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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar vol.7 no.7 La Plata ene/jun. 2006

 

COMUNICACION

Borges, Cortázar, el galache y la gurupa sureña. Apostilla al debate sobre el (anti)hispanismo en Argentina

 

Raquel Macciuci

Universidad Nacional de La Plata

 


Resumen                                                                             

Una historia del Hispanismo en Argentina no estaría completa, tal como ha demostrado José Luis de Diego, sin la larga serie de manifes­taciones antiespañolas que se registraron desde el siglo XIX hasta el presente. Entre los numerosos integrantes de la lista de reconocidos intelectuales que polemizaron con la antigua metrópolis, se encuentra Julio Cortázar, quien en distintos momentos de su carrera expresó a través de la ficción sus divergencias con una estética y una forma de concebir la literatura caducas que identificaba con España. Alentando el propósito de mantener vivo el debate sobre el tema iniciado en el número 5 de Olivar, la siguiente nota desmonta las operaciones que lleva a cabo el autor de   en un capítulo de Un tal Lucas análisis detenido del fragmento así como de las relaciones que tiende hacia otras obras del mismo escritor, me ha permitido esbozar una hipótesis sobre la construcción del antihispanismo cortazariano.

Palabras clave: Hispanismo; Argentina; Julio Cortázar; El País (periódico); Transición española

Abstract

A history of Spanish Studies in Argentina would be incomplete, if it does not take into account the long series of anti-Spanish manifestations by recognized intellectuals from 19th century until today, as José Luis de Diego recently pointed out. Among them we can find Julio Cortázar, who, by means of fiction, expressed in different moments of his career his disagreement with a specific form of aesthetics and a way of conceiving literature that he considered as typically Spanish. Attempting to continue the discussion on this matter –opened in Olivar's 5 th-the following note dismantles the operations made by the author of Rayuela in a precise chapter of Un tal Lucas. This particular chapter is imbued with a fierce critic to the peninsular tradition. A careful analysis of this fragment, as well as of the way in which it relates to other works of the same writer, allows me to sketch a hypothesis on the cortazarian anti-hispanism.

Keywords: Hispanism; Argentine; Julio Cortázar; El País (newspaper); Spanish Transition


 

¿Un debate sumergido?

Uno de los paneles programados en el V Congreso Internacional Orbis Tertius que tuvo lugar en La Plata en agosto de 2003 fue dedicado al tema del hispanismo. Dos de las intervenciones fueron reproducidas más tarde en Olivar Nº 5 (1), que también recogió un provocador artículo relacionado con el tema escrito por el hispanista alemán Hans U. Gumbrecht.
El debate sobre el hispanismo concita hoy gran atención y en determinados espacios universitarios alcanza un alto grado de virulencia. Las cuestiones que se discuten abarcan un amplio espectro y se entroncan con diversos problemas teóricos y críticos, de acuerdo con el ámbito donde prosperan. Como bien explica Melchora Romanos, el hispanismo es tan múltiple y heterogéneo como el mundo académico que lo contiene y se configura y formula según las circunstancias de los distintos centros, pues la idea "se resemantiza o se matiza en función de los intereses locales o interiores frente a los internacionales o exteriores" (Romanos, 2004: 83).
En tan actual y álgido escenario, a estos apuntes los mueve una doble aspiración: aportar una breve reflexión sobre el antihispanismo a partir de una de las referencias presentadas en el mencionado congreso y lograr que el intercambio y el debate se mantengan vivos en los sucesivos números de Olivar.
Mi contribución, fragmento de un trabajo más extenso aún en curso, se centrará en uno de los pasajes con que José Luis de Diego ilustró el estado de la controversia en nuestro país, por tanto, cuantas veces utilice yo los términos hispanismo e hispanista tendrán el sentido restringido con que se utilizan en Argentina, es decir, especialidad y especialistas en literatura española.
Antes de abocarme a la cuestión específica, considero necesario exponer mi punto de vista sobre el estado de la cuestión en la academia argentina. El documentado historial presentado por de Diego en su artículo tiene, entre varias, una virtud que me interesa destacar aquí: abordar frontalmente, desde el pasado hasta el presente inmediato, la existencia en Argentina de un desencuentro, una discordancia, entre hispanistas y críticos de otras disciplinas cercanas. La cuestión, pese a ser vox populi, no se aborda con las herramientas teóricas y críticas de las que dispone la profesión, quizás por la dificultad de trabajar con rigor el problemático mundo de los estereotipos, las identidades y los constructos culturales coetáneos y cercanos; quizás por el deseo de evitar querellas que se remontan, por lo menos, a los dos pasados siglos. O debido tal vez al temor de que se malinterprete como un desconocimiento de las valiosas aportaciones de una tradición vigorosa y brillante de hispanistas argentinos reconocidos internacionalmente. O por las tres razones a la vez. Lo cierto es que el tema es complejo y arduo en virtud de que el objeto de estudio conlleva "procesos de construcción de un imaginario en el que se superponen desde lo lingüístico a lo histórico, y desde lo político a lo emocional" (Romanos, 2004: 77).
De Diego establece una hipótesis muy sólida, y más que sólida, evidente para explicar el antihispanismo más próximo en el tiempo: el atraso teórico y metodológico en que estaba sumida la crítica hispanista en los años previos a la última dictadura militar tuvo como consecuencia inmediata la desvalorización de la disciplina frente a aquellas que exhibían un esfuerzo permanente por estar al día de las corrientes teóricas y los temas de imperiosa actualidad.

