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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar vol.5 no.5 La Plata jul./dic. 2004

 

DOSSIER

Manuel Vázquez Montalbán*

Álvaro Fernández

Universidad de Buenos Aires

 


Resumen

El 17 de octubre de 2003 falleció uno de los autores más salientes de las letras españolas de las últimas décadas: Manuel Vázquez Montalbán. Estas páginas quieren presentar una semblanza de su obra y de su actividad y su imagen como escritor en general, caudalosa y febril, atravesada por las tensiones y conflictos entre el campo literario y el campo político; la alta literatura, el mercado y el acceso a un público masivo; la reelaboración y recodificación de diversos géneros, incluyendo la de sus objetivos, niveles de lectura y horizontes estéticos y políticos. En las últimas líneas se refiere y comenta brevemente la última novela del autor, Erec y Enide.

Palabras clave: Manuel Vázquez Montalbán; Semblanza vida y obra; Erec y Enide.

On 17th October 2003 passed away one of the most salient authors within the Spanish literature in the last decades, Manuel Vázquez Montalbán. These pages intend to present a portrayal both of his work and of his activity and image as a writer in general, which has been so abundant as hectic, coined by the tensions existing between the literary and the political fields; between the sphere of high literature, the editorial market and the access to a massive reading public; through the redevelopment and recodification of several literary genres, including their aims, their demanding of literacy skills to the reader, and their esthetical horizons. Finally, the last novel of this author, Erec y Enide, is briefly summed up and commented.


 

En tiempos en los que el arte está mediatizado en extremo por condiciones económicas, interesa especialmente exponer números que den cuenta de producción, rendimiento y eficacia: la productividad es esencial para poder concebir un arte masivo que trascienda los ámbitos privados o semipúblicos del artista.

El caso de Manuel Vázquez Montalbán a partir de los años setenta y hasta comienzos del siglo XXI podría considerarse paradigmático como el de una aceitada relación con el mercado editorial que dejaría satisfecho a un ejecutivo agresivo encumbrado en cualquier emporio editorial hispano.

No creo que Vázquez Montalbán se haya propuesto hacer gozar a almas sensibles a móviles mercantiles, más bien su caso ilustra una tensión que recorre la literatura española del último cuarto de siglo XX y que domina hoy la producción cultural peninsular. Cuando el mercado condiciona la escritura y el arte está asfixiado por grandes empresas editoriales, los escritores deben elaborar complejas estrategias para publicar sus libros.

Vázquez Montalbán supo aprovechar los vertiginosos cambios en la coyuntura cultural, política y económica española para lograr alzar la voz y constituirse como miembro activo del campo intelectual. Desde sus encendidos artículos periodísticos en revistas culturales en el fin del franquismo hasta la columna de opinión que aparecía todos los lunes en el diario El País, Montalbán eligió la polémica y la discusión, sin abandonarse al plácido lugar reservado en estas últimas décadas para los escritores profesionales que muy de cuando en cuando publican en los periódicos españoles alguna reflexión sobre zonas indefinibles de la realidad. Más allá de la coherencia política requerida a los intelectuales que se comprometen públicamente, la actividad de Vázquez Montalbán puede caracterizarse recurrentemente como incesante, prolífica y febril.

Si bien una exposición de cifras y estadísticas –número de páginas escritas, ejemplares vendidos, reimpresiones, traducciones-harían emocionar a los especialistas contables de la literatura, puede ser más interesante reflexionar sobre el papel que la obra de Vázquez Montalbán juega en las letras españolas contemporáneas. Desde sus comienzos como articulista y ensayista se abre en estos textos un ininterrumpido diálogo con un público que irá cambiando de intereses, aptitudes y horizontes de lectura. Los primeros ensayos sobre la cultura popular en el franquismo y la historia social de los medios masivos explicitan la preocupación inicial por el rescate de la memoria histórica y la construcción de un punto de vista analítico sobre el pasado capaz de darle sentido al presente. Los intentos vanguardistas de los primeros setenta funcionan en complicidad con un público que prometía quebrar con el dominio de la comunicación de masas y terminó transformándose en una minoría domesticada. Vázquez Montalbán encajó el golpe e hizo de tripas, corazón: transformó una compleja novela experimental -Yo maté a Kennedy, la novela ilegible para el gran público de la serie Carvalho-en el número cero de una colección de novela negra de corte realista con miras a la crítica social. Tatuaje es un intento conciente y eficaz de llegar a un público adormecido, ávido de novela de género, para construir un espacio de discusión histórica cuando el cese de la polémica y el fin de la historia se vislumbraban en el horizonte: a través de una reelaboración de un género literario menor, se pone en escena una novela realista cargada de crítica social, dirigida a un público masivo.

