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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar vol.7 no.7 La Plata ene/jun. 2006

 

RESEÑAS

George Tyras, Geometrías de la memoria, Conversaciones con Manuel Vázquez Montalbán, Granada: Zoela ediciones, 2003, 245 pp.

 

Mónica Musci

Universidad Nacional de la Patagonia Austral

 

La lectura de estas "conversaciones" deja la impresión de que hemos asistido a una charla espontánea entre amigos, lejos de las convenciones que rigen los intercambios entre entrevistador y entrevistado. George Tyras, hispanista francés, amigo y traductor de Manuel Vázquez Montalbán, se embarca con él en un diálogo en el que recorre las características de sus novelas, ensayos y poemas, pasa revista a sus obsesiones literarias y políticas y comparte con nosotros su particular visión de la historia y la cultura de las últimas décadas. El que pregunta despliega una erudición notable con respecto a la obra del escritor catalán, tanto que en ocasiones señala detalles que el interesado declara haber olvidado por completo. No es un dato menor la disposición que muestra Vázquez Montalbán a reflexionar, recordar, brindar detalles, explicar las opciones de su trayectoria literaria o los motivos de sus personajes. Nada hay en este autor de la figura del escritor enigmático que guarda para sí sus secretos. La imagen que nos ofrece es la de un hombre que opina que dentro de la división social del trabajo, "los que vivimos de pensar y escribir. tenemos una cierta responsabilidad" (p. 229), y esa responsabilidad debe traducirse en una contribución que ponga sus saberes a disposición de la sociedad. Estas cualidades hacen de " Conversaciones ." un texto de consulta enriquecedor e insoslayable para quienes indagan en la literatura española contemporánea, y más específicamente en la obra de este escritor.
El libro consta de cinco partes encabezadas por fotos y epígrafes, frases que van puntuando la charla y cuyo sentido cabal se revela al final de cada capítulo. Estas frases enlazan los textos, la vida del autor y la historia contemporánea. Podríamos intentar una síntesis del libro a partir de ellas: La primera, "Tienes dos ojos pero el partido tiene mil" es una frase de Brecht que Vázquez Montalbán reescribe como "Aunque el partido tenga mil ojos (y por eso mismo) debes conservar los dos tuyos" y es una máxima contra la militancia religiosa que, según su visión, ha destrozado al socialismo real. La conversación previa ha versado sobre la niñez y juventud del autor, su participación política y su particular relación con el Partido Comunista. Es curioso, dice, ser considerado como el último intelectual comunista cuando desde el principio el Partido sospechó de él debido a su independencia intelectual. "Yo no era incondicional", reflexiona.
La segunda parte está encabezada por la frase "Éramos posmodernos antes de ser posfranquistas" y constituye una mirada crítica a su trayectoria como escritor. Vázquez Montalbán considera que la Literatura debe intervenir en el debate social, ser vehículo de ideas y a partir de estas premisas da cuenta de sus opciones escriturarias: el interés por la cultura de masas, los rasgos de la etapa de "literatura subnormal" y la opción posterior por la literatura policial. Encontramos aquí ciertas claves importantes para la comprensión de sus textos. Su reivindicación de las formas populares surgidas de la cultura de masas, el "collage", el mestizaje de formas y materiales diversos y el rechazo a la narratividad en los textos de la etapa subnormal son analizados en el contexto de la opresividad cultural que dominaba la España de entonces: "la presencia de Franco acentuaba la subnormalidad" (p. 59), pero también como expresión de un sentimiento amargo: la duda acerca de la posibilidad que tiene un escritor de transmitir un orden real, una visión unitaria del mundo. Lo que ha dado en llamarse su segunda etapa, el regreso a la narratividad y la recuperación de la convención del relato, son considerados por Vázquez Montalbán una salida al "ensimismamiento" que amenazaba a la literatura, una respuesta a la necesidad de reencontrar un discurso realista que, en su caso, resultó ser la literatura policial, específicamente la saga de Carvalho. Claramente define el programa que lo guió desde el principio: "intento presentar, desde cierta distancia, una visión melancólica de la historia, la conducta humana y la relación del hombre con la sociedad, componiendo lo que llamé al principio una crónica de la transición democrática" (pp. 54).
