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Población y sociedad

versión On-line ISSN 1852-8562

Poblac. soc. vol.16 no.1 San Miguel de Tucumán ene./jun. 2009

 

ARTÍCULOS ORIGINALES

Dinámicas Poblacionales de los Valles Orientales del sur de Bolivia y norte de Argentina, siglos XV-XVII. Aportes etnohistóricos y arqueológicos

L. Guillermina Oliveto*
Beatriz Ventura**

* CONICET-Universidad de Buenos Aires. Instituto de Arqueología. Correo electrónico: guilleoliveto@yahoo.com
** CONICET-Universidad de Buenos Aires. Instituto de Arqueología. Correo electrónico: beatrizventura2006@yahoo.com.ar

RECIBIDO: 11/08/08
APROBADO: 06/04/09

RESUMEN

En este trabajo se sintetiza la dinámica poblacional que se desarrolló en los valles orientales del norte de Salta (Argentina) y del sureste de Tarija (Bolivia) durante los siglos XV a XVII. Estos valles formaron parte, tanto en tiempos incaicos como durante la conquista española, de la frontera oriental, considerando como tal a un espacio caracterizado por los enfrentamientos directos, pero también por las interrelaciones, los contactos y las negociaciones.
Con la ocupación incaica, estos valles fueron habitados por diversas poblaciones relocalizadas provenientes de lejanos lugares y de ambientes variados conformando un espacio multiétnico. Allí aseguraban los intereses estatales respecto del control y defensa de la frontera ante los avances de los pueblos chiriguanos y chaqueños y, también, desarrollaban, principalmente, tareas agrícolas y extractivas.
Con la conquista española, el control sobre la población se debilitó y algunas de las poblaciones relocalizadas comenzaron el regreso a sus lugares de origen, como los moyos-moyos que son registrados por la documentación del siglo XVI mientras retornaban hacia la zona del piedemonte.
La gran movilidad poblacional obedece a una serie de procesos que se fueron encadenando. A las reestructuraciones propiciadas por las políticas incaicas se le suman los continuos conflictos con los pueblos chiriguanos y chaqueños que movilizaron a las poblaciones de los valles orientales tarijeños y salteños hasta bien entrado el siglo XVI. Las encomiendas y las mercedes de tierras complejizaron aún más la dinámica poblacional de estos valles, dispersando grupos y reagrupando otros. La multietnicidad, la movilidad, el abandono de asentamientos, la ocupación y fundación de nuevos poblados y los conflictos armados caracterizan a estos valles orientales entre los siglos XV y XVII.
En este artículo se estudian estos complejos procesos poblacionales a través del análisis de la documentación histórica y del registro arqueológico con el objetivo de otorgarle a la región una unidad trascendiendo los límites nacionales actuales.

Palabras clave: Valles orientales; Multietnicidad; Dinámica poblacional

ABSTRACT

This paper summarizes the population dynamics developed in the eastern valleys in northern Salta (Argentina) and in southeastern Tarija (Bolivia) during the 15th and 17th centuries. These valleys were part of the eastern border, conceived as a space characterized by direct clashes, but also by interrelations, contacts, and negotiations, both in the times of the Incas and during the Spanish conquest.
During the Inca occupation, these valleys were inhabited by diverse populations that moved from far-away places and varied surroundings, forming a multiethnic space. In this way state interests with respect to control and defense of the border against the advances of the chiriguanos and chaqueños were assured and it was also possible to develop agricultural and extractive tasks.
With the Spanish conquest, the control over the populations of these valleys was debilitated and some of these relocated populations started the return to their places of origin. Similar is the case of the moyos-moyos that are recorded by the documentation of the 16th century while they returned to the piedmont zone of Cochabamba from which they had been relocated by the Incas. Nevertheless, they ended up permanently settling in the environs of La Plata divided into the encomiendas of Spaniards.
The large population movement that was verified in the region complements a series of processes that were becoming entwined. To the restructuring caused by the Inca politics was added the continuous war conflicts with the chiriguanos and chaqueños that mobilized the populations of the eastern Tarija and Salta valleys until well into the 16th century. The encomiendas and the grants of land complicated the population dynamics of these valleys, dispersing groups, and moving even more others. The multiethnic composition, the mobilization, the abandonment of towns, the occupation and foundation of new populations and the armed conflicts characterized these eastern valleys during the 15th and 17th century.
In this article complicated population processes are studied through the analysis of the historical documentation and of the arqueological records with the objective to grant to the region a unity that goes beyond the actual national limits.

Key words: Oriental valleys; Multiethnicity; Population dynamics

1. INTRODUCCIÓN

La situación poblacional de los valles orientales del sur de Bolivia y norte de la Argentina entre los siglos XV y XVII ha recibido atención desde diversas disciplinas; sin embargo, es preciso intentar un estudio sistemático capaz de incluir las perspectivas histórica y arqueológica en la búsqueda de una reconstrucción global de este espacio que ha sido menos estudiado que otras regiones. Los valles orientales a los que se hace referencia en este trabajo corresponden al territorio ubicado al este de la Cordillera Oriental. Se trata del sur del actual departamento de Tarija (Bolivia) y el norte de la provincia de Salta (Argentina).
En los últimos años, una mayor cantidad de investigadores se está ocupando de esta región, conformada por lo que fuera en la época temprano colonial el extremo sur de Charcas y el norte de la Gobernación del Tucumán. A pesar de la unidad de esta región en aspectos geomorfológicos, ambientales, hidrológicos, económicos y sociales, hay diferencias metodológicas en su estudio que han tenido que ver con distintos niveles de análisis en la investigación en Argentina y Bolivia. Tienen también, un uso diferente las categorías que designan a la región en ambos países, en Bolivia se la conoce como "los valles", mientras que en Argentina, estos valles orientales reciben el nombre de "Yungas". En Bolivia, la palabra "Yunga" designa a los bosques al norte del paralelo 18º S.1
Se considera deseable romper con estas limitaciones para recuperar la coherencia que este espacio tuvo en el pasado y que comenzó a perder con los límites impuestos primero, por el imperio Inca y luego por la conquista y colonización europea. El proceso culminó, en lo formal, con la demarcación de los Estados Nacionales a partir del siglo XIX. Algunos sectores de estos valles pertenecieron a territorio boliviano hasta la tercera década del XX, por ejemplo, el valle de los Toldos, en el departamento de Santa Victoria (Salta) que, recién en 1938, formó parte de la República Argentina.2
Estos valles orientales integran una región con diversidad de recursos, distribuidos en sus distintos ambientes. Estos abarcan desde los Pastizales de Neblina en su límite superior (3000 msnm), descendiendo hacia el oriente, a través de los Bosques y Selva Montanos, hasta la Selva Pedemontana (300 msnm) en su límite con el Chaco.
Aunque en los últimos años el registro arqueológico de estos valles orientales del sur de Tarija y norte de Salta se ha visto aumentado con los trabajos de prospección regional de algunos investigadores3, sabemos que, por el momento, cualquier conclusión es preliminar. Esto se debe a la necesidad de más estudios sistemáticos, que incluyan excavaciones, fechados radiocarbónicos y otros análisis que permitan ubicar cronológica y funcionalmente las ocupaciones en los distintos sitios arqueológicos registrados.
Desde la historia, los archivos regionales y nacionales argentinos y bolivianos, tanto estatales como eclesiásticos, contienen una cantidad muy importante de documentación que es preciso reinterpretar en la búsqueda de indicadores que permitan conocer los procesos acaecidos y contextualizar los hallazgos de la arqueología para lograr reconstruir la situación poblacional en todo su dinamismo.
El trabajo que se tiene por delante es, al decir de Presta, de verdadera filigrana.4Sin embargo, se considera factible de realizar, sobre todo utilizando documentación en las que se cuenta con información de primera mano brindada por españoles e indígenas. La documentación utilizada  permite, merced al trabajo etnohistórico, sacar a la luz algunos aspectos de la situación de la frontera oriental.
El objetivo de este trabajo es presentar los resultados de un grupo de investigadores, arqueólogos e historiadores que constituyen un primer acercamiento exploratorio desde un marco regional que derivará luego en estudios más específicos.

