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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar vol.11 no.14 La Plata ene./jun. 2010

 

ARTÍCULOS

Enrique Díez-Canedo, Buenos Aires, 1936. Selección de cartas recibidas

Aurora Díez-Canedo

Universidad Nacional Autónoma de México

Resumen
Una selección de cartas (hasta ahora no publicadas excepto una) provenientes en su mayoría del archivo de Enrique Díez-Canedo, embajador de la República española en Argentina desde julio de 1936 hasta febrero de 1937, ofrece la posibilidad de reconstruir con detalle las relaciones, movimientos e intrigas de la diplomacia hispano argentina en palabras de los protagonistas, así como de entender las complicaciones de su gestión y las razones de su precipitada dimisión del cargo de embajador, a menos de un año de haberlo asumido.

Palabras Clave: Guerra civil española en Buenos Aires; Embajada; Diplomacia hispano-argentina; José Mora Guarnido; Enrique Díez-Canedo.

Abstract
A selection of letters (not published until today except one) kept within Enrique Díez-Canedo's documents, ambassador of the Spanish Republic in Argentina from July 1936 to February 1937, gives the possibility to reconstruct in detail the relationships, movements and intrigues of the Hispanoargentinian diplomacy according to direct testimonies as well as to understand the difficulties of his charge and the reasons of his abrupt resignation to the Embassy less than a year before his assumption.

Keywords: Spanish Civil War in Buenos Aires; Embassy; Hispanoargentinian diplomacy; José Mora Guarnido; Enrique Díez-Canedo.

1. Antecedentes

Desde la década de 1920, el nombre de Enrique Díez-Canedo es conocido en Argentina pues sus artículos de crítica se publican periódicamente en La Nación.
Antes de desempeñar el cargo de embajador de la República española en Argentina en 1936-1937, Díez-Canedo había estado en dos ocasiones en Buenos Aires: la primera en noviembre de 1927, de paso para Santiago de Chile, adonde viajó invitado por la Unión Iberoamericana como conferencista. Alfonso Reyes, que era entonces embajador de México en Argentina, lo hospedó e invitó a dar la conferencia "Iconografía literaria española" en la Asociación Amigos del Arte de Buenos Aires. Entre la gente de letras que Díez-Canedo conoció, cabe destacar a Manuel Gálvez y María Rosa Oliver. También se reencontró en 1927 con Pedro Henríquez Ureña a quien, al igual que a Reyes, había conocido y tratado en Madrid (EDC a AR, 1927).1
Posteriormente, durante los meses en que Díez-Canedo fue Ministro de la Legación de España en Montevideo (mediados de febrero de 1933 al 18 de julio de 1934), estuvo en Buenos Aires en más de una ocasión. En una carta a Alfonso Reyes (entonces embajador de México en Brasil) le cuenta que a fines de julio de 1933 se encontró en la capital argentina con Álvaro de Albornoz y Liminiana (Asturias, 1879 - México, 1954), cuando éste llegó a ocupar el cargo de ministro, cargo que no pudo desempeñar, lo cual Díez-Canedo lamenta:

Mi paso último por Buenos Aires, para ver a Albornoz, que ha batido un récord, el de ser ministro, mientras estuvo en el mar, para perder la cartera recién desembarcado, como el que llega de Guadalajara en el corto, fue señalado por el encuentro con Pedro Henríquez [...] Yo estoy preocupado por las cosas de España. Lo de Albornoz me parece lastimoso, porque iba bien preparado, con una visión directa de estas cosas, y porque, además, es persona. El queda bien para cualquier combinación que se haga... (4-octubre-1933).2

En su lugar es designado para ocupar la embajada Alfonso Danvila.3
Durante el tiempo que Díez-Canedo vivió en Montevideo como Ministro de la República española, se reencontró allí con José Mora Guarnido, granadino que vivía en esta ciudad desde 1923 dedicado al periodismo y más tarde, cuando Díez-Canedo fue embajador en Argentina, ocuparía el cargo de canciller en el consulado general de España en Uruguay. Las cartas de Mora Guarnido desde Montevideo a Díez-Canedo, embajador en Argentina, son algunas de las más interesantes que se conservan en el archivo de este último.4
En el presente trabajo intento reconstruir, a partir de testimonios epistolares en su mayor parte inéditos hasta ahora, procedentes del archivo de Enrique Díez-Canedo en México, el ambiente diplomático, el entorno y las noticias de la guerra en España, según éstas fueron recibidas por el embajador de la República española en Argentina. En orden cronológico presento una selección de cartas a través de las cuales es posible dar seguimiento a los sucesos ocurridos de mediados de 1936 a principios de 1937. Las cartas son de: Amado Alonso, Luis Jiménez de Asúa, José Mora Guarnido, Cipriano Rivas Cherif, Miguel de Unamuno, Manuel Blasco Garzón, Juan R. del Río, Carlos de Saavedra Lamas, Leónidas Anastasi. También cito algunas cartas del propio Díez-Canedo a Alfonso Reyes y el Diario (inédito) de Reyes, en la parte que corresponde a estas fechas.
Díez-Canedo había recibido una carta de invitación del secretario del PEN Club de Buenos Aires, Antonio Aíta con fecha de 2 de abril de 1936, para asistir al VII Congreso del PEN Club que tendría lugar en dicha ciudad. En la carta, Aíta estaba al tanto del probable nombramiento del crítico español como embajador.
La participación de Díez-Canedo como diplomático más que como escritor en esta importante reunión de escritores se señalará por la carta que le envía Miguel de Unamuno, excusándose por no asistir. (Incluyo unos párrafos de esta carta más adelante).

