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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar v.10 n.13 La Plata dic. 2009

 

RESEÑAS

María del Rosario Aguilar Perdomo y José Manuel Lucía Megías, Antología de libros de caballerías españoles, Bogotá: Grupo Editorial Norma, 2008, 568 pp.

Rocío Vilches Fernández

Universidad de Alcalá / Centro de Estudios Cervantinos

   La recién publicada Antología de libros de caballerías españoles, de Rosario Aguilar Perdomo y José Manuel Lucía Megías, se presenta ante el lector con el curioso formato de la colección "Cara y cruz" de la editorial Norma, que nos permite emprender la recepción de la obra desde dos puntos de vista diferentes pero complementarios: la "cara" nos ofrece la antología de textos, organizados temáticamente, actualizados tanto en las grafías como en la puntuación y con abundantes notas a pie de página; por su parte, la "cruz", es decir, la tapa situada en el sentido opuesto, constituye un completo estudio introductorio sobre el género caballeresco que incluye un capítulo de Juan Manuel Cacho Blecua sobre el Amadís de Gaula y Las sergas de Esplandián.
   Esta antología destaca por el amplio corpus textual recogido, más de treinta títulos diferentes entre manuscritos e impresos. Junto a textos paradigmáticos como Amadís de Gaula se encuentran otros menos conocidos, bien por la escasez de ediciones modernas y accesibles o bien porque se trata de textos inéditos, con lo que esta antología es una herramienta útil tanto para el lector no especializado en la materia como para el que desee conocer con más profundidad el género caballeresco, ya que la variedad del corpus y el estudio introductorio son prácticos instrumentos para su estudio.
   Si hay un aspecto que debemos subrayar en esta selección de textos es, sin duda, el hecho de que incluya obras que aún permanecen inéditas y que, por consiguiente, son descubiertas por el lector en las páginas de esta antología. Es el caso de libros de caballerías manuscritos como Filorante o la Quinta parte de Espejo de príncipes y caballeros, por ejemplo, donde se pone de manifiesto la dificultad para seleccionar y editar los fragmentos más significativos de las obras.
   Si comenzamos la lectura por la "cara", la antología, encontramos los textos agrupados en nueve bloques temáticos que nos permiten además seguir las diferentes líneas de evolución del género caballeresco. El primero de ellos trata "Sobre autores, traductores, originales encontrados y otros demonios" (pp. 15-31). Los autores aluden al tópico del texto encontrado en un lugar remoto o a la traducción de una obra ya existente con la finalidad de dar autoridad a su libro. Además, defienden el valor didáctico de sus obras frente a las críticas que suscitaba la ficción caballeresca entre los moralistas.
   "Sobre el nacimiento de los héroes y de sus primeras aventuras después de haber sido armados caballeros" (pp. 33-61), con textos tan significativos como el del nacimiento de Amadís y su crianza fuera del ámbito materno, nos adentra en un lugar común en los textos caballerescos: el alumbramiento en secreto del futuro héroe. La investidura caballeresca de manos de un esforzado caballero –que incluso puede ser el padre del doncel y no saberlo– da inicio a una exitosa trayectoria en la que el caballero novel oscurecerá las hazañas de sus antepasados, tal y como ha sido profetizado. La posterior anagnórisis del héroe tendrá lugar gracias a los objetos que lo acompañaban cuando se produjo su abandono o por las marcas de nacimiento halladas en su cuerpo.
   El tercer capítulo, el más extenso de la antología, versa "Sobre diversas aventuras caballerescas" (pp. 63-189). El héroe, una vez armado caballero, comienza una andadura que estará repleta de combates, defensas de pasos mediante las armas y grandes batallas contra ejércitos paganos enemigos de la fe cristiana, episodios con los que se trató de fomentar el espíritu de Cruzada y el predominio del catolicismo. Las notas a pie de página que acompañan a los textos nos ofrece estas claves de lectura, un complemento que, junto a la diversidad de los fragmentos antologados (carteles de desafío, grandes batallas caballerescas, pasos que se guardan, cartas de desafío...) ayuda al lector a conseguir una amplia visión de la materia.
   La trayectoria del caballero está jalonada por trascendentales victorias en batallas contra monstruos y gigantes, representantes del mundo anti-caballeresco. La dificultad que entraña para el héroe vencer en estos desiguales combates contribuye a su prestigio como guerrero y ayuda a restaurar el orden frente al caos que estos seres monstruosos representan, ya que son fruto de relaciones entre animales y hombres, de las artes mágicas o de uniones contra natura. Tal es el caso del monstruo Endriago en Amadís de Gaula, nacido de la relación incestuosa de un gigante y su hija, un episodio en que Rodríguez de Montalvo no deja pasar la ocasión para introducir un excurso moralizador.
   Otra de las misiones del caballero andante es la defensa de las damas desvalidas y la concesión de dones en blanco, que deben otorgar de acuerdo a su código caballeresco. Sin embargo, este papel pasivo y secundario no será el único que adopten las mujeres en los textos caballerescos. Muy al contrario, las damas bizarras ocuparán un papel activo en el texto tomando las armas y llevando en diversas ocasiones la iniciativa en el terreno amoroso. Resulta muy significativo el fragmento antologado del Platir en el que Florinda se viste de hombre para librar a su amado del encantamiento de la cueva de Peliandos.
