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Subjetividad y procesos cognitivos

versión On-line ISSN 1852-7310

Subj. procesos cogn. vol.14 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jan./jun. 2010

 

ARTÍCULOS ORIGINALES

El poder en el psicoanálisis

Power in psychoanalysis

Eduardo Agejas*

* Miembro Titular en función didáctica de la APA. Full Member de IPA, Secretario Científico de APA y Miembro del Board para América latina del IJP. Docente Universitario. Dirección: Av. Coronel Díaz 2277 Piso 23º C (C1425DQI), Ciudad de Buenos Aires, Argentina. E-mail: rageyas@intramed.net

Resumen

A partir de experiencias institucionales (en particular, la desarrollada en la Secretaría Científica de la Asociación Psicoanalítica Argentina)1 , se plantea la cuestión de los efectos del poder en el psicoanálisis mismo. El poder que se toma en cuenta es el implícito, es decir aquel ejercicio de poder del orden de lo inconsciente. Apoyándose en los escritos de Freud, se muestra cómo la pulsión de apoderamiento puede dar lugar a una expresión sádica de poder o contribuir a la constitución del saber. En base a lo antedicho y a emergentes de las experiencias institucionales, se aborda la cuestión del poder en la clínica psicoanalítica. Se historiza la progresiva insuficiencia del modelo objetivante del paciente y la progresiva inclusión de la subjetividad del analista y los efectos de poder a que esto último puede dar lugar. Se postula que, al ser el poder inherente al ser humano, no se lo puede controlar, por medios artificiales, sino que requiere procesos elaborativos continuos (análisis, autoanálisis, supervisiones), donde el encuadre, con las modificaciones que sean pertinentes, es un factor importante en el evitar desbordes por parte del analista.

Un segundo tema que se plantea es el de la dificultad de debatir entre los psicoanalistas. Se afirma que la particular adquisición del pensamiento analítico resultado en gran parte de una transmisión de alto contenido vivencial, pone en juego aspectos narcisísticos importantes, vinculados con efectos de poder inconsciente. A su vez esto último se constituye en obstáculo para poner en entredicho las premisas que sostiene cada sujeto participante en el intercambio. Finalmente la inevitable existencia de una "doxa", es decir un saber aceptado de por sí y que perpetúa formas de poder, constituye un obstáculo importante para un debate que abarque temas básicos. Se propone, para reducir estos obstáculos, la introducción de ideas no habituales a los grupos en cuestión y dispositivos que -por ser novedosos- eviten la tendencia a esterilizar las modalidades que se vienen aplicando.

Palabras clave: Poder; Clínica psicoanalítica; Debate psicoanalítico.

Summary

Issued from institutional experiences. In particular from the one developed in the Secretaría Científica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (Scientific Secretary of the Argentine Psychoanalytic Association). Activity systematized proceeding from clinical material, large and small group debates. The subject of the effects of power in psychoanalysis itself is tackled. The power taken into account is the implicit one, which is the exertion of power in the realm of the unconscious. Based on the writings of Freud this study shows how the dominium drive may generate a sadistic expression of power or contribute to the foundation of knowledge. Based on the previous statements and due to the emergences of institutional experiences the issue of power in psychoanalytic clinic is addressed. The progressive insufficiency of the patient's objectivation model and the progressive inclusion of the subjectivity of the analyst as well as the effects of power to which this may lead are recorded. It is assumed that power, inherent to the human being, cannot be controlled by artificial means but requires continual elaboration processes (analysis, self analysis, and supervisions). Because of this, framing, with the pertinent modifications, is an important factor in the avoidance of excesses on the part of the analyst.

A second issue that arises concerns the difficulty of debate among psychoanalysts. It is asseverated that the particular acquisition of analytical thinking, to a great extent resulting from a transmission of considerable experiential content, brings forth important narcissistic aspects related to the effect of unconscious power. In turn, this becomes an obstacle, since it implies challenging the assumptions held by each participant in the exchange. Finally the inevitable existence of a "doxa", which is undisputed accepted knowledge that perpetuates forms of power, constitutes a major obstacle for a debate covering basic themes. In order to reduce these obstacles, the introduction of non habitual ideas is proposed to the groups concerned as well as devices, which because of their innovative features, lead to avoid the tendency to sterilize modalities applied up to now.

Key words: Power; Psychoanalytic clinic; Psychoanalytic debate.

La cuestión del poder nos plantea una problemática que hace tanto al sujeto como a la intersubjetividad y a la transubjetividad. Es tema de interés de muchas disciplinas y cuestión de debate habitual en el conjunto social, no solo en la actualidad sino desde la antigüedad.

Dos experiencias institucionales a las que se han agregado lecturas y reflexiones me han llevado a preguntarme acerca de cómo juega la cuestión del poder en el psicoanálisis mismo. En particular los fenómenos inconscientes generadores de fenómenos de poder.

La primera de las experiencias institucionales la realicé durante cuatro años como coordinador del área de Formación Permanente de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Este sector institucional tiene a cargo todo aquello vinculado con la actualización continua del saber psicoanalítico de los miembros no solo desde el aspecto académico, sino y sobretodo vinculado a todo aquello que pueda fortalecer el pensamiento analítico y en particular trabajar sobre aquellas cuestiones que ayudan a obturarlo y las que lo personal y lo grupal institucional tengan una participación activa. Dicha experiencia me permitió profundizar sobre la constitución del pensar en un psicoanalista, como mostraré más adelante.

La otra experiencia, que está en proceso de realización, es la que se basa en la tarea como secretario científico de la Asociación Psicoanalítica Argentina que vengo desarrollando con un equipo de colegas. Esta ya es una práctica más sistematizada consistente en dos encuentros científicos institucionales mensuales con participación abierta al conjunto de la población de APA.

En dichos encuentros se trabaja sobre un material clínico, dado que consideramos que el mismo es el común denominador de trabajo de los integrantes de la Institución. Un modo de encontrar un elemento unificador para sentar las bases del debate clínico y teórico. Siendo a la vez la fuente habitual de inferencia para la elaboración de propuestas teóricas por parte de los analistas.

