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Mora (Buenos Aires)

On-line version ISSN 1853-001X

Mora (B. Aires) vol.17 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires Jan./July 2011

 

DOSSIER

Las mujeres y sus representaciones de la lectura y la escritura en la revista Fray Mocho (1912-1918)

 

Alejandro E. Parada1*

*Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas (INIBI).

 


Resumen

El presente trabajo analiza el universo de las mujeres y sus representaciones de la lectura y la escritura en un magazine paradigmático de comienzos del siglo XX en la Argentina: Fray Mocho. En el artículo se presentan, entre otros tópicos, los tipos de lectura femeninos, las propagandas discursivas, la actitud masculina ante la participación de la mujer en la civilización impresa de la época y el horizonte textual en la esfera doméstica y social. Se señala, finalmente, la gestación creciente de una variedad de usos y prácticas de las mujeres para acceder al mundo tipográfico.

Palabras clave: Prácticas y representaciones de la lectura; Mujeres; Historia Cultural; Historia de la lectura en la Argentina; Fray Mocho.

Abstract

The present work analyses women's universe and the representations of women's reading and writing in Fray Mocho, a prototypical magazine of early twentieth century in Argentina. Among other topics, types of women's readings, advertising discourse, men's attitudes towards women's participation in the print culture of the time, textual horizon in the social and domestic spheres are presented in the article. Finally, the growing appearance and development of a variety of women's uses and practices to gain access to the print world is discussed.

Keywords: Reading practices and representations; Women; Cultural History; History of reading in Argentina; Fray Mocho.


 

