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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar v.10 n.13 La Plata dic. 2009

 

RESEÑAS

Grohmann, Alexis y Steenmeijer, Maarten (eds.), El columnismo de escritores españoles (1975 -2005), Madrid: Verbum, 2006; 197 pp.

Néstor Horacio Bórquez

Universidad Nacional de la Patagonia Austral

   En la era de las grandes corporaciones informativas y las nuevas tecnologías digitales, la columna de escritores en España experimenta un auge creciente en medio de la tan mentada despersonalización y "objetividad" periodística. Esta paradoja, que marcan Alexis Grohmann y Maarten Steenmeijer en El columnismo de escritores españoles es sólo el comienzo del análisis de una docena de escritores-columnistas elegidos como una muestra de la variedad existente, sin pretensión alguna de exhaustividad. La lista incluye a Juan Bonilla, Javier Cercas, Javier Marías, Eduardo Mendoza, Juan José Millás, Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina, Justo Navarro, Arturo Pérez Reverte, Rosa Regás, Manuel Vázquez Montalbán y Enrique Vila Matas.
   La columna de escritores es considerada como un género literario "atípico" ya que mezcla las restricciones formales de dimensión, frecuencia, ubicación espacial, temática "de actualidad" –que la definen, estipulados por los parámetros periodísticos- con las libertades propias del escritor que puede elegir temas y estilos sin limitaciones (sin olvidar los casos de censura, como el de Javier Marías y las demandas judiciales, como las de Juan José Millás y Vicente Molina Foix). El libro trata de aportar un análisis histórico y teórico sobre un género "poco reconocido y estudiado en el hispanismo" así como el análisis de trabajos críticos de los autores elegidos. Consta de nueve capítulos, que abordan la producción columnística de estos escritores con interrogantes que buscan dar cohesión a la investigación: el modo en que esta actividad en los medios gráficos se relaciona con su producción literaria, la vinculación entre columna y actualidad, y sobre todo, qué aspectos literarios subyacen a este género en particular.
   El capítulo inicial de Alexis Grohmann, "El columnismo de escritores españoles (1975-2005): hacia un nuevo género literario", es un aporte significativo al estudio del tema, ya que logra plasmar un estado de la cuestión apelando tanto al análisis de antecedentes históricos como a la teoría sobre el columnismo periodístico y a estudios críticos de escritores puntuales. Dividido en tres partes, el texto ofrece un especial interés para iniciarse en el estudio de este género y permite a su vez vislumbrar una investigación en sus comienzos, con aristas y debates pasibles de profundización. En ese sentido, este capítulo sienta las bases teóricas del libro, apelando constantemente a ejemplos provenientes de los trabajos contenidos en el volumen, en un diálogo en continua expansión, especialmente enriquecedor para la propia investigación.
   La primera parte de este capítulo se encarga de establecer las causas del florecimiento de la columna en el año 1975 –fecha elegida por los autores como inicio de su recorte histórico– más allá del fin del franquismo y el reinicio democrático. Desde ya que la incipiente libertad de expresión es el dato relevante para pensar en el desarrollo de la columna, pero el autor se encarga de remarcar dos aspectos que ayudan a comprender el fenómeno y que tienen que ver con el desarrollo de la prensa en la transición. El primero refiere a la función de "tribuna de opinión pública" que rápidamente asumió la prensa cuando las instituciones representativas todavía no funcionaban adecuadamente, sobre todo en los años 1975–1977, y el segundo, a la influencia del Nuevo Periodismo que desde fines de los 60 y hasta comienzos de los 80 se desarrolla en España. Sin embargo, al parecer el vínculo con el New Journalism no es tan claro, o por lo menos sus efectos en la prensa española no se muestran tan extremos. El autor explica que si bien se repite en varios manuales o estudios de periodismo esa idea de la interrelación entre el modelo norteamericano y el español, varios estudios posteriores marcan que aparentemente esa influencia "fue más bien mínima". Prevalece, en cambio, la idea de un Nuevo Periodismo español, coetáneo del norteamericano, con una larga tradición de inclusión de procedimientos literarios en la escritura periodística y un antecedente valioso en el articulismo.