   Acabada la batalla, es el momento de la diversión a través de fiestas en las que se celebran justas y torneos. En ellas, el caballero tiene una ocasión propicia para su lucimiento, ya que junto a sus incuestionables cualidades como guerrero debe poseer las habilidades necesarias para el trato cortesano. Las letras e invenciones de los escudos se llenan de simbolismo y permiten identificar los valores y sentimientos del caballero.
   Uno de los ingredientes fundamentales de los libros de caballerías es el amor, y en esta antología se dedica un extenso capítulo a tratar "Sobre diversas aventuras amorosas" (pp. 191-315). En la biografía del caballero, la trayectoria sentimental y la caballeresca se desarrollan de forma paralela. Cuando don Quijote decide ejercer como caballero andante repara en la necesidad de buscar una dama de la que enamorarse, ya que "el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma". En efecto, la ausencia del amor hace que el ejercicio de las armas pierda su sentido. Así sucede, por ejemplo, en dos textos que se recogen en este capítulo: la célebre penitencia de Amadís en la Peña Pobre tras la ruptura con Oriana y la imitación de ésta por don Quijote en Sierra Morena.
   En este sentido, cabe destacar la importancia de las cartas de celos y ruptura que envían las damas, provocando la desesperación del caballero y su abandono de la corte. Las composiciones poéticas también constituyen textos muy significativos en materia amorosa, ya que son un vehículo para la expresión de los sentimientos del caballero y nos descubren una faceta más cortesana junto a otras habilidades como la capacidad para mantener una agradable conversación, el canto o la utilización de instrumentos musicales de los que se acompañan en ocasiones.
   Los textos dedicados a ejemplificar la rica tipología de causas que podían producir el enamoramiento resultan muy curiosos. En ellos se recogen motivos tan sutiles como la contemplación de un retrato de la dama o el mero hecho de haber escuchado su nombre o su voz.
   El matrimonio secreto es un lugar común en los libros de caballerías y, como se nos indica en la antología, contribuye a disminuir la transgresión que supone el hecho de mantener relaciones sexuales previas al matrimonio público. En este sentido, los textos dedicados a los placeres sexuales de los que gozan sus protagonistas reflejan una rica tipología que incluye, por ejemplo, el modelo de dama lasciva requeridora de amores que suscita las críticas de los moralistas, quienes consideraban estas conductas un mal modelo a imitar por parte de las jóvenes.
   La culminación amorosa del caballero llega tras superación de la ordalía amorosa que pondrá de manifiesto que es el más noble y leal enamorado, ya que estas pruebas solamente podían ser superadas con la supremacía de los sentimientos. En este sentido, la ordalía del Arco de los Leales Amadores del Amadís constituye el ejemplo más significativo.
   Otro episodio "Que trata de diversas aventuras maravillosas y milagrosas" (pp. 317-357) nos introduce en el mundo de la magia, un elemento fundamental en los libros de caballerías. Tanto los encantadores que protegen a los héroes con su magia como los malvados y perversos que se convierten en antagonistas de los caballeros, conviven en la ficción caballeresca. La magia puede utilizarse con fines amorosos, para conseguir el favor de una dama o caballero desdeñoso, o para contribuir al entretenimiento cortesano. Las imprecisas fronteras entre la realidad y la maravilla hacen de los libros de caballerías un lugar más que propicio para estas intervenciones de lo sobrenatural. Sin embargo, no todo se acepta como una realidad incuestionable, máxime si se trata de desmontar un falso milagro del paganismo, como ocurre en el fragmento recogido de Claridoro de España, en el que se nos narra cómo el protagonista descubre que el sepulcro de Mahoma está suspendido en el aire gracias a la atracción entre la piedra imán en que está realizado y la caja de hierro que lo protege y no por un fenómeno sobrenatural.
   El siguiente capítulo de antología, "Que trata de las diversiones en las cortes caballerescas" (pp. 359-407), nos ofrece un amplio mosaico de personajes que aparecen en los libros de caballerías con la finalidad de inducir a la risa al lector. En efecto, el contraste que suponen frente a las damas y caballeros modélicos es el recurso narrativo utilizado por los autores para provocar la burla. Damas horribles que se creen las más bellas del mundo y caballeros ancianos que se atreven a cortejar a hermosas jóvenes quedan ridiculizados en el texto. Asimismo, los magos desempeñan un papel importante en la diversión de la corte, como apuntábamos anteriormente, ya que utilizan sus poderes para contribuir al espectáculo cortesano.
   Un curiosísimo capítulo de esta antología lo constituye el que lleva por título "Que trata de diversos nombres americanos" (pp. 409-414). En él podemos apreciar cómo el Nuevo Mundo fue descrito por los cronistas según sus propios referentes, no sólo históricos sino también literarios. En ese sentido, descubrimos datos tan curiosos como que el topónimo California procede de la denominación de una isla habitada por mujeres que aparece en Las sergas de Esplandián y que está gobernada por la reina Calafia. Las maravillas que encuentran ante sus ojos los conquistadores sólo podían compararse con las sucedidas en las narraciones caballerescas; los autores de los libros de caballerías, por su parte, encuentran una realidad con la que legitimar la veracidad de los sucesos relatados en sus páginas.