2. Los valles orientales como espacio de frontera

Tanto en tiempos del Inca como durante la conquista española estos valles formaron parte de la frontera oriental, una frontera de guerra. Resulta indispensable plantear ciertas observaciones sobre la noción de frontera, ya que esta categoría trae aparejadas no pocas confusiones dada la amplitud de su uso en sentidos diferentes. En primer lugar, es necesario desvincular la noción de frontera, como aquí se la entiende, de la idea de límite entre mundos antagónicos. En contraposición, y fruto del trabajo histórico y arqueológico, se vislumbra una realidad mucho más compleja, caracterizada por el contacto, la negociación y las relaciones interétnicas que involucraban a diferentes grupos indígenas y, más tarde, a españoles. En este sentido, resulta ineludible mencionar las pioneras e inspiradoras obras de Saignes y Renard-Casevitz.5 Dichos autores realizaron un fundamental análisis de la extensa frontera oriental de los Andes en el que se comenzó a cuestionar la idea de la separación entre el mundo andino dominado por los Incas y sus vecinos de las tierras bajas, abriendo desde la etnohistoria los estudios acerca de la naturaleza de las relaciones entre estas poblaciones.
Sin embargo, la imagen que presenta la documentación colonial es la de frontera en tanto confín. Claramente es una definición impuesta desde el poder. Así, el centro es la sede del poder político desde el que se definen áreas de influencia, denominándose frontera a los espacios más alejados y en los que su capacidad de intervención es ciertamente menor o, por lo menos, diferente a la que se produce en el centro, donde la dominación se halla más afianzada. Un espacio fronterizo puede coincidir con un límite ecológico, pero esa no es su naturaleza porque sus características están definidas por los resultados de la lucha de poder entre todos los sujetos intervinientes que pugnan por cumplir sus objetivos. No obstante esa caracterización, la labor histórica y arqueológica que aquí se presenta, pretende darle entidad propia a la región para no adherir a los estereotipos o definiciones que las fuentes construyen. En definitiva, la tarea que se tiene por delante es la de la construcción del propio objeto de estudio a la luz del análisis de las evidencias con las que se cuenta, las cuales no son fiel reflejo de la realidad pasada. El análisis social implica trascender las primeras impresiones para abordar en profundidad las complejas realidades que se estudian con la aplicación de un conjunto de herramientas conceptuales. En nuestro caso, la imagen transmitida está estrechamente relacionada con el tipo de documentación con la que se trabaja. Es decir, diversos documentos producidos en los centros políticos para los cuales los valles orientales eran, desde el punto de vista político y administrativo, una frontera.
Estas aclaraciones no implican restarle importancia a dicha clasificación porque hubo políticas que se impulsaron desde los centros de poder en función de ella. Partir de la definición de frontera permitirá en futuros trabajos, además, comparar con las transformaciones de la ocupación y de las dinámicas interétnicas que se dieron en otros puntos del arco fronterizo oriental durante la ocupación incaica y española.

3. Dinámicas poblacionales de los valles orientales de Tarija y Salta durante el dominio incaico

Si hay algo característico de esta frontera bajo el dominio incaico, es la multietnicidad y la movilidad. Sin embargo, estas dos variables tienen larga data en la región. La arqueología ha mostrado que estos valles orientales se incluían, desde mucho antes del arribo de los Incas, en un amplio circuito de circulación de objetos, personas y seguramente elementos simbólicos. Uno de estos casos corresponde a poblaciones de la Selva Piedemontana del norte de Salta, en el siglo X, que participaban de un circuito que incluía materiales cerámicos provenientes de la Puna jujeña y de la quebrada de Humahuaca. Las turquesas de las cuentas de los collares de los ajuares funerarios se obtenían, posiblemente, en el norte de Chile, mientras que las de sodalita provenían de Cerro Sapo, en Cochabamba, Bolivia, al igual que la abundante metalurgia, elaborada, posiblemente, en el altiplano boliviano.6
Las interacciones propias de los grupos locales y la relación entre estos con los grupos vecinos se complejizaron hacia el siglo XV por las vinculaciones con los grupos chiriguanos.7 A esto se sumó poco después la influencia del poder incaico que llevó adelante una política de relocalización de poblaciones en estos valles.
Desde la clásica obra de Salas8 se ha planteado la idea de la multietnicidad junto a otra característica del área, la dispersión poblacional. Así, se visualizan en este espacio una serie de interacciones entre sociedades organizadas sobre bases sociales y económicas diferentes.
Además, estos valles fueron un área de paso altamente transitada, confirmando la idea de la complejidad del panorama étnico de la zona.
Para encontrar una explicación a la heterogénea, dispersa y móvil ocupación poblacional que se verifica es necesario remontarse, por lo menos, a la política incaica llevada a cabo en los espacios de frontera. Los incas establecieron colonos (mitmaqkuna), es decir, población no originaria proveniente de diferentes y alejadas regiones como parte de una planificación en la defensa de los valles frente a la amenaza de las poblaciones vecinas no sometidas (como los chiriguanos) y, también, para aprovechar los recursos que se podían extraer de los valles cálidos y de los bosques y selvas. La riqueza de estos valles en la producción agrícola en el pasado (principalmente maíz) es notoria y se observa en las numerosas obras relacionadas con dicha actividad, tales como andenes de cultivo, obras de retención de agua y de riego, túmulos de despedre, estructuras de almacenaje, etc. Esta política incaica produjo un importante reacomodamiento de las poblaciones, lo cual se pone de manifiesto en la documentación temprana en la múltiple mención explícita de desplazamientos y abandono de lugares por parte de los diferentes grupos indígenas ante las incursiones de los chiriguanos.9
Cuando el cronista Pedro Cieza de León explica en el Señorío de los Incas los tipos de mitmaqkuna que existieron bajo el gobierno de los incas, distingue a una clase que fue trasladada:

porque los indios de las fronteras de los Andes, como son Chuchos y Moxos Cheriguanaes, que los mas dellos tienen sus tierras a la parte de Levante a la decaida de las sierras y son gentes barbaras y muy belicosas (...) y que muchas veces salieron a dar guerra a los naturales de aca y les destruyan sus pueblos y campos (...) para remedio desto habia en muchas partes capitanias y guarniciones ordinarias, en las cuales estaban algunos orejones. (...) [Los Incas] sacaban para soldados destas capitanias mitimaes de las partes y provincias que convenian, los cuales eran llevados a donde digo y tenían sus fuertes, que son pucaraes10

