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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar vol.7 no.7 La Plata ene/jun. 2006

 

RESEÑAS

Carlos X. Ardavín, Valoración de Francisco Umbral. Ensayos críticos en torno a su obra, Gijón: Libros del Pexe, 2003, 394 pp.

 

Emilia de Zuleta

Universidad Nacional de Cuyo. Academia Argentina de Letras

 

Gran maldito que la sociedad cultural española ha tardado en digerir, Francisco Umbral ha logrado imponerse a golpes de libros ­ciento diez-y de artículos -ciento treinta y cinco mil-, según los últimos recuentos. Desde el silencio y la descalificación de las décadas anteriores, su reconocimiento por parte del público y la crítica ha ido avanzando en medio de una atmósfera en la cual sus mutaciones políticas y sus gestos provocativos suscitaban el rechazo abierto y hasta un secreto temor frente al formidable poder de su palabra.
Luego vinieron los premios, importantes en cantidad y calidad, hasta culminar en el "Cervantes" (2000). Paulatinamente la critica académica iba incrementando sus trabajos. Significaba el proceso de reconocimiento y de incorporación al canon oficial, porque ya estaba desde hacía mucho tiempo, en el otro, el callado de los lectores entusiastas de sus artículos y columnas periodísticas. "¿Lee Usted a Umbral?" dejó de ser una pregunta indiscreta que suscitaba respuestas incómodas.
En suma, hoy la persona y la obra de Umbral son objeto de tesis doctorales y lecturas especializadas y este volumen que comentamos viene a demostrarlo. Conviene recordar, en este punto, dos hitos importantes en este proceso de revaloración: los artículos publicados en Ínsula (581, 1995) y en el Boletín de la unidad de estudios biográficos (4, 1999), dirigido por Anna Caballé.
El volumen editado por Carlos X. Ardavín agrupa su "Introducción" y dieciséis trabajos distribuidos en cuatro secciones más una "Bibliografía umbraliana ", que firma también el editor. La Primera Sección se titula "La lupa de sí mismo: hacia una poética de la autobiografía en Francisco Umbral". En ella destacan los trabajos "Biografía poética y creación en Francisco Umbral", de Mariana Genoud de Fourcade; "El mito personal de Francisco Pérez Martínez", de Manuel Alberca y "Representación y función de lo íntimo en Francisco Umbral", de Jean-Pierre Castellani. En los tres casos los autores ya habían publicado otros artículos o ponencias de muy buen nivel sobre este escritor. El problema de la propia biografía y de su autobiografía, mejor dicho, la ficcionalización de ambas, centra la atención de estos investigadores. Casi siempre estas indagaciones se entrecruzan con la definición de los géneros en la obra de Umbral. Como siempre lo hacen los grandes creadores, rompe todos los moldes previos, juega con las expectativas de sus lectores y desconcierta la acción rutinaria de muchos críticos. No ocurre esto en el caso de los tres investigadores nombrados. Martiana Genoud pone en ejercicio inteligente y tenaz la psicocrítica de Charles Mauron y la poética de Gastón Bachelard para desentrañar la índole profunda de la creación literaria umbraliana en el cruce de biografía y autobiografía. Alberca analiza desde otros ángulos, el de las que llama "autoficciones", esta creación de un verdadero mito personal, único a su juicio en la literatura española. Castellani, a su vez, examina el ensanchamiento de la base autobiográfica, desde su limitado contenido hasta la obra mayor, a través de uno de sus subgéneros: la forma elemental del diario íntimo.
En la Segunda Parte bajo el discutible título de "El escritor perpetuo: el periodismo de Francisco Umbral", se agrupan otros cuatro trabajos. Objetamos la denominación de "periodismo", como ya lo hizo el propio Umbral y lo habían hecho otros escritores como Guillermo de Torre: sus artículos no son propiamente "periodismo" sino colaboraciones literarias en periódicos, un material abundante y rico en la literatura española. Como ya lo hicieran antes Larra, Unamuno, Azorín, Machado, Pérez de Ayala, y más próximo a Umbral su maestro César González Ruano, el artículo ha sido un cauce continuamente renovado en la literatura española. En él, caben "todos los géneros, desde la novela al ensayo, pasando por las memorias, la crónica o el diario íntimo" (224). Esta afirmación pertenece a Bernardo Gómez Calderón en su capítulo "Sobre la preceptiva articulística de Francisco Umbral: el magisterio de González Ruano". "El artículo es el soneto del periodismo", según la definición de Umbral, como también lo fue para González Ruano. Y en ambos, la continua reivindicación del yo como nota original y propia.
En la Tercera parte, "Visión de una era: el franquismo 'explicado' por Francisco Umbral", hay que prestar especial atención al trabajo de Francois Pierré "Francisco Umbral o la estética de la provocación", donde se fija la atención en las recurrencias temáticas con abundante carga ideológica, política e intelectual. Y, una vez más, la ruptura de los límites genéricos: novelas, ficciones, autobiografías y memorias. Umbral es, como se sabe, el autor, a través de muchas formas, de un retrato cruel que abarca las diferentes etapas franquistas, la transición y los ciclos del socialismo y del Partido Popular. Nada escapa a su afilado bisturí que diseca con un cierto oportunismo destructivo y algo ingenuo, las evoluciones de la política y de la sociedad españolas.
En la Cuarta Parte , Antonio Candau y Eloy E. Merino, desde ángulos diferentes, presentan a Umbral como figura pública. El primero establece una comparación entre Juan Goytisolo y Francisco Umbral y lo relaciona también con Vázquez Montalbán y Juan Manuel de Prada como testimonios de las relaciones entre la literatura y el poder.
Concluida la lectura queda la impresión de que este libro colectivo ilustra cabalmente las direcciones de la investigación actual sobre Francisco Umbral y su obra y sugiere nuevas direcciones posibles. Una de ellas parece haber quedado cerrada, por el momento, con la "biografía no autorizada" El frío de una vida , de Anna Caballé, presentada en Madrid en enero de 2004, donde la gran especialista culmina su riguro­sa indagación de varios años sobre el tema. Otras direcciones podrían dar más de sí. No exige don de profecía asegurar que esta múltiple discusión sobre los géneros va a ir perdiendo interés en la medida en que se acepten. Finalmente, dos fenómenos: primero, la ruptura de límites genéricos que viene desde el siglo XIX y culmina en las vanguardias. Segundo, el hecho, bien conocido, de que todo autor genial siempre innova en la elección y transformación de los moldes preestablecidos.
En cambio, falta todavía valorar el canon que el propio Umbral ha ido estableciendo para la literatura española del siglo XX y, en particular, su recuperación de los que llama "escritores fascistas" y sus juicios sobre la literatura de los exiliados. Violenta a veces, injusta y discutible, toda esta faceta de la producción de Umbral merece ser releída. El gran escritor tiene que reconstruir su propia tradición: Larra, Valle Inclán, Gómez de la Serna , Cela y González Ruano. Porque la vanguardia sin tradición es fuego fatuo que deslumbra un segundo y se desvanece, y él lo sabe.
En tanto, el público lector, que no puede abarcar el inmenso laberinto bibliográfico donde las repeticiones y reelaboraciones ejercen una continua presión, perfectamente legítima, sigue creyendo en el articulista genial, en ese dibujo de violentos trazos, en el hallazgo del epíteto sorprendente, en la sintaxis nerviosa, magna y originalísima retórica que nos arrastra a aceptar su cinismo, su crueldad, su enorme inteligencia.