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Cuadernos del CILHA

versión On-line ISSN 1852-9615

Cuad. CILHA vol.13 no.2 Mendoza dic. 2012

 

DOSSIER

Introducción: ¿Por qué estudios coloniales latinoamericanos?
Tendencias, perspectivas y desafíos actuales de la crítica colonial

Introduction: Why Latin American Colonial Studies?
Current Trends, Perspectives and Challenges in Colonial Critique

 

Laura Catelli (coordinadora)

Universidad Nacional de Rosario – CONICET, Argentina

 

Si nos detenemos a comparar, la crítica colonial ha tenido un rol marcadamente menos visible que el latinoamericanismo, el pensamiento decolonial y los estudios poscoloniales latinoamericanos1 en lo que podríamos llamar la masa crítica y teórica sobre Latinoamérica. No obstante pasar bastante desapercibida y a veces ser ignorada, la crítica colonial no deja de formar parte de la trama discursiva que supone el mencionado conjunto de teorías y críticas latinoamericanistas y de tener una órbita bien definida en esta movediza galaxia. Simplemente, no podemos escapar al hecho de que el periodo y el espacio colonial iberoamericanos, en tanto escenario específico del colonialismo entendido como un sistema de dominación (Martínez-San Miguel, 2008: 18)2, ha sido una condición de posibilidad, o al menos un referente insoslayable, para todos estos relatos, aunque no sea necesariamente su objeto de análisis o siquiera de enfoque temporal. Esto no deja de resultar llamativo hoy en día, cuando con tanta frecuencia se pregona la necesidad de forjar lo que Walter Mignolo dio en llamar un paradigma otro (2000), un proceso complejo de descolonización en diferentes niveles que, en parte, supone(re)construir y sostener epistemologías desde la diferencia colonial a través de la creación, la recuperación y la habilitación de espacios para voces, relatos y conocimientos subalternos tanto del presente como del pasado.

Quizás la distancia que parece haber entre las vertientes mencionadas con el periodo y la crítica colonial se deba parcialmente al hecho de que algunos historiadores de este periodo defienden líneas historiográficas hegemonizantes que no son compatibles con la agenda descolonizadora del pensamiento decolonial3, o a cierta persistencia en los estudios literarios de abordar la producción textual colonial desde una perspectiva eurocéntrica y que reproduce en el marco nacional las ya longevas exclusiones originarias de la ciudad letrada4. O tal vez sea por cierta tendencia en la vertiente del pensamiento decolonial de abstraer el periodo colonial a través del despliegue de grandes categorías analíticas como, por ejemplo, "colonialidad" (Quijano, 1993),5 y a no compenetrarse lo suficiente con los estudios de campo o casos específicos, aun cuando se utilizan categorías del pensamiento decolonial o de la crítica colonial (muchas veces, convengamos, de manera algo irreflexiva). En los estudios culturales latinoamericanos, volcados al análisis de artefactos literarios, de arte y música, se despliegan con frecuencia lugares comunes como "mestizaje", "transculturación" o "hibridismo" para describir los más diversos fenómenos6. Sin embargo, una arqueología de estos conceptos (Catelli, 2010) revela que, desde el siglo diecinueve en adelante, su despliegue ha tenido como efecto subsumir bajo sí procesos de inabarcable complejidad7. Sea por los motivos que sea, los cuales no creo puedan circunscribirse tan solo a problemáticas disciplinares, metodológicas o problemas del campo de estudios, sino a fuerzas que operan y provienen de la dimensión menos transparente de la ideología, la política y las relaciones de poder, los estudios coloniales mantienen un perfil secundario y despiertan un interés "casi nulo", como señala Gustavo Verdesio en su contribución para este dossier, desinterés que tal vez debamos comenzar a pensar como sintomático.

