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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar v.10 n.13 La Plata dic. 2009

 

RESEÑAS

Juan A. Ríos Carratalá. La sonrisa del inútil. Imágenes de un pasado cercano. Alicante: Publicaciones Universidad de Alicante, 2008, 243 pp.

Evelyn Hafter

Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria
IDIHCS - CONICET
Universidad Nacional de La Plata

   En el espacio de los últimos años, los textos que abordan la temática de la memoria –tan numerosos como disímiles–, ganan espacio en los catálogos editoriales a la par que ocupan un lugar privilegiado en los estudios teóricos.
   Antonio Ríos Carratalá, catedrático de la Universidad de Alicante, es especialista en teatro español; no obstante, suele ofrecer en sus textos recorridos críticos sobre temas y materiales poco ortodoxos y por fuera del canon, entre los que se destacan el cine y el humor. En esta ocasión, se asoma al pasado reciente de España y para hacerlo apuesta a un género que frecuentemente parece deslizarse hacia los márgenes del discurso académico: el ensayo.
   Quizás la elección se deba a que este tipo de escritura proporciona mayor libertad en un aspecto que resulta fundamental en el marco de la propuesta de Ríos Carratalá: a medio camino entre el texto científico y el literario, el ensayo crea un espacio ideal para albergar al sujeto de la enunciación, a una subjetividad plena.
   La sonrisa del inútil, según indica un rótulo vertical en la cubierta (una cinta negra, suerte de "broche" rectangular, ciertamente visible en el centro del margen superior, y que representa una de las señas particulares de esta colección de la Universidad de Alicante), es un libro sobre "cine". Sin embargo, a medida que avanzan las páginas, el lector encuentra que el citado medio se transforma en el umbral de una temática que lo abarca y a la vez lo excede. El cine no es ni más (ni menos) que una excusa para adentrarse en otro terreno, el de la memoria individual y crítica sobre diversos aspectos de la sociedad española en un período que va desde los años de la dictadura franquista hasta la llegada a la democracia. Así, el lector se encuentra con lo que el autor describe como "Un reparto coral un tanto caótico que no he pretendido ordenar o jerarquizar con el fin de darle un carácter representativo" (p. 16).
   Enmarcados por un prólogo ("El ensayo y la divagación") y un epílogo ("Y Caribia sonríe"), aparecen a lo largo de más de doscientas páginas, siete capítulos que recorren diversas temáticas del pasado reciente español representadas en películas, textos literarios, programas de televisión, y que se despliegan en un orden cronológico vertebrador, cuyos comienzos están fijados en los años 50, y que llegan hasta entrados los 80. Pero si bien cada capítulo avanza en el tiempo con respecto al anterior, y se centra en un momento determinado de la historia, esta característica no se transforma en obstáculo para tender los hilos de un diálogo en el que se suspende el tiempo, y convergen diversos momentos claves del período histórico mencionado. Se conciben así, a cada instante, un antes y un después en los que el autor no se detiene pero que modelan para el lector la idea de un pasado dinámico.
   En cuanto al desarrollo del contenido de cada capítulo, La sonrisa del inútil no se ajusta a un molde rígido; conviven entonces a lo largo de las páginas, apartados mayormente descriptivos junto a otros con mayor espacio para la reflexión, que siempre pueden surgir de un recuerdo, una anécdota, una pretexto.
   Por otra parte, todos estos capítulos dialogan indefectiblemente con el presente del autor, para configurar de este modo una mirada al pasado desde un presente enunciativo que en ningún momento pretende pasar desapercibido, antes bien, se reafirma conforme avanzan las páginas como una perspectiva privilegiada, como una lente que si bien permite mirar el pasado imprime su huella en lo observado: "Sonreír sin perder la lucidez crítica es una de las pocas perspectivas que soporto a la hora de afrontar un pasado tan tremendo como el del franquismo" (p. 16).