Es decir, que los incas establecieron fortalezas habitadas por mitmakquna en todo el arco fronterizo oriental para frenar a aquellas poblaciones que amenazaban muy concretamente las posiciones ganadas. Cieza distingue a "algunos orejones" en los asentamientos de defensa, quienes evidentemente tuvieron como función la organización y el control de las actividades realizadas por el resto de los colonos. Estos orejones conformaban un cuerpo privilegiado al servicio del Inca que tenía puestos de importancia en el control de los territorios sometidos. Los orejones podían ser incas, aunque no pertenecían al linaje real, o ser parte de los "incas de privilegio" o "incas honorarios", es decir, miembros de grupos étnicos que habitaban la región de Cuzco a la llegada de los incas fundadores y que trabaron con ellos relaciones de alianza.11 Los servicios de los orejones se recompensaban con la entrega de ropa de lana y plumas, brazaletes de oro y plata y mujeres, según lo consigna Cieza.12
Las cédulas de las primeras encomiendas contienen los nombres de los grupos repartidos que habitaban los valles orientales de Tarija hacia 1540. Los testimonios provistos en ciertos procesos judiciales inmediatamente posteriores confirmarían que esos pobladores fueron establecidos allí como parte de la reestructuración espacial de los incas. Se trata de carangas, juríes, chichas, churumatas, tomatas, apatamas, moyos moyos y sus "superiores" los ingas orejones.13 Esto muestra la convivencia, en un mismo espacio, de pueblos andinos con grupos provenientes de la selva. Respecto de estas poblaciones, existen interrogantes en torno a su status, origen y relocalización por parte del Imperio Incaico y a sus posteriores desplazamientos durante la conquista española. También es lógico suponer que dentro de los contingentes de mitmaqkuna existió una división de tareas, aunque para los valles orientales de Tarija, no está claro como se distribuían.
Según las fuentes, los Incas hicieron construir una serie de fortalezas como las de Esquile, Lecoya y Aquilcha, en las que apostaron poblaciones foráneas para evitar el avance de los temidos chiriguanos.14
Las mismas cédulas de encomiendas registran la ubicación de algunas de las poblaciones relocalizadas en los valles de Tarija, mencionando, en ciertos casos, hasta el número de pueblos y de casas que tenían. Los caranga se ubicaban desde el centro hacia el sur de la entonces denominada "provincia de Tarija" y, según se lee en la cédula de encomienda que Francisco Pizarro le entregara a Francisco Retamoso en 1540, tenían 14 pueblos y una fortaleza, Aquilcha, de ubicación incierta. Totalizaban unas 255 casas habitadas, entre los pueblos y el fuerte, permitiendo establecer una población caranga de entre 510 y 765 habitantes en Tarija. Los pueblos variaban entre 2 y 40 casas, aunque la mayoría eran asentamientos de entre 4 y 20 casas. La fortaleza de Aquilcha contaría con unas cien casas y en sus cercanías se alzaba un pueblo del mismo nombre en donde vivían quienes mantenían y apoyaban a los militares.15
La asociación de los carangas con la fortaleza de Aquilcha sumada a la información contenida en el "Memorial de Charcas" que los mallku de las "naciones" aymaras presentaron al Rey de España en 1582 permitiría identificar a este grupo en particular con una función específica de soldados. En dicho documento los carangas reivindican su condición de exentos de otras tributaciones en función de haber sido soldados durante el período incaico y de haber estado, entre otros lugares, "en las fronteras y guarniciones en las fortalezas contra los chiriguanaes".16
Los otros dos lugares fortificados que mencionan las fuentes son los fuertes de Lecoya y Esquile, aunque ninguno de los dos ha sido identificado arqueológicamente. El primero estaría ubicado junto a la Angostura del Guadalquivir en el valle de la Concepción y el de Esquile en el Ancón, en la entrada del mismo valle en el sector conocido como "valle de los churumatas".17 Se sabe que en el último convivieron moyos moyos, churumatas, chichas, apatamas e ingas orejones, trabando relaciones que perdurarían a lo largo del primer siglo de dominación colonial.18
Los incas dejaron claras muestras de su presencia en los valles orientales del sur de Tarija, en una serie de sitios de diversos tamaños y funciones. Sectores muy bien conservados del camino incaico unen distintos puntos de los valles tarijeños, tanto en sentido norte-sur como este-oeste19 . El acceso a estos valles se patentiza por la construcción de un par de puentes de piedra en los sectores altos de la Cordillera Oriental, en Ñoquera y Sama20 . En algunos casos, se registran rasgos de arquitectura incaica en sitios con ocupaciones previas (por ejemplo, Canasmoro y El Saire), reconocidos por Arellano López como pertenecientes a la "Cultura Tarija"21 (ver mapa 1).


Mapa 1: Sitios mencionados

Al sur de Tarija hay, al menos, tres sitios de importancia con arquitectura y/o materiales incaicos: Tolomosa, Pucara de Saire y Antigal de Alisos (ver mapa 1).
En Tolomosa, sitio excavado a principios del siglo XX22 , se exhumaron más de 6000 artefactos, entre ellos, 4000 puntas de flecha y 573 torteros. Estimamos que durante el período incaico, Tolomosa pudo alojar artesanos o servir como centro de almacenaje y distribución de adornos, torteros de piedra, cuentas de collar y puntas de proyectil, de amplia dispersión en los valles tarijeños y en los de Salta23 .
El extenso poblado de Antigal de Alisos, situado al sur de Tarija (ver mapa 1), tiene un fechado radiocarbónico (440 ± 50 AP) que lo ubica entre 1415 y 163024 . Cuenta con una gruesa muralla interna, áreas de cultivo y obras de retención y distribución de agua. Se registraron tres tipos de entierros. La falta de dataciones e investigaciones sistemáticas impide evaluar secuencialmente esos entierros como también el origen o status de los muertos.
La presencia incaica en Pucara de Saire (ver mapa 1) se detecta en su arquitectura y en sus materiales. Ibarra Grasso denominó a la cerámica proveniente del sitio como "Chicha de Tarija", la cual se halló junto a abundante material lítico incaico25 . Posteriormente, Raffino y otros investigadores registraron cerámica del denominado grupo Chicha26 . La falta de investigaciones o la ausencia del estudio intensivo de la cerámica, tanto a nivel de sitio como de la región27 , nos inhibe de concluir sobre la dinámica poblacional o las asociaciones directas entre el registro arqueológico y las ocupaciones en el período incaico.
En estos valles orientales es frecuente el hallazgo de cerámica (estilo Chicha y/o Yavi) que ha sido atribuida a los chicha localizados en el departamento de Yavi en la Puna de Jujuy (Argentina), y en Sud y Nord Chichas, departamento Potosí (Bolivia).28 Sin embargo, esta cerámica tiene en los valles orientales una presencia previa a la ocupación incaica. Similar situación comparten otras cerámicas de amplia dispersión, como la denominada "tradición estampada e incisa de bordes doblados" que se registra en los valles del sudeste, piedemonte y Chaco bolivianos29 o la cerámica Arasayal, presente en sectores de selva piedemontana tanto
de Salta como de Tarija.30 En el arte rupestre de este último sector también se han detectado similitudes en motivos grabados.