Cuando ingresé a la Facultad , (...) lo español era rápidamente identificado con una filología atravesada por criterios de autoridad harto discutibles, y con análisis de estilo que desembocaban con frecuencia en paráfrasis elegantes y en el regodeo de una prosa más atenta a su propia construcción que al rigor metodológico que exigían los nuevos tiempos. (...) Pero si algún sustento tenía ese prejuicio era la existencia de una suerte de vulgata filológico-estilística fundada en un presunto sentido común estético y en subjetividades valorativas sólo sustentadas en el principio de autoridad. (de Diego, 2004: 93)

Esta visión coincide con la sostenida por reconocidos especialistas que censuran faltas semejantes en el mundo del hispanismo. El español Eduardo Subirats, uno de los más severos críticos de la vida cultural de su país, afirma en una entrevista de 1994 que "la universidad española no ha superado el agujero negro que significó el franquismo", y juzga a los trabajos de sus compatriotas de

meros directorios telefónicos. Eso sí, bien hechos, parece que muy documentados, están todos los nombres y todas las citas, los títulos de los libros. Pero uno percibe que hay un temor a formular conceptos, analizar contextos, a establecer criterios diferenciales. (Riera, 1994: 20-21)

Considero excesiva la afirmación pues no puedo aceptar que en esa fecha de 1994 la descalificación sea transferible a la totalidad de la crítica académica española, pero el juicio es iluminador respecto de la pervivencia de los estereotipos y de la hegemonía de determinados modelos anquilosados (2); corpulentos árboles que no dejan ver el bosque, el cual, como observara en su momento Hugo Cowes, se renovaba al tiempo que recibía la savia nueva de otras disciplinas -arquitectura, filosofía, bellas artes.
La experiencia de Diego, situada a mediados de los setenta, merece continuación, lo que me obliga a hablar de la mía propia, pese al pudor que entre nosotros todavía despierta la introducción de la primera persona y a la advertencia que sobre los peligros de este nuevo hábito de la crítica han realizado doctos especialistas (3).
Cuando abandoné el país después del golpe militar de 1976 mi visión de la literatura española coincidía básicamente con la descripta por de Diego. Al regresar de España en 1984, la situación había empeorado, pues era abismal la brecha entre la admiración a la Transición política por parte de los argentinos recién salidos de la dictadura y el escaso eco que las transformaciones de la sociedad peninsular habían encontrado en las cátedras de literatura española. Un caudaloso material nuevo y estimulante quedaba al margen de los claustros y de las reflexiones teóricas. Traer un título de la Universidad Complutense y dedicarse a la literatura española concitaba inmediatamente una suerte de desconcierto y "recelo epistemológico" -por llamarlo de alguna manera- entre los colegas; pese a la dictadura, o debido a ella, la distancia con las restantes áreas afines había crecido.
Mientras tanto la universidades españolas salían del letargo franquista, pero aquí tardamos (tardaron) en tomar nota. ¿Treinta años han podido modificar la imagen? Felizmente sí, y de manera notoria. Sin embargo, por causas diversas, la transformación ha sido parcial. Hay razones de vasto alcance, como la lentitud con se producen los cambios en la esfera de lo simbólico; otras son de índole específica. Entre estas, percibo -con temor a equivocarme- que la recuperación de una disciplina que ofrezca una visión rigurosa y al mismo tiempo actual y dinámica de la literatura española se fue realizando de forma atomizada en las universidades argentinas. La creación en 1986 de la Asociación Argentina de Hispanistas (AAH) trató de unificar esfuerzos, pero difícilmente se pueda hablar de líneas comunes en el hispanismo argentino. A veces se comparten tramos, islas, algún puente de ida y vuelta, o de ida y no vuelta.
No es tampoco una causa menor, aunque subsidiaria, el hecho de que la literatura española tenga un estatuto incierto, Otro. Pese a compartir el idioma con el nuevo continente, no es adscribible a la identidad latinoamericana (4). Pero tampoco se inserta en la distante ajenidad de la Europa central tempranamente modernizada (5).
Como queda dicho, el tema es arduo como para aspirar a agotarlo en tan breve espacio; menos aún busco hallar recetas o establecer inferencias taxativas. Sólo persigo como hispanista no eludir el debate e insinuar el marco -un esbozo incompleto- en el cual se producen los pleitos y se enuncia el discurso antihispanista, a la vez que procuro desentrañar algunos de los factores y motivaciones que inciden en la construcción de un imaginario sobre la literatura española y sobre la crítica hispanista, dos objetos distintos que pese a no ir de la mano no se deslindan fácilmente.

Lidias sobre la piel de toro

...no hay verdad o valor independiente de un contexto, (...) la validez de una afirmación sólo se determina contextualmente. (Ernesto Laclau, Emancipación y diferencia, 1996).