2. La noticia y los preparativos

El nombramiento de Díez-Canedo como embajador en Argentina ocurre poco después de su regreso de Filipinas, adonde había viajado en misión cultural como conferencista (y académico)5 de mediados de diciembre de 1935 a mediados de febrero de 1936.

Al volver de mi viaje a Filipinas, Bali y Java -le escribe Díez-Canedo a Alfonso Reyes el 20 de mayo de 1936- me encontré con el cambio total de situación política y designado para ocupar aquel puesto [la embajada en Argentina]. Voy contento a él, aunque me disgusta ir después de Danvila, con quien he tenido tanto trato.

Entre las primeras cartas que Díez-Canedo recibe antes de partir a Buenos Aires, se encuentra una de Amado Alonso6 (15 de abril de 1936), agregado cultural de la embajada de España en Argentina desde Alonso Danvila.
Lo primero que le dice, después de felicitarlo por el nombramiento, es lo siguiente:

Ya sabe Ud. que, en general, los del cuerpo diplomático ven con recelo y desagrado el que den embajadas y legaciones a personas ajenas al cuerpo. Hasta ha habido a veces disimuladas resistencias pasivas, no ayuda espontánea, etc. Pues bien, quiero decirle a Ud. enseguida que en la Embajada de Buenos Aires va a contar U. en cada hombre con el más fiel y leal ayudador.

Amado Alonso le "presenta" al personal de la embajada, describe a cada uno y la manera en que se desempeñan en sus respectivos puestos: el canciller Antonio Jácome, el segundo secretario Manuel Oñós, el primer secretario Francisco Amat, el ministro consejero Manuel Casulleras, el agregado militar Emilio Fernández Martos, los agregados comerciales José Casais y Manuel Muñoz, el arquitecto y agregado civil Fernando Aranda.
Un asunto pendiente, le explica, es que el 1er. piso de la embajada, el de recepción, está sin amueblar. Danvila había escogido unos muebles, cuadros, adornos y tapices que se encontraban "muertos de risa" en los sótanos del Ministerio, y se le había concedido un crédito para la instalación de todos estos "cachivaches" pero no se le cumplió. "Creo que Ud. podría apuntarse un amarreco removiendo este asunto y haciendo que cumplan lo prometido", le sugiere Amado Alonso (15 de abril de 1936).7
La segunda carta de Amado Alonso está fechada el 12 de mayo de 1936:

Acabo de hablar con Danvila y me encarga le diga a U. cómo está la casa, que aún está peor de lo que yo le pinté en mi anterior. No hay más que 2 camas y apenas muebles, y pocas alfombras, cortinas, etc. Casi todo es propiedad de Danvila"... la carta termina con un post scriptum que dice: "Faltan sábanas, sería mejor que U. traigan. Ídem manteles. No hay cubiertos.

También dice Alonso:

Danvila me habla de U. con extremada simpatía, y desde el primer día en que los diarios comenzaron a rumorear que U. venía, él dijo que, sintiendo mucho marcharse, lo mejor que podía pasar era que fuera U. el sucesor. En verdad está esperando que U. le conteste a su carta8, por mantener amistad con U. Es claro que de su desplazamiento no atribuye a Ud. parte alguna... Escríbale, amigo Canedo, y sea gentil con él...

Díez-Canedo recibe cartas de algunos de los empleados de la embajada, poniéndose a sus órdenes, uno de ellos es Amat, que le explica el estado en que se encuentra el piso de recepción, insiste en lo importante de los muebles y objetos decorativos que son necesarios para amueblar el comedor, y enumera siete tapices cuyas medidas oscilan entre los 2.5 y 5 metros cada uno. Al final de esta carta, Amado Alonso en una nota manuscrita le reitera:

Amigo Díez-Canedo: Un poco apresurado será esto, pero sería bueno que U. aprovechara los pocos días que le quedan en Madrid para ver qué consigue. Yo creo que los tapices, o los consigue U. ahora o no vienen más, y sin tapices, esto no andará. (15-mayo-1936)

Al final de esta nota le da la noticia de que Alfonso Reyes acaba de ser trasladado a Buenos Aires.
Unas palabras más definidas y con visión política son las que recibe Díez-Canedo del entonces vicepresidente del Congreso de los Diputados, Luis Jiménez de Asúa:

Mi muy querido amigo:
[...] Quiero que tenga Ud. en ese país las máximas alegrías y sobre todo los mejores aciertos.
No soy quién para aconsejarle, pero si desde el primer instante no entra Ud. a saco entre las gentes de la derecha de la colonia española y no comienza Ud. a situar el problema de la República española en su verdadero rango, todo estará perdido. Ya sabe Ud. mejor que yo que en los países del Plata no se es embajador de una política, sino virrey (valga la palabra) de la colonia española. (27-mayo-1936)

3. El viaje

El 25 de mayo de 1936, Díez-Canedo se embarca en Gibraltar en el barco italiano "Oceanía" con su esposa Teresa y dos de sus hijos, Ma. Luisa y Joaquín, con destino a Argentina.
El barco hace escala en Montevideo donde un grupo de personas acude a saludar al recién nombrado embajador; entre ellas se encuentra José Mora Guarnido del que poco después Díez-Canedo recibe la siguiente carta (escrita el 9 de junio):

Me alegraré de su éxito, tanto por ser un triunfo de usted, como porque ello supondrá también el fracaso de los que acarician la esperanza de que usted fracase. No es necesario decirle quienes son. A causa de mi nuevo puesto de canciller del Consulado, tengo ahora más ocasión que nunca de tratarlos. Todos ellos esperan que va a ser "una nueva ocasión en que se vea claro que los diplomáticos que no son de carrera no sirven". Lo esperan porque les ha sentado como una bomba el "destronamiento" de Danvila. Y éste que, cuando llegaron los primeros rumores del nombramiento de usted, decía a un amigo mío: "No haga caso de nada de eso. A mí no me mueve nadie de aquí", ha adoptado ahora una actitud de víctima que le sienta bastante bien. Cuenta toda esta gente, muchos de los cuales lo rodeaban cordialmente el domingo, que Buenos Aires ofrece más dificultades que Montevideo a una gestión. E innecesario decirle con qué atención siguen sus pasos. Tengo el convencimiento de que Buenos Aires estará más en contra de usted que esto, no sólo por lo que se refiere al medio oficial español, sino a los mismos elementos locales, muy trabajados desde hace años por Danvila.

El 2 de julio tuvo lugar la presentación de credenciales del nuevo embajador. Pocos días después, el levantamiento militar en contra del gobierno republicano en España ensombrecerá y complicará en grado sumo su gestión durante los 8 meses que estuvo en Argentina.
Según escribe Mónica Quijada, la guerra en España se reflejó en Argentina más que en el resto de Hispanoamérica debido, entre otras cosas, a que "este país albergaba la colonia española más numerosa del mundo, fuera de la Península Ibérica" (2001: 20). Ya Luis Jiménez de Asúa había advertido a Díez-Canedo que tendría que hacer frente al fuerte componente derechista que había entre los españoles residentes en Argentina.

4. La guerra desde la Embajada

A raíz de la guerra en España, uno a uno, todo el personal de la embajada fue defeccionando. Como recuerda Joaquín Díez-Canedo en una entrevista que le hicieran Paloma Ulacia y James Valender en 1993:

En Buenos Aires mi padre tuvo muchos problemas. Por supuesto que en el transcurso de las dos primeras semanas todo el servicio diplomático se fue pasando del lado de Franco. Mi padre se quedó solo en la embajada y yo tuve que ayudarle. Estuve con él hasta febrero del 37, en que le aceptaron su renuncia (1994: 75).

En efecto, al final, sólo permanecen en sus puestos, fieles a la postura del embajador y al gobierno republicano Mora Guarnido (canciller del consulado en Montevideo), una persona de apellido Marino (cuya firma aparece en algunas de las cartas de Mora Guarnido, pero no he podido identificar) Juan R. del Río (canciller de la Embajada en Uruguay) y, en Buenos Aires, el cónsul Manuel Blasco Garzón, que había llegado a fines de noviembre de 1936 y el encargado de Negocios, Felipe Jiménez de Asúa, nombrado también recientemente. Amado Alonso, después de una crisis nerviosa por estos mismos días, había optado por la vida académica y la Filología.
Tras la defección del Ministro de la Legación en Montevideo, Mora Guarnido, en la siguiente carta muy inquietante (sin fecha) le escribe a Díez-Canedo:

Tengo ahora datos muy serios que confirman y agravan mis sospechas. Existe una comunicación diaria entre ciertos elementos de la embajada y los miembros "de carrera" de aquí. Tanto el señor Aranda, como el canciller Jácome (fervientes monárquicos) están en constante comunicación con Danvila, Buigas, Soriano9 y Cavestani, los que forman una especie de comité secreto que se reúne con frecuencia, comenta y proyecta... Todos los pasos que usted da, se saben aquí. Se sabía la renuncia del agregado militar antes, mucho antes de haberla presentado [...] Yo no le envío esta carta por intermedio de la franquicia consular porque tengo la certeza comprobada en varias ocasiones de que tenemos "censura interna" y sospecho que acaso la tenga usted también...

En la siguiente carta, del 31 de agosto, Mora Guarnido le cuenta que

el cónsul se ha incautado de los fondos del Consulado y ha sacado los que había en el banco. Como la caja del consulado es poco segura, yo creo que se ha llevado todo el dinero con él para que si el gobierno toma alguna medida y nombra a otro, éste se encuentre sin fondos (31-agosto-1936).

