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Olivar

versão On-line ISSN 1852-4478

Olivar vol.12 no.16 La Plata jul./dez. 2011

 

ARTÍCULOS

Mala gente que camina : De la expropiación a la reconstrucción de la memoria

Luz Celestina Souto

Universidad de Valencia

 


Resumen

Las indagaciones de la última década sobre el robo de niños en la dictadura franquista y el silencio por parte de los gobiernos democráticos españoles, han despertado el interés tanto de historiadores como de escritores. Quienes no vivieron directamente el exterminio físico e ideológico del régimen dictatorial, recomponen las identidades que quedaron sepultadas en fosas comunes, pero también esclarecen las apropiaciones por parte del Estado, para que aquellos que aún viven engañados puedan saberlo. Benjamín Prado con Mala gente que camina, se inscribe en el conjunto de autores que trabajan por escribir una memoria histórica capaz de llenar los vacíos que han dejado las generaciones anteriores.

Palabras clave: España; Apropiación de niños; Memoria histórica; Benjamín Prado

Abstract

During the last decade, investigations into the theft of children during the Franco dictatorship and the silence of the Spanish democratic governments, have led to the interest of both historians and writers. Those who did not experience directly the physical and ideological extermination of the dictatorial regime build the identities that were buried in mass graves, also clarify the appropriations by the State. Benjamín Prado in Mala gente que camina, belongs to the set of authors who work for writing a historical memory that fills the gaps left by the previous generations.

Keywords: Spain; Child abduction; Historical memory;  Benjamín Prado


 

Hasta hace pocos años nada se decía sobre la apropiación de niños en España, parecía que el estigma era propio de posteriores dictaduras y que los niños de los vencidos republicanos habían tenido un destino más beato, y hasta más digno que el de las víctimas latinoamericanas. Sin embargo, las indagaciones que acompañaron el cambio de siglo, ya distanciadas por varias generaciones de la guerra, se centran en enmendar los resquicios dejados por las insuficientes investigaciones de los años de la Transición , sobre todo movidas por la necesidad de redefinir los sucesos trágicos como parte de una heredad. En este panorama, la literatura ha ocupado un sitio privilegiado, desde el cual se puede contar, denunciar, recrear e instaurar espacios para la restauración del pasado.

Con la aparición del relato histórico sobre apropiaciones en Argentina, fue posible imaginar prácticas similares en las dictaduras fascistas europeas y llegar a conclusiones análogas respecto a la dictadura franquista; sin embargo no fue hasta 2002 que salieron a la luz los primeros testimonios sobre el robo de niños, las víctimas comenzaban a ser escuchadas, así, sus voces llegaron casi inéditas a la opinión pública 1.

Ricard Vinyes, profesor de la Universidad de Barcelona, mientras hace un análisis sobre las mujeres que habían sido destinadas a los centros de detención, descubre los oscuros destinos que el régimen tendrá para los hijos de las prisioneras llamadas rojas, decide denunciarlo y hacerlo parte sustancial de su estudio. A partir de Irredentas. Las presas políticas y sus hijos en las cárceles de Franco, el programa 30 Minuts de la televisión de Catalunya presenta un reportaje especial en dos partes 2, Els nens perduts del franquisme , dirigido por Montse Armengou y Ricard Belis, basado en el libro de Ricard Vinyes. Por primera vez se rompe con el mutismo sobre los niños robados, después de treinta y seis años de dictadura y veinticinco de democracia 3.

A partir de la exposición pública, avalada con reportajes de las víctimas y archivos históricos, la noticia de apropiación comienza a recorrer periódicos, noticieros y se erige como nueva fuente de narrativa. No obstante, el surco que produce en la literatura española no es tan profundo ni tan tenaz como era de esperar. El primer caso registrado (al que siguieron muy pocos) 4, y del cual me ocuparé en este artículo es el de Mala gente que camina (2007) de Benjamín Prado, una ficción construida con trozos de historia e identidades sumergidas, un mapa que repasa la vida de un personaje ficcional, que bien podría haber sido una de las tantas víctimas anónimas que perecieron en las cárceles, que fueron destinadas a los orfanatos del régimen o que murieron en los trenes, en esos interminables trayectos hacia las diferentes formas de condena.

