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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar v.7 n.8 La Plata jul./dic. 2006

 

ARTÍCULOS

Singularidad, anomalía, diferencia, olvido: la derrota de los republicanos españoles en Francia. El testimonio de Diario a dos voces de José María y Manuel Lamana

Raquel Macciuci

Universidad Nacional de La Plata

Resumen
Diario a dos voces, escrito por José María y Manuel Lamana –padre e hijo– ofrece el testimonio de los respectivos itinerarios de los dos autores por distintos campos de concentración franceses a donde fueron conducidos después de cruzar los Pirineos tras la caída de la II República. El inusual texto de doble autoría y doble fecha de escritura tiene el poder de recuperar un hecho poco conocido de la historia europea del pasado siglo y, al mismo tiempo, desatar reflexiones sobre los rasgos atípicos de un episodio concentracionario ocurrido bajo el arbitrio de un estado democrático. La experiencia, pese a reunir características particulares, se confundirá poco después, sin solución de continuidad, con en el horror de las deportaciones y el exterminio nazis.

Palabras clave: Campos de concentración franceses; Refugiados españoles; Troisième République; José María Lamana; Manuel Lamana; Diario inédito.

Abstract
Diario a dos voces, written by José María and Manuel Lamana –father and son– is a testimony about the authors' itineraries in different French concentration camps, where they were carried after they had crossed The Pyrenees when the II Spanish Republic fell. This unusual text, composed by two authors in different times, recuperates a barely known fact of European XXth century history and, at the same time, contributes to a reflection upon the oddity of an episode that implies the arbitration of concentration camps in a democratic state. Despite its singular features, this experience has been subjected to confusion with the horror of the nazi banishment and extermination.

Keywords: French concentration camps; Spanish refugees; Troisième République; José María Lamana; Manuel Lamana; Inedited diary.

1. Los huracanes de la historia y los lugares de la memoria: Playas de concentración francesas

   El movimiento en favor de la memoria y de la sensibilidad hacia las víctimas de experiencias traumáticas del pasado reciente no cesa de crecer en el mundo contemporáneo. Su afán ético y cognitivo moviliza voluntades y proyecta un haz de luz en las más diversas esferas de lo social. En este contexto que busca comprender, saldar deudas morales y, de ser posible, hacer justicia, el capítulo insoluble que el nazismo escribió en la historia novecentista, con la sima de la Solución Final que sancionó el exterminio de millones de judíos y de minorías "otras" concentra la atención del analistas y profanos. El proyecto macabro de Hitler, cuya materialización extrema y paradigmática se concreta en Auschwitz-Birkenau, se ha convertido en el caso testigo, núcleo de las reflexiones provenientes de los distintos campos disciplinarios que intentan explicar las razones más inescrutables del mal.

Más de cincuenta años después de la célebre conferencia de Wannsee en la que por primera vez se dio forma política y burocrática a la Solución Final, el Holocausto y su recuerdo siguen erigiéndose en un caso testigo para las pretensiones humanistas y universalistas de la civilización occidental. (Huyssen, 2002: 149)

   Las investigaciones que durante largo tiempo se centraron preferentemente en el genocidio consumado por el estado alemán al promediar el pasado siglo, amplían hoy su campo de estudio y se diversifican en averiguaciones sobre las responsabilidades y omisiones fuera de la órbita del III Reich. Los países vencedores en 1945 –Italia incluida– han comenzado a mirar el lado menos noble de su pasado y han dado grandes pasos en la desmitificación del republicanismo antifascista irredento, revisando su complicidad con Vichy o con las ansias de expansión de Mussolini (Groppo, 2000; Portelli, 2002). Al tiempo que las sociedades civiles son puestas bajo la mirada del investigador las redes de la indagación extienden su dominio fuera de las fronteras germanas e intercambian saberes con estudiosos y damnificados de pueblos que pasaron por experiencias traumáticas similares en tiempos recientes –Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala.
   En la imbricada trama urdida para desvelar el pasado y recuperar la memoria, la historia española del siglo XX ocupa un lugar incierto en las matrices comunes que han surgido de los intentos de desentrañar los vasos comunicantes de la historia en los tiempos de ignominia. Es frecuente encontrar que cuando se mencionan los esfuerzos por integrar el pasado reciente de las sociedades europeas en un denominador común para mejor comprender sus experiencias traumáticas, la visión se focaliza en los períodos nazi-fascistas vividos por Alemania, Italia y Francia. El golpe militar de Franco en 1936, la Guerra Civil y una dictadura de casi cuarenta años parecen no ajustarse a la canonicidad de unos hechos cuyos episodios iniciales, sin embargo, se escribieron en la periferia de Europa.
   A pesar de la intensificación de los debates sobre el pasado reciente en la Península Ibérica y del tópico "la II Guerra empezó en 1936", España (y Portugal1) no suelen figurar entre las sociedades con experiencias traumáticas objeto de estudio. Sin embargo, cuando ante el Holocausto surge la pregunta "¿cómo fue posible?" quizá podría surgir una luz nueva si se retomara la no cerrada causa de la defección de las democracias occidentales ante las más elementales reglas de la política internacional debidas a una II República española atacada por un movimiento faccioso. Que no habiendo transcurrido todavía un mes de la rebelión de Franco, Francia cerrara sus fronteras con España –exactamente el 8 de agosto de 1936– por mandato de un gobierno frentepopulista constituyó, más que la aplicación de un Tratado de No Intervención vergonzoso, un acto de acorralamiento contra el gobierno legítimo, el cual pudo, a pesar de los pronósticos, resistir tres años el embate de las fuerzas enemigas.
   La imagen de las rejas de Irún cruzándose ante los ojos perplejos de los españoles asesta un golpe moral que todavía hiere. La posterior con descendencia gala con el contrabando de armas y circulación de personas desde Francia a la península no puede paliar las consecuencias materiales y simbólicas de la decisión acordada con Gran Bretaña ni remontar lo errático y engañoso de sus políticas durante toda la Guerra Civil.
   Si la No Intervención fue el primer capítulo de la II Guerra, la coda del mismo se escribe a comienzos de 1939, cuando cientos de miles de españoles que huían de la saña del ejército insurgente, son derivados a campos de concentración por un régimen anterior a Vichy y, por lo tanto, republicano y demócrata, previo intento de cerrar la frontera para impedirles el paso2.
   ¿Cómo pensar hoy este episodio –que concentrará la atención de mi artículo– con miras a despojarlo de su carácter anecdótico apartado de "los grandes relatos" de la Europa central? El hecho quizás reviste una categoría menor y pasa inadvertido cuando se lo inscribe en la devastadora secuencia de deportaciones y centros de internamiento que culminaron en el horror impensado e impensable de Auschwitz-Birkenau. Pero cada hecho de barbarie tiene su singularidad y su lugar en la memoria, y los detalles, aunque nimios en la magnitud del mal, tributan una cuota de verdad y de conocimiento del nunca comprendido mapa de la aniquilación dibujado por el III Reich.
   Un análisis que aspire a avanzar mínimamente en el conocimiento de "la medianoche del siglo", debe advertir que la secuencia iniciada en los Pirineos Orientales en febrero de 1939 no es un eslabón más –si se parte de que los eslabones son idénticos entre sí–; ni siquiera comparte muchas de las características que equiparan, aún con diferencias, los distintos campos de concentración alemanes, como tampoco son equivalentes a los del sistema establecido bajo el colaboracionismo de Pétain3.
   Cuando las experiencias segregacionistas masivas de la Europa de entreguerras encuentran un punto álgido fuera de Alemania, aunque finalmente se integren sin solución de continuidad en la progresión que culminará en la Shoah y el Zyklon B, la reflexión requiere una especial exigencia analítica.
   El exterminio programado de los judíos y otras minorías culturales tiene un grado de desmesura tan extra-ordinario que ha generado incesantes especulaciones filosóficas abocadas a llegar a la médula de lo atroz. Frente a la excepcionalidad del caso testigo –y su posterior vinculación con otros episodios de ultraje masivo a la condición humana– dos posturas divergentes, no antagónicas, emergen de los numerosos razonamientos: la primera considera que la equiparación del genocidio judío con otras formas de persecución masiva lleva a borrar sus rasgos distintivos y a disminuir su rango de hecho único. Desde esta perspectiva, la Shoah produce un quiebre, una discontinuidad sin antecedentes en la experiencia acumulada por la humanidad desde los tiempos más remotos. La imposibilidad de conectar la Shoah con otros acontecimientos del pasado explicaría el cúmulo de análisis que origina. Para un sector de los especialistas, relativizar esta singularidad derivaría en una atenuación del horror y, aún más, se convierte en ocasiones en una forma de negacionismo.
   La segunda línea de reflexión sostiene que mantener viva la memoria del genocidio judío es una manera de rescatar del olvido otros pueblos víctimas de crímenes contra grandes colectivos humanos cuya historia se ha borrado o desdibujado.
   No se trata, como queda dicho, de posiciones antagónicas ni irreductibles; sólo requieren una fina atención a los posibles errores conceptuales y metodológicos capaces de deslizarse en cada caso. Uno de ellos, como he anticipado, sería ignorar la capilaridad entre casos extremos y casos "menores", pues sus interconexiones aportan claves para la comprensión del todo.
   Un intelectual de la talla de Amado Alonso, exiliado en Argentina, expresó en la revista Sur cuando fue invitado a escribir un artículo sobre la guerra que se había desatado en Europa en septiembre de 1939:

Tampoco me quiero engañar con la conveniente ficción de que Francia e Inglaterra son un doble San Jorge que vaya a matar al dragón en la pura defensa de la humanidad amenazada. Por desgracia, ya hemos visto son capaces de entretener al dragón, mientras así les ha convenido, alimentándolo con carnaza española. Pero, en fin, me felicito de que los intereses materiales de Francia e Inglaterra coincidan esta vez con los intereses espirituales del mundo... (Alonso, 1939: 116)

   La expresión del circunspecto filólogo es reveladora del sentimiento de abandono que embargaba a los liberales y progresistas españoles tras la traición de la Europa libre. Entre uno y otro acontecimiento –la Guerra Civil y la II Guerra– se encuentra el hiato de los campos de concentración de la Troisième République4.
   La queja por la oscuridad en que aún permanece ese capítulo queda manifiesta en expresiones como "holocausto español",comparaciones atendibles si se enmarcan en la debida especificidad de cada caso y se evitan contaminaciones semánticas más que confunden más que esclarecen5.
   Al igual que ha sucedido con temas de interés generalizado en el ámbito de las ciencias sociales y humanas, los escritos de Walter Benjamin ofrecen una vía fecunda para abordar el problema. En una de sus reflexiones muy transitada, la Tesis VIII de Sobre el concepto de historia, el filósofo encuentra que el horror, con diferentes rostros, forma una misma estela que se pierde en el fondo de la historia. Esta concepción lo lleva a utilizar el contrasentido "normalidad de la excepción" para indicar que las situaciones de barbarie son normales, no insólitas ni extrañas: "La tradición de los oprimidos nos enseña que el ‘estado de excepción' en el cual vivimos es la regla. Debemos llega a una concepción de la Historia que corresponda a ese estado" (Löwy, 2002: 96)6.
   Michael Löwy analiza la cuota de validez y, al mismo tiempo, la insuficiencia del razonamiento del filósofo judío-alemán. Interpreta el sabio comentarista de las "Tesis", que Benjamin entrevió el fascismo como "la continuidad del cortejo de los vencedores, como cabeza de Medusa, rostro supremo y último de la barbarie recurrente de los poderosos" (Löwy, 2002: 98), es decir, como una fase nueva de la crueldad y vesania de siempre, ocultas en el impulso avasallador de los grupos dominadores de todos los tiempos. Pero Löwy señala seguidamente que esa idea hoy resulta incompleta, e incluso errónea, porque el filósofo escribió Sobre el concepto de la historia en 1940, antes de la máxima escalada del terror nazi, que su muerte le impidió ver. Por esa razón ignoró que el exterminio programado no se inscribe en la línea continua de la violencia contra el débil sino que establece un corte, una discontinuidad, que dejan al observador y al testigo sin palabras.

[La tesis VIII] tiene el gran defecto de no poner de relieve su carácter novedoso –sobre todo, en la variante hitleriana– con respecto a las formas antiguas de dominación: lo que la escuela de Frankfurt llamaría "administración total" y Hannah Arendt, "totalitarismo". (2002: 98)

   La reflexión anterior se encadena con la Tesis IX, probablemente la más conocida, que toma como punto de partida el cuadro Angelus Novus de Klee, un ángel que según la interpretación de Benjamin, contempla azorado las ruinas del pasado, pero aunque quiere detenerse, no puede porque el viento del progreso lo empuja hacia adelante. La alegoría reitera la idea anterior de la historia como un proceso único, como una ininterrumpida secuencia de atrocidades "en la sola y única catástrofe, que no deja de amontonar ruinas sobre ruinas y las arroja a sus pies" (2002: 101)7.
   El sociólogo brasileño da nombre a las grandes masacres que el autor de Pasajes contempla sin nombrar; son

las ciudades destruidas por las guerras: desde Jerusalem, arrasada por los romanos, hasta las ruinas de Guernica y Madrid, las ciudades de la España republicana bombardeadas por la Luftwaffe en 1936 y 1937. (Löwy, 2002: 107)

   Junto al postulado de la continuidad del estado de excepción –de la violencia contra el débil– el comentarista ve también la visión anticipatoria de la hecatombe cuya excepcionalidad impide que sea incluida e interpretada de acuerdo a los parámetros humanos preexistentes.

Su advertencia trágica parece anunciar Auschwitz e Hiroshima, las dos más grandes catástrofes de la historia humana, las dos ruinas más monstruosas, remate de la acumulación que trepa "hasta el cielo". (Löwy, 2002: 101)

   El mismo parecer de Löwy sostiene Alejandro Kaufman, quien advierte sobre las comparaciones "que habilitan en forma laxa y sin precauciones la formulación de similitudes de distinto orden" (Kaufman, inédito). Auschwitz, por tanto, se diferencia de la atrocidad de otras persecuciones por el plan de exterminio masivo, técnico y programado destinado a suprimir una identidad cultural lingüística y religiosa, que no tuvo precedentes (aunque sí continuación, como el genocidio argentino):

En el siglo XX, la presencia del mal radical introduce una fisura insoluble en la continuidad temporal histórica y en el tejido social de las instituciones que contienen a los individuos y a los grupos. Esa fisura está habitada por aquellos acontecimientos que han cambiado irreversiblemente el mundo que habitamos. A este resultado conduce la reflexión crítica de la cultura: a señalar la tarea de enfrentar esa fisura, que vuelve vanas las palabras designadas para referirse a un mundo histórico social que fue sepultado en Auschwitz y en Hiroshima. (Kaufman, 1997: 11)

   En cambio, el tenaz estudioso del exilio Español, Michael Ugarte, realiza una distinción entre los republicanos exiliados y los judíos, porque su situación era relativamente menos horrenda, pero prefiere establecer una continuidad, porque según su punto de vista las diferencias son cuantitativas y no cualitativas: "soy partidario, con Steiner, de una postura universalista frente al holocausto" (Ugarte, 1991: 47)8.
   La materia, como se puede apreciar, es objeto de permanentes debates y no se dilucida en unas pocas líneas. Desde mi perspectiva, como he anticipado, no hay incompatibilidad entre una y otra posición si se procede con rigor. La discontinuidad que produce la Solución Final en el curso histórico aconseja elegir las palabras con cautela, deslindar los ámbitos de análisis y evitar generalizaciones superfluas. La prudencia favorecerá un conocimiento más fidedigno y necesario de las atrocidades que se asemejan entre sí y de las peculiaridades intransferibles de cada caso. La amalgama en un mismo conjunto de los horrores singulares no hace más que oscurecer lo anómalo de cada tragedia y borrar el cauce a través del cual cada forma de exclusión y persecución alimenta, por omisión o por concurso, las políticas de violencia posteriores o contiguas. En consecuencia, analizar, en esta ocasión que me ocupa, las diferencias, lo distintivo del episodio de la internación de republicanos españoles bajo la Troisiéme République, es pertinente, es esclarecedor y es justo con las víctimas, no por su sola condición de seres individuales, sino como colectivo que merece el reconocimiento de su identidad. Su diferencia no es baladí ni oculta un patológico narcisismo de damnificado. Seguir la suerte del irregular éxodo español profundiza el conocimiento de la historia del viejo continente y permite ver otra excepcionalidad, la dictadura que siguió a la Guerra Civil, cuya virulencia aún tiene numerosos entresijos por desandar (véanse en este sentido la información aportada por varios artículos de este número de Olivar) y fue causa de que el Holocausto tuviera consecuencias más prolongada para los sobrevivientes españoles.