El advenimiento de la Nueva Historia de la Cultura tuvo como principal consecuencia la extraordinaria ampliación de los horizontes culturales (Hunt, 1989 y Geertz, 1990). Territorios del conocimiento que usualmente estaban considerados desde una importancia relativa, por no decir menor y desdeñable, pasaron a una categorización académica antes insospechada. Así, en pocos años, con aportes que incursionaron en estas zonas "periféricas o marginales", rápidamente surgieron (o están en vías de hacerlo) otras disciplinas o ámbitos de estudio.
     El presente trabajo se encuadra en el horizonte de esos nuevos estudios sobre los registros o artefactos culturales, en el dominio móvil y múltiple donde se entrecruzan la historia de las imágenes y las apropiaciones textuales y, particularmente, en el caso puntual de las mujeres y sus representaciones de la lectura y la escritura durante el período de 1912 a 1918. Para ello se ha elegido una revista contemporánea de Caras y Caretas: Fray Mocho. El contexto histórico y social, desarrollado bajo las presidencias de Roque Sáenz Peña, Victorino de la Plaza e Hipólito Yrigoyen, es el que se denomina como la época del Centenario, un momento de gran efervescencia intelectual e ideológica (Altamirano y Sarlo, 1997).
     La masiva difusión que tuvieron los magazines, las revistas literarias y, posteriormente, las novelas semanales, fue un acontecimiento urbano determinante para la configuración de las nuevas prácticas de lectura (Lafleur, Provenzano y Alonso, 1968; Sarlo, 2000; Romano, 2004; Pierini, 2004).
     Por otra parte, no es la primera vez que se estudian las imágenes que aporta Fray Mocho para analizar aspectos de la cultura popular y subalterna e, incluso, de lo femenino (Piñeiro y Sotolano, 2001), pues se trata de una revista con una extraordinaria riqueza documental para rastrear las diversas apropiaciones culturales del público al cual estaba dirigida. Un público, en líneas muy generales y sin entrar en definiciones sectarias, típico de clase media, aunque con incursiones diagonales hacia otros segmentos. En este marco se han relevado aproximadamente 350 números de este magazine ("festivo, literario, artístico y de actualidades"), cuya primera tirada fue el 1º de mayo de 1912, bajo la dirección de Carlos Correa Luna y con la intencionalidad de señalar algunas representaciones de la lectura y la escritura del universo de las mujeres en un ámbito minimalista o propio de la microhistoria. Esto es, soslayar las figuras y cánones femeninos más conocidos de ese entonces para centrarse en las estampas y pasajes de otras visibilidades de ellas más humildes y modestas, pero no por ello menos significativas.
     En una primera aproximación, al recorrer al azar las páginas del magazine o semanario ilustrado Fray Mocho durante el período 1912-1918, surge un complejo y ubicuo conglomerado de la presencia de la mujer en la sociedad de ese entonces. Esta complejidad se torna aun más heterogénea, múltiple y dispersa en el caso del universo femenino en su relación con las imágenes de la lectura y la escritura. El horizonte del género, pues, en el momento de identificar las representaciones de la escritura y la lectura, se caracteriza por su profundo sesgo asistemático y casi lindante con lo caótico. No obstante, si se repara con cierto análisis este mundo de la mujer signado por la multiplicidad especular es posible sistematizar, aunque en forma muy modesta, algunos de los temas que aparecen con frecuencia y tenaz recurrencia.
     Una pregunta se presenta, ante todo, determinante por su importancia: ¿cuáles eran los tipos de lecturas femeninas reproducidos en las ilustraciones y los textos de Fray Mocho? La variedad de situaciones es de tal magnitud que no solo se impone una selección, sino, sobre todo, la necesidad de establecer su tipología mediante una breve descripción. El inventario de estas representaciones, entonces, permite conocer parte de ese universo lector. A continuación se detallan los modelos de lecturas identificados.
     Una representación a la que se recurre con frecuencia es la lectura del ocio, tanto en la vida privada como en la pública. La imagen de una mujer leyendo al aire libre, en la naturaleza, con evocaciones rousseaunianas, es muy asidua (Fray Mocho, nro. 294, 1917). En general los dibujos y las fotografías asocian a la lectura femenina con el universo floral. La remembranza de un discurso donde ocio, lectura y belleza comparten una compleja entidad definida por la mirada masculina erotizada.
     Pero no todo es placidez y ensoñaciones lectoras, pues la realidad social del cosmopolitismo de las ciudades produce el desplazamiento de las imágenes idílicas de unos pocos al ámbito, menos simpático y más urticante, de la supervivencia de muchos. Un ejemplo de ello es la lectura asistencial. En una ciudad como la de Buenos Aires, signada por una ingente masa inmigrante y, por consiguiente, por la visibilidad de amplios sectores desposeídos, es muy común la presencia de imágenes de mujeres y niñas leyendo, tanto en un marco escolar como de beneficencia institucional.