   En consecuencia, en la segunda parte de este capítulo Grohmann se encarga de analizar los antepasados de la columna que –pese a presentar como antecedente inmediato el del articulismo del siglo XIX– recién empieza a adquirir relieve como género a fines de los 60. Con una larga prehistoria, la prensa española surge en el siglo XVII y se especializa y diversifica recién en el XVIII. Allí comienza a gestarse la relación entre literatura y prensa que va a hacer eclosión en el XIX con géneros como el artículo de costumbres, la novela de folletín y el relato breve. La figura de Larra es insoslayable en este apartado, catalogado como el antecedente más significativo del columnismo. De esta manera, el autor va describiendo las distintas facetas de la prensa a lo largo de los siglos, su función como "arma de combate político", su pretendida neutralidad y el paulatino pasaje al mundo de la información que sufrieron las empresas periodísticas, en detrimento de los géneros de opinión. En ese contexto aparece y se desarrolla la columna, entendida como la incorporación de voces personales frente al "mito de la objetividad" que promueven los medios masivos de información.
   En la tercera parte de su trabajo, Grohmann define y establece características de la columna de escritores y aquellos factores que indican las razones de su auge. Más allá de los aspectos periodísticos que refieren a la columna –que también se analizan en el artículo– y las potencialidades que ésta tiene para un escritor que la elige como una veta más de su producción, el trabajo se encarga de dar cuenta de los rasgos definitorios del columnismo de escritores. En primer lugar, la postulación de que este género no es periodismo sino literatura acarrea una extensa lista de cualidades que la justifican: su finalidad poética, la "reinvención" de la realidad que cada escritor postula, la utilización de procedimientos literarios –técnicas, estilos– y fundamentalmente la hibridez de la columna, que en algunos casos también puede considerarse como crónica, ensayo, folletín, cuento o relato. No obstante, Grohmann pone de relieve una característica esencial, que se comprueba en los diferentes ensayos del libro: la llamada "voluntad del estilo", la configuración de una máscara, de un "yo" ficcionalizado que todo escritor elabora pero "sin hacer alarde o gala de ese estilo". El columnista es también un narrador y, a veces, un personaje.
   Con resultados y enfoques disímiles, el análisis de los autores elegidos ejemplifica cabalmente la utilización de este "estilo" y además supera en todos los casos la mera exposición de las particularidades del columnismo de cada escritor, ya que es manifiesta la preocupación por establecer comparaciones y afinidades con su narrativa. En ese sentido, en el caso de Antonio Muñoz Molina, el matiz literario se presenta como el rasgo más destacado de su columnismo, al igual que el fuerte componente autobiográfico y ciertas ideas que se exploran en las columnas y luego se tratan en sus obras. Prevalece la idea de que la columna favoreció la "disciplina de escribir" del autor, tomado como un ejercicio diario de elaboración artística. Otro caso paradigmático de "experimentación" es el de Juan José Millás que posee textos de difícil clasificación –sobresale en ese caso el neologismo articuento que el autor inventa para clasificar una hibridación entre lo argumentativo y lo narrativo, frecuente en su labor como columnista– y en muchos casos ignorando la "información coyuntural" de la actualidad periodística. El extrañamiento de lo real es una de las características de su escritura –el autor del ensayo postula una "epistemología de la extrañeza"– patente en su narrativa y que Millás ha ido ejercitando en el "gimnasio semanal de la prensa".
   El análisis de Ken Benson sobre las columnas de Rosa Regás, Enrique Vila-Matas, Justo Navarro y Javier Cercas reflexiona sobre la posibilidad de establecer las fronteras entre ficción y no ficción en el género del columnismo, además de tratar de comprobar si temática y estilística-mente los escritores presentan características opuestas en sus narrativas. O por lo menos, "vislumbrar si los temas elegidos para las columnas se aferran más al mundo del lector o al del autor". Así, Benson encontrará en el análisis una relación particular entre la narrativa y el columnismo de cada escritor: los límites entre la ficción y la experiencia de la realidad en Cercas –y su estrategia de elaborar una máscara de "hombre común" identificable con el lector medio en sus columnas–; la complementariedad entre ficción y dicción en Justo Navarro, quien a pesar de interrelaciones posibles, establece la distinción clara entre los géneros e inclusive la elección de temas tratables por uno u otro; la "literaturización de la experiencia" en Vila Matas, es decir, la prevalencia del literato como observador y el columnismo como una forma de ver la realidad desde otra perspectiva y finalmente, la particular disociación en la producción de Rosa Regás, con una narrativa intimista, centrada en relaciones complejas o problemas internos de los personajes y un columnismo sin "máscaras ni ambigüedades identitarias", utilizado como medio de denuncias y críticas desde una clara perspectiva ideológica.