Hay que tener en cuenta que, aunque las aberraciones del Holocausto allanaron el camino hacia las formas de la memoria, y aunque las políticas para la recuperación de la identidad de los niños apropiados en Argentina fueron punteras para que luego surgieran indagaciones en España, existen diferencias sustanciales entre los regímenes dictatoriales, las sociedades y sus padecimientos. Raquel Macciuci advierte sobre una "internacionalización de la memoria", donde se tiende, especialmente en la narrativa surgida a partir de mediados de los noventa, a escribir incorporando las experiencias traumáticas de la historia europea y latinoamericana a la Guerra Civil española y la dictadura de Franco.

La disolución en un mismo conjunto de los horrores singulares no hace más que oscurecer lo anómalo de cada tragedia y borrar lo particular e intransferible de cada experiencia traumática. Analizar las diferencias, lo distintivo del episodio es tan necesario como descubrir los lamentables lazos de familia y el intercambio de procedimientos y teorías conspirativas justificatorias entre los orquestadores del horror. Establecer la distinción entre unos y otros procedimientos y las razones históricas y culturales que subyacen en cada caso es justo con las víctimas y resguarda su identidad. (Macciuci, 2010:49)

Es necesario preservar las particularidades, porque de ellas depende que los avances de los últimos años y el progreso de los próximos, sirvan para definir una memoria que se adecue a las necesidades propias del territorio español y sus víctimas.

Mala gente que camina

La novela se abre con la descripción de la gris existencia de un profesor de instituto, quien encuentra una alternativa a la inmotivada realidad cuando descubre, casi azarosamente, la historia de Dolores Serma, una desconocida escritora que compartió amistad y literatura con Carmen Laforet. Con la ayuda de Natalia Escartín, la nuera de Dolores Serma, el profesor, Juan Urbano -de quien sabremos su nombre sólo en las últimas dos líneas del relato- experimenta un sombrío rito de iniciación hacia uno de los tantos episodios lamentables del régimen franquista: la apropiación ilegal de niños. Los capítulos de la novela se encuentran plagados de fechas y hechos reales que interactúan con los ficticios para dar lugar a un preciso detallismo que ahonda en los horrores que vivió la sociedad española. Este juego entre ficción y realidad tiene como fin desvelar el oscuro mutismo sobre la expropiación de menores, para lograrlo estructura sus personajes de acuerdo a la naturaleza que asuman, ya sea ficcional o real.

Javier Lluch distingue cuatro tipos de narrativas que abordan el pasado: el primero es el que más se adecua a los hechos históricos, un ejemplo es Soldados de Salamina (2001); en el segundo tipo, se combina un modelo de mundo verificable y un modelo de mundo imaginario con efectos de realidad, ambos universos se entrelazan en la trama para que el lector no pueda distinguirlos, es el caso de las novelas españolas Mala gente que camina y Si a los tres años no he vuelto . En ellas los personajes ficcionales están enmarcados de acontecimientos demostrables, a tal punto que es necesario una revisión de los datos para saber si los arquetipos de los narradores tienen su par en la historia. En el tercer tipo podemos encontrar la creación de un universo verosímil que prescinde de las referencias directas al mundo real, encontramos ejemplos en las novelas argentinas Dos veces junio , Cuentas Pendientes y A veinte años, Luz… La cuarta categorización es la que utiliza los "datos de la Historia real con total desenfado, sin respetar la realidad de los hechos, algo que se puede hacer descarada y generalmente avisando de las intenciones" (Lluch, 2006:37), un ejemplo lo da Noche cerrada (2007) de Emilio Bueso, quien se vale del género de terror para hacer referencia a una fosa común en Castellón.

En Mala gente que camina los personajes ficcionales de mayor relevancia para el desarrollo de la trama y para el proceso de reconstrucción (o no) de la memoria son por un lado Juan Urbano y su madre, y por otro Dolores Serma y su hijo (Carlos Lisvano). Mientras que los tres personajes con un referente real que ingresan en la novela -Mercedes Sanz Bachiller, Antonio Vallejo Nájera y Pilar Primo de Rivera 5 - han tenido mayor implicación, como ideólogos o como ejecutores en el robo de niños.