Desde luego que estas observaciones generales no procuran de manera alguna echar por la borda lo que es ya un corpus de producciones de alto nivel que viene siendo sumamente efectivo en realizar intervenciones académicas y críticas que difícilmente podrían pasar desapercibidas y que en los últimos años se ha consolidado notablemente. Pensando en logros a grandes rasgos, puede decirse que se ha podido, por un lado, articular de manera colectiva y sostenida un cuestionamiento de algunos de los presupuestos y categorías centrales del pensamiento moderno occidental y sus relatos, mientras que por otra parte también es innegable que se ha comenzado a reconocer y a promover la producción de conocimientos y relatos no imperiales desde la diferenciacolonial (Mignolo, 2000). Hay, de todos modos, mucho camino tanto por andar como por desandar.

En este contexto, ¿cuál es el camino que han recorrido los estudios coloniales en los últimos casi treinta años? Desde la llamada "crisis de los estudios coloniales" de los ochenta (Mignolo, 1986), el campo ha pasado por diferentes desarrollos en lo que concierne a la definición de su objeto de estudio y análisis. En el decorrer de estos años, se han problematizado de manera sumamente productiva algunos de los términos teóricos claves, tales como "discurso colonial" (Adorno, 1988; Hulme 1992; Mignolo, 1986, 1988; Pastor 1983; Seed, 1991), "discursos de dominación" (Adorno, 1993), "semiosis colonial" (Mignolo, 1995), "sujeto colonial" (Adorno, 1995), así como la propia noción de la aplicabilidad de las categorías "colonial"/"poscolonial" para el caso Latinoamericano (Klor de Alva, 1995; Mazzotti, 2008; Martínez-San Miguel, 2008). Simultáneamente, los estudiosos del periodo colonial, desde diversas disciplinas sociales y humanísticas, han venido estableciendo un diálogo (plagado de desafíos metodológicos y conceptuales, como ha sido señalado en numerosas ocasiones) con los estudios poscoloniales sudasiáticos (Bhabha, Spivak, Said, Guha, Chatterjee, Chakrabarty), con el grupo modernidad/colonialidad y el pensamiento descolonial (Quijano; Dussel; Castro Gómez; Grosfoguel, Maldonado Torres, De Oto, Palermo, entre otros), que ha incluido a su vez abordajes del pensamiento fronterizo (Anzaldúa) y caribeño (Fanon, Glissant, Césaire), con los estudios subalternos (Beverley, Coronil, Moreiras, Verdesio, entre otros). Esta oleada de cuestionamientos y reflexiones sobre los objetos de estudio y los límites del campo ha provocado no solo la elaboración de nuevas perspectivas críticas, sino también una importante y necesaria –aunque aún insuficiente (Verdesio, 2001)– ampliación del canon colonial, resultando en la incorporación de voces subalternas, textos y artefactos culturales antes desdeñados como menores o simplemente irrelevantes desde la cultura moderna (Mignolo, 1986, 1995, 2000).

De modo general, tanto los estudios coloniales como las diferentes vertientes que pueden ser incluidas bajo el rótulo amplio de los estudios poscoloniales, en su vertiente latinoamericanista, se han visto beneficiados por el diálogo crítico y se han iluminado mutuamente. Esta última afirmación no implica, sin embargo, que este diálogo no deba seguir siendo profundizado y que no continúen apareciendo nuevos problemas y preguntas, sobre todo en lo que respecta a las metodologías que empleamos –determinadas a su vez por las prácticas disciplinares– y asimismo con relación a las categorías críticas y los conceptos que utilizamos en nuestros análisis. El diálogo crítico interdisciplinar debe ser constantemente estimulado y reactivado. En esa dirección, este dossier presenta un conjunto de artículos que trabajan no solo con aparatos críticos interdisciplinares sino que también buscan explorar preguntas planteadas en otras disciplinas y campos de estudio desde una perspectiva (pos)colonial y/o decolonial que permitan abordar temas que han sido invisibles en los análisis sociales y humanísticos clásicos sobre el periodo colonial, tales como ecología, raza, etnia, clase/casta, género, sexualidad como partes funcionales del entramado discursivo del colonialismo cuyos efectos persisten inclusive hasta hoy.   

