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Mora (Buenos Aires)

versión On-line ISSN 1853-001X

Mora (B. Aires) vol.15 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./jul. 2009

 

RESEÑAS

Perrot, Michelle, Mi historia de las mujeres, Buenos Aires, F.C.E., 2008, 247 págs.

Poner rumbo hacia el itinerario que Michelle Perrot propone en la apertura de su reciente libro Mi historia de las mujeres significa ir por el camino adecuado, ya que, como iniciadora de los estudios históricos sobre mujeres en Francia, Perrot ofrece su propio encuentro con la temática y los dilemas aparecidos en los programas de investigación que, en las últimas décadas del siglo XX, incorporan a la familia, a partir de una nueva asociación entre, al menos, antropología, historia y demografía. En estas cuestiones, Michelle Perrot pone en valor el quehacer pionero de Georges Duby y los hacedores de la "Nueva Historia", reconoce la trascendencia que ha tenido, en su país, el hecho de que un número siempre creciente de mujeres se integró y aún lo hace a los estudios universitarios, como estudiantes y como académicas, y, además, destaca la labor del Movimiento de Liberación de las Mujeres, procesos que para la autora fueron los factores que dieron lugar al "deseo de otro relato, de otra historia".
     Nuevos personajes y nuevos cuestionamientos se situaron en la agenda de historiadoras e historiadores, quienes, a partir de más preguntas que certezas, comenzaron a dictar cursos y a emprender estudios que pusieran mayor atención a los protagonistas hasta entonces ignorados. En general, se preocuparon por rescatar en archivos públicos y familiares todos los elementos que permitieran dar cuenta de la presencia de todas las personas protagonistas de la historia, sin distinción de edad ni de sexo. Se esforzaron por recuperar a las mujeres, puesto que la ausencia de huellas femeninas es uno de los obstáculos que hallan quienes pretenden desentrañar, sobre todo, los estereotipos, ese grueso manto de discursos e imágenes que, según Perrot, las cubre. Expedientes administrativos, autobiografías, correspondencia privada y diarios íntimos se convierten, entonces, en fuentes apreciables e indiscutibles de los rastros femeninos. Las obras literarias escritas por mujeres, y las que refieren a personajes femeninos, se vuelven de interés, tanto como la participación de las mujeres en la prensa y en la edición de libros. En muchos casos, la necesidad de hallar fuentes apropiadas tuvo como consecuencia la fundación de un archivo o un repositorio especializado, que, a la vez, se vuelve un sitio idóneo para los estudios de género. Perrot da cuenta de estos lugares con precisión y les concede la significación que ellos tienen por ser puntales de nuevas propuestas históricas.
     En los dos capítulos siguientes el rumbo de Michelle Perrot se orienta por los avatares del cuerpo y el alma de las mujeres, respectivamente. El recorrido sin ser exhaustivo no es por eso menos puntual: su mirada abarca desde condiciones relativas a la salud a cuestiones de índole jurídica, características que son registradas por la autora para remarcar cómo en las imágenes, en los escritos y aun en las obras de arte aparecen las grandes diferencias entre sexos. También revisa los usos del vestido y del peinado en distintas épocas históricas para descifrar la atención que el cuerpo femenino ha tenido y tiene en cuanto al goce sexual, al control de la natalidad, al sometimiento en el mercado, en fin, a los puntos de vista que han primado sobre las féminas, considerando la mayor parte de las veces la total asimetría respecto de sus contemporáneos varones. Cuando analiza las cuestiones referentes al alma y al espíritu, de nuevo aparecen en el derrotero al que la autora invita las aún mucho más notables diferencias entre las mujeres escritoras, artistas, filósofas y sus pares masculinos, como si la premisa con la que Perrot se introduce en el tema fuera una verdad indiscutible y de todos los tiempos: "el saber es contrario a la feminidad". Hace una travesía por el mundo de la educación, de la religión, del arte y de la escritura, que da muestras de la postergación de las mujeres en estas actividades. En todas sus inferencias, Perrot desanda el camino de la mano de colegas que se han especializado en las distintas cuestiones, y la mención de obras y conclusiones acredita los avances que ya se han hecho en el marco de los estudios de género.
     Más adelante, se ocupa del trabajo en mano de las mujeres. Sondea, por un lado, las tareas domésticas y de reproducción que de suyo han sido delegadas a la mujer, por miles de años. Reconoce en las mujeres campesinas a las más silenciosas, pues su vida cotidiana, liada entre las dos faenas mencionadas y signada por el autosustento familiar, se prolonga, además, en la regulación del mercado alimentario y textil, a través de ferias e intercambios de productos artesanales, productos que derivan, también, de los quehaceres femeniles. Además de ser hacedoras de las labores más usuales (costura, lavado de la ropa, cocina) en el ámbito familiar, las mujeres del ámbito rural auxilian a los varones en las tareas propias de la cosecha y, en su mayoría, participan de ciertos ritos y placeres de la vida rural que les permite la transmisión de tradiciones, costumbres e historias: las fiestas religiosas, las veladas familiares, la confección de ajuares, en fin, la presencia femenina en todo momento parte y testigo del ciclo vital de su comunidad. Estas mujeres, cuya vida está atada a su cónyuge, se convertirán, en la vida urbana, en las eternas amas de casa.
