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Población y sociedad

versión On-line ISSN 1852-8562

Poblac. soc. vol.16 no.1 San Miguel de Tucumán ene./jun. 2009

 

ARTÍCULOS ORIGINALES

Segmentación, fuerza de trabajo excedente y programas de empleo en el área metropolitana de Buenos Aires: un estudio a través de trayectorias socio-ocupacionales*

Verónica Maceira**

* * Dra. en Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires. Correo electrónico: spalten@retina.ar

RECIBIDO: 11/08/08
APROBADO:
05/05/2009

RESUMEN

El estudio contribuye al conocimiento de las características y niveles del proceso de diferenciación social al interior de los trabajadores urbanos de Argentina, que se profundizó a partir de la aplicación del ajuste estructural de los años noventa. Explora la hipótesis de la cristalización de una diferenciación, que pueda ser considerada como socialmente sustantiva, entre aquellos trabajadores desocupados, o que tienen inserciones laborales extremadamente irregulares, y el resto de la clase obrera. Esta hipótesis se investiga acotadamente en un territorio, el Área Metropolitana, tanto para el período de crisis del empleo como para el momento de reactivación post-devaluación. La metodología utilizada fue la reconstrucción y análisis comparativo de trayectorias socio-ocupacionales personales e intergeneracionales. Se basa tanto en las fuentes secundarias disponibles como en setenta entrevistas en profundidad a varones de entre 18 y 60 años de edad que componen dos grupos a priori diferentes: a) beneficiarios de programas de empleo y b) ocupados de manera regular en las industrias metalúrgicas, textil y construcción.

Palabras clave: Clase obrera; Marginalidad; Trayectorias ocupacionales; Ejército de reserva; Programas de empleo

ABSTRACT

The paper contributes to the understanding the social differentiation process occurred within the Argentine urban working class, deepened by the structural adjustment policy implemented during the nineties. The research hypothesis considers if the differentiation among unemployed workers and the rest of the working class, could be considered socially relevant. This hypothesis is tested within a specific geographical context: the Buenos Aires Metropolitan Area, before and after the period of economic recovery and following the devaluation of the peso, at the beginning of year 2002. The methodology is the reconstruction and comparison of the socio-occupational workers´ stories. Research results rest on secondary official sources and on a group of seventy in-depth interviews performed on males between eighteen and sixty years old, where it was able to differentiate a priori between two different groups: a) irregular workers that were recipient of employment programs, and b) regular workers, developing activities either in the manufacturer industry or in the construction sector.

Key words: Working class; Reserve army of labour; Labour trajectories; Employment programs

I. Presentación

En Argentina, como en otros países de la región, las reformas de mercado de los ´90, impactaron en una crisis inédita para el mercado de trabajo local. Sobre esto, el quiebre del régimen de convertibilidad (que se expresó en la debacle del 2001) involucró una nueva contracción de los niveles de empleo.
En este contexto, fue profundizándose el interés por la heterogeneización creciente de los trabajadores urbanos argentinos. Este artículo presenta aspectos de una investigación que, respondiendo a ese interés, tuvo como objetivo avanzar en el estudio de la cesura que el ajuste estructural de los años noventa significó en la clase obrera en la Argentina.
Al respecto, exploramos la hipótesis de la cristalización de una diferenciación, que pueda ser considerada como socialmente sustantiva, entre aquellos trabajadores desocupados, o que tienen inserciones laborales extremadamente irregulares, y el resto de la clase obrera.
Nuestro trabajo retoma, en primer lugar, sugerencias de lo que fueran las tesis centrales de Marx sobre las formas que asume la superpoblación relativa, así como de su posterior problematización, a partir de los estudios sobre marginalidad en América Latina.
Recordemos que, de acuerdo con Marx2 , la acumulación del capital produce crecientemente un volumen de superpoblación relativa, que constituye un ejército industrial de reserva a disposición del mismo, a ser reclutado en las fases expansivas del ciclo, lo que funciona como condición de existencia del sistema y palanca de acumulación. En tal sentido, esta "reserva", estos contingentes poblacionales, se recomponen permanentemente y no estarían excluidos para siempre del sistema productivo sino que son absorbidos y repelidos de acuerdo a las necesidades del capital. Marx, entonces, no consideraba a esta sobrepoblación relativa como algo distinto de la clase obrera misma y entendía que la permanencia en alguna de estas situaciones, formaba parte de la experiencia común de la clase.
Posteriormente, los estudios sobre marginalidad en América Latina3 llamaron la atención sobre la generación de grupos poblacionales que no serían periódicamente reabsorbidos en etapas de expansión del ciclo productivo, los que fueron caracterizados (por tal motivo) como un ejército industrial de reserva "excesivo". Esta perspectiva advertía sobre la posibilidad de que se estuviera produciendo una segmentación radical en los mercados de trabajo latinoamericanos (en tanto una porción de la población relativamente excedentaria no cumplía con las funciones "clásicas" de reservorio de mano de obra y de depresión de los salarios vía competencia), y una diferenciación sustantiva entre los trabajadores (en tanto parte de los mismos no compartirían la experiencia formativa de la fábrica, considerada por los autores clásicos, como central en la constitución de la subjetividad obrera).4
Retomando estas sugerencias, lo que interesa a nuestra investigación es preguntarnos si se ha producido una reestructuración de las clases subalternas a partir del surgimiento y cristalización de una fracción que, por su carácter supernumerario, se desgaja de la clase obrera.
Para el contexto latinoamericano, el caso argentino presenta algunos rasgos distintivos, que definen la especificidad de la situación de los sectores sociales que son objeto de este estudio. En efecto, a pesar de discrepancias importantes de los analistas al respecto5 , es posible establecer que, en estrecha relación con la forma que asumió la industrialización sustitutiva de importaciones, el mercado de trabajo urbano argentino de post-guerra se caracterizó por tasas de desempleo relativamente moderadas en comparación con otros países de la región. Estos rasgos históricos derivan en que la problemática de la superpoblación relativa que se hace presente en las áreas centrales del país en los noventa, no remita solamente a poblaciones aún no incorporadas a la producción capitalista o migrantes recientes. Por el contrario, el problema de la heterogeneización de la fuerza de trabajo se impuso como crucial para pensar uno de los contextos latinoamericanos otrora considerados como de mayor inclusión política y social.
Por otro lado, en el marco de los niveles inéditos alcanzados por la desocupación abierta y la subocupación, los desocupados se incorporaron como protagonistas de la protesta social a través de múltiples organizaciones, utilizando en inicio el corte de ruta como forma de lucha6. Dicha protesta estuvo en el origen de la implementación y extensión de una política de asistencia gubernamental a través de planes de empleo que, gestionados en parte por las organizaciones de desocupados, contribuyeron, a su vez, al fortalecimiento numérico y al sostén de estas mismas organizaciones.
Atentos a estas particularidades, nuestra hipótesis se investigó en un territorio que fue tradicional polo económico nacional, a la vez que escenario privilegiado de los procesos mencionados en esta introducción: el Área Metropolitana de Buenos Aires. Del amplio conjunto poblacional involucrado en esta problemática, tomamos como objeto específico justamente a los beneficiarios de programas de empleo, quienes aparecían, en el contexto de mayor desempleo abierto, como personificación de la exclusión social.
Asimismo, considerando tanto la hipótesis central de este trabajo cuanto las especificidades del desarrollo del mercado local ya mencionadas, nuestra metodología parte de la reconstrucción y análisis de trayectorias socio-ocupacionales personales e intergeneracionales. El estudio de las trayectorias ha sido estimado como un recurso metodológico clave para el análisis de la segmentación de la fuerza de trabajo y para el estudio de la diferenciación social que la misma determina.
Si bien son distintas las perspectivas desde las que se ha intentado dar cuenta de la génesis de la segmentación, la idea básica que está en el centro de estos estudios y que aquí nos interesa retener, es que los trabajadores se insertan en segmentos divergentes del mercado de trabajo, caracterizados básicamente por distintos niveles de calificación, estabilidad y distintas pautas de determinación salarial, y que existen barreras que obstaculizan el acceso a determinados segmentos, en desmedro de la estabilidad y la movilidad de parte de la fuerza de trabajo.7 Piore entendía, que la observación empírica encaminada a la distinción entre segmentos no debe limitarse a un único puesto de trabajo sino orientarse a establecer el tipo de secuencias de puestos por las cuales pasan los individuos en su vida laboral.8
La pregunta central de nuestra investigación refiere no sólo al nivel de la segmentación de la fuerza de trabajo sino que interesa aquí explorar la heterogeneidad social que la misma determina. Al respecto, no será ocioso especificar que, desde nuestra perspectiva teórica general, un análisis de la diferenciación social remite al estudio de las relaciones que se establecen con el proceso capitalista de producción.9 Las formas de relación que establecen los grupos que hoy nos ocupan podrían, hipotéticamente, diferenciarse de aquellas que caracterizan al asalariado capitalista estable. Al respecto y de manera confluyente con lo desarrollado hasta aquí, desde el análisis de clases se ha propuesto la atención a las "trayectorias de clase"10 para la caracterización de la población desocupada. Esta propuesta sugiere que la forma apropiada de tratar (en términos metodológicos) una determinada posición, es considerar que su contenido de clase está dado por el contenido de clase de la trayectoria como un todo.11
Nuestra investigación recurre, en primer lugar, a las fuentes secundarias existentes para la caracterización de la población objeto de estudio (la Encuesta Permanente de Hogares-INDEC y las encuestas específicas a beneficiarios recabadas por los organismos encargados del monitoreo de tales políticas de empleo). Estas fuentes solo permiten el seguimiento de períodos cortos de las trayectorias socio-ocupacionales. Esta limitación fue encarada a través de su articulación con un estudio de carácter cualitativo, en el que se relevaron y reconstruyeron las trayectorias socio-ocupacionales personales e intergeneracionales de un conjunto de trabajadores del área. Asimismo, en tanto en nuestro país aún no se ha desarrollado la investigación de trayectorias sociolaborales de larga duración a gran escala, no contamos con lo que podríamos considerar como parámetros generales de las trayectorias de trabajadores regulares, con respecto a los cuales evaluar las trayectorias de los segmentos más irregulares o precarios (que son el objeto de este estudio). Este obstáculo se afrontó en esta investigación, recabando un conjunto acotado de trayectorias de trabajadores manuales de la manufactura y la construcción.
En total, fueron entrevistados cincuenta trabajadores amparados en programas de empleo (treinta del Plan Trabajar más veinte trabajadores beneficiarios del Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados (PJJHD) y, como grupo de comparación, veinte trabajadores ocupados de manera regular en las industrias metalúrgicas, textil y construcción12 . Las entrevistas se realizaron a varones de entre 18 y 60 años de edad, todos ellos residentes u ocupados en el municipio de la Matanza.13
Asimismo, asumimos conceptualmente que es el hogar la unidad privilegiada para el análisis de la heterogeneidad social.14 En esa dirección y en términos metodológicos, en nuestra investigación se ha priorizado el abordaje de las trayectorias de los jefes de hogar, en la hipótesis de que la caracterización del jefe supone un acercamiento a la caracterización del hogar en su conjunto, en base al papel privilegiado que, en el área de referencia y en los sectores estudiados, el jefe tiene en la reproducción de la unidad doméstica.15 En un sentido convergente, en los casos en que los entrevistados resultaran no ser jefes de hogar, así como en el estudio de las trayectorias intergeneracionales, el análisis avanza hacia la posición del jefe de los hogares de origen. Del mismo modo, en tanto es el hogar la unidad de consumo en la cual se reproduce la fuerza de trabajo, será la unidad de consideración obligada al atender a las desigualdades de ingresos que se vinculan con las distintas posiciones de los trabajadores estudiados.
Siguiendo las sugerencias teóricas mencionadas al inicio, para la caracterización del segmento objeto de nuestra investigación, atenderemos tanto a su historicidad como a las posibilidades de su reabsorción en la etapa de expansión del ciclo del capital.
Con respecto al primero de estos puntos, nuestra perspectiva considera que las clases y las fracciones de clase no se definen solamente por su actualidad y coyuntura sino también por su historicidad. En ese sentido, nos preguntamos: a) si estos trabajadores desocupados del área, que participan en planes de empleo, pertenecen a un segmento de la fuerza de trabajo que proviene de una serie de inserciones de muy corto plazo, con trabajos ocasionales seguidos de períodos de desocupación (en otras palabras, si se trata de un típico segmento conformado por sectores excedentarios de la fuerza de trabajo) o, por el contrario, sus trayectorias personales o familiares permiten inferir que se trata de un segmento que ha tenido una inserción continuada en uno o varios empleos y b) en qué medida este grupo se ha nutrido de contingentes que formaban parte de segmentos más protegidos de la clase obrera.
En segundo lugar, entendemos que la caracterización de un estrato o grupo dentro de la clase no está dada solamente por las trayectorias de las que provienen los trabajadores sino también por su papel en el proceso de acumulación, por lo que estimamos necesario explorar la dinámica de absorción/ no absorción que experimenta este segmento que había sido desplazado de la producción, en la fase de reactivación económica. En este punto nos preguntamos entonces, si esta población, expulsada en el período de crisis, actúa cumpliendo funciones de ejército de reserva, siendo nuevamente absorbida en el contexto postdevaluación.
Finalmente, enfaticemos una vez más que lo que intentaremos testear aquí es, como señalara Stichweh16 , un discontinuo y no una fina estratificación. En esa dirección, la consideración de un determinado sector como fracción que se desgaja de manera socialmente significativa supondría, a nuestro entender, al menos dos condiciones que evaluamos en este estudio. Las mismas podrían esquematizarse como: a) fractura social con respecto al resto de la clase y b) reproducción social como segmento excluido.
El primer criterio supondría que este segmento debería conformar un grupo socialmente distinto de la clase obrera estable. Para la evaluación de este criterio se considerarán auxiliarmente las vinculaciones que se establecen al interior de los hogares (tanto en referencia a las familias de origen -a través de las trayectorias intergeneracionales-, cuanto en la conformación de sus hogares actuales).
El segundo criterio, ciertamente el más difícil de evaluar, remite a la posibilidad de que el quiebre de las trayectorias que aquí se analizan personifique una dinámica de exclusión de un segmento del ejército activo, exclusión que se mantenga y reproduzca socialmente.
Al respecto, nuestra exploración (que aporta evidencia puntual sobre las trayectorias de la población actualmente involucrada en este proceso), buscará inferir, a partir de estos recorridos individuales, rasgos de la dinámica subyacente y el sentido que la misma ha asumido hasta la presente coyuntura. Se trata, sin embargo, de una dinámica de carácter estructural, por lo que las conclusiones definitivas al respecto demandan en rigor un período más amplio de observación que el transcurrido hasta el momento del análisis.
Siguiendo estas inquietudes, el artículo propone el siguiente recorrido:
En primer lugar, se caracteriza socialmente a los trabajadores insertos en programas de empleo hacia finales de los noventa y principios de esta década. Para ello: a) se reseñan sucintamente elementos del contexto en el cual se instalaron los planes; b) se presenta una caracterización de los beneficiarios considerando sus orígenes ocupacionales de corto plazo; y c) se estudia la procedencia social de largo plazo de este grupo, a través de la reconstrucción de trayectorias personales e intergeneracionales de un conjunto y su comparación con la de un grupo de trabajadores estables de la región.
En segundo lugar, se completa esta caracterización estudiando lo sucedido con este segmento en el período de reactivación post-devaluación. Para ello: a) se considera su absorción/no absorción como fuerza de trabajo ocupada entre el 2003 y el 2006 y b) se considera los niveles de segmentación que se operan entre la fuerza de trabajo ocupada y quienes continúan como beneficiarios de planes de empleo, explorando la diferenciación social que la misma determina.
El artículo se cierra remarcando el significado de algunos de los hallazgos empíricos para nuestras preguntas de investigación.

