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Subjetividad y procesos cognitivos

versão On-line ISSN 1852-7310

Subj. procesos cogn. vol.16 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jan./jun. 2012

 

ARTÍCULOS ORIGINALES

Sobre los valores y el deseo de ser - amado

On values and the wish to be loved

 

Horacio R. Losinno*

* Doctor en Psicología. Psicoanalista. Docente Titular en la Universidad del Salvador y en la Universidad de Morón. Dirección: Peña 3158 Piso 2º "8" (CP1425), Ciudad Autónoma de Buenos Aires. E-mail: losinno@sinectis.com.ar

 


Resumen

Este trabajo consta de cinco partes. En la primera, se define el concepto de valor. En la segunda, se examinan -atendiendo a la línea de desarrollo de la pulsión- las fuentes de las que surgen los valores. En la tercera, se describe el Método de Estudio de la Intersubjetividad en el Relato (MEIR) y el modo en que dicho método permite la investigación sistemática de los valores e ideales. En la cuarta, algo más extensa, se analizan los distintos significados de la forma perifrástica "ser-amado". Por último, en las conclusiones, se mencionan las dificultades que suelen presentarse en la tarea clínica si se desconocen los valores o ideales del paciente y el modo en que espera "ser-amado" por sus objetos.

Palabras clave: Valores; Anorexia nerviosa; Relatos; Intersubjetividad; Patrones vinculares; Amor del objeto.

Summary

The present paper consists of five parts. In the first one, the concept of value is defined. In the second one, the sources of values are examined, following the drive development line. In the third one the Study of the Intersubjectivity Method (MEIR) is described, as well as the way in which this method allows the systematic research of values and ideals. In the fourth, a longer section, I analyze the different ways in which the phrase "to be loved" can be understood. Finally, the conclusions section deals with the difficulties that can arise in the clinical work if values or ideals in the patient are disregarded and the way in which the patient expects to be loved by his objects.

Key words: Values; Anorexia nervosa; Narratives; Intersubjectivity; Relationship patterns; Love of the object.


 

I. Los valores

Los valores son creencias o convicciones que nos ayudan a preferir, apreciar y/o elegir unos objetos en lugar de otros, o un comportamiento en lugar de otro.

La doctrina axiológica objetivista supone que cada valor es objetivo y "existe independientemente de un sujeto o de una conciencia valorativa" (Frondizi, 1958, pág. 19). Si no hubiese valores anteriores a la valoración, se preguntan los objetivistas, "¿Qué habríamos de valorar?" (Frondizi, 1958, pág. 21). Lo subjetivo, aseveran los objetivistas, está ligado exclusivamente al proceso por el cual se captan los valores1. Los subjetivistas, en cambio, sostienen que los valores deben "su existencia, su sentido o su validez a reacciones, ya sea fisiológicas o psicológicas, del sujeto que valora" (Frondizi, 1958, pág. 19). Para ellos los valores no existen en sí y por sí. Son meras creaciones de la mente que los contiene.

Al revisar con detenimiento los postulados de ambas doctrinas, Frondizi (1958) concluye: "tan solo puede deducirse, legítimamente, que el sujeto valorante no puede ser descartado al examinar la naturaleza del valor" (pág. 49).

Si observamos a los que nos rodean, detectamos que, para algunos, la ganancia económica (obtenida mediante la especulación) o de placer orgánico (obtenida sin tomar en cuenta los sentimientos de los demás) es lo más importante. Otros, en cambio, consideran que la verdad (a la que solo se accede por la vía de la iluminación o por la vía de la revelación) es lo esencial. También encontramos sujetos que creen que el amor es lo principal (aunque sus allegados puedan ver como egoísmo eso que llaman amor). Muchos, siguiendo los principios en los que se inspira la justicia retributiva, encuentran siempre un pretexto para hacer -o para arengar a los demás a hacer- justicia por mano propia. De igual forma, hallamos semejantes que -si bien en ciertas oportunidades se ven sumergidos en el desorden o el vicio- creen que nada merece apreciarse tanto como el orden y la virtud. Al mismo tiempo, otros pueden suponer que no dejarse invadir por el miedo es lo fundamental (estos temen, por lo general, mostrarse cobardes al momento de asumir compromisos vitales). Por último, están los que -temido permanentemente provocar un impacto de fealdad- ubican a la belleza en el primer lugar.

¿De dónde derivan esos ideales? ¿Qué hace que los que integran cada uno de estos segmentos sustenten ciertos valores y desechen otros?

II. El origen de los valores

Los ideales proceden de un sector delimitado del superyó: el ideal del yo. Así como el yo de realidad definitivo emite juicios de existencia (que determinan si aquello que existe en el universo de las representaciones posee un correlato en el mundo externo), el ideal del yo le da sentido a los estímulos internos y a las impresiones sensoriales tomando como parámetro los valores contenidos en la red axiológica (valores derivados de los ideales en juego en cada caso). Dicha red también instituye el modo en que cada quien concibe los lugares que se pueden ocupar en los episodios vinculares. Cuando el ideal está centrado en la ganancia, en la verdad abstracta, en el amor o en la justicia por mano propia, los lugares posibles son: 1) dos personajes consustanciados -yo e ideal- con exclusión del resto y 2) un número indefinido de objetos de los que es posible aprovecharse. Dentro de este universo acotado, el lugar que se adjudique (y que adjudique a los demás) quién relata un episodio dependerá de la defensa que predomine en cada momento. Si los ideales son el orden y la virtud, la dignidad o la belleza, los lugares posibles son: 1) una comunidad de pares (a la cual se puede pertenecer y en la que se establecen vínculos solidarios y/o fraternos), 2) un ideal (que es el mismo para todos los miembros de la comunidad de pares) (Maldavsky, 1993). También aquí a defensa instaurará el lugar que ocupe quien relata un episodio vincular.

En Estructuras narcisistas, Maldavsky (1986) dio un paso significativo en el terreno de las hipótesis referidas al origen de los ideales (y, por ende, de la tabla de valores derivada de cada uno de ellos)2. Allí señala que "el ideal del yo es heredero de la ilusión de omnipotencia correspondiente a la primera infancia, cuando el yo coincide con la pulsión (yo-placer purificado)" (pág. 325). Luego indica que el tipo particular de ilusión de omnipotencia que acompaña a cada pulsión dará lugar a la constitución de un ideal determinado. Es decir, la formación de ideales específicos en el núcleo del ideal del yo derivará de las fijaciones en la línea de desarrollo de la pulsión (Freud, 1911b).3

III. El Método de Estudio de la Intersubjetividad en el Relato (MEIR)

En Introducción del narcisismo Freud (1914c) señala que "el no-ser-amado deprime el sentimiento de sí, mientras que el ser-amado lo realza" (pág. 95). Si tenemos presente que el término "amado", incluido en la forma perifrástica "ser-amado", puede concebirse como una palabra de referencia generalizada, cabe preguntarnos: ¿Cuándo alguien se siente "amado"? ¿De qué depende que algunas manifestaciones del objeto hagan que un sujeto se sienta "amado", mientras que otras le hacen sentir que no es "amado"? ¿Qué considera cada uno que lo pone en la posición de ser "amado" por el objeto?

