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Cuadernos del CILHA

versión On-line ISSN 1852-9615

Cuad. CILHA vol.12 no.2 Mendoza dic. 2011

 

DOSSIER

Introducción

Introduction

Stella Maris Colombo

Coordinadora
Consejo de Investigaciones
Universidad Nacional de Rosario, Argentina

Han transcurrido treinta años desde la publicación del artículo pionero en el estudio de la ficción mínima por parte de Dolores Koch, lapso durante el cual ha venido conformándose un extenso discurso teórico-crítico gracias a la tenaz dedicación de investigadores procedentes de variadas latitudes. En un rápido recuento cumple mencionar de entrada la labor antológica y crítica de Juan A. Epple (Chile), quien -según supo relatar- comenzó a interesarse por el microrrelato en los años ´70, guiado en sus lecturas por Enrique Anderson Imbert -teórico del cuento, antólogo y prolífico cultor de brevedades-. En el transcurso de los´90 comienzan a dejar su huella en este campo numerosos investigadores que en la actualidad continúan realizando estimables aportaciones: Lauro Zavala (México), Violeta Rojo (Venezuela), Francisca Noguerol, Irene Andrés Suárez (España), a quienes se también se sumarían Henry González (Colombia) y Fernando Valls (España), entre otros. Asimismo, al despuntar aquella década empezaron a publicarse los primeros avances de las investigaciones que venían realizándose sobre el tema en nuestro país, donde destaca por entonces la labor difusora realizada por Mempo Giardinelli desde Punto Cuento (1986-1992). Las páginas de esa recordada revista no sólo albergaron un nutrido repertorio minificcional e incentivaron su producción, sino que también hicieron lugar en cuatro de sus números a la incipiente reflexión teórica sobre ese tipo de escritura.

Un hito insoslayable en el mapa de los estudios sobre microficción es el número especial de la RIB (XLVI, 1-4, 1996) coordinado por J. A. Epple, en el que confluyeron los aportes de varios de los críticos antes citados más los de algunos argentinos que veníamos desarrollando investigaciones sobre el tema. A partir de entonces, ese corpus ha seguido incrementándose incesantemente -a la par del vertiginoso crecimiento del texto minificcional- sin que falten estudios dedicados a la ficción breve producida en otros ámbitos culturales, como por ejemplo el angloparlante. Afortunadamente, aquel privilegiado espacio de encuentro halló réplica en varias iniciativas editoriales que reunieron contribuciones de especialistas  de diferentes países, por lo general acompañadas de una breve aunque representativa antología de miniaturas verbales. Entre esos documentos se cuentan por ejemplo varias Actas de Congresos y Jornadas que  testimonian  los fructíferos intercambios mantenidos periódicamente por los interesados en este campo de creación y estudio. También cabe computar  entre esos volúmenes colectivos un número monográfico de Hostos Review  (6, 2009), último emprendimiento de Dolores Koch, responsable de su coordinación. Estos estudios han encontrado asimismo un valioso medio de difusión en la revista electrónica El Cuento en Red  -dirigida por Lauro Zavala-  varios de cuyos números, desde 2000 en adelante, están íntegramente dedicados al tema.

