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Mora (Buenos Aires)

On-line version ISSN 1853-001X

Mora (B. Aires) vol.17 no.2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires Sept. 2011

 

DOSSIER. MUJERES EN RED: GIROS EN LA PRENSA FEMINISTA LATINOAMERICANA DEL SIGLO XX

Feminismos en clave latinoamericana: un recorrido sobre Fem, Isis y Fempress

 

Karin Grammático*

* Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género. Universidad de Buenos Aires.

 


Resumen

En este artículo presentamos un recorrido histórico de tres de los más destacados proyectos de comunicación que el feminismo contemporáneo latinoamericano llevó adelante en el último cuarto del siglo XX: la revista mexicana Fem, iniciativa pionera que se esforzó por combinar la producción teórica y creación feministas con las demandas políticas del movimiento de mujeres, y los emprendimientos comunicacionales que llevaron adelante Isis Internacional y Fempress.

Palabras clave: Feminismo latinoamericano; Comunicación; Revistas.

Abstract

In this paper we present a historical overview of the three most outstanding projects of communication that the contemporary Latin American feminism carried on in the last quarter of the last century: the Mexican magazine Fem, a pioneering initiative which attempted to combine the theoretical and creative productions with the political demands of women's movement, and the communication enterprises carried out by Fempress and Isis International.

Keywords: Latin American feminismo; Comunication; Reviews.


 