La ficción como base para la denuncia y la reconstrucción

El narrador de Mala gente que camina dice tener unos cuarenta y tantos años, es divorciado y ha tenido que volver a vivir con su madre luego de la separación con Virginia, una ex-adicta que figura las secuelas de la movida madrileña, y a la cual sigue frecuentando. La caótica vida del narrador actúa como prefacio al encuentro con una historia más general, cuando descubre al personaje de Dolores Serma. Ambos tiempos (presente y pasado) se construyen y reconstruyen a sí mismos casi en relación simbiótica. Juan Urbano, necesita una historia para sobrevivir al presente y, a la vez, él es el encargado de reelaborar los sucesos ocultos de su país siguiendo las pistas conservadas en el tiempo, lo que hace posible el avance hacia la conservación de la memoria colectiva.

La figura de la madre del profesor, aparece como contrapunto de sus ideas, la razón principal tiene que ver con la experiencia: Él no vivió la guerra ni la iniquidad de los años franquistas, en cambio ella tiene las marcas causadas por el hábito de la resistencia. Urbano puede rastrear los indicios de los acontecimientos que narra su madre pero sus recuerdos siempre serán adquiridos, puede tener mejores o peores lecturas, testimonios más o menos interesantes pero todo el conjunto de las prácticas que él mismo describirá seguirán siendo de segunda mano. En la madre podemos observar tanto la fraguada presencia del pasado como el enfrentamiento a la nueva forma de remembranza que encarna el hijo; el ansia de callar frente a la desesperación de decir. Así, él es quien enmienda los hechos a través de la indagación y la ficción.

Intenté imaginar a mi madre en esa época. Ahí está, tan guapa, tan joven y un punto irreverente, en ese Madrid siniestro de 1945, quizá militando en la moda de las llamadas chicas topolino, con unos zapatos de suela ortopédica, un impermeable de celofán azul y el semanario La Cordoniz bajo el brazo. A su alrededor, la falange. (Prado, 2007:80)

Este personaje de madre nada tiene que ver con las "madres coraje" que podemos encontrar en narraciones como Si a los tres años no he vuelto o A veinte años, Luz… La madre de Urbano se deja hacer y ser, es modelada por el entorno, como los personajes subalternos de Martín Ko-han, ella responde a las creencias impuestas por las modas y los medios censurados de la época. Cada vez que Urbano recupera el pasado por medio de libros o manuscritos y contrasta sus hallazgos con las versiones de la madre, encuentra en ella una reticencia, algo que el narrador aprovecha para reforzar su dialéctica. "Y a mí, que no hacía más que leer libros sobre la posguerra, me venía bien ensayar mis conocimientos en aquellas discusiones" (Prado, 2007:74). La pasividad de la madre choca negativamente con la doble vida que lleva Dolores Serma para salvar a su sobrino, también se distancia de la búsqueda del personaje de Dolores, Gloria, quien se enfrenta al olvido para recuperar a su hijo.

Halbwachs (2004) en La memoria colectiva destaca las diferencias y similitudes entre esta memoria y la individual. Sostiene que hay hechos que ocupan un lugar singular en las reminiscencias de un pueblo aunque la mayoría no haya asistido a los acontecimientos; y que entonces para poder utilizarlos hay que evocarlos remitiéndose a lo relatado por los demás. Esa otra memoria para Halbwachs no refuerza o completa la nuestra sino que es la fuente única de memoria, no es bilateral sino unilateral. El bagaje de recuerdos se puede aumentar leyendo, escuchando testimonios de personas que actuaron en ese espacio y en ese tiempo, sin embargo ésta siempre será una evocación copiada.

Para mí, son nociones, símbolos; se me presentan bajo una forma más o menos popular; puedo imaginármelos; me resulta totalmente imposible acordarme de ellos. (…) Así pues, cabría distinguir dos memorias, que podemos denominar, por ejemplo, una memoria interior o interna y otra exterior, o bien una memoria personal y otra memoria social. Podríamos decir aún con más precisión: memoria autobiográfica y memoria histórica. La primera se apoyaría en la segunda, ya que al fin y al cabo la memoria de nuestra vida (…) forma parte de la historia en general. Pero la segunda sería, naturalmente, mucho más amplia que la primera. (Halbwachs, 2004:55)

La madre de Juan Urbano y Dolores Serma, personajes de ficción creados por Prado, al igual que Carmen Laforet, y todas las jóvenes de la época, participaron obligadamente del Auxilio Social, era la manera de poder conseguir un trabajo legal, un pasaporte, un carnet de conducir o ir a la Universidad. Es en esta institución en donde, bajo la excusa de obras de caridad, las mujeres eran aleccionadas para desarrollar el estereotipado papel femenino: El sometimiento no puede pasar desapercibido, el obligado acatamiento al orden patriarcal y totalitario condicionó los cambios en los hábitos de comportamiento. Este proceso también altera los propios recuerdos de los sujetos, y con ellos los testimonios en los que se basa la memoria.