El final del nazismo no sirvió para rescatar la memoria de las 9.000 víctimas españolas en el cautiverio. En España figuraban como rojos, separatistas o anarquistas. Perdedores, siempre perdedores, incluso para sus familias. No se atrevían a hablar de ellos, o se les daba por desaparecidos, muchos con una vida imaginada por sus parientes: casados imaginarios en otro país, con hijos imaginarios, trabajos imaginarios. La verdad era otra. Casi todos habían muerto en los campos alemanes... [una] memoria tanto tiempo ocultada, deliberadamente ocultada por el franquismo y vergonzosamente regateada en la democracia... (Segurola, 2006: 50)

   Vale, pues, preguntarse: ¿si los bombardeos de Madrid y Guernika por aviones enemigos constituyen para Löwy un estado de excepción, de qué magnitud habrá sido el asombro del Angelus Novus si llegó a contemplar el excepcional estado de excepción que unas muchedumbres descalabradas fueran desatendidas y golpeadas por un estado amigo? El ángel de la historia quizás no llegó a ver a los derrotados durmiendo al raso en el litoral marítimo en las noches de febrero de 1939, tratados como peligrosos delincuentes. A pesar de no formar parte del gran Otro judío radical construido por el genocidio de "la medianoche del siglo", algún lugar debería ocupar en un proceso anamnético el dato de que el primer tren de deportados civiles desde Europa occidental sin conocer su destino partió de Angulema el 24 de agosto de 1940 y estuvo integrado por españoles deportados a Mauthausen, campo categoría C –irrecuperables– en cuya construcción participaron mayormente republicanos que habían buscado refugio en la república francesa9.
   Entre los 14 centros de muy diversas características (el número varía según las fuentes) a donde fueron empujados los republicanos españoles10, Argelés-sur-Mer y Saint Cyprien se han convertido en símbolos, no sólo por ser los que albergaron un número más elevado de hombres y mujeres sino por la paradoja y el contrasentido idiomático de que los campos de concentración respondieran tan literalmente al primer término de la expresión, esto es, campo: arena, alambradas, y el mar como letrina11. Si el pasado vuelve a veces como un relámpago, la desolación de las playas donde los hombres recibieron el apelativo de conejos debido a los hoyos que cavaban para guarecerse del implacable viento Mistral, sigue siendo un episodio de escasa canonicidad y en la serie de aberraciones del pasado siglo porque no provinieron de un sistema totalitario ni genocida.
   Cualesquiera hayan sido las razones que intentan hoy explicar la política de acogida gala, es indudable que el cerrojazo de la frontera en 1936 resuena en la clausura de 1939, que sólo el temor a la multitud obligó a reconsiderar. Las políticas de exclusión habían comenzado en Francia con el argumento de la patria amenazada por elementos hostiles, "extranjeros indeseables" fijaba la ley Daladier. Con los españoles se implanta de forma masiva, no sólo en la humanidad de peligrosos brigadistas y milicianos sino en ancianos, mujeres, niños. El justo –y tardío– reconocimiento del estado francés, 60 años después de la liberación, a los soldados republicanos de la división Le Clerc que lucharon contra el nazismo, deja aún en la sombra a una multitud de seres anónimos que sufrieron, muchos murieron, bajo condiciones que merecen conocerse en su específica y excepcional dimensión. Son los que no desfilaron en los carros del triunfo sino aquellos que, según ilustra Löwy la Tesis VII de Benjamin, en las columnas y los arcos conmemorativos quedan aplastados por las ruedas del cortejo.
   Frente a los monolitos apologéticos dedicados a los vencedores en los siglos XIX y gran parte del XX, surgen hoy los contra-monumentos anti-celebrativos como si se intentara que la solidez de la materia se impusiera a la fuerza del huracán de la historia que impide al ángel deternerse. Los Lieux de la mémoire que la civilización posmoderna levanta en memoria de las tragedias cuyo olvido se quiere conjurar (Huyssens, 2002:155), tienen, cuando se trata de centros de internación forzosa –campos, estadios, pozos, hospicios, ghettos– una base arquitectónica y material. Ahí están los rieles, las barracas, los hornos crematorios de Aschwitz; la estremecedora escalera de Mauthausen; la engañosa luminosidad de la ESMA. Aún cuando el tiempo o los criminales hayan borrado huellas, la memoria reconstruye sótanos, calabozos, barracones, fosas. ¿Qué recordación puede realziarse, mental o materialmente, en Argelés-sur-Mer o Saint Cyprien sin violar su esencia? ¿Cómo erigir un monumento que ofrezca "la calidad material del objeto" (Huyssen, 2002:157) si el objeto es el vacío, la nada, el desierto? ¿De qué modo fijar una referencia estable que contrarreste el paso del tiempo, certificado por la lenta desaparición de testigos y sobrevivientes?
   Los campos de concentración del Midi francés destinados a los republicanos imponen una incomodidad añadida y desconcertante a la perturbación que produce un centro de reclusión: la paradoja de no poder asociar al concepto la imagen previsible de un edificio, de una estructura que lo contenga. Deberíamos inventar otra palabra que no fuera campo de concentración, para designar la vastedad inhóspita de arena y mar cercada por alambradas a donde fue empujada la marea humana que huyó de Cataluña en febrero de 1939 (ver figuras 1 y 2 ). Ante esta anomalía que raya lo perverso, el menor monolito, placa o monumento, que establezca su "materia sólida" (Huyssen, 2002: 158) en las playas de Argelès o Saint Cyprien adquiere un perturbador valor contrafáctico12. No se trata de un simple problema de representación, la incongruencia es funcional a la compleja proyección de esta experiencia anómala en el universo concentracionario europeo de mediados del novecientos.


Figura 1: Refugiados Españoles conducidos hacia una playa de concentración (Capa).


Figura 2: Refugiados españoles en la playa de Argelès-sur-Mer (Desconocido)

 

   Las escasas fotografías existentes vuelven a convocar el desvío: grupos humanos apiñados bajo la vigilancia de exóticos uniformes que hubieran servido a Edward Said para una clase de introducción al orientalismo13; escuadras de desarrapados marchando por una inmensidad helada. En algunas de las imágenes asoman toldos improvisados, que no son otra cosa que las mantas, trapos o los capotes de los prisioneros. Ningún manual podría reproducir la fotografía o el diseño tipo de las tiendas de campaña o del equipo mínimo que se daba a cada internado: ramas secas y latas de sardina operaban como cubiertos, ollas de un litro servían para la bebida.
   El oxímoron que desestabiliza posibles designaciones más precisas, "playa, o arena, o desierto, de concentración" pone en evidencia una anomalía que aún profiere interrogantes. La dispersión de sobrevivientes y la falta de sustento material para atestiguar lo sucedido encarece el valor de los testimonios que lograron sobrevivir.