Fem y la construcción de un feminismo latinoamericano

Uno. México, un día de 1975. Dos mujeres conversaban animadamente en un ómnibus ("camión" en el decir mexicano) que las trasladaba a la ciudad de Morelia. Eran Alaíde Foppa y Margarita García Flores, quienes debían llegar a la localidad de Michoacán para brindar una conferencia sobre la situación de las mujeres de su país. Foppa era una reconocida crítica de arte y poeta, y desde hacía unos años venía desarrollando una destacada actividad como académica feminista. Profesora de tiempo completo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue la fundadora de la cátedra de Sociología de la Mujer en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. En 1972, a sus habituales tareas intelectuales sumó la conducción del programa Foro de la Mujer (emitido por Radio Universidad) que le permitió exponer y militar su feminismo más allá de los claustros universitarios1. Por su parte, García Flores, una destacada referente del periodismo, la comunicación y la difusión cultural, compartía con su compañera de viaje el compromiso con la causa feminista además de formar parte del plantel profesoral de la UNAM. La "plática" concluyó en una idea: crear una revista que estudiara la problemática de la mujer desde una perspectiva feminista. Expuestos sus deseos, las mujeres se dispusieron a concretarlo: un importante suceso comenzaba a gestarse para el feminismo mexicano y de América Latina.
     El proyecto periodístico de Alaíde y Margarita germinó en un contexto histórico particularmente sensible a la cuestión de las mujeres. El feminismo transitaba la expansión de su segunda ola y su militancia lograba importantes conquistas en distintas partes del mundo2. Ese activismo, por otra parte, también logró que los organismos internacionales prestaran una mayor atención a sus demandas. Así, en 1975 y también en México, mientras las profesoras de la UNAM trabajaban en su proyecto, ocurría otro acontecimiento que habría de afectar de varias maneras el devenir de las mujeres y del feminismo: la Primera Conferencia Mundial de la Mujer organizada por las Naciones Unidas (ONU) como actividad central de la observancia del Año Internacional de la Mujer3. Entre el 19 de junio y el 2 de julio, el Distrito Federal vio alterado su habitual caótico ritmo urbano al recibir a las 113 delegaciones oficiales que participaban de la reunión oficial y a las 6.000 mil mujeres que animaban la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, conocida también como la conferencia "paralela". Se trató de un foro de discusión coordinado por las Organizaciones No Gubernamentales que la ONU invitó especialmente al evento de México y en el que se dieron cita miles de mujeres de distintas partes del mundo. La festiva y exitosa experiencia derivó, en 1976, en la creación del Centro de la Tribuna de la Mujer, una entidad dedicada a atender las necesidades de información y asistencia técnica a instituciones y grupos involucrados en la lucha contra la discriminación hacia las mujeres (Grammático, 2010).
     En un marco más que estimulante, Alaíde y Margarita constituyeron la sociedad civil Nueva Cultura Feminista (responsable editorial de la futura publicación) y convocaron a un grupo de amigas y colegas para que formaran parte de la aventura periodística. Pensada, diseñada y escrita en la casa de Alaíde –su estudio hogareño en Colonia Florida se convirtió en la primera redacción de la publicación– fue titulada con el nombre de Fem y su primer número, con una tirada de 2000 ejemplares, salió en octubre de 1976. De carácter bimestral, la revista adoptó un formato tipo agenda de escritorio, es decir más bien cuadrado (22 cm x 21cm), y con un diseño de tapa muy sencillo: fondo liso en color claro y el logo en tinta negra con la palabra fem escrita en cursiva y encerrada en un círculo.
     Dos. La dupla hacedora de la revista dirigió los cuatro primeros números (editados entre octubre de 1976 y septiembre de 1977), acompañada por un consejo editorial compuesto por Elena Urrutia, Marta Lamas, Elena Poniatowska, Lourdes Arispe, Margarita Peña y Beth Miller. Al cumplirse el primer aniversario de la publicación, Margarita García Flores decidió alejarse del proyecto, lo que provocó un primer reacomodamiento hacia el interior de Fem. Así comenzaba la experiencia de una dirección colectiva integrada por Poniatowska, Lugo, Urrutia, Lamas y Foppa, bajo la coordinación general de esta última.
     Desde 1976 y hasta 1986, la revista propuso a sus lectoras un tema especial por publicación; dicho carácter se profundizó a medida que avanzaba la década hasta definir a los números, al decir de Cecilia Olivares, como "impresionantemente monográficos: desde los artículos de fondo, hasta la poesía y las reseñas incluidas trataban el mismo tema" (2004). El aborto, el trabajo, el feminismo, las relaciones materno-filiales, la mujer y la ciencia, el servicio doméstico, la maternidad, la mujer y la política, las chicanas, las mujeres campesinas, las jóvenes, los pequeños poderes y los varones fueron algunas de las cuestiones analizadas por el prisma de Fem.
     El sostenimiento material de la revista fue un problema siempre a resolver. Al rechazar subsidios y negarse a aceptar toda publicidad habitual de las revistas femeninas, al menos durante sus primeros diez años, su edición, distribución y venta resultaron una tarea titánica. Esas dificultades financieras –que no llegaron a resolverse a pesar de las campañas de suscripción– impidieron más de una vez que la periodicidad de la revista no fuera respetada (y es sabido que Foppa aportó recursos monetarios propios para que Fem saliera a la calle). A pesar de las incertidumbres económicas, la revista logró una tirada promedio de 3.500 ejemplares y en algunos momentos alcanzó la cifra de 12.000 gracias a un convenio con el diario Unomásuno.4
     Tres. Fem fue parte de las publicaciones impresas mexicanas durante 29 años. Durante esas casi tres décadas sus páginas ofrecieron información, reflexión, debate y creación artística de cuño feminista para pensar diversas cuestiones que afectaban la vida de las mujeres. Tal es su riqueza que se hace dificultoso trazar un solo camino para abordarla. ¿Qué destacar entonces de la "madre de todas las revistas feministas de México"? ¿Su condición de pionera? ¿Su preparado y prestigioso staff? ¿La calidad de sus notas? ¿La audacia teórica de sus intervenciones desarrolladas en un contexto académico (local y mundial) en el que los estudios de género comenzaban a despuntar? Son muchas las facetas que definen a esta revista mexicana. Pero sin duda, la que mejor la expresa es su contribución a la investigación y producción de conocimiento para "señalar desde diferentes ángulos lo que puede cambiar en la condición social de las mujeres" (Fem, nro. 1, 1976: 3). En tal sentido, hizo explícita su apuesta académica/política desde su primera editorial: "No queremos disociar la investigación de la lucha y consideramos importante apoyarnos en datos verificados y racionales y en argumentos que no sean sólo emotivos" (íbid). Para la escritora argentina Tununa Mercado, quien participó de la redacción de Fem mientras transitaba su exilio mexicano, otro de los aspectos a destacar de la publicación fue su temprana apuesta por trazar vínculos con América Latina. Así lo expuso en su intervención en el Encuentro: "Fue un grupo solidario, un grupo atento a las luchas de América Latina, fue un grupo muy politizado que nunca separó el feminismo de un concepto socialista y revolucionario". La revista mexicana, desde su primer número, hizo explícita una doble apuesta. Por un lado, ligar su postura (de fuerte carácter académico) con la praxis política feminista; por otro, enlazar las realidades de las mujeres mexicanas con las múltiples experiencias que atravesaban sus congéneres de América Latina. Y en el desarrollo de esa apuesta, Fem fue construyendo una mirada feminista propia –teórica, política y latinoamericana– que supo decantar en redes, vínculos, espacios y otras iniciativas viables para la praxis feminista.5
     Cuatro. En la historia de vida de la revista existieron algunos hitos que jalonaron su devenir. La trágica desaparición de Alaíde Foppa, en diciembre de 1980 a manos del ejército guatemalteco, fue el más crucial y doloroso, y provocó un verdadero descalabró en el equipo de Fem. Tununa Mercado describió la situación vivida entonces como una "locura de duelo" que produjo "una fragmentación muy grande en la revista" porque Alaíde confería un "equilibrio de fuerzas [...] estábamos todas unidas en relación a ella", tras su desaparición "la dirección colectiva se quebró y empezó a haber problemas".6 Alaíde era, como señaló Elena Poniatowska:

"el alma de Fem [...]. El núcleo que aglutinaba, la que mejor escribía; su carácter alentador y conciliador; ella sabía escuchar y tenía las posibilidades de convocar. Su buena educación, su buen corazón y la intención noble de sus palabras y acciones hizo que Fem encabezara siempre causas justas, defendiera injusticias y desamparos, optara por las más débiles y discriminadas: los grandes sectores de mujeres explotadas y marginadas" (Lugo "Semblanza de Alaíde Foppa", Fem, nro. 96, 1990: 27).