Se suponía que teníamos que hacer obras de caridad (…) pero en cuanto te descuidabas, las beatas de la Sección Femenina te metían en unos ejercicios espirituales (…) o unas lecciones degradantes sobre el papel de la mujer en la sociedad y en la familia: ten preparada una cena deliciosa para cuando él regrese del trabajo; minimiza cualquier ruido; apaga la lavadora o el aspirador; recíbele con una sonrisa y deja que siempre hable él primero; ofrécete a quitarle los zapatos; si tienes alguna afición, no trate de aburrirle hablándole de ella. Por Dios santo, ¿no es increíble que aún lo recuerde?6 (Prado, 2007:83)

La distancia temporal permite al sujeto separarse de lo que entonces repetía, y percibía, como verdad. Los sucesos evocados por la madre de Juan están revestidos de cierta naturalidad que les otorga el haber sido parte activa del pacto implícito en la sociedad franquista, por pertenecer a esa generación. Su hijo, en cambio, ve con extrañamiento los acontecimientos y se distancia de los mismos no sólo temporalmente sino también ideológicamente. Lo que fue impuesto a su madre como el deber cotidiano, ha pasado a ser para el protagonista un estigma de la sumisión al poder, una ratificación popular hacia los horrores de la guerra, la aceptación general del espanto diario.

El personaje más trascendente del relato es el de Dolores Serma, ella es el motor de la acción y el punto de partida para la revelación de lo oculto que propone la novela. Nacida en Valladolid, cerca de la casa de Miguel Delibes, por lo que se le atribuye una amistad durante la infancia. Tanto la figura de Delibes como la de otros intelectuales de la época, le sirven a Prado para dar marco histórico ficticio pero verosímil al personaje: Cela la invita a sus famosas conversaciones en el hotel Formentor, en Palma de Mallorca; Delibes le publica algunas críticas en El norte de Castilla cuando es director (1958-1963) y la cita en un ensayo sobre la narrativa de postguerra; también se reseña que aparece en algunos libros que hacen referencia a la vida social del momento, pero siempre de manera indirecta, casi casual, por ejemplo, en las memorias de José Manuel Caballero Bonald y en las de Carlos Barral, en un juego metaliterario que consolida la verosimilitud del personaje. Entre sus datos descubre el protagonista que ha escrito una novela, Óxido .

Natalia Escartín entrega a Juan una edición del libro de su suegra, el profesor lo lee mientras viaja a Atlanta para dar una conferencia sobre Carmen Laforet. Allí, sobrevolando el océano, comienza el descenso hacia la desesperanza de miles de madres. A medida que Juan indaga en la vida de Dolores Serma, más tiene por seguro que la novela es una denuncia al salvajismo del robo de niños durante el franquismo. El extrañamiento del profesor se construye a partir de la identidad que había otorgado a Dolores Serma, mujer del Auxilio Social, secretaria de Mercedes Sanz Bachiller e inmersa en la Sección Femenina , y cómo ella puede dar forma a una denuncia tan arriesgada.

La novela de Prado propone que Óxido fue escrito en 1944, el mis-mo año en que Carmen Laforet escribe Nada , mientras ambas estaban en el Ateneo de Madrid. Pero para que Dolores Serma publicara tuvieron que pasar 16 años.

¿Qué mensaje querría transmitir la parábola del niño desaparecido? ¿No resultaba evidente que la novela de Serma hablaba de uno de los más viscosos expolios del franquismo, el rapto o hurto de los hijos de las represaliadas para entregárselos a familias adeptas al Régimen (…)? Porque o yo veía visiones, o en la ciudad siniestra de Óxido no era muy difícil intuir una representación de la España onerosa de la posguerra; la historia de una mujer acosada y evidente a todos se podía interpretar como la de cualquier familiar de un republicano preso (…). Y por supuesto, las calles de Madrid y del resto de las ciudades reales eran oscuras, como las de Óxido, porque había continuos cortes de luz; y si Gloria caminaba entre árboles cortados y chimeneas frías es porque se prohibió el gasoil para calefacciones. (Prado, 2007:142-143)