2. Dar fe, escribir, recordar

   "No me imaginaba que lo peor aún estaba por llegar", comentó un excombatiente republicano que por primera vez después de setenta años concedió una entrevista para hablar de sus recuerdos de la Guerra Civil española14. A partir de su incorporación voluntaria como soldado raso al ejército republicano, el testigo llegó a tener responsabilidades de mando después de pasar por varios de los frentes más duros de la contienda. Sin embargo, "aún estaba por llegar" lo peor, los campos de internación franceses –disimulados nominalmente bajo las figuras "centros de acogida", "de agrupación", "asignación de residencia", "internación administrativa".
   Derrota significa rumbo, camino; también revés, descalabro. Las dos acepciones se solapan, porque el itinerario de los vencidos de la Guerra Civil fue la segunda, insospechada, derrota infligida por un país demócrata. Quienes hayan transitado la bibliografía del exilio sabrán con cuánto pesar incontables españoles defraudados por la acogida francesa pronunciaron expresiones parecidas a la del citado soldado del ejército español.
   En el primer párrafo de su diario concentracionario también asienta José María Lamana su desconcierto: "yo no podía suponer la serie de sufrimientos que en Francia nos aguardaba" (3 feb., 1)15. La declaración anticipa la materia del relato que articula Diario a dos voces, un peculiar texto todavía inédito que recoge, bajo forma de dietario, el periplo por distintos centros de internación en Francia de un padre y su hijo16.
   La particularidad del documento no reside en la historia que recoge, similar –e incluso, por más breve, menos dura– a la de cientos de miles de españoles que cruzaron la frontera huyendo de las represalias de Franco, sino en la génesis y construcción del texto, integrado por sendos diarios redactados por dos autores en diferentes época y circunstancias de escritura.
   En las sucesivas estaciones que atraviesa José María antes de reencontrarse con los suyos, vuelca día a día en prolijas notas sus principales experiencias, impresiones y padecimientos de refugiado. Con el tiempo, el manuscrito fue a dar a las manos de Manuel, el segundo de sus hijos17, quien muchos años después encuentra en el diario de su padre una motivación para reconstruir su propia experiencia mediante una operación que, sin alterar el documento dejado por su progenitor, lo amplía y convierte en un nuevo texto. En 1985 concluye la nueva obra, conformada por el diario de su padre y el propio, de carácter ficticio, cuya disposición repite las fechas del original, entre cuyas páginas intercala las propias vivencias y los recuerdos de su itinerario paralelo, en otros sitios de aislamiento franceses.
   De José María no se sabe que escribiera, con excepción del diario de su cautiverio, otra cosa que informes administrativos relacionados con su cargo, es decir, se encuadra en la múltiple y conocida casuística en que una experiencia límite empuja a la víctima o al testigo a dejar constancia de lo sucedido.
   Su hijo Manuel, en cambio, cultivó el oficio de escritor con mayor continuidad, a la par de su carrera universitaria en el destierro. Las experiencias extremas moldearon un proyecto literario que integra la temática de la guerra, la cárcel y el exilio con la búsqueda de la forma que mejor diera cuenta de los hechos traumáticos que le tocó vivir.

...yo creo que soy una persona con muy poca fantasía, lo que hago es una tronche de vie –como dicen los franceses– más o menos disimulada, más o menos novelada. Yo digo que cualquier escritor no hace más que dar su vida, pero yo no me imagino muchas variantes, ese es el lío. (Lamana, CIDA)

   En el Diario a dos voces su oficio queda manifiesto en la forma de conciliar dos experiencias y dos formas de enfrentarse a la autobiografía y la memoria: el padre conjura el olvido y la erosión del tiempo con un registro todo lo cercano a los hechos que le fue posible. El hijo revive y reconstruye el derrotero francés cuatro décadas más tarde, a partir del testimonio del progenitor. El primero recurre a un básico pero eficaz ejercicio escriturario de testigo, realizando notaciones concisas y sobrias; el segundo explicita el artificio y recurre a sus saberes de escritor y de profesor avezado en teoría para dar estatuto literario, apoyado en la letra de su padre, a una recuperación de la memoria que es también ejercicio anamnético18.
   ¿Qué diferencia existe entre uno y otro diario? ¿Entre la cercanía y la distancia a los hechos? Ambos saben de las convenciones del género, pero la utilizan de distinta manera19. También el funcionario del Monopolio de Tabacos acude, en menor medida, al artificio pero sin dudar de su objetividad de testigo, de su memoria notarial y de la capacidad representativa del lenguaje20. El hijo no aspira a reproducir con fidelidad, por el contrario, anuncia su intención de recordar e inventar a la vez, y además advierte sobre la labilidad del recuerdo y del documento autobiográfico. No se empeña especialmente en subrayar su estatuto testifical, a la manera del autor de un discurso encuadrable en los géneros del yo, quien ha de validar la verdad del contenido de su relato validándose a sí mismo como testigo, cargándose de autoridad moral, cognitiva y verbal. En su apoyo acuden, entre otros recursos, el êthos de la primera persona, la potencia mimética de la prosopopeya –las voces de los ausentes que el discurso resucita–, la alianza de memoria, tiempo y narrativa, y, en los casos de que hablamos21, las marcas que la muerte ha impreso en el cuerpo de la escritura. (Fernández Prieto, 2005: 51)
   Con la reflexión autorrepresentativa, el hijo refuerza, no el valor testimonial de su escrito sino la autenticidad del diario del padre: mediante la exhibición de los mecanismos ficcionales del propio diario, marca la diferencia con el texto base, que sí es auténtico testimonio de acontecimientos y sentimientos.
   Las palabras preliminares, tituladas "Aclaración", término más propio del discurso legal que del literario, proporcionan un protocolo de lectura imprescindible para reforzar uno de los propósitos del autobiógrafo: dar pruebas de la verdad de lo narrado, que en este caso se transfiere al texto escrito en primera instancia. Al confesar Manuel Lamana la condición fingida de su diario en la "Aclaración" inicial, el de su padre, por oposición, refuerza su autenticidad.

Tras tantos años transcurridos, mi texto no es puntual como el de mi padre. Yo he contado con aquella lejana experiencia, pero he tenido que inventar los aconteceres cotidianos, mis personajes sólo a veces figuran con sus nombres verdaderos, e incluso algunos no han existido jamás. (ii)

   El diario presenta por la tanto, dentro de su aparente trazado lineal, una compleja articulación que ofrece diferentes entradas críticas: los problemas de la autoría, del sujeto autobiográfico y los géneros del yo; la tensión entre testimonio y ficción, entre historia y memoria, se plantean doblemente complejos a partir de la expansión del primer diario en un nuevo texto escrito cuarenta años después. Los conocimientos teóricos del segundo autor se manifiestan en la disposición de los materiales que a pesar de no ser ingenua, es sumamente respetuosa del proyecto y de la obra precedente.
   Por último, son datos significativos la fecha –1985– que subraya Manuel Lamana en su prólogo y la explicación que la acompaña.

Hace poco –quién sabe por qué, por circunstancias personales, por los cambios políticos habidos en España y en la Argentina, el país que habito, no sé muy bien–, al volver a leer el diario tuve la urgente necesidad de hacerlo conocer. (i)

   La recuperación, en el año 1985, de la memoria del éxodo se proyecta con doble haz: en el contexto español, donde por primera vez después de la dictadura gobernaba un partido de izquierda y en el contexto argentino, cuya sociedad acababa de salir de una de las etapas más sombrías de su historia, iniciada con el golpe militar de 197622. En la impronta testifical de Diario a dos voces reside su valor principal, que las características formales y su condición de obra inédita encarecen. El texto no se puede entender sin la cadena de acontecimientos que se sucedieron después de la rebelión del 18 de julio de 1936 y se extendieron mucho más allá del final de la contienda bélica y de las fronteras de España.
   Este breve trabajo poco puede hacer para sacar de la sombra un documento que merece un espacio y un tratamiento más amplio. Sólo aspira a esbozar una lectura en el marco de la cultura contemporánea, que contradictoriamente amnésica y recordatoria, ha desarrollado nuevos saberes para abordar su pasado y analizar el olvido.