Comenzamos a plantearnos estos interrogantes al hacernos cargo del tratamiento psicoanalítico de un número considerable de adolescentes que padecían anorexia nerviosa o bulimia. Tanto en el contenido de los episodios narrados por las pacientes durante esos tratamientos, como en el de los que se detallan en una serie de relatos autobiográficos o en textos donde se describen las experiencias de jóvenes anoréxicas o bulímicas (Gottlieb, 2000; Hornbacher, 1998; Latini, 2006; Mesón, 2006), detectamos que estas adolescentes esperaban ser "amadas" de un modo muy particular. En efecto, querían importarle a los demás -incluyendo a sus parejas- más que cualquier otra cosa en el mundo. Pero no estaban dispuestas a hacer nada para conseguirlo. Sara (Mesón, 2006), por ejemplo, relata así lo poco que hace para resultarle atractiva a su novio o para que él se sienta a gusto:

"Cada vez salimos menos fuera de casa. Suele venir aquí y acabamos quedándonos toda la tarde, así yo no tengo que arreglarme porque me da pereza. Alicia dice que aunque nos quedemos en casa yo tendría que ponerme mona porque, si no, David va a acabar fijándose en otra. (...) Al principio salíamos con sus amigos, pero poco a poco dejamos de hacerlo porque yo no me divertía. Y si nos quedamos en casa, no voy a estar dos horas arreglándome para estar sentada en el sofá..." (pág. 79, bastardillas agregadas).

Poco después agrega:

"David dice que a los hombres les gustan las chicas vestidas con faldas, con lo cual yo deduzco que debe de estar harto de verme siempre con ropa de deporte y, justo en el momento en que lo está diciendo, decido cambiar, comprarme ropa nueva e intentar vestirme de forma más seductora. Pero según van pasando los días pierdo interés en el asunto y acabo con el chándal o, como mucho, con unos vaqueros" (pág. 81, bastardillas agregadas).

Veamos ahora la síntesis de los relatos de una joven que padece anorexia nerviosa de tipo compulsivo-purgativo:

Luciana, de veintidós años, tiende a tener más atracones y a vomitar más cuando siente que Adrián -su novio- no le presta atención. Considera que, de un tiempo a esta parte, Adrián no la quiere tanto como ella lo quiere a él. Nada la consuela si no la pasa a buscar a la salida de las clases de danza o de canto, si no la llama varias veces por día o si no le deja numerosos mensajes en el Facebook. Como todas las noches Adrián le manda por el chat versos tiernos y llenos de humor, en los que parafrasea sistemáticamente el que comienza diciendo "los zapatitos me aprietan, las medias me dan calor", Luciana siempre tiene algún motivo para reprocharle algo. Cualquier palabra incluida en una de las frases suele servir para desatar una catarata de cuestionamientos. Lo mismo sucede si las rimas no llegan a tiempo. De todos modos, a Luciana -como a Sara- nunca se le ocurre que Adrián pueda necesitar que ella le diga o le demuestre que lo ama o que haga algo por él. Se niega sistemáticamente a acompañarlo a comprar ropa o a escuchar las bandas de rock que lo fascinan. Se pone la ropa que a él le gusta solo cuando sale con sus amigas. Se resiste a acompañarlo a las fiestas familiares. Se ocupa de fastidiar con sus comentarios despectivos a los amigos de Adrián. Se dedica a menospreciar todos sus proyectos. Se enoja si él le pide un favor (como comprarle un libro en una librería que queda a menos de dos cuadras del gimnasio al que Luciana va todas las tardes).

Después de ver que esta modalidad del deseo de "ser-amado" estaba siempre ligada a un ideal definido (la ganancia obtenida mediante la especulación) y a otros deseos derivados de ciertos valores específicos (v. gr., cambiar la forma del cuerpo, modificar el equilibrio del cuerpo y descansar), decidimos incorporarla como una categoría perteneciente a la erogeneidad intrasomática -"ser tenido en cuenta"- en el Método de Estudio de la Intersubjetividad en el Relato (Losinno, 2009, 2010, 2011a, 2011b). Ello nos llevó, con posterioridad, a incluir una categoría equivalente en cada una de las erogeneidades restantes -oral primaria, sádico oral secundaria, sádico anal primaria, sádico anal secundaria, fálico uretral y fálico genital- para abarcar todas las formas que puede adquirir el deseo de "ser-amado" por el objeto. En su momento, descubrimos que cada una de esas formas también estaba invariablemente ligada a un conjunto cerrado de deseos (conjunto cerrado que deriva, en todos los casos, de la red axiológica imperante).

El Método de Estudio de la Intersubjetividad en el Relato (MEIR) fue diseñado para detectar, de modo sistemático, los patrones (o clisés) vinculares. Tanto en el contexto clínico como en el de investigación, siguiendo una serie acotada de pasos, permite localizar y tabular los fragmentos de las narraciones que contienen episodios vinculares. Dichos episodios, para ser utilizable, debe contar con tres componentes: a) el deseo que emerge en el sujeto cuando este interactúa con un objeto (v. gr., ser tenido en cuenta), b) la respuesta -registrada o esperada- del objeto (v. gr., no me tiene en cuenta o no me va a tener en cuenta) y c) el estado final del sujeto (v. gr., siento malestar corporal y desequilibrio de tensiones)4.

La representación gráfica de un episodio vincular es la siguiente:

Las flechas segmentadas indican que el estado final del sujeto puede involucrar al objeto (v. gr., "cuando vio que me la pasaba llorando y mirándome la panza en el espejo me dijo que me tenían que internar de una vez") o dejarlo totalmente de lado (v. gr., "ni se entero que me pasé la tarde llorando y mirándome la panza en el espejo porque nunca más lo vi después de lo que me hizo").

A diferencia de lo que sucede en el Método del Tema Central de Conflicto en la Relación (CCRT)5, de Lester Luborsky y Paul Crits-Christoph (1990), del que se tomó la estructura formal, en el MEIR se considera que los deseos, las respuestas del objeto y los estados finales del sujeto que se detectan en un relato pueden tener tres orígenes distintos: 1) la trasferencia, 2) el vínculo con un mero doble y 3) la compulsión a la repetición de los traumas (Losinno, 2011b)6. Llamamos patrón vincular al peso que posee el número de repeticiones detectadas en el relato de una serie de episodios vinculares.