     Así, la desaparición de Alaíde fue, tal como lo expresó Tununa Mercado, "una herida de muerte" para la revista "porque unos años después terminó". En realidad, la revista no terminó, lo que si finalizó unos años después fue –al parecer de buena parte de su público lector– su época de oro.
     Entre febrero de 1981 y hasta enero de 1987 (nro. 17 a nro. 49), la dirección colectiva que hasta entonces actuaba bajo la coordinación de hecho de Alaíde asumió toda la responsabilidad en la edición de la revista; los números mantuvieron su carácter monográfico y el clásico registro académico y literario de publicaciones comenzó a convivir cada vez más con otro, de tono periodístico. Este nuevo rasgo en la publicación fue acompañado, a partir del número 24 (agosto-septiembre de 1982) por otros cambios en el diseño y la diagramación: el formato adquirió el tamaño de "cualquier otra revista" según rezaba la editorial de dicho número, también se incorporó el color y se sumaron las fotografías e ilustraciones. Todas estas modificaciones pretendieron otorgarle a la revista cierto "aire" con la intención –una vez más– de acercarla a públicos más amplios: "Queremos que la lean maestras, enfermeras, mujeres que trabajan con mujeres, cuadros medios de las organizaciones..." (Fem, nro. 24, 1982: 3).
     La senda iniciada luego de la muerte de Foppa no prosperó, sin embargo, en los términos deseados por quienes hacían Fem. Así, en el número 49 (diciembre 1986-enero 1987) se anunciaba el inicio de una nueva etapa a partir del siguiente editorial:

"Hay que detenerse y volver a mirar cada hecho a la luz de este momento. FEM se va a reestructurar con la intención de estar más acorde a la realidad presente. El impulso hacia el cambio nos llegó paradójicamente por la crisis; nos vimos, al mismo tiempo, en riesgo de extinción, y ante la oportunidad de comenzar una nueva etapa. Elegimos aprovechar el momento para dar un paso adelante, animadas por la certeza de que una revista como FEM cumple una necesidad social, y que la experiencia de sus equipos editorial y administrativo ofrece una base sólida para, al menos, hacer el intento" ("Editorial", Fem, nro. 49, año 10, diciembre de 1986-enero de 1987: 2).

     ¿Qué nuevos escenarios implicaba esta "nueva etapa"? Fundamentalmente, una dirección individual (Berta Hiriat se hizo cargo entre 1986 y1987 y Esperanza Brito desde entonces y hasta el final de la publicación), el abandono de los números monográficos, una periodicidad mensual y la forma de financiamiento que incluyó por primera vez en la historia de la revista "salir" a buscar publicidad.7 Se trataba de una significativa transformación. Sus razones pueden intuirse en "Deseos para Fem en su nueva etapa" que Tununa Mercado escribió en ese número 49:

"Mis deseos para Fem son: que el cambio se produzca sin traumatismo, decepciones ni rencores; que se logre una convivencia óptima, única condición para salir del estancamiento y la pérdida de fe que se cernía sobre la revista y que este cambio pueda modificarse; que la revista llegue a más público, sin renunciar a sus retos intelectuales, que persista en el espíritu trasgresor y subversivo que le da sentido, aunque a veces haya estado velado por la presencia de textos "bien portados", académicos en el peor sentido y soporíferos a morir, [...] que se privilegie una reflexión que abra un horizonte "epistemológico" propio [vinculado] nuestras experiencias latinoamericanas y de nuestros países, lugares de privilegio y orgullo desde donde hay que pensar la realidad de la mujer" (Fem, nro. 49, año 10, diciembre de1986-enero de 1987: 35).

     La imposibilidad de lograr consensos hacia el interior de la dirección colectiva, sus dificultades, a pesar de sus intentos, para romper las fronteras de un público restringido al ámbito académico y la necesidad de dotar a la revista de un tono más atractivo y ameno, sumado a los problemas financieros, llevaron a este cambio sustancial.
     Los años pasaron y Fem mantuvo su presencia, aunque para varias de sus lectoras/es poco tenía que ver con lo que ofreció durante su primera década. Finalmente, en 2005, acosada por las dificultades económicas ya insuperables, la dirección de la revista decidió dejar de editarla de manera impresa. Intentaron luego una breve experiencia como revista virtual que no prosperó en el tiempo.