3. La lenta contabilidad de los días

   Quizás sea la disonancia del episodio, quizás su historiografía menos desarrollada que la de los internamientos y deportaciones posteriores, tal vez su escasa proyección en recreaciones ficcionales23, lo cierto es que la rememoración del confinamiento republicano en Francia produce una sorpresa siempre renovada, quizás trasunto del asombro y desaliento que embargaron a los propios refugiados.
Diario a dos voces adquiere en esta dimensión el carácter de una rara pieza, apenas un fragmento del universo concentracionario de febrero de 1939, pero, si se sabe observar, revela, como los témpanos, valiosa información de la zona sumergida24.
   El primer autor utiliza una forma que favorece la transmisión de una historia de vida con la resonancia de una experiencia directa y cercana. Mediante el diario logra la sobriedad del registro cronístico más la redundancia de la reiteración propia de género que capta las mínimas variaciones dentro de la continuidad temporal.
   Lamana padre, avezado seguramente en escritura oficinesca pero sin oficio literario, tiene la intuición de reunir la economía del lenguaje administrativo con la pulsación de la vida trastocada, visible en la reiteración de una cotidianeidad en la cual la anomalía se vuelve norma. La ausencia de patetismo y de exageración acerca las imágenes con despojado verismo.

Otras tres veces fue bombardeada Figueras en el transcurso de aquella triste tarde. Más de quinientas víctimas, en gran parte mujeres, niños y ancianos, familiares de militares y funcionarios que seguía a los suyos en aquel terrible éxodo hacia la frontera. (3 feb., 2)

   Al mismo tiempo va trazando su rumbo de fugitivo privilegiado –si es lícito usar el término para tales circunstancias– investido de los atributos del republicano culto y dotado de mayores medios materiales. Su periplo permitirá entrever por oposición la suerte de los españoles menos afortunados, mucho más dura que la de quienes cuentan con ciertas ventajas materiales. Pero sus recursos –pasaporte al día, una módica reserva de moneda francesa, relaciones en el país de asilo– nada significarían sino no estuvieran asociados a una concepción de vida liberal y moderna, manifiesta en una conducta que mantendrá en las situaciones más adversas. Así lo revelan los modales, la circunspección, la propensión al aseo, muy insistentemente consignado. Este hábito, que no abandona ni en las más heladas mañanas de los Pirineos ni de Argelès –y que remite a los principios de la prestigiosa Institución Libre de Enseñanza–, es todo un signo de identidad y entereza moral25.
   La situación extrema de los primeros días en la playa concentracionaria se describe con parquedad estoica y notarial: el salvaje tratamiento de la guardia africana, que se hizo famoso entre los refugiados, se narra sin queja ni encono: "En lo que no ganamos mucho fue en lo de los spahis, pues a la menor cosa hacían maniobrar sus caballos sin tener en cuenta las víctimas que pudieran ocasionar" (13 feb., 44).
   La falta de infraestructura adquiere ribetes dramáticos que sin embargo son referidos con circunspección, como si trasladara al discurso la buena educación y la urbanidad que lo distinguían de la muchedumbre.

...un fuerte viento Norte hizo acto de presencia, el cual, sobre hacernos pasar un frío espantoso, amenazaba con arrasar nuestra vivienda. Al cabo de un par de horas después de amanecer, viendo que aquello era fatal a plazo breve, procuramos adelantarnos a los acontecimientos y desmontamos las cañas y trapos que constituía nuestro cobijo y después procedimos a rebajar el suelo en una profundidad de un metro, con lo cual quedamos metidos como en un foso, y armando aquel tinglado, quedó más resistente a las embestidas del viento. (14 feb., 46)

   Quizás su estilo, impregnado de años en la administración pública, favorece la narración austera, contenida. A la crudeza de los acontecimientos y al estoicismo con que los afronta les corresponde un lenguaje discreto. Para encarecer los males no es necesaria la retórica, basta con la reiteración día a día del desamparo: cada jornada que pasa similar a la otra transmite el sufrimiento multiplicado por semanas y por cientos de miles de confinados que no abandonan el campo a los tres meses de llegados, como Lamana.

No hubo en el día más novedad digna de reseñarse. La noche fue terrible, llovió copiosamente y tuvimos que pasarla amontonados en los espacios menos castigados, pero sin podernos echar por falta de sitio ni ponernos de pie por no permitirlo la altura de la choza. El malhumor de algunos encontró ocasión propicia para exteriorizarse y las horas transcurrieron lentamente, recibiendo alguna ducha, tiritando de frío y escuchando palabras fuertes e imprecaciones de quienes no podían ser acallados por las palabras de prudencia y aliento de los demás. (19 feb., 64)

   La reiteración de detalles logra transmitir, dentro de la uniformidad, la diferencia entre un día y el siguiente, que sólo está dada por la acumulación de las penalidades que el lector percibe: "Día, por lo demás, gris y noche de las clásicas de lluvia con su cuadro de apiñamientos, incomodidades e insomnio" (23 feb., 76).
Argelés, Bram, Montolieu. Las jornadas se suceden con varios leit motifs que marcan las inclemencias del encierro: la alimentación, el frío, la incertidumbre, las cartas. A menudo el registro parece notarial, con la contundencia del inventario o del atestado; las cifras no requieren más. El detalle se vuelve altamente significativo.
   Siempre que puede, el autor compra papel para escribir; preocupado por enviar mensajes a la familia y a quienes pudieran ayudarlo. La condiciones de las autoridades francesas para salir del campo –tener amigos o familiares que los respalden y demostrar medios para vivir sin trabajar– se traducen en una intensa actividad epistolar.
   Paralelamente se desprenden las condiciones que permiten ver las diferencias de esta internación con las que sobrevendrán en la Francia ocupada o colaboracionista. Los prisioneros escriben y reciben cartas, quienes tienen francos compran alimentos26. A veces reciben visitas o simplemente hablan con ellas a través de la alambrada; aunque lo diarios están prohibidos, logran circular entre los internos, y algunos medios de prensa y determinadas organizaciones o autoridades se acercan al campo para realizar reportajes o demostrar su preocupación.
   Los sucesivos cambios de destino comportan mejoramientos de la situación extrema de la playa de Argelès, pero igualmente se define por la penuria y la escasez, en particular la estancia en Bram.

Lo de la comida se fue poniendo más grave, comimos como plato único guisantes y en mi ración apenas si pude contar dos docenas de ellos, así es que en realidad comí pan con agua caliente, la cual tenía cierto gusto a guisantes. (5 mar., 105)

   Vivir bajo techo no impide el sufrimiento de los rigores del invierno

...tuvimos que permanecer casi en tinieblas porque el viento y el frío nos hacían tener cerradas las ventanas, las cuales eran simples tablas y sin cristales. En el interior de las barracas llegó el termómetro a marcar tres grados sobre cero. (9 mar., 117)

   Lamana sólo alcanza un grado mínimo de estabilidad habitacional y alimentario en Montolieu, donde los recluidos tienen plena conciencia del privilegio: "No hay duda de que vivimos en plan de seleccionados. Se nota en lo de las comidas y en el trato más deferente de los agentes franceses" (15 mar.,130). Nuevamente el detalle contrastivo refuerza la dureza del trato recibido en Francia: en aquel destino de privilegio los prisioneros tiene el lujo de contar con un montón de paja repartido cada cuatro hombres y por primera vez reciben un plato, una cuchara y un tenedor (1 mar., 127). La magnitud de las privaciones anteriores vuelve un lujo la precariedad de Montolieu,

Dormí bien; el lugar era mucho más abrigado que las barracas de Bram y que el cielo estrellado o nublado de Argelès, y la cantidad de paja también superior a la que habíamos conocido antes. (12 mar., 128)

   Las mejoras del nuevo centro no contemplan, sin embargo, instalaciones sanitarias mínimas: "Más frío que nunca. Al aire libre me dolía la cara y las faenas de aseo personal constituían un verdadero martirio" (14 mar., 134)27.
   La autorización para residir en un pueblo de Carcassonne amparado por una familia hispano-francesa cambia radicalmente la situación del antiguo responsable del Monopolio de Tabacos. Las jornadas delatan ahora una rutina apacible, a través de la cual, sin embargo, asoma el estatuto de exiliado sometido a leyes de extranjería que José María Lamana acepta con serenidad. Las dificultades para recibir a su familia, alojada en un Centro de reunión en Ornans, en el mismo suelo francés, traducen una nueva interdicción a través de la cual la administración ratifica y agrava la separación arbitraria impuesta por los gendarmes en la frontera. Las familias que ya habían pasado por inenarrables peripecias y desgarros no podían comprender la dilación.