Ante esa persistencia de la colonialidad del poder, que todos parecemos reconocer, hay que decir que ignorar el pasado colonial en su justa densidad y complejidad es una manera de ser cómplices de dicha colonialidad. El hecho de que muchos aspectos del periodo colonial permanezcan en cierta zona de inaccesibilidad –a causa de la ausencia o escasez de producción letrada o en escritura alfabética por parte de sujetos que no tenían acceso a la misma– no conlleva que no debamos continuar indagando lo más posible ese mundo, los modos en que nos lo han representado y los modos en que nosotros mismos como académicos lo entendemos y lo representamos (éste, podría pensarse, es nuestro legado y nuestro compromiso). El pasado también es un "otro" y en el caso sudamericano el pasado colonial padece de una especial condición de alteridad, a pesar de que en los últimos años se haya venido incorporando y desarrollando cada vez más la línea decolonial. Mi perspectiva es que es éticamente necesario, para mantener la mayor coherencia posible si es que de veras adherimos a un proyecto de descolonización del saber y de los imaginarios culturales, tener presente el pasado colonial. Un desafío central para quienes estudian hoy el periodo colonial es mantener esta coherencia ideológica, es decir, no reproducir las exclusiones y asimetrías que el colonialismo estableció en las Américas en nuestros marcos socioculturales actuales. Para decirlo con Verdesio, en los estudios coloniales no hay lugar para un pensamiento no posicional (2002: 12).

Entiendo que una de nuestras tareas como críticos provenientes del campo de los estudios coloniales hoy es ser capaces de identificar desafíos metodológicos, disciplinares y pedagógicos específicos para continuar llevando adelante la agenda descolonizadora que ha caracterizado una vertiente de nuestro campo de estudios que comenzó a desarrollarse a partir de la crisis de los ochenta y el llamado "cambio de paradigma". En este marco, este dossier sobre el estado de la cuestión de los estudios coloniales tiene como objetivo general presentar un conjunto representativo, pero no exhaustivo, de trabajos que articulan algunas de las perspectivas críticas que han surgido del campo en tiempos recientes, y que a mi modo de ver ponen en relieve la presencia de un notable giro interdisciplinario que avanza sobre un amplio campo de discursos, desde la filosofía, los discursos raciales, la traducción, la arqueología, hasta la crítica ecológica. De más está decir que dicho giro no es extensible a la totalidad del campo de estudios, que de muchas maneras continúa estando configurado según lo mapeara Mignolo en "La lengua, la letra y el territorio" (1986), hace casi treinta años. Por otro lado, no deja de ser pertinente para el dossier identificar las reconfiguraciones que puedan ocurrir dentro del campo y atender a algunas de las preguntas y desafíos que nacen de las alteraciones que van ocurriendo.

El recorrido que proponemos comienza con dos artículos que ubican a los lectores en el marco de preocupaciones que han sido centrales para los estudios coloniales, que desde los años ochenta han ido casi siempre de la mano: los criterios de conformación del canon colonial y sus exclusiones y la incorporación de textos escritos en lenguas indígenas al canon a través de la traducción. El artículo de Loreley El Jaber, "Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Gustos y olvidos. Legalidad, viaje y escritura" compara los circuitos de lectura de los Naufragios y los Comentarios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca e indaga algunos motivos posibles para que los Naufragios hayan ocupado, casi tradicionalmente, un lugar tanto más destacado que los Comentarios. Este artículo sugiere los límites que aún hoy enfrenta el aparato crítico literario ante la textualidad colonial. Interpreto el interés de El Jaber por este problema como una señal de que en Argentina los textos coloniales continúan siendo pensados predominantemente dentro de un marco literario, marco que en Argentina así como en otros entornos críticos –algo también señalado por Verdesio en su artículo–, produce esta y otras exclusiones. El artículo de Laura León Llerena, "José María Arguedas, traductor del Manuscrito de Huarochirí", plantea el problema de la traducción como práctica y como "concepto articulador de las dinámicas en las zonas de contacto". León Llerena aborda la traducción de Arguedas mostrando que el autor peruano produce una práctica literaria desde un lugar decididamente posicional, que pone en evidencia la desvaloración (o "reducción", como dice León Llerena) de la lengua quechua en el periodo colonial y, desde una perspectiva poscolonial y decolonial, argumenta que Arguedas propone, a través de una traducción "literaria" que expande el sentido del texto original, apuntalar la expansión del quechua en el plano sociocultural en el Perú del siglo XX. Los dos artículos que inauguran el recorrido de este dossier muestran modos diferentes en que las prácticas literarias del marco de la cultura nacional pueden reavivar y hacer propias ciertas problemáticas del colonialismo y del periodo colonial.