Óxido versa sobre una mujer que está buscando a su hijo, que desaparece cuando sale a jugar, su madre al no encontrarlo comienza un peregrinaje de calle en calle y de barrio en barrio. Pregunta desesperada pero nadie le puede responder, algunos llegan a decirle que no tiene hijo. Así, circunscripta de manera aleatoria en su propia historia, se encuentra extraña de sí misma y amenazada por todos. Urbano encuentra la novela "asfixiante y contagiosa, con su reiteración contumaz de la angustia de Gloria, que seguía caminando entre zanjas y montones de tierra, e intentaba reconstruir el rostro de su hijo como un escultor que limpiara la herrumbre de una de sus estatuas". (Prado, 2007:141)

Si bien la protagonista de Óxido lucha por atesorar su memoria, a medida que transcurre la búsqueda cambia para ella la imagen del sujeto recordado, esto también modifica su propia identidad, pareciera que Dolores ha volcado en su personaje todas las vivencias, como si éste fuera una transfiguración de sí misma. Gloria es todo memoria porque, como señala Macciuci, "la constante reelaboración del pasado que el acto de recordar implica ha jerarquizado el lugar de la literatura, como medio para construir una memoria que se modifica y reescribe al compás de las inquietudes y deseos de los sucesivos momentos históricos". (2010:19). El cambio de Gloria también es perceptible, palpable en sus descripciones, porque tiene el ritmo de la obsesión, la misma lógica de la insistencia que captura al profesor Urbano en su investigación, cuya fijación termina por absorber los diferentes ámbitos de lo cotidiano. Hay una enajenación en la pérdida y esto la impulsa (los impulsa) a buscar agónicamente el modo de no dejar de recordar, porque si se disipa lo único que persiste (la memoria) la muerte de ella y de su hijo serán evidentes. Así, aunque la detengan, aunque la rapen o le den a beber aceite de ricino, Gloria perdura en su peregrinar hasta que, por fin, encuentra a su niño.

Dolores en el camino hacia la conservación también se encuentra con inefables elipsis (a veces involuntarias, a veces no), con palabras falsas y actos fraudulentos que ocultan su verdadera identidad a quienes la rodean, todo esto es parte de su propia transformación y, a la vez, el indicio para la mutación de su escritura. Porque quizás ahí esté el acceso a las cosas, o porque quizás esté sólo la nada.

Por lo demás, también es cierto que otros militantes de las filas conservadoras, como Dámaso Alonso o el propio Cela, dieron interpretaciones muy poco positivas de la posguerra en sus libros; pero en Óxido había algo más ácido: la imagen de una ciudad perversa e irremediable, en la que a algunos se les podía culpar de sus actos y a otros de su silencio o de su cobardía. Gente como el gran Baroja, que cuando en la inauguración del Instituto de España, en Salamanca, fue preguntado si juraba o prometía su cargo, sólo tuvo el valor de responder: lo que sea costumbre. (Prado, 2007:158)

Una vez más el silencio significa y dice mucho más que las palabras, la censura actúa frente a la pluralidad del lenguaje y reduce la memoria, en estos casos sólo resta encontrar una salida a la dicotomía de la afonía y el grito de la reminiscencia. Su literatura es la literatura de la imposibilidad, las preguntas, las palabras, las frases que son siempre las mismas, esa repetición continua es la que anula el lenguaje, se rompe la comunicación en los términos que estaba entendida hasta el momento, porque los muertos de la guerra dejaron de hablar y de recordar mucho antes de estar muertos. La idea sería transformar todo eso en otra cosa que no haya sucedido, pero la contradicción es que ya todo sucedió.

La tesis de Walter Benjamin, sobre el cambio de la forma de la experiencia, ilustra esta propuesta. Una de las razones para este cambio es atribuido a los crueles sucesos que se desarrollaron en la historia universal. Lo inhumano de la brutalidad no produce experiencia sino que, por el contrario, aquellos que regresaron de la guerra ya no podían trasmitir lo vivido, sólo comunicaban pobreza.

Entonces se pudo constatar que las gentes volvían mudas del campo de batalla. No enriquecidas, sino más pobres en cuanto experiencia comunicables. Y lo que diez años después se derramó en la avalancha de libros sobre la guerra era todo menos experiencia que mana de boca a oído. No, raro no era. Porque jamás ha habido experiencias, tan desmentidas como las estratégicas por la guerra de trincheras, las económicas por la inflación, las corporales por el hambre, las morales por el tirano. Una generación que había ido a la escuela en tranvía tirado por caballos, se encontró indefensa en un paisaje en el que todo menos las nubes había cambiado, y en cuyo centro, en un campo de fuerza de explosiones y corrientes destructoras estaba el mínimo, quebradizo cuerpo humano. (Benjamin, 1982:68).