II. Contexto

En los `90, la liberalización comercial y la apreciación de la moneda forzaron una reestructuración de las empresas industriales, las que mayormente recurrieron a innovaciones que supusieron una reducción del contenido de trabajo por unidad de producción.17 Esto último, acompañado por la drástica política de privatizaciones, significó en conjunto una importante destrucción de puestos de trabajo. La reducción del producto y del empleo manufacturero resultante intensificó un ya importante desplazamiento de la población ocupada hacia el sector servicios.18 Estos factores, asociados además al deterioro del poder de compra de los salarios, determinaron la incorporación al mercado de trabajadores adicionales (en el marco de estrategias de los hogares orientadas a morigerar los efectos adversos de estos procesos en la economía doméstica), aumentando a su vez la oferta laboral.19
Uno de los correlatos sustantivos de lo reseñado fue una crisis inédita del empleo. Esta última se expresó en la aparición significativa del desempleo de largo plazo, en niveles de desocupación abierta que rondaron el veinte por ciento de la población activa, y en problemas de empleo que, según surge de toda evidencia disponible, afectaron por lo menos a la mitad de la población activa. La tasa de desocupación de los principales centros urbanos alcanzó un nivel histórico de 18,4%, en mayo de 1995, pero es relevante advertir que las limitaciones para la incorporación productiva de la fuerza de trabajo fueron un rasgo característico de toda la década, tanto en las fases de crecimiento (1991-1994 y 1996-1998) como en los períodos de retracción del producto (1995-1996 y 1998-2000).20
En la primera parte del decenio, el desempleo por ajuste estructural, reestructuración y privatizaciones, alcanzaría también a segmentos tradicionalmente protegidos del mercado, afectando incluso "mercados in ternos" antes constituidos. Hacia mediados de la década, la inestabilidad aumentó básicamente para los trabajadores insertos en puestos precarios y de menor antigüedad, aumentando las salidas desde estos últimos hacia la desocupación, la inactividad y el cuentapropismo. Esto profundizó la ya importante segmentación de la fuerza de trabajo, en el sentido de una fuerte y creciente brecha entre un segmento de inserciones ocupacionales protegidas y puestos de un típico mercado secundario.21
Esta segmentación y el régimen de precarización que se instauró durante el período, fueron promovidos y sostenidos desde el marco regulatorio implementado por la intervención estatal.22 Asimismo, dado el contexto adverso para la negociación colectiva, dejaron de ser reajustados por convenio los salarios básicos, debilitándose marcadamente el impacto homogenizador que históricamente tenía en este aspecto la negociación colectiva en la Argentina.23
En este marco, durante el segundo gobierno de Menem, se pusieron en marcha más de veinte programas que se caracterizaron por su baja cobertura, la escasez de recursos y la alta movilidad de los mismos. Entre estos se destaca el Plan Trabajar, que tuvo una duración y cobertura mayor que el resto, inaugurando además una nueva relación entre el gobierno y el movimiento de desocupados.24 En sus distintas versiones, el objetivo del programa fue ocupar transitoriamente a desocupados en condiciones de pobreza, realizando obras de infraestructura y asistencia comunitaria.
El número de beneficiarios del Plan Trabajar fue creciendo hasta 1997,25 fecha en que se inició su reducción progresiva, reducción que se extendió tanto durante el citado mandato como durante el gobierno de Fernando de la Rúa (1999-2001).
Finalmente, la crisis del régimen de convertibilidad -que se expresó en la debacle del 2001- impactó también fuertemente en los niveles de empleo, trepando la tasa de desocupación abierta del 13,8% al 18,3%, entre octubre de 1999 y octubre del 2001. Este aumento del desempleo afectó especialmente a los jefes y jefas de hogar: mientras que el desempleo abierto creció entre el 2001 y el 2002 un 17%, entre los jefes y jefas de hogar lo hizo en un 37%.26
La consecuente devaluación supuso a su vez, una fortísima transferencia de ingresos en desmedro de los trabajadores. El salario real se redujo en un 25% para los trabajadores registrados y en más de un 30% para los no registrados.27 Para mayo del 2002, el 53% de las personas y el 40% de los hogares reportaba ingresos por debajo de la línea de pobreza, mientras que un cuarto de la población y el 18% de los hogares se encontraban en situación de indigencia.28
En este contexto, signado por una altísima conflictividad política y social, el gobierno transitorio de Eduardo Duhalde implementó a inicios del 2002, el programa Jefas y Jefes de Hogar Desocupados. El mismo se orientó a otorgar una contribución económica mínima (150 pesos, esto es, 50 dólares estadounidenses) a los jefes de hogar desempleados y sin ingresos, con personas a cargo. En la letra, funcionaría como un programa de tipo workfare, en donde la provisión de beneficios está sujeta a la realización de tareas como contrapartida, incorporándose el beneficiario en proyectos productivos o servicios comunitarios. A pocos meses de su implementación, en mayo del 2002, el programa contaba ya con más de un millón de beneficiarios. Si bien aquella era la fecha límite para la inscripción al plan, el número de beneficiarios siguió creciendo, alcanzando aproximadamente 2.200.000 en el año 2003, momento en que su financiación involucraba alrededor del 1% del PBI.29
Por su parte, dada su extensión, densidad poblacional y condiciones socio-ocupacionales, el partido de la Matanza ha sido también el de mayor concentración de beneficiarios de planes de empleo a nivel nacional. Según la última información obtenida sobre la distribución de los llamados Planes Trabajar (en mayo del año 2000), 8.000 beneficiarios (aproximadamente el 10% del total nacional) residían en este partido, a quienes se sumaban los beneficiarios de otras modalidades de planes nacionales, y de planes provinciales y municipales. Posteriormente, al finalizar la primera inscripción, en mayo del 2002, fueron otorgados 22.000 subsidios sobre un total de 63.000 solicitudes de acceso al nuevo PJJHD presentadas en La Matanza. En mayo del 2006, la Matanza distribuía aproximadamente 59.300 planes PJJHD.

