SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.5 número5Propuestas teórico-metodológicas para el estudio dela literatura hispánica medievalJornadas de Investigación calderoniana índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Bookmark


Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar vol.5 no.5 La Plata jul./dic. 2004

 

RESEÑAS

Alicia Parodi y Juan Diego Vila, eds., Para leer el Quijote. Buenos Aires, Eudeba, 2001, 280 pp.

Ximena González

Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas “Dr. Amado Alonso”
Universidad de Buenos Aires

A través de las páginas de Para leer el Quijote se difunde la actividad hermenéutica de un equipo de investigadores guiados por Alicia Parodi y Juan Diego Vila y en ellas, la crítica cervantina podrá encontrar renovadas muestras de ejercicio exegético.

El rasgo sobresaliente de esta compilación es sin duda su variedad. El lector puede experimentar de modo inmediato la certeza de que los análisis que encontrará vertidos en este volumen son hijos de una consigna que implica total libertad en los derroteros críticos elegidos. Aunque la casi totalidad de los trabajos incluidos dan cuenta de temas que abordan, al mismo tiempo demuestran un sano desapego respecto de ella.

La compilación incluye dieciséis trabajos que seleccionan diversos recortes textuales y proponen problemáticas diferentes. Frente a tal diversidad, la primera sensación podría ser la de una miscelánea caprichosa, obediente a los designios de quince conciencias críricas diferentes. Sin embargo, Para leer el Quijote muestra una fuerte coherencia interna en pro de la que resultan de fundamental importancia las sintéticas y al mismo tiempo iluminadoras palabras iniciales mediante las que Parodi y Vila efectúan un competente trabajo editorial muchas veces olvidado en publicaciones de este tipo. En el prólogo, los coordinadores, además de establecer el lugar de enunciación que da origen al texto, anticipan ajustadamente las problemáticas trabajadas en cada artículo con lo que no solo fortalecen la estructura de la obra, al explicitar los fundamentos de la agrupación de los texto,s sino también, en un saludable gesto de democratización intelectual, acercan su trabajo a un público más alejado de la discusión académica y menos familiarizado con las claves de la crítica especializada.

El orden interno estructura la obra en cuatro apartados que corresponden a la siguiente lógica: lecturas que se detienen solo en el Quijote de 1605, lecturas que recorren en tránsito de 1605 a 1615, lecturas que trabajan en la segunda parte y, finalmente, dos propuestas de estructuración de la obra de acuerdo con el seguimiento capítulo a capítulo de cada una de las partes, en función de problemáticas concretas

El primero de estos cuatro apartados está constituido por siete artículos que, por su parte aparecen cronológicamente ordenados según las secuencias textuales que problematizan. Así, la primera constelación de textos se abre con el discurso del gigante Caraculiambro en el capítulo I para cerrarse con la historia de Eugenia y Leandro en el capítulo LI y recorre en el medio, las conocidas aventuras de don Quijote y Sancho, los episodios de Sierra Morena y los de la venta de Juan Palomeque el zurdo mediante el examen de temáticas como la oralidad y la escritura, la corporeidad y la textualidad, la simbología del camino y la intertextualidad con la picaresca y la novela sentimental.

De esta sección son particularmente interesantes los siguientes trabajos: el de Gustavo Waitoller, centrado en el análisis del primer discurso directo aparecido en la obra y la manifestación en ese discurso de todos los elementos fundantes de la figura del caballero que cobrarán en la obra distintos grados de corporeidad; el de Sergio Vita, que establece una relación entre los caminos que transita don Quijote (el camino real como espacio comunitario consensuado y los caminos apartados, no reglados a los que lo lleva su discurrir) y el universo del orden versus el del caos, para determinar la pertenencia de los personajes de la historia a uno u otro orden; y por último, el de Julia D´Onofrio quien, siguiendo una línea de análisis que se concentra en las historias amorosas intercaladas en la trama principal, establece una vinculación pertinente entre las últimas historias de la primera parte a través de una coordenada ideológica fundada en el tema del libre albedrío.

