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Revista latinoamericana de filosofía

On-line version ISSN 1852-7353

Rev. latinoam. filos. vol.37 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires May 2011

 

COMENTARIOS BIBLIOGRÁFICOS

Martín Zubiria; Nietzsche. Mundo amado, amada eternidad. Comentario a los cantos y discursos del Zaratustra; Buenos Aires; Ediciones del Signo; 2009; 216 pp.

 

Virginia Cano
Universidad de Buenos Aires
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

 

¿Cómo leer el Zaratustra de Nietzsche? Éste parece ser el interrogante que atraviesa los más de ochenta apartados en los que Zubiria comenta, uno a uno, los discursos y cantos del clásico texto nietzscheano. Así, el autor nos ofrece un abanico de textos que prologan las distintas piezas de Así habló Zaratustra, a la vez que bosquejan una lectura unificada de la novela que tiene a Zaratustra por protagonista. Los comentarios entretejen reflexiones generales sobre la filosofía nietzscheana (como aquella que señala en el antagonismo con el crucificado como una de las cuestiones centrarles del pensamiento de Nietzsche. "El canto de danza"), precisiones sobre algunas traducciones claves (como la que Zubiria entablase con el canónico traductor del texto en cuestión, A. S. Pascual, en "De las mil metas y de la meta única"), así como distinciones entre lo contenido en las Escrituras Sagradas y las atribuciones nietzscheanas (a propósito de las cuales se señala con especial hincapié el desatino del filósofo en identificar el motor de la muerte de Jesús con la compasión, y no con un acto de obediencia como lo revela la "filosofía de la Edad Media". "De los compasivos"). A estos polifónicos comentarios se suman una "Introducción" y un "Colofón" a cargo del autor, así como un "Anejo" de H. Boeder, "La unidad y la barrera del pensamiento nietzscheano" que oficia, en gran medida, de encuadre teórico para la multiplicidad de entradas que nos proporciona Zubiria.
Comencemos entonces por el final, donde Boeder sienta las coordenadas generales que permiten aunar la pluralidad de comentarios
y registros, que ofician de velos a la lectura de Así habló Zaratustra. Allí, en el "Anejo" que prologa retrospectivamente los prefacios de Zubiria, se destacan dos intenciones hermenéuticas que signan las lecturas de los cantos y discursos zaratustreanos. En primer lugar, se mienta el objetivo global de esclarecer la "tectónica" del pensamiento nietzscheano en términos de una "impronta mundanal" que orienta su "explicación-de-sentido" hacia "el otro ser del hombre", el que se halla en el "tiempo venidero". Muchos de los desarrollos de conceptos filosóficos que Zubiria explicita en el Zaratustra, especialmente aquel que refiere a la auto-superación de sí y el superhombre, se explicitan en términos de una razón apocalíptica que se proyecta a un futuro por venir. En segundo lugar, Boeder señala que "si lo sabido del mensaje neotestamentario posee un presente propio y no el de una actualización, entonces la tarea de un pensar 'logo-tectónico" es, por de pronto, ésta: remover la desfiguración necesaria del mismo en el pensar de los efímeros" (p. 207). Zubiria se ocupa de deslindar las desfiguraciones que Nietzsche operase, en tanto representante de la Modernidad en sentido singular [Moderne], en la Sabiduría del Nuevo Testamento. Muchas reflexiones se aplican a distinguir el "Saber-Cristiano" de lo declarado por Nietzsche, la forma específica que la teología luterana imprimiese en la filosofía zaratustreana ("Del amor al prójimo"), y las importantes diferencias de éste respecto al budismo ("De los predicadores de la muerte"). Incluso el señalamiento de cercanías y distancias de las prédicas del zoroastro con la sabiduría neotestamentaria ("En las islas afortunadas"), parece apuntar a remover esa "violencia desfiguradora" contra la que advirtiese Boeder.