Para identificar un patrón vincular, una vez que se han localizado los componentes de los episodios vinculares (deseos, respuesta del objeto y estado final del sujeto) que aparecen en una narración, se formulan las categorías hechas a medida. Las categorías hechas a medida forman parte del sistema original de puntuación y exigen efectuar una reducción a un modo de expresión más general que el empleado por el narrador. Si una adolescente anoréxica dice, v. gr., "le pedí llorando que me aclare si solo soy un fato para él, porque parece que me tiene para los ratos libres", se anota "quería saber si yo le importaba". Como regularmente las categorías hechas a medida no permiten comparar un episodio vincular con otro (v. gr., el primero y el último que aparecen en una serie de relatos), se busca la correspondencia -o afinidad- entre las categorías hechas a medida y las categorías de las tres listas del MEIR (lista de deseos, lista de respuestas del objeto y lista de estados finales del sujeto). Así, si anotamos "quería saber si yo le importaba" en las categorías hechas a medida, se consigna "ser tenido en cuenta" como deseo en la esfera de las categorías definitivas. Si la adolescente anoréxica dice que el novio le respondió: "¿Cómo? Estás loca. De dónde sacaste semejante idea. Me preocupa tu pregunta. Te pedí que seas mi asistente en el gimnasio porque quiero estemos siempre juntos. Cuando te bese te vas a dar cuenta de que estás loquita de verdad" (estaban comunicándose por el chat de Facebook), se consigna "le importo" como categoría hecha a medida en la respuesta del objeto, y "me tiene en cuenta", como respuesta del objeto en la esfera de las categorías definitivas. Si la adolescente dice después "me sentí más tranquila y me pareció que ese día no se me notaba tanto la panza", se registra "me sentí tranquila y bien con mi cuerpo" como categoría hecha a medida, y "siento bienestar corporal y equilibrio de tensiones" como estado final del sujeto en la esfera de las categorías definitivas.

Las listas de categorías del MEIR han sido divididas en siete segmentos atendiendo a las siete erogeneidades: 1) intrasomática7, 2) oral primaria, 3) sádico oral secundaria, 4) sádico anal primaria, 5) sádico anal secundaria, 6) fálico uretral y 7) fálico genital (ver lista de deseos en el Anexo A y la lista de estados finales del sujeto en el Anexo B). Por ello, al tabular los componentes de un episodio vincular (deseos, respuesta del objeto y estados finales del sujeto), se puede dilucidar fácilmente de qué erogeneidad o de qué conjunto acotado de erogeneidades deriva cada uno de esos componentes. Por ejemplo: un hombre puede relatar que le pidió a la esposa que le regale un traje muy elegante y un perfume exquisito. Piensa, con ellos, seducir, en una fiesta corporativa, a la secretaria -y sobrina- de su jefe. Supone que así le será más fácil obtener información sobre ciertos "secretos" bochornosos ligados a las prácticas sexuales de este último. Proyecta utilizarla para chantajearlo en un futuro cercano. En el terreno de los deseos entran en juego, al menos, dos erogeneidades (la primera al servicio de la segunda): la fálico genital (un traje muy elegante y un perfume exquisito) y la sádico anal primaria (aprovecharse de la ingenuidad de la secretaria y de las debilidades de su jefe).

Las tres listas (deseos, respuestas del objeto y estados finales del sujeto) contienen categorías principales y una serie de variantes que indican el sentido que posee cada categoría principal. Así el deseo Nº 65: "aprovecharme de otro apelando al engaño, la estafa o la violencia física" (deseo principal en el ejemplo anterior), incluye las siguientes variantes: "aprovecharme del descuido, la ingenuidad, la debilidad o la inmadurez de otro - hacer que otro padezca estados de humillación o vergüenza porque me he aprovechado de su descuido, su ingenuidad, su debilidad o su inmadurez - hacer trampas en las competencias - robar, chantajear, hurtar o contrabandear".

Cada deseo, además de esas variantes, incluye sistemáticamente cuatro opciones (al servicio de hacer exhaustivo el listado). El deseo de "aprovecharme de otro apelando al engaño, la estafa o la violencia física", v. gr., posee las siguientes:

65.1. Que otro logre aprovecharse de los demás apelando al engaño, la estafa o la violencia física; que otro logre: aprovecharse del descuido, la ingenuidad, la debilidad o la inmadurez de los demás - hacer que los demás padezcan estados de humillación o vergüenza porque se ha aprovechado de sus descuidos, su ingenuidad, su debilidad o su inmadurez - hacer trampas en las competencias - robar, chantajear, hurtar o contrabandear.

65.2. Ayudar a otro a aprovecharse de los demás apelando al engaño, la estafa o la violencia física; ayudar a otro a: aprovecharse del descuido, la ingenuidad, la debilidad o la inmadurez de los demás - hacer que los demás padezcan estados de humillación o vergüenza porque se ha aprovechado de sus descuidos, su ingenuidad, su debilidad o su inmadurez - hacer trampas en las competencias - robar, chantajear, hurtar o contrabandear.

65.3. Inducir a otro a aprovecharse de los demás apelando al engaño, la estafa o la violencia física; inducir [o enseñarle con el ejemplo] a otro a: aprovecharse del descuido, la ingenuidad, la debilidad o la inmadurez de los demás - hacer que los demás padezcan estados de humillación o vergüenza porque se ha aprovechado de sus descuidos, su ingenuidad, su debilidad o su inmadurez - hacer trampas en las competencias - robar, chantajear, hurtar o contrabandear.

65.4. Que otro no logre aprovecharse de los demás apelando al engaño, la estafa o la violencia física; que otro no logre: aprovecharse del descuido, la ingenuidad, la debilidad o la inmadurez de los demás - hacer que los demás padezcan estados de humillación o vergüenza porque se ha aprovechado de sus descuidos, su ingenuidad, su debilidad o su inmadurez - hacer trampas en las competencias - robar, chantajear, hurtar o contrabandear.

Las opciones hacen, también, que se puedan detectar las investiduras posicionales. El MEIR está diseñado para detectar sistemáticamente el lugar que se adjudica a cada uno de los participantes del episodio vincular. El narrador puede ocupar el lugar de sujeto, de modelo, de ayudante o de rival. El interlocutor, a su vez, puede ser percibido como: objeto (que cumple o se niega a cumplir los deseos del sujeto), sujeto, modelo, ayudante, rival8, modelo del objeto, ayudante del objeto, modelo del rival o ayudante del rival.

