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Población y sociedad

versión On-line ISSN 1852-8562

Poblac. soc. vol.16 no.2 San Miguel de Tucumán jul./dic. 2009

 

POSGRADO

La elite salteña, 1880-1916. Estrategias familiares y evolución patrimonial

María Fernanda Justiniano. Tesis de Doctorado. Universidad Nacional de La Plata, 2008. Directora: Noemí Girbal. Codirector: Daniel Campi.

Entre 1880 y 1916 tomó forma la Argentina moderna, que se expresó en un extraordinario crecimiento económico con notables disparidades regionales y la instauración de un régimen conservador. En estos 36 años, Salta participó en forma sorprendente en la conformación de un grupo dirigente de amplitud nacional a través de dos presidentes y once ministros. Fue, asimismo, la única provincia sin intervención federal durante este período caracterizado por la consolidación de los atributos de la estatalidad y la formación de un mercado nacional. Pese a ser la provincia del Norte con menor crecimiento poblacional, sus presupuestos registraron, en términos relativos, un incremento que triplicó a los de la Nación y duplicó a los de la provincia de Buenos Aires.
Las respuestas a estos interrogantes pusieron bajo la lupa un problema conocido y abordado desde distintas perspectivas por la historiografía argentina, como es la articulación Provincia-Nación en la etapa de consolidación del Estado argentino junto a la formación de un grupo social dirigente que extendió su dominio sobre todo el territorio nacional. Este estudio planteó su abordaje desde un triángulo analítico que conjuga tres ejes convergentes: Política-Familias-Economía.
La escasez de producciones históricas locales relativas a los problemas enunciados constituyó uno de los obstáculos principales a resolver, como así también la ausencia de fuentes que permitieran seguir las trayectorias patrimoniales de los gobernadores. Las profundas mutaciones y resquebrajamientos en los modos de historiar obligaron a revisar la agenda estructural de análisis y encarar la investigación desde una perspectiva relacional. Ello exigió desprenderse de todas aquellas construcciones narrativas que formaron parte del gran relato del Estado liberal democrático, abandonar la mirada retrospectiva y ubicarse en una posición prospectiva que considerara los vínculos construidos por los propios sujetos inmersos en los procesos.
En este contexto, se avanzó sobre las representaciones que los actores tuvieron de su universo social, sus contribuciones y elaboraciones para la construcción de su propia visión del mundo. De aquí que se hayan analizado y considerado los modos en que se fabricaron y recrearon los grupos, en una acción que importó todo un trabajo simbólico y material al momento de definir identidades y generar principios diferenciadores.
Estos ejes contribuyeron a advertir que, si en Buenos Aires los imaginarios y las prácticas de los tres primeros cuartos del siglo XIX instalaron el ideario de una nación cosmopolita y moderna, en Salta sólo hubo muestras de la pretensión de una nación jerárquica, desigual y racista. El arribo de las elites del interior al control del país a partir de 1880, en efecto, impregnó de aires antiguos a la sociedad porteña.
Estos enunciados, a su vez, desnudaron las diversidades, particularidades e identidades que caracterizaron a las elites artífices del Estado nación argentino. Desde diferentes lugares sociales e ideológicos, éstas se vincularon con el proyecto de organización estatal en construcción y le otorgaron atributos que lo caracterizan hasta el día de hoy.
La prédica liberal obligó a la elite local a desplegar en las últimas décadas del siglo XIX un decidido trabajo de construcción simbólica y material para mantener las distancias social e históricamente construidas. En este escenario tomó forma el discurso de la familia tradicional, una ideología del poder tendiente a instalar nuevas jerarquías y desigualdades en momentos en que las antiguas se desmoronaban.
La investigación también permitió definir que en Salta la elite económica y la elite política conformaron una única imagen. Pese a la nula relevancia que adjudicó la historiografía a la actividad azucarera en el movimiento de la economía salteña, la realidad del período indica que el negocio azucarero, movilizó líneas de fronteras, promovió nuevas departamentalizaciones y desestructuró comunidades humanas en la geografía salteña durante la segunda mitad del siglo XIX, además de asegurar a unas pocas familias salteñas el sustento económico suficiente para incorporarse a la Argentina próspera.
Los tempranos enfrentamientos entre los miembros de las familias de elite dejaron traslucir, además, que la estabilidad del sistema político salteño fue observable sólo a nivel de la ausencia de intervenciones federales, ya que la conflictividad estuvo presente y encontró en los tiempos electorales los momentos oportunos para revelarse, algunas veces sólo con la virulencia propia de la prensa de la época y otras con tal violencia que se llegó incluso a la eliminación física de los adversarios.
Las dos redes de poder, iniciadas y mutadas en las décadas que siguieron a los hechos de  mayo, según se estableció, pervivieron con características propias durante los años de hegemonía conservadora. De ellas emergieron los grupos políticos cuyos nombres evocaron diferentes liderazgos. Estas redes se caracterizaron por tejer vínculos locales y nacionales, con conexiones en Buenos Aires, que gravitaron en su exitosa trayectoria. De esta manera se construyó un patrimonio político formado por la red de relaciones que otorgaba el grupo y que trascendía las fronteras provinciales.
La familia fue el ámbito donde se produjo y reprodujo este patrimonio a fin de crear y perpetuar la unidad, garantizar la continuidad del grupo en cuanto tal y asegurar su permanencia en el espacio social. En este proceso se produjo también la adquisición de los rasgos identitarios que diferenciaron a unos de otros y que la propia lucha simbólica acentúo.
La memoria construida día a día por las familias de elite ayudó a la permanencia de las redes y las mujeres cumplieron un papel relevante en su articulación. Tanto grupos como familias y redes de familias fueron partícipes de los entramados de poder que se extendieron en el tiempo, atravesaron generaciones, aglutinaron e incluyeron a unos, mientras diferenciaron y excluyeron a otros.
Las divisiones y solidaridades no estuvieron en relación con el proceso político nacional. Por el contrario, éste se ancló en las escisiones profundas de la sociedad salteña decimonónica. Con estas características, el poder político salteño giró entre dos entramados de poder con rasgos, lógicas de acción y objetivos que los diferenciaron entre sí. Sobre las solidaridades de estas redes se levantaron las de los grupos y fue este tejido previo de relaciones el que procuró a Julio Argentino Roca un apoyo sólido y duradero de la elite local posicionada al frente del poder provincial.