Cinco: Alaíde Foppa: la hacedora de Fem

Alaíde Foppa nació en Barcelona en 1914; hija de una guatemalteca, oriunda de una acaudalada familia, y un argentino, funcionario diplomático. Su primera infancia la vivió en la Argentina, luego, siguiendo el derrotero profesional de su padre, los Foppa se afincaron en Italia. Allí, Alaíde se formó en estudios de literatura e historia del arte y comenzó a escribir sus primeros poemas. En 1944, la familia se instaló en una convulsionada Guatemala y Alaíde, que poco sabía de esa parte del mundo, experimentó un cambio muy profundo en su vida. Así lo relató en una entrevista que el periódico Excelsior publicó luego de conocida su desaparición:

"Mis vinculaciones con América Latina eran muy tenues, por mi formación europea. Guatemala fue el encuentro con la realidad latinoamericana. En ese tiempo, el país estaba desgarrado. Llegué en vísperas de la revolución democrática de 1944; viví en pocos meses ese estado de angustia y opresión [...]. Fue la primera vez que sentí a la gente, el miedo, la angustia, la enorme injusticia social, la pobreza, la explotación del indio. Para mí fue impactante. Comprendí que de alguna manera yo tenía que participar de todo aquello" (Lugo "Semblanza de Alaíde Foppa", Fem, nro. 96, 1990: 26).

     Conmovida por la situación que le era extraña pero a la vez propia, Alaíde rápidamente se puso a trabajar por la causa democrática guatemalteca: "Esta vez no quise quedarme al margen. Fui a ofrecer mis servicios al hospital y la primera noche me la pasé metiendo enfermos debajo de las camas porque bombardearon el edificio. Ahí vi los primeros muertos de mi vida. Comprendí qué tan alejada había vivido de la realidad latinoamericana..." (Ibíd).
     En tierra centroamericana conoció al compañero de su vida: Alfonso Solórzano –integrante de una familia renombrada de ese país y militante del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) de tendencia comunista– con el que se casó y tuvo cinco hijos.
     El matrimonio Solórzano-Foppa asumió distintas responsabilidades políticas durante los gobiernos democráticos de Juan José Arévalo (1945-1951) y Jacobo Arbenz (1951-1954), por ello, cuando se produjo el golpe de Estado que dio por terminada la primera experiencia democrática en Guatemala debieron exiliarse y fue el gobierno mexicano quien les dio abrigo. Alaíde pudo desarrollar una intensa vida personal y profesional en México, sin embargo seguía muy de cerca lo que acontecía en su querido y sufrido país. Allí estaba su madre y tres de sus hijos que se habían sumado a la guerrilla.
     Su procedencia de clase y su figura de señora burguesa provocaba en quienes por primera vez se vinculaban con ella desconcierto, contradicciones y hasta desconfianza. Carmen Lugo recuerda:

"Su prosa era un reflejo fiel de su apariencia exterior, tan convencional que al principio le atrajo el rechazo de las 'feministas radicales' que no le perdonaban su aspecto tan burgués. Lo mismo le pasaba en el Consejo Universitario, ¿cómo explicar que una señora de aretes de turquesa y guantes votara siempre por las decisiones más democráticas? Su discurso libertario estuvo siempre en aparente contradicción con sus intereses de clase. Sin embargo, Alaíde conquistó en poco tiempo el respeto de los grupos más comprometidos con el arte, la liberación de América Latina, los derechos humanos y la liberación de las mujeres" (Lugo "Semblanza de Alaíde Foppa", Fem, nro. 96, 1990: 27).

     Alejada de los prejuicios, asumió luchas y compromisos que por su extracción de clase no parecían adecuados para ella y sin embargo los tomó por el solo hecho de considerarlos justos.
     En agosto de 1980, Alaíde supo del asesinato de Juan Pablo, su hijo menor, a manos de las fuerzas represivas guatemaltecas. Desvastada, el dolor no cejaría ya que a poco de conocer esa infausta noticia, su marido murió al ser atropellado por un automóvil. A comienzos de diciembre decidió visitar a su madre a Guatemala para contarle lo sucedido con su nieto. El 19, un día antes de regresar a México, el auto en el que se movilizaba por la ciudad capital fue interceptado por un grupo del ejército. Nunca más se supo de ella ni del chofer que la acompañaba.
     Hoy, sus hijos Julio (hijo biológico del ex presidente guatemalteco Juan José Arévalo), Silvia y Laura continúan su lucha por esclarecer el destino de su madre y exigir justicia por la muerte de sus hermanos Juan Pablo y Mario, que también fue desaparecido por el Estado de Guatemala en diciembre de 1980.

Seis: Isis, creando redes entre las mujeres latinoamericanas

"Nosotras sentíamos que la información, que la comunicación, eran elementos básicos para el fortalecimiento y desarrollo necesarios para que la mujeres reconozcan su situación y luchen por cambiarla; nosotras pensábamos que los medios de comunicación no entregaban la información adecuada; ni los canales de comunicación, ni oportunidades para que las mujeres hablen por ellas mismas y circulen con otras; de este modo nosotras decidimos crear nuestros propios canales de comunicación e información entre mujeres de diferentes partes del mundo" (Tomado del testimonio que brindó Ana María Portugal en el marco del Encuentro).