La perturbación de las nuevas ciudades, el horror de las guerras, el exceso y la falta de esperanza rompieron con la posibilidad de testimoniar, de hablar o escribir. Es lo que sucede cuando los que estaban en campos de concentración logran salvarse; hay un agotamiento de la memoria, del habla, de los testimonios, los recuerdos quedan suspendidos en el lugar del horror. Para los que sobrevivieron, la acción de conmemorar es revestida de una densidad muchas veces imposible de expresar. El lugar de la literatura, entonces, es un sitio privilegiado para hacer de esas voces titubeantes una manera de legitimar las identidades escindidas 7.

La alternativa de la ficticia Dolores Serma es Gloria, su personaje, que se multiplica y disemina por diferentes lugares. De este modo, ella en tanto sujeto fragmenta su yo buscando la anulación, como modo posible para escapar de la ley.

Lo que hace Serma, sorprendentemente, es desdoblarla, de modo que ahora está al mismo tiempo en varios lugares y sus pesquisas se multiplican: Gloria entró en una confitería del centro, escribe, y a la vez en una fábrica de calzado de los suburbios. Mientras tanto, salía de un cuchitril del arrabal en compañía de un conocido juez y de un callejón cercano al Registro civil, justo en el otro extremo de la ciudad, donde un joven notario le acababa de vender unos papeles. Al alejarse de allí con los documentos, todas ellas se echaran a llorar, jubilosas. (Prado, 2007:156-157)

En Mala gente que camina, ni Julia ni Dolores Serma hablan de lo sucedido una vez acaba la barbarie, una muere y la otra se consume en el Alzheimer. Es significativo el giro del autor para el final de su heroína, después de una vida resguardando ese libro ( Óxido ) que oculta y, a la vez, recuerda la historia de sus desdichas, acaba imbuida en una enfermedad neurodegenerativa que le ocasiona la pérdida de memoria y el menoscabo de su identidad. Subsistir y ocuparse de su sobrino significaba estar en el lugar de las condenadas con las que llegó a convivir, no como una más sino como infiltrada del sistema penitenciario, viendo cómo otras eran torturadas o encarceladas. Sin embargo, ese estado de inmunidad no la excusa de vislumbrar el dolor y la decadencia, por medio de su hermana vive el miedo y el martirio de las celdas hacinadas. Después de saber relacionarse con el Auxilio Social, Dolores comienza el plan para ayudar a Julia, así llega a la cárcel de Ventas, donde ésta está detenida. En 1941 la Sección Femenina abrió una de sus Escuelas de Hogar en el mismo presidio, era un sistema por el cual se elegía a algunas prisioneras para reeducarlas: una profesora les daba clases de política, religión y trabajos domésticos cinco horas diarias durante un año, de esta manera Dolores Serma se camufla como educadora en la cárcel. Juan Urbano reconstruirá la historia cinco décadas después por medio de cartas tachadas 8 y un manuscrito en clave, el de Óxido . Las pistas que Dolores escondió, con el fin de no perder su propia historia antes del desfallecimiento final de la memoria, sirvieron para dar la vuelta de tuerca necesaria hacia la revelación; y así poder convertir lo individual en colectivo:

Me sentí sobrecogido por lo que acababa de decirme, al imaginar a la pobre Dolores Serna sentada frente a aquel armario, devastada por el Alzheimer hasta el punto de no saber ya quien era y, justo frente a ella, en el armario de su habitación, esa caja en la que estaba oculta la verdad de su vida, todo lo que ella no había podido contar pero tampoco había sido capaz de no decirse, aunque fuera nada más que por escrito y de forma encubierta, una sola vez y para sí misma. La realidad es siempre cruel, pero unas veces más que otras. (Prado, 2007:422)

Para poder narrar lo acontecido, Urbano tuvo que hacer suya la historia de Dolores y Julia, porque no hay forma de contar lo ajeno si no es apropiándoselo, toda la historia es el producto de una apropiación por un sujeto, en este caso el profesor de instituto es quien encuentra la alternativa a su cotidianeidad en esa redención histórica de dos mujeres asediadas por la muerte y el olvido.