El correo me trae noticias de la inquietud de mi mujer al observar que su situación no acaba de resolverse. Le escribo aquietándola y pidiéndole paciencia, pues hace falta que de la C.A.F.28 nos envíe la documentación que pruebe que disponemos de medios propios para poder vivir reunidos y en libertad. (15 abr., 204)

   El período que transcurre desde su residencia en Rieux-Minervois hasta que consigue autorización es el más largo del dietario y pone de relieve una fase menos virulenta pero igualmente penosa del tratamiento recibido por los republicanos29.
   El detallado registro se cierra el día previo al reencuentro familiar, pero no concluye, pues como se ha anticipado, en los años ochenta Manuel Lamana realizará una pausada reescritura anamnética que no se reduce a la recuperación de su experiencia traumática.
   El segundo diario ofrece un material tan rico como el primero y permite la lectura integrada del texto de doble autoría que ha sobrevivido, pero su análisis deberá esperar a disponer de más tiempo y espacio. Sólo puedo comentar, como signo del trabajo crítico por hacer, que en el texto de Manuel Lamana se pude rastrear una operación que consiste en completar lo callado o lo excesivamente conciso del primero. Así sucede con las descripciones del clima, que retransmiten con mayor detenimiento las inclemencias que debía de sufrir el padre. Otras acotaciones tienen la función de proporcionar una visión de la guerra y del exilio que su padre aún no puede tener, o, como he propuesto en otro trabajo30, no le interesaba, porque sus esfuerzos estaban dirigidos a establecerse en Francia sólo el tiempo necesario para demostrar que había sido un íntegro ciudadano y probo funcionario, por lo tanto, ningún delito cometido le impedía regresar a España. Hasta los últimos días del dietario de José María se aprecia la sorpresa por la política enconada de Franco hacia los vencidos. El ejemplo que encuentro más significativo de la diferente perspectiva y distancia cronológica sobre el pasado es el relato correspondiente a la jornada del 14 de abril de 1939, anodino y rutinario en el diario de José María, y dedicado enteramente a la conmemoración en el de su hijo, que comienza sin preámbulos. "Aniversario de la República", continúa con una alusión a los comentarios resignados de los refugiados con los que convive y finalmente rememora el júbilo de la jornada de 1931 (14 abr., 203).

4. Rojos y meridionales

   Cuando José María Lamana vuelve a ser tratado como hombre, a comer caliente y a dormir en una cama, un elevadísimo número de republicanos permanece aún en los campos; muchos no saldrán nunca, vencidos por el rigor de la internación o atrapados más tarde por la maquinaria exterminadora de Hitler.
   El relato de la dura peripecia deja ver, no obstante, que muchos ciudadanos franceses fueron hospitalarios, aunque no pudieron contrarrestar la política discriminatoria del estado galo, de muy diferente tenor y escala que la orquestada por el III Reich. El tema es complejo y merece un desarrollo riguroso, pero si fuera posible sintetizarlo en una metáfora, diría que los sobrevivientes del Holocausto reiteran haber percibido y experimentado el deseo de aniquilamiento físico y moral, de supresión del ser del deportado que movía a los SS. Entre los españoles la imagen de humillación más repetida se refiere a haberse sentido rebajados al nivel de las bestias; las rejas de Irún y las alambradas de Argelès refuerzan la imagen con su connotación de jaula y corral. Los carteles que en Francia llamaban a la población civil a ayudar a los refugiados, como si fueran víctimas de una catástrofe natural, mostraban escenas que acentúan la condición zoológica y el cautiverio animal (ver figuras 3 y 4 ). En la frontera pirenaica es una de las primeras experiencias que registra José María Lamana:

Aquello daba la sensación de un apartadero de ganado y en verdad que las consideraciones con que fuimos tratados no tenían nada que envidiar a las [que] hubieran observado con unos auténticos rumiantes. (7 feb., 20)


Figura 3: Refugiados españoles esperando alimentos en un campo de concentración francés (Desconocido).


Figura 4: Imagen (probablemete de Capa en Argelès-Sur Mer) del afiche de la "Conferencia Internacional de Ayuda a los Refugiados Españoles" (París. 15 y 16 de julio de 1939), Rubio (1977).

   Entonces, ¿sólo la amenaza roja explica la peculiar puesta en práctica verificada en Argelés-sur-Mer y Saint Cyprien? ¿Tantos niños, mujeres, ancianos confinados y tratados como animales por razones ideológicas? La guardia colonial senegalesa, marroquí, argelina, es un poderoso signo cargado de connotaciones que ofrece entradas para una lectura más incisiva –y arriesgada.
   La pregunta podría ampliarse: ¿Únicamente operó el recuerdo de los moros del ejército de Franco para que los españoles se sintieran vejados por la guardia africana de los campos?31 Los exiliados enfatizan el sentimiento de afrenta porque la humillación fue doble; al maltrato real se sumaba la degradación simbólica de ser excluidos de la vieja Europa: usaban para controlarlos, golpearlos y retenerlos en las lindes del continente a las mismas tropas que usaban para someter al continente negro. Sea casualidad o falta de percepción de los dirigentes galos, es dable pensar que el tópico de cuño francés, "África empieza en los Pirineos", además de una boutade ocultaba un estereotipo y un prejuicio que habilitaban tratar a los republicanos como africanos, esto es, con los códigos de cultura superior y colonial sobre la inferior y colonizada32.
   En el esquema de tal imaginario se entiende un trato degradante que tuvo tanto características de abandono, dejación, apartheid, de recibimiento reservado a seres "de segunda categoría", como de persecución ideológica. Si recordamos la frase de José Carlos Mainer referida al florecimiento cultural de la España anterior a la guerra, "nunca ha sido nuestro país más Europa que entre esta fecha [1918] y 1939" (1981: 180); puede decirse que a partir de la rebelión militar de 1936, los Pirineos se erigieron una vez más, ineluctables.
   Andreas Huyssen, en su artículo ya citado, retoma –revisándola– la idea de Lyotard acerca de que practicar la anamnesis y recuperar la memoria del holocausto conlleva "reflexionar sobre su constitutiva incapacidad [la de la civilización occidental] para aceptar la diferencia, la otredad, y para sacar consecuencias de la insidiosa relación entre la modernidad ilustrada y Auschwitz" (2002: 150). Aceptado en todos sus términos o matizado, el postulado de que la preservación de la memoria está estrechamente unida al respeto por el otro, a su derecho a la diferencia y a la no-identidad está hoy fuera de discusión. Los otros sociales y culturales, con sus identidades diversas y, me permito añadir, con sus necesidades y urgencias, parecen constituir el reto para que el ejercicio de la memoria se entronque con el presente, descubriendo los rostros contemporáneos de los excluidos.
   Las recientes noticias sobre el ingreso de emigrantes africanos en la isla de Malta, por nombrar uno de los más llamativos, donde al rechazo se suma el trato inhumano en centros de acogida que equivalen a cárceles de ínfima categoría –tercermundistas–, trae a la memoria la muchedumbre exangüe y hambrienta de republicanos considerada en febrero de 1939 un elemento pernicioso para los valores y la estabilidad de los países centrales, que habrían sido desbordados33.
   La singularidad del confinamiento francés de los refugiados españoles de 1939 tiene la virtud de recordar vivamente que cada catástrofe de la historia tiene un nombre y un rostro propios: "campos –playas– de concentración de refugiados españoles bajo la III República francesa" es el nombre que corresponde a este fragmento de la historia europea. Pero cada catástrofe singular es arrastrada por el huracán único de la historia, donde el ayer y el hoy se encuentran y se reconocen. En los ojos perplejos y famélicos que se asoman hoy a los pasos fronterizos –alambradas– de Europa resurge la memoria de otros éxodos y otros vientos huracanados de ayer.