Cita de Diego entre los ejemplos del antihispanismo de la intelectualidad argentina un pasaje de "Lucas, sus clases de español", capítulo perteneciente a la primera parte de Un tal Lucas de Julio Cortázar. Se trata de un fragmento elegido por Lucas para dar una clase de castellano -probablemente en Madrid- a alumnos franceses de " la Berlitz " mediante el cual trata de acatar las indicaciones del director, "que es de Astorga". El narrador informa que el fragmento ha sido tomado del diario El País del 17 de septiembre de 1978. Tras la lectura, los estudiantes salen de la clase desorientados y sin haber aprendido nada. El fragmento citado por Cortázar y transcripto parcialmente por de Diego dice:

El galache, precioso, terciado, mas con trapío, muy bien armado y astifino, encastado, que era noble, seguía entregado a los vuelos de la muleta, que el maestro salmantino manejaba con soltura y mando. Relajada la figura, trenzaba los muletazos, y cada uno de ellos era el dominio absoluto por el que tenía que seguir el toro un semicírculo en torno del diestro, y el remate, limpio y preciso, para dejar a la fiera en la distancia adecuada. Hubo naturales inmejorables y de pecho grandiosos, y ayudados por alto y por bajo a dos manos, y pases de la firma, pero no se nos irá de la retina un natural ligado con el de pecho, y el dibujo de éste, con salida por el hombro contrario, quizá los más acabados muletazos que haya dado nunca El Viti. (Vidal, 1978)

El autor de Los premios silencia que el fragmento pertenece a "Faena cumbre de El Viti en Salamanca" una columna firmada cuyo autor es Joaquín Vidal, uno de los más afamados especialistas en crítica taurina, muerto en 2002.
Cortázar probablemente escribiría "Lucas, sus clases de español /2" si entrara hoy a la página de Internet de la Consejería de Educación de España en el Reino Unido e Irlanda y descubriera que el Asesor técnico, que se llama Pelayo, se sirve de una columna de Joaquín Vidal para el diseño de un ejercicio destinado a un curso de español avanzado para extranjeros, ya que considera que el célebre cronista de El País ha realizado a través de su peculiar estilo "una aportación literaria de una gran originalidad". (Molinero, 2003)
Cortázar probablemente no habría escrito "Lucas, sus clases de español" si en una hipótetica dimensión atemporal, hubiese leído la columna de Manuel Vicent titulada precisamente "La columna", que en su primer tramo dice:

Hace unos años, estando en Shanghai, rodeado de mil millones de chinos, uno de ellos en medio de la calle me preguntó de dónde era yo. Al saber que era español, de pronto, aquel chinito se puso pinturero y me gritó: eh, toro, toro. A continuación, abrió el compás de las patas, metió la tripita, torció el morro con desgarro y me dio un pase de pecho seguido de un bajonazo. Y viendo que en lugar de embestir yo sólo le taladraba con una mirada de odio, el tipo levantó los brazos muy jacarandoso, arqueó los riñones y simuló que me clavaba un par de banderillas. Rematada la faena, siguió su camino riendo hasta perderse en el torbellino de la gente y yo me quedé apoyado en el pretil del río Whangpoo pensando en la unidad de destino en lo universal, que tratándose de un español consiste en ser toro o torero, según te vaya en la vida. Viajar tan lejos de casa para que un chino te pegue un pase como a un astado, sin duda, es una desgracia, pero aún es peor que en Canadá te tomen por un torero y esperen que vayas a dar la conferencia sobre el Siglo de Oro vestido de sota de espadas con calzas rosas y ese ataúd de astracán en la cabeza. (...) Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios: serás toro o matador. (Vicent, 1997)

Hay una tercera posibilidad, pero no me atrevo a aventurar cómo hubiera procedido Cortázar: imaginar que antes de escribir Un tal Lucas leyera la siguiente afirmación de Juan Cruz

Escritor muy depurado, Joaquín Vidal no era leído únicamente por los aficionados a la tauromaquia, sino también por los apasionados de Joaquín Vidal. Julio Cortázar habla elogiosamente de la manera de escribir de Vidal en uno de sus libros... (Cruz, 2005: 191)

