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Olivar

On-line version ISSN 1852-4478

Olivar vol.12 no.15 La Plata Jan./June 2011

 

RESEÑAS

Teodoro León Gross y Bernardo Gómez Calderón (dirs.), Diez articulistas para la historia de la literatura española, Madrid: Ediciones APM, 2009, 365 pp.

Julia de Diego

Universidad Nacional de La Plata - CONICET - CPS

El artículo literario es un género complejo que concentra dimensiones que remiten no sólo a la opinión explícita de los autores y a sus estilos particulares de escritura, sino a una multiplicidad de factores históricos y políticos que encuentran allí un punto de confluencia. Testigos de su época, diversos intelectuales emprenden el desafío de inscribir en la discursividad del periodismo, percepciones, relatos y escenas, incorporándose en la disputa política. En ese punto radica la importancia de Diez articulistas para la historia de la literatura española, como texto que, desde la historia de la literatura, contribuye a pensar en el artículo como punto de condensación de la producción periodística, literaria y política, al tiempo que comentario y agente de influencia en su coyuntura de circulación.
A partir de describir el campo del articulismo español en relación con sus escritores y sus publicaciones, Gross y Gómez Calderón proponen entender esta historia como un puzzle interminable de nombres propios. Con este propósito ofrecen un compendio de reflexiones de reconocidos investigadores como presentación de las antologías de diez exponentes del género. Así se compone una cronología que va de comienzos del siglo XIX, cuando la prensa periódica comienza a consolidarse y Mariano José de Larra se instala como el precursor del artículo literario, hasta la actualidad, con los trabajos de Manuel Vicent. Durante los casi dos siglos que se suceden entre ambos, se seleccionan textos de Pedro Antonio de Alarcón, Leopoldo Alas "Clarín", Mariano de Cávia, Julio Camba, Josep Pla, César González Ruano, Manuel Alcántara y Francisco Umbral.
Puede hallarse el eje de esta obra colectiva en la manera en que diversos escritores provenientes generalmente del campo literario, incorporan los modos de enunciación periodística, reformulando así su propia práctica y generando también una vía de expresión política. Muchos de ellos establecen vínculos directos con la escena política en cada etapa histórica, situación que a su vez se refleja en transformaciones a nivel del dispositivo (apertura o clausura de periódicos o el pasaje de diarios a revistas y viceversa), y la oscilación entre la crítica política doctrinaria, el ensayismo, el costumbrismo, la sátira o la ironía.
Si bien Gross y Gómez Calderón sostienen como punto de partida el trabajo literario de Larra, también reconocen un desarrollo previo que comienza en la segunda mitad del siglo XVIII, momento de despliegue del ensayo y la propaganda gubernamental, orientada a la difusión de medidas económicas. También retoman el surgimiento de la sátira política, dedicada a temas como la familia real, la inmoralidad de la administración y la desventaja de España respecto del resto de las naciones europeas. Estos elementos emergentes confluyen en El Censor (1766), publicación de oposición, surgida en un contexto de limitaciones a la libertad de prensa, tras la expulsión de los jesuitas. Allí se ve una crítica constante contra la estructura estamental de la sociedad liderada por nobles ociosos y plebeyos marginados, así como también, la ineficacia de la administración, la inadecuación de las leyes y el anacronismo de la cultura española.
En la transición al siglo XIX, se vuelven evidentes las determinaciones del contexto político en el periodismo, con una fuerte influencia de la Revolución Francesa que la invasión napoleónica contribuirá a extender en España. Para Gross y Gómez Calderón, esta primera mitad del siglo es una época importante como antecedente para el género, ya que toman forma allí los artículos doctrinales, impregnados del debate político, y el artículo descriptivo costumbrista, de características más atemporales. En este contexto, si bien la prosa continúa presentando un estilo más bien clásico, varios de los acontecimientos (por ejemplo el motín de Aranjuez o la abdicación de Carlos IV) y la libertad de prensa como consecuencia del levantamiento popular de las Juntas, hacen que los artículos adquieran un pulso más dinámico, y sean dirigidos hacia un público cada vez más amplio. En este marco, el articulismo se constituye cada vez más como una vía para el ingreso a la actividad política.
Este es el contexto del desarrollo intelectual de Larra, quien es reconocido como el iniciador del género, a partir de la trascendencia de su producción periodística que permite ver aún hoy en sus escritos la esencia de la sociedad española, según sostienen Gómez Baceiredo y López Pan. Se refieren a un intelectual que sabe manejarse con ingenio en pleno contexto absolutista, para expresar sus inquietudes liberales y reformistas. A partir de las escenas del costumbrismo, apunta contra la burguesía española a la que acusa de obstaculizar el progreso español. Por eso, dicen los autores, que en un contexto en el que no se podía escribir sobre política, nada más político que mostrar los engranajes de una sociedad. Tras la muerte de Fernando VII, se vuelve predominante el artículo político, doctrinal o combativo, pese a que el periodismo informativo comienza a abrirse camino. Aunque se vive la llegada del liberalismo, es un contexto difícil para la prensa en el que Larra se ocupa de atacar al carlismo. Según Gómez Baceiredo y López Pan, con la exageración retórica y el histrionismo logra una vez más evitar la censura, y se alinea tras una de sus principales preocupaciones en tanto liberal: el progreso de España.