Si bien puede ocurrir que los deseos, las respuestas del objeto y los estados finales del sujeto deriven de una misma erogeneidad, lo más habitual es que el MEIR arroje resultados mixtos o compuestos. Por ejemplo, el deseo y los estados finales pueden derivar de la erogeneidad oral primaria (v. gr., "intervenir sobre el más allá" y "siento malestar con sed y/o perplejidad"), mientras que la respuesta del objeto puede derivar de la erogeneidad sádico anal secundaria (v. gr., "critica [porque considera que no pienso correctamente]"). Ello permite inferir que el narrador ha depositado un fragmento propio en el objeto.

Cabe destacar que, si bien la tabulación completa (que exige la transcripción de los relatos grabados, la identificación de los episodios vinculares, la construcción de las categorías hechas a medida y la tabulación final atendiendo a las categorías del MEIR) resulta imprescindible en el contexto de contrastación empírica de las hipótesis, en el contexto clínico el MEIR permite que un operador entrenado detecte los patrones vinculares -y los interprete correctamente- solo escuchando los relatos y recordando las categorías.

IV. Los distintos significados de la forma perifrástica "ser-amado"

Para permitir la tabulación de las distintas formas que adquiere el deseo de "ser-amado", la lista de deseos del MEIR contiene una categoría específica en cada uno de sus segmentos (erogeneidad intrasomática, oral primaria, sádico oral secundaria, sádico anal primaria, sádico anal secundaria, fálico uretral y fálico genital).

A continuación se presentan las siete categorías (están numeradas atendiendo al lugar que ocupan en la lista de deseos del MEIR). Los ejemplos que las acompañan cumplen la función de mostrar los relatos que llevan a tabularlas (por tratarse de un deseo explícito o inferido).

Deseo Nº 3. Ser tenido en cuenta; ser valorado por otro (sin que me pida absolutamente nada o sin tener que hacer nada para lograrlo) - captar la atención de otro (para ser rescatado de la desvitalización) - despertar el interés de otro (en la tentativa de preservarme de quedar físicamente arruinado) - importarle a otro más que cualquier otra cosa en el mundo (para dar por sentado que hay un lugar acogedor donde vivir).

El siguiente fragmento clínico muestra la forma que adquiere el deseo de "ser-amado" en la erogeneidad intrasomática (donde, como vimos, la ganancia -obtenida mediante la especulación o de placer orgánico- es el ideal que funda la red axiológica vigente).

Sergio, de 49 años, inicia su tratamiento psicoanalítico con muy pocas expectativas. Se presenta diciendo: "vengo porque me manda el cardiólogo". En los últimos meses le han detectado hipertensión arterial (157mmHg - 107mmHg,) e hipercolesterolemia (280 mg/dl). Ocupa prácticamente todo su tiempo haciendo cálculos económicos, buscando precios bajos -aunque deba hacer largos viajes para conseguir objetos de segunda selección- o pensando cómo pagar menos impuestos. Si habla del auto que acaba de comprar, inmediatamente explica que hizo un buen negocio (porque logró financiarlo con interés constante y, con el tiempo, la inflación va a hacer que las cuotas se terminen depreciando). Si relata que su hijo ha comenzado a trabajar en una empresa que se dedica al alquiler de cuatriciclos, pasa a hacer cuentas para determinar cuánto dinero ganan allí (multiplicando el importe de la hora de alquiler por la cantidad de horas de una jornada por la cantidad de cuatriciclos que poseen). Si menciona la obesidad de su hija, suele recordar, en seguida, que ella, "antes de darle tanto a los postres", estaba en condiciones de ganar mucho dinero como modelo. Se queja, también, de haber criado "chancho a bombón". Al ver -cuando la emplea por primera vez- que no comprendemos el significado de esa construcción, aclara: "Crié a mis hijos con todas las comodidades y ahora no quieren hacer ningún esfuerzo, es como acostumbrar a los chanchos a comer bombones". Cree que en su casa no lo valoran y tiende a enojarse cada vez que se refiere ese aspecto de su vida. Está convencido de merecer más atención de su mujer y de sus hijos. Considera que, si les da un techo y nunca les falta un plato de comida caliente, deberían estar más atentos a lo que él les pide. Sergio nunca le presta el auto a su hijo (posee tres). Tampoco le proporciona el dinero que necesita para salir. No quiere pagar un tratamiento psicológico para su hija ni se resigna a gastar lo que haría falta para llevar a su esposa a comer en un restaurante o a ver un espectáculo. Cuando se le señala lo importante que es para él ser tenido en cuenta por quienes lo rodean, Sergio puede comenzar a asociar sobre su infancia y lo duros que han sido sus propios padres con él. Entre lágrimas logra conectarse con el dolor que le produce sentir que nunca le ha importado de verdad a nadie.

Como Hans Liederlich, Sergio "quiere para sí las más hermosas flores, y (...) cree no haber honor ni gloria de que no sea digno, sin haber hecho cosa alguna para merecerlo" (Goethe, 1808, pág. 93, bastardillas agregadas)

Deseo Nº 18. Ser consagrado por mi genialidad; que un pequeño cenáculo o un grupo místico considere que soy un genio porque: he accedido a la revelación - he descubierto la clave o la fórmula que da coherencia al aparente caos del cosmos o de la mente - soy capaz de alterar la realidad material o la mente de otro (apelando tanto a la concentración mental como al movimiento de los dedos, los ojos o la lengua o a aparatos de influir) - capto otras realidades o un mundo sobrenatural.

Para mostrar la forma que adopta el deseo de "ser-amado" en la erogeneidad oral primaria ("ser consagrado por mi genialidad"), resumimos ahora lo narrado por Emanuel en el comienzo de su tratamiento psicoanalítico. Veremos que los relatos de este paciente permiten inferir que el ideal que se halla en la base de su red axiológica es la verdad (a la que se accede por la vía de la iluminación).