De este modo, Zubiria desarrolla una minuciosa y erudita explicitación del pensamiento nietzscheano en el marco más amplio de la Modernidad, entendida en sentido singular, en términos de la especificación del pensar apocalíptico como "destinado a preparar el advenimiento del ´superhombre', del cual Zarastustra es el pregonero" ("Introducción", p. 18). Así, "fijando la atención no sólo en aquellos aspectos que uno podría considerar 'filosóficos', sino ante todo en la relación excluyente en que se sitúan frente a la palabra de la Revelación Cristiana" (pp. 15-16), Zubiria entreteje los vectores de un pensamiento apocalíptico que sitúa a Nietzsche junto a Marx y Heidegger (en tanto todos limitan el presente finito a partir de "lo que no
debe ser" -el pasado- y de "lo que debe ser" -el futuro), a la vez que traduce dicha lógica apocalíptica a la proyección de un sí mismo que debe superar el presente (los valores y hombres habidos históricamente hasta hoy) en pos de lo por venir, i.e., el superhombre. El "aguardar esperanzado" propio de la razón apocalíptica se encarna en la mundanal prédica zaratustreana que pregona el superhombre. Éste último, en tanto "hombre nuevo", mienta el "[…]'más allá' del hombre habido hasta ahora, [y] lo 'supera'" (p. 23). La primacía del tiempo futuro que desplaza todo crear definitivo, encuentra su reverso en la historicidad del hombre que "ha sabido diferenciarse respecto de sí". El hombre debe autosuperarse por el camino de una continua diferenciación de sí, tendiendo un puente con lo que por venir.
En este punto, cabe señalar un objetivo adicional que subyace a los comentarios del Zaratustra y que el propio Zubiria explicita en su "Introducción": el intento de desarrollar la tectónica del pensamiento nietzscheano en términos de una comprensión global, que sitúa al pensador en lo que Boeder denominase "Modernidad" y que se caracteriza por su razón apocalíptica, busca, a su vez, apartarse de la interpretación heideggeriana de Nietzsche así como de la lectura que la posmodernidad hiciese del filósofo. Zubiria se ubica a sí mismo en coordenadas dispares respecto de aquella heideggeriana inscripción de la filosofía nietzscheana en la historia del ser, así como de aquellas posmodernas en las que, a su juicio, "aquel aguardar anhelante y esperanzador" propio de la razón apocalíptica moderna, y especificado en la afirmación del superhombre, se ha apagado ("De la virtud dadivosa"). Si bien es claro el modo en que la razón apocalíptica re-escribe el pensamiento nietzscheano en la modernidad (acercándolo a la filosofía de Heidegger a partir de la primacía del tiempo futuro, a la vez que lo aleja de la clave ontoteológica), la inscripción del credo mundanal de Zaratustra en el horizonte de lo por venir, de un "aguardar anhelante y esperanzador" que anuncia el advenimiento del superhombre como motor de la historia y la historicidad del hombre, no parece estar tan distante de la posmodernidad de la que Zubiria sostiene distanciarse. Si el superhombre es el lugar donde "late el advenimiento no ya de un dios, sino de un hombre proyectado por un hombre", de "un hombre nuevo", y nuevo puede entenderse "en el sentido de lo que introduce una diferencia fundamental respecto de la totalidad de lo ya hecho" (p. 45); esta esperanzadora apertura hacia el futuro parece acercarse, y no tanto apartarse, de la interpretación derrideana del Übermensch. Según ésta, el futuro que es este hombre por venir, el über-mensch, es también la causa y origen del hombre, i.e., del hombre habido hasta ahora y respecto del cual ha de ser pensado "lo nuevo" como diferencia. Si Foucault es el nombre propio que aparece bajo la rotulación "posmodernidad", estimamos que el argelino podría caer en esta misma clasificación, en especial si atendemos a la común raigambre postestructuralista, o incluso a la ausencia, que estimamos deliberada y justificada en el intento de apartarse de la posmodernidad, de ambos en el aparato crítico que compendia la bibliografía del texto de Zubiria. Y aún así, si el superhombre anuncia un futuro que delimita el presente, a partir del cual es posible pensar mundanalmente cualquier camino de diferenciación, este "hombre nuevo" parece ser aquel que, según dijera Derrida, se anuncia, el que "está por venir", y en tanto tal, "pone en cuestión" e interpela al hombre del presente. ¿O ocaso la superación de sí que ordena el apocalíptico pensamiento nietzscheano no es también la afirmación del futuro como causa y origen diferido del presente; el privilegio del futuro en pos de la superación de lo presente, y de la presencia?