Si la documentación indica que en los valles tarijeños hubo ocupaciones breves, dispersas y multiétnicas, el registro arqueológico de los valles orientales de Tarija muestra, también, gran complejidad. Hay sitios con ocupaciones anteriores a la presencia incaica31 y se han registrado numerosos asentamientos chicos y medianos, entre 4 y 40 recintos, sin rasgos arquitectónicos ni material cerámico inca. Sin embargo, esto no es exclusivo de momentos previos, es decir, que sitios sin rasgos típicamente incaicos podrían, no obstante, corresponder a ese período.
Además, aún en sitios con ocupación incaica es difícil hallar indicadores arqueológicos que permitan reconocer la presencia de mitmaqkuna32 .
Los valles orientales del norte de Salta fueron, según la documentación, ocupados por poblaciones de ocloyas, churumatas, paypayas, ossas y chuis pero la información sobre la ubicación de los diversos pueblos no es tan detallada como para Tarija. Existen discusiones acerca del hábitat de estos pueblos, tanto en el período incaico como con la llegada española, así como sobre su filiación étnica33 .
Sucintamente, se menciona al "valle de Ocloyas" en donde vivirían no más de dos mil personas, de distintos pueblos, dispersos en las serranías de estos valles, que han sido identificados como los de los ríos Zenta, San Andrés, Santa Cruz y Blanco34 . Aunque consideramos que la distribución de estos pueblos pudo extenderse también al norte de Zenta, a los valles de los ríos Iruya y Nazareno (ver mapa 1).
Sánchez y Sica35 señalan la posibilidad de que los ocloyas y churumatas podrían haber sido trasladados por los incas al valle de Zenta, al este de la Quebrada de Humahuaca, para la defensa de la frontera, para llevar a cabo actividades agrícolas y para la extracción de metales preciosos. De los ocloyas, se dice que tenían "muchos pueblos de casas redondas y calles bien ordenadas y que no tienen ríos sino pozos" 36 . Mientras que la información sobre los churumatas, paypaya y ossas es menos detallada. Los churumatas se hallaban localizados en un valle que "hacen la cordillera del Perú en la vertiente del Chaco"37 , consideramos, con Lorandi y Sánchez y Sica38 que el valle se localizaba en Zenta, en Salta, y no en Departamento Ledesma, en Jujuy, como sostiene Doucet.39
Sánchez considera las distintas funciones que cumplían estas poblaciones en la frontera del imperio, correspondiendo a los ocloyas la de soldados, los ossas y paypayas realizarían tareas agrícolas y ganaderas, mientras que los gaypetes (fracción de los ossas o paypayas) funcionarían como un grupo especializado en trabajos mineros40 .
Salas utilizó la Demanda contra Juan Ochoa de Zarate, encomendero de Humahuaca (1612), en la que se incluye la copia de su cédula de encomienda para detallar los nombres de los pueblos y caciques ubicados "en el valle y provincia de Ocloya". Consideró que los pueblos de apatamas, omanatas yapanatas y el pueblo de titiconde son distintos o extraños a los mencionados en el valle o provincia de Ocloya41 .
Titiconde o Titiconte (ver mapa 1) fue ubicado y estudiado por Debenedetti y Casanova y Márquez Miranda42 . Raffino considera que podría tratarse de un centro administrativo incaico43 . Esta idea se ve reforzada por el hecho de que Titiconde junto con Chicoana, Casabindo y Humahuaca fueron las únicas cuatro encomiendas del actual territorio argentino que repartiera Francisco Pizarro en 1540 sobre la base de la información contenida en los quipus estatales incaicos44 .
Titiconte, ubicado sobre el valle de Iruya, es un extenso poblado, rodeado de numerosos andenes de cultivo, que abarca unos 95.000 m2. Cuenta con una original arquitectura de recintos subterráneos intercomunicados, algunos de los cuales corresponderían a viviendas y otros a lugares de almacenaje. Estos depósitos o "collcas" tienen rasgos arquitectónicos tales como pisos empedrados, techos en falsa bóveda, hornacinas, vanos trapezoidales con dinteles, etc., que los hace comparables a los almacenes incaicos de Perú45 . El sitio, además de ubicarse sobre una meseta de difícil acceso, cuenta con una muralla defensiva. También es notable la construcción de los andenes de cultivo construidos junto este poblado, como así también en las cercanías de otros sitios en el valle de Nazareno.46
Más de una veintena de asentamientos de entre 20 y 50 recintos de paredes de piedra, en su mayoría de forma circular, se han registrado en los diversos valles orientales desde el valle de San Andrés hasta los de Nazareno y Santa Victoria en el norte de Salta. También se detectaron asentamientos de menores dimensiones. Todos ellos se hallan asociados a antiguas áreas de cultivo.47
Rodeo Colorado, en el valle de Nazareno (ver mapa 1), es un poblado de más de medio centenar de recintos de forma elíptica ordenados en 10 niveles escalonados, separados por muros de contención, con áreas de circulación bien delimitadas y una vertiente de agua que fluye aún en la actualidad.48
Son pocos, hasta el momento, los sitios arqueológicos hallados en estos valles con rasgos defensivos, entre ellos podemos mencionar a Titiconte y Zapallar (ver mapa 1), aunque la posición elevada y de difícil acceso es una constante en algunos de estos poblados. Debido a esa ubicación en la cima de espolones de cerros, el acceso al agua de los ríos es dificultoso, registrándose en algunos de ellos vertientes de agua o "pozos", tal como en Titiconte, Rodeo Colorado y Pucara de San Andrés, entre otros.49 Un asentamiento fortificado incaico, pero ubicado al oeste de la Cordillera Oriental, es Puerta de Zenta en Jujuy, emplazado al occidente del valle de Zenta50 (ver mapa 1).
En estos valles, para momentos previos a la llegada incaica, hay registro de contactos entre sus pobladores con pueblos de la Puna y la Quebrada de Humahuaca, como también de la Selva Pedemontana. Posiblemente, esa relación con los pueblos selváticos hizo innecesaria la defensa armada de estos valles a la llegada de los incas51 . La región también albergó sitios ceremoniales y santuarios de altura identificados como incaicos. Los hallazgos en Cerro Morado52 , Cerro Amarillo53 , Puerta de Volcán54 y posiblemente del cerro Incahuasi55 (ver mapa 1), al que aun hoy se realizan peregrinaciones, nos conducen a otro mecanismo de dominación implementado sobre poblaciones re-localizadas en los límites orientales del Imperio.

4. 1. Dinámicas poblacionales de los valles orientales de Tarija y Salta bajo el dominio español