En este clima de infidencias, espionaje y campañas de calumnias contra el gobierno legítimo de la República, Mora Guarnido considera a Díez-Canedo la única autoridad; lo mantiene constantemente informado de todos los movimientos de personas y aguarda sus instrucciones:

Si U. como jefe de todo este sector diplomático recibe de Madrid las órdenes necesarias para desplazar a esta gente [se refiere a Soriano, que no entrega la Cancillería], sepa que nosotros lo secundaremos con toda decisión... (ídem)

En otro orden de cosas, Mora Guarnido le expresa su gran preocupación por lo que ocurre en Granada, que está "en poder de los rebeldes":

si algo se le ocurre, si tiene algún medio de poder ser útil a los nuestros, no sabe cómo se lo agradeceríamos Marino y yo. La única noticia que tengo de Granada es que entre los fusilados por los rebeldes está el alcalde que era Manolo F. Montesinos, hermano de Pepe Montesinos y marido de Conchita García Lorca. Yo era muy amigo de él y lo quería mucho (ídem).

El 8 de septiembre, Díez-Canedo envía un telegrama al Ministerio de Estado de Madrid reiterando su adhesión al gobierno y desmintiendo una información falsa de la Agencia United Press según la cual él había renunciado y se había ofrecido a Franco. Días más tarde, corre el rumor de que Augusto Barcia, Ministro de Estado, está por llegar a Buenos Aires para reforzar la presencia republicana.10
Por otro lado, por una carta de Cipriano Rivas Cherif del 12 de septiembre de 1936 desde el Consulado General de España en Ginebra, Díez-Canedo se entera de los sucesos en España. Escribe Cipriano:

Y ahora dos noticias, que quisiera fuesen falsas, de horror:

En Córdoba han fusilado, según todos los informes, al sobrino de Azaña, que estaba de fiscal y se fue al gobierno civil al producirse la sublevación militar, por el hecho de llevar el apellido de mi tío.11 No pertenecía ni siquiera a Izquierda. Y ahora insisten y no quiero, no puedo creerlo, que han matado a Federico en Granada, juntamente con su cuñado, el hermano de Montesinos, que era el alcalde socialista. El Presidente me dijo anoche por teléfono que no tenía ninguna noticia favorable en contra de esa, que ha dado un fugitivo.

En otra carta de Rivas Cherif del 20 de octubre le dice:

Querido Enrique: No te había vuelto a escribir, en espera, de un día para otro, de poderte decir algo definitivamente bueno; pero no quiero desesperarme esperando, ni que desesperes, al menos de mi correspondencia. Estoy, como tú, en un destierro. Sé muy poco de las cosas, fuera de las que presumo, colijo e infiero por la diversidad de noticias, más o menos vagas.

En esta fecha todavía prevalece la incertidumbre respecto a García Lorca:

Durante la estancia de Fernando de los Ríos [...] casi me convencí de que no estaba equivocado al negarme a admitir la posibilidad atroz del sacrificio de Federico en Granada; pero mis esperanzas comienzan a desfallecer. [...] la nueva que acogimos alborozados de que Federico estaba sano y salvo en casa de [Manuel de] Falla, no se confirma ciertamente con la respuesta evasiva del jefe de los rebeldes de Granada a Wells que preguntaba en nombre del PEN Club.

Con motivo justamente del congreso del PEN Club, Díez-Canedo recibe a fines de junio una carta de Miguel de Unamuno desde Salamanca donde éste le explica las razones que le impiden asistir (la carta tiene fecha del 10 de junio de 1946):

Acudo a usted, mi buen amigo, para que trasmita mi contestación a los organizadores ahí del Congreso del PEN Club. Es el caso que hace algún tiempo recibí una para mí honrosísima invitación de la Comisión organizadora. Creo recordar que la firmaba en primer lugar el Sr. Aíta. La dejé sin contestación, cosa que ahora me ocurre con frecuencia. Se me pasó la epistolomanía. Y además, mi labor de publicista me deja sin arrestos para la correspondencia privada. Y no tengo secretario. (Ni manejo la dactilografía) Nuevamente recibí, por mediación del Sr. G. Mansilla, embajador aquí de la R.A. y cuando éste se iba para esa, una nueva invitación. Y es ya hora que conteste. Y lo hago por su mediación.
Desde hace algún tiempo salgo lo menos posible de aquí, de mi Sala-manca. Y me niego a dar conferencias ni en España ni fuera de ella. Sólo derogué cuando se me invitó a darlas en Londres y de paso a recibir el grado de doctor honoris causa de Oxford.
[...]
Me siento ya ¡al cabo! de tener que irme de este mundo. Pero lo que sobre todo me retiene ahora es el estado de la cosa pública (res publica) en esta nuestra España, sobre la que veo cernerse una catástrofe si la Providencia, o el Hado o lo que sea no lo remedia. Añada usted que si en estas circunstancias pudiera yo decidirme a ir a esa no estaría ahí con perfecta holgura de espíritu, pendiente de lo de acá y expuesto a estrumpir cualquier día en público. Y esto, fuera de España, de la patria, y menos ahí, nunca, nunca, nunca. No podría mantenerme en una posición de acción puramente cultural. Sufriría mucho para eso. Con estas indicaciones creo le bastará para informar a los de la Comisión del PEN Club Internacional de mi resolución. Es mejor que no el que yo, directamente, les informe. Pues usted podrá traducirles cosas que dejo en mi dialecto político. [...] (pp. 7-9)