Para generar un diálogo que diera lugar al intercambio ideamos el siguiente dispositivo: los debates se inician con una reunión general donde dos colegas que presentan ponencias de 10 a 15 minutos, un moderador plantea posteriormente preguntas a ambos integrantes de panel. Cada pregunta va dirigida a ambos integrantes, tomando para ello puntos de los relatos que pudieran dar lugar a un diálogo. Posteriormente se abre el diálogo al conjunto de los asistentes.

En un segundo tiempo, ese mismo día se propone a la población a reunirse en grupos pequeños, situación que da lugar a otra dinámica de intercambio. A esos grupos se va invitando a sectores institucionales dedicados al estudio de diferentes temáticas o a profundizar a determinados autores. El motivo de esta inclusión es que lleven sus aportes a la vez que fomentar la inclusión de sus ideas al conjunto, dado que muchos grupos no participaban del comercio discursivo institucional.

Finalmente para establecer un nexo entre cada encuentro y contribuir a conformar a la institución como un taller elaborativo, se redacta una síntesis de lo dicho en cada espacio constituido, denominada "diálogo", donde se rescatan las ideas principales que se han vertido junto con algunos comentarios al respecto.

Ciertas situaciones me movieron a formularme una serie de interrogantes. Algunos giraron alrededor del vínculo entre el analista y el paciente, dado que es un tema que despierta mucho interés y, si bien no se habla, en general, directamente del poder puesto en juego, sin duda este era un tema que sobrevuela muchos aportes. Otra cuestión que me plantee gira alrededor de por qué cuesta tanto establecer diálogos que alcancen niveles importantes de profundidad preguntándome que factores de poder inconsciente estarán en juego.

Para encarar la cuestión pensé en primer lugar revisar los aportes freudianos.

Aportes de Freud sobre la cuestión del poder

Aunque Freud no dedicó mucho espacio a la temática en su vasta obra, aportó elementos precisos para un aporte del psicoanálisis a esta cuestión, que en muchas de sus dimensiones es interdisciplinaria. Sobre todo a aquello que podríamos llamar las expresiones implícitas de poder, aquellas que son inconscientes, a diferencia de las que podríamos llamar explícitas

No hay duda de que estas manifestaciones explícitas de poder tienen su aporte del inconsciente y, como era de esperar, las contribuciones freudianas dieron luz sobre los aspectos inconscientes de la cuestión. Pero las que me interesan en particular son las formas implícitas de poder que son del orden de lo inconsciente.

En primer lugar, debemos considerar el conjunto de la obra freudiana que revela el poder de lo inconsciente para la totalidad de los actos del sujeto pero, además de ello, nos aportó precisiones metapsicológicas que sin duda son de un alto valor para una profundización en la cuestión del poder en particular.

En estos desarrollos al darnos las bases pulsionales de estas manifestaciones humanas nos muestra que el poder es algo inherente al sujeto y por ende ineludible su consideración en el accionar de los seres humanos. De donde, y esta es una postura de este trabajo, cuando enfocamos la cuestión del poder en el psicoanálisis mismo, vano es el intentar anularlo. Debemos tomar conciencia de su inevitable presencia tanto en la clínica y en la conformación de la teoría, tratando de profundizar en sus modos de expresión, sea que estén al servicio de procesos creativos o destructivos.

Esta dualidad del poder, recién señalada, podemos observarla en los aportes que hace Freud sobre la pulsión de apoderamiento y su participación tanto en el sadismo como en la pulsión de saber.

Al referirse en "Tres ensayos de teoría sexual" a los componentes crueles de la pulsión sexual, dice (pág. 175):

"Con independencia aún mayor respecto de las otras prácticas sexuales ligadas a las zonas erógenas, se desarrollan en el niño los componentes crueles de la pulsión sexual. La crueldad es cosa enteramente natural en el carácter infantil; en efecto, la inhibición en virtud de la cual la pulsión de apoderamiento se detiene ante el dolor del otro, la capacidad de compadecerse, se desarrolla relativamente tarde... Nos es lícito suponer que la moción cruel proviene de la pulsión de apoderamiento y emerge en la vida sexual en una época en que los genitales no han asumido aún el papel que desempeñarán después. Por tanto, gobierna una fase de la vida sexual que más adelante describiremos como organización pregenital".

Y en la pág. 180 afirma: "una segunda fase pregenital es la de la organización sádicoanal... la actividad es producida por la pulsión de apoderamiento a través de la musculatura del cuerpo..." De modo que nos muestra cómo la pulsión de apoderamiento y el poder actuar sobre el otro quedan entrelazados.

La vinculación entre el apoderamiento y el sadismo se refuerza en sus consideraciones que sobre el tema nos brinda en "El malestar en la cultura" (pág. 113):

"Una de estas pulsiones de objeto, la sádica, se destacaba sin duda por el hecho de que su meta no era precisamente amorosa, y aun era evidente que en muchos aspectos se anexaba a las pulsiones yoicas, no podía ocultar su estrecho parentesco con pulsiones de apoderamiento sin propósito libidinoso. Había ahí algo discordante, pero se lo pasó por alto; y a pesar de todo era evidente que el sadismo pertenecía a la vida sexual, pues el juego cruel podía sustituir al tierno".

Sin duda estas consideraciones le permiten a Freud, haciendo una prolongación en los fenómenos transubjetivos, plantear en su carta a Einstein en "¿Por qué la guerra?" la pregunta siguiente: "¿Estoy autorizado a sustituir la palabra "poder" por "violencia" más dura y estridente?" (pág. 187) y la consideración de que: "Se yerra en la cuenta si no se considera que el derecho fue en su origen violencia bruta y todavía no puede prescindir de apoyarse en la violencia" (pág. 192).

Por otro lado, son varios los escritos en que Freud nos muestra otro aspecto de la pulsión de apoderamiento y que hacen a necesidades del sujeto, a la búsqueda de fines libidinales, por ejemplo, en "¿Por qué la guerra?" afirma en la pág. 193 "... la pulsión de autoconservación es sin duda de naturaleza erótica, pero justamente ella necesita disponer de la agresión si es que ha de conseguir su propósito. De igual modo, la pulsión de amor dirigida a objetos requiere un complemento de pulsión de apoderamiento si es que ha de tomar su objeto".

Ya lo había advertido previamente en "Tres ensayos de teoría sexual" en la pág. 171 al decir: "En el caso del varón, la preferencia por la mano señala ya la importante contribución que la pulsión de apoderamiento está destinada a prestar a la actividad sexual masculina".