El segundo apartado incluye cuatro lecturas que, con la totalidad de la novela cervantina como horizonte, reflexionan a partir de ejes que se rastrean tanto en 1605 como en 1615 o bien analizan problemáticas ligadas a las condiciones de posibilidad de la segunda parte, los momentos de clausura del primer Quijote y de apertura del segundo. Como muestra de la primera línea de análisis, la que se sitúa sobre problemáticas generales que alcanzan a la totalidad de la obra, sobresale el artículo de Silvana Arena que, siguiendo el camino de la crítica culturalista francesa, de gran actualidad, analiza las estrategias desplegadas por don Quijote para eludir los más peligrosos vicios que atentan contra su ideal de caballero cristiano: la gula y la lujuria. El aporte de Arena se presenta sólidamente sostenido en la recuperación de otros discursos de variada especificidad como los tratados médicos, la tradición del cristianismo y el saber popular.

La otra línea de análisis que caracteriza a este apartado -la que considera el tránsito de 1605 a 1615 y las posibilidades de explotación en la segunda parte de las ficciones abiertas en la primera -se ve representada por el análisis de Juan Diego Vila quien, atento a lo que parece puesto como simple juego autorreferencial, indaga sobre la incumplida promesa del cura de realizar la lectura de Rinconete y Cortadillo, hallada en la maleta junto a El curioso impertinente. En un pormenorizado examen que se sirve de variadas herramientas epistemológicas (etimología, filología, ecdótica) Vila demuestra que no hay vacíos o blancos en el texto que no sean funcionales a la construcción del sentido y que menciones aparentemente inocuas, como la de la novela ejemplar, despiertan curiosidad por algo más que por una posibilidad de fechar la redacción del texto.

El tercer apartado se centra en el análisis de episodios y problemas que conciernen exclusivamente a la segunda parte entendida -como ocurre en el primer apartado con respecto al Quijote de 1605 -como una entidad literaria autónoma. Tres trabajos se agrupan en esta zona; entre ellos es de llamativo interés el de Cristina Viturro quien examina los capítulos correspondientes a la estancia en el palacio de los duques a partir de la identificación comprobable en el texto, entre la duquesa y la luna, a la luz de referencias ancladas en la tradición clásica y de aportes tomados de la antropología y la historia de las religiones.

El cuarto apartado incluye dos trabajos que buscan revelar una posible arquitectura para cada una de las partes de la novela a partir de ejes constructivos. El primero de ellos, de Érica Janin, sigue el hilo del problema del conocimiento en el Quijote de 1605 cuya aparición, aunque anticipada en algunos episodios, se localiza en el capítulo XXIII (el ingreso a Sierra Morena). A partir de este momento de la ficción la recurrencia de la problemática del conocimiento se verá planteada en conflictivas dicotomías tales como: apariencia y esencia, saber erudito y saber popular, conocimiento por la fe y conocimiento práctico que se verán puestas en crisis por la siempre problemática intervención de la percepción engañosa con sus consecuentes desvíos de la realidad.

Por último, cierra este apartado y también el libro, el trabajo de Alicia Parodi quien a través de un seguimiento de los capítulos de la segunda parte, propone una estructura diseñada en torno al eje de la construcción de la identidad. Con esta intención, divide la segunda parte en tres estructuras menores -precedidas por el prólogo y los tres capítulos que enmarcan la tercera partida -en las que verifica la incidencia de algunos modelos identitarios (el gigante, representado por Sansón Carrasco, y las figuras patriarcales); inversiones y artificios (ubicadas en los capítulos previos a la llegada a Barcelona) y, finalmente, correspondencias y oposiciones entre los personajes en el último tramo de la novela.

En su condición de volumen colectivo Para leer el Quijote enfrenta un problema común a las publicaciones de esta índole. Así como hay variedad en los aspectos analizados y en las perspectivas analíticas adoptadas, hay también diversidad en los alcances obtenidos. Todos los artículos trabajan su objeto con un notable grado de compromiso y seriedad pero no todos conquistan el mismo nivel de eficacia. Esto, sin duda, se debe a que representan puntos de indagación y de reflexión de una investigación en proceso con resultados siempre provisorios. Independientemente de los logros de sus partes, el valor del conjunto es innegable no solo por lo que puede reconocerse en él de contribución a la crítica sino porque su aporte más significativo reside en una consigna que, como puede verse inscripto en el título, privilegia la actividad de la lectura sobre toda otra práctica metodológica.