   Desde las páginas iniciales del prólogo "El ensayo y la divagación", el autor plantea los ejes sobre los que se estructura el resto del texto. Por un lado, realiza una suerte de declaración de principios y se ubica mediante una maniobra de legitimación –del género ensayístico en general y de su desarrollo particular en el campo español–, en una línea, trazada por su escritura, que va desde M. de Montaigne (cuya presencia se destaca también en el epígrafe que da comienzo al libro), pasando por M. de Unamuno, Azorín, y que llega hasta J. Ortega y Gasset. De esta manera, Ríos Carratalá crea un marco teórico que no sólo sustenta su práctica sino que también permite al lector entrar al juego propuesto por el autor.
   Este marco teórico se extiende además al tema particular del ensayo: la memoria, entendida aquí como una mirada tanto subjetiva como crítica hacia el pasado. Este trazado teórico –en el que aparecen otros nombres del canon literario español– lo ubica en un lugar específico dentro del terreno de las obras que abordan el tema, ya que "nos encontramos ante una legítima y deseable tentación memorialística cuyo disfrute conviene moderar, aunque las cifras de ventas de algunas obras recientes parezcan recomendar lo contrario" (p. 13).
   Por otra parte, el concepto "sonrisa del inútil" también tiene su desarrollo, asociado al recorte específico el ensayo, en el que el autor intenta despegarse de una lectura en el marco de la obviedad ya que "No se trata de la sonrisa condescendiente y nostálgica, sino de otra de carácter preventivo para no dejarse arrastrar por la mediocridad de una época que también caracterizó a buena parte de quienes se opusieron a la dictadura con sus mejores intenciones" (p. 16).
   Dadas las coordenadas de lectura, se inicia el primero de los capítulos, "Pueblos entrañables y tipos insólitos". En su recorrido por películas como Calabuch (L. García Berlanga, 1956), ¡Bienvenido Mr. Marshall! (L. García Berlanga, 1953), Amanece que no es poco (J. L. Cuerda, 1988), el autor declara: "Me gusta caminar, con la libertad de la imaginación, por pueblos donde lo genial y extravagante aparece sin énfasis, manteniendo la sensación de una cotidianidad que limita con lo absurdo y gratuito" (p. 40). El contraste entre los años 50 y 60, junto con la idea del desarrollismo y el turismo –que en ocasiones podrán cambiar la fisonomía de estos pueblos– constituyen algunos de los conceptos claves a lo largo de las primeras páginas.
   Por otra parte, la visita a estos pueblos y el recuerdo de ciertos personajes habilitan la reflexión sobre los "lugares de la memoria", dando lugar a otra de las constantes de este ensayo: la aparición de categorías críticas al servicio de un texto que, a la par que desentraña los recuerdos, despliega un modo crítico de pensar el pasado: "El silencio suele ser el camino más directo hacia la estupidez y conviene conservar vivos esos recuerdos contradictorios, capaces de provocar simultáneamente nostalgia y alivio por el tiempo transcurrido. Prefiero, en definitiva, lo contradictorio para no obviar lo discontinuo de la memoria y convertirla en una especie de género literario o cinematográfico, capaz de seleccionar experiencias del pasado según un criterio uniforme que, como tal, siempre falsifica la realidad" (p. 40).
   A lo largo de unas pocas páginas, "La sonrisa del inútil", título de la segunda entrada, desarrolla precisamente el concepto de inutilidad. El autor da las señas particulares de los prototipos que puede abarcar el significante –sin la intención de forjar una clasificación– para dar paso a sus "inútiles favoritos", que "se sitúan en el ámbito de la ficción" aunque se "sorprende al comprobar que la memoria también alberga el recuerdo de alguna persona con los rasgos similares a los de estos personajes" (pp.69 y 70). De este modo, el lector conocerá aquí la historia de Rafael, un vecino del autor, quien aparece junto a esos otros "inútiles" interpretados por Alberto Sordi o el extravagante Jaime de Mora y Aragón.
   Pero también hace referencia al concepto inutilidad en el marco del franquismo, porque "La cultura del sucedáneo que se impuso durante la autarquía franquista nos proporcionó numerosos ejemplos de inútiles que, en realidad y en su propia época, eran involuntarios supervivientes" (p. 79)