     Quien relata es Marilee Kart y ese nosotras que enuncia incluye a Jane Cottingham y Judy Sidden. Estas tres mujeres, participantes del movimiento de liberación femenina de los años 70, decidieron dar un paso más en su compromiso con esa causa en un área que a sus ojos ameritaba una mayor atención por parte de las feministas: la comunicación. Así, fundaron un centro de investigación y documentación sobre el desarrollo del movimiento de mujeres a nivel internacional. El ambicioso plan pretendía documentar las múltiples y diversas luchas que las mujeres estaban llevando a cabo en distintas partes del mundo a través de una intensa tarea de recopilación y sistematización de las informaciones desparramadas en los cinco continentes. La aventura recibió por nombre Isis, en honor a la diosa egipcia del conocimiento y la creación y contó son dos sedes de trabajo: Roma y Ginebra. En 1974 comenzaron sus actividades, sus principales insumos provenían de la información que enviaban las propias organizaciones de mujeres. Ana María Portugal, quien participó del Encuentro en tanto integrante de Isis, subrayó el papel de las mujeres en la construcción del proyecto:

"La respuesta de los grupos de mujeres fue realmente muy abrumadora [...] empiezan a enviar información acerca de lo que ellas estaban haciendo y los materiales que estaban produciendo [...] y al mismo tiempo, empezaron a enviar solicitud de información acerca de otros grupos, quienes eran, donde existían, que hacían y si era posible establecer contactos con ellos, así gradualmente se fue dando forma a un centro de recursos y de documentación a la vez que se empezó a producir un boletín en inglés para poner en contacto a los grupos de mujeres alrededor del mundo" (Testimonio de Ana María Portugal).

     Durante los primeros tiempos, la labor de Isis descansó mayormente sobre el trabajo voluntario de sus integrantes. Luego, logró el apoyo financiero de organismos de cooperación internacional que "permitió establecer un trabajo más regular con un pequeño equipo internacional de mujeres", señaló Portugal. Esa regularidad respaldada en un sustento material para quienes trabajaban en Isis le permitió al centro encarar la que sería su primera acción de envergadura: la coordinación de la Red Feminista Internacional, entidad surgida luego de que se realizara, en Bruselas, el Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres8. En 1983, en vísperas de su décimo aniversario, la organización no gubernamental realizó una suerte de balance de su trayectoria. De esa evaluación devino la división de Isis en dos instituciones independientes. Por un lado, ISIS Programa de Intercambio Interregional e Intercultural de las Mujeres con asiento en Ginebra; por otro, ISIS Internacional, un servicio de información y comunicación comprometido en la construcción de redes, con epicentro en Roma. Las crecientes demandas y también ofertas de información proveniente de grupos y organizaciones de mujeres latinoamericanas hicieron que Isis Internacional abriera una nueva sede en la ciudad de Santiago de Chile, y fueron dos exiliadas chilenas que desde hacía tiempo venían desempeñándose en la oficina de Roma las encargadas de ponerla en funcionamiento.

Siete: Isis Internacional en Chile

El trabajo no se hizo esperar en la flamante sede latinoamericana. En 1984 se desarrolló en Colombia la Primera Reunión de Mujer y Salud; las organizaciones de mujeres que asistieron a ella le encomendaron a Isis la creación y organización de la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, tarea que cumplió hasta 1995. Algo similar ocurrió en 1992 cuando recibió la invitación de hacerse cargo de la Red Feminista Latinoamericana y del Caribe contra la violencia doméstica y sexual (1992-2003). Además de la coordinación de estas redes, una de las tareas centrales que llevó adelante la sede chilena fue la recopilación sistemática de información que se tradujo en la creación del Centro de Documentación e Información. Finalmente, dio un fuerte impulso a la edición de varias publicaciones. El Boletín Internacional de las Mujeres, que se editó entre 1976 y 1983 bajo el impulso de la agencia romana, se transformó en la publicación emblemática de Isis para Latinoamérica Ediciones de la Mujeres. El primer número salió en 1984 y estuvo dedicado a reseñar el II Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que tuvo lugar en Perú un año antes y que tuvo como eje central de análisis al patriarcado. A lo largo de su vida, Ediciones de las Mujeres publicó 33 números dedicados a cuestiones tales como las mujeres campesinas y trabajadoras industriales, la salud, los medios de comunicación, el consumo, la política, el Estado, las políticas públicas, la ciudadanía, el consumo y las masculinidades. Su última edición se dio a conocer en diciembre de 2002 y tuvo como tema a las mujeres y las artes visuales. Otras publicaciones fueron Perspectivas, una revista dedicada a la información y análisis sobre temas de actualidad vinculados a las agendas de los movimientos de las mujeres (fueron publicados 25 números que salieron entre 1996 y 2002); el Boletín de la Red Feminista Latinoamericana y del Caribe contra la violencia doméstica y sexual que se editó entre 1993 y 2002; y Agenda salud un dossier temático que incluyó información comparativa y cualitativa sobre las mujeres, fueron 28 números entre 1995 y 2002.
     En los años 90, de acuerdo con Portugal, Isis decidió modernizar y profesionalizar el trabajo editorial: "Se busca[ba] un periodismo especializado que se dedicara a ir más allá del tratamiento de los temas sobre la mujer para incorporar una mirada de género en todos los temas, especialmente en aquellos que ocupaban los principales espacios del universo comunicacional internacional". Bajo esta premisa se operaron cambios en sus publicaciones como los ocurridos en el Boletín Mujeres en acción,que a partir de entonces se convirtió en una revista de carácter internacional: "Esta revista –señala Portugal– tocó temas que estaban en los titulares de la prensa internacional pero con una perspectiva de género, en un difícil ejercicio que implicó mantenerse al tanto de las corrientes principales de información e imaginar la forma y las fuentes para hacer llegar un enfoque desde las mujeres".
     A comienzos del nuevo milenio, las agencias internacionales comenzaron a retirar su apoyo financiero por lo que Isis debió cerrar toda su línea de publicaciones. Sin embargo ISIS supo hacer uso de las nuevas tecnologías para desarrollar otro tipo de proyectos que de alguna manera recuperaron y sustituyeron el trabajo editorial. Así, en el 2003 lanzó el Portal de las Mujeres latinoamericanas: Mujeres Hoy y más recientemente la puesta en línea de un Banco de Datos sobre Feminicidio en América Latina y el Caribe español.
Ante el presente de Isis, Portugal reflexiona: "Nuestras dificultades financieras son realmente muy grandes pero estamos ahí, luchando por mantenernos, y lo más interesante es que de alguna manera se ha regresado a lo que fue lo histórico de Isis al comienzo, estamos recibiendo el apoyo del trabajo voluntario de un grupo de mujeres que realmente siente que tiene que apoyar este trabajo y que son mujeres jóvenes, entonces es como un respaldo de que nuestro trabajo va a continuar [...] Isis Internacional a pesar de todo se ha mantenido fiel al concepto primigenio que fue ser un canal de información y comunicación para las mujeres a nivel regional e internacional".