Durante el congreso del PEN Club, Díez-Canedo se encontró con los representantes europeos, a algunos de los cuales él había conocido desde tiempos de la primera guerra, como Georges Duhamel, e incluso había traducido, como Jules Romains. Inmerso como estaba en graves preocupaciones y problemas por la guerra en España, no debe haber sido fácil para él ver la superioridad de los países hispanoamericanos y su tendencia a la política "de prescindencia" o no intervención frente a las expectativas de los europeos.
Un testimonio de primera mano para reconstruir con detalle cómo vivió Díez-Canedo tanto los problemas de la embajada como los diplomáticos es el Diario manuscrito (y aún inédito) de Alfonso Reyes, amigo de Díez-Canedo desde 1914 cuando se conocieron en Madrid. Reyes registra en su Diario la frecuencia con que veía a Díez-Canedo, generalmente en visitas cortas para estar al tanto de las noticias de España.12 Por el Diario de Reyes queda claro, por ejemplo, que Díez-Canedo y su esposa se mantenían en comunicación con su hijo mayor Enrique, que peleaba en España, a través de la embajada de México adonde éste enviaba sus cartas. También se nota el desgaste del embajador español.
En relación con el congreso del PEN Club (5 al 14 de septiembre), Alfonso Reyes escribe el 7 de septiembre de 1936:

Primera sesión matinal del Pen sobre formación social del escritor... Almuerzo en España con los delegados franceses que todo el tiempo hablan de sus pueriles rencillas con Marinetti, sin mundanidad ni respeto para la casa de España que por primera vez visitan".13

Díez-Canedo participó después del congreso en la VII Conversación del Instituto de Cooperación Intelectual y más tarde, en diciembre, estuvo presente en la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz a la que asistió el presidente Roosevelt. Se decidió entonces por una política de no intervención en el conflicto europeo.
Uno de los asuntos más delicados que hubo de atender el embajador de España fue el de los barcos Cabo San Antonio y Navemar, contratados por la compañía Ybarra, incautados en altamar por el gobierno de la República, bajo el mando de un comité de control del que desconfiaban los países americanos, impidiendo su llegada a puerto, la descarga de la mercancía y el desembarco de la tripulación.
Otro asunto grave fue el del asilo político tanto de argentinos en la embajada de Madrid, como de voluntarios que querían embarcarse en Argentina para prestar ayuda a la causa republicana; emigrantes republicanos que habían salido de zonas ocupadas por los franquistas a los que el gobierno argentino se negaba a dejar desembarcar, etcétera.
Tuvo lugar también la petición de asilo en Argentina para Primo de Rivera (nuevamente cito una anotación de Alfonso Reyes en su Diario):

12-X-1936: (A Victoria Ocampo) le hablan las mujeres de Ibarguren y Bunge para que intervenga ante E. D-C por Primo de Rivera a quien van a fusilar en España, y a quien los fascistas argentinos, que dominan el Pen Club han encontrado modo de defender, declarándolo escritor. Vamos a ver a D-C que naturalmente no puede (ni quiere) hacer nada.

El 22 de noviembre Díez-Canedo recibe una carta de Manuel Blasco Garzón (ex ministro de Justicia del gobierno republicano) escrita desde el vapor Mendoza en que éste le explica su reciente designación como cónsul general en Argentina y su inminente llegada:

la orden de salir me fue dada con toda premura [...] usted me perdonará estas molestias pero las ocasiono por especial designación del secretario técnico del ministerio, Sr. Ureña y porque me recomendó que no pusiese en antecedentes de mi llegada al personal del Consulado.

El 23 de diciembre Juan R. del Río le escribe desde Montevideo a Díez-Canedo:

Mi querido y respetado jefe14:
Antes de terminar el año quiero ponerme nuevamente en comunicación con Ud., y de este modo contarle algo de lo que por aquí pasa.
El "representante de Burgos"15 se las prometía muy felices con las seguridades que el Ministerio de R.E. le había dado, de reconocer al "gobierno" de Franco tan pronto como éste entrara en Madrid. Sin embargo, bastó que pasara por aquí Saavedra Lamas para que en Relaciones Exteriores modificaran bastante su criterio en esto del reconocimiento, que ahora -en el remoto caso de la entrada en Madrid del ejército "nacionalista"- se haría de acuerdo con lo que hiciese la Argentina. Por su parte el presidente Terra, yo sé que en una conversación privada dijo que el Uruguay ya había hecho bastante con interrumpir sus relaciones con Madrid, y que por tanto "no cometería ninguna nueva estridencia", procurando obrar al compás de los demás países americanos.