III.a. Caracterización general de los trabajadores asistidos por políticas de empleo

En relación a los beneficiarios del Plan Trabajar, las fuentes producidas para la evaluación del programa nos permiten observar, en primer lugar, que los mismos fueron mayoritariamente varones (aproximadamente un 81%, según las distintas mediciones), jóvenes, con una mayor incidencia de aquellos de entre 24 y 39 años de edad (37,1%), jefes de hogar (64,7%) y con experiencia laboral previa. El 30% tenía un tiempo de desocupación previo al otorgamiento del beneficio relativamente corto (de 1 a 3 meses) y uno de cada cuatro estaba desocupado hacía más de un año.
De acuerdo a las fuentes secundarias disponibles, se puede inferir que estos beneficiarios pertenecían a hogares ubicados en los estratos más bajos de la estructura social: de bajos ingresos (con una media per cápita que significaba algo menos que la quinta parte de la media nacional), con hogares más numerosos que la media (4,9 frente a 3,4 personas) y con niveles de instrucción formal relativamente bajos (uno de cada cuatro no había completado el ciclo primario y sólo el 8% había completado la escuela media).30
Si bien (a nivel individual) existió continuidad entre los beneficiarios del último Plan Trabajar y los primeros PJJHD, la ampliación de la cobertura que significó este último, involucró la incorporación de otros grupos, lo que se expresa en diferencias entre la caracterización general de la población cubierta por uno y otro programa.
Por un lado, uno de los atributos que diferenciaron desde el inicio a la población del PJJHD en relación a la del Plan Trabajar, fue la decisiva presencia femenina y, en forma consistente con ello, el mayor porcenta je de cónyuges.31 Al respecto, el estudio de las transiciones ocupacionales inmediatamente anteriores de un grupo de estos beneficiarios32 , permite especificar que una porción importante de tales mujeres se encontraban al margen del mercado de trabajo al momento de ingresar como beneficiarias de dichos planes.
Así como señalamos en el caso de los beneficiarios del PT, podemos decir en principio que también los trabajadores insertos en el PJJHD presentaban características sociodemográficas que (independientemente de su situación puntual en el mercado de trabajo) permitían inferir que se inscribían entre los estratos socialmente más débiles de la clase obrera. Particularmente para el Área Metropolitana, en la que centramos nuestra atención, la información relevada por la EPH-INDEC para octubre del 2003 indica que prácticamente nueve de cada diez beneficiarios tenían niveles educativos inferiores a secundario completo. Asimismo, quienes tenían los más bajos niveles de escolarización (hasta primaria incompleta) triplicaban su presencia relativa entre los beneficiarios, en comparación con el conjunto de asalariados de la región.33 El porcentaje de migrantes (fundamentalmente compuesto por migrantes de otras provincias) era también mayor que entre el resto de los activos. Sin embargo, se trata en casi todos los casos de antiguos residentes en el área. Los beneficiarios conformaban hogares de mayor tamaño y mayor cantidad de niños menores que el resto de los asalariados. 34
Por otro lado, en la medida que la crisis de empleo se había profundizado, encontramos aquí una mayor presencia de desocupados de larga data: 46,8% de los varones y el 63,6% de las mujeres había perdido su último empleo hacía más de un año. En el 70% de los casos, el último había sido un empleo informal, mayormente en la construcción y el servicio doméstico (según se trate de varones o mujeres respectivamente).
Pero, además de su última ocupación, el 44,8% de los beneficiarios tuvo una ocupación anterior de mayor duración. Entre los varones, este porcentaje se eleva al 60,2%, con un promedio de permanencia en el mismo de seis años y dos meses y una relevancia algo mayor de inserciones en la industria y el comercio (17% y 10% sobre el total de empleos de mayor duración) en comparación con la última ocupación antes del desempleo. Asimismo (tanto entre varones como entre mujeres) entre la ocupación de mayor duración y la última, hay un aumento sensible de los niveles de no registro e informalidad.
Existen, por tanto, elementos que permiten inferir que, en parte de estos beneficiarios, sus posiciones inmediatamente anteriores al ingreso al plan, expresaban ya un nivel de deterioro en comparación con una mejor inserción pretérita. La reconstrucción de las trayectorias socio-ocupacionales de largo plazo de un grupo de beneficiarios y su comparación con la de obreros estables del mismo territorio (que encaramos en nuestra investigación y presentamos en el siguiente punto), nos dará elementos para explorar en profundidad este deslizamiento.

III.b. Trayectorias socio-ocupacionales de trabajadores beneficiarios 35

Las trayectorias socio-ocupacionales son marcadamente diferentes (y a la vez internamente homogéneas) según la edad de los entrevistados.

III.b.1. Los entrevistados mayores de cuarenta y cuatro años son principalmente migrantes internos.36 La mitad de este gran grupo etario es de origen rural y primera generación urbanizada, mientras que la otra mitad es, al menos, segunda generación urbana.
En términos generales, en las trayectorias de estas cohortes se destaca, en primer lugar, la continuidad en la fuerza de trabajo activa y, en segundo lugar, la permanencia en una o más ocupaciones, por un período relativamente prolongado.
La gran mayoría de las trayectorias son asalariadas. Junto con ellas, localizamos pocas trayectorias como autónomos en la construcción, de suerte diversa. Por lo menos la mitad de las trayectorias asalariadas pueden ser caracterizadas como relativamente estables, observándose un período relativamente largo de predominancia de empleos formales típicos, permanentes y con los beneficios correspondientes (que involucra el momento en que estos entrevistados estaban en sus edades centrales). Si bien localizamos trabajadores de distintas edades con historias de empleos estables, son los entrevistados de la cohorte mas antigua (50 años y más), quienes han estado insertos (con mayor intensidad) en un sistema de empleos de muy larga duración. Por su parte, entre los desocupados que provienen de historias con más alta rotación, encontramos situaciones variadas, aunque es posible señalar que ha sido mayor su permanencia en puestos registrados que en puestos no registrados, y que la precariedad de los empleos recién se va acentuando en los tramos más reciente de sus trayectorias (con excepción de los inicios rurales y los interregnos en la construcción).
Se trata en su totalidad de trayectorias como trabajadores manuales, especialmente en la producción de bienes, centralmente como obreros fabriles, aunque también, en menor medida, en la construcción, el transporte y la limpieza no doméstica, el comercio. La mayoría de los
entrevistados han tenido experiencia en la construcción, trabajando en forma autónoma o asalariada, como refugio tanto en momentos de desempleo anteriores de sus trayectorias como luego del último despido. En la mayoría de los casos (y tal como registran las estadísticas sobre beneficiarios), ésta es además la última ocupación precaria antes de ingresar al plan.
En el curso de estas trayectorias se han desempeñado dominantemente tareas operativas y, en menor medida, no calificadas, en establecimientos de distintos tamaños pero del sector formal. En cuanto al sentido que asumieron estas trayectorias, es pertinente destacar que trece de los veinte entrevistados llegaron a mediados de la década del setenta habiéndose ya insertado en puestos estables y protegidos, generalmente de calificación operativa. En todas estas trayectorias, la continuidad en empleos de estas características (aunque con distinto nivel de rotación en puestos y empresas, según los casos) y sin períodos prolongados de desocupación abierta, se mantuvo hasta por lo menos principio de los noventa.
En relación a los recorridos de corto plazo transitados hasta la actual situación, la gran mayoría de los entrevistados de este grupo etario ha sufrido un quiebre abrupto de sus trayectorias laborales, perdiendo por despido (generalmente por quiebra o reducción de personal) una inserción ocupacional especialmente estable, con antigüedades que oscilaban entre los 9 y los 35 años. A partir del mismo, los trabajadores iniciaron un camino que los llevó desde empleos de mayor rotación y precariedad en otros sectores de actividad refugio, hasta changas de subsistencia. Podemos estimar que, en casi todos los casos, el punto de inflexión de estas trayectorias fue al menos dos años antes de realizada la entrevista, con un promedio de cinco años y llegando hasta ocho y diez años, en los casos de trabajadores de más edad.
Con respecto a sus hogares de origen, casi todos los entrevistados de estas cohortes provienen de hogares con jefes trabajadores manuales, aunque sólo tres son segunda generación de obreros industriales. En términos intergeneracionales, es posible localizar distintos sentidos en los procesos de movilidad, si bien el análisis indica que la mayoría de los entrevistados de este grupo etario lograban mantener (antes del quiebre de sus trayectorias) posiciones sociales que les garantizaban condiciones socio-económicas similares o mejores que las de sus hogares de origen. Un conteo esquemático permite sintetizar entonces que la gran mayoría había logrado mantener o mejorar la posición socio-económica de sus hogares de origen, con excepción de cuatro entrevistados, en los que se observa una poco exitosa urbanización.