Notas

1. La historia de Portugal queda fuera del ámbito de mis investigaciones, pero es justo señalar que muy poco se sabe y se habla, fuera del país lusitano, de la dictadura salazarista. Se impone aquí una pregunta, ¿qué es Europa cuando se dice Europa?

2. Las cifras de civiles y soldados refugiados en Francia en febrero de 1939 oscilan notablemente; las más autorizadas hablan de 453000, que podrían llegar a 500000. El mayor de los centros de agrupamiento, Saint Cyprien habría albergado alrededor de 110.000 personas, Argelès, 90.000. Otros datos informan que de 300000 hombres internados en los campos de Francia murieron durante los seis primeros meses 14.672 (Serrano, 2005).

3. En la misma dirección poco frecuente se pronuncia Pablo M. Dreizik: "La cuestión asume un sesgo particularmente espinoso: aquellos centros de detención fueron emplazados antes del arribo del gobierno pro-alemán de Vichy, precisamente fueron construidos durante el período de la República, bajo el gobierno de Daladier en 1938. Esta nota singular de los campos del sur de Francia, el hecho que remonten su origen al período republicano, los ha investido de carácter problemático que alcanza al corazón de la misma memoria histórica francesa". Añade el autor que se observan signos de que la sociedad francesa empieza a enfrentarse con ese capítulo borroso de su pasado. http://www.fmh.org.ar/revista/18 /delaex.htm.

4. El 14 de abril de 1938, el mismo día en que asumió el nuevo gobierno de Daladier, el Ministro de Interior Albert Sarrault, ordenó vigilar a los extranjeros para salvar a Francia de elementos indeseables. En mayo el mandato se convirtió en ley que habilitaba el arresto domiciliario de los extranjeros y la invalidación de su documento de identidad, que era otorgado para una determinada provincia siempre que no fuera fronteriza. En noviembre de 1938, la ley se endureció y habilitaba el confinamiento en centros designados por el Ministerio de Interior. El primero fue creado el 21 de enero de 1939, en Rieucros, a donde fueron a parar castigadas cientos de mujeres republicanas.

5. "Joan Llarch se pregunta: ‘¿Por qué no se ha escrito y clamado con indignación contra el sufrimiento de los niños españoles en los campos de refugiados franceses y alemanes, donde hubo también su Ana Frank, aunque no escribiera su Diario ?'" (Juliá, 1999: 287). Por otra parte, el significativo título Las fosas del silencio. ¿Hay un holocausto español ? (Armengou y Belis, 2004) es orientador acerca de la reaparición del caso testigo como punto de referencia a la hora de abordar una experiencia traumática.

6. Las citas de Benjamin están tomadas de la edición comentada de Löwy (2002).

7. Añade Kaufman (2004: 75) que "las ruinas remiten a todo lo que tuvo fin, pero aún más que eso, a todo aquello que no fue realizado, todo aquello que fue sacrificado en la carrera hacia las promesas de la realización –el progreso–." (énfasis del autor)

8. Es de atender la circunstancia que convierte a los antifascistas españoles víctimas del nazismo en el colectivo de víctimas, sino el más castigado, el que vivió un olvido más prolongado, debido a la dictadura franquista: "Marcados con el triángulo azul de los apátridas en Mauthausen y con el rojo en los otros campos, fue uno de los colectivos nacionales que más tiempo sufrió internamiento; por todo ello conforman un grupo de unas características especiales dentro del universo concentracionario. (...) Mientras ceremonias de homenaje y palabras de aliento acogían a los ex deportados en sus lugares de origen, en la patria de los republicanos éstas se reservaban a los vencedores de la Guerra Civil, a la par que se frustraban las esperanzas de miles de refugiados de un retorno a una España sin Franco (...) Los que sobrevivieron a los campos tuvieron que acomodarse a un largo exilio, interior o exterior (...) Finalmente, en 1978 llegó la legalización después de la visita oficial del rey de España a Austria, que mandó depositar flores en el monumento erigido en 1962 en memoria de los republicanos muertos en Mauthausen (...) pero seguían quedando sin respuesta propuestas de proyectos de ley para dar satisfacción moral y material a los españoles deportados y a sus viudas. Y en los años ochenta, los ex deportados tuvieron que afrontar agresivas campañas de los grupos ultraderechistas y negacionistas y actos vandálicos contra espacios de recuerdo y tomar posiciones contundentes en procesos contra responsables nazis en el extranjero o refugiados en España (...) El daño infligido fue atroz. La larga duración de la dictadura negó a las víctimas su propia dignidad, con la afrenta de ignorar incluso el hecho de su existencia y, por otra parte, las concesiones que impregnaron la transición hacia la democracia determinaron que la asunción de las responsabilidades por los acontecimientos del pasado no formase parte de nuestra historia". (Torán, 2005)

9. V. Armengou y Belis (2005).

10. En sus dominios africanos Francia levantó campos aún más duros que no son materia de este trabajo.

11. Saint Cyprien se convirtió en símbolo de las penalidades sufridas por los españoles en suelo francés debido a las masas inmensas que albergó y porque estas debieron organizar por sí mismas la asistencia indispensable. Sólo gracias a la propia iniciativa y los medios propios evitaron que la inclemencia de la vida a la intemperie diezmara a la población los primeros días. Pero otros campos fueron más cruentos; es conocido que en los campos de punición, como los de Vernet o Colliure los prisioneros sufrían castigos medievales.

12. Tuvieron iguales carencias de infraestructura los campos de Arles-su-Tech y Septfonds, pero sus dimensiones fueron menores. (Juliá 1999: 282-287)

13. La vigilancia de los campos estaba formada por spahis –caballería africana integrada por marroquíes y argelinos– y tiradores senegaleses –infantería colonial (Serrano: 2005).

14. V. en este mismo número la entrevista realizada por Corbellini.

15. Todas las citas proporcionan la fecha interna del diario seguida de la página del manuscrito mecanografiado que me facilitó Manuel Lamana.

16. En los primeros días de febrero de 1939, la familia Lamana atravesó los Pirineos e inició un penoso recorrido que se prolongaría durante casi tres meses. La madre y los tres hijos –el cuarto había caído prisionero de las fuerzas rebeldes en la batalla del Ebro– salieron por Junquera-Le Bolou y fueron alojados en centros de Perpignan y Besançon antes de ser enviados a una casa de acogida en Ornans. Con pocas horas de diferencia, el padre, José María, cruzó el paso Port Bou-Cerbère y fue confinado en el campo de Argelès-sur-Mer primero, en los de Bram y Montoliu después. Finalmente, gracias a una familia de españoles residentes en Francia que le brinda hospitalidad y respaldo ante las autoridades francesas, se instala en Rieux-Minervois. Tras luchar con la complicada burocracia francesa, acentuada por la ley para extranjeros vigente, el grupo familiar logra reunificarse en el pequeño pueblo de la zona de Carcassonne.

17. Manuel Lamana (Madrid, 1922 – Buenos Aires, 1996) vivió exiliado en Argentina desde 1951 hasta su muerte. Antes de llegar a su último lugar de residencia, había realizado un duro periplo que incluyó, además de la experiencia concentracionaria francesa, el regreso a España (huyendo de una citación para presentarse en los campos de trabajo alemanes), la militancia universitaria clandestina en la FUE, varios años de prisión en Cuelgamuros y una resonante huida del penal cuyos presos estaban destinados a levantar con mano de obra esclava el Valle de los Caídos. Después de una breve estancia en Francia e Inglaterra, arribó a Buenos Aires. Estuvo al frente de la cátedra de Literatura Francesa en la Universidad Nacional de Tucumán y en la Universidad de Buenos Aires. En 1966 se sumó a los docentes que renunciaron a su cargo en protesta por la irrupción de la policía en la casa de altos estudios (Noche de los bastones largos) bajo la dictadura militar de Onganía. Recién pudo reintegrarse a los claustros en 1985. Además del inédito Diario a dos voces escribió las novelas Otros hombres (1956) y Los inocentes (1959). También es autor de artículos críticos y del libro de ensayos Literatura de posguerra (1971).