Ocho: Fempress, la construcción de una comunicación feminista

Otra vez México, otra vez dos mujeres. En este caso las chilenas Viviana Erazo y Adriana Santa Cruz, quienes a principios de los años 80 no podían ocultar su preocupación por el insuficiente interés que el movimiento de mujeres y el feminismo demostraban hacia las comunicaciones. Volvía a repetirse un diagnóstico similar al expuesto por Isis a mediados de la década anterior: la necesidad de contar con medios y estrategias de comunicación. Sin embargo, si para las creadoras de Isis fueron las propias organizaciones de mujeres quienes con sus demandas de información hicieron crecer la red, para Erazo y Santa Cruz los grupos feministas y de mujeres aún mostraban cierta desatención sobre el decisivo papel que la comunicación jugaba en la elaboración de una praxis feminista. Así, las periodistas chilenas dispuestas a suplir la falencia lanzaron Mujer/Fempress, una "unidad de comunicación alternativa" inscripta en el Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales (ILET).
     Desde el comienzo Fempress pensó y practicó su labor comunicativa en clave latinoamericana. Erazo, rememorando los inicios del proyecto, señalaba: "pensamos que era fundamental crear una revista que trascendiera lo local, que pudiera ser una revista latinoamericana, [...] que tuviera otro discurso, el discurso de las mujeres, lo que realmente estaban viviendo, sintiendo y por lo que estaban luchando en ese momento, a comienzos de los años 80" (Erazo, 2006).
     La primera iniciativa fue la producción de un boletín informativo –el primer número salió en agosto de 1981– que recopilaba noticias dedicadas a las mujeres y problemáticas vinculadas a ellas aparecidas en distintos medios internacionales9. De carácter mensual, comenzó a distribuirse entre las mujeres que trabajaban en distintas ONGs de América Latina. La experiencia creció y el boletín se convirtió en una revista que llegó a contar con corresponsales (que recibían un pago por su labor periodística) en 14 países de la región y articuló de manera exitosa vínculos entre los movimientos latinoamericanos de mujeres.
     Durante sus veinte años de vida, Fempress (que ya a comienzos de la década del 90 estaba instalada en Chile) supo desarrollar una completa estrategia de comunicación que incluyó, además de la revista, una agencia periodística, un programa radial y la realización de encuentros de comunicadoras interesadas en encarar la información desde una perspectiva de género. Para sostener sus múltiples iniciativas recibió subsidios de varias entidades de cooperación internacional como la Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo (NORAD), la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (CIDA) y la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (SIDA)
     A comienzos del nuevo milenio, las fundadoras y directoras de Fempress decidieron que los objetivos iniciales se habían alcanzado. Para Erazo:

"Lo que habíamos pretendido de alguna manera ya se había cumplido. Los países empezaron a tener sus propios medios de prensa, la institucionalidad de la mujer –los "SERNAM" (Servicio Nacional de la Mujer de Chile) de los otros países comenzaron a surgir–, y los medios comenzaron a cubrir las actividades de la institucionalidad de la mujer en sus respectivos países" (Erazo, 2006).