No proporciona datos bibliográficos el escritor canario, por lo que nos quedará la duda si se refiere a "Lucas, sus clases de español" y, en consecuencia, ha interpretado en forma laudatoria la mencionada cita. Queda también la posibilidad de que Cortázar haya escrito en otra ocasión sobre el célebre columnista taurino. De cualquier modo, el comentario citado es suficientemente sugestivo: si el autor de Rayuela en otra ocasión elogió de forma explícita a Vidal, se pondría en duda la causticidad volcada en Un tal Lucas . Si por el contrario, Cruz hace una lectura positiva de la referencia al crítico de toros en "las clases de español", estaría introduciendo una ambigüedad en el discurso cortazariano, ya que este no sería leído de igual manera por españoles y argentinos. La alteridad de unos respecto de otros es evidente y abriría un sinfín de consideraciones que derivarían hacia una proble­mática que no es el objeto de esta nota, aunque sería pertinente y hasta imprescindible tenerla en cuenta al tratar de hispanismos e hispanistas. Corresponde recordar que Melchora Romanos en el artículo ya aludido invita a entender el hispanismo como "la mirada del otro" (Romanos, 2004:78).
Hasta aquí, y retomando el tema que me convoca, ha podido verse que el en apariencia inocente fragmento tomado de El País oculta algunos datos de importancia que ofrecen nuevas claves para desentra­ñar el antihispanismo de Un tal Lucas. Con ese objetivo desmontaré primero la operación de Cortázar para luego transitar dos vías: la primera integrará el citado capítulo en una serie más extensa de referencias cortazarianas al castellano y a la literatura española. La segunda tratará de situar el discurso antiespañol en la tradición literaria argentina.
Iniciaré el análisis de la operación realizada por Cortázar con varios interrogantes que surgen ni bien se sondea el contexto oculto del fragmento de marras: ¿por qué toma Cortázar ese ejemplo del El País entre otras muchas posibilidades en el mismo ejemplar, o en los días anteriores o posteriores? ¿Cuán representativo del "habla de los españoles", incluso de la literatura española coetánea, es el discurso satirizado? Es preciso ir por partes.
Cortázar omite que toma un artículo firmado, con lo cual lo despersonaliza y al despersonalizarlo, hace extensiva a todo el periódico la escritura del autor. Entre otras firmas del periódico madrileño de entonces (6) elige la más "pintoresca" y típica, no sólo por el contenido y el estilo sino por la utilización de un léxico específico relativo a una actividad como la tauromaquia, que remite a un campo semántico res­tringido, con códigos estrictos (no sólo lingüísticos, cada gesto de la corrida responde a un ritual invariable), jerga propia y términos altamente especializados. El texto requiere de un lector iniciado en toros y en Joaquín Vidal, que descifre de inmediato la metonimia de una ganadería -reses bravas, para entendernos- perteneciente a los criaderos Galache (7), oculta bajo "el galache" inicial e identifique en El Viti a un torero, no cualquiera sino uno de los más aplaudidos por su sobrio y clásico estilo.
Para entender en toda su dimensión este movimiento del escritor argentino propongo un contraejemplo: un escritor español que eligiera un texto tomado de una jineteada criolla para ilustrar la literatura y "el idioma de los argentinos". Podríamos elucubrar que el autor de marras tuvo la suerte de encontrar una crónica que encomiaba los corcoveos de un dignísimo bagual descendiente de la Chamarrita. El reportaje reproduciría los dichos de una especie de bastonero que, en rico y evocador lenguaje rural, entrecruzado de tópicos referidos a la argentinidad y a la estirpe gaucha, explicaría las categorías de las pruebas: 'Crina Limpia', 'Basto con Encimera Lisa', 'Basto con Gurupa Sureña'. Para el acaso de que el lector no comprendiera cabalmente esta clasificación o la naturaleza de los ejercicios ecuestres realizados, el comedido reportero habría añadido una nota explicativa tomada del reglamento de los concursos, donde se precisa y aclara: "Los bastos serán de uso corriente y las encimeras de cuero o suela. No tendrán accioneras y las estriberas se colocarán por los ojales". Ni qué decir que ante el previsible desconcierto de un receptor español ante los vernáculos apelativos de las numerosas caballerías participantes (Huinca, Guachito, Chingolo, Gurisa, Amigaso, Patacón, Mendieta, Patoruzito, Pampita...) el sentido común del escritor etnógrafo le habría aconsejado identificarlas por el color del pelo, siempre más denotativo: prieto, tordillo, alazán, bayo, colorado, grullo, zaino, overo... Al final de la crónica conmemorativa -era 10 de noviembre- el escritor y etnógrafo estaría feliz por haber hallado una fuente directa que le permitía recrear mediante un collage los rasgos dominantes de la cultura argentina, caracterizada por la reproducción de un discurso de cepa criolla y josehernandiana, remanido y enfático.
Esperando que el contrajemplo haya sido elocuente, retorno la cuestión previa: ¿Qué operación realiza Cortázar al denunciar como norma corriente un discurso absolutamente excepcional? Si bien es verdad que un lector extranjero pudo sorprenderse y hasta desorientarse ante la circunstancia de que la sección cultura del El País de ese 17 de septiembre de 1978 (era domingo) sólo trajera tres noticias y las tres correspondieran a la feria (de toros) de Salamanca, es igualmente verdadero que la misma sección del día sábado comenta una película de Godard y otra de Passolini, además de incluir una columna de Francisco Umbral, uno de los grandes renovadores de la prosa periodística clásica.

Si en cambio Cortázar se hubiera dirigido a otras secciones del 17 de septiembre, hubiera encontrado, por ejemplo, el artículo "Consolidar la democracia" de José Luis Cebrián, a la sazón director del El País y reputado periodista -y académico de la lengua en la actualidad.
Cualquiera de los párrafos da cuenta de la particular situación de la transición española, presionada por circunstancias que la asediaban en diversos órdenes, y deja entrever el enérgico y decisivo papel que el periódico jugó en la transición política:

La política del consenso está convirtiendo esto en una especie de democracia controlada -ni poca ni mucha- donde la clase política parece haberse adueñado de todas las opciones sociales. De ahí al compadreo no hay más que un paso. El distanciamiento creciente entre la España real y la oficial, que recuerda los peores tiempos del franquismo, es, además, alimentado por la inseguridad jurídica que la transición ofrece. Este es un país en período constituyente desde hace ya casi tres años, después de llevar otros cinco en período de descomposición política. Nuestros problemas huelen y los señores representantes de la soberanía popular discuten demasiado sobre los aspectos formales de lo que nos sucede. (Cebrián, 1978)