     Pero la industrialización, primero, y más aún la primera guerra hacen que la vida rural se modifique. Las mujeres jóvenes, sobre todo, se instalan en las ciudades para obtener un trabajo asalariado. Como obreras, soportan largas jornadas y condiciones insalubres de trabajo, las más de las veces, con subcontratos, situación frecuente también para las que se desempeñaron como personal doméstico, lavanderas y planchadoras. Como empleadas, los escenarios de trabajo en comercios, tiendas y más tarde en oficinas, no fueron menos adversos que para las obreras. En el período de entreguerras, el número de mujeres que se incorpora en las industrias es creciente, sobre todo en alimentos y químicos. También en el sector terciario y en salud, donde se les exige capacitación adecuada, pues el reclutamiento general que les había permitido acceder a nuevos entornos laborales ya no cubre las expectativas empresariales. Además, el alto porcentaje de mujeres en todos los estamentos escolares da cuenta de lo apreciadas que fueron y son, por un lado, sus destrezas en el trato con niños y jóvenes, y, por otro, de la inquietud de las mujeres por acceder a todos los lugares del saber. Perrot señala la importancia del traspaso de esta frontera de los sexos, y también aclara: "Sin embargo, ambos sexos están lejos de ser iguales en la jerarquía de las responsabilidades y de los poderes, incluidos los de la función pública". Y después de transitar las galerías del arte escénico, la música, la pintura, el baile, la autora conduce al camino de la vida política de las mujeres.
     En primer lugar, Michelle Perrot pone su mirada en la circulación de las mujeres por espacios distintos a los de su nacimiento: las migrantes del campo a la ciudad y de un país a otro; las viajeras, que, resueltas a conocer otros sitios, se movilizan solas o en familia; las misioneras, que realizan sus deseos de abnegación y de nuevos horizontes; las gobernantas, que acompañan a sus discípulos en los traslados familiares. En todas las que dejaron algún testimonio escrito de sus travesías, Perrot reconoce un designio común: el descubrimiento de los otros, que en tiempos de entreguerras se hará notable con la presencia de mujeres en la etnología, como grandes reporteras y como fotógrafas en distintos sitios del planeta. Avanza, luego, en la participación de las francesas en la lucha por los derechos civiles y políticos, en un itinerario que toma pie en el Renacimiento, se detiene en la Revolución Francesa, y remarca cómo la guerra plantea una sexualidad problemática, ya que las mujeres han ocupado roles y funciones que siempre habían sido consideradas viriles y, en consecuencia, se trastorna el orden social preestablecido, al que muchos nacionalismos intentan volver.
     Luego, Perrot se introduce por los distintos senderos de las acciones colectivas o los momentos en los que las mujeres ganaron la vía pública, como meras manifestantes de disconformidad, al principio, y como activistas de causas propias, más tarde. Traza diagonales que van desde la participación sindical de las mujeres -escasa o mínima en gremios mixtos y más favorable en profesiones femeninas-, hasta la configuración de asociaciones benéficas, filantrópicas o mutuales, donde el lugar de las mujeres era menos cuestionado. También delinea el recorrido de los movimientos a favor del sufragio, las acciones políticas en el marco de la comunidad de origen de las mujeres y la difusión de las ideas a través de revistas y periódicos, escritos por y destinados a ellas. Transita, también, sobre las huellas del feminismo en todas sus oleadas: desde las pioneras, luchadoras personales, hasta los movimientos que, a partir de los sesenta y setenta, toman las calles para volverse un feminismo de masas. Hace algunos altos en el camino para referirse a la gran variedad de derechos por los que las mujeres han debido batallar: civiles, políticos, educativos y aun los derechos sobre sus propios cuerpos, derechos que, en su mayoría, se han conseguido en el transcurso del siglo XX en el mundo europeo.
     El balance que Michelle Perrot hace en el capítulo final es más bien una hoja de ruta en construcción. La autora advierte que le quedaron innumerables cuestiones a tratar y que tal vez no se hayan disipado las sombras que subsisten en el relato histórico respecto de las mujeres. Sugiere una buena cantidad de temas que no han sido profundizados y, al final, incluye una extensa bibliografía donde clasifica y expone los textos que trazaron las rutas y abrieron nuevas sendas al estudio de lo femenino, en su mayoría provenientes del ámbito francés.
     A modo de conclusión, Perrot invita a seguirla por un derrotero a campo traviesa, pero sin perder el rumbo que ella le pone a su carrera: su deseo manifiesto de "comprensión, de inteligibilidad global". El convite está en las palabras de cierre, y asistir a él concede, a la vez, el agasajo y el desafío: "Historia para seguir. Historia para hacer, también".

Norma Alloatti

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