     Pero también se presentan ejemplos de lectura femenina donde el asistencialismo o la beneficencia no tienen cabida alguna, donde la estructura estatal es inexistente. Estos casos de extrema pobreza incluyen a los excluidos sociales, a los desclasados, a los vagabundos, a los sin techo. Es aquella que se podría denominar, muy genéricamente, como la lectura marginal o la lectura de los de "más abajo". Tal es el caso de la famosa doña Águeda, "patrona y protectora de los gatos". El cronista reproduce varias "vistas" de su vida en la "miserable choza de latas, junto al zanjón de Blanco Encalada, en la esquina de Conde", rodeada de una multitud gatuna a quienes alimenta con solicitud maternal. En la reproducción de algunas imágenes de su vida cotidiana aparece, entre todas ellas, una de nuestro interés particular: la protectora de los gatos leyendo en el patio de su casa. La imagen es elocuente: el diario apoyado en un barril, ella sentada en una silla destartalada y rodeada de cachivaches, la mirada perdida en la lejanía, en una postura no menos válida aunque haya sido solicitada. No obstante, lo que no puede ser artísticamente armado es el comentario del autor de la nota, que no se priva de un sarcasmo de discriminación impresa: "Águeda, la propietaria de los gatos, tomando el sol en su sala de lectura" (Fray Mocho, nro. 26, 1912).
     La lectura más habitual -en buena medida, tratándose de un magazine con preferencia por las crónicas de la vida urbana- es la lectura fotográfica de pose social. Estas imágenes, que nada tienen de espontáneas, recurrentes hasta la repetición monocorde, reproducen a la familia en el momento de "posar" ante la lente de la cámara fotográfica. Se trata de un momento "armado" que retrata, en general, al mundo y a las aspiraciones de la clase media ascendente. De ahí que el libro aparezca en su faceta sacralizada en las manos de mujeres o de niñas que simulan leer concentradamente (Fray Mocho, nro. 1, 1912); o en las conocidas "notas estudiantiles", donde las jóvenes peritas mercantiles egresadas de la Escuela Superior de Comercio de la Capital posan ante el objetivo con un gran libro en la mano... sus miradas, sus sonrisas y la disposición corporal que adoptan nos dicen, en particular, que el libro es un mero objeto de valor que garantizó su formación cultural, pero que en esta ocasión lo que menos importa es el acto de leer (Fray Mocho, nro. 93, 1914).
     La lectura del mediador lector es un uso empleado con frecuencia. Fue una figura muy importante en los períodos de inmigración masiva, cuando ofrecía sus servicios a los compatriotas que carecían de las habilidades para leer el español ante una solicitud laboral, entre otros casos. Pero las imágenes del mediador femenino suelen ser más abundantes en la vida cotidiana. En varias oportunidades se reproduce a jóvenes leyendo en voz alta a distintos miembros de la familia, como si ellas fueran las voces de la alteridad.
     La lectura célibe, pautada por la impronta de "las solteronas", es un tema común a lo largo de la historia familiar. En este punto, las páginas de Fray Mocho no son una excepción. En todas las instancias la muchacha que pasó a la triste gracia "de vestir santos" (un tema constante que motiva bromas y sarcasmos de mal gusto) no solo se encuentra cercada por la fealdad o la acritud intolerante del carácter, sino que el tópico que acompaña y define a esta célibe femenina es el libro y su apropiación textual. Abundan, pues, los ejemplos de este tipo. Un artículo del 9 de marzo de 1917 (Fray Mocho, nro. 254), firmado por Daniel José Stockdale, con dibujos de Luis Macaya, nos brinda la posibilidad de conocer en detalle los tres tipos de mujer de la época según la mirada del periodista-varón. La nota se titula, a secas, "Tríptico". Las tres chicas que reconoce son: "la romántica" (una joven en un prado florido), "la coqueta" (ahora sensualmente vestida ante su tocador), y... "la solterona". Esta última aparece en la sala de estar de su casa, ataviada con un largo y adusto vestido, de pie ante una pequeña mesa y, como no podía ser de otro modo, leyendo. "La solterona", entonces, la mayoría de las veces por propiedad conmutativa, tiene como consuelo de su estéril celibato la oportunidad de leer hasta el hartazgo, como si el mundo tipográfico fuera un amante sustituto.
     Sin embargo, dentro de este panorama minimalista de las distintas aprehensiones de los textos por parte del público femenino, los avisos desempeñaron un papel de gran valor. Su repetición en Fray Mocho adquiere tal magnitud de representaciones lectoras que es oportuno identificarla, en este marco, con la denominación de lectura publicitaria. Una abundante presencia de anuncios sobre este tópico da cuenta de su importancia. En líneas generales, como es lógico y previsible, los avisos muestran a las mujeres y sus libros en el contexto del consumo y del confort. Estos anuncios puntualizan la otra dimensión de la sacralidad de los impresos: su materialidad y su prestigio en el momento de vincular los bienes materiales con los espirituales. Es interesante señalar esa compleja ubicuidad entre economía doméstica, consumo capitalista y prácticas de lectura femeninas en el momento del paradigma social de la publicidad.
     También existen propagandas que poseen cierta estructura narrativa. Discursos que elaboran una diminuta ficción o prosas costumbristas que, en alguna medida, preanuncian algunos aspectos de la amplísima difusión de las futuras novelas semanales. Tal es el caso del tópico del novio que guía y fomenta las lecturas de su muchacha (Sarlo, [1985] 2000). Un ejemplo de esta situación se titula "La carta del novio", en una publicidad del famoso jabón Reuter (Fray Mocho, nro. 211, 1916). La esquela comienza contando las experiencias que vive en Buenos Aires un joven que está cursando allí sus estudios universitarios. Su novia, junto con una amiga, está sentada en un banco mientras lee la carta, indudablemente, en una zona rural acomodada. Él le comenta acerca del ambiente cultural capitalino y, entre otros acontecimientos, sobre el éxito de la obra Mamá Culepina, de García Velloso. Y a pesar de su confesada animadversión por la escritura ("¡el odio que le profeso a la tinta!"), él no elude, como si fuera algo menor y propio de la liviandad del sexo débil, asumir el papel de proveedor de lecturas al comentarle:

"Te mando en este mismo correo el primer número de la nueva Ilustración mensual, que ha resultado, como tú misma juzgarás, una preciosidad.
Con ese paquete donde va, además, la novela del día El mal metafísico, de Manuel Gálvez, te envió la caja del jabón Reuter..."

     De modo que en este noviazgo el varón está estableciendo los modelos de lectura de su novia: una bella revista mensual y el éxito novelístico del momento, es decir, aquello que es aceptado como lecturas recomendadas para jóvenes casaderas.
     A través de esta breve selección taxonómica de las representaciones femeninas en Fray Mocho, es posible inferir una serie de conjeturas preliminares y aproximativas que pueden señalarse con las peculiaridades siguientes: la abundancia de "imágenes indirectas" de las apropiaciones tipográficas de las mujeres (las damas y las jóvenes aparecen, en general, como "acompañando marginalmente a la cultura impresa" en su materialidad rutinaria, pero no en su participación de uso pleno, reservado para las representaciones masculinas); la íntima y estrecha relación lectora entre ellas, el hogar, el consumo indumentario y la estética personal; la conspicua erotización del acto de leer, por intermedio del empleo de la belleza corporal; la bipolaridad casi histérica del discurso social del hombre que, inequívocamente, ciñe las prácticas textuales de ellas a la familia o, por el contrario, a la sensualidad liviana de sus "composiciones" ergonómicas; la mixtura entre esas "lecturas livianas" (catálogos, libros de cocina, folletos, novelas "menores"), próximas a las ensoñaciones sentimentales, con los quehaceres pautados socialmente por la cotidianidad (labores domésticas, manualidades, tejido, costura, etc.) y su complementación de género (esposa diligente, madre ejemplar, viuda devota); el creciente vínculo de los magazines (Caras y Caretas, PBT, Fray Mocho) con las mujeres, ya que gran parte de sus artículos estaban destinados, con especial cuidado, para un público femenino, como si esa lectura de la actualidad y su ubicua presencia diaria fuera, ni más ni menos, la requerida y necesaria para ellas; y, coronando estas características, la certidumbre, sin duda, de que las imágenes de las mujeres leyendo en Fray Mocho eran una construcción impuesta por la mirada masculina, en una especie de pastiche entre la frivolidad sensualista, la apetencia sexual, la amante soñada y la mujer ideal, cuyas lecturas oscilaban en estas esferas yuxtapuestas pero, no obstante, rígidamente reguladas por las normativas morales de la época.
     Además, la utilidad debía tener una praxis en la cotidianidad y no una mera abstracción para un posible beneficio en un futuro hipotético. De ahí la propaganda de una obra fundamental para la salud de la familia: La mujer: médico del hogar, de Ana Fischer-Dückelmann (Fray Mocho, nro. 108, 1914). Son las lecturas concretas y objetivas, aquellas que tendrán una manipulación y un empleo real (no virtual) en las faenas domésticas. No es ocioso recalcar el nombre de la empresa comercial que vendía este título: "La cultura práctica universal". En ese entonces, tal como ya se ha señalado, muchas de las lecturas femeninas se encontraban ceñidas por el culto a la "practicidad hogareña". Ser una esposa eficaz, según los modelos de ese período, implicaba esta clase de apropiaciones impresas indispensables para gobernar un hogar.
     Pero fomentar solo el criterio de "utilidad lectora" opacaría y, en cierto sentido, ocultaría otras prácticas de lectura que alcanzaron una amplia difusión. En este marco, existió una gran variedad de lecturas, en su mayoría dirigidas a las mujeres, que podríamos denominar esotéricas o paracientíficas. Los avisos en Fray Mocho sobre este tópico son muy abundantes. Los temas que abarcan, siempre presentados al público integrado por damas y señoras, son los siguientes: la nigromancia, el espiritismo, la quiromancia, el ocultismo, el magnetismo, la interpretación de los sueños, la conquista de la felicidad y del éxito, el culto al naturalismo, la cartomancia, lo enigmático y misterioso, etcétera. A modo de ejemplo ilustrativo se mencionarán algunas de estas publicidades:

  • "Un libro gratis de reputación universal con el que se alcanzarán salud, fortuna y belleza. Gratis podéis conseguir que os enseñara a prosperar en los negocios, vencer dificultades, inspirar confianza, captar cariños y amores..." (Fray Mocho, nro. 32, 1912);
  • "La magia y el ocultismo. Los que quieran conocer a fondo los grandes secretos de las Magia y Ciencias ocultas [...] pidan sin demora [...] el interesante libro Para abrirse camino en la vida" (Fray Mocho, nro. 159, 1915);
  • "Importante libro gratis [...] para triunfar en la vida, saber gobernarse [...] triunfar en los amores [...]" (Fray Mocho, nro. 95, 1914);
  • "Gratis completamente se remite a cualquier punto de la república [...] un hermoso libro de gran importancia, el cual enseña el NATURALISMO [...] no deba faltar en ninguna casa de familia" (Fray Mocho, nro. 69, 1913);
  • "SE PROHIBE LEER a los que disfrutan de placeres y dichas Las tres llaves de la fortuna. ¿Desea usted también acabar con las penas, hacer su vida feliz, tener suerte en todo [...] Pida sin retardo el libro Las tres llaves de la fortuna [...]" (Fray Mocho, nro. 91, 1914);
  • "El secreto de la felicidad. Los que tengan dificultades, los que sufren, los que no tienen suerte, los que aman y desean ser correspondidos, los que dudan y son desengañados [...] Gratis, remito un interesante folleto Los secretos de la naturaleza, que explica las virtudes de la PODEROSA PIEDRA IMÁN [...] Suerte, salud, felicidad" (Fray Mocho, nro. 268, 1917);
  • "CINCO MARAVILLOSOS REGALOS. Regalamos tres juegos mágicos con misteriosos secretos y sus instrucciones completas, para ejecutarlos entre sus relaciones; es el único secreto para que una persona sea querida y respetada por todas. Remitimos también EL MISTERIOSO ALMANAQUE DE LOS SUEÑOS [...] Gratis también, se remite un interesante y curioso libro, nunca visto, para triunfar en todas las empresas de la vida...y conseguir SALUD, FORTUNA, AMOR, FELICIDAD, EMPLEOS" (Fray Mocho, nro. 268, 1917);
  • "No lea Ud. si nada desea. Acaba de aparecer y es de sensacional acontecimiento solo para los que aspiran a dicha, alegría, salud, negocios, juegos, lotería, amores, simpatías o que quieran contraer RÁPIDOS Y VENTAJOSOS MATRIMONIOS... [si] su vida se le hace cargosa e insoportable [...] recibirá Las tres llaves de la fortuna" (Fray Mocho, nro. 170, 1915);
  • "Regalamos gratis para Ud. un interesante libro... [para] ser correspondido por la persona amada y obtener salud, amor, fortuna, empleos. Todo lo conseguirá con este precioso libro" (Fray Mocho, nro. 219, 1916);
  • "Regalamos gratis para Ud. un hermoso almanaque perfumado, de gran utilidad para señoras, señoritas [...] Basta guardarlo en cualquier sitio para que deje un perfume muy delicado y de mucha duración" (Fray Mocho, nro. 219, 1916).
     Por otra parte, en el momento de abordar las imágenes de las mujeres y la escritura en Fray Mocho, y como introducción a esa temática, es oportuno mencionar una promoción que llevó a cabo el semanario en enero de 1915 donde se abordaba un tópico vinculado con el mundo femenino y la historia de las representaciones culturales: la lectura y la escritura en concordancia con las labores del tejido. Estudios recientes han llamado la atención sobre las correlaciones entre el acto de "enhebrar" las letras al formar un discurso textual y la tensión de la trama y la urdimbre en la elaboración de un tejido (Chartier, 2006). En este punto Fray Mocho nos brinda un interesante