III.b.2. Los recorridos socio-ocupacionales de los entrevistados del segundo gran grupo etario (entre 30 y 44 años), así como sus trayectorias intergeneracionales, muestran parámetros generales diferentes de los analizados recientemente para los hombres mayores de nuestro universo. Estos rasgos indican su carácter de generación intermedia, al tiempo que presentan una importante heterogeneidad interna.
Como caracterización general señalamos que los entrevistados de esta cohorte tuvieron una inserción continuada en el mercado de trabajo, mayormente como asalariados, pero por períodos de menor duración que los observados en las cohortes anteriores, seguidos, en muchos casos, por interregnos cortos como changuistas sin relación de dependencia formal. A pesar de la ya mencionada mayor rotación, en todos los entrevistados es posible localizar al menos un puesto de trabajo en el que se ha permanecido por un período de cuatro años o más. El vínculo asalariado asume también características más heterogéneas, observándose distintas formas de vulneración del mismo. La mayoría registra desvinculaciones involuntarias previas seguidas de un episodio de desempleo.
La ocupación en la industria manufacturera, que era característica de las cohortes precedentes, se observa también aquí, aunque en ocho de los catorce entrevistados. En segundo lugar, se localizan con mayor fuerza trabajadores de la infraestructura y la construcción. En tercer lugar, adquiere mayor importancia relativa la prestación de determinados servicios, particularmente la limpieza no doméstica, la ocupación en gastronomía y hotelería y el comercio minorista. En cuarto lugar, aparecen marginalmente, ocupaciones de un carácter abiertamente diferente al observado en la cohorte anterior: de apoyo en la prestación de servicios sociales básicos, culturales o a la gestión jurídico legal.
Los entrevistados de esta cohorte desarrollaron su historia laboral en unidades de los más diversos tamaños, con un peso mayor de los establecimientos informales que lo que observamos en la cohorte anterior. La mayoría de las ocupaciones siguen siendo de calificación operativa o no calificada pero con un peso mayor de éstas últimas que en el grupo etario anterior.
Por último, un rasgo peculiar referido a la conformación de sus hogares contribuye a delinear el perfil de esta cohorte.37 Si bien la presencia de menores es relevante (en forma consistente con todo lo relevado por las fuentes secundarias), en gran parte de los casos los beneficiarios mantienen con los mismos relaciones mediadas (esto es, son tíos, abuelos, etc., estando presente en el hogar al menos uno de los padres del menor en cuestión). La presencia relativamente baja de padres de niños menores en estos varones (que se encuentran en tramos centrales del ciclo reproductivo), puede ser considerada como un rasgo peculiar de estos entrevistados.38
Con respecto a las trayectorias del corto plazo antes del acceso al plan, es pertinente puntualizar que en gran parte de los trabajadores del Plan Trabajar de esta cohorte es posible establecer un punto de quiebre en las trayectorias, a partir del cual la misma derrapa hasta la solicitud del beneficio. Entre los beneficiarios del PJJHD de la cohorte que estamos analizando, si bien es posible visualizar uno o más puntos de inflexión en relación a sus trayectorias anteriores, los últimos despidos se imponen en el marco de inserciones ocupacionales ya precarias o que no tenían el nivel de continuidad que observamos en la cohorte anterior. En todos los casos, sin embargo, el año 2001 aparece como momento significativo a partir del cual se instala la desocupación abierta.
El sentido general de las trayectorias intrageneracionales de los hombres de este grupo etario era diferente, aún antes de su quiebre, de lo que observamos en los entrevistados más viejos. Contrastando con lo señalado para aquéllos, digamos aquí, que hacia principios de los noventa, nueve de los catorce entrevistados de esta cohorte estaban ya insertos en empleos temporarios y/o de corta duración, y/o no protegidos y/o que involucraban una pérdida de competencias adquiridas en tramos anteriores de sus trayectorias.
Estos entrevistados provienen de hogares socialmente heterogéneos entre sí pero, en todos los casos, con jefes que tuvieron una inserción productiva en forma continuada. Menos de la mitad nacieron en familias cuyo jefe era un trabajador manual, asalariado de la industria, aunque en sólo cuatro de estos casos se trata de un productor directo de bienes. Junto con ellos, encontramos otros hogares con jefes asalariados, rurales, del comercio y de la construcción. Por otro lado, localizamos pocos entrevistados que provienen de hogares con jefes de mayores niveles educativos, ocupados en los servicios, o de trabajadores de la producción pero de calificación profesional.
Podemos concluir que, aún antes del quiebre, mas de la mitad de las trayectorias de esta cohorte, mostraba indicadores que daban cuenta de estar inmersos en procesos de movilidad social descendente. En tres de estos casos los parientes coetáneos de los entrevistados (hermanos, cuñados, primos) han accedido a puestos también no manuales de igual o mayor calificación que las de sus padres, lo que expone con mayor claridad el sentido intergeneracional desfavorable que han asumido las trayectorias de estos entrevistados.39

III.b.3. A pesar de los requisitos nominales de ambos programas, del total de trece entrevistados menores de treinta, sólo ocho son jefes de hogar.
Las trayectorias socio-ocupacionales de los entrevistados de esta cohorte presentan diferencias sustantivas con las que a su misma edad recorrían los entrevistados más viejos de este universo. En términos generales, gran parte de estos trabajadores tuvieron inserciones efímeras o ingresan al mercado como desocupados. Entre los que han tenido alguna experiencia laboral continuada, la nota saliente de este conjunto es la inexistencia de ocupaciones industriales y la ocupación exclusiva en unidades del sector informal o empresas relativamente pequeñas.
Sin embargo, lo que quizás resulta de mayor interés es que las trayectorias de aquellos entrevistados mayores también son algo distintas, tomadas conjuntamente, de las de los jefes del hogar de origen de los entrevistados jóvenes (de quienes son coetáneos). En efecto, sólo uno de los padres de los entrevistados ha sido un obrero industrial, ocupación que caracterizaba en términos generales las trayectorias de los primeros entrevistados.
Esta primera aproximación sugiere la hipótesis de que los entrevistados de distintas cohortes reunidos aquí por su calidad común de perceptores de un subsidio gubernamental, se inscriben sin embargo en grupos algo distintos al interior del universo de trabajadores de esta región, proviniendo los entrevistados más jóvenes de hogares más vulnerables que los constituidos por los beneficiarios mayores.
En consistencia con esto y, en sintonía con lo establecido a través de las fuentes secundarias, los niveles de escolarización de los entrevistados de esta cohorte son especialmente bajos, en relación con el progreso en los niveles de retención escolar y los logros educativos de la población del área de referencia. En efecto, el único ciclo completado en este grupo es el primario, en once de los trece casos.

III.c. Comparación entre las trayectorias de beneficiarios y trayectorias de trabajadores ocupados incorporados a este estudio40

Cotejando los rasgos generales de las trayectorias socio-ocupacionales de los trabajadores amparados en planes de empleo con los de las trayectorias de trabajadores regulares41, surgen semejanzas y diferencias según sus distintos grupos etarios.
Las trayectorias de los desocupados de 45 años y más compartían hasta principios de los ´90 (esto es, antes del quiebre de las mismas) características generales pero sustantivas con las de los trabajadores ocupados del mismo grupo etario entrevistados para este estudio: tales como la inserción en un puesto registrado, con relativa estabilidad, después de una trayectoria con una rotación generalmente acotada a no más de cinco puestos de trabajo previos. En el marco de esta apreciación general, es también cierto que las trayectorias de parte de estos desocupados presentaban ya una rotación mayor entre distintos sectores que las observadas particularmente entre los entrevistados de la manufactura coetáneos y un promedio mayor de desvinculaciones forzosas anteriores. Asimismo, es posible encontrar semejanzas entre las trayectorias de los beneficiarios de más de 45 años y los ocupados hoy en la industria de la construcción, particularmente en lo que respecta a la experiencia de una inserción de largo plazo seguida por un quiebre de trayectoria.
Tomados conjuntamente, los trabajadores ocupados de estas cohortes difieren de los beneficiarios en términos intergeneracionales, dada la mayor presencia de obreros fabriles de segunda generación (atributo que caracteriza a la mitad de los ocupados de 45 años y más frente a sólo tres de los veinte desocupados de ese grupo etario). Sin embargo, esta apreciación general encubre a su vez un gradiente al interior del grupo de ocupados: mientras los trabajadores metalúrgicos pertenecen a un segmento obrero más antiguo, la procedencia de los trabajadores de la construcción es más heterogénea y ninguno creció en hogares
con jefe asalariado fabril. En esa dirección, entonces, las trayectorias intergeneracionales del grupo de beneficiarios de las cohortes más antiguas, no diferirían abiertamente de las presentadas por sus coetáneos insertos en la industria de la construcción e incluso de parte de los trabajadores de las industrias menos dinámicas entrevistados.
Por su parte, los desocupados del grupo etario entre 30 y 44 años, tienen trayectorias cuyos rasgos los asemejan a parte de los ocupados entrevistados de su mismo grupo etario, particularmente a algunos trabajadores de las ramas menos dinámicas y especialmente, a los trabajadores de la construcción. Esto es así, en la medida en que es posible distinguir entre los ocupados de esta cohorte, una porción de trayectorias con mayor rotación y frecuencia en las transiciones entre registro/no registro, formalidad/informalidad y trabajo asalariado/cuentapropismo.42
En términos intergeneracionales, ocupados y beneficiarios de esta cohorte muestran una intensidad relativamente similar en la presencia de hogares de origen obrero urbano, aunque los desocupados de esta cohorte presentan una más amplia heterogeneidad social de origen. Finalmente, mientras la mitad de los beneficiarios experimentaban (aún antes del quiebre de trayectorias) procesos de movilidad descendente intergeneracional, dos de las trayectorias de los ocupados de esta cohorte son indicativas de una dirección similar.
Los ocupados más jóvenes presentan trayectorias socio-ocupacionales que se diferencian de las de aquellos amparados por programas de empleo. Básicamente porque se trata de trayectorias con ocupaciones fabriles e inserciones registradas, (además del empleo actual), todo lo cual es una excentricidad para el universo de los desocupados de esta cohorte.
Dada la juventud de muchos de nuestros entrevistados, para su caracterización es más sustantivo considerar la actividad de los jefes de sus hogares de procedencia que la propia trayectoria. En esa dirección, se torna un dato relevante la notoria mayor intensidad de las ocupaciones fabriles en los hogares de origen de los jóvenes ocupados. Mientras la totalidad de los jóvenes ocupados son hijos de obreros de la manufactura, esta situación se reconoce en tres de los ocho jóvenes entrevistados que recibían el Plan Trabajar (justamente a su vez, aquellos que habían tenido alguna experiencia laboral) y en uno solo de los jóvenes receptores del PJJHD entrevistados. Estas diferencias incidieron en los tramos iniciales de estos jóvenes, definiendo formas distintas de reclutamiento y de entrada al mundo del trabajo. Estas diferencias se expresan también en diferencias entre sus respectivos perfiles educativos.43

III.d. Absorción de población excedente y diferenciación social en la fase de reactivación

Tras la crisis del 2001 y la abrupta salida del régimen de convertibilidad vía devaluación, entre mayo y octubre del 2002 se registró un punto de inflexión en la caída sistemática del empleo. Esta variación se debió, en una primera instancia, a la ampliación del plan Jefes y Jefas de Hogar distribuido por el gobierno. Es a partir del 2003, con la disminución en el número total de planes otorgados, que las variaciones en las tasas se deben a la creación de empleo en correspondencia con la recuperación del nivel de actividad44 . Es relevante señalar, para contextualizar nuestras observaciones, que a diferencia del período 1996-1997, esta fase de
crecimiento económico hace pivote especialmente en el sector manufacturero y la construcción, destacándose asimismo la creación de puestos de trabajo en los sectores más estructurados del mercado.45 En esta fase de expansión tiene sentido, de acuerdo a los objetivos de nuestra investigación, localizar un nuevo momento de la indagación.
Como señalamos en la introducción, entendiendo entonces que la caracterización de un estrato o grupo dentro de la clase no está dada solamente por las trayectorias de las que provienen los trabajadores sino también por su papel en el proceso de acumulación, exploramos la dinámica de absorción/ no absorción que experimenta este segmento desplazado de la producción durante los años noventa.
Para ello reconstruimos, a partir de los microdatos de la EPH, la totalidad de paneles posibles entre octubre del 2003 y octubre del 2006, a través de los cuales localizamos las transiciones punta a punta del conjunto de la población activa del GBA y, en particular, de los perceptores de planes de empleo del área46 . De acuerdo al esquema de rotación y solapamiento de la EPH, resulta posible reconstruir un total de ocho paneles en el período señalado, cada uno de los cuales sigue a los entrevistados durante un año y medio. Dada la escasa cantidad de beneficiarios de planes de empleo en la muestra y para darle robustez a nuestras conclusiones, las mismas consideran los resultados que arrojan dichos paneles en forma agregada, a partir de la construcción de un panel hipotético constituido por las ocho cohortes.
En términos generales, un cuarto de los beneficiarios de planes se reinsertaron laboralmente, mientras que la mitad de los mismos permanecieron como tales, en la última medición en la que fueron registrados, al cabo de un año y medio (Cuadro 1). Sin embargo, las transiciones de destino son ampliamente diferentes entre varones y mujeres y entre jefes y no jefes de hogar ( Cuadro 2 y 3 respectivamente).

Cuadro 1. GBA. Población de 14 años y más (1). Total de transiciones ocupacionales (IV Trimestre 2003 - IV Trimestre 2006) (2). Sumatoria de transiciones ocupacionales

Cuadro 2. GBA. Población de 14 años y más (1). Total de transiciones ocupacionales por sexo. (IVTrimestre 2003-IV trimestre 2006) (2). Sumatoria de transiciones ocupacionales

Cuadro 3. GBA.Jefes de Hogar de 14 años y más(1). Total de transiciones ocupacionales. (IVTrimestre 2003-IV trimestre 2006)(2). Sumatoria de Transiciones ocupacionales

Mientras que poco menos de la mitad de los varones se reinsertan laboralmente, tres de cada cuatro mujeres permanecen como beneficiarias o pasan a la inactividad. Esto último permite cerrar el círculo de observaciones abierto hacia el inicio de este capítulo, con respecto a estas beneficiarias: se trataría de población inactiva que se incorpora al plan para sumar este necesario ingreso al pobre presupuesto familiar, y en la nueva etapa lo mantiene (en caso de ser posible), o en su defecto vuelve a ser registrada como inactiva.
Los jefes de hogar tomados separadamente (discriminación de especial interés por las razones apuntadas en la introducción), muestran una dinámica similar a la de los beneficiarios varones, aunque con una reinserción laboral menos importante (vinculada a la presencia de jefas mujeres con alta carga doméstica) (Cuadro 3). Particularmente, entre los beneficiarios jefes de hogar varones (que por su posición en el hogar y por pautas culturales son quienes tendrían la propensión más alta a la actividad) se enfatiza en forma consistente, el abandono del plan y el pasaje a la ocupación (uno de cada dos beneficiarios) aunque se mantiene un núcleo duro de varones que no se reincorporaron al mercado laboral (Cuadro 4).

Cuadro 4. GBA.Jefes de Hogar varones de 14 años y más(1). Total transiciones ocupacionales (IVTrimestre 2003-IV trimestre 2006)(2). Sumatoria de Transiciones ocupacionales

Cuadro 5.Distribución del total de beneficiarios de planes de empleo que se ocupan según destino ocupacional por sexo. Aglomerado Gran Buenos Aires. (IV Trimestre 2003-IV trimestre 2006).

En nuestro trabajo de campo, distinguimos tres cohortes de varones trabajadores de planes de empleo, de acuerdo a las pautas generales de su ciclo de vida familiar y sus trayectorias socio-ocupacionales. Queremos especificar el análisis de las transiciones ocupacionales, sintetizando y estilizando, con la información proveniente de la EPH, el distinto destino ocupacional probable de nuestros entrevistados, según su grupo etario.
Con respecto a los beneficiarios mayores de treinta años, los indicadores construidos dan cuenta tanto de un flujo importante hacia la ocupación, cuanto de la ya mencionada existencia de un núcleo duro de beneficiarios que permanece en el programa. En ese sentido, poco menos de la mitad logra reinsertarse en otra ocupación mientras que cuatro de cada diez permanecen en su última medición como beneficiarios del plan. Este núcleo duro de varones está conformado, en gran medida, por trabajadores mayores que, sin entrar todavía en la edad pasiva, encuentran mayores dificultades para emplearse, aún en el sector menos estructurado.
De esto da cuenta contundente, el importante envejecimiento de la estructura etaria de los beneficiarios del plan en general y de los beneficiarios jefes varones en particular (Cuadros 10 y 11)
Con respecto a los más jóvenes, distintos indicadores van dando cuenta de la retirada paulatina de los mismos del marco del programa. En primer lugar, a partir del cuarto trimestre del 2004, el relevamiento de la EPH no registró más varones menores de treinta años como beneficiarios de programas. En segundo lugar, las transiciones de quienes fueran registrados como beneficiarios en alguna de las mediciones consideradas muestran que sólo uno de cada tres permaneció como beneficiario al cabo de un año y medio (Cuadro 9). Por último, además del ya mencionado envejecimiento de la estructura etaria de los beneficiarios en general, particularmente la presencia de varones jefes de hogar menores de 35 años entre los beneficiarios de planes se torna prácticamente inexistente en las últimas mediciones analizadas (Cuadros 10 y 11).
Siguiendo nuestras preocupaciones en cuanto a la caracterización de los niveles de segmentación entre estos trabajadores y el resto de los del área, es igualmente relevante entender cuáles son los atributos de los puestos en los que se insertan los otrora beneficiarios. La conclusión al respecto es que los beneficiarios que se ocupan lo hacen mayormente en el segmento menos estructurado del mercado: como trabajadores no registrados o en menor medida en la informalidad, como trabajadores autónomos.47
Por su parte, la ocupación de beneficiarios en el sector registrado es marginal: sólo el 2% promedio durante el período tanto para el conjunto de beneficiarios como para los jefes de hogar. Si bien la entrada al sector registrado es algo mayor entre los varones, la misma no supera en conjunto al 5% de las transiciones de beneficiarios varones relevadas en el período (Cuadros 6; 7 y 8)48 .

Cuadro 6.GBA. Población de 14 años y más(1). Total de transiciones ocupacionales entre situacionesocupacionales desagregadas. (IV Trimestre 2003 - IV Trimestre 2006)(2).
Sumatoria de Transiciones ocupacionales

Cuadro 7. GBA. Población de 14 años y más(1). Total de transiciones ocupacionales entre situaciones ocupacionales desagregadas por sexo (IVTrimestre 2003-IV trimestre 2006)(2).
Sumatoria de Transiciones ocupacionales

Cuadro 8. GBA.Jefes de Hogar total de 14 años y más(1). Total de transiciones ocupacionales desagregadas. Sumatoria de transiciones ocupacionales (IVTrimestre 2003-IV trimestre 2006)(2).

Cuadro 9 GBA. Varones beneficiarios de programa de empleo por grupo de edad (1). Transiciones entre situaciones ocupacionales (IV Trimestre 2003-IV Trimestre 2006) (2)

Cuadro 10: Asalariados y beneficiarios según grupos de edad. Aglomerado Gran Buenos Aires. Población 14 años y más. II Sem 2003-II Sem 2006

Cuadro 11. Asalariados y beneficiarios varones jefes de hogar, según grupos de edad. Aglomerado Gran Buenos Aires. Población 14 años y más. II Semestre 2003-II Semestre 2006

Nuestras observaciones con respecto al destino y chances de reinserción de los trabajadores de planes de empleo, confluyen con las realizadas en estudios anteriores sobre la dinámica general de reabsorción de la población expulsada del sector registrado.49 De acuerdo a los mismos, el grueso de los trabajadores que se reincorporan a la actividad registrada, una vez expulsados de la misma, lo hacen en los primeros años posteriores a la expulsión, en una magnitud que varía de acuerdo a la etapa del ciclo económico. Podemos inferir entonces que, aquellos que se encuentran con chances de ser reabsorbidos por el sector formal son, en el mejor de los casos, un contingente de los expulsados producto de la crisis del año 2001, pero la reactivación posterior no logrará alcanzar (en el sentido de incorporar como trabajadores formales) a aquellos expulsados en el largo período de contracción del empleo anterior.
Comprobada la reinserción de una parte de los otrora trabajadores de los programas de empleo y habida cuenta de las restricciones para dicha incorporación, no es sorprendente que la población beneficiaria presente, hacia el final del período considerado, atributos de los que pueden inferirse mayores niveles de diferenciación social con respecto al conjunto de los asalariados del área.50
Para cerrar, es posible establecer que la reactivación involucró también una ampliación de las brechas de ingreso individuales entre los perceptores del plan y el resto de los trabajadores.51 Sin embargo, no se amplían al mismo tiempo las brechas en el ingreso per cápita familiar.52
Por lo tanto, las mayores brechas de ingreso individual pueden ser leídas como mayores diferencias entre trabajadores, pero no necesariamente tienen un correlato directo en la mayor desigualdad por ingreso entre sus respectivos hogares.

IV. Resumen y Conclusiones

Una primera caracterización de los trabajadores ocupados en programas de empleo realizada a través de fuentes secundarias, nos ha permitido concluir que los mismos fueron reclutados entre los estratos obreros socialmente mas débiles de la región, lo que se expresaba a su vez, en brechas educativas y de ingresos y en diferencias en los tamaños de sus hogares, con respecto a los ocupados.
Pero, al explorar más detenidamente sus trayectorias laborales personales e intergeneracionales, entendemos que no se puede afirmar, en conjunto, que estemos en presencia de un típico segmento conformado por sectores de fuerza de trabajo supernumeraria de larga data.
En segundo lugar, una evaluación de la evidencia construida en relación al destino de este segmento en el actual período de reactivación, indica que ciertamente parte de estos trabajadores no se han reinsertado y difícilmente se reinsertarán en el mercado laboral. Sin embargo, tanto por los atributos de los trabajadores que no logran reinsertarse como por sus relaciones con el resto de la clase obrera, dichas limitaciones no permiten concluir (hasta el momento y a nuestro entender) que se haya constituido una dinámica de absorción/no absorción que reproduzca la exclusión social definitiva de un segmento del ejército activo.
En esa dirección, recordemos que la consideración de un determinado sector como fracción que se desgaja de manera socialmente significativa, supondría a nuestro entender al menos dos condiciones: a) fractura social con respecto al resto de la clase y b) reproducción social como segmento excluido.
Retomando estos ejes, remarcaremos entonces algunas de las conclusiones a las que arribamos con respecto a los distintos perfiles de beneficiarios.
Particularmente en el caso de las mujeres cónyuges, cuya presencia se profundiza en las últimas mediciones consideradas, tanto su procedencia de la inactividad como el hecho de que dos terceras partes de las mismas se mantengan en el plan y/o pasen a la inactividad, debe ser leídos como indicadores de que se trata de población inactiva, que sale y vuelve a la inactividad ante la posibilidad de sumar este pobre ingreso al también pobre presupuesto familiar.
Con respecto a los beneficiarios varones, focalizados en nuestra investigación en profundidad, precisamos nuestras conclusiones atendiendo nuevamente a las diferencias etarias.
En el caso de los trabajadores varones de las cohortes más antiguas, un primer nivel para su caracterización es, como señalara Wright retomando a Bertaux, el contenido de clase de sus trayectorias. Al respecto dejamos establecido ya, que las trayectorias de los desocupados de 45 años y más compartían hasta principios de los ´90 (esto es, antes del quiebre de las mismas) características generales pero sustantivas con las de los trabajadores ocupados del mismo grupo etario: tales como la inserción en un puesto registrado, con relativa estabilidad, después de una trayectoria con una rotación generalmente acotada a no más de cinco puestos de trabajo previos. En el marco de esta apreciación general, es también cierto que las trayectorias de parte de estos desocupados presentaban ya una rotación mayor entre distintos sectores que las observadas particularmente entre los entrevistados de la manufactura
coetáneos y un promedio mayor de desvinculaciones forzosas anteriores.
Asimismo, dijimos que es posible encontrar semejanzas entre las trayectorias de los beneficiarios de más de 45 años y los ocupados hoy en la industria de la construcción, particularmente en lo que respecta a la experiencia de una inserción de largo plazo seguida por un quiebre de trayectoria. Por último, localizamos aquí también trabajadores que provenían de lo que podemos considerar como el "núcleo duro" de la clase obrera de la región, pero su presencia es excepcional en el conjunto.
Con respecto a estas cohortes más antiguas, podemos sintetizar entonces, que se trata de obreros envejecidos, que vieron interrumpidas sus trayectorias tempranamente, pero en edades lo suficientemente cercanas al retiro como para que sea difícil su reinserción en el período de expansión, más aún teniendo en cuenta la extensión de tiempo que media entre el quiebre de sus trayectorias y el inicio de la reactivación.
De esto da cuenta la sobre-representación relativa de las edades avanzadas en la estructura etaria de los beneficiarios en las últimas mediciones consideradas, manteniéndose un núcleo que no logra reinsertarse laboralmente.
Por su parte, los trabajadores varones de edades intermedias amparados en programas de empleo muestran trayectorias que se carácterrizan por una mayor rotación y frecuencia en las transiciones entre registro/no registro, formalidad/informalidad y trabajo asalariado/cuentapropismo. En relativa sintonía, en parte de las trayectorias de los ocupados entrevistados de este grupo etario (en algunos trabajadores de los sectores menos dinámicos y especialmente en los asalariados de la construcción), se observa también este desplazamiento del empleo formal típico. De estas observaciones, concluimos que los recorridos de parte de los ocupados y de los desocupados comparten rasgos generales que los definen como trabajadores de un mercado secundario caracterizado por un régimen de precariedad, imperante en la región en la década del noventa.
Otro atributo de los entrevistados de esta cohorte colabora en el sentido de desmentir una fractura radical de este segmento con respecto al conjunto de los trabajadores. Nos referimos a la forma que asumen sus hogares: parte de estos varones conforman hogares en los que el resto de los miembros adultos son trabajadores ocupados asalariados relativamente regulares y en los que los menores no están directamente a su cargo. Por un lado, esto implica que conviven con trabajadores de fracciones estables del proletariado local. Por otro lado, esto parece indicar que estaríamos en presencia de casos particulares, en tanto se trata de varones en edades centrales que, a diferencia de lo que es lo característico de ese momento del ciclo de vida, tienen una baja exigencia en cuanto a la provisión material de los hogares.
Evaluando lo dicho hasta aquí, podemos enfatizar que así como la tesis de la underclass americana fue cuestionada en base a la decisiva participación que resultaron tener los trabajadores retirados, la decisiva presencia en el grupo aquí estudiado de a) trabajadores secundarios del hogar (particularmente de las cónyuges); b) trabajadores próximos al retiro y c) desocupados con nutridas trayectorias anteriores, cuyas relaciones familiares los inscriben a su vez en distintos segmentos de la clase; hace que difícilmente los beneficiarios de planes de empleo puedan ser considerados (en conjunto) como un grupo social diferente y separado del ejército de trabajadores activo. Decimos entonces, que si bien hemos observado las ya mencionadas diferencias en atributos socio-demográficos y ocupacionales entre este conjunto sector y el resto de los trabajadores del área, tanto la historicidad de este segmento (observada a través de las trayectorias) como la estructuración de las relaciones que puede pesquisarse al nivel de los hogares (a través del análisis de las relaciones de parentesco y las características socio-ocupacionales del resto de los miembros del mismo), no permiten visualizar una "fractura" social de estos beneficiarios con respecto al resto de la clase obrera.
Por otro lado, información de contexto relevada, nos indica que la situación de pobreza de este segmento no asume (por lo menos en los estudios de casos analizados) rasgos de territorialidad, no pudiendo concluir que exista una segregación espacial 53 marcada entre el mismo y el conjunto de los trabajadores regulares del área, rasgos que hubiesen reforzado54 su diferenciación social. En efecto, sin negar las diferencias de localización y dotación de infraestructura que pueden existir puntualmente entre viviendas de los trabajadores de los programas de empleo y de los trabajadores regulares, es posible señalar que, además de aquellos casos en que unos y otros forman parte del mismo hogar, trabajadores ocupados y beneficiarios de planes de empleo pueden residir en el mismo barrio o en barrios contiguos y comparten los espacios públicos. En ese marco, es cierto también (y matiza la presente conclusión) que los jóvenes insertos en los programas de empleo muestran (al momento de la entrevista) una reducida movilidad espacial, producto tanto de su falta de inserción ocupacional y educativa, como de lo limitado de sus recursos.
Justamente, son los beneficiarios más jóvenes entrevistados quienes muestran también mayores brechas con respecto a los ocupados entrevistados que son sus coetáneos.
En esta dirección, recordemos que los ocupados más jóvenes presentan trayectorias socio-ocupacionales que se diferencian de las de aquellos amparados por programas de empleo, básicamente porque se trata de trayectorias con ocupaciones fabriles y empleos registrados.
Asimismo, señalamos que, dada la juventud de estos entrevistados, para su caracterización es quizás más sustantivo la actividad de los jefes de sus hogares de procedencia que la propia trayectoria. En esa dirección, verificamos también diferencias entre los jóvenes ocupados y desocupados, las que estriban en la notoria mayor intensidad de las ocupaciones fabriles en los hogares de origen de los jóvenes ocupados y como contraparte, la mayor presencia de trabajadores cuentapropistas de subsistencia entre los jefes de hogares de los jóvenes que reciben el plan. De manera consistente con lo dicho, mientras los ocupados y desocupados mayores de treinta años presentan perfiles educativos relativamente similares, es entre los más jóvenes que se abren diferencias más relevantes al respecto, dado el bajo nivel educativo relativo de los beneficiarios.
Pero, así como la identidad de los viejos se define de cara al pasado, la de los jóvenes lo hace de cara al futuro. De esta forma, sin desmedro de sus trayectorias intergeneracionales, es la reinserción productiva de los varones de edades centrales y fundamentalmente de los más jóvenes la que indica cuál es la dinámica de reproducción de este segmento (si lo hace o no en condiciones de exclusión) y define finalmente cuál es la magnitud de la cesura que los años noventa han significado en la formación de la clase obrera de la región.
En ese sentido entonces, nuestras conclusiones aparecen como paradojales: aquellos trabajadores que aparecían como los socialmente más diferentes y más vulnerables son a su vez los que, en razón de su juventud, tienen mayores chances de reinsertarse (y de hecho se reinsertan en mayor medida) en la fase de reactivación. Ciertamente esta reinserción se dará (cuando así sea) de manera prácticamente excluyente en el mercado secundario.

NOTAS

(1) se excluyeron las transiciones ocupacionales de quienes exceden la edad jubilatoria al final del período en que fueron relevados (60 años para las mujeres y 65 años para los varones).

(2) sumatoria de transiciones ocupacionales para los ocho grupos de rotación que permanecieron escalonadamente en la muestra un año y medio cada uno, entre el IV Trimestre 2003-IV trimestre 2006.

(3) se consideraron los ocupados que declaran planes de empleo como ocupación principal así como los beneficiarios de planes de empleo considerados como desocupados o inactivos por la EPH por no realizar contraprestación laboral.

Fuente: elaboración propia en base EPH-INDEC

CITAS

* Este trabajo forma parte de la tesis doctoral "Heterogeneidad obrera y conciencia social: una aproximación a los trabajadores del conurbano bonaerense". Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires. Mayo de 2008.

2 Marx, K.: El Capital. México. Siglo XXI, 1975.         [ Links ]

3 Nun, J.: "Superpoblación relativa, ejército industrial de reserva y masa marginal" en Revista Latinoamericana de Sociología, Vol.V , nro.2, Instituto Torcuato Di Tella, Buenos Aires, 1969;         [ Links ] Nun, J; Murmis, M.; Marín, J.C.: La marginalidad en América Latina- Informe Preliminar. Documento de Trabajo. Buenos Aires. Instituto Torcuato Di Tella, Centre de Investigaciones Sociales, 1968;         [ Links ] Quijano, A.: Imperialismo y "marginalidad en América Latina", Mosca Azul Editores, 1977.         [ Links ]

4 Posteriormente, Nun avanzó en una reelaboración que introduce el concepto de «masa marginal», a partir de la crítica a la asimilación entre las categorías de superpoblación relativa y ejército industrial de reserva. El concepto de masa marginal señala la parte de la sobrepoblación relativa que no cumple funciones como ejército industrial de reserva en la fase de la acumulación capitalista, siendo afuncional o disfuncional al sistema (Nun, J., op.cit. 1969).

5 Existen diferencias relevantes con respecto a la caracterización de la dinámica del mercado de trabajo durante aquél período. Por ejemplo, Beccaria y Orsatti, entre otros autores, se inclinan a enfatizar las características peculiares del mercado de trabajo en Argentina en el que no se habría registrado una situación de "oferta excedente de mano de obra" (a diferencia del resto de las economías latinoamericanas). Por el contrario, Marshall y Cortés, coinciden en formular que en Argentina existieron mecanismos de generación de oferta de mano de obra excedente, originados por la concentración económica, los incrementos de productividad de la mano de obra y las migraciones internas e internacionales. A diferencia de Marshall y Cortés, que sostuvieron el papel de estos excedentes como ejército industrial de reserva durante el período, desde la perspectiva del ya mencionado Proyecto de Marginalidad, se problematizaba la posibilidad de que dichos excedentes no fueran necesariamente absorbidos en los ciclos de expansión de la producción (Beccaria, L. y Orsatti, P.: "Precarización laboral y estructura productiva en la Argentina:1974-1988", en Galin, P. y Novick, M. (compiladores): La precarización del empleo en la Argentina. Buenos Aires. Centro Editor de América Latina, 1990;         [ Links ] Cortés, R. y Marshall, A. "Estrategias económicas, intervención social del Estado y regulación de la fuerza de trabajo. Argentina 1890-1990" Aset, Revista Estudios del Trabajo, Número 1, primer semestre, 1991;         [ Links ] Nun, J., et.al, op.cit. 1968).