   Frente a las críticas que suscitaban los textos caballerescos entre los moralistas, existe una línea narrativa que siguieron algunos autores y que trató de infundir un espíritu religioso y doctrinal que se hace patente en los diversos ejemplos del capítulo "Que trata de sermones, discursos y otros ejemplos serios" (pp. 415-427). Los textos antologados pertenecen obras como Florisando o Floriseo, donde queda de manifiesto la intención de ofrecer un contenido ejemplarizante. Así, frente a la visión idealizada de la dama, estímulo para el caballero en las más peligrosas aventuras, nos encontramos con una visión misógina y con una nueva caballería que está al servicio de Dios y no de la mujer.
   Finalizado el recorrido por las diferentes líneas temáticas de los libros de caballerías, la antología dedica un último capítulo "Que trata de diferentes modos que tienen de acabar los libros de caballerías" (pp. 429446). En él podemos ver cuáles son los recursos de los que se sirven los autores para dar lugar a finales abiertos que posibiliten la continuación de la historia, conformando así los ciclos caballerescos. En este sentido, las profecías son una técnica narrativa fundamental, ya que condensan la acción trazando las líneas maestras que habrá de seguir la escritura del siguiente libro.
   Si pasamos ahora a la otra parte de la antología, la "cruz" del libro, nos encontraremos con un amplio estudio en el que se contextualiza el género caballeresco, desde sus orígenes, a finales del siglo XV, hasta las diferentes líneas de evolución a las que dio lugar en el transcurso del siglo XVI y primeros decenios del XVII, con un corpus de más de ochenta títulos.
   Las diferencias entre el libro de caballerías como género literario y el género editorial, es decir, entre la literatura y el libro como objetivo comercial, sitúan a los textos caballerescos en un momento de crisis en la industria editorial hispánica que es la causa de la decadencia del género. Sin embargo, tal declive no demuestra un desinterés en este género, como se ha venido creyendo, sino que reafirma su éxito: las estrategias editoriales de venta por fascículos o la importante producción manuscrita que conservamos nos permiten corroborar que el público lector gustaba de las historias caballerescas que las prensas no podían acoger debido al alto costo de impresión de estos voluminosos ejemplares. En este punto, la parte dedicada a la recepción de los libros de caballerías resulta sumamente interesante.
    Un punto clave de este estudio introductorio lo constituye la inserción del Quijote en el corpus de los libros de caballerías, género que lo vio nacer. Siguiendo la terminología de los autores de la antología, el denominado "paradigma inicial" iniciado por el Amadís de Gaula evoluciona hacia dos propuestas: una "realista" y otra "experimental". El "segundo paradigma", resultante de ésta última, es de los libros de caballerías de entretenimiento, en el que surge el Quijote, dando lugar a un tercer paradigma, la "propuesta cervantina", que parte del libro de caballerías pero que crea a su vez una obra original que se aleja del mero libro de entretenimiento. En este contexto se reivindica la consideración de la obra de Cervantes dentro del corpus de los libros de caballerías frente a la tendencia de la crítica que tradicionalmente lo ha separado del género. No en vano, los textos con las aventuras del hidalgo manchego que encontramos en esta antología son coherentes con estos postulados.
   Otro aspecto tratado en este estudio introductorio es el temático e ideológico, abordado desde una perspectiva que nos permite descubrir los contenidos a través del recorrido trazado por la intensa biografía caballeresca, una recapitulación de los ingredientes que no pueden faltar en un texto caballeresco, como hemos podido ver en la antología. El completo eje cronológico, que nos sitúa a la literatura caballeresca en su contexto histórico y cultural, constituye un buen material didáctico para quien desee profundizar en el género.
   Una aportación inestimable, máxime si se trata del Amadís, es la del profesor Juan Manuel Cacho Blecua, el precursor de los estudios caballerescos y especialmente de los amadisianos, que nos ofrece un magnífico capítulo dedicado a las obras de Garci Rodríguez de Montalvo, desde las primitivas versiones medievales perdidas hasta la estructuración del ciclo, dando cuenta de las claves literarias e ideológicas que vertebran las obras.
   En definitiva, esta antología nos permite acercarnos a un género literario de gran importancia en el Siglo de Oro, como demuestra tanto el amplísimo corpus textual como el desarrollo narrativo alcanzado en el camino de la evolución del género. Ha quedado, pues, cumplida la intención de los autores, que manifiestan su finalidad de mostrar que la riqueza de este género no puede "reducirse a un único modelo simplificador". En efecto, el lector que recorra las páginas de esta antología podrá tener un primer contacto con la diversidad de los libros de caballerías y a buen seguro encontrará una invitación a seguir disfrutando con la lectura de estas historias. Precisamente este año, en el que celebramos el quinto centenario de la publicación del Amadís de Gaula, puede ser un buen momento para hacerlo.