérica lo que ha producido un marcado nivel de interés hacia este ámbito por sobre el de los estudios de la literatura que denominan peninsular. Este contrastado balanceo de intereses no es ajeno por cierto a la situación que se vivió en nuestros claustros universitarios, a mediados de los 80, cuando con la reinstauración de la democracia se modificaron los planes de estudio y en la mayor parte de las universidades se redujo en forma notoria el número de los cursos de Literatura española en el currículum de las Licenciaturas, pues de los tres tradicionales (Medieval, Siglos de Oro y Moderna y contemporánea) se pasó en el mejor de los casos a dos y en el peor a uno solamente. Si bien los criterios resultan totalmente disímiles, prevalece una constante: mayor énfasis en lo contemporáneo; menor interés en lo que se considera que es –de acuerdo con gusto el de los alumnos-pasado, pesado y difícil. David T. Gies (2001: 495) describe, en su trabajo sobre el Hispanismo en Estados Unidos y Canadá del volumen monográfico de la revista Arbor, dedicado al «Hispanismo que viene», una situación en parte coincidente con estas palabras: «esto produce algunas tensiones en los departamentos universitarios sobre lo que se va a enseñar y estudiar, algo paralelo al famoso debate entre los Antiguos y los Modernos de finales del siglo XVII».

Por consiguiente, estas divergencias del Hispanismo en la Argentina, y entiendo que del resto de los países de Hispanoamérica, determinan que las relaciones de las distintas áreas de especialización, si bien no pueden considerarse problemáticas resultan en ocasiones algo tensas y no es fácil lograr una integración o equilibrio de intereses aunque algunos vestigios comienzan a vislumbrarse. De hecho, creo que ya con el giro alcanzado por la definitiva inserción de España en la Europa moderna y democrática se han disipado ciertos connotaciones de arcaísmo recalcitrante, conservadurismo y catolicismo a ultranza con que se configuraba a los hispanistas argentinos, por cierto no de modo totalmente injustificado en algunos casos, en el imaginario de los intelectuales progresistas. En este sentido habría que considerar la creación y ya consolidada presencia de la Asociación Argentina de Hispanistas (A.A.H.) que surgió impulsada por quienes considerábamos que, ante la menor importancia asignada a la Literatura española en los planes de estudio de nuestras universidades, era necesario fortalecer los vínculos entre los distintos centros de investigación del país.

En lo que hace a la formación de especialistas en el área de los estudios hispánicos, es de fundamental importancia la creación de dos posgrados que han de colaborar en su perfeccionamiento académico y especialmente en la integración de las distintas vertientes del Hispanismo. Esto se está alcanzando ya en la Maestría en Letras Hispánicas de la Universidad Nacional de Mar del Plata que ya cuenta con diplomados. En la Universidad de Buenos Aires, se encuentra en plena actividad la Maestría en Literaturas Española y Latinoamericana que como objetivo principal se propone crear un ámbito para la investigación de problemas vinculados con las literaturas española y latinoamericana, con especial énfasis en sus interacciones.

En verdad, hace apenas unos años este panorama resultaba más sombrío y difícil e incierto el pronóstico, pero hoy ante las posibilidades con que se cuenta, limitadas en muchos casos y suficientes en otros, junto a la presencia de nuevos y jóvenes estudiosos de primera línea es factible afirmar que existe de cara al futuro más que una esperanza de recuperación del Hispanismo en la Argentina. Voy a cerrar mi exposición con un texto de Laura Scarano (2000b: 258), en el que reflexiona acerca de lo que supone la experiencia de «leer España desde el sur», ese sur que también existe:

Leer poesía española desde el castellano rioplatense, leer poetas españoles desde mi margen genérico, como mujer, leer una literatura nacional desde otra frontera geocultural, otro continente (literalmente: la otra orilla), son todas imágenes que sirven para reconocerme como sujeto de una crítica cultural que ha tomado como objeto la poesía española sin sentirla ajena, a pesar de todo.

Notas

1. Retomo aquí algunas ideas que expuse en un artículo publicado en la revista Arbor (2001) y en un trabajo inédito de ese mismo año leído en Nueva York en un encuentro convocado por la Fundación Duques de Soria.

Bibliografía

1. Botrel, Jean -François, 2001. «La mirada del hispanista», ABC Cultural, nº 494, 14 de julio, 8.         [ Links ]

2. Cvitanovic, Dinko, 1999. «Hispanismo y globalización», en Brizuela, Mabel; Estofán, Cristina; Gatti, Gladys; Ferrero, Silvina, (coordinadoras), El hispanismo al final del milenio. V Congreso Argenti no de Hispanistas. Asociación Argentina de Hispanistas, v. I, Córdoba, Comunicarte, 21-30.         [ Links ]

3. Gies, David T., 2001. «El Hispanismo que viene: Estados Unidos y Canadá», Arbor, CLXVIII-664 (Abril 2001), 493-511.         [ Links ]

4. Rojas, Ricardo, 1955. «Estudio preliminar», en Calderón de la Barca, Pedro. La Aurora en Copacabana, edición anotada de Antonio Pagés Larraya, Buenos Aires, Hachette.         [ Links ]

5. Romanos, Melchora, 2001. «Los estudios hispánicos en algunos países de América del Sur. Tendencias actuales de la investigación y perspectivas futuras», Arbor, CLXVIII-664 (Abril 2001), 533-549.         [ Links ]

6. Romanos, Melchora, 2001. «Convergencias y divergencias del Hispanismo en la Argentina» (inédito), en Fundación Duques de Soria, Encuentros sobre Hispanismo, Schwartz, Lía y Redondo, Augustin (coordinadores), «El Hispanismo en el mundo: convergencias y divergencias teóricas y críticas», Nueva York, 13 y 14 de julio.         [ Links ]

7. Rozas, Juan Manuel, 1978. «Siglo de Oro: historia de un concepto», en Historia de la Literatura Española de la Edad Media y Siglo de Oro, Segunda parte, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 17-28.         [ Links ]

8. Scarano, Laura, 2000. «La otra posmodernidad (Reflexiones sobre España desde Argentina)», Celehis. Revista del Centro de Letras Hispanoamericanas. IX-12, 257-281.         [ Links ]

9. Zuleta, Emilia de, 1993. «Pasado y presente del hispanismo en Hispanoamérica». En Martínez Cuitiño, Luis y Lois, Élida (editores), Actas del III Congreso Argentino de Hispanistas. España en América y América en España, v. I, Buenos Aires, Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas «Dr.Amado Alonso», Facultad de Filosofía y Letras, UBA, 17-32.         [ Links ]