   En el ensayo "Javier Marías, columnista: el otro, el mismo", Steenmeijer se encarga de analizar meticulosamente el recorrido narrativo del escritor y su llegada tardía al columnismo. Inversamente al camino emprendido por otros autores, Marías amplía su frecuencia como articulista luego de alcanzar madurez en su estilo narrativo. Con una amplia variedad de tonos y temáticas y un ritmo sostenido de escritura –sólo el ya mentado caso de censura y una enfermedad a fines de 1999 cortaron momentáneamente su producción–, las columnas oscilan entre la crítica, la indignación, la nostalgia, de acuerdo a la raíz de las noticias que den pie a los artículos. En el mismo tono de los escritores anteriores, el ensayo sobre Juan Bonillla hipotetiza sobre su escritura, catalogada por el autor como "literatura de fronteras". Dentro del columnismo, las características de su producción se centran en la posibilidad de recrear la actualidad –según Bonilla el articulista no debe re-transmitir ni opinar sobre la realidad–, en experimentar los cruces realidad-ficción y poesía-narrativa.
   La utilización de diversos códigos estéticos, su negativismo crítico, el collage y la ironía son los cuatro aspectos centrales que marca José María Izquierdo en el columnismo y la narrativa de Manuel Vázquez Montalbán. Consciente de la profusa y variada producción del autor, Izquierdo se encarga de subrayar además, la estrecha relación entre sus obras y su gran coherencia ideológica. Las columnas de Vázquez Montalbán parten de la coyuntura periodística pero dentro de un trasfondo que las trasciende: la política, el fútbol, la gastronomía son los temas que recorrerán sus artículos y además formarán parte de sus novelas. Un caso particular se da en la obra columnística de Arturo Pérez Reverte, dado que en sus artículos se "textualiza" él mismo como un "arquetipo heroico". Construidos como microrrelatos literarios, las columnas mantienen una defensa de valores éticos, de la misma manera que en las novelas aparecen protagonistas o héroes de una "ética sublime".
   Con una trayectoria más escasa en la prensa, ya que comenzó su participación en el diario El País ocupando el lugar que dejara Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza encarna un columnismo "que no impone opiniones ni puntos de vista", sino el comentario sarcástico de la actualidad cotidiana, con ciertos aportes humorísticos. Con una amplia variedad de temas, sobresale la férrea estructura –que ha podido compararse con la del soneto– que el autor mantiene en sus columnas, con un desarrollo en forma "de crescendo" que concluye en las dos últimas frases. Finalmente, el ensayo de García Álvarez sobre las columnas de Rosa Montero plantea la existencia de un lector intratextual en sus artículos, un receptor en permanente diálogo con el "yo" creado en sus textos. Consideradas como un "auténtico laboratorio de ideas" sobre temas, personajes y estilos trabajados después en las novelas, las columnas no dejan de tener un anclaje con la actualidad y cierta "vocación de servicio".
   En esta pequeña muestra se aprecia que el columnismo de escritores en España presenta coincidencias –algunas esperables, otras novedosas– y diferencias que dan cuenta de la divergencia y riqueza de este género en auge. El columnismo de escritores españoles se presenta así como un estudio inicial que compila la teoría, explora el trabajo de algunos autores y deja entrever un campo de investigación posible, con interrogantes e hipótesis en construcción. Como la formulada por García Álvarez, de acuerdo con la cual el columnismo español renace pero en realidad no se renueva: "...mirando atrás y comparando los temas que trataba por ejemplo Pío Baroja en sus artículos, uno puede comprobar que en España se sigue hablando o más bien opinando de los mismo: la situación política española, las dos Españas, la Iglesia y el anticlericalismo, el futuro desconsolador de la juventud, el desempleo, la moral, la mujer y la ciudad moderna" (179).
   O las conclusiones de Ken Benson, quien cree vislumbrar una ruptura de los autores con ciertos géneros literarios o inclusive un problema de género en el tratamiento de algunas temáticas. Conclusión quizás desmedida dada su muestra acotada –Benson analiza cuatro columnistas: tres hombres y una mujer–, pero como él mismo señala, habría que indagar la hipótesis en base a un corpus más amplio.Más allá de los casos puntuales, El columnismo... abre el camino al estudio de este campo heterogéneo y en constante expansión, que posee todos los condimentos del discurso literario dentro del vertiginoso campo de los medios de comunicación.