Dicen Gross y Gómez Calderón que la segunda mitad del siglo XIX inaugura la trayectoria de los articulistas de mayor proyección política, en un contexto de represión y doce años de fraude electoral desde 1856, período en que se profundiza el desarrollo de la prensa satírica y humorística. Como exponente de esta época se ubica a Alarcón, presentado por Royo Latorre como uno de los grandes narradores del siglo. Se inicia en política tras la participación como activista político revolucionario, representando una tendencia fuertemente anticlerical y antimilitarista. Entre sus producciones más relevantes se encuentran las crónicas de la guerra de Marruecos, en la que se enlista como soldado y corresponsal. Llegando a su madurez, forma parte de la Unión Liberal y se concentra sobre todo en la defensa de tesis morales o religiosas, lo que le costó la etiqueta de neocatólico.
Unos años más tarde inicia su trabajo Alas, alias "Clarín", quien es caracterizado por Ezama Gil como un intelectual amante de la libertad y la verdad, preocupado por la ética del hombre, cuyo ámbito preferido es el periodismo. Identificado con una coherencia política en sus ideas republicanas, este escritor tiene varias iniciativas de publicaciones propias, entre las que se populariza su seudónimo, el cual había nacido en el diario madrileño El Solfeo, en 1875. El aspecto doctrinal del articulismo recobra importancia tras la pérdida del poderío español en las Colonias, momento en que los intelectuales adoptan posiciones aún más comprometidas con el contexto, influenciados por lo que más tarde se denominó como literatura del Desastre. Según consigna Angulo Egea, esta es una época clave para el mundo de la prensa, ya que entre fines del siglo XIX y principios del XX los periódicos de mayor circulación comienzan a funcionar con una lógica empresarial. En este sentido, se dice que nace la prensa moderna acompañada por nuevos géneros como las entrevistas y los reportajes surgidos del periodismo británico.
Con un panorama político signado por la polémica sobre la conveniencia de la restauración de los Borbones en el trono de España y, en otro plano, por la preeminencia del periodismo de opinión, María Angulo Egea ubica la obra del aragonés Mariano de Cávia como otra de las lecturas claves del articulismo. La Ley de Imprenta (1881) le permite a este intelectual fundar el semanario satírico El Chin Chin, en Zaragoza. Participa también en El Imparcial, el periódico liberal más prestigioso de la época y, más tarde, en El Liberal, donde se hará conocido por sus crónicas taurinas que firmaba como Sobaquillo. Se dice en este breve relato que Cávia fue exclusivamente un periodista, ya que nunca quiso dar el salto a la política como sí lo hicieron varios intelectuales de la época. La autora define su huella como una crónica social, cultural y política de su período.
Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), la censura y las suspensiones provocan el destierro de varios intelectuales, al tiempo que se desarrolla, según Gross y Gómez Calderón, un nuevo gran ciclo de articulismo de humor y revistas literarias. Más adelante, la crisis del régimen deja espacio para la revitalización de las notas más críticas y, al proclamarse la República, el género se convierte en un reducto de la pluralidad, según expresan los autores. Sin embargo, se despliega un contexto de polarización política que marca el clima prebélico en el que un articulismo de francotiradores se inscribe como soporte para escritos doctrinales de intención política.
Iniciado el siglo XX, los artículos de Camba surgen como una obra donde el uso de la ironía resulta central. Galindo Arranz describe a este personaje como un feroz anarquista que odiaba a los burgueses, pero amaba la buena vida burguesa; es decir, cultivaba un anarquismo aristocrático y literario que no se amigaba con las masas. Tras un paso por Buenos Aires en su juventud, de donde fue expulsado por "peligroso", transita por varios lugares y vuelve a España en 1931 cuando se declara la II República. La desilusión que le provoca este nuevo sistema transforma su ironía en sátira.
Iniciada la Segunda Guerra Mundial, se imponen las informaciones oficiales y el articulismo de consignas, los que, no obstante, conviven con producciones más reflexivas. Es en este momento histórico que Gross y Gómez Calderón ubican el fin de un período de esplendor cultural en este género, a partir de identificar importantes modificaciones como la reducción de la extensión de las columnas. Con una producción destinada sobre todo a diarios y revistas catalanes, Espada rescata la obra de Pla como cronista político burgués, escéptico, incrédulo de Dios y de los hombres. Supone que, debido al apoyo a la instauración del gobierno de Franco, escribe sus notas también en español. Describe su estilo como claro, opuesto a las particularidades de los noucentistas, contra quienes erigirá duras críticas. Respecto a lo que se conoce como los periodistas de chalina bohemios y de estilo poético, la herencia de Pla es, según el autor, su materialismo estilístico y sus metáforas industriales. Busca en su trabajo recuperar la memoria, pero Espada plantea que sus resultados son ambivalentes, ya que si bien logra mostrar muy bien a la sociedad catalana, son conocidas también sus elusiones como las referencias a la Guerra Civil española, quizás por el uso inmoral de la victoria que habían hecho los franquistas.