El 1 de enero La Nación publica la noticia de la muerte de Unamuno en Salamanca, ocurrida el día anterior.

5. Dimisión y regreso a España

El 6 de febrero de 1937, Reyes escribe en su Diario:

Anoche recibió Canedo mensaje cifrado (cumpliendo el aviso que antes le diera Álvarez Vayo) diciéndole por necesidades combinación política, se le considera dimisionario desde el 1° del mes, debiendo entregar la Embajada al recién llegado 2° secretario Jiménez de Asúa (médico, hermano del abogado). Cosas inicuas del tiempo. La conducta de la Argentina con Canedo es un capítulo de ignominia sudamericana. Además, su gobierno nunca lo apoyó, impidiéndole así otra acción que no fuera el doloroso equilibrio diario para impedir la inminente ruptura de relaciones entre los dos gobiernos que se detestan, sobre todo el argentino al español. Yo escribo a Francisco Castillo Nájera16 que conoce a Canedo y entiende su situación, para ver si le hacemos lugar en México y que no regrese a la combatida España.

Transcribo, para terminar, fragmentos de dos últimas cartas recibidas por Díez-Canedo antes de su salida de Argentina: la primera (10 de febrero de 1937) es de Carlos de Saavedra Lamas, Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, premio Nobel de la Paz en 1936:

Mi estimado embajador y amigo:
Acuso recibo de su atenta carta del 9 del corriente en la que me manifiesta que su Gobierno desea que vuelva a España y acepta el ofrecimiento que Ud. le había hecho de su cargo.
Me apresuro a expresarle que deploro vivamente su alejamiento de las funciones que con tanto acierto venía Ud. desempeñando ante mi gobierno y espero tener la oportunidad de renovarle personalmente estas manifestaciones antes de su partida.
Lo saluda con toda consideración y amistad, Carlos Saavedra Lamas.

La segunda es una carta que envía Leonidas Anastasi a Tomás Le Breton, embajador de Argentina en París, con fecha 12 de febrero de 1937. El Dr. Anastasi17 trabajó como abogado con Díez-Canedo desde diciembre en los problemas derivados del derecho de asilo y en el caso de los barcos Cabo San Antonio, Navemar e Ibai, con el fin de resolver en los tribunales argentinos la situación de los tripulantes detenidos. Después de la salida de Díez-Canedo, Anastasi le escribe tres cartas en las que lo mantiene al tanto del avance de sus gestiones. Incluyo a continuación parte de la carta antes mencionada de Anastasi a Tomás Le Breton, una copia de la cual se encuentra entre los papeles del archivo de Díez-Canedo. Escribe Anastasi:

La Embajada de España ha sido cumplidamente atendida por el señor Díez-Canedo. He tenido oportunidad de colaborar con él en los numerosos asuntos confiados a su tacto, entre ellos el del Cabo San Antonio y del Ibai. Ha estado a mi cargo la parte estrictamente forense.
Puedo asegurarle que desde los primeros días de diciembre hasta hoy no se ha conocido descanso con este motivo. Lo he visto al embajador en plena tarea a todas horas del día y de la noche.
Después de esto y cuando se vislumbran las más grandes probabilidades de éxito hemos quedado desconcertados al tener noticia de que se le ha aceptado una dimisión inesperada.
Por los diarios he tenido noticia de frecuentes entrevistas suyas, personales o telefónicas con Álvarez del Vayo, el actual ministro de relaciones exteriores en España. Indirectamente yo he seguido a Ud. en sus simpáticas gestiones; y estoy en condiciones de asegurarle que dentro de muy pocos días los últimos asilados en la Embajada Argentina saldrán de España.
Tendría Ud. oportunidad de hacerle saber al señor Álvarez del Vayo la profunda pena que ha causado en los círculos afectos a España la noticia de la salida del Sr. Díez-Canedo? No sé si será posible para Ud. en alguna entrevista fortuita o en algún mensaje amistoso transmitir esta impresión. Si lo hace, puede estar seguro de que se le presta la más eficaz cooperación al servicio diplomático de España, que necesita en estos momentos en Buenos Aires un hombre del exquisito "savoir faire" de Díez-Canedo, que ha escalado aquí las más abruptas dificultades.