Los chiriguanos mantuvieron la presión sobre los valles orientales de Tarija planteando una situación de inestabilidad que se mantuvo con la llegada de los españoles, quienes tuvieron mayores dificultades que los incas en la sujeción de esta frontera. De hecho, la línea de frontera sufrió una significativa retracción respecto de la etapa anterior y los valles de Tarija coincidieron con el límite austral de los dominios españoles en el siglo XVI. Mientras tanto, la zona vallista de Salta quedó fuera del dominio colonial y fueron paulatinamente ocupados por pueblos chaqueños cuyo avance motivó el desplazamiento de los grupos previamente asentados. Por ello, los españoles que recibieron encomiendas de manos de Francisco Pizarro en 1540 no pudieron beneficiarse con ellas.
En el inicio de la organización colonial durante el siglo XVI, la concesión de encomiendas y las mercedes de tierras a los conquistadores continúo complejizado y reconfigurado el panorama étnico de la región. Los españoles separaron grupos antes reunidos y unificaron otros antes dispersos, del mismo modo, trasladaron a "sus indios" de encomienda a otros territorios para garantizar su tributación. Pero también hubo movimientos voluntarios de los indígenas para escapar de la sujeción española o de la violencia de los pueblos chaqueños y chiriguanos.
Como ya se mencionó, la fragmentada documentación con la que se cuenta permite identificar desde los primeros momentos de la conquista española a churumatas, ossas, ocloyas y paypayas asentados en los valles orientales de Salta.
Respecto a los churumatas, más allá de los cuestionamientos que existen en torno a su "hábitat originario" o, por lo menos, a su localización cuando se produjo la conquista incaica del Collasuyo, se verifica una notable movilidad de este grupo como resultado de ser encomendado en diferentes españoles.56 Doucet señaló que en 1583 y 1584 Hernando de Lerma, fundador de Salta, entregó en encomienda a Juan Rodríguez 100 churumatas liderados por el cacique Laisa y a Juan Pedrero de Trejo otros 100. Trejo renunció a la merced, porque consideró que no le eran de utilidad. Entonces, fue entregada a Gonzalo de Tapia a la que
Lerma sumó la mitad de la población de Chambosotoa, otro pueblo de churumatas (sitio no identificado hasta el momento). La otra mitad se subdividió, entregándose, una parte, a Pedro Ortiz, y, la otra, al propio Tapia. Hasta mediados de 1590 estas encomiendas fueron más nominales que reales, dada la debilidad del dominio español y la resistencia opuesta por los churumatas. Pero, en 1593 Francisco de Argañaraz fundó Jujuy y desde allí se avanzó en el sometimiento de las poblaciones locales. Frente a esto, Laisa condujo a sus churumatas y a otros grupos al Chaco, tratando, incluso, de unirse a los chiriguanos. Sin embargo, Argañaraz apresó a los fugados y los devolvió a sus encomenderos. En 1595, Rodríguez redujo a los churumatas junto al río Perico. Sin embargo, siete años después parte del grupo volvió a huir a "Senta" por los malos tratos del encomendero. Recordemos que Doucet considera que ese "Senta" no es el valle de Zenta hasta aquí considerado sino que lo ubica más al sur. Las menciones a churumatas en la documentación del antiguo Tucumán desaparecen luego de 1630.57
Sánchez determinó que los ossas asentados en Zenta formaron parte de la encomienda que se adjudicó a sí mismo Francisco de Argañaraz en 1596. En principio, el grupo continuó en Zenta y desde allí concurrían a los valles vecinos a Jujuy para trabajar en tierras de su encomendero. Posteriormente, debido a los ataques de pueblos chaqueños, los ossas se trasladaron por su propia voluntad, sucesivamente, a Normenta, Tuculera, La Laguna y Río de las Peñas, todos sitios que estaban fuera del dominio colonial, ubicados al sureste de la Quebrada de  Humahuaca, en Jujuy. La primera reducción del grupo (ya muy disminuido numéricamente) fue en el valle de Palpalá, en un pueblo que fue conocido como San Francisco de los Osas, en fecha inexacta luego de 1630, a pedido de los indígenas ante la intensificación de las agresiones de los pueblos chaqueños. Allí permanecieron hasta que en 1669 y en 1670 grupos mocovíes junto a otros grupos chaqueños atacaron la reducción. Los sobrevivientes se dispersaron por familias sin ocupar un sitio fijo hasta que en 1680 solicitaron ser reducidos en la otra orilla del río, frente a la reducción destruida. La dispersión del grupo fue considerable por cuanto los traslados no involucraron a la totalidad del mismo y fueron, finalmente, reducidos en diferentes valles en los alrededores de Jujuy.58
Sobre los ocloyas, Sánchez y Sica entienden que en 1601 fueron trasladados por su encomendero Juan Ochoa de Zárate desde el valle de Zenta al río Perico, aunque huyeron a Zenta nuevamente por los malos tratos recibidos.59
Los paypayas, a quien Doucet considera churumatas que recibieron esa identificación debido al apellido de uno de sus caciques, fueron encomendados en Gonzalo de Tapia en 1584, pero no se conoce el sitio donde fueron reducidos.60 Por último, a los chuis se los asocia con los churumatas en 4 pueblos cerca de Humahuaca a partir de la cédula de encomienda que Pizarro le entregara a Martín Monje en 1540. Sin embargo, no conocemos menciones posteriores sobre este grupo en la región, por lo que se desconoce su actuación y localización durante la colonización de los valles salteños.
Las poblaciones del Chaco ejercieron presión sobre los valles de Salta. Se registra para 1583 la mención de los frecuentes hostigamientos que los ocloyas sufrían por parte de los pueblos tobas. En 1598 se documenta la entrada de chiriguanos en el valle de Zenta, donde mataron a 30 indios churumatas. La movilidad de los tobas se explica por el empuje chiriguano que los obligaba a desplazarse hacia el oeste, invadiendo territorios ocupados por otros grupos. Para 1640 comenzaron a acercarse hacia la Quebrada de Humahuaca por el valle de Zenta otros pueblos chaqueños como los mataguayos.61
Para los valles de Tarija tampoco se cuenta con una crónica directa escrita en los primeros años de conquista, sin embargo, el panorama étnico de la zona se reconstruye a partir de cédulas de encomiendas y de expedientes judiciales.
Las primeras expediciones españolas al sur de Charcas comenzaron en 1538, se extendieron hasta 1573 y resultaron en una ocupación inestable. Los intentos colonizadores de la región fallaron. En este contexto, los antiguos mitmaqkuna incaicos abandonaron los valles tarijeños.
Luego, la década de 1560 se caracterizó por los ataques que sufrieron los españoles asentados alli a manos de los chiriguanos. En la década siguiente, el Virrey Toledo capituló con particulares la fundación de varias ciudades para asegurar la conquista de la región, para marchar desde allí contra los chiriguanos. Una de esas ciudades fue San Bernardo de la Frontera de Tarija que se fundó en 1574, luego de la capitulación entre el Virrey y el empresario minero Luis de Fuentes y Vargas.
En 1586 Fuentes organizó dos campañas a fin de frenar los ataques de los pueblos chiriguanos. En la segunda entrada llegó hasta el río Bermejo y hasta el río Grande de Tarija. En estas dos campañas fueron muchísimas las bajas que sufrieron los chiriguanos, a los cuales se les incendiaban las aldeas y sus sembradíos, se llevaban sus cosechas como botín y se tomaban prisioneros.62
Lo cierto es que en los albores de la conquista, el enclave estatal incaico estaba ya despoblado. Presta identificó, en parte, la suerte de los indígenas que lo habían habitado.63 Carangas, juríes y chichas regresaron a sus cabeceras étnicas. Los churumatas huyeron de Tarija ante la amenaza chiriguana y se dispersaron en una serie de pueblos en cercanías de La Plata, por ejemplo, en Copavilque (ver mapa 2), junto a otros grupos que también habían huido. Sin embargo, la documentación no especifica todos los lugares de reasentamiento. Doucet marca que en 1636 se vuelven a encontrar menciones de churumatas reducidos en Tarija. Éstos eran parte de la encomienda salteña de Juan Rodríguez, ahora en manos de su hijo, quien había comprado tierra allí para instalar a los indígenas y asegurar su tributación64. Los tomatas permanecieron en los valles tarijeños hasta que asistieron, a principios de la década de 1570, a Luis de Fuentes y Vargas en la conquista de los valles y posterior fundación de la ciudad de Tarija. Como reconocimiento por su comportamiento recibieron mercedes de tierras y obtuvieron incluso los títulos de propiedad. Además, fueron considerados por Fuentes como originarios de Tarija. Sobre los apatamas, Presta considera que tuvieron alguna vinculación con los chichas.65  Retomando los planteos de Krapovikas quien identificó a los apatamas con chichas, Albeck señaló la zona de Pozuelos, en la Puna de Jujuy, como su territorio nuclear.66 Presta los ubica en 1548 como encomendados en Juan Sedano quien, en 1553, intentó trasladarlos para reducirlos en Copavilque junto a otros indios de su encomienda, pero fue asesinado por los apatamas67 . Posteriormente, su hijo, Hernando Rivera Sedano logró reducirlos en el valle de Pocopoco, cerca de La Plata, donde comenzaron a tributar. Los ingas orejones también fueron encomendados en Sedano, pero se retiraron al Chaco, escapando de la tributación. Según Espinoza Soriano y Doucet los acompañaba un grupo de churumatas que también se resistía a tributar.68 El último grupo, los moyos moyos, abandonó Tarija en los primeros momentos de la conquista para establecerse en las inmediaciones de La Plata donde fueron repartidos en encomiendas de diferentes encomenderos. Singularizar el derrotero de los moyos moyos permitirá mostrar que los valles orientales, lejos de haber sido una barrera infranqueable que operaba como división entre poblaciones con pautas culturales tan diversas como irreconciliables, han sido, ante todo, lugares de interacción con dinámicas propias que se vieron influidas por los coletazos de los hechos ocurridos en los centros de poder.

4. 2. Entre puna, valles y selva: los moyos moyos en el contexto colonial

El seguimiento de este grupo presente en los valles tarijeños, aunque no originario de ellos, lleva a profundizar la comprensión acerca de la movilidad étnica, situación que se considera como una de las características de la región. A partir de la Primera y Segunda Pieza del Juicio entre Cristóbal Barba y Juan Ortiz de Zárate sobre unos indios moyos moyos,69 se pudo reconstruir el recorrido que los moyos moyos realizaron entre Paiquito, al oriente de la actual Cochabamaba, y Tarija, finalizando en Copavilque (ver mapa 2). Este periplo a lo largo del arco fronterizo oriental se realizó durante los períodos prehispánico tardío y colonial temprano.70