Óxido , la novela dentro de la novela, se publica en el año 1960 en una imprenta de Valladolid y aunque permanece prácticamente inédita, décadas después aún sorprende. El profesor Urbano queda perplejo ante la calidad, la profundidad y la escasa promoción. Benjamín Prado cuenta, en una entrevista, la intencionalidad sobre su propia metaficción, los extractos de esta supuesta novela imponen un contraste con el resto de la narración de Mala gente que camina , en ellos se destaca una poética exquisita pero, a la vez, es muy difícil llegar a todo el dolor que expresan.

La sorpresa se la lleva Juan Urbano cuando, camino de Atlanta, lee un ejemplar de la novela modestamente publicada por Dolores Serma, Óxido, y se da cuenta, número uno, de que, contra lo que él había pensado, es una buena novela, una novela rara, una novela kafkiana, extraña para la época, que era una época de tanta ampulosidad, tanta retórica, de todos aquellos escritores pomposos que parecían llenos de oropeles y con una adjetivación selvática que no había cristo que se la comiera. Se trata de un libro muy frío, muy duro, muy kafkiano, que cuenta la historia de una mujer. Parece un libro de Beckett. (Falcón, 2007:16)

El influjo de Kafka en Óxido es cabal cuando se refiere al tema de la Ley , el conocimiento de ésta en Kafka, equivale a la muerte. Por ejemplo, el prisionero de "La colonia penitenciaria" sólo en el momento de expirar sabe su culpa, sin embargo para el resto de los que asisten a la ejecución el mandato sigue siendo ilegible, insondable 9. En "Ante La Ley " lo que pretende ser el orden racional de la burocracia aparece llevado hasta el infinito, hay innumerables puertas, porteros y edificaciones. Para Gloria / Dolores Serma también son inagotables los edificios ediles ante los que debe buscar, por eso ella se multiplica. El autor checo también está presente en Si a los tres años no he vuelto (2011) de Ana Cañil, la situación de Jimena en la cárcel se vuelve insoportable no sólo por las torturas sino por no saber de qué se la acusa, la pregunta constante so bre el saber de su condena es el estigma que la compaña hasta el final. En los relatos de Kafka las leyes son, sobre todo, silenciosas; las escasas palabras que recibe el campesino son por parte del guardia, la Ley es lo vedado, es el lugar inaccesible, ella no prohíbe sino que ella misma es el objeto de su propia proscripción. Derrida en su texto "Kafka: Ante la ley" lo explicita diciendo:

Quiere ver o tocar la Ley , quiere acercarse a ella, entrar en ella porque precisamente la Ley no es para ver o para tocar sino para descifrar. Quizás éste es el primer signo de su inaccesibilidad o del retraso que impone al campesino. La puerta no está cerrada, está "abierta" como siempre (dice el texto), mas la Ley permanece inaccesible, y si ello prohíbe, atranca la puerta de la historia genealógica, es asimismo lo que mantiene vivo un deseo del origen. (1984:111)

La Ley no tiene género, no es mujer ni hombre, es lo neutro que se ubica en el sitio indefinible del no-saber, y desde allí, inquebrantable, posterga al hombre, traduce su vida a una espera plagada de silencios. Esta incomunicación de la ley tiene el peligro de convertir la espera en olvido, pensemos en las fosas comunes que aún no se han abierto o en los miles de nombres que ya no podrán recuperarse por falta de registros. Es necesario encontrar la manera de comunicar lo acontecido para que la memoria surque su paso entre las imposibilidades legales. Recordar también tiene que ver con pensar los hechos desde un pre-sente cargado de nuevas connotaciones y subjetividades, algo que la narrativa española actual está asimilando y poniendo en práctica de manera exitosa, aunque la ley siga sin pronunciarse. A casi tres años del Auto del juez Baltasar Garzón 10, el gobierno español no ha promulgado leyes (ni intenciones) para la recuperación de la identidad de los niños robados durante la dictadura de Franco. Las movilizaciones que se han producido son por parte de particulares, asociaciones privadas y partidos minoritarios. En agosto de 2010 un artículo de Miguel Ángel Rodríguez Arias reclama al Partido Socialista Obrero Español (PSOE, en la presidencia del gobierno) una opinión sobre el tema, la nota es motivada por declaraciones de Leire Pajín respecto a las apropiaciones de Argentina y Uruguay, mientras silenciaba los robos en España. Sin embargo no ha tenido respuesta oficial.