Es fundamental a esta altura recordar qué era El País cuando Cortázar escribe Un tal Lucas : un diario joven, aparecido tres años antes, que acompañó la recuperación democrática en los momentos más difíciles, encrespando a la derecha desde los comienzos con su mismo nombre, mediante el cual buscaba identificarse con un periódico liberal homónimo de principios de siglo. "No diga el país, diga España" fue la consigna que la reacción acuñó con un blanco preciso aunque no declarado. Un medio, en que por entonces, según lo describió alguna vez Vázquez Montalbán, la redacción estaba a la izquierda de sus dueños y libraba a diario una dura batalla para construir y mantener el espacio de una publicidad moderna y progresista.
El periódico, además de jugar el papel de avanzada en la búsqueda de una democracia viva y dinámica, apostó desde el principio al aggiornamiento de España y, en la línea del pensamiento orteguiano, a su europeización. El mundo de la cultura ocupaba por tanto un lugar central, como lo demuestran las reflexiones de la nota editorial aparecida aquel mismo domingo 17 en que se discurre sobre el dilema de cómo conciliar la calidad de la cultura, la libertad del ciudadano y el control de la censura:

En cualquier caso, parece evidente que la represión no contribuye más que a exacerbar los deseos incumplidos, y que la actual invasión de productos de deplorable gusto está cubriendo una demanda insatisfecha y dispuesta a resarcirse de décadas de forzada abstinencia. Por lo demás, la simple constatación de que la mayoría de esas películas y comedias son extranjeras demuestra que no se trata de un fenómeno original de nuestro país. Lo único singular, en nuestro caso, es el lugar desproporcionado que ocupan dentro de la oferta de espectáculos y la débil presencia de otro tipo de cine o de teatro que, sin embargo, tienen una gran vitalidad en Inglaterra, Francia o Alemania. Pero esta comparación entre España y nuestros vecinos europeos es, precisamente, lo que puede hacernos optimistas respecto al futuro. ("S", 1978)

Es decir, nos encontramos ante un órgano de prensa que está en las antípodas de la imagen que se construye a partir del fragmento recogido en Un tal Lucas . Además de elegir un texto no representativo, Cortázar realiza la operación de universalizar el estereotipo que propone, pues " la Berlitz " es una de las academias pioneras en la enseñanza de idio­mas, si no la más antigua. Se une este detalle al dato sobre el director de la misma, del que solo se dice "que es de Astorga", ¿cómo connota que de un director se mencione, como dato único y suficiente, su ignoto lugar de nacimiento? Al no aparecer ninguna otra referencia que remita al tiempo inmediato, además de la fecha y el nombre del diario, logra que diario, academia, Lucas, alumnos franceses, director, más el texto arcaizante de Vidal, todo, se conjugue para crear un efecto de tiempo detenido y clausurado, que hunde sus raíces en el siglo (8).

No se diferencia este tratamiento de los restantes capítulos de Un tal Lucas , relato que privilegia una escritura lúdica y la utilización de escenarios múltiples y desconectados entre sí. Algunas pinceladas sitúan al personaje principal en Buenos Aires, otras en París, en épocas diversas, indefinidas. Domina una mirada desacralizadora sobre la realidad y una sátira suave pero aguda, no exenta de indulgencia. Todas las criaturas se impregnan de una muy cortazariana ambivalencia que zahiere sin perder la humanidad. En "Lucas, sus clases de español" caen bajo el perspectivismo ingenioso del autor: la lengua de los españoles, el casticismo, los turistas franceses, las estrategias didácticas del director, la Berlitz.
Sin embargo, entre las varias ironías destaca con perfil propio el juicio estético y lingüístico sobre el idioma y la literatura. Según observa de Diego, a través de la frustrada clase de castellano, el autor estaría sentenciando que "la herencia del tan mentado casticismo es hoy un barroco de mal gusto, y la mejor prosa en español ya no se escribe en España" (de Diego, 2004: 91).
Para comprender mejor la acometida de Cortázar mediante una operación, como se ha visto, muy forzada, e incluso, extemporánea (se explicará más adelante este adjetivo), creo oportuno citar dos antecedentes famosos. En primer lugar, el capítulo 34 de Rayuela en el cual se transcribe un párrafo -no identificado por el narrador- de la novela Lo prohibido de Galdós. La novedad formal es bien conocida: el prota­gonista encuentra el libro que la Maga dejó abandonado y lee el texto mientras intercala comentarios desdeñosos sobre los gustos literarios de su compañera. Cortázar reproduce el flujo de conciencia del Oliveira alternando frases textuales de Galdós con el discurso del personaje:

Lisonjero, desde quién sabe cuándo no oía esa palabra, cómo se nos empobrece el lenguaje a los vestido siempre como los jóvenes elegantes, pulcro y dis criollos, de chico yo tenía presentes muchas más palabras tinguidísimo. Se afeitaba toda la cara, siendo esto como un que ahora, leía esas mismas novelas, me adueñaba de un alarde de fidelidad a la generación anterior, de la que un inmenso vocabulario perfectamente inútil por lo demás, procedía. Su finura y jovialidad, sostenidas en el fiel de la pulcro y distinguidísimo, eso sí. Me pregunto si verdadera- balanza, jamás caían del lado de la familiaridad impertinente mente te metías en la trama de esta novela, o si te servía ni del de la petulancia. En la conversación estaba su prin - de trampolín para irte por ahí... (9). (Cortázar, 1980: 230-231)