Mapa 2: Recorrido probable de los moyos moyos

De los testimonios presentes en el expediente judicial, se concluye que eran originarios del piedemonte cochabambino. Según lo declara el cacique principal Tusive, habían partido de Paiquito, lugar cercano a los chiriguanos. Paiquito ha sido ubicado por Presta71 en un protocolo notarial donde consta que Paiquito es un "sitio sobre el río que corre a lo largo del Valle de Omereque, jurisdicción de la villa de las Salinas". Con la villa de las Salinas se refiere a Mizque, en la frontera oriental de Cochabamba (ver mapa 2).
Los moyos moyos han sido identificados como colonos de los incas72 . Los incas los habrían trasladado en el marco de su política de protección de la frontera. Dadas sus características de dóciles y aprendices de variadas tareas productivas y artesanales, los moyos moyos distaron de ser soldados, sirviendo seguramente a los que desarrollaban dicha función.
Del mismo juicio se desprende que cuando Diego de Rojas realizó la visita a Tarija en 1540 los moyos moyos estaban en esos valles.73 Cruzando los datos de las encomiendas que Pizarro entregó en el valle de Tarija en 1540 y los testimonios del juicio, se verifica que los moyos moyos habitaban en Esquile, un fuerte o fortaleza. Aunque no se ha identificado arqueológicamente, Esquile era un centro administrativo regional74 a la vez que una guarnición incaica situada en el valle que los españoles llamaron de la Concepción, en la intersección de los ríos Camacho y Guadalquivir75 (ver mapa 2).
Joan Quino, cacique de "ciertos moyos moyos" residentes en Copavilque, especificó que "antiguamente estauan en Tarija e allá thenian sus bibiendas e que de themor de los cheriguanaes se pasaron a Tupane e Vro".76 Abundan las referencias a dicha huida dada la gran inseguridad que provocaba la vecindad de los chiriguanos y de que Copavilque fue el punto de llegada luego de un peregrinar que los llevó a diferentes asentamientos transitorios: "los dichos caçiques se salieron y desampararon [sic] sus pueblos que confinavan con los cheriguanaes y se los comian y de miedo de [e]llos se vienieron a faboreçer a los cristianos y de pueblo en pueblo77 " De los asentamientos que se mencionan, algunos se ubican en el actual departamento de Chuquisaca como Culpina
en los chichas o Presto (ver mapa 2). Otros aún no se localizaron como Tapane, Sutuma, Gualope, Chamana, o Charine.
La migración de este grupo se inscribe en el contexto de la existencia de un liderazgo débil sobre los valles orientales y sus pobladores, incapaz de coordinar acciones defensivas frente a las expansiones de los chiriguanos. En este momento el Imperio Inca había caído en manos de los conquistadores españoles pero éstos no tenían aún un dominio real de este espacio. Esta situación provocó la movilidad de los moyos moyos y, seguramente, de otros grupos que se encontraron en la misma situación.
Para 1551 moyos moyos poblaban junto a churumatas el pueblo de Copavilque, en el actual departamento de Chuquisaca, lo cual corroboran los testigos españoles e indios del juicio. Copavilque fue refundado como Villaverde de la Fuente por el oidor Juan de Matienzo, en 1573, durante el proceso reduccional.
Reginaldo de Lizárraga plantea que los chiriguanos lograron apoderarse de Tarija hacia 1560 aprovechándose de la ineficaz resistencia que podían oponerle los pocos españoles, prácticamente sin armas, que habitaban las haciendas del valle, provocando la huida de sus habitantes. 78 Las minutas de las sesiones de la Real Audiencia de Charcas no permiten precisar demasiado estos hechos pero sí confirmar la fecha. A partir de la lectura de dichas minutas se conoce que el Capitán Juan Ortiz Zárate, quien poseía haciendas en el valle presentó, en 1564, una petición en la que daba cuenta de "el daño y muertes que hizieron los chiriguanaes en el balle que tiene de Tarija."79 Zárate solicita a la Audiencia ayuda económica para organizar una campaña punitiva contra los chiriguanos que atacaron sus propiedades. Los Oidores autorizan la realización de la campaña pero a costa del Capitán, colaborando sólo con una arroba de pólvora. Dos meses después del pedido se menciona que Zárate realizó la expedición pero no figura ningún detalle acerca de la suerte de tal acción militar. Evidentemente, en ese momento los oidores se encontraban más preocupados por la situación imperante en la gobernación de Tucumán donde los españoles no lograban someter a omaguacas, calchaquíes y casabindos, según se desprende de dicha documentación. Luego, Tarija desaparece por cuatro años de la documentación, hasta que, en 1568, la Audiencia recibe noticias de que Pedro de Zárate había realizado una expedición contra los chiriguanos al norte de Tarija, sobre la cual no se encuentra más que dicha mención. Sin embargo, las medidas tomadas por ambos Zárate no tuvieron el resultado esperado y, aparentemente, no hubo presencia española en los valles de Tarija hasta la década siguiente80 . La falta de control español sobre los valles tarijeños se revirtió a partir la fundación, no sin inconvenientes, de la ciudad de Tarija en 157481 .
En la reconstrucción de la rica realidad de esta región, visualizada como frontera desde el espacio central, se fueron yuxtaponiendo intereses contradictorios. Por un lado, a las políticas incaicas y a la actuación de los propios habitantes de la región, se sumó el avance de los chiriguanos que, a su vez, generó movimientos en otras poblaciones locales. Esto se complejizó con la intervención de los encomenderos cuyos intereses muchas veces colisionaban con los proyectos de la corona. De allí que esta frontera fuera un espacio de contactos, negociación, interacciones y conflicto.

5. Consideraciones finales

Los valles orientales del sur tarijeño y norte salteño atravesaron, a lo largo de los siglos, una serie de procesos históricos que provocaron, seguramente, sucesivas desestructuraciones y reestructuraciones étnicas y culturales. Falta más investigación para poder terminar de desentrañar la compleja dinámica poblacional de esta región. Sin embargo, es posible considerar como hipótesis que estos valles orientales constituyeron un mosaico heterogéneo compartido por pueblos andinos, de selva y chaqueños que conformaron un espacio interactivo pleno de movilidad e intercambios. Así, estos valles surandinos muestran una larguísima historia de contactos interétnicos, extendidos más allá de sus propias fronteras desde mucho antes de la llegada del Inca. El registro arqueológico detecta una extensa historia ocupacional en algunos de ellos, mientras que, en otros, las poblaciones corresponden al último milenio. El panorama que se presenta es de poblados de reducido tamaño, con áreas agrícolas en sus cercanías, ubicados en forma dispersa en los diversos valles. En algunos casos, las ocupaciones en esos asentamientos fueron breves, característica que se mantuvo en momentos posteriores.
En tiempos incaicos, estos valles orientales constituyeron una frontera de guerra caracterizada por la movilidad, la dispersión y la multietnicidad, elementos que encuentran su explicación en la política incaica de control de las fronteras. A partir del establecimiento de enclaves estatales se modificó la situación poblacional previa forzando la convivencia de grupos diversos tales como juríes, tomatas, apatamas, carangas, chichas, ingas orejones, churumatas, moyos moyos, ossas, paypayas, chuis y ocloyas en estos espacios reestructurados. El objetivo fundamental de estas colonias estatales fue evitar el avance de los chiriguanos pero también garantizar el acceso a ciertos cultivos, entre ellos, el maíz y a recursos propios de los bosques y las selvas, de acuerdo con las políticas incaicas aplicadas también en otros espacios de frontera.
El acceso y el tránsito en los valles tarijeños debió ser relevante, ya que se utilizó y mejoró una amplia red de caminos y se construyeron puentes de piedra. Se ocuparon asentamientos locales y se erigieron otros con características propias. En los valles salteños, extensas obras de andenería y sitios con recintos de almacenamiento dan cuenta de intensa actividad agrícola. A pesar de considerarse una frontera de guerra, los sitios fortificados registrados hasta el momento, son escasos, sin embargo, algunos de los asentamientos se ubican en posiciones elevadas y estratégicas. Los sitios ceremoniales y los santuarios de altura son, posiblemente, indicadores de otros mecanismos de dominación implementados sobre los pueblos relocalizados y las poblaciones locales.
La derrota de los cuzqueños a manos de los españoles generó una gran movilidad como consecuencia del retorno de los indígenas a sus cabeceras étnicas pero también por las incursiones de poblaciones provenientes del oriente en las zonas ahora desprotegidas. Los españoles heredaron una frontera en ebullición cuya conflictividad trataron de frenar, en principio, con dudoso éxito. En el nuevo contexto colonial los grupos indígenas continuaron desplazándose por diversos motivos, ya sea debido a la amenaza chiriguana y de otros pueblos del Chaco, por ser movilizados por sus encomenderos o escapando de la sujeción abusiva de estos. Por eso, durante los primeros dos siglos de colonización española la movilidad, la dispersión, la multietnicidad y los conflictos bélicos se mantuvieron como características de este corredor oriental, provocando la fragmentación y la disminución de las poblaciones que lo habitaban.
Dadas las dinámicas que le imprimieron incas y españoles a la realidad de la región, las ocupaciones de los asentamientos fueron la mayoría de las veces breves, lo cual supone una dificultad para visibilizar arqueológicamente las diversas ocupaciones.
Los moyos moyos plantean un caso de importante movilidad y dispersión en el área, ya que el grupo transitó por diversos ambientes y se vinculó con otros pueblos a lo largo de todo el arco fronterizo oriental. Los moyos moyos fueron trasladados por los incas desde Paiquito en el este del departamento boliviano de Cochabamba hasta Esquile, enclave estatal fortificado en Tarija, aunque no se puede precisar con exactitud las funciones que desempeñaron allí. La presión chiriguana fue contenida durante la ocupación incaica. A partir de la derrota inca por parte de los conquistadores europeos, los moyos moyos, aparentemente, al igual que otros grupos como los churumatas, abandonaron los valles tarijeños ante la amenaza chiriguana. Deshaciendo el camino que los había llevado hasta Tarija, se afincaron en las cercanías de La Plata, donde fueron repartidos en diferentes encomenderos y reducidos en Villaverde de la Fuente en el siglo XVII.
El dominio de los valles orientales de Salta y Tarija se llevó a cabo a través de un largo y conflictivo proceso de conquistas y reconquistas con fundación de ciudades y de ocupación efectiva del territorio, a partir del cual se logró frenar las incursiones de los pueblos chaqueños y de los chiriguanos y la sujeción y tributación de los indígenas locales.