Posición oscilante que se expresa claramente en la "La predisposición a la neurosis obsesiva. Contribución al problema de la elección de neurosis". En la pág. 342 dice:

"... hallamos la oposición entre aspiraciones de meta activa y de meta pasiva... La actividad es sufragada por la pulsión ordinaria de apoderamiento, que llamamos 'sadismo', justamente cuando la hallamos al servicio de la función sexual; por otra parte, aun en la vida sexual normal plenamente desarrollada tiene importantes desempeños que cumplir como auxiliar".

Dentro de estas derivaciones un aspecto fundamental para las consideraciones a realizar en este trabajo es su aporte sobre la pulsión de saber. En "Tres ensayos de teoría sexual" dice en la pág. 176 que: "La pulsión de saber no puede computarse entre los componentes pulsionales elementales ni subordinarse exclusivamente a la sexualidad. Su acción corresponde, por una parte, a una manera sublimada del apoderamiento y, por la otra, trabaja con la energía de la pulsión de ver" y en "La predisposición a la neurosis obsesiva" dice en la pág. 344:

"Respecto de la pulsión de saber, en particular, se obtiene con frecuencia la impresión de que podría sustituir al sadismo en el mecanismo de la neurosis obsesiva. Es que ella, en el fondo, es un brote sublimado, elevado a lo intelectual, de la pulsión de apoderamiento; y su rechazo en la forma de la duda se conquista un ancho espacio en el cuadro de la neurosis obsesiva".

En relación directa con el concepto de poder, Freud hace sus aportes fundamentalmente en "El malestar en la cultura" en cuestiones vinculadas con el poder de la comunidad que "... se contrapone, como 'derecho', al poder del individuo, que es condenado como 'violencia bruta'. Esta sustitución del poder del individuo por el de la comunidad es el paso cultural decisivo" (pág. 94). Sus aportes sobre lo intra e intersubjetivo son escasos. Una excepción, pero no significativa, se encuentra en "Más allá del principio de placer", donde en la pág. 39 dice:

"El estatuto de las pulsiones de autoconservación que suponemos en todo ser vivo presenta notable oposición con el presupuesto de que la vida pulsional en su conjunto sirve a la provocación de la muerte. Bajo esta luz, la importancia teórica de las pulsiones de autoconservación, de poder y de ser reconocido, cae por tierra; son pulsiones parciales destinadas a asegurar el camino hacia la muerte peculiar del organismo y a alejar otras posibilidades de regreso a lo inorgánico que no sean las inmanentes".

En mi opinión, la revisión bibliográfica de la obra freudiana nos permite sacar algunas consideraciones:

1. Los fenómenos de la constitución de poder potencial, entendiendo por tal las disposiciones para el mismo más allá de su ejercicio, son el resultado de un proceso complejo.
2. Dicho proceso implica niveles inconscientes que, más allá de las expresiones manifiestas que se produzcan, nos permite plantear los efectos no explícitos de los fenómenos de poder.
3. De modo que puede ocurrir que se esté ejerciendo un fenómeno de poder sin anoticiarse del hecho. Suponiendo, incluso, que no se está ejerciendo poder.
4. La posición oscilante de la pulsión de apoderamiento que puede ir desde un elemento constitutivo del sadismo a ser parte de la pulsión de saber, abriendo un abanico de posibilidades entre esas dos posiciones que podríamos llamar polares, nos presenta un cuadro donde el poder puede manifestarse de diferentes formas, explícitas e implícitas, dando origen a actos de índole creativa o destructiva e incluso formas mixtas.

En síntesis, las manifestaciones del poder pueden ser explícitas, siendo estas las más evidentes y conocidas, y para la comprensión de las cuales el psicoanálisis ha dado origen a aportes como los citados para una mejor comprensión. Pero también pueden ser implícitas, es decir, estar presentes sin tomarse por parte del sujeto, noticia de las mismas o con escasa conciencia de su importancia dando lugar tanto a expresiones constructivas como destructivas para los vínculos intersubjetivos y transubjetivos.

El poder, como decíamos más arriba, es inherente al ser humano, por lo tanto, su ejercicio activo o pasivo es inevitable. De ahí la importancia de estudiarlo, sobre todo en sus formas implícitas donde el psicoanálisis puede hacer aportes originales.

Siendo esto así, cabe una pregunta: ¿cómo se desarrollan estos fenómenos dentro del psicoanálisis mismo, tanto en su práctica como en sus desarrollos teóricos? Como dije más arriba, los encuentros entre los colegas mostraron mucho interés en los efectos de la mente del analista en el proceso analítico tanto en sus aspectos positivos como negativos.

Para abordar este tema creo importante hacer una revisión histórica que muestra cómo esta temática, la de la participación subjetiva del analista, los fenómenos intersubjetivos que se dan en todo proceso analítico, ha ido alcanzando sumo interés en las investigaciones, a la vez que se fueron realizando importantes aportes para su comprensión.

Práctica clínica y poder

El proceso de constitución del psicoanálisis como método terapéutico siguió un desarrollo en cierto modo esperable. Por un lado, debió sortear los obstáculos de diversa índole que se generaban por el avance de su propio método y de la comprensión de los resultados que se iban obteniendo. Por otra parte, Freud fue un hombre de formación académica y con experiencia como investigador. Por lo tanto era de esperar que por su propia historia quisiera darle un estatus científico, a su descubrimiento, ubicándolo dentro de los paradigmas epistemológicos de su época, tratando a la vez de distanciar su creación de la hipnosis.

Ahora bien, este tipo de consideraciones, que he planteado de manera escueta, son habituales para dar cuenta de ciertas condiciones que fueron dando un marco para el desarrollo del psicoanálisis. Es así que cuestiones epistemológicas, académicas y de reconocimiento del mismo como un método terapéutico válido son invocadas para entender algunos aspectos de dicho desarrollo. Creo que debemos agregarle, a todo esto, la problemática del poder. Freud sabía perfectamente de la importancia del mismo y lo destaca refiriéndose a la hipnosis. En "Psicología de las masas" dice: "La hipnosis ... De la compleja ensambladura de la masa ella aísla un elemento: el comportamiento del individuo de la masa frente al conductor", agregando "Contiene un suplemento de parálisis que proviene de la relación entre una persona de mayor poder y una impotente y desamparada" (pág. 108-9) y más adelante dice que: "El hipnotizador afirma encontrarse en posesión de un poder misterioso que arrebata al sujeto su voluntad, o, lo que es lo mismo, el sujeto cree eso de él" (pág. 119).

A mi entender, el problema del poder ingresa al menos de dos formas: una de ellas es que si el psicoanálisis no podía dar garantías de no ubicarse dentro de la categoría de la hipnosis, donde el poder ocupa un lugar específico y necesario, hecho particularmente marcado en las últimas dos citas, difícilmente podría adquirir reconocimiento científico. Por otra parte, entra en juego la cuestión del poder desde la ética: ¿cómo podemos garantizar el respeto a lo propio del paciente? La particular posición del analista, en una relación asimétrica, pone en tela de juicio el logro de dicho objetivo. Evidentemente el planteo del analista como espejo ante el paciente, daba una respuesta bastante tranquilizadora a estas cuestiones. A mi entender, desde un principio se iban visualizando los aspectos inherentes a lo humano en relación con el poder y sin duda la inevitable intervención del mismo en el accionar terapéutico.

De todos modos la posición, que pretendía una actitud objetivante del paciente, no pudo sostenerse con el correr del tiempo. Como bien señaló, en su momento, Viderman, el intento de ubicar al analista como un observador que da cuenta de los sentidos no manifiestos del discurso del paciente falló, ante el hecho de que el mismo método analítico generó fenómenos refractarios a dicha posición, siendo estos la neurosis de transferencia y la contratransferencia. Como resultado de esto empezaron a aparecer trabajos, a fines de la década del 40 y durante la del 50, en los que los estados subjetivos del analista comienzan a ser tenidos en cuenta, no solo como obstáculo.

Así tenemos los estudios de Heimann y Racker sobre contratransferencia, algunos aportes de Winnicott, los trabajos de Greenson sobre empatía y los de W. y M. Baranger sobre el campo analítico.

A fines de 1940 Racker presenta sus ideas sobre la contratransferencia y una década más tarde M. y W. Baranger plantean su teoría del campo analítico y de la fantasía básica, producto del encuentro del par analítico a la vez que estructurante del campo. Un importante aporte a la intersubjetividad en el proceso analítico. En el término de una década se inició un desarrollo teórico-clínico, que tuvo, en particular en el Río de la Plata, una importante influencia en la teorización y en la clínica.

Los aportes se continuaron, generando esclarecimientos y nuevas problemáticas, de modo que el concepto de intersubjetividad fue adquiriendo relevancia en detrimento de la posición de un analista puro observador de los fenómenos que se dan en el paciente. Así el concepto de contratransferencia se ha hecho cada vez más controversial, apuntándose al estudio de la mente del analista en una concepción ampliada de su participación en el proceso analítico. La mayor complejidad de los conocimientos tuvo efectos favorables sobre el accionar clínico, en una interrelación entre la teoría y la clínica sumamente enriquecedora, hechos que -por otra parte- dieron lugar a un importante conjunto de controversias, entre ellos, los fenómenos de poder por parte del analista que de modo implícito, es decir de forma inconsciente, a partir de estos avances, adquieren relevancia. Dado que no solo están presentes por ser inherentes a lo humano, sino que -al no sostenerse la idea del analista como espejo- este incide de modo personal en el proceso analítico.

Esta concepción del proceso analítico como dos mentes en interacción ha dado origen a algunos planteos que agrupo en la siguiente pregunta:

¿Cómo se genera el material analítico?
Si tomamos como ejemplo la posición de los Baranger, se da en un espacio donde se establece una fantasía básica que estructura el campo, determinando el proceso y el material analítico. Se abre así la cuestión de la generación de un elemento tercero y de un creacionismo en el proceso en el que actúan ambos participantes. Las posturas alrededor del tercer elemento, producto de la situación analítica y del creacionismo, han sido varias, con fuertes implicancias para la clínica y la teoría psicoanalítica. En función de estos desarrollos y de otros provenientes desde el posmodernismo, a los que se ha agregado la crisis epistemológica del siglo pasado, se han dado origen a cuestionamientos sobre la posibilidad de una neutralidad "pura".

Ante el hecho de ser diversas las posiciones para dar cuenta de los fenómenos intersubjetivos que ponen en juego, entre otras cuestiones, la cuestión del poder del analista, las intentaré agrupar -sin intento clasificatorio- para poderlas pensar y debatir. Para ello las formularé como interrogación:

¿Es meramente un fenómeno entre dos?
Junto con el reconocimiento del fenómeno intersubjetivo se revalorizó la comunicación de inconsciente a inconsciente. Freud mismo planteó en "Consejos al médico" que el analista "debe volver hacia el inconsciente emisor del enfermo su propio inconciente como órgano receptor" (pág. 115), de donde podemos concluir que la captación de un inconsciente por el otro se realiza sin ninguna instancia intermediaria y que "si el médico ha de estar en condiciones de servirse así de su inconsciente como instrumento del análisis... no puede tolerar resistencias ningunas que aparten de su conciencia lo que su inconsciente ha discernido", (pág. 115), quedando claro que -de no mediar resistencia por parte del analista- no tendría que haber problema para la captación conciente de aquello emitido por el inconsciente del paciente y la captación se daría de por sí.

Apreciación que se confirma en su trabajo "Lo inconsciente", donde dice: "Cosa muy notable, el Icc de un hombre puede reaccionar, esquivando la Cc, sobre el Icc de otro..." (pág. 191).

De todos modos los desarrollos a los que me estoy refiriendo no se detuvieron en la comunicación de inconsciente a inconsciente, sino que enriquecieron la temática con una serie de aportes que van marcando a su vez diferentes líneas de pensamiento acerca de estas cuestiones.

Algunas posiciones se mantienen dentro de lo que llamaría una postura más bien clásica, como es el ejemplo de Roussillion, quien utiliza el término "intersubjetivo para pensar la cuestión del encuentro de un sujeto, animado de pulsiones y de una vida psíquica inconsciente, con un objeto, que es también otro-sujeto, y que también está animado por una vida pulsional de la cual una parte es inconsciente", afirmando que tal definición le parece esencial para subrayar "el lugar del objeto, y la 'respuesta' del objeto a los movimientos pulsionales del sujeto en el devenir de ellos mismos". Aportando su concepto de la pulsión como mensajera y no solo buscadora de descarga, manifestando dicha cualidad a través de la representación de palabra, por medio de la verbalización, de la representación de cosa, por ejemplo vía identificación proyectiva y del afecto a través de la manifestación del mismo, quedando al objeto el papel de dar lugar y captar dichos mensajes desde su subjetividad. Esta visión no teoriza más allá de los efectos intrasubjetivos generados por la situación. De cualquier modo al dar a la pulsión el valor de mensajera y, como veremos más adelante, si tenemos en cuenta que todo mensaje es portador -más allá de su valor comunicativo-de un efecto de poder, estos planteos de la valorización de la comunicación de inconsciente a inconsciente y de la pulsión como elemento comunicativo refuerza el aspecto del poder implícito en los vínculos. No debemos olvidar que esto cuenta también para los pacientes como lo especifica el concepto de identificación proyectiva. Esto último se puede apreciar cuando Liberman, al tratar la cuestión de la alianza terapéutica, afirma que el paciente en vínculo positivo "corrige" al analista en su accionar mientras que en vínculo negativo refuerza el proceder erróneo. De todos modos en este trabajo vamos a referirnos a la problemática del poder desde la perspectiva del psicoanalista.

Por otra parte, algunos autores han señalado la existencia de procesos que se dan más allá de los efectos sobre lo intrasubjetivo, en lo que podríamos denominar un procesar desde la intersubjetividad. Esto se puede observar en las investigaciones de Maldavsky, donde se puede apreciar, con mucha claridad, a través de abundante material clínico y las consiguientes propuestas teóricas, cómo los procesos defensivos a que apelan las distintas estructuraciones psíquicas se constituyen y se sostienen en relación con un otro. Como ejemplo, citaremos el caso donde lo desmentido por un sujeto es desestimado por otro. Dentro de esta línea de desarrollos, podemos ubicar a Kaës. Este autor hace interesantes aportes desde el estudio de la pareja, los grupos y las instituciones y nos muestra que, para que se establezca un conjunto (y no nos olvidemos de que la pareja analítica es un conjunto con características propias, pero conjunto al fin), se dan fenómenos en los mismos que han de ser tramitados tanto intersubjetivamente como intrasubjetivamente. Postulando el concepto de un aparato psíquico grupal generador de procesos, afirmando la necesidad tanto de una metapsicología intrasubjetiva como de otra intersubjetiva, descartando la hipótesis de un inconsciente del conjunto.

Por otra parte, otros autores postulan la generación de algo novedoso en el encuentro entre analista y paciente del orden de la creación, que se ha denominado el "tercero" desde distintos acercamientos, como he señalado más arriba. Sus aportes son relevantes para la comprensión del proceso analítico. Madé y Willy Baranger nos hablan de un campo analítico donde se genera una fantasía básica analítica, sus vicisitudes, sus límites, sus resistencias. Es así que estructurada en la intersubjetividad de las dos subjetividades presentes, a su vez estructura la situación analítica, aportando Madé Baranger en su último trabajo, precisiones acerca de qué da fuerza, poder, a esta fantasía. Encuentra esto, apoyándose en Green, en el valor del encuadre como favorecedor de una tendencia a la simbolización.

Por su parte, Green, aceptando las postulaciones de Viderman sobre el actuar creacionista del psicoanalista, nos habla de la constitución de un objeto analítico resultado de la conjunción de dos dobles que se encuentran en el "entre", dado que lo que dicen tanto el paciente como el analista son un doble de su interioridad. Encuentro generador de simbolización, en la medida en que el decir del analista guarde homología con la interioridad del paciente, abriendo espacio a una problemática actual, como es la de la posibilidad de objetividad por parte del analista, tema al que volveremos más adelante. Toda la concepción de Green se engarza con sus aportes sobre el encuadre, como hicimos referencia al citar las propuestas de los Baranger.

Por su parte, Ogden, con su concepto de "tercero analítico ha hecho valiosos aportes para la comprensión de los fenómenos intersubjetivos.

La mente del analista

La progresiva inclusión de la subjetividad del analista fue generando interés en el estudio de la mente del mismo, hecho que provocó diferentes consecuencias no solo en la práctica, sino en determinados conceptos, uno de los más revisados y actualmente en una situación verdaderamente controversial es el de contratransferencia. Desde ser solo fuente de obstáculo para el proceso, pasó a ser útil, para posteriormente ser desbordado, a mi entender, como se puede ver en los planteos de Winnicott, los de Green con su concepto de contratransferencia ampliada incluyendo el conjunto de la actividad imaginativa del analista, tanto como sus lecturas y conversaciones con sus colegas, los de Bollas con su propuesta sobre los "géneros", en el sentido de lo que da origen "a", acentuando los aspectos creativos de la intersubjetividad.

Los aportes de holding de Winnicott y su valor de sostén correlativo con su concepción sobre el papel de la regresión en el proceso analítico y el de identificación proyectiva normal de Bion, con la captación de inconsciente a inconsciente que implica, dieron pie a un papel más activo de la participación de la mente del analista no solo para la comprensión de la psicopatología del paciente, sino para la acción terapéutica. Un ejemplo de esto es la posición de los Botella, donde es el analista quien da forma a aspectos inconscientes del paciente y que ellos teorizan a través de su concepción de la figurabilidad. No hay duda de que desarrollos como los de estos últimos autores, dejan abierto el debate acerca de posibles arbitrariedades que pueden darse en lo que podríamos llamar un forzado "vía de porre".

Otro campo que ha ido adquiriendo importancia es el de la empatía. Es indudable la importancia de este afecto, en general, y en algunas situaciones, en particular, pero a partir de la obra de Kohut es donde pasa a adquirir la posición de algo central para algunos psicoanalistas, llegándose a la actitud técnica denominada de inmersión empática donde lo que se busca es lograr empatizar al máximo con la subjetividad del paciente.

Algunas cuestiones controversiales

Todos estos desarrollos tuvieron derivaciones y planteos que han ido dando lugar a una serie de controversias. En una conjunción entre aportes provenientes de los avances en la comprensión de la intersubjetividad con otros advenidos de la crisis epistemológica del siglo pasado, del posmodernismo e incluso del feminismo comienza a generarse una corriente, en la que el concepto de self dialógico toma clara preponderancia sobre el de self monológico como plantea Muller, a la que genéricamente llamaremos como intersubjetivista. La vamos a caracterizar de modo simplificado de la siguiente manera: privilegian el encuentro de dos sujetos, llegando a veces a ser más que intersubjetiva interpersonal, donde la base del desarrollo psíquico no es lo pulsional sino la tendencia del sujeto al encuentro con el otro, se quita valor a la regresión parcial del analista y los conceptos de asimetría y abstinencia quedan cuestionados e incluso considerados meros elementos para sostener un ficticio poder por parte del analista, se tiende a dar más valor a la acción que al insight, a la vez que el enactment viene a reemplazar el concepto de transferencia y la objetividad es desde cuestionada hasta totalmente descartada, como sostiene Renik al plantear la irreductibilidad de la subjetividad.

A mi entender, todos estos desarrollos rompen definitivamente con el planteo del analista como espejo y la posición objetivante del paciente. Por el contrario muestran claramente la participación de ambos integrantes de la dupla en la constitución del material analítico y el desarrollo del proceso analítico.

Todo esto renueva el debate acerca de los efectos de poder del analista sobre el paciente, hecho que se acentúa en el caso particular de las patologías más graves como en los momentos más delicados de los pacientes neuróticos.

Creo que primero debemos desmitificar la cuestión de la calificación del poder, que a menudo adquiere connotaciones negativas. Los estudios freudianos son claros en el sentido de que la pulsión de apoderamiento, si bien puede derivar a la contribución del sadismo, es parte integrante en la constitución de la pulsión de saber. Vienen en apoyo de esto los estudios de Kaës, cuando manifiesta que en las parejas, en las familias y en los grupos pueden darse fenómenos de negatividad relativa. De modo que el vínculo inconsciente que se establece con el analista puede dar lugar a la actualización de aspectos no desarrollados hasta el momento en el paciente. Planteo, en cierto modo, coincidente con las postulaciones de Bollas acerca de la creación de los núcleos generativos que se dan tanto en el paciente como en el analista.

De todos modos el problema del poder es claramente planteado por autores como Renik, quien dice que la asimetría, la abstinencia y la neutralidad no son otra cosa que maneras instituidas para otorgar un poder que no corresponde con el analista. Pienso que este autor plantea una cuestión seria, pues ha quedado demostrada la ilusión de una neutralidad y una abstinencia "pura". Algo que queda reducido a un ideal. De este modo la asimetría puede quedar cuestionada, como lo hace Renik. En mi opinión, aunque este cuestiona el argumento de que hay una diferencia entre el paciente como alguien necesitado ante otro que es un posible dador, posición discutible la de este autor, a mi entender, queda claro que los movimientos de simetrización que se dan en la situación analítica tienen como objetivo el favorecer el encuentro de inconscientes y en todo caso si no es así debe ser un fenómeno transitorio que se ha de desarmar en un segundo momento a través de la denominada segunda mirada sobre el campo.

El intento de simetrización, planteado por Renik, como salida a la cuestión de no estimular posiciones de poder por parte del analista, no sería tal desde la perspectiva de que la tendencia a ejercer poder es inherente al ser humano y, por lo tanto, no se soluciona con ningún artificio. Pienso en ese sentido que el concepto de deseo del analista, como plantea el movimiento lacaniano, es más adecuado. Por otra parte, es bueno recordar que, cuando Lacan postula la cuestión del sujeto supuesto saber, trata cuestiones del orden de las aquí desarrolladas.

En síntesis, la cuestión del poder no es solucionable por medios técnicos dado su carácter inconsciente y su orden de implícito, aunque vuelvo a hacer la salvedad de que me estoy refiriendo al poder en su uso de índole destructiva, no debiendo olvidarnos de sus aspectos constructivos. Esto no quiere decir que no deba estar en permanente elaboración tanto personal, como clínica y teórica. En ese sentido, el encuadre analítico, por el contrario a lo que plantea Renik, es un aspecto que, con la flexibilidad que corresponda, contribuye a encauzar la cuestión del poder.

Otra cuestión de orden teórico, de índole epistemológico, es el problema de la disputa entre la subjetividad y la posibilidad de algún grado de objetividad. Sin duda, y lo expuesto hasta ahora da cuenta de ello, la subjetividad está presente en el accionar del analista, pero esto no impide que no pueda lograrse algún grado de objetividad. Si dejamos de entender por objetividad la existencia de una identidad entre lo dicho por el analista y lo que posee el paciente, ¿no puede haber cierto grado de objetividad si la interpretación guarda consistencia analógica con algo propio del paciente? Así la objetividad (entendida como el orden que se da a los hechos, debiendo este ordenamiento a algo que le es propio al paciente) estaría dada por el grado de concordancia entre lo dicho por el analista y lo propio del paciente. Una objetividad dentro de una intersubjetividad.

Los desarrollos planteados, a los que agregaría los aportes sobre transmisión intergeneracional de Kaës, Faimberg y Enriquez, nos muestran -como he planteado en "Un sujeto parcialmente descentrado"- que el psiquismo humano no se constituye como una organización cerrada sino abierta y sustentada en el medio, de donde los fenómenos de poder adquieren un particular relieve.

Pienso que la convergencia de los distintos campos de investigación psicoanalíticos permitirá ir comprendiendo mejor la estructuración del psiquismo, focalizándonos en la participación del otro en la constitución del mismo, investigando los procesos de sostén del conjunto sobre cada sujeto. Aportes que, al esclarecer la acción de un sujeto sobre otro y la interacción y compenetración entre ambos, aportarán mayor claridad a las cuestiones vinculadas con los efectos de poder, en el sentido de efectos "arbitrarios" por parte del analista hacia su paciente. Digo arbitrarios entre comillas pues me he referido a fenómenos, en principio, inconscientes.

Veamos ahora la otra temática acerca de la cual he venido interrogándome, la influencia de los procesos de poder en los debates y en la construcción de la teoría psicoanalítica.

El poder y la construcción de la teoría psicoanalítica

Es mi intención en esta parte del trabajo abordar el tema del poder desde la dificultad existente para el debate tanto en la clínica como en la teoría clínica y a nivel metapsicológico. Dejo expresamente de lado aquellas cuestiones vinculadas con el poder y que hacen a la voluntad política de los psicoanalistas, para dedicarme a aspectos relacionados con cuestiones de orden inconsciente.

Es reconocido que, en general, ciertas dificultades que existen para establecer buenos debates entre psicoanalistas y nuestra experiencia confirman esto. No es este un problema regional sino que se extiende a otras latitudes, vaya como ejemplo el hecho de haberse realizado un panel sobre esta cuestión en el último Congreso de la IPA realizado en Chicago en 2009.

En la búsqueda de entendimiento de esta temática se han señalado algunos elementos entre los que podemos resaltar cuestiones de orden "narcisista" y problemas de orden argumental. Aceptando estos aportes, creo que debemos hacer algunas precisiones.

En primer lugar podríamos decir qué tiene de particular esto, seguramente se da de la misma forma en otras disciplinas. Es en este punto cuando creo que hay que señalar que la particular formación del psicoanalista, como señalé, hace en cierto sentido más aguda la cuestión de la puesta en juego del narcisismo del que debate.

Veamos el tema, me referiré a la forma particular en que se constituye el pensamiento analítico. No postulo que este pensamiento sea tal que lo haga radical y absolutamente diferente de otro tipo de pensar, pero sí que tiene una especificidad que hace que no pueda adquirirse meramente por el dominio de cuestiones instrumentales, de modo que la apropiación del mismo a través de modalidades académicas se torna insuficiente.

Desde esta perspectiva requiere algo que dé un plus sobre un saber académico, lo que no implica, para nada, negar todo lo que puede adquirirse por estos últimos medios. Es entonces cuando entra en juego el papel del análisis, del propio análisis en la adquisición del pensamiento analítico y, por ende, de la transmisión del psicoanálisis.

Ampliaré el concepto de análisis del analista incluyendo tanto el análisis terapéutico como la supervisión y el autoanálisis en tanto todos productores de subjetividad. Subjetividad que da cuenta, entre otros aspectos, de una experiencia de lo propio inconsciente.

Quiero remarcar el efecto de inscripción, lugar de escritura, que se produce en quien se analiza. Este hecho determina, no diría la incorporación pues están en el sujeto, el encuentro con un conjunto de lógicas, de fuerte presencia en el inconsciente. Esto no es creado en el proceso, sino -si se quiere- trabajado, incluido, admitido por el sujeto. Junto con esto tenemos los efectos dados por la vivencia del origen inconsciente del pensamiento, del efecto de lo pulsional, de las defensas vivenciadas a través de las propias resistencias, etc.

A mi modo de ver, lo anterior nos plantea que la formación del analista pasa ineludiblemente por un proceso vivencial, vinculado con lo que se denomina transmisión y la adquisición de un pensamiento que, por sus característica, que no son únicas, no puede reducirse, aunque la incluya a la lógica formal y otros saberes. Cualidades que se producen de un modo más próximo a la forma de adquisición de nuestro pensar originario.

Podemos afirmar que los aspectos "narcisistas" puestos en juego no deben referirse solamente a ciertas cuestiones no logradas por el análisis del analista, como a veces se dice, incluso de modo peyorativo, aunque sin duda aspectos de este tipo son frecuentes. Hay que reconocer que el vínculo que establece cada analista con sus conceptualizaciones tiene su raíz en una adquisición que lo compromete en su ser, dado su carácter fuertemente vivencial y sobre la que debe trabajar para que no incida, dificultando en grado importante, en el intercambio.

De modo que las posiciones conceptuales que sostiene un analista no están basadas exclusivamente sobre bases argumentales, sino que ocupan lugar importante la historia personal y analítica del sujeto en cuestión, de la institución o grupo al que pertenece, los paradigmas existentes y a lo que podríamos llamar la "doxa" en la que está inmerso, sobre esto me extenderé más adelante.

No es difícil imaginar las posibilidades de activar los constituyentes inconscientes del poder, tanto en sus aspectos constructivos como destructivos, en una situación como la descripta.

En cuanto a los problemas de orden argumental, Bernardi ha hecho un interesante estudio sobre debates en el Río de la Plata que nos permite ver las dificultades existentes en poner en juego las premisas que sostiene cada posición argumental y los argumentos de poder utilizados. Evidentemente esta es una cuestión delicada en la que, sin duda, también interviene el particular significado que cada uno otorga a su concepción teórica. Lo dicho en párrafos anteriores nos permite entender el potencial compromiso personal que se abre en todo debate, pudiendo estar en juego a nivel inconsciente aspectos que van más allá de la problemática científica, activando los aspectos inconscientes del poder. Hecho que explica, al menos parcialmente, el por qué se torna tan difícil discutir las premisas.

Quiero ahora agregar una cuestión que no suele invocarse y para indagar en la misma viene en nuestra ayuda otra disciplina, la sociología a través de Bourdieu. Esto no es extraño porque la temática del poder, en este caso puesta en juego en relación con el debate entre psicoanalistas, es algo de índole inter y transubjetivo, cuestión a la que el psicoanálisis puede aportar sus descubrimientos sobre el accionar inconsciente.

Me refiero al hecho de la existencia en todo grupo humano de un mundo de conceptos que son aceptados como válidos de por sí. Para la consideración de este fenómeno, que no es consciente, me apoyaré en la concepción de doxa que pertenece a Bourdieu. Este entiende por tal al conjunto de creencias y de prácticas sociales que son consideradas normales en un contexto social, las cuales son aceptadas sin cuestionamientos. Los orígenes de estas creencias y prácticas, y sus principios de funcionamiento, no son indagados y se los reconoce habitualmente como criterios y formas de proceder. Allí reside su eficacia simbólica: la doxa es una condición para mantener el estado de cosas existente en un conjunto.

Por otra parte, Bourdieu nos advierte: "... los discursos no son únicamente (o lo son solo excepcionalmente) signos destinados a ser comprendidos, descifrados; son también signos de riqueza destinados a ser valorados, apreciados y signos de autoridad destinados a ser creídos y obedecidos" (pág. 40). Cuestión convalidada por desarrollos psicoanalíticos. Es así que Puget dice: "El poder o el ejercicio del mismo es inherente a la comunicación, siendo una de sus manifestaciones" (pág. 125).

En síntesis, la comunicación humana tiende en gran parte a lograr un efecto de acción más que de transmitir información. Esta tendencia a la acción sobre el otro pone en juego los elementos constitutivos del poder inherente a todo ser humano, sin necesaria conciencia de ello. Nos encontramos con una clara expresión implícita de poder. Nuevamente como dice Puget (28): "... el poder solo puede reingresar en la teoría como una manera de conceptualizar un aspecto de la vincularidad, una determinada direccionalidad dentro de la misma y de las vicisitudes dentro de la zona de encuentro" (pág. 124).

En este punto es importante recordar que el poder puede estar al servicio de la creación y que el conjunto de conocimientos aceptados de por sí encierran muchos elementos ricos.

La doxa y el discurso como poder no son los únicos elementos que condicionan la posibilidad del intercambio de conocimientos. El conjunto ejerce un poder condicionante importante como dice Bourdieu (7): "... todas las expresiones verbales, trátese de las frases intercambiadas entre dos amigos, del discurso de un portavoz autorizado o de un informe científico, llevan la marca de sus condiciones de recepción" (pág. 51) y agrega: "Todos los esfuerzos para hallar el principio de la eficacia simbólica de las diferentes formas de argumentación, retórica y estilística en su lógica propiamente lingüística, están siempre condenadas al fracaso mientras no se establezcan la relación entre las propiedades del discurso, las propiedades de quien las pronuncia y las propiedades de la institución que autoriza a pronunciarlos" (pág. 71).

Es así como nos encontramos ante una situación que puede ejercer tanto efectos estimulantes, como condicionantes o de censura anticipada sobre los discursos, según el valor que el conjunto otorga al mismo por su contenido y al agente que lo emite. Es decir, por fuera de la lógica propiamente lingüística del discurso.

Por otra parte, Kaës -en sus estudios sobre la negatividad- nos señala dos tipos de negatividades que nos son útiles para nuestro propósito. Una es la negatividad de obligación que dice que, para constituirse un grupo, deben reprimirse ciertas cuestiones para su subsistencia, la otra negatividad, la relativa, a la que ya hicimos referencia, es aquella que puede dar origen a un desarrollo hasta ahora no logrado en un sujeto y ahora sí, gracias al conjunto. Todo esto dentro de los vínculos inconscientes.

La negatividad de obligación sin duda ejerce un poder inconsciente importante en la constitución del pensamiento grupal. Razones como esta, agregadas a cuestiones de orden histórico del grupo social y de la comunidad a la que se pertenece dan lugar a situaciones de origen inconsciente donde el poder ejerce una fuerte influencia que puede dificultar, sino obturar el intercambio conceptual.

Situación compleja la del debate porque pone en juego un cúmulo de elementos inconscientes y donde el poder de cada uno se activa ya sea para incentivar el conocimiento o para obstruir al mismo. Balance indefinido, no olvidemos las dos negatividades de Kaës, pero vital para toda comunidad científica.

Pienso que modalidades que pueden ayudar a superar las dificultades expuestas, sobre todo la planteada en último término, son las de aportar al conjunto ideas que le son ajenas o modalidades de intercambio no habituales, que rompan con estereotipos establecidos pues estos terminan favoreciendo el sostén de la doxa.

Consideraciones finales a modo de resumen

Como hemos podido apreciar, los escritos freudianos sirven de base para desarrollos psicoanalíticos sobre la base inconsciente de los fenómenos de poder tanto en sus manifestaciones conscientes como inconscientes. Siendo de particular importancia los aportes para el estudio de aquellos efectos de poder que se ejercen de modo inconsciente y, por lo tanto, son implícitos. Estos pueden a su vez ser de índole constructiva, en la medida en que aportan a la pulsión de saber, o del orden de lo destructivo cuando contribuyen a acciones que se acercan o son sádicas.

Estos efectos implícitos, como era de esperar, se manifiestan tanto en la clínica como en la práctica teórica.

En la clínica, al caer el ideal de la visión objetivante del paciente, quedó demostrada la participación del analista en la producción del material analítico y en el desarrollo del proceso analítico. Si bien esto llevó a posturas, en las que se denuncia la asimetría, la neutralidad y la abstinencia como meros intentos de sostener el poder del analista, podemos afirmar que cualquier búsqueda de anular los fenómenos de poder por acciones directas (aplicando determinada técnica o dejando de hacerlo) solo tendrá efectos parciales, dado que este es un fenómeno inherente al ser humano, radicando sus raíces en el inconsciente. Se trata de una realidad que hay que resolver en cada situación cuando adquiere una marca negativa y, sobre todo, no dejar de tenerla presente en su potencialidad actuante. Los efectos de simetrización y rescate de la misma, el análisis personal, el autoanálisis y las supervisiones serán elementos de ayuda en estas cuestiones. También lo será un mayor conocimiento del proceso analítico, de la mente del analista y de la intersubjetividad puesta en juego.

Por otra parte, los fenómenos de poder están involucrados en la dificultad que se observa en establecer buenos debates alrededor de la clínica, la teoría de la clínica y de la metapsicología. La formación psicoanalítica implica la adquisición de un pensamiento que se obtiene de modo vivencial con un complemento académico, pero este último no alcanza. El pensamiento analítico se adquiere de un modo más cercano al modo en que se alcanza el pensar habitual, a diferencia de otros tipos de pensar que pueden obtenerse más por educación que por transmisión.

Entiendo que este hecho contribuye a dar a la problemática narcisista, siempre presente en un debate, un cariz particular pues los conceptos que se sostienen están teñidos por lo recién dicho y lo que constituye la historia personal y psicoanalítica del sujeto en cuestión. Por otra parte, desde este punto de vista, no nos debe extrañar que los debates se detengan cuando entran en juego las premisas que sostienen cada posición. Finalmente no debemos dejar de considerar el conjunto de opiniones que se dan por válidas, sin conciencia del hecho, sostenidas de modo inconsciente y que responden a fenómenos grupales, a cuestiones paradigmáticas e históricas, constituyendo una "doxa". Todo este conjunto de elementos activa los resortes inconscientes del poder. Es probable que la introducción, en el conjunto en cuestión, de ideas nuevas, no habituales en el mismo, y modos de debatir que modifiquen situaciones estereotipadas ayude a tomar conciencia de estas cuestiones que comprometen un auténtico debate.

Notas

1 Actividad sistematizada a partir de materiales clínicos, debates en grupos numerosos y pequeños.

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Fecha de recepción: 10/11/09
Fecha de aceptación: 22/12/09