     Junto a estos cambios Erazo resalta otros igualmente significativos:

"El mundo de las comunicaciones comenzó a cambiar. Ya una revista de esas características era difícilmente financiable porque era carísima, sobre todo hacer la distribución por correo para América Latina, los Estados Unidos y Europa y empezaron a surgir otras maneras de hacerlo, desde luego por Internet [...] Y el mismo movimiento de mujeres había cambiado, había perdido la fuerza que tenía [...] FEMPRESS se nutría del movimiento de mujeres; de lo que hacían, de lo que pensaban. Y eso fue cambiando. A fines de los noventa, principios de 2000 había decaído mucho la movilización y las propuestas del movimiento de mujeres" (Erazo, 2006).

     Los esfuerzos de Fempress por dotar a los grupos feministas y de mujeres de América Latina de vínculos comunicacionales se concretaron a lo largo del tiempo. Sin embargo, las nuevas tecnologías y los cambios en las dinámicas de los movimientos de mujeres llevaron a sus fundadoras a decidir el cierre de Fempress.

Algunas reflexiones finales

En este artículo hemos repasado la historia de tres de las más destacadas experiencias periodísticas y de comunicación que comenzaron a desarrollarse en el último cuarto del siglo XX en América Latina. Con puntos geográficos (México y Chile) y temporalidades compartidos, cada una de ellas escogió un camino para llevar adelante su propuesta. Así, con sus particularidades –Fem como revista académica, Isis y Fempress como unidades de comunicación y constructoras de redes– dieron cuenta de la importancia política de contar con medios de información que ofrecieran una mirada feminista sobre la realidad que atravesaba la población femenina latinoamericana y que facilitasen, a su vez, la comunicación entre las distintas organizaciones de mujeres. Y al avanzar en la tarea de difundir sus propuestas fueron construyendo el feminismo en la región. La disponibilidad o no de recursos financieros (relacionada con las políticas de financiamiento fijada por cada revista) resultó una pieza clave para el sostenimiento de estos (y otros) emprendimientos de prensa feministas. En los casos de Isis y Fempress, sus momentos de mayor expansión estuvieron asociados al sostenimiento material que distintas instituciones internacionales ofrecieron. La retirada de estos apoyos obligó a ambas a reorientar sus políticas de publicaciones. Sumado a esto, el encarecimiento de los costos en sostener ediciones en papel y las posibilidades de difusión que ofrecían las nuevas tecnologías hicieron que tanto Fem (por poco tiempo), Fempress e Isis se lanzaran a explorar las capacidades de Internet. Finalmente, un último punto significativo de las historias que aquí se contaron refiere a los vínculos entre los movimientos de mujeres y el desarrollo de las revistas feministas. Pensar esa relación nos conduce a preguntarnos: ¿Hasta qué punto los grupos de mujeres han reconocido y reconocen hoy a la comunicación como una pieza fundamental de su praxis política? Y reflexionar sobre otras cuestiones: ¿Qué medidas creativas podrían ponerse en juego para asegurar el sostenimiento en el tiempo de las publicaciones sin reforzar vínculos de dependencia con financiamientos externos? ¿Cómo apropiarse de las nuevas tecnologías para aceitar vínculos, ampliar y consolidar públicos y construir políticas feministas?

Notas

1 Según Carmen Lugo, una amiga de Alaíde y compañera de Fem, este programa de radio hizo que "el nombre de Alaíde Foppa, para entonces bien conocido como poeta y crítica de arte se vinculara para siempre a la lucha feminista" ("Semblanza de Alaíde Foppa", Fem, 1990).

2 En Gran Bretaña, el Women's Liberation Movement contribuyó de manera decisiva a que se concretara la legalización del aborto (1967) y que se sancionaran la Sex Discrimination Act y la Equal Pay Act que establecían la igualdad absoluta entre ambos sexos (1975). La tenaz militancia del Mouvement de Liberation des Femmes fue crucial para que en 1974 el Parlamento francés aprobase la ley que despenalizó la interrupción voluntaria de los embarazos. En Italia, la primera exigencia del Movimento di Liberazione della Donna fue la sanción de una ley de divorcio para luego sumar otras demandas. Tal como lo señala Eric Hobsbawn: "En la mismísima Italia del papa, el divorcio se legalizó en 1970, derecho confirmado mediante referéndum en 1974. La venta de anticonceptivos y la información sobre los métodos de control de la natalidad se legalizaron en 1971, y en 1975 un nuevo código de derecho familiar sustituyó al viejo que había estado en vigor desde la época fascista. Finalmente, el aborto pasó a ser legal en 1978, lo cual fue confirmado mediante referéndum en 1981" (Hobsbawn, 1998: 324-325). En el caso de los Estados Unidos, sus feministas lograron que el congreso estadounidense aprobara, en 1972, la Enmienda constitucional sobre la Igualdad de Derechos (Kapp, 1975).