Por otra parte, Pardeza Pichardo busca rescatar la figura de González Ruano, tras identificarlo como una de las herencias centrales del articulismo. Sostiene que la lluvia de críticas que ha recibido este intelectual, vinculadas a una falta de escrúpulos morales ante una supuesta colaboración con los nazis, no permiten dar la real relevancia de su trabajo en la conformación histórica del género. Respecto de sus ideas políticas, si bien apoya en un principio a la República, pronto vuelve a rescatar los valores de la hispanidad y a disparar críticas contra la izquierda. Con una prosa apurada, pero no por ello poco sustentada, es, según el autor, el articulista más leído del diario ABC.
Unos años más tarde, el régimen de Franco afloja la presión sobre la prensa como parte de un plan de normalización, y el articulismo adquiere un matiz más literario. La década del '60 marca el final de una generación precedente de intelectuales vinculados con el falangismo, al tiempo que presenta algunos cambios con la nueva legislación de prensa de 1966. La publicación Arriba emerge como una de las referencias del género.
Con una fuerte impronta de lo poético, las producciones de Alcántara se incluyen en este libro como una importante obra que abarca más de quince mil artículos, según refiere Gross. Este intelectual comienza a escribir en 1958, con un estilo muy influenciado por lo literario, el que, sin embargo, irá madurando hacia artículos más breves con el paso de los años. Logra de esta manera una sencillez inspirada en la poesía popular, expresión que lo aleja de las influencias de la retórica española de posguerra. Respecto de su ideología, Gross sostiene que Alcántara ha sido injustamente identificado con el franquismo, mientras que en sus columnas no se hallan referencias claras respecto del régimen.
El período de la transición democrática modifica a la prensa en general y al articulismo en particular, que con la influencia del periodismo anglosajón pasa a denominarse columnismo. Mientras desaparecen en los kioscos las publicaciones más vinculadas a la vieja época, como ABC, surgen los diarios que identificaron el nuevo momento político: El País y Diario 16. Más vinculado a la etapa de la caída de Franco, el trabajo de Umbral es considerado por Gómez Calderón como un modelo para una generación de periodistas, especialmente en la década posterior a la muerte del dictador, marcada por lo que denomina como una subjetividad desprejuiciada, casi exhibicionista y una de las más depuradas hibridaciones entre literatura y periodismo. En un primer momento, su arma para la crítica política es el uso de la ironía, mientras que terminada la Dictadura, su escritura se modifica al incorporarse como columnista a El País. Asimismo, cambia también el tono de sus escritos, orientados a un importante escepticismo político que pierde algo del tono humorístico.
La última pieza del puzzle de nombres propios que componen el mosaico de la historia del articulismo español es el trabajo de Vicent. Éste es caracterizado por Macciuci como un intelectual que, desde sus incursiones en el periodismo a fines de los '60, se expresa desde la izquierda, como un férreo crítico del régimen de Franco y un impulsor de la vuelta al sistema democrático. Sus artículos son característicos por el tono irónico y la mirada crítica y mordaz de la realidad política, y se vincula, según consigna la autora, con los años fundacionales del diario El País.
Por último, Gross y Gómez Calderón se animan a hablar de un nuevo articulismo en el contexto de irrupción del periodismo electrónico, al asociar el ejercicio de la opinión a nuevos espacios como los blogs. Este fenómeno, que manifiesta un perfil más periodístico que literario, es una nueva forma que se sostiene ante lo que denominan como envejecimiento de la prensa. Plantean, en este sentido, que la tradición del articulismo permanece en sus aspectos característicos: la mirada crítica, el pulso doctrinal y, en España, una íntima relación con lo literario, en largos períodos de falta de libertad y privaciones materiales de los escritores. Así, es posible afirmar que el recorrido que esta obra propone no solo busca una representatividad y reconocimiento al trabajo de los intelectuales y periodistas a los que se reseña y compila, sino que plantea entender el articulismo en tanto inscripto en una complementariedad entre su trascendencia como pieza literaria y política, que, al mismo tiempo, se origina en un soporte efímero como el periódico. En este sentido, se subraya la trascendencia y el legado del discurso y el estilo de estos intelectuales que han interpretado, criticado y valorizado sus propios contextos.