En la segunda parte del dossier, los trabajos de Patricia Ferrer Medina, Larissa Brewer García y el mío trabajan desde una vertiente de los estudios coloniales que ha crecido en años recientes, y que explora el desarrollo de la discursividad racial de la conquista y la colonia, principalmente en la cultura escrita y la cultura visual, e interpela las teorías críticas sobre la raza desde la experiencia específica de la colonialidad americana. El artículo de Patricia Ferrer Medina representa claramente una nueva tendencia que analiza la discursividad racial y (proto)etnográfica de la conquista desde un ángulo de obvia relevancia pero que brilla por su ausencia en los estudios coloniales en general, a pesar de que se vincula fuertemente con problemáticas políticas y decididamente actuales y globales. Bajo el título "Nuevas incursiones críticas a los estudios coloniales caribeños: la crítica ecológica", la colega puertorriqueña nos presenta una síntesis de la crítica ecológica norteamericana, especificando los modos en que la misma ha generado una reconfiguración interdisciplinaria de los estudios literarios, que Ferrer Medina aborda desde un lugar doblemente ignorado (por la ecocrítica y de manera relativa por los estudios coloniales): el Caribe. Ferrer Medina analiza uno de los textos fundacionales del periodo colonial, y sin embargo uno de los menos abordados, el de Ramón Pané, Relación de las antigüedades de los indios, de 1498. Como ejemplo de un análisis ecocrítico nos presenta el concepto de diferencia ecológica como marcador de diferencia dentro del discurso racial a finales del siglo XV y a través del XVI. A través de la discusión se demuestra la utilidad del concepto de diferencia ecológica como cuarta categoría analítica para el análisis de la colonialidad del poder además de aquellas propuestas por Aníbal Quijano, género, raza/etnia y clase. 

Como mencioné más arriba, los estudios coloniales se han enfocado en su mayoría en analizar textos por o sobre sujetos españoles y/o criollos y en algunos casos indígenas, en desmedro del acercamiento a un tercer grupo étnico que ha sufrido de una invisibilidad social y cultural de proporciones históricas, fuera de los análisis sobre la esclavitud –como ha señalado el historiador Hermann Bennett (2008)–, como si no existiera una experiencia negra fuera de la esclavitud. El artículo de Brewer García, "Negro, pero blanco de alma: La ambivalencia de la negrura en la Vida prodigiosa de Fray Martín de Porras (1663)" analiza un texto poco conocido de la literatura colonial del siglo XVII sobre el santo afromestizo peruano Martín de Porras, para identificar en el mismo la producción de sentidos cristianos y específicamente americanos sobre la negrura en el Perú. Brewer García identifica distintas características que son atribuidas a Porras por su condición de afromestizo y sostiene que la representación que se hace de Porras produce una figura ambivalente y conflictiva, en la que el alma de Porras es blanca y está asociada con el poder de la clase española/criolla (blanca), mientras que su cuerpo oscuro es asociado con la servidumbre "natural" de las castas africanas. Mi artículo sobre la pintura de castas se sitúa en el otro gran centro virreinal de las Américas, la Nueva España, en el siglo XVIII, donde analizo la producción de un discurso específicamente criollo (que incluye a veces a los mestizos y a los indígenas de rango) sobre los afromestizos, a través del género visual conocido como la pintura de castas. El concepto de agencias criollas de José Antonio Mazzotti es utilizado para llevar a cabo un análisis del impacto que tuvieron las Reformas Borbónicas en el sector criollo, la fundación de las primeras academias criollas de pintura de la Nueva España, y el desarrollo y el despliegue de un discurso racial criollo y la construcción de estereotipos raciales en la pintura de castas. Este análisis pretende dimensionar la complejidad, el alcance y la dispersión de los discursos raciales internos del espacio colonial y en los imaginarios culturales en formación durante las décadas inmediatamente anteriores a los procesos de independencia criollos, procesos que como mencionamos al principio de la presentación, son casi siempre ignorados o abstraídos de diferentes maneras.