Emanuel, psiquiatra, de 48 años, inicia el análisis después de haber sufrido la intromisión de un hacker en su correo electrónico. En la primera entrevista refiere lo siguiente: una tarde, cuando se disponía a abandonar su consultorio, después de despedir al último paciente, todo a su alrededor se tornó brillante. Destaca, también, que en aquella oportunidad -al sentir por primera vez el amor de Dios y una conexión sin límites con el resto del cosmos- descubrió la forma de explicar muchos de los grandes enigmas del universo. Como él es psiquiatra, agrega, sabe perfectamente que lo sucedido nada tiene que ver con la presencia de alucinaciones o ideas delirantes. Desde entonces lee infatigablemente sobre Buda, Cristo, Sai Baba u otros "avatares". Obedeciendo el "plan de los maestros del universo", explica, venimos a este mundo a perfeccionarnos, reencarnando una y otra vez hasta asimilar todo lo necesario. Pero él está seguro de ser un "alma vieja a la que ya no le queda nada por aprender". Pone el acento en que sabe que solo le resta vivir muy pocos años en este mundo (porque después de morir estará para siempre junto a las "entidades superiores"), y que los dedicará a enseñarle a los demás una parte de sus conocimientos (el resto, se excusa, es intrasmisible). Entre otras cosas, afirma, se puede conocer fehacientemente el nombre del ángel de la guarda destinado a protegernos apelando únicamente a la concentración mental. En estos últimos meses ha armado un grupo dedicado al estudio de la reencarnación, los designios de los extraterrestres, los múltiples niveles de la conciencia y las experiencias místicas. Al principio les propone a sus "discípulos" llamarlo Villa Urquiza (porque allí está la casa donde se reúnen). Pocos días después les manda un e-mail a todos sugiriéndoles una nueva denominación para el incipiente cenáculo: Emanuel9. ¿Por qué utilizar el nombre del barrio -les preguntasi el suyo hablaba expresamente de la presencia de Dios? Entre otras cosas, así logra que solo se queden a su alrededor aquellos que confían en que él es, efectivamente, un genio que ha accedido a la revelación. Hoy en día nadie parece discutirle en el grupo su capacidad para entrar en contacto con varias "entidades inmateriales" compasivas. "No soy como los demás", asegura Emanuel con aire de superioridad, "ellos lo saben bien, por eso me siguen".

En este fragmento clínico detectamos fácilmente el deseo de ser consagrado por ser un genio (que ha accedido a la revelación). El equilibrio narcisista de Emanuel se ve perturbado cuando alguien -supuestamente "un ex discípulo desagradecido" experto en informática- comienza a inspeccionar y manipular su correo electrónico. La escala de valores del paciente hace que le resulte particularmente intolerable el hecho de percibirse como objeto de observación (a merced de la mente de otro).

Deseo Nº 34. Ser querido; que me quieran porque: he sido o soy generoso (y no egoísta) - he sido o soy útil (y no una carga para los que me rodean) - me he sacrificado o me sacrifico por mis semejantes (buscando expiar mis pecados).

El deseo de "ser-amado" también adopta, en la erogeneidad sádico oral secundaria, una forma peculiar. Atendiendo a esa forma, en el MEIR incluimos, entre los deseos, la categoría: "ser querido". Lo narrado por Ximena servirá para mostrar en qué casos optamos por tabular este deseo.

Ximena, de poco más de treinta años, separada, se ha propuesto hacer carrera en el poder judicial. Cree firmemente que allí podrá "trabajar por el bien de los demás". Hace muy poco fue ascendida a secretaria. Inicia el tratamiento psicoanalítico debido al dolor que le provocan las ácidas críticas que dirige hacia ella el juez que está a cargo del tribunal en el que trabaja y los reproches de su nueva pareja. Ximena describe a sus padres como rígidos, muy religiosos y poco afectivos. Relata que cursó sus estudios secundarios en un colegio de monjas, donde le enseñaron -desde el primer día- a "amar desinteresadamente a los otros". Cree que el juez no la quiere porque ella se interesa "de verdad por la gente". Trata de convencerlo de que es mejor sacrificarse un poco para que los demás sufran menos; "si todos nos ocupamos solo de sacar expedientes", dice que le replica cada vez que puede, "cómo van a hacer los que no tienen ni el dinero que hace falta para venir en colectivo". Ximena extiende las audiencias hasta el infinito y les da a los miembros de ambas partes -demandados y demandantes- el número de su teléfono celular para que la consulten cuando lo necesiten. Experimenta pena cada vez que recuerda sus diferencias con el magistrado a cargo del juzgado. Supone que el juez quiere que ella actúe con el mismo egoísmo con el que actúa él. Con su nueva pareja, las cosas se han tornado muy difíciles en los últimos meses. Discuten con asiduidad porque Ximena ayuda económicamente a su ex esposo (está muy orgullosa de poder darle dinero para que repare la casa en la que vive o para cubrir parte de los gastos que le acarrean sus frecuentes viajes a la costa). De la misma manera, la paciente altera el orden prestablecido de los fines de semana en que le toca estar con sus hijos cada vez que el padre de estos se lo pide (teme que, si se niega, la consideren "una madre poco abnegada").

Obviamente, la estrategia de Ximena está dando resultados negativos. De nada sirve que, respetando fielmente su tabla de valores (en la que el sacrificio se ubica en uno de los primeros lugares), le entregue a otros posesiones materiales o subjetivas en nombre del amor. Sobre todo, porque esos otros parecen estar poco dispuestos a "quererla" porque ella es útil (y no una carga para los demás) o generosa (y no egoísta).

Deseo Nº 63. Ser aclamado por mis acciones heroicas o por mis iniquidades; que me aclamen por: poner en riesgo la vida para defender a mi patria, a los que están conmigo o a mi familia - defenderme de una agresión (física o verbal) que posee la finalidad de humillarme, avasallarme o aniquilarme - denunciar la supuesta corrupción de alguien poderoso - desafiar las convenciones morales o sexuales - hacer pactos por fuera de la ley - burlarme o humillar a otro - triunfar (habiendo hecho trampas).

Como no contamos con un ejemplo clínico adecuado para ejemplificar el modo en que se expresa en los relatos el deseo de ser aclamado por haber realizado acciones heroicas o por haber perpetrado iniquidades, vamos a reproducir aquí el primer diálogo que se entabla entre Chris y Luis Emilio Delgado en el film "El regreso de los siete magníficos" (Richmond & Kennedy, 1966).

Chris -un pistolero tan valiente y solitario como la mayoría de los paladines de las películas de acción- quiere liberar de sus tribulaciones a medio centenar de campesinos mexicanos. Estos han sido avasallados por Francisco Lorca, un hacendado cruel y vengativo que desea reconstruir -con mano de obra esclava- el pueblo en el que están enterrados sus dos hijos. Para aumentar el número de hombres dispuestos a acompañarlo en su gesta heroica, Chris decide "comprarle" algunos presidiarios a un carcelero corrupto. En el penal se encuentra con Frank, un viejo amigo que mató a cuatro bravucones en un tiroteo, y con Luis Emilio Delgado, un sentenciado a muerte que pasa su última noche en los brazos de una mujer. El diálogo que hemos elegido es el siguiente:

- Chris: ¿Es usted Luis Delgado?
- L.E.D.: ¿Me conoce?
- Chris: De oídas.
- L.E.D.: No te decía yo que era famoso? (a la mujer que lo acompaña).
- L.E.D.: Ud. no sabe el bien que me hace, amigo mío.
- Chris: Si, lo supongo.
- L.E.D.: Que conozca usted mi nombre, quién soy yo. Durante años me estuve diciendo: ¡Luis un día ha de venir en el que dejarás de ser el eterno don nadie! ¡Un día en el que el país entero sabrá quién eres! ¡En el que no haya un asalto a un tren o a un pueblo sin que publiquen en letras de molde, que el autor ha sido el bandido Luis Emilio Delgado! Y cuando estaba a punto de hacerme célebre pasó lo que pasó. ¿Sabe lo que pensará la gente de mí cuando se diga que me fusilaron por matar a un hombre, a un asqueroso hombrecillo? ¡Yo que maté a diez en un solo día, más! ¡Confiese usted, señor, que no hay justicia!