Agradecimientos
A los evaluadores anónimos, Ana María Presta, Luis A. Borrero, Federico García Blaya y Nadine Brennan por sus observaciones y colaboración en este artículo, a quienes se exime de toda responsabilidad por cualquier omisión u error en el que hayamos incurrido.

NOTAS

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2 Gil Montero, Raquel: Poblaciones de frontera. Los Toldos en los siglos XIX y XX, en Anuario de Estudios Bolivianos, Archivísticos y Bibliográficos, Sucre, ABNB, 2005.         [ Links ]

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6 Ventura, Beatriz N.: Arqueología de los valles orientales ...

7 En la documentación "Chiriguanos" o "chirguanaes" refiere a un conjunto de poblaciones con ciertas pautas culturales comunes de origen guaranì, que compartían el idioma y que se congregaban bajo el liderazgo de un jefe ante determinadas coyunturas. Estos términos también fueron usados como una denominación colectiva, cuya deconstrucción está aún pendiente, que designaba a una serie de poblaciones, que los españoles utilizaron para condensar la imagen de salvaje y de amenaza a la civilización.

8 Salas, Alberto Mario: El Antigal de Ciénaga Grande. (Quebrada de Purmamarca, Provincia de Jujuy), Buenos Aires, Imprenta de la Universidad de Buenos Aires, 1945.         [ Links ]

9 Saignes, Thierry. 1985. Los Andes Orientales: la historia de un olvido...; Presta, Ana María: "Hermosos, fértiles y abundantes" Los valles centrales de Tarija y su población en el siglo XVI, en Beck, Stephan; Narel Paniagua y David Preston (editores): Historia, ambiente y sociedad en Tarija, Bolivia, La Paz y Leeds, Universidad Mayor de San Andrés y University of Leeds, 2001, pp. 25-39.         [ Links ]

10 Cieza de León, Pedro: El señorío de los Incas, Madrid, Historia 16, 1985, [1551], pp. 86.         [ Links ]

11 D'Altroy, Terence: Los Incas, Editorial Ariel, Barcelona, 2003.         [ Links ]

12 Cieza de León, Pedro: El señorío de los Incas, Madrid, Historia 16, 1985, [1551].         [ Links ]

13 Salas, Alberto Mario: El Antigal de Ciénaga Grande. ...; Presta, Ana María: La población en los valles de Tarija en el siglo XVI. ...; Presta, Ana María: "Hermosos, fértiles y abundantes" ...

14 Presta, Ana María: "Hermosos, fértiles y abundantes" ...

15 Presta, Ana María: "Hermosos, fértiles y abundantes" ...

16 Espinoza Soriano, Waldemar: El Memorial de Charcas, en Cantuta 4, 1981, pp. 140.         [ Links ]

17 Presta, Ana María: La población en los valles de Tarija en el siglo XVI. ...

18 Presta, Ana María: "Hermosos, fértiles y abundantes" ..., pp. 28.

19 Raffino, Rodolfo; Diego Gobbo y Anahí Iácona: De Potosí y Tarija a la frontera Chiriguana, ...

20 Raffino, Rodolfo; Christian Vitry y Diego Gobbo: La red vial inka en Tarija (Bolivia). en Libro de Resúmenes del Congreso XIV Nacional de Arqueología Argentina, Facultad de Humanidades y Artes, Escuela de Antropología, Departamento de Arqueología, Rosario, 2001, pp. 322.         [ Links ]; Methfessel com. pers. 2001; Raffino, Rodolfo; Diego Gobbo y Anahí Iácona: De Potosí y Tarija a la frontera Chiriguana, ...

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22 Rosen, Eric von: Un Mundo que se va, Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy, 1990, [1916].         [ Links ]

23 Ventura, Beatriz N.: Arqueología de los valles orientales a las serranías de Zenta y Santa Victoria, Salta ...

24 Delcourt, Philippe: Estudio de los caminos precolombinos de La Patanka y La Escalera...

25 Ibarra Grasso, Dick E.: Prehistoria de Bolivia, La Paz, Amigos del Libro, 1973.         [ Links ]

26 Raffino, Rodolfo: Al este del paraíso, en Raffino, Rodolfo (compilador): Inka: Arqueología, historia y urbanismo del altiplano andino, Buenos Aires, Ediciones Corregidor, 1993, 213-234;         [ Links ] Ventura, Beatriz.y otros: Las antiguas poblaciones de los valles orientales de la frontera Argentino-Boliviana. Pcia. de Arce (Tarija) y Depto. Santa Victoria (Salta)...

27 Una excepción es la tesis de Pablo Rendón sobre el Pucará de Saire en Tarija, donde realiza un estudio sobre la cerámica del sitio.

28 Krapovickas, Pedro: Las poblaciones indígenas históricas del sector oriental de la Puna. Un intento de correlación entre información arqueológica y etnográfica, en Relaciones de la Sociedad Argentina de Arqueología, XV, 1983, pp. 7-24;         [ Links ] Raffino, Rodolfo; Ricardo Alvis; Daniel Olivera y Jorge Palma: La instalación inka en la sección meridional de Bolivia y extremo boreal de Argentina, en Comechingonia 4, 1986, pp. 63-132;         [ Links ] Angelo, Dante: La cultura Chicha. Aproximación al pasado prehispánico de los valles sur Andinos. Tupiza, Gobierno Municipal, 2003.         [ Links ]

29 Alconini Mc Elhinny, Sonia y Claudia Rivera Casanovas: La tradición cerámica "estampada e incisa de bordes doblados" en la vertiente oriental de los Andes: un caso de interacción e influencia desde las zonas bajas, en Gabriela Ortiz y Beatriz Ventura (editoras): La Mitad Verde del Mundo Andino. Investigaciones arqueológicas en la vertiente oriental de los Andes y las tierras bajas de Bolivia y Argentina. Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy, 2003, pp. 153-177.         [ Links ]

30 Dougherty, Bernardo; Horacio Calandra y Roberto Crowder: Arqueología de las Selvas Occidentales del norte, en Sapiens 2, 1978, pp. 40-50;         [ Links ] Ventura, Beatriz N.: Arqueología de los valles orientales a las serranías de Zenta y Santa Victoria, Salta ...

31 Arellano López, Jorge: La cultura Tarija: aportes al conocimiento de los señoríos regionales del sur boliviano, en Arqueología Boliviana ...; Ventura, Beatriz. y otros: Las antiguas poblaciones de los valles orientales de la frontera Argentino-Boliviana. Pcia. de Arce (Tarija) y Depto. Santa Victoria (Salta) ...; Delcourt, Philippe: Estudio de los caminos precolombinos de La Patanka y La Escalera ... .

32 D'Altroy, Terence: Los Incas ... , pág. 297.

33 Tommasini, Gabriel: Los indios Ocloyas y sus doctrineros en el siglo XVII, Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy, 1990;         [ Links ] Salas, Alberto Mario: El Antigal de Ciénaga Grande. ...; Lorandi, Ana María: Pleito de Juan de Ochoa de Zárate por la posesión de los indios ocloyas. ¿Un caso de verticalidad étnica o un relicto de archipiélago estatal?, en Runa XIV, 1984, pp. 123-142;         [ Links ] Espinoza Soriano, Waldemar: Los churumatas y los mitmas chichas orejones en los lindes del Collasuyo  siglos XV –XX, en Revista Histórica, XXV, 1986, pp. 243-297;         [ Links ] Sánchez, Sandra y Gabriela Sica: La frontera oriental de Humahuaca y sus relaciones con el Chaco, en Bulletin de l´Institut Francais d´Etudes andines 19 (2), 1990, pp. 469-497;         [ Links ] Doucet, Gastón Gabriel: Acerca de los churumatas, con particular referencia al antiguo Tucumán, en Histórica Vol. XVII, 1, 1993, pp. 21-91;         [ Links ] Ferreiro, Juan Pablo: El Chaco en los Andes. Churumatas, Paypayas, Yalas y Ocloyas en la etnografía del oriente jujeño, en Población y Sociedad, 2, 1994, pp. 3-23;         [ Links ] Sánchez, Sandra: Un viaje entre la historia y la memoria: los "ossa" jujueños", en Anuario de Estudios Americanos, LX (1), 2003, pp.41-76.         [ Links ]

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35 Sánchez, Sandra y Gabriela Sica: La frontera oriental de Humahuaca y sus relaciones con el Chaco ...