En estos tres artículos se hacen evidentes las resonancias actuales de la discursividad racial dominante en el periodo colonial, y en este sentido creemos que atender a este aspecto peculiar de la colonialidad latinoamericana en los estudios coloniales puede tener un propósito concientizador con respecto al profundo impacto que tuvieron el lenguaje, las imágenes, y sobre todo el marco epistémico moderno-occidental en producir e instalar jerarquías sociales y exclusiones históricas pero absolutamente vigentes en nuestas sociedades.

La última parte del dossier ofrece dos artículos de corte teórico en los cuales Gustavo Verdesio y Alejandro de Oto se ocupan de distintas aproximaciones al colonialismo en el siglo XX. Gustavo Verdesio aborda el legado colonial como problema no solamente académico sino también sociocultural en Uruguay, que nos sirve para pensar algunas cuestiones específicas de la región rioplatense en general, especialmente en lo que concierne a lo que podríamos llamar políticas de la desmemoria con relación al periodo colonial y los temas indígenas. Verdesio se pregunta por qué hay tan poco interés en los estudios coloniales y en los temas indígenas en Uruguay y en la región rioplatense y advierte sobre la vigencia de una discursividad racista contra los pueblos originarios en sectores culturales y académicos hegemónicos que procuran establecer una identidad uruguaya homegénea, blanca y occidental. A partir de estas observaciones, Verdesio también cuestiona el grado real del "cambio de paradigma" de los estudios coloniales. En cierta sintonía con Verdesio, aunque desde otros campos discursivos, Alejandro de Oto propone un recorrido por los puntos de articulación conceptuales y políticos de la crítica poscolonial y el pensamiento descolonial, para destacar el modo en que la descolonización como problema político tal como lo encara Frantz Fanon en el marco de las luchas de liberación de los sesenta, pasa a formar parte del entramado discursivo de la teoría poscolonial y el pensamiento latinoamericanista y descolonial en el siglo XX. De Oto sostiene que "para pensar la emancipación, o mejor aún, la liberación, primero hay que saber qué se deja de reproducir. Cómo se resuelve esta encrucijada sigue siendo el gran problema político (en términos de su formulación) y práctico. Por tal razón, entre la variedad de tareas a emprender es central revisar los modos de la sujeción y de producción de la existencia social que los procesos históricos del colonialismo y del imperialismo desplegaron". Esta afirmación advierte la necesidad de establecer una vía de diálogo entre la teoría poscolonial, el pensamiento descolonial, y la crítica colonial. Al mismo tiempo, tanto Verdesio como De Oto, y me sumo, parecen coincidir en que las reflexiones crítico-teóricas sobre el colonialismo y los legados coloniales del presente precisan ser articuladas con prácticas concretas en el plano heterogéneo o plural de lo sociocultural y lo político.