6 Spaltenberg R. y Maceira V.: "Una aproximación al movimiento de desocupados en el marco de las transformaciones de la clase obrera en Argentina" en Observatorio Social de América Latina-CLACSO, Nro. 5, 2001;         [ Links ] Svampa, M. y Pereyra, S.: Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteros. Buenos Aires. Editorial Biblos, 2003.         [ Links ]

7 Piore, M.: "El dualismo como respuesta al cambio y a la incertidumbre" y "Los fundamentos tecnológicos del dualismo y de la discontinuidad" en Toharía L. (compilador): El mercado de trabajo: teorías y aplicaciones. Lecturas seleccionadas. Madrid. Alianza editorial, 1983;         [ Links ] Gordon, D., Edwards R. y Reich M.: Trabajo segmentado, trabajadores divididos. Ministerio  de Trabajo y Seguridad Social. España, 1986;         [ Links ] Rubery, J.: "Structured labour markets, worker organization and low pay". Cambridge Journal of Economics/2, 1978.         [ Links ]

8 Piore, Michael "Notas para una teoría de la estratificación del mercado de trabajo" en Toharía L. (comp.): El mercado de trabajo...

9 Murmis, M.: "Tipos de marginalidad y posición en el proceso productivo". Revista Latinoamérica de Sociología 1969, 2, pag.413-421.         [ Links ] Para una discusión actualizada sobre las distintas perspectivas en el análisis de la diferenciación social: Wright, E.O.(editor), Breen R., Grusky D., Weininger E., Sorensen A. and Pakulski J.: Approaches to Class Analysis . Cambridge University Press, 2005.         [ Links ]

10 Wright ha retomado esta noción (acuñada por Bertaux) específicamente para la caracterización de los desempleados temporarios (Wright E. O.: Clase, crisis y estado. Madrid: Siglo XXI de España, 1983 y Wright E.         [ Links ]O.: Clases. Madrid: Siglo XXI, 1994).         [ Links ] Asimismo, el autor ha problematizado la diferenciación que se abre entre la clase obrera estable y los desocupados permanentes retomando la distinción entre relaciones directas de explotación (por parte del capital) y relaciones de opresión no explotativa (Wright E.O.: "Class, Exploitation and Economic Rents: reflections on Sørensen's 'Toward a Sounder Basis for Class Analysis,'" American Journal of Sociology, Volume 105, Number 6. May 2000).         [ Links ]

11 En términos metodológicos, las dimensiones a partir de las cuales se explorará esta diferenciación son, en consistencia con lo señalado, la continuidad como fuerza de trabajo explotada por el capital, la intensidad de la asalarización, la estabilidad y su reverso, la precarización del vínculo laboral. Asimismo, se consideraron aquellas relaciones que se establecen al interior del  proceso productivo y permiten potencialmente inscribir las trayectorias laborales en distintos segmentos, capas y sectores al interior de la clase. Entre estas últimas relaciones, se cuentan la de autoridad y control en los procesos de producción (como funciones derivadas del capital) y las de conocimiento con respecto al proceso productivo (que a nivel operativo medimos en este estudio a través del nivel de calificación desarrollada). (Wright, op.cit. 1994). Por otro lado, la diferenciación social se expresa y cristaliza en comportamientos socio-demográficos distintos de los hogares (comportamientos observados aquí a través de indicadores tales como tipos y tamaño de los hogares, acceso a la educación) (Torrado, S.: Familia y diferenciación social. Cuestiones de método. Buenos Aires. EUDEBA. Colección Manuales, 1998) así         [ Links ] como deriva en desigualdades de ingresos entre los mismos (Wright E.O. y Perrone L.: "Marxist class categories and income inequality" American Sociological Review, Vol 42, Nro.1, 1977, pp 32-55).         [ Links ]

12 Estos sectores de actividad fueron escogidos en virtud de su centralidad como empleadores en las trayectorias de los desocupados ya entrevistados y, en este marco, por las distintas condiciones laborales que suponen para los trabajadores en ellos ocupados.

13 Dada la extensión y heterogeneidad del Área en cuestión, este estudio cualitativo se acota al partido de la Matanza, municipio fabril especialmente afectado por el proceso de desindustrialización, que supo ser además el de mayor concentración de beneficiarios de planes de empleo a nivel nacional y epicentro de una de las más significativas vertientes del movimiento de desocupados.

14 Torrado, S.: op.cit, 1998. Es oportuno advertir que una mayor segmentación de la fuerza de trabajo no siempre puede ser leída en el sentido de una profundización de la diferenciación social. La bibliografía sobre segmentación del mercado de trabajo, advierte sobre la inserción diferenciada de los miembros del hogar según su posición en el mismo. Los trabajadores secundarios suelen pertenecer a grupos que se vinculan con el trabajo capitalista de manera también "secundaria" en relación a sus actividades principales, entre las que podríamos contar la reproducción doméstica y la educación y capacitación formal, propias de los miembros del hogar no jefes (Piore, M., op.cit., 1983 a). En ese sentido, un aumento de las diferencias entre segmentos puede remitir a brechas que se amplían entre trabajadores con distintas posiciones dentro de los mismos hogares, lo que por tanto no debe ser leído como una mayor diferenciación social.

15 Al respecto Torrado, op.cit., pag. 104. Para una discusión de esta hipótesis: Wright, E.: Class counts. Comparative studies in class analysis .Cambridge: Cambridge. University Press . 1997.         [ Links ] Entendemos que particularmente para nuestro país, esta decisión metodológica no sería especialmente controvertida, ver Jorrat, J.: Estratificación social y movilidad. Un estudio del área metropolitana de Buenos Aires. Tucumán: Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Tucumán. 2000;         [ Links ] Gómez Rojas, G.: "La aplicación del esquema de clases de J. Goldthorpe al estudio de la estratificación social y el género". 7mo. Congreso de Estudios del Trabajo, ASET, Buenos Aires, 2005.         [ Links ]

16 Stichweh, R.: "Inklusion/Exclusion, funktionale Differenzierung und die Theorie der Weltgesellschaft" in Soziale System 3. Deutschland. Verlag Leske, 1997.         [ Links ]

17 Beccaria, L. y Altimir O.: "Efectos de los cambios macroeconómicos y de las reformas sobre la pobreza urbana en la Argentina" en Ganuza, E.; L.Taylor y S. Morley,: Política macroeconómica y pobreza en América Latina y el Caribe, Santiago de Chile. PNUD/BID/CEPAL, 1998.         [ Links ]

18 Cortés, R.:"Argentina: Reestructuración económica e impacto en el mercado de trabajo". Revista del Centro de Estudios del Conurbano, 1997.         [ Links ]

19 Cortés, R.: "Marginación de la fuerza del trabajo femenina? Estructura de ocupaciones 1980-1993" en H. Birgin (comp.): Acción pública y sociedad. Las mujeres en el cambio estructural. Buenos Aires. Editorial Feminaria y C.E.A.D.E.L, 1994;         [ Links ] Cortés, R.: op.cit.1997; Beccaria y Altimir: op.cit., 1998.

20 Salvia, A.: "Segmentación de la Estructura Social del Trabajo en la Argentina. El Problema, Debate y Alternativas de Política" Buenos Aires. Laboratorio nro.9, 2002.         [ Links ]

21 Beccaria, L. y Maurizio, R.: "Movilidad laboral e inestabilidad de ingresos en Argentina". 2da. Reunión anual sobre Pobreza y Distribución del ingreso, LACEA/BID/BM/UTDT, 2001;         [ Links ] Paz J.: "Transiciones en el mercado de trabajo y protección laboral en la Argentina". Ponencia presentada al Seminario Historias laborales y frecuencia de aportes al Sistema de Seguridad Social. OIT y Secretaría de Seguridad Social, Buenos Aires, 2003;         [ Links ] Persia, J.: "La dinámica de la estructura socio-ocupacional. Un estudio sobre los desplazamientos ocupacionales en el mercado de trabajo del Aglomerado Urbano Gran Buenos Aires, 1993-2003". VII Congreso de Estudios del Trabajo. ASET, 2005;         [ Links ] Maceira, V.: Heterogeneidad obrera y conciencia social: una aproximación a los trabajadores del conurbano bonaerense. Tesis doctoral. Facultad de Ciencias Sociales. U.B.A., 2008.         [ Links ]

22 Se modificó la regulación del salario, el derecho de huelga y el alcance y contenidos de la negociación colectiva; se crearon modalidades contractuales temporarias, se redujeron en forma generalizada los aportes empresarios a la seguridad social y las asignaciones familiares y se introdujo un seguro privado para accidentes y enfermedades de trabajo, limitando las compensaciones (Cortés R. y Marshall A.: "Estrategia económica, instituciones y negociación política en la reforma social de los '90" en Desarrollo Económico, v.39, n.154, p.195 - 212, 1999.: 207).         [ Links ]

23 Marshall A. y Perelman L.: "Cambios en los patrones de negociación colectiva en la Argentina y sus factores explicativos", Estudios Sociológicos, XXII (65), 2004.         [ Links ]

24 Golbert, L.: ¿Derecho a la inclusión o paz social? Plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados. Serie Políticas Sociales, Nº 84. Santiago de Chile.CEPAL. División de Desarrollo Social, 2004.         [ Links ]

25 Entre 1994 y 1997, la cobertura de los programas de empleo (considerados conjuntamente) aumentó de 40.000 hasta 130.000 beneficiarios.

26 Golbert, op.cit. El área Metropolitana fue escenario privilegiado de estos procesos. La tasa de desocupación creció entre el 6,3% y el 16,4% entre 1991 y el 2003, lo que implica un aumento absoluto y relativo mayor que en el resto de los aglomerados urbanos. Entre 1991 y el 2003, se observa un magro aumento neto de puestos de trabajo en el Área (del 12,2%). Este crecimiento (insuficiente en términos de absorción de la mano de obra que se incorporó al mercado), remite además exclusivamente a puestos del segmento productivo menos estructurado. En esa dirección, según nuestra estimación, (en base a EPH) la variación de puestos plenos (excluyendo los subocupados) sería negativa, con una destrucción neta de 234.553 puestos plenos entre 1991 y el 2003, lo que representa el 6,2% de los existentes en 1991.

27 Lindenboim, J.: "Calidad del empleo y remuneraciones: el desafío actual" Revista Realidad Económica, Nro. 228, Buenos Aires, 2007.         [ Links ]

28 Cortés, R.; Groisman, F.; Hosowszki, A.: "Transiciones ocupacionales, el caso del plan jefes y jefas". 6to.Congreso Nacional de Estudios del Trabajo, 2003.         [ Links ]

29 El programa contribuyó en lo inmediato y durante su implementación a contener el aumento de la tasa de desocupación abierta. Así por ejemplo, en octubre del 2002, la ocupación en este programa restaba aproximadamente seis puntos de la tasa de desocupación (Cortés et.al., op.cit., 2003).

30 Jalan J. y Ravallion M.: Income Gains to the Poor from Workfare: Estimates for Argentina´s Trabajar Program. The World Bank. Development Research Group. Poverty and Human Resources, 1999;         [ Links ] Cárcar F.: La política activa de empleo en la Argentina de los noventa: ¿mayor inclusión o mejor exclusión? Análisis de contenido, alcance y evolución de los programas de empleo y capacitación implementados por el Gobierno Nacional en la década del 90. Tesis para optar por el grado de Maestro en Ciencias Sociales. FLACSO-Argentina, 2006; Revista de Trabajo MTSS, 1999.         [ Links ]

31 Según la primera evaluación del PJJHD el 64% de la población beneficiaria eran mujeres, porcentaje que varía al 71% en la segunda evaluación (Evaluaciones realizadas por el Ministerio de Trabajo en septiembre de 2002 y junio de 2004 respectivamente).