La indagación histórica como marco para la ficción

El papel que desempeñó Antonio Vallejo Nájera como psiquiatra y coronel del Ejército, que ya está estudiado y documentado, se fundamentó básicamente en dos ideas. La primera consistía en la defensa de la eugenesia como método para el control de la raza, lo que suponía que aquellas personas que tuvieran minusvalías físicas o psíquicas debían ser apartadas de la sociedad y de la procreación.

Dicen los técnicos suecos que la civilización moderna actúa en el sentido de degenerar las razas, peligro que todavía aumenta por la gran fertilidad de los débiles mentales. El progreso de un pueblo depende de que la mayoría de la población reciba sus disposiciones hereditarias de una gran masa de individuos sanos (…) Constituye un derecho y un deber del Estado proteger, de la mejor manera posible, a las generaciones futuras contra el peligro que representa la procreación ilimitada de individuos degenerados. Por eso debe autorizarse la esterilización de los tarados psíquicos, regulada tal esterilización mediante prescripciones legales. (Vallejo Nájera, 1932:152-153)

Esta teoría también aporta un aislamiento más eficaz en granjas. Vale aclarar que Nájera no es el único que simpatizaba con la idea, ya que también existieron intelectuales más próximos a la izquierda (especialmente en los años 20) que proponían políticas eugenésicas. Un ejemplo es el de Gregorio Marañón, quien escribe Amor, conveniencia y eugenesia (1929), donde acaba por decir que a aquellos que sean declarados inhábiles para el servicio militar se les tiene que prohibir también procrear. Sobre ese contexto ideológico escribe Rodríguez:

La discusión política no se corresponde con el par tradicional izquierdaderecha, pues como decía Foucault, en el siglo XIX la eugenesia, el intento de mejorar la especie humana, era compartida por capitalistas y socialistas, y lo mismo puede decirse de los regímenes supuestamente conservadores y supuestamente revolucionarios en el siglo XX. Lo que se rompe con esa visión ya no es el sentido común de la teoría política, sino el sentido común de la política a secas. (2005:3)

La segunda idea de Vallejo Nájera, pertinente para este trabajo, es la que sostiene que el marxismo es una enfermedad mental y contagiosa. Este concepto sirve de fundamento para una de las principales teorías fascistas de la época, la de separar el grano de la paja , es decir, quitarles los hijos a las familias opuestas al régimen para dárselos a familias afines a ese extremo nacionalismo español, con el fin de reeducarlos y "salvarlos" para el sistema. Tampoco es extraño que las dictaduras latinoamericanas se nutrieran de estos mismos preceptos. Durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional, en Argentina también se impuso la idea de una Nación enferma, entregar los hijos de las detenidas a familias que los reeducaran fue parte importante de un plan sistemático. Quienes acogían a los niños creían estar cumpliendo una misión para el bien general. Esto es abordado tanto por las narrativas de apropiación argentina como en las españolas. Se refuerza especialmente en Si a los tres años no he vuelto y en A veinte años, Luz… Para ganar la guerra no bastaba con matar a los padres, los hijos no debían crecer en sitios "contaminados".

Otro ejemplo, ahora con respecto a la dictadura uruguaya, lo esboza Peri Rossi en la "Rebelión de los niños":

Sabía que los niños de nuestra promoción compartíamos un destino semejante de padres censurados (…) Nosotros, sus descendientes, habíamos sido colocados bajo la custodia de las mejores y más patrióticas familias del país, aquellas que, para arrancar el peligroso germen de la subversión que posiblemente habíamos heredado, como una enfermedad en el oscuro aposento de los genes, se ofrecieron gentilmente a vigilarnos, reeducarnos, instruirnos de acuerdo al sistema, descartarnos, mantenernos, integrarnos, en una palabra, a su sociedad. (Peri Rossi, 1992:121) 11

Las ideas eugenésicas del franquismo y de las dictaduras latinoamericanas tienen su correlato también en las ideas del nazismo; en 1920 Karl Binding y Alfred Hoche publican en Alemania un panfleto favorable a la eutanasia, que por cierto, ya estaba aprobada en Holanda 12 . Éste parte de los argumentos que el penalista y el psiquiatra realizan a favor de la necesaria eliminación de ciertos individuos; la tesis se funda en la afirmación de que hay