En consonancia con estas últimas observaciones y ante la diversidad de abordajes que presenta el recorrido que hemos construido, es relevante aclarar que este dossier trabaja sobre dos ejes, proponiendo que las reconfiguraciones que señalamos obedecen a la actuación de una red interregional en la que cada uno o una de sus integrantes llega a la mesa de la crítica colonial con un bagaje específico, por un lado, y a los cruces entre disciplinas, por otro (pero también teniendo en cuenta el contexto interregional). En ambos casos, estamos hablando de aparatos y lenguajes críticos que se entrecruzan y muestran el campo de estudios hoy como una especie de "zona de contacto", para utilizar y evocar el término de Mary Louise Pratt, donde la circulación de saberes no ha funcionado ni funciona simétricamente, circulación que no dejamos de pensar en el marco de la colonialidad del saber. Permanecer atentos ante esas asimetrías es una manera de continuar llevando adelante la agenda descolonizadora de los estudios coloniales que se postulara en los años ochenta. Desde nuestros distintos lugares, experiencias y recorridos personales y profesionales, los colaboradores de este dossier, Loreley El Jaber (Argentina), Laura León Llerena (Perú, Inglaterra, Brasil, Estados Unidos), Larissa Brewer García (Colombia, Estados Unidos), Patricia Ferrer Medina (Puerto Rico, Estados Unidos), Gustavo Verdesio (Uruguay, Argentina, Estados Unidos) y Alejandro de Oto (Argentina, México) y yo Laura Catelli (Argentina, Estados Unidos), estamos al tanto de las asimetrías que aparecen con frecuencia en esta "zona de contacto". Por eso, uno de los principales objetivos del dossier es dar cuenta de la actual diversidad de lugares de enunciación en la producción crítica del campo, tanto en lo que tiene que ver con la ubicación geográfica de los colaboradores como con sus espacios disciplinarios y académicos, y pensar los interrogantes que plantea cada colaboración en relación con su lugar y condiciones de enunciación específicos.

En este marco de cambios y rediseños, considero relevante insistir en la cuestión de las disciplinas y plantearnos cuál es el rol que su actual disposición juega en este diálogo. En Argentina, como en la mayoría de los países de las excolonias latinas, las disciplinas continúan en general funcionando dentro de sus confines tradicionales, a diferencia de otros países como Estados Unidos, donde la currícula universitaria de las humanidades, artes y ciencias sociales está diseñada para ser intrínsecamente interdisciplinaria y ofrecer un marco humanístico, las liberal arts, a enfoques disciplinares específicos. Por lo tanto, preguntarse por el problema de las disciplinas en el proceso de descolonización de la producción de conocimiento en el ámbito académico no tendrá el mismo sentido ni las mismas respuestas dependiendo del locus de enunciación de quien formule este tipo de preguntas.

Por último y específicamente con relación a la vertiente literaria, de donde emerge la crítica colonial que atraviesa la mayoría de los trabajos que presentamos en este dossier, hay al menos dos aportes que a mi modo de ver están surgiendo de la misma, ambos condicionados por el mantenimiento de una modalidad interdisciplinaria, (pos)colonial y decolonial.

El primero tiene que ver con continuar con la tarea de abrir el canon de lo literario y explorar los límites y los puntos ciegos de la producción cultural de la ciudad letrada, tanto en la colonia como en el marco de la nación. Considerando que a partir del "cambio de paradigma" de los ochenta los estudios coloniales abandonan la idea de "literatura colonial" y la distinción entre "literatura" y "documentos históricos", moviéndose gradualmente hacia la idea de "semiosis colonial", tanto los estudios literarios como los historiográficos, en la medida en que adopten una modalidad crítica decolonial e interdisciplinaria –tal como ejemplifica el proyecto que viene llevando adelante Zulma Palermo en la Argentina8– aún tienen mucho que contribuir al estudio de situaciones coloniales y poscoloniales (pasadas y presentes). En la medida en que las universidades latinoamericanas continúen teniendo carreras separadas de letras, historia, filosofía, historia del arte, etc., un detalle que los colegas de Estados Unidos no deben olvidar dado que afecta de manera directa nuestros lugares de enunciación y nuestras metodologías (y viceversa), será necesario avivar permanentemente el diálogo en espacios de colaboración que pueden ser congresos, grupos de investigación y estudios, y publicaciones como este dossier.

El segundo es teorizar y poner bajo enfoque crítico aquellas prácticas de poder asociadas con la traducción, tal como sugiere el artículo de Laura León Llerena que presentamos aquí. Este artículo que analiza las críticas dirigidas a la traducción de Arguedas del documento colonial conocido como Manuscrito de Huarochirí desde las ciencias sociales cuestiona y desestabiliza el discurso de autoridad de las ciencias sociales y el modo en que los criterios de traducción provenientes de las mismas han servido muchas veces para crear una lingua franca y un relato único que acaban por homogeneizar y reducir lo que son en el fondo situaciones y experiencias socioculturales complejas, atravesadas por conflictos y diferencias. La traducción puede indagarse desde una perspectiva (pos)colonial y enfocarse también en la circulación de conceptos críticos. Esto es central cuando el trabajo interdisciplinario e interregional nos exige diseñar y consolidar una lingua franca que contribuya al enriquecimiento del diálogo y en muchos casos lo haga posible, pero la misma debe evitar reificar las relaciones de poder clásicas por las que los paradigmas epistémicos europeos y norteamericanos se tornan dominantes. Es decir, debemos evitar que todo pensamiento proveniente de América Latina sea traducido y aplanado por la lingua franca que se ha venido desarrollando en los centros e instituciones metropolitanos del saber (sobre todo via Estados Unidos) y pensar en hacer aportes críticos a la misma desde nuestro lugar de enunciación y nuestros también diversos y conflictivos marcos epistémicosespecíficos. Este tipo de análisis nos hace cuestionar la "aplicación" despreocupada de conceptos y categorías provenientes de los "Postcolonial Studies" al caso latinoamericano (Fernández Bravo, 2009; Klor de Alva, 1993; Martínez-San Miguel, 2010; Mazzotti, 2008) y tener en cuenta nuestro contexto específico. No podemos dejar de advertir cierta tendencia a la unidireccionalidad de norte a sur en este intercambio sobre Latinoamérica, una tendencia que no deja de refrescar el debate sobre colonialismo académico y epistémico, y que continúa siendo uno de los mayores desafíos –por cierto no exclusivamente– de los estudios coloniales.

En este sentido, es profundamente relevante la continuación del análisis discursivo de términos claves en la formación de los discursos culturales y críticos en y sobre América Latina que esquive esencialismos y entienda los escenarios nacionales no como una tabula rasa sino como un conjunto de escenarios (pos)coloniales específicamente latinoamericanos, marcados a la vez por insoslayables particularidades locales9. La crítica colonial puede ayudar a hacer más visibles los términos de estos intercambios, recordándonos desde nuestros propios procesos de formación sociocultural que el diálogo sobre América Latina, por más academicista que sea y aunque a muchos no les "interese", no puede pensarse al margen del ejercicio del poder, la política, y los procesos coloniales, nuestra violenta condición de posibilidad.

Notas

1. Con todo el bagaje crítico-teórico que cada una de estas vertientes trae bajo el brazo. Ver el ensayo de Fernando Coronil (2008) y el de Alejandro de Oto en este dossier al respecto.

2. Jorge Klor de Alva (1995) planteó hace unos años un debate sobre si era adecuado referirse al caso latinoamericano como un ejemplo clásico de colonialismo debido al genocidio de las poblaciones nativas y al mestizaje, que según el crítico creó un sector intermediario (criollos/mestizos) que no puede ser pensado como una fuerza de dominación colonial extranjera. Al respecto Martínez-San Miguel (2008: 18) señala la unificación de tres conceptos diferentes en la argumentación de Klor de Alva, "colonización", "colonia" y "colonialismo", y recuerda la distinción de Jürgen Osterhammel, según quien la "colonización" designa un proceso de adquisición territorial, "colonia" un tipo de organización sociopolítica específica y "colonialismo" un sistema de dominación (Osterhammel 1997: 4, mi traducción).

3. Desde luego que hay numerosos matices y excepciones, pero el debate es demasiado complejo y amplio como para ser abordado en esta breve introducción.