ejemplo cuando anunció el regalo a sus lectoras de "un artístico álbum de labores primorosamente impreso". En las imágenes del aviso aparecen varias amas de casa bordando en la tranquilidad de su hogar. Dos imágenes son, en especial, ilustrativas. En primera instancia, una flamante esposa cosiendo con el álbum de labores encima de la mesa: su esposo, de pie, como alejado de esos menesteres ajenos a su sexo, la observa con gran aprobación y beneplácito. En un segundo momento, una representación casi inesperada de integración conyugal: el marido hojea el álbum y ella, mientras borda, estira su cabeza para leer al mismo tiempo que él (Fray Mocho, nro. 144, 1915).
     ¿Cuáles eran, por otra parte, los horizontes textuales de la feminidad en las páginas de Fray Mocho? La prensa barrial fue uno de los lugares donde las mujeres comenzaron a participar en las prácticas de la escritura. Los periódicos locales habían alcanzado un significativo desarrollo y, en ese contexto de expansión gráfica iniciado a fines del siglo XIX, la mayoría de los barrios de Buenos Aires, así como las cabeceras de partido aledañas a la capital, poseían un pujante periodismo. Los magazines se hicieron eco de esta realidad y, por consiguiente, de la aparición de la mujer como redactora de algunos de sus artículos. Es muy interesante, en este tópico, una nota de Eduardo E. Maggio, titulada "Feminismo literario: notitas de Belgrano" (Fray Mocho, nro. 183, 1915). Gracias al artículo es posible rastrear un conjunto de diarios y semanarios -La Prensita de Belgrano, La Libertad, El Heraldo- donde un nutrido grupo de "señoritas" son las redactoras de los "suplementos sociales" o, en el caso de las más osadas, de algunos de los "vuelos literarios" de sus páginas. El cronista no solo reproduce sus fotos (instantáneas escenificadas que simulan lecturas), sino que además identifica sus nombres y su condición de jóvenes acomodadas de Belgrano. Sin embargo, lo significativo no es el mundo de la escritura en el cual se encuentran circunscritas por la división laboral del trabajo impuesta por sus jefes, es decir, por los hombres, abocadas a la articulación textual de los pequeños avatares de la esfera social o de algunas poesías. Lo sobresaliente y, en particular, aquello por lo que las mujeres debieron luchar para conquistar su libertad de creación discursiva, se centra en los juicios socarrones e irónicos del autor de la nota. Una selección de estas opiniones demuestra esta "graciosa condescendencia" masculina por la escritura femenina:
  • "Y los lectores aplauden ese entusiasmo literario que trasunta una encomiable actividad espiritual. Manejar la pluma como una aguja de bordar o la tenacilla de los rizos, es una preocupación amable de muchas niñas de Belgrano."
  • "La redacción de la nota social, el flirt de la amiguita, la gacetilla sobre la moda... bulle en sus espíritus, y ese esfuerzo ha hecho simpática y esperada con interés la publicación semanal en que colaboran."
  • "Es cierto que el catecismo de la señora Gramática se incomoda a ratos, porque no siempre las manos femeninas la tratan con la suavidad requerida, ¿pero acaso muchas veces no hay que maltratar al árbol para arrancarle una flor?"
  • "Algunas niñas ensayan vuelos literarios: vuelan sobre el mar, sobre las nubes, cerca de los picos de las montañas, donde todo es diáfano y etéreo... Y así cumplen su misión de aves, cosas aéreas, impalpables, como las llaman los chicos, en sus divagaciones literarias..."