32 Cortés, R.: et al, op.cit., 2003. En el citado estudio se analizaron los beneficiarios del plan en octubre de 2002 y, retrospectivamente, la información sobre los mismos relevadas en las ondas de mayo de 2001, octubre de 2001 y mayo de 2002. Es decir que se describen las transiciones ocurridas en el año y medio anterior a la percepción del plan.

33 Estas tendencias son a su vez confirmadas por información sobre beneficiarios de la provincia de Buenos Aires provista por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTEySS).

34 El tamaño medio de los hogares de los beneficiarios era de 4,5 frente al 3,5 para el resto de los asalariados y el promedio de menores en el hogar de 1,23 frente al 0,67 del resto de los asalariados.

35 Las entrevistas a beneficiarios PJJHD se tomaron con un interregno de dos años y medio. Por lo que, para formar estos grupos etarios, las edades de los entrevistados del Plan Trabajar se llevaron a las que tendrían al momento del último relevamiento. Dado que el análisis no devuelve diferencias sustantivas entre los beneficiarios del mismo grupo etario de uno y otro programa, optamos en este artículo por su presentación conjunta. Los entrevistados de 45 años y más son veinte; los entrevistados de entre 30 y 44 años son catorce y los más jóvenes son trece.

36 Este dato no deja de ser consistente con el período de formación de este área poblacional, producto de la sub-urbanización periférica característica del GBA, posterior a la década del ´60 (ver Lattes, Alfredo E. y Recchini de Lattes Z.: "Auge y declinación de las migraciones en Buenos Aires" en Jorrat, R. y Sautu, R. (compiladores): Después de Germani. Exploraciones sobre estructura social de la argentina. Buenos Aires. Paidós. Estado y Sociedad, 1992).         [ Links ] Es importante remarcar que se trata, en todos los casos, de antiguos migrantes, con más de quince años de residencia en el Área Metropolitana.

37 Particularmente, para el caso de los beneficiarios del PJJHD, para quienes contamos con información detallada al respecto.

38 Esto probablemente supone a su vez una menor presión a la hora de insertarse laboralmente.

39 Esta relación entre coetáneos ha sido considerada en términos de movilidad social relativa. (Goldthorpe, J., Lockwood, D., Bechhofer, F. and Platt, J.: The affluent worker: industrial attitudes and behaviour. Cambridge University Press, 1968.         [ Links ]

40 Las edades de nuestros entrevistados ocupados se distribuyen de la siguiente manera: nueve tienen entre 45 y 59 años de edad; siete tienen entre 31 y 44 años de edad y cuatro son menores de 30 años.

41 Presentamos los rasgos centrales de las trayectorias de los ocupados, como parámetros a partir de los cuales contrastar las propias de los desocupados: a) Cinco de los ocho trabajadores metalúrgicos entrevistados ingresaron al sector metalúrgico directamente a través de su empleo actual. Entre los metalúrgicos mayores de 45 años y los más jóvenes, la inserción metalúrgica es prácticamente excluyente a lo largo de sus trayectorias, mientras que entre los entrevistados de edad intermedia se registran inserciones prolongadas (que llegan hasta ocho años) en otras ramas de actividad. Excluyendo los tramos iniciales de la trayectoria laboral, el conjunto de puestos que componen las historias metalúrgicas son mayormente registrados y formales. Si bien tres de los ocho metalúrgicos registran desvinculaciones anteriores no voluntarias, las mismas no resultaron en períodos prolongados de desempleo abierto. En términos de sus trayectorias intergeneracionales, los trabajadores metalúrgicos son (a diferencia del resto de nuestros entrevistados -ocupados y desocupados-) segunda generación de obreros industriales, y en tres de estos casos los padres fueron obreros del mismo sector; b) Entre los trabajadores textiles, la rotación previa a la entrada al puesto actual ha sido variable aunque acotada, yendo de un solo puesto anterior a cinco. En todo caso, todos tienen una antigüedad no menor a los diez años en su empleo actual. Sin embargo, los trabajadores menores de 45 han preservado la estabilidad de sus actuales puestos a costa de tolerar un deterioro sistemático de su relación salarial. En dos de estas trayectorias se registró un episodio de desvinculación forzada. En términos intergeneracionales, solo dos ocupados insertos en las industrias menos dinámicas provienen de hogares cuyo jefe era obrero industrial; c) Los trabajadores de la construcción entrevistados muestran una importante discontinuidad, traspasando con frecuencia las fronteras entre registro/no registro, formalidad/informalidad y trabajo asalariado/cuentapropismo. En sus inserciones actuales, la antigüedad media del conjunto es de cinco años y seis meses. Se registran episodios anteriores de desvinculación forzosa, en la mayoría de los casos seguidos de desempleo de larga duración. Los mayores de 45 años, han desarrollado tramos sustantivos de sus trayectorias en otros sectores de actividad, y luego de su despido no han logrado reinsertarse en el mismo sector. En estos casos observamos trayectorias que están sufriendo un claro proceso de movilidad social descendente. En tanto, entre los asalariados de la construcción de la cohorte intermedia se destaca la alta rotación laboral, desarrollándose estas trayectorias como sucesión de inserciones de corta duración, registradas pero temporarias, o bien no registradas, en establecimientos formales pero también como cuentapropistas de bajas calificaciones y sin capital. Los padres de los trabajadores de la construcción eran mayormente asalariados pero, en ningún caso, obreros industriales.

42 En esta cohorte incluso los obreros metalúrgicos presentan una mayor rotación, lo que los diferencia de los trabajadores de la misma actividad de otras generaciones.

43 Mientras la mitad de los jóvenes ocupados entrevistados terminaron el ciclo secundario, ningún joven incorporado a programas de empleo entrevistado (ni del PT ni de los PJJHD), lo hizo.

44 Para el total de aglomerados urbanos, la tasa de empleo aumentó del 39,1% al 42,1% desocupación en tres años (octubre 2003 a octubre 2006) mientras que en el mismo período la tasa de desempleo descendió del 14,5% al 8,7%.

45 Con un aumento del 20% en los empleos registrados privados del sector formal, según datos de la Encuesta de Indicadores Laborales, MTEySS, marzo 2007 respecto a agosto 2001.

46 A los efectos de esta investigación, restringimos el análisis al conjunto de activos mayores de 14 años y menores de la edad jubilatoria obligatoria, considerando como tal los 65 años en el caso de los varones y los 60 años en caso de las mujeres. De esta manera se minimizó el sesgo hacia la inactividad que resultaría de incorporar individuos de edades más avanzadas.

47 Considerando exclusivamente a los beneficiarios que se reinsertaron, observamos que el 70% lo hizo como trabajador no registrado y el 20% como cuentapropista. Siguiendo los parámetros generales en esta materia, entre los destinos ocupacionales de las mujeres que se reinsertan se sobre enfatiza el empleo no registrado (un 80%) mientras que entre los varones, el cuentapropismo (un 31% de los que se reinsertan). (Cuadro 5). La dinámica observada se da en un contexto en el que continúa la fuerte segmentación de la fuerza de trabajo entre inserciones registradas y no registradas, que muestran las diferencias características en sus pautas de movilidad. Mientras el 82% de los asalariados registrados permanecen en su posición al cabo de un año y medio, solo uno de cada dos asalariados no registrados mantienen su puesto. Asimismo, las transiciones entre el segmento no registrado hacia el registrado son de aproximadamente el 17% de los trabajadores no registrados (Cuadro 6), porcentaje ciertamente acotado, pero que al mismo tiempo muestra la expansión del sector más estructurado.

48 Este porcentaje es algo menor pero tendencialmente similar al observado en una evaluación realizada por el Ministerio de Trabajo, en base a la cual se puede concluir que aproximadamente un 7% de los varones beneficiarios de planes de empleo, se incorporaron a un puesto de trabajo registrado entre septiembre del 2002 y septiembre del 2003. Asimismo, una evaluación posterior del mismo organismo, realizada entrada ya la fase de reactivación (entre junio del 2004 y febrero del 2005) ha concluido que un 3,7% del total de beneficiarios encuestados logró incorporarse en el mercado de trabajo formal. Por otro lado, en el mismo estudio se estima la probabilidad media de inserción laboral en el mercado formal de la población beneficiaria masculina en un 8,4%. (MTEySS .Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales. Inserción Laboral de los beneficiarios del Programa Jefes de Hogar. Informe enero 2004; Roca, E.: et.al "Resultados de la Segunda Evaluación del Programa Jefes de Hogar e Inserción Laboral de los beneficiarios en empleos registrados". VII Congreso de Estudios del Trabajo. ASET, 2005).         [ Links ]

49 Castillo, V.: et.al. "Trayectorias laborales y rotación del empleo: restricciones para el desarrollo de competencias técnicas". VII Congreso de Estudios del Trabajo. ASET, 2005.         [ Links ]

50 El porcentaje de beneficiarios que completaron el ciclo medio pasa del 14,9 al 11,3% entre el 2003 y el 2006, contrastando con el 56,2% que representa este segmento educativo en el resto de los asalariados en el último año. Asimismo, en el 2006, el 22,5% de los jefes beneficiarios presentan muy bajos niveles educativos (primaria incompleta), frente al 7,5% del resto de los asalariados.

51 Hacia el 2003, los trabajadores de los programas de empleo, recibían un ingreso individual por el plan que, en promedio, era el 22,3% del salario de la ocupación principal del resto de los asalariados y aproximadamente el 42% del salario de los no calificados. Esta brecha aumenta hacia el 2006, cuando el ingreso de los beneficiarios es sólo el 14,2% del que reciben el resto de los asalariados en general y el 24% del que perciben en promedio los asalariados no calificados. Si restringimos nuestra mirada a los jefes de hogar, las diferencias en este punto son mayores. En el 2003, los trabajadores beneficiarios recibían sólo el 17% del salario del resto de los asalariados y la tercera parte que el salario de los jefes no calificados, proporciones que disminuyen en el 2006, al 11, 8% y 23,7%, respectivamente.

52 El ingreso per cápita familiar de los jefes beneficiarios se mantiene en un 31,4% respecto del de los trabajadores no calificados y asciende levemente en relación al total de asalariados del 16% en el 2003 al 17,6% en el 2006.

53 Ver Forni, F. y Roldan, L.: "Trayectorias Laborales de residentes de áreas urbanas pobres. Un estudio de casos en el conurbano bonaerense". Desarrollo Económico, vol.35, nro.140 Eneromarzo, 1996.         [ Links ]

54 Entre otros, Guiddens ha destacado la segregación espacial como factor de estructuración inmediata de las clases sociales. (Guiddens, A.: La estructura de clases en las sociedades avanzadas. Madrid. Alianza Universidad, 1979).         [ Links ]