4. Me refiero, por supuesto, al clásico estudio de Angel Rama (1984). Para pensar el estado de la cuestión en el escenario argentino, que es el escenario inmediato del dossier, resulta un sugerente punto de partida la siguiente observación de Verdesio en su discusión sobre los estudios subalternos: "Beatriz Sarlo propone una agenda crítica que se enfoque en regresar al estudio de la producción cultural típica de la ciudad letrada- esto es una agenda que propone privilegiar el estudio de la literatura y otras manifestaciones culturales de élite promovidas por narrativas de la nación. Este proyecto crítico (el cual conlleva un absoluto rechazo a los estudios culturales- una labor teórica que hoy Sarlo considera como muy dañina para los estudios latinoamericanos), es definitivamente inaceptable para aquellos de nosotros en el área de los estudios coloniales que adherimos a un proyecto como este libro, porque -entre otros motivos- propone limitar nuestra investigación solo a, precisamente, la producción cultural que borró a los sujetos subalternos u oprimidos del universo de sentido creado por las narrativas nacionales oficiales. Sin embargo, debemos mencionar que hay, en Latinoamérica, otros tipos de proyectos de investigación más cercanos a este libro que el de Sarlo. Me refiero, por ejemplo, al de Zulma Palermo (1997) y Gladys Lopreto (1996), que se enfoca en la búsqueda de narrativas marginales del periodo colonial. La idea de sus respectivas agendas es entender el presente a través del estudio de las historias que han sido borradas por la narrativa argentina oficial" (Verdesio 2002: 10, mi traducción). Más recientemente, en un ensayo sobre la influencia del pensamiento de Fanon en Antonio Cornejo Polar (y también Roberto Fernández Retamar), a través del cual retoma el concepto de "totalidad contradictoria", Palermo reafirma la idea de que "Por ello la crítica en nuestros días necesita orientarse a la búsqueda de categorías más ajustadas a una lógica de las dinámicas colectivas, propias de las formaciones culturales mediatizadas por los discursos textuales [...] Escuchar y leer otras escrituras, aquellas que -siguiendo el magisterio de Mariátegui- sólo serán auténticas cuando afloren en ellas las voces de los condenados, sin mediaciones" (2011: 145-146).

5. Verdesio ha articulado objeciones para el uso generalizado de "colonialidad" para Latinoamérica, algunas de las cuales resume en su artículo en este dossier.

6. Gruzinski (1999) ha comentado sobre el uso indiscriminado del término "mestizo" en La pensée métisse.

7. Antonio Cornejo Polar llegaría incluso a hablar de "riesgos" en el uso de estas metáforas, "Es evidente que categorías como mestizaje e hibridez toman pie en disciplinas ajenas al análisis cultural y literario, básicamente en la biología, con el agravante -en el caso del mestizaje- que se trata de un concepto ideologizado en extremo. En lo que toca a hibridez la asociación casi espontánea tiene que ver con la esterilidad de los productos híbridos, objeción tantas veces repetida que hoy día García Canclini tiene una impresionante lista de productos híbridos y fecundos... De cualquier manera esa asociación no es fácil de destruir. De hecho en el diccionario Velázquez inglés-español la palabra híbrido suscita de inmediato una acepción algo brutal: 'mula'. Por supuesto que reconozco que el empleo de estos préstamos semánticos tiene riesgos inevitables; al mismo tiempo considero que detrás de ellos como que se desplaza una densa capa de significación que engloba y justifica cada concepción de las cosas. Incluso estaría tentado de afirmar que una lectura de ese sustrato de significado es más productiva que la simple declaración de ajenidad e impertinencia de las categorías empleadas para esclarecer un punto concreto" (Cornejo Polar, 1998: 8, mi énfasis).

8. Ver por ejemplo su libro más reciente, en colaboración con la historiadora Sara Mata, Travesía discursiva: representaciones identitarias en Salta (siglos XVIII-XXI). Como señalan las autoras, los investigadores que forman parte de este proyecto "desde diferentes perspectivas teóricas y disciplinares, se propusieron estudiar las dinámicas de identificación social y política y las representaciones sociodiscursivas que las hicieron posibles, buscando desentrañar las estrategias que consolidaron núcleos duros de la cultura, dando lugar a la concreción de prácticas sociales (religiosas, rituales, políticas, genéricas, literarias, mediáticas, entre otras) que colaboraron en la formación de las subjetividades" (2011, 9).

9. Sería una sobresimplificación sostener que el colonialismo en Latinoamérica es solo ibérico. Es claro que hay al menos un segundo colonialismo, el británico y francés, y un tercero, el norteamericano, que complican el panorama enormemente e impiden emitir un diagnóstico general aplicable a todo el continente.

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