La serie pone en evidencia, entre otras cosas, los recurrentes procesos de apropiación que los delincuentes mercantiles llevan adelante en una España ostentosamente modernizada a través de decorados, negociados y crímenes económicos. En paralelo, Montalbán escribe un voluminoso corpus de novelas e investigaciones profundamente ancladas en la historia contemporánea, desparejas y provocadoras. El pianista, Galíndez y Autobiografía del General Franco son las más importantes. Los mares del sur, Los pájaros de Bangkok y La rosa de Alejandría son las más bellas de las novelas del ciclo de Pepe Carvalho.

La obra de Montalbán explicita una lucha de clases que recorre la literatura y el arte. Por una parte, los textos establecen distintos niveles de legibilidad desde las novelas más elaboradas, dirigidas a un público minoritario; a la serie policial, que busca un público masivo. Por otro lado, en las ficciones los personajes ponen en escena diferentes modos de apropiación cultural en la sociedad de masas. El arte en sus diversas modalidades, desde la gastronomía a la literatura, aparece producido por artesanos comprometidos, por desapasionados especialistas o por una industria degradada por los intereses comerciales que la mueven. Vázquez Montalbán realiza a lo largo de su obra una defensa de la producción artística comprometida, eficaz y productiva.

Si bien suele asociarse su nombre a los de los escritores contemporáneos que también reelaboraron el género realista para producir una literatura de alta legibilidad, adecuada a las leyes del marketing del mercado contemporáneo; es evidente que las intenciones y los resultados de los textos de Vázquez Montalbán difieren sustancialmente de una literatura que busca un público masivo a través de la desertización estilística y la mediocridad temática. Mientras otros escritores realizan procesos de autorización de su voz a través de ostentosos ejercicios de jerarquización que incurren en una descarada exposición de curriculum que roza o se sumerge en el mal gusto, según el caso; Montalbán realiza una reivindicación de una cultura crítica y combativa de raíces populares, lejos de las afectadas posturas del nuevo rico. Sus obras se construyen mediante una trasposición de géneros jerarquizados y menores para generar una literatura de alta legibilidad que se propone llegar a un público amplio y masivo. Novelas negras, diarios íntimos, autobiografías e investigaciones periodísticas le sirven como campo de trabajo para llevar adelante una representación crítica de la sociedad. En definitiva, se trata de una reelaboración de objetivos propios del realismo, a través de la codificación de otros géneros; una forma de aprovechar la libertad lúdica que abre la posmodernidad para devolver a la novela su sentido político, su compromiso con la realidad, su espíritu crítico y combativo.

La incesante actividad del autor lo ha llevado a un protagonismo que afecta seguramente la lectura de su literatura, para bien o para mal. Hay una imagen de autor que acompaña su nombre, construida a partir de libros de corte periodístico y de infinidad de apasionadas columnas de opinión. Más allá de esta construcción y cuando ya nada quede de esa imagen que el lector de hoy puede tener presente, la figura de Vázquez Montalbán podrá permanecer como ejemplo de manejo de los géneros literarios para poner en escena una voz nítida y comprometida con causas concretas en tiempos que no son de silencio, sino de mucho ruido para no decir nada.

En los últimos años, Vázquez Montalbán comenzó la escritura de sus obras finales. A partir de El hombre sentimental, una novela otoñal de Carvalho, sus textos ficcionales cobraron un aire de despedida entre melancólica y esperanzadora. En Erec y Enide su personaje principal es un profesor universitario que va a recibir los honores de despedida que le brindarán sus colegas. Desde allí, con melancólica mirada hará balance de una vida dedicada a la investigación de la literatura y a unas pocas pasiones terrenas. Hay un diálogo interesante entre la aventura literaria y la que en el mundo real lleva a cabo el hijo del protagonista, como médico de una ONG en el Tercer Mundo. Es allí donde los personajes mayores, plenos pero al borde de la muerte, ponen su esperanza. Erec y Enide da cuenta de cómo una novela medieval del ciclo artúrico se puede reescribir hoy en la selva mexicana, de cómo los saberes literarios se complementa con una praxis efectiva. El texto culmina en una reconciliación navideña que anuncia nacimientos y muertes, el fin de una lucha y la continuación a través de las nuevas generaciones.

Manuel Vázquez Montalbán murió el 17 de octubre de 2003 en el aeropuerto de Bangkok.

Notas

* Manuel Vázquez Montalbán estuvo por última vez en Argentina en abril de 2003. Vino a presentar Erec y Enide en la Feria del Libro de Buenos Aires. Como en anteriores ocasiones, me brindó su amistad adusta y generosa. Hablamos de los temas de siempre: libros, política, escritores, España, Argentina... La vida decidió que lo que había de ser una reseña de aquella, por entonces, su última novela se convirtiera en despedida e improvisado homenaje de Olivar. Raquel Macciuci.