18. "...haré una distinción provisional entre la memoria (mneme) y la reminiscencia (anamnesis). Llamaré memoria a aquello que permanece esencialmente ininterrumpido, continuo. La anamnesis designará al reminiscencia de lo que se olvidó" (Yerushalmi, 1989:16).

19. Sobre autobiografía, diario, crónica y géneros afines v. May (1979) y Colonna (2004). Sobre los problemas que plantea Diario a dos voces, V. Macciuci (1992).

20. El diario de José María Lamana comienza el 3 de febrero de 1939 en Figueras, última sede del gobierno de la República y de su cargo en el Monopolio de Tabacos y Fósforos antes del exilio. Finaliza el 25 de abril del mismo año, fecha previa a la llegada de la esposa y los tres hijos al pueblo de Rieux-Minervois. El período es susceptible de dividirse de acuerdo a los destinos que le fueron impuestos al cronista: tránsito hacia Francia, 5 días; estadía en Argelès, 18; en Bram, 11; en Montoliu, 9; en Rieux-Minervois, 35 hasta la llegada de esposa e hijos. La notación cotidiana ininterrumpida durante 78 jornadas oculta un artificio pues el discurso ofrece datos que permiten reconstruir unas circunstancias de escritura que no responden propiamente a las de un diario hasta bien avanzado el derrotero francés. En los dos primeros meses abundan las modalizaciones y deícticos que evidencian una lejanía temporal y física de lo narrado, como "en aquella curiosa expedición hice un descubrimiento de gran interés" (11 feb., 38). En otros casos consigna reflexiones con valor conclusivo: "Habría que repetir todo lo escrito sobre las inclemencias del tiempo para hacer un cuadro exacto de lo que fue aquel 11 de marzo en Bram" (11 mar., 123). A partir de la liberación del campo de Montolieu se observa una mayor inmediatez entre tiempo vital y tiempo de la escritura. El cambio de las condiciones de vida se traducen en una práctica más genuina del dietario. Primeramente aparecen referencias al soporte material de su actividad, que denomina "notas" (22 y 23 mar., 159-163). El 25 de marzo aparece por primera vez la mención a la redacción de un diario, que se repite dos días después con más precisiones: "trabajo en mi diario y en la Memoria que estoy redactando" (28 mar., 175). Más adelante incluso mencionará una máquina de escribir Paralelamente, las marcas de la escritura remiten a un tiempo presente y cercano: "sin más que anotar, cierra este día plácido" (12 abr., 200). Los cambios verificados en el discurso y los breves aunque esclarecedores datos sobre el acto escriturario permiten sostener que el diario comenzó a escribirse en Rieux-Minervois, muy probablemente a partir de notas que fue tomando en los distintos centros de confinamiento, lo que explica el detalle coherente y escrupuloso de cada jornada. He abordado estos aspectos en la comunicación "Entre la anomalía y el olvido: los campos de refugiados españoles en Francia" leída en el Coloquio Historia y Memoria, Universidad Nacional de La Plata, 2006.

21. La autora se refiere a memorias de supervivientes de situaciones límites, como Primo Levi, Imre Kertész, Jorge Semprún.

22. El PSOE ganó las elecciones en 1982. La dictadura militar argentina que se auto-denominó Proceso de Reorganización Nacional se impuso desde marzo de 1976 hasta 1983 (las elecciones se llevaron a cabo el 30 de octubre de ese año).

23. Entre las muchas películas sobre la Guerra Civil y la II Guerra Mundial que conozco no recuerdo que ninguna tematice este capítulo de la historia.

24. Ugarte ya en 1991 analiza testimonios literarios de los campos franceses y los relatos de vida sobre el mismo episodio son actualmente numerosos, sin embargo, son relativamente escasos en el vasto repertorio bibliográfico de la Guerra Civil y de la II Guerra Mundial. Por otro lado, con independencia de la segunda escritura, Diario a dos voces tiene la particularidad de ser escrito en una fecha cercana a los hechos, de acotar-se a un lapso breve y de ofrecer la visión poco frecuente de un funcionario distanciado tanto de la clase política como de los milicianos y clases populares.

25. V. un desarrollo de esta idea en Macciuci (2005).

26. Manuel Andújar observa en Saint Cyprien, plage, la distancia entre los "poseedores de franco" y "aquellos que no tienen más que su cuerpo árido, maltratado: solitarios y pobres como las ratas" (citado por Piña-Rosales, 1988).

27. La infraestructura de los distintos campos por los que pasó el autor vienen a coincidir con la conocida descripción que Arthur Koestler dejó en La escoria de la tierra de uno de los centros de castigo más famoso: "En cuanto a comodidad e higiene, el campo de Vernet tenía un nivel digno de la Edad de Piedra...., inferior incluso al de los campos hitlerianos (algunos de los prisioneros habían estado internados en Dachau, en 1935). Había una cuarta parte de enfermos que no tenía planos, ni cucharas, ni tenedores, ni jabón... La mitad de los prisioneros dormían sin mantas, a diez grados centígrados bajo cero. En el centígrado liberal, Le Vernet estaba en el cero de la infamia" (citado por Pons Prados, 1989: 246).

28. Caisses d'Allocations Familiales.

29. Los obstáculos de la burocracia gala originaron serios conflictos entre autoridades y refugiados y, en algunos casos tuvieron consecuencias trágicas. Pons Prados (1989) cuenta de un matrimonio que después de múltiples postergaciones logro autorización para buscar a sus hijos cuando estos ya habían muerto en un orfanato del Macizo Central.

30. Macciuci, 2006.

31. El recuerdo de los guardianes africanos es rico en descripciones de vejámenes y atropellos de toda índole. Secundino Serrano (2006) es prudente a la hora de sumarse a la leyenda y analiza la incidencia de prejuicios atávicos en la población española.

32. No deja de ser muy sugestivo al respecto que en la actualidad la otredad de la Península Ibérica se traduce en una nueva fórmula "políticamente correcta": "la Europa continental" frente a "la Europa peninsular".

33. El historiador francés Bartolomé Bennassar se sirve de la comparación para hacer comprensible el confinamiento infligido a los fugitivos: "¿Ha oído hablar de Melilla durante estas últimas semanas? Ahora imagine que, en febrero de 1939, durante 20 días cruzaron la frontera hacia Francia entre 450.000 y 480.000 españoles después de la campaña de Cataluña. Las autoridades francesas no estaban preparadas para una llegada tan masiva. El Gobierno republicano, a través de Álvarez del Vayo, había advertido que no serían más de 150.000 los que fueran a cruzar la frontera y creían que la salida no sería tan rápida. Confiaban en que Barcelona resistiría bastante tiempo, pero la ciudad se derrumbó de manera fulgurante". Sin embargo, debe aceptar: "Lo que entonces ocurrió fue horroroso, y vergonzoso para Francia. Es verdad que no había preparación material para recibir a tanta gente, pero pudieron tener más cuidado por lo menos con el trato psicológico. No sólo es que levantaran alambradas alrededor de los campos, es que encargaron su custodia a las tropas coloniales, lo que suponía una humillación tremenda para los soldados que acababan de ser derrotados por las tropas marroquíes". (Rojo: 2005: 39). Recientemente Carlos E. Cué ha recogido que muchos sobrevivientes de Mauthausen, un centenar, "se quedaron en Austria (...) No querían volver a Francia porque allí les habían maltratado: les metieron en campos de concentración cuando huían de la victoria franquista y les mandadon a cavar trincheras a la línea Maginot, donde les atraparon los nazis". (2006:53)

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