Según las cartas inmediatamente posteriores a la salida de Díez-Canedo que le escribe el cónsul Manuel Blasco Garzón, el motivo para pedir al primero su cesión precipitada fue buscar una salida decorosa de Madrid para el socialista, ex presidente de las Cortes republicanas y en ese momento diputado por Madrid Julián Besteiro, el cual sin embargo rechazó el ofrecimiento de la embajada argentina que le hiciera Álvarez del Vayo.
"Me enteré de que no iba Besteiro al pasar por el Brasil. Es una lástima", le escribe Díez-Canedo a Reyes desde Nueva York (19 de marzo de 1937).
Blasco Garzón parece ser el encargado de disculpar al gobierno ante el recién destituido embajador (5 de marzo de 1937).18
Felipe Jiménez de Asúa, Encargado de Negocios, queda a cargo de la embajada hasta la llegada en junio de 1938 del nuevo embajador Ángel Ossorio y Gallardo, último representante de la República española en Argentina.
Díez-Canedo y su familia dejaron Argentina el 20 de febrero de 1937 en el "Southern Cross" rumbo a Nueva York, y de ahí a Southampton, Inglaterra, donde quedarían provisionalmente instalados Teresa su esposa, y sus hijos. Poco después, el ex embajador entra a España por Francia y se reincorpora al gabinete de Manuel Azaña en Valencia.
Es interesante ver, desde estas cartas, cómo se teje una red de relaciones interpersonales y la tensión que alcanza en virtud de la situación. La información conduce a reparar también en el momento de la distensión; en el desenlace y el destino o la suerte corrida por cada uno de estos protagonistas.
De las personas que figuran en este trabajo, dos mueren durante el periodo que cubren las cartas, víctimas de las circunstancias de la guerra: Federico García Lorca y Miguel de Unamuno. Julián Besteiro es aprehendido en 1939 y muere en la cárcel en 1940. Cipriano Rivas Cherif es aprehendido en 1940 y pasa siete años en la cárcel antes de exiliarse. Otros, como José Mora Guarnido, Rodrigo Soriano y Manuel Blasco Garzón, ya no regresarán a España; Augusto Barcia y Álvaro de Albornoz se refugian en Argentina y México respectivamente; Leonidas Anastasi muere en forma prematura. Respecto a Díez-Canedo, es difícil pensar que hubiera tomado una decisión distinta, por razones tanto familiares como políticas. De su regreso en plena guerra, comenta Manuel Azaña en sus Memorias políticas y de guerra: "De los embajadores 'políticos' que yo nombré, sólo uno, al cesar en su cargo, ha venido a Valencia a saludar al Presidente de la República y ponerse a las órdenes del gobierno: Díez-Canedo" (1968, IV: 624).
En octubre de 1938, Enrique Díez-Canedo se exilió en México, donde murió el 6 de junio de 1944.

Notas

1 Carta procedente de la Capilla Alfonsina (CA), México. Sobre la conferencia, ver la correspondencia de Reyes con Genaro Estrada. Con leal franqueza, ed. Serge I. Zaitzeff, tomo II, p. 74.

2 Es sabido que Albornoz fue embajador de la República en Francia de 1936 a 1939 (Thomas 2001: 375), pero este episodio diplomático malogrado en Argentina es poco conocido.

3 Alfonso Danvila, embajador de España en Argentina de 1933 a 1936.

4 Son 9 las cartas que le escribe durante estos meses. Mora Guarnido y Díez-Canedo se habían conocido desde la época del "Rinconcillo" en Granada, grupo formado entre otros por Constantino Ruiz Carnero, Manuel Fernández Montesinos, Ricardo Corro Moncho, al que se integraría Federico García Lorca. Estando en Montevideo, los dos primeros compartieron la expectativa, éxitos y sorpresas de la visita de García Lorca a esa ciudad en febrero de 1934. (Mora Guarnido, 1958).

5 Díez-Canedo ingresó a la Academia de la Lengua Española el 1 de diciembre de 1935.

6 Amado Alonso (1896-1952). Vivió en Argentina entre 1927 y 1946. En 1939 fundó la Revista de Filología Hispánica. Posteriormente se fue a la universidad de Harvard y murió en Cambridge, Massachusetts.

7 Subrayado mío. Una carta posterior del Ministro de Estado Augusto Barcia a Díez-Canedo después que éste enviara la relación de los enseres elegidos por Danvila para la embajada le explica que cuando éste escogió los muebles y enseres del Palacio de Madrid no había un inventario, que ahora será difícil disponer de objeto alguno pues tanto éstos como los tapices se destinarán a un museo. (Barcia, 2-junio-1936).

8 No he localizado más que dos telegramas de Danvila en el AEDC.

9 Rodrigo Soriano (San Sebastián, 1868- Santiago de Chile, 1944). Embajador de la República española en Chile.

10 Barcia murió en el exilio en Buenos Aires en 1961, pero no he podido precisar en qué año llegó a la Argentina. Ver: www.ateneodemadrid.com: "Político, jurista y escritor, ocupó por oposición, desde 1906, la cátedra de Historia del Socialismo y Legislación Social Comparada en la Escuela de Estudios Superiores del Ateneo de Madrid. Destacado miembro de la Masonería, se inició en la política, al igual que su amigo Manuel Azaña, en el Partido Reformista. Durante la Segunda República fue Presidente del Consejo Superior Bancario, representante de España ante la Sociedad de Naciones así como diputado por Acción Republicana e Izquierda Republicana. En 1936 y tras la victoria del Frente Popular sería ministro de Estado y presidente de Gobierno. Autor de ensayos de política internacional, fue también un reconocido estudioso de la figura de Jovellanos. Resultó elegido presidente del Ateneo el 14 de diciembre de 1932, tras la dimisión por enfermedad de Ramón del Valle Inclán. Permaneció al frente de la institución hasta el 8 de junio de 1933. Falleció en el exilio".