Los encabezamientos de los capítulos 3 y 4 son frases extraídas de las novelas Tatuaje y Los mares del Sur respectivamente: "He nacido para revolucionar el infierno" y "Leer hasta entrada la noche". Este último es, en realidad, un verso de T.S.Elliot, que guía la búsqueda de Carvalho en esa novela. Esta parte del libro es la más rica en cuanto al análisis de la literatura policial de Vázquez Montalbán por un lado, y de las que han sido llamadas sus "novelas de la memoria" por el otro, denominación esta última con la que el autor acuerda. Varios temas son visitados en este intercambio: el "aprendizaje" en la escritura de novelas policiales, las referencias internas de un texto a otro, (la construcción de un mundo más o menos integrado hecho de personajes, citas, mitos, referencias, lugares simbólicos), la función de Carvalho como recurso técnico que resuelve para el autor el problema del punto de vista desde el cual brindar una imagen del mundo y de la historia. Vázquez Montalbán comparte también con su interlocutor algunas ideas sobre la evolución futura del personaje, el peligro de caer en la inverosimilitud, el proyecto de un viaje por el mundo y quizá, de convertirlo en un cyber espía. Sabemos hoy que Carvalho dio la vuelta al mundo pero que ya no tuvo chances de seguir su camino.
Sería imposible enumerar todos los aspectos de la obra que son analizados aquí: la relación de Carvalho con las mujeres, el porqué de su nombre, la razón por la que quema libros, la cocina, el vínculo con Barcelona y, sobre todo, su perenne ironía como un "elemento esencial de mi estilo", que le permite tomar una distancia crítica de la realidad, incluso de sí mismo como personaje y de su propio creador.
En relación con las "novelas de la memoria" Vázquez Montalbán subraya la centralidad que tiene la memoria histórica (y también la memoria personal) en su vida y en su obra. Galíndez, Los alegres muchachos de Atzavara, Autobiografía del general Franco, Pasionaria y los siete enanitos (este último más ensayo que novela) constituyen intentos de conjurar el pacto para el olvido que se estableció en España a partir de la muerte de Franco. La pérdida de la memoria acarrea la carencia de criterio histórico, de rigor crítico a la hora de emitir un juicio. Quizá su generación abusó del criterio histórico, admite, pero estos personajes (de Cuarteto ) son posmodernos, predican la inutilidad del conocimiento histórico, el ahistoricismo y la insignificancia de la memoria (p.163). Vázquez Montalbán acepta, en este sentido la posmodernidad estética, pero se define éticamente resistente. Rechaza el diagnóstico ("perverso") del fin de la historia, que propone una lucha ideológica "basada en la negación de que exista una lucha ideológica" (p. 166) y propone en cambio recuperar la voluntad del cambio histórico y la esperanza en la posibilidad de un futuro.
El último epígrafe "Definitivamente nada quedó de abril" encabeza una conversación en la que se alude a las intervenciones más periodísticas de Vázquez Montalbán, a la figura del intelectual comprometido en un mundo hegemonizado por el pensamiento único. Es interesante constatar que, a pesar de la admisión de la derrota de la izquierda y de cierta amargura por la certidumbre del descrédito de la democracia, sigue creyendo en un cambio posible. Y declara su curiosidad y fascinación por las nuevas rebeliones (ya no revoluciones), como la del EZLN, liderado por Marcos y las acciones de los movimientos sociales ligados a la crítica de la globalización. En este nuevo estado de cosas, el intelectual no puede quedarse en un escritorio haciendo un diagnóstico libresco, sino ejercer su voluntad de volver a entender el mundo que lo rodea. Si ya no es posible hacerlo desde la antigua lógica de las ideas progresistas, es necesario acercarse a estas nuevas realidades. En esta línea, visita la selva Lacandona, Argentina, Cuba, y escribe en la última década Marcos, el señor de los espejos , Quinteto de Buenos Aires , Y Dios entró en La Habana , además de numerosas columnas de El país . Al respecto, es curioso comprobar que parte de su esperanza está puesta en América Latina, en su capacidad de intervención y su posibilidad de elaborar un discurso insurgente. Muy valiosas resultan sus apreciaciones sobre la Literatura : "¿Por qué eso no es materia literaria y sí lo es cualquier chorrada minimalista que pueda generar cuatrocientas páginas de reflexión. Hay un miedo tremendo en la literatura contemporánea a arriesgarse con materiales que vengan de problemas sociales". (p. 223).
Por último, quisiera subrayar que diseminados aquí y allá en la charla encontramos algunos atisbos de la intimidad del autor, algunas obsesiones presentes en sus novelas y sobre todo en sus poemas. El primero, el mito del Sur: la utopía de huir hacia este referente simbólico que representa la compasión, la subversión y la utopía frente a la geometría del Norte. El otro, la figura de su madre, asociada al sabor del pan caliente y de un cucurucho de aceitunas una tarde en el Raval. Su madre, que fue para él la memoria de los vencidos, la única que podía realizar la magia de convertir un conjunto de rostros desconocidos fijos en una fotografía en un paisaje familiar. Vázquez Montalbán confiesa su angustia frente al paso del tiempo, a la certidumbre de que la Muerte significa que "ya no podrás proteger a los tuyos", y vuelve a declarar la fe en un proyecto cultural coherente sintetizado en la frase recurrente de Elliot: "Leer hasta entrada la noche/ y en invierno viajar hacia el Sur", y agrega: también pagar mis deudas y enterrar a mis muertos.