Sin duda alguna, para elevar el nivel de su maltrecha autoestima (dejar de "ser el eterno don nadie"), Luis Emilio Delgado -adhiriendo a los valores derivados de la erogeneidad sádico anal primaria- necesita que los demás ("el país entero") lo aclamen por su tendencia a perpetrar iniquidades.

Deseo Nº 76. Ser reconocido por mis valores morales o intelectuales; ser reconocido por: actuar siempre de acuerdo con las pautas morales - sostener los más altos ideales morales - la superioridad de mi intelecto (para aprehender la realidad concreta) - mis logros científicos (en el campo de las ciencias sociales o físico-naturales).

Incluiremos en esta oportunidad, un breve resumen de lo narrado por un paciente en su primera entrevista. En este resumen podremos observar la forma que adquiere el deseo de "ser-amado" en la erogeneidad sádico anal secundaria. Veremos que en el relato se detecta claramente el dolor que produce la supuesta pérdida del reconocimiento de los otros.

Ricardo, de 48 años, se juzga con severidad. No sabe "con qué cara salir a la calle" desde el día en que le informaron que la novia de su hijo mayor está embarazada. Es católico practicante y director de un colegio parroquial. Acostumbrado a criticar con vehemencia las relaciones prematrimoniales y el uso de preservativos, piensa que ahora, "con semejante noticia" (el embarazo de la novia del hijo) su prédica va a quedar completamente desacreditada. Con expresión severa en el rostro, Ricardo dice: "todos me consultaban cuando tenían un problema y hacían lo que yo les recomendaba hacer, siempre me sentí honrado por eso". También sostiene que "ni en sueños" hace lo que no es correcto. Afirma que no odia o le desea el mal a nadie. Cuando le proponemos convenir una fecha para la próxima entrevista, nos pregunta si creemos que será capaz de recuperar algún día "el respeto" de sus alumnos.

Ricardo parece estar más preocupado por las supuestas sentencias críticas de los otros (depositarios -por la vía de la proyección- de los juicios de un sector de su propio superyó) que por el bienestar del hijo. Toda su energía psíquica parece estar volcada a la tarea de elevar su sentimiento de sí a la altura que había alcanzado previamente (lo que implica, por la tabla de valores en juego, sentir que posee autoridad en el terreno moral).

Deseo Nº 96. Ser considerado el mejor; ser considerado: primus inter pares - el número uno en una competencia (en la que hay jueces, testigos y respeto por las reglas), una exhibición o entre quienes pugnan por consumar un deseo ambicioso - el que tiene derecho a alardear después de haber triunfado (respetando las reglas) - el que merece despertar la admiración de los observadores y de mis rivales derrotados.

El relato que exponemos a continuación sirve para ilustrar la forma que adquiere el deseo de "ser-amado" en la erogeneidad fálico uretral ("ser considerado el mejor"). En esta erogeneidad, la dignidad y la valentía son los ideales primordiales.

El paciente al que llamaremos Rubén, de cuarenta y tres años, dice al comienzo de su primera entrevista: "todos mis amigos están federados, yo no hago nada". Inmediatamente aclara que su vecino juega al bowling varias veces por semana y está ligado a una federación que representa a ese deporte. Otro amigo conquista mujeres sin parar. Un tercero juega muy bien al ajedrez y concurre a una asociación en la que arman campeonatos todos los meses. Él, en cambio, nunca encuentra tiempo oportuno para dedicarse -aunque cuenta con los recursos económicos necesarios- a lo que le gustaría hacer desde chico: comprar autos antiguos y restaurarlos. Con posterioridad menciona a Walt Disney, señalando que, si es verdad que está congelado, no puede envejecer ni morir. Rubén explica que se pasa las tardes en el Club Los Onas, hablando con varios jubilados de política, de historia o de filosofía. Agrega que también acostumbra a jugar al chinchón (haciendo alarde de su habilidad para ganar un partido tras otro). "Todos me admiran", exclama sonriente, "y proponen entregarme medallas por mi seguidilla de partidos ganados sin la necesidad de engancharme ni una sola vez".

Si bien algunos logros -como la seguidilla de partidos ganados sin la necesidad de engancharse- elevan la autoestima de Rubén, el no animarse a concretar otros proyectos tiende a rebajarla. Por momentos cree que sería mejor ir menos al club y buscar por fin uno de los automóviles con los que sueña pasear por su barrio (un Borgward Isabella, un Rocha Vintage Maserati, un Pontiac, un Cadillac o un Buick). Pero se frena porque lo considera demasiado arriesgado. Además, teme perder el lugar que se ha ganado entre "los muchachos" de los Onas.

Deseo Nº 115. Ser famoso por mis encantos; brillar por mis encantos (en los ambientes que frecuento) - ser el centro de la atención de todos por mi belleza y mi armonía estética - ser renombrado por poseer encantos poco comunes - que los otros queden fascinados por mis destrezas.

El fragmento clínico que se expone a continuación muestra la forma que adquiere el deseo de "ser-amado" en la erogeneidad fálico genital (donde el ideal es la armonía estética).

Norma es profesora de música en varios colegios secundarios del Conurbano Bonaerense. Consulta cuando está por cumplir 49 años. Sus principales preocupaciones están ligadas a sus arrugas y al modo en que la ven los hombres. Aunque los alumnos de los colegios en los que trabaja pertenecen a familias con escasos recursos económicos, Norma siempre va a dar las clases con ropa vistosa, relojes llamativos y bijouterie diseñada exclusivamente para ella. En la segunda entrevista dice sonriente: "los chicos se ofrecen a acompañarme hasta el auto porque creen que con la ropa que llevo me pueden asaltar los que andan dando vueltas por ahí". También relata en una sesión que una alumna le preguntó a los gritos desde el fondo del aula: "profe, de dónde saca esos relojes tan lindos". Si bien es difícil saberlo con exactitud, es probable que nunca haya concurrido dos veces con la misma indumentaria a sus sesiones.