Me pareció necesario hacer esta breve enumeración, sin pretensiones de exhaustividad, a fin de contextualizar  la pródiga aportación de la crítica argentina existente sobre el tema, tramada en interacción con sistemáticas reflexiones de estudiosos de variada procedencia. Es oportuno recordar que el aporte argentino ha quedado minuciosamente detallado en la bibliografía elaborada por David Lagmanovich, disponible en el número 13 de los Cuadernos del CILHA, donde se aloja el primer tramo de este dossier. Ese valioso trabajo fue el último legado del reconocido especialista cuya reciente pérdida se lamenta  en el mundo académico en general y, con particular énfasis, en la comunidad nucleada en torno a la microficción. Sus publicaciones sobre el tema son referencia indispensable para los interesados en profundizar en este terreno; no está de más señalar que las esclarecedoras reflexiones del maestro siempre tuvieron como impronta el estar vertidas  en una escritura ensayística donde resplandece "la eminente virtud de la sencillez", para usar las mismas palabras elogiosas expresadas por Lagmanovich hacia uno de sus modelos, en la introducción a su libro El Microrrelato. Teoría e historia (2006). Allí también comentó: "he pretendido escribir, antes que un estudio, un ensayo. Quisiera retener del discurso académico la preocupación por la exactitud; pero busco el tono de la conversación, no el de la cátedra"; lograda aspiración que hace sumamente grata la lectura de su libro. Valga este breve recordatorio como merecido homenaje a quien nos ha dejado, además, una rica cantera de textos de creación en los que exploró con destreza técnica un amplio abanico de las posibilidades expresivas del microrrelato -variedad de la microficción a la que circunscribió su interés.

Los trabajos que hoy compartimos más los que presentamos en la primera parte de este dossier  -aportados por Raúl Brasca, Miriam Di Gerónimo, Laura Pollastri y Graciela Tomassini- configuran una muestra orientadora acerca del estado actual de los estudios sobre el tema en nuestro país; en ellos se indagan plurales facetas de la escritura brevísima, cuyo creciente repertorio textual sigue presentando interesantes desafíos investigativos.

Sandra Bianchi retoma un objeto de estudio sobre el cual ha realizado varias aportaciones previas: la poética microficcional de Luisa Valenzuela. Después de poner en relación diferentes etapas de esa vasta escritura, se concentra en el análisis de un manojo de brevedades que forma parte del libro Juego de Villanos  (2008): la "Serie 201",  para examinar detenidamente el hábil tratamiento que Valenzuela le confiere a la experiencia de lo ominoso, presente, con variedad de matices, en distintos tramos de su obra.

Silvia Delucchi desmonta con minuciosidad los precisos mecanismos en los que basa su eficacia estética una microficción borgeana: "Alguien", perteneciente a Historia de la noche  (1977). En un segundo movimiento, mientras avanza hacia la construcción de algunos de los sentidos habilitadas por esa sugestiva pieza que confirma la maestría de Borges en el terreno de la ficción mínima, describe con herramientas pertinentes las características específicas que asume el proceso lector ante este tipo de escritura.

Gabriela Espinosa  examina un corpus  representativo del microrrelato patagónico chileno, donde discierne un rasgo compartido con la producción del sur de nuestro país: la presencia dominante de lo acuático, en variadas manifestaciones. Su análisis le permite concluir que la textualización de lo hídrico, lejos de tratarse de un vacuo signo de pintoresquismo, constituye, antes bien, un modo de significar lo real, capaz de dar cuenta de experiencias signadas por el desarraigo, el descentramiento, el silencio, la soledad.

El artículo de mi autoría hace foco en el fecundo maridaje entre las poéticas de la brevedad y las de lo fantástico,  fácilmente constatable mediante una mirada atenta a cualquier antología de microficciones. Desde esa óptica examino un corpus  integrado por textos mínimos de Enrique Anderson Imbert -creador de piezas modélicas desde mediados de los '40- más dos libros atípicos en la obra de sus respectivos autores -Angel Bonomini y Emilio Sosa López- la mayoría de cuyas piezas computo como microficciones.

Con la publicación de estos artículos alcanza plena concreción el proyecto editorial concebido por Miriam Di Gerónimo en el marco de una serie de actividades introductorias a las IV Jornadas Nacionales sobre Minificción (Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, noviembre de 2011), evento que con periodicidad bianual acostumbra a reunir en nuestro país a escritores, investigadores, docentes,  traductores, editores y lectores  atraídos por los  sugerentes mecanismos de la brevedad. Agradezco una vez más la invitación a coordinar este dossier  y la apreciada respuesta de todos los colegas convocados, cuyas contribuciones seguramente habrán de promover el interés por dar continuidad a las indagaciones en este campo.