A pesar de la elemental advertencia de que Oliveira no es Cortázar, la descalificación del novelista canario en Rayuela se conecta con la impugnación del estilo de Joaquín Vidal; ambas se inscriben en el rechazo vanguardista o neovanguardista del discurso de la referencia.
Los años setenta fueron prolíficos en ataques de esta clase en España. Uno de los efectos del boom de la novela latinoamericana había sido introducir la discusión sobre el declive de la narrativa peninsular y acentuar el rechazo de la estética realista (10). Pero los ataques a Galdós, paradigma de la novela decimonónica en lengua castellana, no se circunscriben al último tramo de la posguerra civil ni a las fronteras españolas; se verifica una larga progresión de antigaldosismo en la mayor parte del novecientos que recién se revierte cuando es rehabilitada la narratividad en el último cuarto de siglo. Desde las invectivas de Valle Inclán que lo apodó don Benito «el garbancero» y las de la vanguardia poco después (11), hasta las de Juan Benet, o Francisco Umbral, los ejemplos serían inabordables en este breve espacio. El pasaje de Rayuela es un signo de esa dominante; la asociación de narrativa española y realismo fue un lugar común blanco de críticas continuadas (12).
La segunda cita de Cortázar que quisiera destacar no se encuentra en una obra de Cortázar sino en Reivindicación del conde don Julián de Juan Goytisolo. En esta famosa novela en que el autor entra a saco en los mitos incontrastables de la tradición, tres autores latinoamericanos son invitados a ilustrar un modelo de lengua no académica y no peninsular: Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante y Julio Cortázar.
Las tres intervenciones constituyen un manifiesto contra la fiscalización lingüística de la antigua metrópolis (13). El escritor argentino dice:

carpeteame un cacho al coso ese y decime si no es propio un plato, ma que castiya ni castiya, ñato, estos gaitas ya me tienen estufo con lo del chamuyo se la piyaron en serio que son el trompa de la bedera y no se avivan que aquí van sonados, ponele la firma, que manga de engrupidos, pibe, a ésos no los cura ni el dotor Barna, te lo digo yo (Goytisolo, 1970: 194).

Ocho años después, cuando Cortázar realiza la doble sinécdoque distorsionadora de identificar la lengua de Joaquín Vidal con la de El País y la de El País con la de los españoles pesa, más que la fidelidad de la representación, el gesto que lo emparienta con las vanguardias del siglo XX, españolas e hispanoamericanas y con la afirmación de la autonomía -y la preeminencia- lingüística y cultural de las ex -colo­nias. Con mezcla de provocación y travesura, de iconoclastia y juego liberador, deja aflorar su costado ramoniano aunque sin llegar a los extremos de la irresponsabilidad del madrileño, (no es aleatorio que Cortázar admirara profundamente a Ramón Gómez de la Serna y que la crítica establezca una filiación entre el creador de los cronopios y el inventor de las greguerías) (14).

Pero hay algo más que juego y anti- solemnidad: en la visión cortazariana se cuela un humor malicioso basado en la apelación al cliché , la hipérbole consuetudinaria, la acentuación del exotismo. Por necesidad ha de resultar un desfase temporal que un análisis detenido hace saltar a la vista. Vuelvo ahora al adjetivo extemporáneo que prometí justificar: en 1979 la literatura española había dado signos de renovación evidentes, inclusive si se aparta a Juan Goytisolo (que Carlos Fuentes considera un autor latinoamericano). Los setenta fueron años de un dinamismo histórico únicos en la España posterior a la guerra civil; el arte y la cultura se desprendían paulatinamente de la rémora de los rancios y opresivos moldes del franquismo y daban muestra de renovación en todos los frentes. "Lucas, sus clases de español" ignora esas transformaciones; su desfase es doble y contradictorio, por un lado, suscribe el interdicto que los escritores hegemónicos del campo intelectual establecieron a principio de los 70 contra toda estética no experimental; pero al expresar a través de su sátira que en España no se encuentra otra cosa que discurso castizo y barroco degradado, desconoce la producción más novedosa de la novela experimental española, de la cual había sido partícipe necesario ocho años atrás, como invitado de lujo del "don Julián" en 1970. Tampoco repone la cálida amistad que los lectores españoles de los sesenta y el escritor argentino sellaron en los finales de los años cincuenta, cuando era uno de los tres o cuatro nombres más destacados del fenómeno del boom , reconocidos hoy como aquellos "agentes del cambio histórico de la mentalidad y la sensibilidad del español medio, y desde luego de sus medios cultos" y generadores de "el nuevo imaginario de la libertad y la razón crítica" (Gracia, 2004: 49) (15).
Es momento de introducir el texto que me ocupa en una nueva serie y sentar otra hipótesis, complementaria de la anterior. En el ámbito del antihispanismo en Argentina Borges no fue uno más. Sus agudas diatribas hicieron escuela, por la mezcla de causticidad y humor con que cultivó lo que Pastormelo considera "un antihispanismo de signo criollista que Borges supo practicar con un fervor decididamente anacrónico, decimonónico, como si fuera un intelectual de la generación de 1837." (Pastormerlo, 2006: 119-124).
De este antiespañolismo me interesa destacar sus derivaciones patológicas, no las que fructificaron en deslumbrantes lecturas -de las cuales Pastormerlo da noticias en este mismo número de Olivar - o en productivas críticas a la esclerosis del hispanismo -cuestión que ya se ha tratado en la primera parte de este artículo (16). Tomaré un caso paradigmático de efecto malsano: en 1941 Borges escribió su célebre "Las alarmas del doctor Américo Castro" en respuesta al sin duda centralista, etnocéntrico y normativo trabajo La peculiaridad lingüística rioplatense y su sentido histórico escrito por el insigne filólogo español en 1941. No me extenderé en los conceptos borgeanos que de Diego ha transcripto atinadamente en su ya citado artículo para llegar a demostrar que en este "ensayo-libelo", el siempre flemático y mesura­do escritor porteño apela a una adjetivación ofensiva y virulenta. El aspecto patológico sería la irradiación en las generaciones posteriores de la exasperada intervención de Borges quien a pesar de preferir "la distancia irónica como arma de combate, resulta inusualmente duro en el cierre de la crítica de la reseña" (de Diego, 2004: 90).
No creo temerario afirmar que desde entonces se produjo en Argentina con Américo Castro una distorsión sólo comparable a lo sucedido con Juan Ramón Jiménez, más conocido por la historia almi­barada de un burrito llamado Platero que por ser uno de los poetas más excelsos de la lírica española del siglo XX. De la misma manera, entre nosotros Américo Castro es el autor del atribulado artículo sobre la lengua de los argentinos que provocó la respuesta de Borges, no el prestigioso filólogo exiliado del franquismo que elaboró una de las tesis más fecunda e influyente sobre el silenciado carácter mestizo y heterodoxo de la cultura española. Su España en su historia: Cristianos, moros y judíos de 1948 (17), no sólo sigue siendo foco de incomodidad y polémica: además es la fuente declarada del proyecto creador de Juan Goytisolo, uno de los pocos escritores contemporáneos venerado y citado -a menudo sin necesidad de lectura directa, como ocurre con los clásicos- por la intelectualidad argentina (18).
Es entonces plausible que un escritor-faro tantos años considerado un padre difícil de matar en las letras argentinas, en las cuales hasta cierta época todos los escritos obligaban a chercher Borges , influyera más allá del campo estrictamente literario. No debería extrañar por tanto que su ascendiente fructificara también en la valoración y tratamiento de lo hispano. En "Lucas, sus clases de español" se aprecia cierta capilaridad con el discurso crítico que singulariza al autor de Otras inquisiciones , ya excesivo, ya matizado por la ironía y la agudeza de ingenio.
Aunque podría continuar desgranando el texto de "Lucas, sus clases de español", que no es el más importante ni el más conflictivo del antihispanismo, creo que lo expuesto hasta aquí es suficiente para mostrar la compleja trama en que se bordan las hostilidades (19). El efecto hilarante y el desconcierto que produce el fragmento de Joaquín Vidal fuera de contexto y privado de las referencias básicas, permite afirmar que en este cortazariano ejemplo se aprecian razones literarias de amplio radio ligadas a las tensiones estéticas e intelectuales que tuvieron lugar durante el siglo XX en ambas orillas. Simultáneamente, se suman las discordias pos-independencia propias del campo literario argentino: Cortázar recoge el testigo de una herencia satírica antihispanista rioplatense, con una escala decisiva en la "estación Borges" y se adentra luego en lo idiosincrático (encuádrese la expresión "el director que es de Astorga" en la representación argentina de sus emigrantes españoles).
Siendo ya obligado cerrar estas reflexiones, sólo me queda subrayar que las razones literarias, históricas e ideológicas forman una intrincada red, ni lineal ni translúcida, a la hora de analizar el vasto tema del hispanismo y del antihispanismo. En Cortázar se conjugan su filiación estética con las vanguardias, la tradición antihispánica riopla­tense, el magisterio borgeano, la búsqueda de una identidad lingüística característica de la experiencia colonial latinoamericana, y un imaginario sobre la hispanidad cargado de exotismo de cepa porteña-parisina. La suma de estos factores explica un talante que en el texto comentado tiene más raíces en el pasado y en la tradición que en el presente de la escritura de Cortázar, llegando a eclipsar la amistad probada que el escritor argentino estableció tempranamente con colegas y público españoles ávidos del aire fresco proveniente de Latinoamérica. Uno y otros podían encontrar diariamente, bien avanzados los setenta, ejemplos de intolerancia trasnochada, propia "de trompas de la vedera", (por quedarme sólo en el ámbito del castellano y no incursionar en la relación con las otras lenguas peninsulares), que no sólo padecían las ex-colonias (20) . Al errar en la construcción del objeto satírico, la crítica se desvirtúa y deviene una ocurrencia improcedente.

Notas

1. El panel fue coordinado por Gloria Chicote y contó con la participación de Melchora Romanos, Mabel Moraña y José Luis de Diego. Olivar Nº 5 reprodujo las intervenciones de Romanos y de Diego. (Ver bibliografía)

2. Pueden hallarse juicios semejantes en otras publicaciones académicas, pero comentarla me obligaría a entrar en los litigios de los hispanistas del norte, españoles y norteamericanos.

3. "Asimismo, igualmente insatisfactorias parecen algunas tendencias narcisistas de la crítica postmoderna, que se manifiestan en la presencia impertinente de los pro­nombres de primera persona en el discurso crítico y en la legitimación de la circuns­tancia personal y de la subjetividad del analista" (Schwartz, 2002).

4. La otredad del hispanismo pudo apreciarse en la apertura del II Congreso Internacional CELEHIS de Literatura celebrado en Mar del Plata en 2003. En la confe­rencia a cargo de María Teresa Gramuglio, "Literatura argentina y literaturas europeas. Aproximaciones a una relación problemática" la literatura española, como fue obser­vado por Laura Scarano, no tenía un lugar preciso. Otros dos casos paradigmáticos en nuestro país: la Asociación Argentina de Hispanistas organiza cada tres años un congreso abierto a todas las literaturas en lengua castellana, pero acuden fundamen­talmente especialistas en literatura española. La Universidad de Rosario periódicamen­te convoca a un congreso de crítica y de literaturas argentinas y latinoamericanas del cual la literatura española queda "expresamente" excluida.

5. No me es posible ampliar el tema en este espacio. V. al respecto Zamora, 2002.

6. Francisco Umbral, Marcelo Cohen, Jorge Edwards, Juan Cruz Ruiz, Ángel Harguindey son algunos de los colaboradores que figuran en los diarios de esa semana.

7. La identificación exacta es Ganadería de España "Francisco Galache de Hernandinos", de Salamanca.

8. Max Aub en La calle de Valverde , novela con un fondo histórico fidedigno, pone en boca de un personaje el nombre de la famosa academia como sinónimo de esperanza de ascenso social de la clase media baja: "...si coser no te gusta: borda, monta pantalones, uniformes, como yo. Si quieres, mañana te presento al jefe del taller. A destajo; te estás en casa, tan ricamente. O vas a la Brelitse , a esa escuela, como se diga...". El editor aclara a pie de página que Brelitse es un deformación popular de la escuela de idiomas Berlitz (Aub, 1997: 144).

9. Se transcribe en cursiva el texto de Rayuela tomado de Lo prohibido.

10. Aunque actualmente se revisa la impugnación de la literatura española de posguerra, sigue viva la idea de que en la literatura latinoanoamericana sirvió para revitalizar el paupérrimo estado de la novela peninsular. Véase la respuesta de los escritores españoles entrevistados por Tola de Habich y Grieve (1971) a la pregunta sobre la incidencia del vacío dejado por la narrativa española en el éxito de las novelas del boom .

11. Es famosa la condena de Antonio Espina: «Galdós en literatura fue lo que Letamendi en Biología, Sagasta en política y Pradilla en pintura. Una 'enorme media­nía' (...) Pertenece a aquel grupo que, con frase un poco plebeya, podríamos calificar de novelistas 'a ojo' y poetas 'a oído'» (Citado por del Pino, 1995: 44-45).

12. "En la novela española de los últimos treinta años la realidad ha estado bajo sospecha. La agresividad desencadenada contra el realismo social de los 40 y 50 creó una prevención generalizada contra toda actitud realista, fuera social o no. El concep­to mismo de realismo quedó maldito y a los novelistas les hacía soñar por la noche el peligro de ser señalados con el dedo como realistas. Galdós fue condenado a los infiernos, y todo lo que despidiera un cierto olor a realismo fue anatemizado, culpado de decimonónico, de antiguo, de pasado de moda" (Oleza, 1993:113-114).

13. El hispanoamericano no se siente dueño de un lenguaje, sufre un lenguaje ajeno, el del conquistador, el del señor, el de las academias (...) La historia de América Latina es la de una desposesión del lenguaje: poseemos sólo los textos que nos han sido impuestos para disfrazar lo real; debemos apropiarnos los contextos (Fuentes, 1975: 145-146).

14. Entre otras expresiones que manifiestan su admiración por Ramón, Cortázar ha dicho: "No me era necesario buscar otros libros de Ramón, su humor y su gracia se habían instalado en mi tabla de valores; él era uno de los que me ayudaba, invisible, a encontrar y dejar de lado" (Cortázar, 1996: 2).

15. Cortázar había sido uno de los más leídos. Es interesante atender al testimonio Juan Benet, un escritor nada afecto al argentino: "Los jóvenes me decían: '¿Lee a Cortázar?' 'Ya que me lo decís vosotros, leeré a Cortázar', y me metí Rayuela en el cuerpo" (Tola de Habich y Grieve, 1971: 32).

16. Al respecto, Juan Goytisolo ha subrayado en diferentes ocasiones la valiosa aportación de la crítica borgeana de los clásicos españoles. Entre diferentes juicios merece citarse: "Durante tres siglos el Quijote permaneció, entre nosotros, en manos de los necrófagos de la erudición a lo Rodríguez Marín o de los lectores involuntariamente esperpénticos del tipo de Unamuno. Borges fue el primero en abandonar (...) la visión historicista del pasado, común a la mayoría de los escritores del 98, a favor de una visión infinitamente más nueva y sugerente. Para Borges, como para el autor del Quijote , la literatura es un juego de espejos, una sucesión dialéctica de formas, una creación ininterrumpida- en nuestro museo imaginario, nos dice, no hay obras-fetiche, sacralizadas de una vez para siempre; el tiempo y las obras poste­riores las modifican" (la cita es más extensa), (Goytisolo,1977: 312).

17. ¿Será preciso recordar que el libro dio origen a un debate de enorme proyec­ción a partir de la réplica que Claudio Sánchez Albornoz, entonces exiliado en Argentina, dio a conocer en su España enigma histórico , de 1956?

18. Creo importante y hasta saludable que los críticos acepten la dificultad de que en un mismo pensador convivan dos miradas de signo opuesto.

19. Dos pasajes más de Un tal Lucas podría analizarse desde la misma perspectiva, ambos dedicados a Lope de Vega, "El arte de dictar conferencias" y "Lucas, sus sonetos".

20. Por aquellos años hubo un polémica ejemplar en este sentido: la principal cadena de televisión reemplazó a una de sus habituales presentadoras castellana de Castilla por una oriunda de las Islas Canarias. Furibundas voces se alzaron contra esta presencia Otra que contaminaría con su acento espurio la pronunciación de los oyentes.

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