La escala de valores a la que adhiere Norma la lleva a considerar, de manera sistemática, que lo fundamental es ser el centro del interés de todos por el impacto estético que causa.

V. Conclusiones

Nuestro trabajo con adolescentes que padecían anorexia nerviosa o bulimia nos llevó a prestar especial atención al modo en que esperaban ser amadas por sus objetos. A partir de allí, comenzamos a observar qué significaba "ser-amado" para un grupo más amplio de pacientes. Pudimos, entonces, crear las categorías necesarias para reconocer las distintas formas que adquiere ese deseo. Ahora estamos en condiciones de comprender, entre otras cosas, cómo se articula cada modalidad del deseo de "seramado" con la red axiológica que la sustenta. Este avance nos ha permitido detectar la causa de muchos fracasos clínicos.

En el caso puntual de las mujeres que padecen anorexia nerviosa o bulimia advertimos que, más de una vez, los tratamientos tienden a estancarse o a interrumpirse cuando las conductas o los estados anímicos de los terapeutas hacen que las pacientes no se sientan tenidas en cuenta (de nada valen las interpretaciones ingeniosas si los analistas se muestran: irónicos, distraídos, aburridos o somnolientos).

Anexo A. Categorías del MEIR

A. Deseos

I. Erotismo intrasomático

  1. Obtener una ganancia económica.
  2. Obtener una ganancia de goce [orgánico].
  3. Ser tenido en cuenta.
  4. Descansar.
  5. Curarme.
  6. Modificar el equilibrio de mi cuerpo.
  7. Cambiar la forma de mi cuerpo.
  8. Gastar dinero.
  9. Agotarme.
  10. Ser el depositario de las descargas de otro.
  11. Formar parte de un grupo orientado a (agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo intrasomático.)
  12. Liderar un grupo orientado a (agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo intrasomático.)
  13. Realizar obras con valor cultural o social en las que se tomen en cuenta uno o más de los ítems correspondientes al erotismo intrasomático.

II. Erotismo oral primario

  1. Succionar.
  2. Acceder a una verdad abstracta.
  3. Observar sin participar.
  4. No dar información genuina.
  5. Ser consagrado por mi genialidad.
  6. Tener relaciones sexuales con el objetivo de develar un enigma.
  7. Intervenir sobre el más allá.
  8. Comprobar si lo que percibo existe en la realidad material.
  9. Contrarrestar [con recursos cognitivos] el ataque de entidades anónimas o distantes.
  10. Modificar la realidad apelando a la concentración mental, al movimiento de ciertas partes de mi cuerpo o a objetos estrambóticos.
  11. Ser entendido.
  12. Entender a otro.
  13. Desconectarme.
  14. Poseer [en la fantasía] la apariencia de un personaje idealizado.
  15. Ser un miembro más de un grupo con objetivos espirituales o cognitivos (o Formar parte de un grupo orientado a: agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo oral primario.)
  16. Liderar espiritual o cognitivamente un grupo (o Liderar un grupo orientado a: agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo oral primario.)
  17. Realizar obras con valor cultural o social en las que se tomen en cuenta uno o más de los ítems correspondientes al erotismo oral primario.

III. Erotismo sádico oral secundario

  1. Morder.
  2. Ser perdonado [porque lo merezco].
  3. Perdonar.
  4. Ser querido.
  5. No ser una carga para otro.
  6. Tener relaciones sexuales con el objetivo de realizar un sacrificio en nombre del amor.
  7. Sacrificarme por otro en nombre del amor.
  8. Que otro haga [por amor] aquello que me hace feliz.
  9. Ser comprendido.
  10. Comprender a otro.
  11. Expresar adecuadamente mis sentimientos.
  12. Que [por amor] otro sienta lo mismo que yo.
  13. Estar alegre.
  14. Recuperar un pasado paradisíaco.
  15. Ser acogido familiarmente.
  16. Acoger familiarmente a otro.
  17. Hacer que otro se sienta culpable.
  18. Hacer que otro se sienta inútil.
  19. Formar parte de un grupo de personas que anhelan (agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo sádico oral secundario.)
  20. Liderar un grupo de personas que anhelan (agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo sádico oral secundario.)
  21. Realizar obras con valor cultural o social en las que se tomen en cuenta uno o más de los ítems correspondientes al erotismo sádico oral secundario.

IV. Erotismo sádico anal primario

  1. Aniquilar.
  2. Perder.
  3. Defecar.
  4. No desechar.
  5. Hacer justicia por mano propia.
  6. Adquirir las habilidades y los recursos necesarios para hacer justicia por mano propia.
  7. Humillar y avergonzar.
  8. Neutralizar un ataque que se efectúa con el objetivo de ejercer la venganza o imponer arbitrariamente el poder.
  9. No recibir un trato agraviante e injusto.
  10. Desarrollar la musculatura de mis extremidades.
  11. Tener relaciones sexuales con el objetivo de ejercer la venganza.
  12. Ser aclamado por mis acciones heroicas o por mis iniquidades.
  13. Aprovecharme de otro apelando al engaño, la estafa o la violencia física.
  14. Corromper a otro.
  15. Acusar de corrupto a otro.
  16. Desafiar caprichosamente las convenciones morales o sexuales.
  17. Vivir en libertad [repudiando las normas impuestas por la cultura].
  18. Formar parte de un grupo de personas que pretenden (agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo sádico anal primario.)
  19. Liderar un grupo de personas que pretenden (agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo sádico anal primario.)
  20. Realizar obras con valor cultural o social en las que se tomen en cuenta uno o más de los ítems correspondientes al erotismo sádico anal primario.

V. Erotismo sádico anal secundario

  1. Retener.
  2. Ser limpio y ordenado.
  3. Ser moralmente correcto.
  4. Pensar correctamente.
  5. Ser reconocido por mis valores morales o intelectuales.
  6. Ahorrar.
  7. Realizar un ritual eficaz.
  8. Dominar la realidad concreta.
  9. Controlarme.
  10. Controlar a otro.
  11. Ser controlado por otro.
  12. Criticar.
  13. Tener relaciones sexuales con el objetivo de cumplir con mi deber.
  14. Ascender en una escala jerárquica.
  15. Degradar a otro en una escala jerárquica.
  16. Oponerme a otro.
  17. Pertenecer a un grupo con una fuerte organización jerárquica (u otro de los ítems correspondientes al erotismo sádico anal secundario.)
  18. Liderar un grupo con una fuerte organización jerárquica (u otro de los ítems correspondientes al erotismo sádico anal secundario.)
  19. Realizar obras con valor cultural o social en las que se tomen en cuenta uno o más de los ítems correspondientes al erotismo sádico anal secundario.