     Estos conceptos, desde nuestra óptica arcaicos y discriminatorios, nos brindan la ocasión inmejorable de conocer los cánones de escritura (de exposición textual pública) permitidos a las mujeres de la época: las notas de "sociedad", los vuelos líricos "diáfanos y etéreos", las primicias escandalosas en el mundillo de la "gente bien", los enredos amorosos o flirts del momento, y la siempre presente y caprichosa tiranía de la moda. Otros temas estaban vedados y eran propiedad exclusiva del ámbito varonil. E incluso, estos pequeños y tímidos aportes de "las niñas" en el territorio de la escritura barrial -pues el vocablo "mujeres" se torna esquivo- son vistos con "simpatía" y como incursiones afablemente toleradas, a pesar de que "la señora Gramática se incomoda". Se tiene la sospecha, en definitiva, de que nos encontramos ante el "favor de la escritura expuesta" dado por los hombres al sexo débil. No obstante, gracias a estas primeras incursiones sería posible, en un futuro, conquistar los temas de escritura explícitamente masculinos, donde la condescendencia cedería ante la competencia y la habilidad de ellas en las prácticas de la pluma.
     Lo realmente importante en estos párrafos (aún imbuidos de esa condescendencia masculina ante la escritura femenina) es el testimonio narrativo, casi minimalista y antropológico, pero no por ello menos contundente y aleccionador, de la escritura en la vida cotidiana de una mujer suburbana de una gran metrópolis. Sin duda, estas "niñas" que ahora ejercían el acto de escribir tenían sus remotos orígenes, tanto por la temática como por las imágenes de representación cultural, en esas mujeres románticas de siglo XIX (Batticuore, 2005). El marco de ficcionalización costumbrista de la escritura de la mujer, además, es una nueva prueba de la íntima relación entre las lectoras y su imbricación con las concepciones morales y sociales de cada época (Zanetti, 2002).
     Pero la "poesía doméstica" de las mujeres no solo se limitaba a la extraordinaria difusión de la prensa "parroquial". Pues gracias nuevamente a las publicidades -ese pujante laboratorio de la civilización impresa donde se vinculan economía/comercio y escritura/lectura- es factible rescatar una multitud de prácticas textuales femeninas. En Fray Mocho abundan estos casos y su elección, en consecuencia, es arbitraria y azarosa. Sin embargo, la propaganda del concurso organizado por el "polvo graseoso [sic]" de Leichner, nos brinda una oportunidad inmejorable para identificar la producción de estos discursos (Fray Mocho, nro. 345,1918). La condición para obtener un codiciado monto de dinero era "remitir una cuarteta haciendo referencia al Polvo Graseoso Leichner, la que debe ser escrita en castellano". Las poesías, escritas con la liviandad de las mínimas circunstancias que exigía el tenor romántico de un polvo de belleza, eran, en líneas generales, de este tenor:

"Soy un poco coquetona
y un todo de presumida
y desde que uso el polvo Leichner
soy un todo más querida."

"El día que yo nací
le oí decir a mi madre:
'Si no usas los polvos Leichner,
no conquistarás a nadie."

     Lo significativo de ese ejercicio de "poesía doméstica comercial" se centra en el hecho de que la escritura de las mujeres ya jugaba un papel importante en la rutina de sus vidas, ya que estos ejercicios textuales constituyen el resultado de las primeras campañas de alfabetización y escolarización y, por sobre todo, del explosivo desarrollo gráfico y urbano. Por otra parte, esto se confirma porque ellas no solo firmaban con sus nombres las cuartetas, en un intento de salir del anonimato y estampar su autoría y propiedad, sino que identificaban sus lugares geográficos de procedencia, construyendo así una topografía de "la escritura de ellas" en la Argentina.
     Por añadidura, es necesario observar la importancia de la mujer en su rol, cada vez mayor, como público destinatario de muchos magazines de la época. Fray Mocho, por ejemplo, poseía dos secciones dedicadas a ellas: "Notas femeninas" y "Entre nosotras". Sin embargo, por propiedad transitiva, es indudable que otras entradas estaban diseñadas mucho más para la mujer que para el hombre, tales los casos de los apartados "De provincias", "Sociedades", "Casino" y las numerosas notas sobre el teatro, el cinematógrafo, el hogar y la moda. Además, un rubro las incluía especialmente: el incipiente universo de la publicidad gráfica. Este fenómeno ya ha sido identificado por estudios anteriores y, en un sentido amplio, responde a las características siguientes: a) los magazines (como Caras y Caretas, PBT, Fray Mocho, etc.) constituyen un antecedente discursivo de las novelas semanales, cuyo auge fue en el período de 1917 a 1927; b) existe una tendencia, tanto en esos semanarios como en las "novelas barriales", de conquistar el horizonte femenino (por su temática sentimental, por su estructura narrativa, por su difusión en el hogar); c) los magazines, además, debido a su diagramación gráfica en distintas secciones y por la facilidad de su transporte en la ciudad, mutaron las formas y los modos de leer, ya que diseñaron el uso de "apropiación fragmental" de la lectura que, inequívocamente, sería una característica de muchas novelas semanales; d) el auge de estos "semanarios festivos" se enmarca dentro del contexto de los procesos de escolaridad y urbanización y, en particular, por la aparición de una economía de consumo y por un hecho antes desconocido: el desarrollo del ocio, que trajo como consecuencia el advenimiento de una sensibilidad "más depurada"; e) este proceso, donde los sectores poco letrados (y la presencia femenina fue fundamental) ganaron un amplio terreno, ya conocía en el criollismo un importante antecedente de literatura popular; y f) los cambios que introducen los magazines en las formas de apropiación textual, de hecho, manifiestan una reforma radical en las prácticas de lectura (Sarlo, 2000; Prieto, 1988; Pierini, 2004; Romano, 2004).
     Por último, una representación casi inexistente en el magazine, al menos en los años analizados: las imágenes en el espacio íntimo de los lugares con bibliotecas, de uso exclusivo femenino. Estos no-lugares del anonimato de ellas son de gran importancia para la igualdad de género (Augé, 1993). Dicha carencia, pues, es un vacío que clamaba por su corporeidad futura. Todos conocemos la importancia de la "habitación propia" para manipular y domeñar los usos de la lectura y la escritura en su plenitud, tal como lo demostró Virginia Woolf en un ensayo clásico o Jane Austen mediante sus padecimientos por carecer de un sitio "suyo" para elaborar sus novelas (Tomalin, 1999), por citar dos ejemplos de grandes escritoras. Esta iconografía, en la mejor de las situaciones, está solapada en Fray Mocho. Este era un tópico, entonces, por el cual valía la pena luchar con el objetivo de ganar una mayor movilidad social. Esa imagen en pocos años se iba a revertir. Una revista femenina de la década del 30, Chabela -ilustre predecesora de Claudia-, en cierto sentido, remediaría este silencio sonoro, pues incluyó en uno de sus números un artículo dedicado a las bibliotecas en el ámbito doméstico de las mujeres (Chabela, nro. 43, 1939).
     En definitiva, a pesar de las marcadas imposiciones de género que opacaban la visibilidad del mundo femenino y lo sometían a pautas predeterminadas -en particular, cuando se ligaba en un solo destino la realidad y el imaginario de aquello que se esperaba de ellas-, las mujeres estaban plenamente inmersas en esa urdimbre compleja, proteica e ingobernable, que caracterizaba la vertiginosa expansión de la civilización impresa. Un universo cuyo espacio vital, en pleno desarrollo, se extendía por primera vez a todas las actividades humanas. Muchas veces sometidas a censuras, discriminaciones, mutilaciones y apropiaciones arbitrarias de los usos de la lectura y la escritura desde el ámbito de la masculinidad. No obstante, todas pugnaban por obtener su tajada en este banquete tipográfico (unas pocas, gracias a la impronta de sus privilegios; la mayoría, por el afán de salir de su condición de subalternas). Si sus prácticas y destrezas impresas fueron suficientes para conquistar ese universo, si resultaron, al final del camino, dulces, amargas o agridulces, sin duda, eso forma parte de otra historia, de una gran historia por escribirse.

Bibliografía

1. Altamirano, Carlos y Sarlo, Beatriz (1997). Ensayos argentinos: de Sarmiento a la vanguardia. Buenos Aires: Ariel.         [ Links ]

2. Augé, Marc (1993). Los no-lugares, espacios del anonimato: una antropología de la sobremodernidad. Barcelona: Gedisa.         [ Links ]

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4. Chartier, Roger (2006). Inscribir y borrar: cultura escrita y literatura (siglos XI-XVIII). Buenos Aires: Katz.         [ Links ]

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Otras fuentes consultadas:

1. Fray Mocho, Buenos Aires: período 1912-1918.