11 La hermana de Cipriano, Dolores Rivas Cherif era la esposa de Manuel Azaña. Cipriano Rivas Cherif, fundador, con Azaña, de la revista La Pluma en 1920, autor teatral y director de distintas compañías, se reúne con el gobierno republicano después de que éste tiene que salir de Madrid. Hacia fines de noviembre de 1940 es aprehendido por la Gestapo y su liberación no se da sino hasta 1947. Se exilió y murió en México en 1967. Díez-Canedo y Rivas Cherif compartieron desde fecha muy temprana su conocimiento y pasión por el teatro.

12 Agradezco a Alberto Enríquez Perea y a Alicia Reyes el acceso a esta fuente que está siendo trabajada para su publicación. Ver también, para información muy completa y documentada sobre estos meses, los libros de Mónica Quijada y de Alberto Enríquez Perea citados en la bibliografía.

13 Cuaderno no. 5. Comienza: Río, 10 de septiembre de 1934; acaba: Buenos Aires, 23 de junio de 1937.

14 Juan R. del Río había sido canciller cuando Díez-Canedo fue embajador en Uruguay, es por esto que se dirige a él con estas palabras.

15 Se refiere a Juan Pablo de Lojendio, enviado por el gobierno de Burgos "en misión de propaganda y acercamiento" (sin un nombramiento diplomático ni oficioso) que llegó a Buenos Aires el 31 de diciembre de 1936 (Quijada 2001: 37-39).

16 Escritor y diplomático mexicano.

17 Leónidas Anastasi (Buenos Aires 1890-1940). Doctor en Leyes, catedrático de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad de La Plata. Abogado especialista en derecho laboral. Radical socialista. Autor de un Programa de legislación social en 1937.

18 Blasco Garzón no regresó a España, murió en Buenos Aires en 1954.

Cartas:

Alonso, Amado a Enrique Díez-Canedo: -Buenos Aires, 15 de abril de 1936. -Buenos Aires, 12 de mayo de 1936.

Anastasi, Leonidas a Tomás Le Breton: -Buenos Aires, 12 de febrero de 1937. Amat, Fernando a EDC: -Buenos Aires, 15 de mayo de 1936. Barcia, Augusto a EDC: -Madrid, 2 de junio de 1936.

Blasco Garzón, Manuel a EDC: -22 de noviembre de 1936. -Buenos Aires, 19 de marzo de 1937.

Díez-Canedo Enrique al Ministerio de Estado: -Buenos Aires, 8 de septiembre de 1936 [telegrama].

Díez-Canedo Enrique a Alfonso Reyes: -Santiago de Chile, 16 de noviembre de 1927. -Montevideo, 4 de octubre de 1933. -Madrid, 20 de mayo de 1936. -Nueva York, 19 de marzo de 1937.

Jiménez de Asúa, Luis, a EDC: -Madrid, 27 de mayo de 1936.

Mora Guarnido, José a EDC: -Montevideo, 9 de junio de 1936. -Montevideo, sin fecha. -Montevideo, 31 de agosto de 1936.

Río, Juan R. del a EDC: -Montevideo, 23 de diciembre de 1936.

Rivas Cherif, Cipriano a EDC: -Ginebra, Suiza, 12 de septiembre de 1936. -Ginebra, Suiza, 20 de octubre de 1936.

Saavedra Lamas, Carlos a EDC: -Buenos Aires, 10 de febrero de 1937.

Páginas web:

www.ateneodemadrid.com www.irigoyen.gov.ar

Archivos:

Archivo de Enrique Díez-Canedo, México (AEDC) Capilla Alfonsina, México (CA)

Bibliografía

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3. Díez-Canedo Flores, Aurora, 2000. "Apasionados del teatro. Las cartas de Cipriano Rivas Cherif (Francia) a Enrique Díez-Canedo (México) en 1939", en Setenta años después. Las literaturas del exilio republicano de 1939. Actas del Congreso Internacional (Bellaterra, 1999), Aznar Soler, Manuel (ed.), Barcelona: Associació d'Idées Gexel, vol. I, 327-335.         [ Links ]

4. Enriquez Perea, Alberto, 1998. Alfonso Reyes y el llanto de España en Buenos Aires, México: El Colegio de México / Secretaría de Relaciones Exteriores.         [ Links ]

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7. Reyes, Alfonso. Diario [manuscrito. Inédito]. Cuaderno no. 5: comienza en Río, 10-sept.-1934; acaba en Buenos Aires, 23-junio-1937.         [ Links ]

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10. Unamuno, Miguel de, 1946. "Carta a Enrique Díez-Canedo". Los Sesenta, 2, México: Antigua Librería Robredo, 7-9.         [ Links ]

11. Zaitzeff, Serge I. (ed.), 1992. Con leal franqueza. Correspondencia entre Alfonso Reyes y Genaro Estrada, México: El Colegio Nacional, t. 3.         [ Links ]