   En tercer lugar, las páginas que abarca el capítulo "Sabios y maestras", es un recorrido mayormente descriptivo por la manera en que estos personajes –bajo la figura peculiar del "sabio" y los diversos prototipos de "maestra"– han sido representados en películas como Historias de la radio (J. L. Sáenz de Heredia, 1955), El fantasma y doña Juanita (R. Gil 1943), La viada por delante (F. Fernán Gómez, 1958) y La vida alrededor (F. Fernán Gómez, 1959), Calle Mayor (J. A. Bardem, 1956) y nuevamente ¡Bienvenido Mr. Marshall! ; junto a obras de teatro, como por ejemplo Sublime decisión, de Miguel Mihura.
   "Sin Dios, ni Patria, ni Rey, pero con humor", forma parte de los capítulos más reflexivos y heterogéneos del libro, en el que mayormente el autor recorre el perfil que en la pantalla y las letras se han forjado sobre los representantes de la Iglesia. Sin embargo, la seña particular de este pasaje es la proliferación de materiales de diversa índole que dan paso, en última instancia, al pensamiento crítico sobre uno de los aspectos intrínsecos y a la vez más problemáticos del pueblo español.
   El mismo tono adquiere "Memoria y sonrisas: a propósito de El florido pensil ", en cuyas páginas la idea de memoria sumada a la concepción que el autor tiene sobre el tema aparecen ampliamente desarrolladas. Con la excusa que le brinda el libro de Andrés Sopeña (Barcelona: Crítica, 1994), Ríos Carratalá habilita su mirada sobre la educación durante el franquismo, pero también sobre la posibilidad, la necesidad, y los alcances de la práctica de la memoria: "La inserción crítica del pasado en nuestro presente –al menos de aquel que consideramos relevante para entender nuestra actualidad– supone un esfuerzo intelectual cuyos resultados a veces resultan molestos y desagradables. No hablamos de una experiencia colectiva finalizada, catalogada e inerte que se encuentre a disposición de cualquier interesado, sino de un tiempo histórico cuyo rescate y consiguiente explicación requieren una voluntad interrogativa y crítica, lista para afrontar la realidad sin prejuicios" (p. 141).
   Estas palabras no sólo expresan las reflexiones del autor, sino que actualizan las coordenadas de lectura del ensayo. Por otra parte, en este apartado el autor reflexiona sobre la transición española, un tema que a pesar de la proliferación de textos sobre el pasado, continúa siendo uno de los menos transitados.
   En el capítulo "Hubo un tiempo de chinos y minifaldas" vuelve al formato descriptivo de prototipos dentro del cine y la literatura. Con la habilitación que le otorga el título dado en España a la película Morte in un giorno di pioggia (coproducción de España, Italia, Alemania del Oeste, dirigida por R. Comas, 1968), a la manera de "Sabios y maestras", es el turno ahora de las películas de artes marciales y de la "comedia sexy celtibérica"; pero aquí la mirada profundiza, no obstante la cercanía temporal, la distancia crítica.
   "La foto del soldado que no buscaré", se inicia con un epígrafe extraído de las columnas de Manuel Vicent para el diario El País, mediante el cual se da paso a las que podrían considerarse las páginas más personales del autor. A medida que nos aproxima al final del libro, Ríos Carratalá describe, a partir de su experiencia como soldado en el "Centro de Instrucción de Reclutas n.º 16" en el año 1981, la escasa presencia en la literatura –exceptuando la novela de A. Muñoz Molina, Ardor guerrero (Madrid: Alfaguara, 1995)– y el cine de la experiencia en el servicio militar y del "protagonismo del Ejército en la España de la transición", así como la ausencia de planteamientos críticos sobre el ejército franquista.
   Unas pocas páginas bajo el título "Y Caribia sonríe", concluyen el recorrido por este pasado cercano, y nuevamente mediante la excusa del cine –esta vez de la mano de F. Fellini– el autor expone sus últimas reflexiones sobre los usos de la memoria.
   Finalmente, cuando concluye el ensayo, una mirada retrospectiva resignifica las palabras del autor cuando afirma que encontraremos lo que conforma "la aparentemente arbitraria y caótica selección de motivos en un ensayo, La sonrisa del inútil, donde se agolpan películas, novelas, comedias, tipos singulares, experiencias personales y, sobre todo, un deseo de indagar en aspectos alejados del canon de nuestro conocimiento acerca del franquismo y la transición a la etapa democrática" (p.16).