3 El 18 de diciembre de 1972, la ONU (en el marco de una Asamblea General) decidió proclamar al año 1975 como el Año Internacional de la Mujer (Resolución 3010 [XXVIII] de las Naciones Unidas).

4 De acuerdo con Esperanza Brito, última directora de la revista, "Alaíde logró un convenio con el periódico Unamásuno que consistía en realizar un tiraje de doce mil ejemplares, de los cuales, tres mil eran entregados a ellas para venderlos, mano en mano, y el resto se distribuía como encarte a los suscriptores del diario" (tomado de http://www.jornada.unam.mx/2005/10/03/información/86_fem.htm).

5Sin dudas, la publicación mexicana Debate feminista es su mejor heredera. Lanzada en marzo de 1990 bajo la dirección de Marta Lamas, esta revista semestral y dedicada a explorar un solo tema por número se presentó como "un medio de reflexión y de debate, un puente entre el trabajo académico y político, que contribuya a movilizar la investigación y la teoría feminista, dentro y fuera de las instituciones académicas, y ayude a superar la esterilidad de los estudios aislados del debate político" (Lamas, "Editorial", Debate Feminista, 1990).

6Esa virtud de Foppa de lograr consensos en un grupo atravesado por posturas enfrentadas y las consecuencias que trajo su ausencia fueron advertidas por otras integrantes de la revista como Marta Acevedo, "Al interior de Fem había corrientes que se salieron de nuestro control cuando desapareció Alaíde Foppa, porque ella de alguna manera conciliaba, como que sabía equilibrar las posturas", o Lourdes Arispe, "se perdió el factor de equilibrio en la revista. No siempre, pero en muchas ocasiones llegaba a equilibrar. Yéndose ella se hicieron dos campos al interior de Fem" (Lugo, Carmen. "Semblanza de Alaíde Foppa", en Fem, nro. 96, 1990, 26-27).

7Señala Brito: "Recurrimos a la publicidad y buscamos otros mecanismos de distribución, pues hasta entonces la venta se hacía por las mismas compañeras de mano en mano, en espacios como la UNAM, donde tenía su principal mercado cautivo, pero esto no era suficiente y había que buscar quien se hiciera cargo de la circulación. Me fui a ver a la Distribuidora Sitem, me advirtieron que nunca me iba a distribuir nada, sin embargo logré que esta empresa colocara la revista en 57 ciudades del interior del país, y en establecimientos como Sanborns y Comercial Mexicana, pero cambiaron los dueños de Sitem y entonces ya no se pudo seguir con esta distribución. Esto fue un golpe para Fem" (tomado de http://www.jornada.unam.mx/2005/10/03/información/86_fem.htm).

8 El Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres tuvo lugar en Bruselas (Bélgica) en el mes de marzo de 1976. Fue organizado por un grupo de feministas europeas y estadounidenses. Participaron de la reunión de 1500 mujeres y se escucharon los testimonios de víctimas de más de 40 países.

9En ese primer boletín fue relevada una nota aparecida en el diario argentino La Nación el día 12 de julio de 1981 firmada por Elisabeth Badinter titulada "¿Existe el amor maternal?".

Bibliografía:

1. Grammático, Karin (2010). "La I Conferencia Mundial de la Mujer: México, 1975. Una aproximación histórica a las relaciones entre los organismos internacionales, los Estados latinoamericanos y los movimientos de mujeres y feminista". En Hilvanando historias. Mujeres y política en el pasado reciente latinoamericano. Buenos Aires: Luxemburg/IIEGE-FFyL-UBA.         [ Links ]

2. Hobsbawn, Eric. (1998). Historia del Siglo XX. Buenos Aires: Crítica.         [ Links ]

3. Kapp, Isa. (1975). "Del abolicionismo al Women's Lib". En El Correo de la UNESCO, agosto-septiembre.         [ Links ]

4. Lamas, Marta. "Editorial", en Debate Feminista , nro. 1, 1990, 1-5.         [ Links ]

5. Olivares, Cecilia. "Debatiendo sobre el feminismo en México", en Estudos Feministas, vol. 12, 2004, 75-79.         [ Links ]

Otras fuentes consultadas

1. Fem, período: 1976-1990

  • "Editorial", en Fem, nro. 49, año 10, diciembre de1986-enero de 1987, 2.

  • Lugo, Carmen. "Semblanza de Alaíde Foppa", en Fem, nro. 96, 1990, 26-27.

  • Mercado, Tununa. "Deseos para Fem en su nueva etapa", en Fem, nro. 49, año 10, diciembre de1986-enero de 1987, 35.

2. La Jornada, Fem publicación feminista pionera en América Latina se convierte en revista virtual [en línea] <http://www.jornada.unam.mx/2005/10/03/información/86_fem.htm> [Consulta: <Fecha de consulta: 10 de enero de 2011>].

3. Feministas tramando (2006), "Viviana Erazo: Nunca el movimiento de mujeres le dio importancia suficiente a las comunicaciones" [en línea] <www.feministastramando.cl> [Consulta:13 de diciembre de 2010].