VI. Erotismo fálico uretral

  1. Orinar.
  2. No orinar.
  3. Penetrar.
  4. Enfrentar con dignidad el peligro.
  5. Consumar una ambición.
  6. Ser considerado el mejor.
  7. Encarar empresas arriesgadas.
  8. Poseer objetos que incrementan la potencia al avanzar.
  9. Localizarme espacial o temporalmente.
  10. Tener relaciones sexuales con el objetivo de consumar una ambición.
  11. Establecer relaciones fugaces.
  12. Realizar alardes competitivos.
  13. Estar tranquilo.
  14. Mantener una rutina placentera.
  15. Leer libros o ver filmes que hacen referencia a personajes que encaran empresas arriesgadas.
  16. Tener acompañantes que mitiguen mi angustia.
  17. Ocupar el lugar de acompañante para mitigar mi angustia.
  18. Recibir consejos.
  19. Dar consejos.
  20. Formar parte de un grupo de personas que se proponen (agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo fálico uretral.)
  21. Liderar un grupo de personas que se proponen (agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo fálico uretral.)
  22. Realizar obras con valor cultural o social en las que se tomen en cuenta uno o más de los ítems correspondientes al erotismo fálico uretral.

VII. Erotismo fálico genital

  1. Poseer belleza y armonía estética.
  2. Disfrutar de una relación sexual romántica.
  3. Ser famoso por mis encantos.
  4. Disfrutar en reuniones o en relaciones de a dos.
  5. Recibir un regalo.
  6. Hacer un regalo.
  7. Ser modelado.
  8. Modelar a otro.
  9. Tener éxito al buscar la admiración o el reconocimiento de otra persona.
  10. Asemejarme a un objeto idealizado.
  11. Disfrutar mostrando mi disarmonía estética.
  12. Formar parte de un grupo de personas abocadas a (agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo fálico genital.)
  13. Liderar un grupo de personas abocadas a (agregar uno de los ítems correspondientes al erotismo fálico genital.)
  14. Realizar obras con valor cultural o social en las que se tomen en cuenta uno o más de los ítems correspondientes al erotismo fálico genital.

Anexo B. Categorías del MEIR

C. Estados finales del sujeto

I. Erotismo intrasomático

  1. Siento bienestar corporal y equilibrio de tensiones.
  2. Siento malestar corporal y desequilibrio de tensiones.

II. Erotismo oral primario

  1. Siento bienestar con saciedad y/o exaltación espiritual.
  2. Siento malestar con sed y/o perplejidad.

III. Erotismo sádico oral secundario

  1. Siento bienestar con alegría y/o satisfacción amorosa.
  2. Siento malestar con desesperación e insatisfacción amorosa.

IV. Erotismo sádico anal primario

  1. Siento bienestar con júbilo justiciero y/o actitud injuriosa.
  2. Siento malestar con humillación y resentimiento.

V. Erotismo sádico anal secundario

  1. Siento bienestar con paz moral y/o orgullo intelectual.
  2. Siento malestar con tormento moral y/o incertidumbre intelectual.

VI. Erotismo fálico uretral

  1. Siento bienestar con tranquilidad y/o regocijo.
  2. Siento malestar con intranquilidad y/o desorientación.

VII. Erotismo fálico genital

  1. Siento bienestar con deleite y/o satisfacción estética.
  2. Siento malestar con disgusto y/o pérdida de mis atractivos.

Notas

1 Los que, dentro de esta doctrina adhieren a los postulados más intemperantes de la fe cristiana juzgan que los valores por los que todos debemos regirnos son los que derivan de "la palabra de Dios" o de lo que exige "la voluntad divina" (Cencillo, 1974). Desde esta óptica, la masturbación, la contracepción y las relaciones prematrimoniales son prácticas abominables e impías porque están reñidas con el "Plan del Señor".

2 Como señala Frondizi (1958), la disciplina que estudia los valores -la axiología- supone que estos poseen polaridad (a la valentía, p. ej., se le opone la cobardía o a la belleza, la fealdad) y jerarquía (están ordenados en una tabla de valores que, para los subjetivistas, dependerá siempre de las inclinaciones de quien la construya).

3 El proceso que forja el nivel de las exigencias del ideal de yo puede dar lugar a diversos resultados. En su estudio sobre Thomas Woodrow Wilson, Freud (1937) señala que, en un extremo, se encuentran los sujetos que no han exaltado a sus ideales por encima de las limitaciones de la naturaleza humana. Esta contingencia, dice Freud, "tiene la desventaja de que permite el desarrollo de un ser humano muy vulgar" (pág. 62). El otro extremo comprende a los sujetos en los que se ha erigido un "Superyó cuyos ideales son tan grandiosos que exigen al Yo lo imposible. Un Superyó de esta especie produce algunos grandes hombres y muchos psicóticos y neuróticos" (pág. 62).

4 El MEIR permite analizar los episodios vinculares desde dos perspectivas distintas: la del sujeto que narra un episodio (v. gr., un paciente en su tratamiento psicoanalítico o alguien que se ha ofrecido como voluntario para una investigación) o la del observador de una escena (v. gr., la que un paciente despliega en determinado momento de su tratamiento, la que se desarrolla en una sesión de terapia familiar o la reseñada en una obra literaria).

5 En el CCRT se supone que todos los deseos, todas las reacciones del objeto y todas las reacciones de sujeto localizables en una narración permiten la evaluación empírica de la transferencia.

6 En Moisés y la Religión Monoteísta (Freud, 1939a) señala: "Los efectos del trauma son de índole doble, positivos y negativos. Los primeros son unos empeños por devolver al trauma su vigencia, vale decir, recordar la vivencia olvidada o, todavía mejor, hacerla real-objetiva {real}, vivenciar de nuevo una repetición de ella: toda vez que se tratara solo de un vínculo afectivo temprano, hacerlo revivir dentro de un vínculo análogo con otra persona" (pág. 72, bastardillas agregadas).

7 Como señala Maldavsky (1999, 2004, 2007), la erogeneidad intrasomática es la primera en constituirse -en el curso del nacimiento o inmediatamente después del mismo- y se caracteriza por la investidura de los órganos internos.

8 O doble hostil, antes de la instauración del complejo del semejante en la etapa sádico anal secundaria.

9 Si bien los nombres y los detalles que podrían servir para identificar a las personas han sido modificados en todo el texto, en este caso elegimos "Emanuel" porque permite conservar -hasta cierto punto- el sentido de esta parte del relato.

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Fecha de recepción: 12/10/11
Fecha de aceptación: 28/11/11