36 Lorandi, Ana María: Pleito de Juan de Ochoa de Zárate por la posesión de los indios ocloyas. ... pág. 124

37 Lozano, Pedro: Descripción corográfica del Gran Chaco Gualamba, Reedición con prólogo e índice por R. A. Altieri, Tucumán, Instituto de Antropología, 1941, [1733], 78.         [ Links ]

38 Lorandi, Ana María: Pleito de Juan de Ochoa de Zárate por la posesión de los indios ocloyas. ... ; Sánchez, Sandra y Gabriela Sica: La frontera oriental de Humahuaca y sus relaciones con el Chaco ...

39 Doucet, Gastón Gabriel: Acerca de los churumatas, con particular referencia al antiguo Tucumán...

40 Sánchez, Sandra: Un viaje entre la historia y la memoria: los "ossa" jujueños", en Anuario de Estudios Americanos, LX (1), 2003, pp.41-76.         [ Links ]

41 Salas, Alberto Mario: El Antigal de Ciénaga Grande ...

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46 Debenedetti, Salvador y Eduardo Casanova: Titiconte...; Márquez Miranda, Fernando: Cuatro viajes de estudio al más remoto noroeste argentino, en Revista del Museo de La Plata (Nueva Serie), Tomo 1, Antropología 6, 1939, pp. 93-243;         [ Links ] Raffino, Rodolfo; Ricardo A.; Daniel Olivera y Jorge Palma: La instalación inka en la sección meridional de Bolivia y extremo boreal de Argentina, en Comechingonia 4, 1986, pp. 63-132;         [ Links ] Ventura, Beatriz N.: Arqueología de los valles orientales a las serranías de Zenta y Santa Victoria, Salta ...

47 Márquez Miranda, Fernando: Cuatro viajes de estudio al más remoto noroeste argentino ...; Ventura, Beatriz N.: Arqueología de los valles orientales a las serranías de Zenta y Santa Victoria, Salta ...; Ventura, Beatriz y otros: Las antiguas poblaciones de los valles orientales de la frontera Argentino-Boliviana ...

48 Márquez Miranda, Fernando: Cuatro viajes de estudio al más remoto noroeste argentino, ...; Ventura, Beatriz N.: Arqueología de los valles orientales a las serranías de Zenta y Santa Victoria, Salta ...

49 Ventura, Beatriz N.: Arqueología de los valles orientales a las serranías de Zenta y Santa Victoria, Salta ...

50 Nielsen, Axel: Tiempo y cultura en la Quebrada de Humahuaca 700-1650 d.C, Instituto Interdisciplinario Tilcara, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 1997.         [ Links ]

51 Ventura, Beatriz N.: Arqueología de los valles orientales a las serranías de Zenta y Santa Victoria, Salta ...

52 Casanova, Eduardo: Excursión arqueológica al Cerro Morado ...

53 Nielsen, Axel: La Ocupación indígena del territorio Humahuaca Oriental durante los Períodos de Desarrollos Regionales e Inka, Tesis de Doctorado, Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 1989.         [ Links ]

54 Guraieb, Gabriela, Informe de actividades arqueológicas. Gasoducto Nor Andino, Salta, Ms., 1998.         [ Links ]

55 Ventura, Beatriz N.: Arqueología de los valles orientales a las serranías de Zenta y Santa Victoria, Salta ...

56 Espinoza Soriano, Waldemar: Los churumatas y los mitmas chichas orejones en los lindes del Collasuyo siglos XV -XX, ...; Doucet, Gastón Gabriel: Acerca de los churumatas, con particular referencia al antiguo Tucumán ...; Presta, Ana María y Mercedes del Río: Reflexiones sobre los churumatas del sur de Bolivia, siglos XV-XVII, en Memoria Americana, 2, 1993, pp. 41-49;         [ Links ] Ferreiro, Juan Pablo: El Chaco en los Andes ...

57 Doucet, Gastón Gabriel: Acerca de los churumatas, con particular referencia al antiguo Tucumán...

58 Sánchez, Sandra: Un viaje entre la historia y la memoria...

59 Sánchez, Sandra y Gabriela Sica: La frontera oriental de Humahuaca y sus relaciones con el Chaco ...

60 Doucet, Gastón Gabriel: Acerca de los churumatas, con particular referencia al antiguo Tucumán...

61 Sánchez, Sandra y Gabriela Sica: Entre la Quebrada y los Valles...

62 Copias del Archivo General de Indias. Biblioteca del Museo Etnográfico, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Información de Méritos y Servicios de Luis de Fuentes y Vargas (1584-1617) carpeta b.

63 Presta, Ana María: "Hermosos, fértiles y abundantes" ...

64 Doucet, Gastón Gabriel: Acerca de los churumatas, con particular referencia al antiguo Tucumán...

65 Presta, Ana María: "Hermosos, fértiles y abundantes" ...

66 Krapovickas, Pedro: Las poblaciones indígenas históricas del sector oriental de la Puna. Un intento de correlación entre información arqueológica y etnográfica, en Relaciones de la Sociedad Argentina de Arqueología, XV, 1983, pp. 7-24;         [ Links ] Albeck, M. E: Casabindos, Cochinocas y Apatamas vistos desde la Puna de Jujuy, X° Jornadas Interescuelas Departamentos de Historia, Rosario, 2005.         [ Links ]

67 Presta, Ana María y Mercedes del Río: Reflexiones sobre los churumatas del sur de Bolivia, siglos XV- XVII...; Presta, Ana María: "Hermosos, fértiles y abundantes" ...

68 Espinoza Soriano, Waldemar: Los churumatas y los mitmas chichas orejones en los lindes del Collasuyo siglos XV –XX... ; Doucet, Gastón Gabriel: Acerca de los churumatas, con particular referencia al antiguo Tucumán ...

69 Archivo General de Indias (en adelante AGI). Justicia 1125. Primera y Segunda Pieza del Juicio entre Cristóbal Barba y Juan Ortiz de Zárate sobre unos indios moyos moyos. 1549-1575

70 Oliveto, Lía Guillermina: Caminantes de sierra y selva. Identidad y frontera en el sur andino en el siglo XVI, Tesis de Licenciatura, Facultad de Filosofía y Letras, UBA., 2004.         [ Links ]

71 ANB. EP. Vol. 144. Dionisio de Beguía. Salinas, 18 de enero de 1642. f 20v.         [ Links ] Se agradece a la Dra. Presta quien ofreció el documento que avala dicha información.

72 Saignes, Thierry. 1985. Los Andes Orientales...; Renard-Casevitz, France-Marie; Thierry Saignes y Anne-Christine Taylor-Descola: Al este de los Andes. Relaciones entre las sociedades amazónicas y andinas entre los siglos XV y XVII, Tomo I, Lima y Ecuador, Instituto Francés de Estudios Andinos y Editorial Abya-Yala, 1988;         [ Links ] Presta, Ana María: La población en los valles de Tarija en el siglo XVI... ; Presta, Ana María: "Hermosos, fértiles y abundantes" ...

73 AGI. Justicia 1125. Testimonio de Francisco, cacique principal de los anparaes. Potosí, 15 de octubre de 1550. f.76.

74 Saignes, Thierry. 1985. Los Andes Orientales...

75 Presta, Ana María: "Hermosos, fértiles y abundantes" ..., pág. 26.

76 AGI. Justicia 1125. Testimonio de Joan Quimo, La Plata, 15 de octubre de 1566.

77 AGI. Justicia 1125. Interrogatorio presentado por Cristóbal Barba, La Plata, 13 de septiembre de 1566, f 12.

78 Lizárraga, Reginaldo de: Descripción (breve) del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1999, [1605].         [ Links ]

79 Archivo Nacional de Bolivia (en adelante ANB). Libro de Acuerdos, Tomo I, F 121-121v en Catherine Julien, Kristina Angelis, Zulema Bass Werner de Ruiz. Historia de Tarija. Tomo VI. Tarija: Imprenta Guadalquivir. 1997        [ Links ]

80 Julien, Catherine; Kristina Angelis; Zulema Bass Werner de Ruiz: Historia de Tarija. Tomo VI. Tarija, Imprenta Guadalquivir, 1997.         [ Links ]

81 Lizárraga, Reginaldo de: Descripción (breve) del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile...