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Revista SAAP

versión On-line ISSN 1853-1970

Revista SAAP v.3 n.3 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./jun. 2009

 

ARTÍCULOS

¿Por qué son importantes las regiones? Especificidades regionales y difusión de la democracia a escala regional*

Scott Mainwaring

Universidad de Notre Dame
smainwar@nd. edu

Aníbal Pérez-Liñán

Universidad de Pittsburgh
asp27@pitt. edu

Resumen

En este artículo ofrecemos una defensa de los estudios regionales en política comparada. Se debaten dos problemas que requieren un foco detallado en regiones específicas: la heterogeneidad causal y las pautas de difusión intra-regionales. La primera sección sostiene que las tres estrategias analíticas clásicas en política comparada (estudios de caso, estudios comparativos y análisis cuantitativo) generalmente han fallado en conceptualizar la esfera regional de manera sistemática. En las secciones dos y tres ilustramos el problema de la heterogeneidad causal, mostrando que los efectos del ingreso per cápita sobre la democracia han sido diferentes en América Latina y en otras regiones del mundo. Las secciones cuarta y quinta exploran la difusión intra-regional de los regímenes políticos. Demostramos que, al menos en América Latina, la difusión intra-regional ha sido más fuerte que la difusión interregional. Las conclusiones enfatizan la necesidad de evitar.

Palabras clave

Regiones geográficas; Política comparada; Democratización; Modelos jerárquicos; Difusión.

Abstract

In this paper we build a defense of the study of regions in comparative politics. We discuss two analytical problems that demand a detailed focus on specific regions: causal heterogeneity and intra-regional diffusion 565 patterns. The first section of the paper argues that the three major analytical strategies in comparative politics (case studies, comparative studies and large- N work) have for the most part failed to conceptualize regions in a systematic way. In sections two and three we illustrate the issue of causal heterogeneity, showing that the effects of per capita income on democracy have been different in Latin America and in other regions of the world. Sections four and five address intra-regional diffusion of regime types. We show that, at least in the Latin American case, intra-regional dissemination has been stronger than cross-regional dissemination. Our conclusions emphasize the need to avoid simplistic generalizations about regions as homogeneous entities.

Key words

Geographic regions; Comparative politics; Democratization; Hierarchical models; Diffusion.

Durante décadas el subcampo de la política comparada estuvo organizado principalmente en regiones. El mercado de trabajo de la política comparada todavía está estructurado predominantemente en regiones, aunque no tanto como en las décadas del '70 y '80. Cerca del 70 por ciento de los artículos publicados durante los últimos quince años en las tres revistas académicas más importantes de política comparada pusieron el foco, exclusivamente, en una región geográfica (Munck y Snyder, 2005: 8–9)1. Varias prestigiosas revistas académicas en ciencia política están organizadas en regiones2. Resulta curioso que, a pesar de la tradicional organización de la política comparada según regiones, casi no haya habido una defensa explícita de los motivos por los cuales las regiones son importantes. Se les ha dado más atención a quienes critican la organización de la política comparada en regiones que a quienes defienden los motivos por los cuales las regiones son importantes. Por ejemplo, la crítica a los estudios de área desarrollada por Robert Bates (1996, 1997) puede ser vista como una crítica a la organización de la política comparada en regiones3.

En este artículo desarrollamos una defensa explícita de la importancia de las regiones en la política comparada y en la política mundial4. No pretendemos argumentar que las regiones deberían ser la principal unidad de análisis de la política comparada o que el análisis de las regiones es mejor que otros diseños de investigación. Lo que sostenemos es que las regiones tienen una importancia sustantiva, y que la ciencia política no ha analizado adecuadamente las razones de esa importancia. Según cuál sea el objetivo de la investigación, el estudio de regiones puede tener una utilidad sustantiva.

En este artículo presentamos dos motivos por los que la política comparada debería tomar en serio a las regiones. En primer lugar, las regiones poseen dinámicas y procesos políticos particulares que son específicos a la región. En ciencias sociales, las generalizaciones que se basan en muchos casos, o en unidades de análisis interregionales o de escala mundial, deben prestar atención a esas especificidades regionales; de lo contrario se generalizará en instancias en que no se debería. Por supuesto que la mayoría de las generalizaciones tienen excepciones o casos desviados. Pero aquí no argumentamos que deberían evitarse las generalizaciones debido a la existencia de ocasionales excepciones, sino que diferentes regiones pueden poseer patrones causales distintivos y sistemáticos que pueden ser oscurecidos por el supuesto de homogeneidad causal. El efecto es sustantivo, de allí la necesidad de ser cautelosos cuando las excepciones a una generalización son regiones enteras antes que algunos países.

En segundo lugar, el desarrollo político en un país puede tener un fuerte impacto en las políticas y el régimen político de otros países de la misma región, tal como han sostenido muchos estudios durante los últimos años (Brinks y Coppedge, 2006; Brown, 2000; Gleditsch, 2002; Gleditsch y Ward, en prensa; Huntington, 1991: 100–106; Kopstein y Reilly, 2000; Levitsky y Way, en prensa; Lowenthal, 1991; O'Laughlin et al, . 1998; Pevehouse, 2002a, 2002b, 2005; Pridham, 1991; Pridham, Herring y Sanford, 1994; Starr, 1991; Starr y Lindborg, 2003; Whitehead, 1986, 1991, 1996)5. Esas influencias internacionales son especialmente importantes al interior de las regiones. Si nuestra unidad de análisis es siempre el país y no tomamos en cuenta efectos y dinámicas regionales, pasaremos por alto esos efectos y, en consecuencia, no podremos entender el proceso causal.

Esos dos motivos implican que la política comparada debería considerar la importancia de poner el foco sobre las regiones como unidad de análisis. Sin embargo, pocos trabajos en ciencia política han examinado especificidades regionales y efectos de difusión regional.

A nivel empírico, en este artículo mostramos la importancia de las regiones para el estudio de la democratización. Sostenemos que hay importantes especificidades regionales en el impacto causal que tiene el nivel de desarrollo sobre la democracia, por lo que las inferencias causales basadas en muestras de alcance mundial no nos permitirían comprender adecuadamente los factores que promueven la democratización en algunas regiones. También mostramos que es imposible entender las transiciones y rupturas democráticas si no enfatizamos factores de escala regional. Los análisis que ignoran las influencias regionales suelen cometer alguno de los siguientes errores (o ambos): sobreestiman la importancia de los factores domésticos, o concluyen en que el cambio de régimen es un proceso principalmente idiosincrásico.

Antes de entrar en detalle conviene clarificar brevemente a qué nos referimos por "regiones del mundo". Usamos ese concepto de la misma manera que se lo entiende en el habla cotidiana para referirnos a partes del planeta vinculadas geográficamente, a las que se las suele ver ocupando la misma parte del mundo. América Latina, Europa, África, el Medio Oriente y Asia son regiones del mundo. Esta lista no es ni exhaustiva ni permanente. Al igual que las "naciones" (Brubaker, 1996), las regiones del mundo son construcciones simbólicas, y a lo largo del tiempo existen cambios acerca de qué es lo que se considera una región. Sin embargo, la construcción simbólica de las "regiones", más que la de los países, no está sujeta a cambios constantes. Una vez creada, la idea de "región" puede durar siglos. Por ejemplo, durante siglos ha existido la idea de que América Latina o Europa son regiones, aun cuando se discuta cuáles son los límites de Europa, y haya habido cambios después de 1989.

Las regiones en política comparada

Casi ningún estudio de política comparada ha elaborado una justificación para llevar a cabo estudios basados en regiones. Como contraste, varios autores han promovido otras estrategias de investigación en política comparada (por ejemplo, estudios de caso, estudios con un número intermedio de casos y estudios cuantitativos con muchos casos) y las han justificado. Hay justificaciones sofisticadas para los estudios de caso (Eckstein, 1975; George, 1979; George y Bennett, 2005), análisis de muchos casos (King, Keohane y Verba, 1994), comparaciones intranacionales (Linz y De Miguel, 1966; Putnam, 1993; Snyder, 2001a, 2001b), y comparaciones interregionales (Huber, 2003). No hay justificaciones con una sofisticación comparable para el estudio de regiones. De ahí que haya una disyunción entre la tradicional organización de la política comprada por regiones y la casi inexistencia de desarrollos teóricos sobre la importancia de las regiones (para una excepción, ver Gleditsch, 2002).

De acuerdo a una encuesta reciente (España-Nájera, Márquez y Vásquez, 2003), sólo uno (Cardoso y Faleto, 1979) de los treinta libros más usados en seminarios de doctorado y en lecturas para exámenes comprensivos en política comparada tiene un foco consistente en una región (América Latina) y toma en cuenta las especificidades regionales. Aunque es común que los modelos estadísticos incluyan controles por legado colonial o situación periférica, es raro que se ocupen de las especificidades regionales aunque sólo sea a través de una simple variable regional dicotómica6.

En los últimos años, la máxima defensora de la idea de tomar en cuenta las especificidades regionales en ciencia política ha sido Bunce (1995, 1998, 2000), quien sostuvo, a partir de la comparación de países postcomunistas y de América Latina, que hay diferencias regionales en los procesos de democratización7. Otra excepción, ya fuera de moda, la constituyen los trabajos que derivan las especificidades regionales a partir de la cultura política, como por ejemplo, los estudios de Wiarda (2001) sobre la cultura política católico-ibérica. Tanto los estudios de Wiarda como la mayoría de los trabajos de su género tienen defectos, incluyendo la incapacidad para explicar importantes diferencias entre naciones dentro de una misma región8. Si la cultura política católica e ibérica es el principal factor explicativo en política, no debería haber ninguna razón obvia por la cual en los países ibéricos (España y Portugal) el impacto sea menor que en los países de América Latina. A pesar de ello, el régimen político, los resultados sociales, y el nivel de desarrollo de España es, hoy en día, muy diferente del de Bolivia, Honduras y Nicaragua, para hablar de tres países pobres de América Latina.

Hay varios estudios de política comparada que examinan países de una misma región, (por ejemplo Collier y Collier, 1991, en América Latina, o Kitschelt, 1994, en Europa Occidental); sin embargo, no cumplen con ninguno de nuestros tres criterios para tomar en serio a las regiones. En primer lugar, no examinan las especificidades regionales. Por ejemplo, Kitschelt sólo incluye países de Europa Occidental en su estudio de partidos socialdemócratas, pero no hace referencia a las especificidades regionales de Europa Occidental. En segundo lugar, esos estudios no analizan efectos regionales, como la diseminación y la difusión. En tercer lugar, no desarrollan de manera explícita los motivos por los cuales eligen una región en particular como criterio para seleccionar los países bajo análisis.

Estos comentarios no buscan criticar esos importantes estudios, sino resaltar la idea de que la política comparada no ha teorizado adecuadamente las regiones. Si la razón para la selección de casos es la semejanza en las variables dependientes o independientes, entonces la inclusión de casos ajenos a la región podría hacerse con el único costo de tener que estudiar casos adicionales. Los problemas prácticos de pasar de un estudio basado en una región a un estudio interregional pueden ser considerables, pero no existen motivos teóricos para no agregar esos casos. Bajo esas circunstancias, estaría justificado limitar la selección de países a una región en particular, pero esos motivos (eficiencia, conocimiento previo, familiaridad con el lenguaje, etc.) no serían teóricos.

Democracia, heterogeneidad regional y difusión: un modelo empírico

Nuestra hipótesis es que existen dos motivos por los que las regiones tienen una importancia sustantiva para los procesos de democratización. Primero, existen diferencias regionales en el proceso causal que impulsa la democratización. En segundo lugar, las tendencias de alcance regional afectan la propensión de los países vecinos hacia un desenlace democrático. En esta sección analizamos las tendencias de alcance mundial sobre la base de la primera hipótesis.

Nuestro análisis de la heterogeneidad causal pone el foco en la relación entre nivel de desarrollo y democracia, una tema clásico en la ciencia política y en la sociología política. Casi todos los estudios de muchos casos sobre el tema muestran que el nivel de desarrollo económico, generalmente operacionalizado por el ingreso per cápita, es un poderoso predictor de democracia (Boix, 2003; Boix y Stokes, 2003; Bollen, 1980; Bollen y Jackman, 1985; Burkhart y Lewis-Beck, 1994; Coppedge, 1997; Dahl, 1971: 62–80; Diamond, 1992; Hadenius, 1992; Huntington, 1984; Jackman, 1973; Lipset, Seong, y Torres, 1993; Londegran y Poole, 1996; Przeworski y Limongi, 1997; Przeworski et al., 2000; Ross, 2001)9. La mayor parte de la literatura asume que el nivel de desarrollo tiene un impacto regionalmente uniforme sobre la democracia. En términos estadísticos, asume homogeneidad causal a escala global. El supuesto es que el impacto del nivel de desarrollo sobre la democracia es más o menos similar en las diferentes regiones (las diferencias entre regiones no deberían ser estadísticamente significativas).

Sin embargo, hay algunos estudios que sostienen la posibilidad de que los resultados obtenidos a nivel global no sean aplicables a América Latina, donde podría haber efectos regionales específicos. (Collier, 1975; Landman, 1999; O'Donnell, 1973). Mainwaring y Pérez-Liñán (2003) sostienen que en América Latina la relación entre desarrollo y democracia no es lineal, sino que tiene la forma de una N. En América Latina, cuando el nivel desarrollo es muy bajo y cuando el nivel de ingreso es alto, un mayor ingreso per cápita está asociado con mayores niveles de democracia. Por el contrario, cuando el nivel de desarrollo es intermedio, y en un rango de ingreso per cápita bastante amplio, un mayor nivel de desarrollo está asociado con menores niveles de democracia.

La posibilidad de que en esa relación haya efectos regionales específicos tiene importantes implicaciones para la política comparada. A pesar de ello, es poco frecuente que los estudios testeen efectos específicos de las regiones en la relación entre nivel de desarrollo y democracia, y raramente le han dado importancia a los hallazgos sobre especificidades regionales10. Si el impacto del nivel de desarrollo sobre la democracia es homogéneo en todo el mundo, algunos de los argumentos sobre las ventajas de estudiar regiones se verían afectados en forma negativa.

Para responder esa pregunta recopilamos información sobre 156 países entre 1950 y 2003. Dado que los países se incorporan a la muestra en diferentes momentos, y que hay información perdida, el número total de observaciones es 5. 745. En el Apéndice se lista los países y el número de años (observaciones) analizados en cada caso. La variable dependiente (nivel de democracia) está medida a partir de la escala Polity IV, que va desde -10 (extremadamente autoritario) a +10 (muy democrático). Para minimizar el número de valores perdidos se utilizó una versión corregida de Polity IV, que toma a los años de transición como una progresión lineal entre el punto de inicio y el punto final de la transición (Marshall, Jaggers, y Gurr, 2005)11.

Variables independientes

Incluimos cinco variables independientes que cambian con el tiempo, y nueve variables independientes que no cambian con el tiempo. El primer grupo de predictores varía entre países y a lo largo del tiempo (anualmente). Incluye una medida de modernización (PBI per cápita) y dos variables de control relacionadas (desempeño económico y tamaño de la población), más una medida de difusión regional (el porcentaje de países de la región que son democráticos en cada año) y una variable de control relacionada (el porcentaje de países que son democráticos en el mundo). Los predictores estables, que se discuten más abajo, varían entre países pero no en cada país a lo largo del tiempo. Entre ellos se incluyen medidas de heterogeneidad étnica y religiosa, legado colonial británico, y ubicación regional.

Modernización. El PBI per cápita entre 1960 y 2003 se obtuvo de World Development Indicators. Para los años entre 1950 y 1959, que no están cubiertos por World Development Indicators pero sí por Penn World Tables (PWT), estimamos el PBI per cápita a partir de la tasa de crecimiento reportada por PWT con la fórmula

donde PBIites el PBI reportado por el Banco Mundial para el país i en el momento t (por lo general, 1960), y C es la tasa de crecimiento reportada por PWT. Aplicamos la fórmula de manera retrospectiva hasta 1950 para obtener los valores perdidos entre 1950 y 1959. Los datos de los dos países que están excluidos de World Development Indicators son de Penn World Tables (10 años de Cuba y 46 de Taiwán). En esos casos, los valores fueron medidos como PBI per cápita (estimaciones Laspeyres) a dólares constantes de 1996.

Dado que no esperamos que el ingreso per cápita tenga un impacto lineal sobre la democracia, modelamos el efecto como una función cuadrática del PBI per cápita. Es por ello que incluimos dos términos en la ecuación: PBI per cápita y PBI per cápita al cuadrado. De acuerdo con las teorías convencionales de la modernización, el coeficiente del primer término debería ser positivo y significativo (hasta cierto punto, el nivel de democracia crece en la medida que crece el PBI per cápita) y el coeficiente del segundo término debería ser negativo pero pequeño, indicando rendimientos decrecientes en el ingreso per cápita (Jackman, 1973)12.

Crecimiento económico. Varios estudios sostienen que el desempeño económico afecta la durabilidad de la democracia (Diamond, 1999: 77–93; Diamond y Linz, 1989: 44–46; Gasiorowski, 1995; Geddes, 1999; Haggard y Kaufman, 1995; Lipset et al., 1993; Przeworski et al., 2000). Las tasas de crecimiento fueron estimadas como el promedio del crecimiento en el PBI per cápita reportado por Penn World Tables (estimaciones Laspeyres y Chain). Para disminuir posibles problemas de endogeneidad (por ejemplo, en caso de que la democracia promueva un mayor crecimiento), en todos los modelos utilizamos el valor retrasado del crecimiento, Cit-1.

Población. Población es una variable de control que da cuenta del argumento de que la democracia es más viable en sociedades pequeñas y homogéneas. Usamos el logaritmo natural de la población medido en miles porque, por lo general, el impacto causal de la población no es lineal (un crecimiento de la población de 1 millón a 11 millones es más importante que un incremento de 1. 000 millones a 1. 010 millones). Los datos son de World Development Indicators, Penn World Tables, y Banks Cross-National Times Series Dataset (Banks, 2005; Heston, Summers, y Aten, 2002; Banco Mundial, 2005). Lamentablemente, la base de datos Polity excluye microestados con menos de medio millón de habitantes, por lo que los coeficientes para esa variable pueden estar artificialmente disminuidos.

Tendencias democráticas a escala mundial. Para estimar la influencia de las tendencias democratizadoras a escala mundial ("olas" y "contraolas" de democracia), calculamos el porcentaje de países que son democráticos (excluyendo el país en cuestión) para cada año a nivel mundial. Considerados que un país es democrático cuando su puntaje en Polity es mayor que 5.

Difusión democrática regional. De la misma manera, para estimar los efectos de la difusión democrática regional calculamos el porcentaje de países que son democráticos (excluyendo el país en cuestión) en cada año a nivel regional. Clasificamos a los países en siete regiones que se describen abajo. Las conclusiones acerca de la difusión regional se mantienen aun cuando utilizamos una clasificación alternativa de región, basada en un número mayor (16) de agrupamientos regionales. Además, incluimos algunas variables independientes que varían entre países pero no a lo largo del tiempo en los países. En esas variables, cada país recibe el mismo puntaje todos los años. Existen dos factores que explican la falta de variación en eses variables independientes: 1) hay algunas propiedades que no cambian a lo largo del tiempo (ejemplo, ubicación geográfica del país, o si el país fue una colonia británica); y 2) en algunos casos, la información disponible indica las propiedades generales del país, pero no las fluctuaciones marginales anuales de esas variables (ejemplo, fragmentación étnica).

Ex colonias británicas. Esta variable dicotómica indica si un país fue una colonia británica antes de mediados del siglo XX. Codificamos la información sobre la base de varias fuentes, pero no discriminamos los asentamientos de colonos migrantes del resto de las colonias británicas (Bernhard, Reenock y Nordstrom, 2004; Teorell y Hadenius, 2004). Los países de nuestra muestra que están en esa categoría son: Australia, Bahrein, Bangladesh, Bután, Botswana, Canadá, Chipre, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Eritrea, Estados Unidos de América, Fiyi, Gambia, Ghana, Guyana, India, Irak, Israel, Jamaica, Jordán, Kenya, Kuwait, Lesotho, Malawi, Malasia, Mauricio, Namibia, Nigeria, Nueva Zelanda, Omán, Pakistán, Sierra Leona, Singapur, Islas Salomón, Somalia, Sudáfrica, Sri Lanka, Sudan, Suiza, Tanzania, Trinidad y Tobago, Uganda, Yemen, Zambia, y Zimbabwe.

Fragmentación étnica y religiosa. La fragmentación étnica y religiosa es medida por dos variables que promedian los valores obtenidos por Anthony Annett y James Fearon (Annett, 2001; Fearon, 2003; Fearon y Laitin, 2003). Los autores calculan los mismos valores usando la misma fórmula:

1 - Σn i=1 pi2

donde pi es la proporción de la población de cada uno de los n grupos sociales en el país (grupos etnolingüísticos o denominaciones religiosas). Cuando los valores se acercan a 0 indican homogeneidad étnica y religiosa, mientras que los valores que se acerca a 1 indican fragmentación extrema. Aunque los datos de Annett están ordenados por década y los de Fearon están presentados en una serie de tiempo anual para 1945-1999, ambos usan fuentes estáticas y sus datos no muestran variación a lo largo del tiempo. Ambos autores usan fuentes similares y sus valores son prácticamente idénticos13.

Regiones. Creamos una variable dicotómica para cada región del mundo menos para Europa Occidental y Meridional, que es nuestra categoría de referencia. Para limitar el número de variables independientes clasificamos a los países en siete regiones: África Subsahariana (44 países), Medio Oriente y Norte de África (18 países), Europa Occidental y Meridional (17 países), Ex Unión Soviética y Europa del Este (18 países), América Latina (20 países), América del Norte y Caribe Anglófono (5 países), y Asia (34 países en Asía del Sur, Asia del Este y Oceanía). Usamos Europa Occidental y Meridional como categoría de referencia en todos los modelos. En el Apéndice está la lista con la clasificación regional para cada país.

Estimación

Empecemos con un modelo simple de modernización y difusión regional, en el cual se espera que las características de cada país (i) en un año determinado (t) determinen al nivel de democracia Yit. La ecuación 1 presenta la estructura básica del modelo, donde:

[1] Yit = b00 + b1(PBIit) + b2(PBI2it) + b3(Cit-1) + b4(Poblaciónit) + b5(Difusión mundialit) + b6(Difusión regionalit) + Ui + eit .

En la ecuación 1, PBI es el PBI per cápita y difusión regional es el porcentaje de países democráticos en la región. De acuerdo con la teoría de la modernización, b1 debería tener un valor positivo, dando cuenta del crecimiento inicial del nivel de democracia a medida que el PBI per cápita crece, y b2 debería tener un valor pequeño negativo, dando cuenta de la subsiguiente nivelación del puntaje en la escala Polity a medida que el PBI per cápita crece más allá de cierto nivel. En caso de que los efectos regionales fuesen fuertes b6 debería tener un valor positivo y significativo. El modelo incluye tres variables de control: C es la tasa anual de crecimiento económico, Población es el logaritmo natural de la población (medida en miles), y difusión mundial es el porcentaje de países democráticos en el mundo. Dado que en t0 los países entran en la muestra con diferentes niveles de democracia, el modelo permite que cada país se desvíe de la constante de la categoría de referencia (b00). Si asumimos que esas desviaciones tienen una distribución normal y que no están correlacionadas con los predictores, los efectos de las unidades pueden ser tratados como un componente (Ui) del termino de error, creando un modelo de efectos aleatorios en el que cada país tiene una constante única, b0i=b00+Ui. De allí que la ecuación 1 pueda ser representada con una nueva notación:

[2] Yit = b0i + b1(PBIit) + b2(PBI2it) + b3(Cit-1) + b4(Poblaciónit) + b5(Difusión mundialit) + b6(Difusión regionalit) + eit .

Es muy probable que el nivel inicial de democracia de cada país no tenga una distribución aleatoria sino que refleje características subyacentes de cada caso. Por ejemplo, las sociedades fragmentadas pueden tener una menor capacidad para construir instituciones democráticas; las colonias británicas pueden tener alguna ventaja en la creación de la democracia; o países ubicados en diferentes regiones pueden enfrentar condiciones históricas distintas. Si ese es el caso, podemos modelar la constante particular de cada país b0i como el producto de ecuaciones a nivel de los países:

[2] b0i = b00 + b01(Africai) + b02(Norte Américai) + b03(Latinoamérica) + b04(Medio Orientei) + b05(Asiai) + b06(URSS-Europa del Estei) + b07(Fragmentación religiosai) + b08(Fragmentación étnicai) + b09(Ex colonia británicai) + Ui

donde Ui representa la variación residual en las constantes de los países.

Sustituyendo la ecuación 2b en la ecuación 2a, obtenemos un modelo mixto con un término de error complejo:

[2c] Yit = b00 + b1(PBIit) + b2(PBI2it) + b3(Cit-1) + b4(Poblaciónit) + b5(Difusión Mundialit) + b6(Difusión Regionalit) + b01(Áfricai) + b02(Norte_Américai) + b03(Latinoamericai) + b04(Medio Orientei) + b05(Asiai) + b06 (URSS-Europa del Estei) + b07(Fragmentación religiosai) + b08(Fragmentación étnicai) + b09(Ex Colonia Británicai) + Ui+ eit.

A diferencia de la ecuación 1, la ecuación 2c no sólo captura los efectos de corto plazo que tienen las variables independientes que se modifican con el tiempo sobre la democratización, sino también los efectos de largo plazo que tienen las características del país y de su ubicación regional sobre el nivel total de democracia para cada país. Sin embargo, la ecuación 2c es incapaz de abordar una cuestión crucial: la heterogeneidad causal.

Si la heterogeneidad causal afecta la relación entre desarrollo económico y democracia, el tamaño de los coeficientes b1 y b2 pueden variar de país en país. Más aún, si nuestro argumento sobre las especificidades regionales es correcto, el tamaño de los coeficientes puede variar sistemáticamente entre las regiones. La ecuación 3a permite variabilidad a nivel de país no sólo en la constante (b0i), sino también en los coeficientes de PBI per cápita (b1i and b2i):

[3] Yit = b0i+ b1i (PBIit) + b2i (PBI2it) + b3(Cit-1) + b4(Poblaciónit) + b5(Difusión mundialit) + b6(Difusión tegionalit) + eit.

La variabilidad en las constantes puede ser modelada según la ecuación 2b, mientras que la variabilidad en los coeficientes puede ser capturada por medio de dos ecuaciones a nivel del país en las cuales b1i y b2i varían por región. Por ejemplo:

[3] b1i = b10 + b11(Áfricai) + b12(Norte_Américai) + b13(Latinoamericai) + b14(Medio Orientei) + b15(Asiai) + b16(URSS-Europa del Estei).

Una ecuación equivalente puede aplicarse para modelar b2i. Por sustitución, el modelo mixto es:

[3c] Yit = b00 + b10(PBIit) + b20(PBI2it) + b3(Cit-1) + b4(Poblaciónit) + b5(Difusión mundialit) + b6(Difusión regionalit) + b01(Áfricai) + b02(Norte_Américai) + b03(Latinoamericai) + b04(Medio Orientei) + b05(Asiai) + b06(URSS-Europa del Estei) + b07(Fragmentación religiosai) + b08(Fragmentación étnicai) + b09(Ex colonia británicai) + b11(Áfricai*PBIit) + b12(Norte Américai*PBIit) + b13(Latinoaméricai*PBIit) + b14(Medio Orientei*PBIit) + b15(Asiai*PBIit) + b16(URSS-Europa del Estei*PBIit) + b21(Africai*PBI2it) + b22(Norte_Américai*PBI2it) + b23(Latinoaméricai*PBI2it) + b24(Medio Orientei*PBI2it) + b25(Asiai*PBI2it) + b26(URSS-Europa del Estei*PBI2it) + Ui + eit.

La ecuación 3c es un modelo jerárquico en el cual las variables independientes que varían con el tiempo operan a nivel del país-año (nivel 1), mientras que los predicadores estables dan forma a la constante, y la región media los efectos del PBI a nivel del país (nivel 2). Por una cuestión de simplicidad, el coeficiente de todas las otras variables independientes que varían con el tiempo (crecimiento, población, y difusión) es tratado como un efecto "fijo" (es decir, constante para todos los países).

La Tabla 1 presenta los resultados del análisis basado en las ecuaciones 1 (modelo con constante aleatoria) y 3c (heterogeneidad causal). En consonancia con lo que sostiene la literatura, el primer modelo muestra que el PBI per cápita tiene un impacto positivo y significativo (aunque no lineal) sobre la democracia. También muestra que hay efectos tanto regionales como globales, lo cual es consistente con la creciente literatura sobre difusión. Finalmente, muestra que los países tienen constantes significativamente diferentes, lo que quiere decir que su propia historia particular afecta su propio nivel de democracia. Este modelo simple ofrece un apoyo preliminar al argumento que postula la importancia de las influencias regionales e internacionales sobre la democratización.

Tabla 1 Modelos de heterogeneidad causal regional

Nota: La variable dependiente es la escala Polity IV. Las negritas indican que los coeficientes son significativos al nivel del 5%. El R2 reportado es el cuadrado de la correlación entre los valores predichos por cada modelo y los valores observados de la variable dependiente.

El modelo 3c muestra que las características regionales explican parte de la variación en las constantes y en el coeficiente del PBI. El impacto del desarrollo económico sobre la democracia es muy diferente en África Subsahariana, América Latina y el Medio Oriente que Europa Occidental y Meridional (la categoría de referencia). En Medio Oriente los coeficientes b14 son negativos, lo que cancela el efecto positivo de referencia que tiene un mayor ingreso per cápita sobre la democracia (b10), lo que a su vez explica la pendiente más bien plana (en realidad, ligeramente negativa). En esa región, los países son algo menos democráticos a medida que el ingreso per cápita aumenta. En los países de África Subsahariana y América Latina, los efectos interactivos negativos son más fuertes (b11 y b13), lo que invierte la dirección del coeficiente de referencia. Los signos negativos de b11 y b13, combinado con los signos positivos de b21 y b23, indican un patrón en forma de U. En esas dos regiones, los países son, en promedio, algo más democráticos cuando el nivel de desarrollo es bajo, y empiezan a ser menos democráticos cuando el nivel de ingreso per cápita es intermedio. Finalmente, los niveles de democracia tienden a mejorar a medida que los países cruzan cierto umbral de ingresos. El impacto que tiene el PBI per cápita sobre el nivel de democracia es diferente en América Latina y África Subsahariana si se compara con Europa del Este y Asia, donde no se aprecian diferencias significativas respecto del patrón de Europa Occidental.

En ambos modelos, los efectos de difusión regional son positivos y significativos aun después de controlar las tendencias a escala mundial. Para verificar ese hallazgo, desarrollamos un modelo más estricto, que se presenta en las últimas dos columnas. Este test asume una estructura causal autorregresiva en la cual el término de error en el momento t está correlacionado con término de error del año previo (t-1), de manera que

[4] eit=reit-1+eit.

En este modelo, la mayoría de los otros predictores pierden su significación estadística. Las únicas excepciones son los términos de difusión. Aunque el tamaño absoluto de los coeficientes de difusión aparece disminuido cuando se los compara con los modelos 1 y 3, los efectos regionales y globales se mantienen positivos y significativos. El hecho de que estas variables sean significativas aun introduciendo un residuo autorregresivo muestra que los efectos internacionales alteran de manera significativa la suerte de los procesos de democratización. Este hallazgo es consistente con los de Brinks y Coppedge (2006) y Gleditsch (2002).

Para ilustrar las implicaciones sustantivas de estos hallazgos, ejecutamos simulaciones basadas en el modelo 3c. El Gráfico 1 presenta los puntajes de Polity predichos para cuatro países hipotéticos ubicados en tres regiones (Medio Oriente, Europa Occidental y América Latina) con diferentes niveles en su ingreso per cápita. La simulación asume que los países no han sido colonias británicas y que tienen una población equivalente al país promedio en cada región. También asume que los coeficientes de crecimiento económico y de fragmentación étnica y religiosa no son distinguibles de 0 (este supuesto es consistente con los resultados de la Tabla 1), y que la mitad de los países en el mundo son democráticos. Para facilitar la comparación, la proporción de países democráticos en Europa Occidental y Medio Oriente (es decir, el ambiente regional) es fijado en 30 por ciento. En ese escenario, el puntaje de democracia predicho para los países en Europa Occidental empieza a un nivel relativamente alto (5, 2 puntos en la escala Polity) y aumenta monotónicamente con el ingreso per cápita, alcanzando un puntaje predicho de 9, 1 cuando se alcanza los 20. 000 dólares. Por el contrario, el puntaje de democracia esperado en Medio Oriente empieza en un nivel relativamente bajo (-1, 5) y decrece con un mayor ingreso per cápita (cuando el ingreso es 20. 000 dólares, el valor predicho es -2, 5). Junto con las diferencias tajantes que hay en los coeficientes de las variables PBI y PBI2 entre regiones, el Gráfico 1 demuestra que hay marcadas diferencias en el impacto causal del PBI per cápita sobre el puntaje de Polity predicho. Es posible que las diferencias regionales disminuyan si agregamos otras variables independientes, pero parece muy improbable que desaparezcan.

Gráfico 1.

Heterogeneidad regional: cuatro casos hipotéticos

Resumiendo, existen importantes diferencias regionales en el impacto del nivel de desarrollo sobre la democracia. A pesar de ello, los estudios cuantitativos sobre modernización y democracia han prestado poca atención a los efectos regionales distintivos, con la excepción de los países ricos en petróleo. El hecho de que haya efectos regionales distintivos significa que es importante tomar en serio las especificidades regionales.

Ragin (2000) sostiene que los análisis cuantitativos suelen olvidarse de la heterogeneidad causal, esto es, la idea de que un factor causal puede tener un impacto determinado en un contexto pero un impacto diferente en otro. Tiene razón en que muchos análisis cuantitativos no prestan suficiente atención a esas diferencias, pero por lo general los métodos cuantitativos pueden testear la heterogeneidad causal de manera más precisa y clara que los métodos cualitativos14.

Para evaluar la relevancia sustantiva de los efectos de difusión regional, en el Gráfico 1 comparamos dos escenarios para América Latina. En el primero, sólo el 10 por ciento de los países en la región son democráticos; en el segundo, el 60 por ciento de los países son democráticos. En ambos escenarios, América Latina expone un patrón burocrático-autoritario distintivo (marcado por un claro declive en el nivel esperado de democracia en los niveles intermedios de desarrollo). El contexto político regional más favorable produce un cambio positivo de 5, 6 puntos en la escala Polity. Este hallazgo muestra una fuerte influencia regional en la democratización, lo que es consistente con otros estudios recientes. Este punto se analiza en más detalle en otra sección. Primero, sin embargo, analizaremos las implicaciones que tienen las diferencias entre regiones en el impacto del nivel de desarrollo sobre la democracia.

Heterogeneidad causal y especificidades regionales

Para muchos politólogos, tanto las especificidades regionales como otros factores contextuales, no son importantes. Paul Pierson (2004: 167) sostiene que el contexto "se ha vuelto, para muchos científicos sociales, un mala palabra, un sinónimo de descripción densa, y un obstáculo para el análisis científico de los fenómenos sociales. De hecho, durante las últimas décadas las ciencias sociales pasaron por lo que puede ser apropiadamente denominado como una revolución descontextualizadora".

En una afirmación universalizadora con intenciones provocadoras, King (1996: 160), sostiene que "el objetivo profesional de todo científico debería ser intentar demostrar que el contexto no produce ninguna diferencia"15. No estamos de acuerdo con esa afirmación. Nuestra posición es que a veces el contexto (como la región) es importante, y que los politólogos deberían intentar entender de qué manera importa. Ser receptivo al contexto permite que el investigador pueda detectar subpoblaciones específicas regidas por procesos causales distintivos. En el caso de las especificidades regionales, no se trata sólo de que el valor de alguna variable dependiente difiera de una región a otra (por ejemplo, desigualdades en el nivel de ingreso). Más bien, y aquí reside el problema del argumento de King, son los procesos causales (es decir, el modelo estructural subyacente que explica el resultado que nos interesa) los que difieren en distintas regiones.

Coincidimos en que es deseable entender los factores específicos que dan cuenta de la heterogeneidad causal según el contexto. En este sentido, compartimos el punto de vista de King según el cual sería deseable eliminar estadísticamente la significatividad de las variables contextuales, tales como la región, y remplazarlas con variables con un contenido claramente sustantivo. Sin embargo, explicar por qué es importante el contexto no es lo mismo que afirmar, como hace King, que no es importante.

King (1996) da el ejemplo de dos "varones conservadores pobres y blancos, que se identifican con el Partido Republicano, prefieren aumentar el gasto en defensa, y piensan que el gobierno federal debe balancear el presupuesto de manera inmediata. Ambos temen que alguien prohíba la portación de armas, esperan que se termine con las políticas de bienestar, y creen que Rush Limbaugh debería ser presidente". En el ejemplo que da King, dadas estas características ambos votarán de la misma manera, sin importar que vivan en un bastión liberal o en uno conservador. Sin embargo, los valores sociales y políticos (en el ejemplo de King, la probabilidad de que sean conservadores, se identifiquen con el Partido Republicano, prefieran un mayor gasto en defensa, etc.) de dos votantes con similares características demográficas (por ejemplo, varones blancos y pobres) se ven afectados por el barrio en que viven, lo que a su vez influye sobre su voto. Es más probable que tenga valores conservadores y vote a los republicanos en las elecciones presidenciales un hombre blanco y pobre que vive en el sur rural, que un hombre blanco y pobre que vive en San Francisco o Nueva York. Que las opiniones políticas cambien con el contexto explica por qué el contexto es importante, y no debería tomarse como una muestra de que, en política, el contexto no implica ninguna diferencia16.

Como científicos sociales no sólo nos debería importar el hecho de que las especificidades regionales cuestionen el supuesto de universalidad y homogeneidad causal, sino también cuál es la causa de esas especificidades regionales. En este sentido, este artículo es el punto de partida de una nueva, e importante, pregunta de investigación que no podemos responder aquí: ¿por qué hay regiones que son particulares? Como sostiene King, si fuera posible cuantificar todas las variables explicativas de una manera válida y confiable, el objetivo más importante sería eliminar las diferencias regionales estadísticamente significativas (ver también Przeworski y Teune, 1970)17. De esa manera podríamos explicar de manera cabal qué es lo que produce las especificidades regionales. En este artículo no explicamos cuales son los factores específicos que hacen que algunas regiones sean diferentes18. En todo caso, nuestra contribución es tomar nota de esas especificidades y señalar que se necesitan más investigaciones sobre las razones por las cuales diferentes regiones tienen diferentes dinámicas. Aunque no podamos explicar de manera total las especificidades regionales, para las ciencias sociales es muy importante poder identificarlas.

La ciencia política le ha prestado mucha atención a la imposibilidad de generalizar a partir de muestras muy pequeñas (King et al., 1994: 208– 230). Se le ha dado menos atención a la necesidad de ser cauto cuando se pasa de generalizaciones basadas en muestras globales a muestras bastante grandes (regiones) que constituyen un segmento de la población global. A veces esa cautela es apropiada. Este llamado a la cautela no es una invitación a la selección de unidades de análisis cada vez más pequeñas, ni a evitar cualquier generalización. Eso va en contra de la forma en que entendemos la investigación social. A pesar de eso, las especificidades contextuales (Adock y Collier, 2001), la heterogeneidad causal (Ragin, 1987, 2000), las "generalizaciones limitadas" (Bunce, 2000) y las restricciones del dominio son parte importante de la caja de herramientas de la metodología en ciencias sociales.

El énfasis en la importancia de las regiones no significa adoptar una postura en contra de que la investigación social generalice sobre la base de muchos casos. Tomamos una posición intermedia: las generalizaciones son importantes, aunque en las ciencias sociales hay pocos casos de hallazgos realmente universales19. La mayoría de las generalizaciones en ciencias sociales están limitadas por el contexto geográfico e histórico20. Las especificidades regionales no son la única manera de limitar las generalizaciones en ciencias sociales. Sin embargo, es útil delimitar las generalizaciones por regiones ya que son grandes porciones del mundo con dinámicas e influencias intraregionales particulares.

Afirmar que una región tiene dinámicas específicas lleva inevitablemente a comparar con otras regiones o con el resto del mundo. No es una invitación al tipo de comparación interregional más común en la política comparada (comparar uno o un pocos países de una región con uno o unos pocos de otra, por ejemplo, Haggard y Kaufman, 1995; Marx, 1998), ni a las comparaciones intraregionales. No es posible establecer especificidades regionales si no se compara entre regiones (Karl y Schmitter, 1995). De allí que estudiar las especificidades regionales no implique focalizar exclusivamente en un área del mundo. Al contrario, un buen trabajo sobre especificidades regionales debe comparar entre regiones, además de tener en cuenta cuestiones teóricas más amplias. La importancia de la restricción del dominio en términos de región queda clara solamente comparando países de una región con un conjunto más amplio de casos.

Diseminación y difusión de la democracia

Nuestro segundo argumento a favor de la importancia de las regiones pone el foco sobre los efectos regionales de demostración y difusión, una vez más, relacionados con la democracia. Un ambiente regional favorable puede mejorar las oportunidades de la democracia, mientras que un ambiente político regional poco propicio puede jugar en contra.

Para explorar el impacto del ambiente político regional sobre la democracia realizamos un análisis de transiciones y rupturas democráticas en 19 países de América Latina entre 1946 y 1999. La variable dependiente para todos los regímenes autoritarios es si, en cada año, el régimen cambia por una democracia o semidemocracia. La variable dependiente para todos los regímenes democráticos o semidemocráticos es si, en cada año, el régimen cae y es sustituido por el autoritarismo. Usamos la escala tricotómica desarrollada por Mainwaring, Brinks, y Pérez-Liñán (2001). Esa medición clasifica a los regímenes como democráticos, semidemocráticos o autoritarios. Combinamos los casos de democracia y semidemocracia en una categoría de regímenes electorales y competitivos, y analizamos qué factores ayudan a explicar el quiebre de esos regímenes.

Usamos dos variables independientes para examinar los efectos regionales en el cambio de régimen. Una variable ("región") evalúa el impacto del contexto político regional latinoamericano sobre la probabilidad de que el régimen continúe o cambie. Medimos el ambiente político regional teniendo en cuenta, para cada año, el número de países estrictamente democráticos en la región, excluyendo al país en cuestión en caso de que sea democrático. La codificación de esta variable independiente se basa en nuestra medida tricotómica de democracia. El valor de la variable va, teóricamente, desde 0, si ninguno de los otros 19 países en la región (excepto Cuba) es democrático en un año en particular, a 19, si el resto de los 20 países es democrático en ese año. Excluimos el país en cuestión para evitar problemas de endogeneidad. La expectativa es que un ambiente regional más democrático promueva la democracia.

La otra variable regional es la política exterior de los Estados Unidos. Como potencia hegemónica en América, los Estados Unidos pueden afectar las probabilidades de transición hacia un régimen competitivo, así como las de ruptura democrática. Codificamos como 0 a los años en que la política exterior de los Estados Unidos subordina la democracia a otras cuestiones (1945-1776, 1981-1984), y 1 a los años en que la democracia es una prioridad.

Como variable de control usamos el nivel de desarrollo económico, la estructura de clases, el desempeño económico, la fragmentación del sistema de partidos y la polarización del sistema de partidos. Medimos el nivel de desarrollo económico usando el PBI per cápita en dólares de 1995, de acuerdo al World Development Indicators (Banco Mundial, 2001). Utilizamos el porcentaje de mano de obra en la industria manufacturera como un indicador aproximado de la influencia numérica de la clase trabajadora.

Dos variables miden el desempeño económico del régimen: cambios en el ingreso per cápita (es decir, la tasa de crecimiento económico) y el índice de precios al consumidor (inflación). Tanto para crecimiento como para inflación usamos medidas de corto plazo (el año previo) y de mediano plazo (crecimiento o inflación promedio de un régimen dado desde su inicio, hasta un máximo de 10 años)21. Para evaluar si los regímenes presidenciales con sistemas de partidos más fragmentados son más propensos a la ruptura, creamos una variable dicotómica que adopta el valor de 1 si el número efectivo de partidos en la cámara baja (o única) es igual o mayor a 3, 0 en un año dado. El número efectivo de partidos (NEP) es un cálculo matemático que pondera a los partidos de acuerdo a su tamaño, e indica el nivel de fragmentación del sistema de partidos. Un número de partidos efectivo igual o mayor a 3, 0 es una clara indicación de multipartidismo22. El indicador que utilizamos es dicotómico por motivos teóricos, y porque hay información perdida sobre el número exacto de partidos en Ecuador en la década del '50, y en Perú a mediados de la década del '4023. En once países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, Uruguay y Venezuela) usamos el índice de Coppedge (1998: 556-57) para medir la polarización del sistema de partidos en regímenes democráticos y semidemocráticos. El índice va de 0 (cuando todos los votos en una elección están ubicados en el centro del espectro político) a 100 (cuando todos los votos están divididos de manera equitativa entre los partidos de extrema izquierda y extrema derecha). Desafortunadamente no disponemos de los puntajes para los 8 países restantes en nuestra muestra24.

Nuestra base de datos cubre un total de 19 países sobre 54 años (1946- 1999), lo que provee información sobre 1. 026 años-país. Modelamos los cambios de régimen con una regresión logística de eventos raros (RELogit), una técnica estadística diseñada para variables dependientes en la que la distribución de los resultados dicotómicos es muy despareja. Ese es el caso de cambio de régimen. En nuestra base de datos con 1. 026 años-país hay sólo 53 cambios de régimen (32 transiciones a la democracia o semidemocracia y 21 rupturas democráticas).

En medio del creciente interés que tienen los efectos de difusión y diseminación internacional sobre la democracia, nuestro estudio tiene dos especificidades. Se trata de uno de los primeros artículos en examinar los efectos de difusión y diseminación regional en términos de regiones convencionales (ver también Teorell y Hadenius, 2004). Brinks y Coppedge (2006) y Gleditsch (2002) estudian efectos regionales, pero distinguen a las regiones en términos de la proximidad geográfica de un país respecto de los otros. Esa es una proxy razonable para medir región, pero nuestro enfoque, que mira a las regiones tal cual son convencionalmente entendidas (aunque de manera menos precisa), también es valioso. En segundo lugar, la mayoría de los estudios recientes pone el foco en la difusión y diseminación de la democracia (para una excepción, ver Sánchez, 2003); mientras que nosotros además estudiamos la difusión y diseminación del autoritarismo.

Transiciones a la democracia y semidemocracia

Entre 1946 y 1999 hubo 32 transiciones desde regímenes autoritarios en la región. En la Tabla 2 se presentan dos modelos estadísticos de transiciones del autoritarismo a la democracia o semidemocracia para el período 1946-1999, basados en regresiones logísticas de eventos raros. Se codifica con un 1 a los años en que hubo una transición a la democracia, de lo contrario se asigna un 0. El primer modelo incluye predictores de democracia estructurales y macroeconómicos, además de la variable política regional. La variable región es muy significativa y tiene el coeficiente positivo esperado: cuando en un año hay un número grande de democracias, se fortalece la posibilidad de que algún régimen autoritario inicie una transición democrática. Es la única variable estadísticamente significativa. Otras variables independientes que para algunos estudios parecen ser importantes para explicar transiciones de régimen, tales como el desempeño económico del régimen, no tienen ningún efecto. El modelo 2. 2 incluye a la política exterior de Estados Unidos como un elemento aparte de los otros efectos del contexto regional. Los resultados son muy parecidos a los del mode-lo 2. 1: la región es la única variable significativa.

Tabla 2. Predictores de transición democrática en América Latina, 1946-1999

* Significante al nivel del 10% ** Significante al nivel del 5% *** Significante al nivel del 1% Nota: Las entradas son los coeficientes de la regresión logística de eventos raros (errores estándar robustos ajustados por agrupamientos por país) El pseudo R2 corresponde a un modelo logístico estándar con una especificación equivalente.

De esta manera, los efectos regionales ayudan a explicar la ola de democratización que se expandió en América Latina desde fines de la década del '70 hasta principios de los '90. Sobre la base de los resultados presentados en el modelo 2. 1, estimamos la probabilidad esperada de que haya transiciones desde el gobierno autoritario en dos periodos históricos (1946-1977 y 1978-1999). Asumiendo que, con la excepción del contexto regional, todas las variables independientes permanecieron en sus valores medios históricos (es decir, entre 1946-1999), la probabilidad esperada de que el régimen autoritario típico inicie una transición fue de 4, 5 por ciento para el período 1946-1977 (cuando el número de democracias promedio alrededor del los enclaves autoritarios era 4, 4), y subió al 8, 7 por ciento para 1978-1999 (cuando el número promedio de democracias era de 7, 1).

Un contexto político regional favorable ayudó más que cualquiera de las otras variables a mejorar la tasa de transiciones hacia regímenes competitivos después de 1977. Sólo en algunas ocasiones la transición a la democracia fue impulsada por factores internacionales. En nuestra base de datos el único ejemplo claro es Panamá (1990), donde la invasión de Estados Unidos depuso un régimen autoritario e instaló a un presidente democráticamente electo. Pero los factores internacionales pueden alterar significativamente las probabilidades de que las transiciones tengan éxito o fracasen. Este hallazgo es consistente con las conclusiones de Brinks y Coppedge (2006) y Gleditsch (2002), basadas en una muestra más grande de países.

Aunque el interés de nuestro artículo son las especificidades regionales, es de notar que varios análisis previos han sostenido que lo que afecta la durabilidad del régimen es el desempeño económico del régimen (Diamond, 1999: 77-93; Diamond y Linz, 1989: 44-46; Gasiorowski, 1995; Geddes, 1999; Haggard y Kaufman, 1995; Lipset et al., 1993; Przeworski et al., 2000). Nosotros no encontramos tal efecto en la durabilidad de los regímenes autoritarios de América Latina. Así que, también en este tema, parece que América Latina tiene dinámicas políticas distintivas.

Ruptura y estabilidad democrática

También nos interesa el impacto del contexto político regional sobre los cambios de régimen en la otra dirección: de la democracia al autoritarismo. Nuestra base de datos contiene 525 años-régimen de democracia y semidemocracia entre 1946 y 1999. Tenemos información de todas las variables independientes discutidas previamente para 517 casos (para 344 casos, si incluimos el índice de polarización del sistema de partidos, disponible sólo para 11 países). Durante esos 517 años-régimen de democracia o semidemocracia hubo 21 rupturas de régimen.

La Tabla 3 muestra el resultado de una regresión logística de eventos raros que predice los cambios de regímenes democráticos o semidemocráticos a autoritarios en cualquier año-régimen para todo el período 1946-1999. Como ya se señaló, en el modelo 3. 1 un contexto regional más democrático reduce la probabilidad de ruptura democrática (p<. 001). El modelo 3. 2 incluye el índice de polarización ideológica de Coppedge (1998), que está disponible para 11 países. El contexto político regional sigue siendo importante para explicar la probabilidad de una ruptura democrática. El modelo 3. 3 distingue la política exterior de Estados Unidos respecto de los otros efectos del contexto político regional. Mientras la variable región es significativa para explicar las transiciones aun cuando la política exterior de Estados Unidos es analizada por separado, en el caso de las rupturas democráticas la variable sobre la política de Estados Unidos es más importante, lo cual es consistente con los resultados de Sánchez (2003).

Tabla 3. Predictores de quiebre democrático, América Latina, 1946-99

* Significante al nivel del 10% ** Significante al nivel del 5% *** Significante al nivel del 1% Nota: Coeficientes RELogit (errores estándar ajustados por agrupamientos por país). El pseudo R2 corresponde al modelo logístico estándar con una especificación equivalente.

Los cambios en el contexto internacional permiten explicar la mayor estabilidad de los regímenes democráticos y semidemocráticos después de 1978. El contexto regional pasó de tener un promedio de 4, 2 democracias entre 1946 y 1992 a 9, 2 entre 1978 y 1999. Tomando como referencia al modelo 3. 2, y asumiendo que todas las otras variables permanecen en sus valores medios de 1946-99, mientras la variable regional pasó de 4, 2 a 9, 2, la probabilidad de ruptura de una democracia o semidemocracia en un año cualquiera cayó desde 5, 6 por ciento a 0, 04 por ciento. Ninguna otra variable tiene un impacto tan grande a la hora de explicar la mayor estabilidad que tienen los regímenes democráticos después de 1978.

Un contexto político regional más favorable (medido a través de la variable región o a través de la política de Estados Unidos) es fundamental para entender la abrupta caída en la tasa de rupturas después de 1978. Los cambios en las otras variables independientes no tienen mucho efecto en la probabilidad de quiebre democrático. Una vez más, el contexto político regional es la variable explicativa central. Ello implica que las influencias domésticas e internacionales modelan el resultado del régimen de manera conjunta. Los comparativistas que estudian regímenes deben tener en cuenta el contexto político regional.

La Tabla 3 muestra una especificidad regional. Przeworski et al. (2000) encuentran que, a nivel global, la probabilidad de que los gobiernos democráticos duren es mayor cuando el nivel de ingreso per cápita es alto. Sus hallazgos son consistentes con una vasta literatura que sostiene que los países más desarrollados tienen más probabilidades de ser democráticos. Sin embargo, en América Latina, tener un nivel de desarrollo alto no tiene un impacto inmunizador para las democracias. Los regímenes democráticos y semidemocráticos fueron vulnerables a las rupturas aun a niveles considerablemente altos de desarrollo. Este hallazgo es consistente con el argumento de O'Donnell (1973), según el cual, en los '60 y '70, los países más desarrollados de América del Sur fueron especialmente propensos al autoritarismo burocrático; y con nuestro hallazgo (ver arriba) según el cual, para un amplio espectro de niveles de ingreso las probabilidades de que los países de América Latina sean democráticos es menor cuando el nivel de desarrollo es mayor (ver también Landman, 1999).

¿Por qué hay efectos de diseminación y difusión regional?

Cada vez más estudios han reconocido la importancia de los efectos de diseminación y difusión en los regímenes políticos (Gleditsch, 2002; Gleditsch y Ward, en prensa) y de las influencias políticas regionales en la toma de decisiones (Meseguer, 2002; Weyland, 2004). Pero, ¿cuáles son los mecanismos a través de lo cuales ocurre la diseminación y la difusión? El análisis estadístico previo no responde esta pregunta. Meseguer (2002) y Weyland (2004) estudian el tema en relación con las ideas de política económica, Pevehouse (2002a, 2002b, 2005) estudia la manera en que la membresía en organizaciones regionales impactó sobre la difusión democrática, y Gleditsch (2002) y Gleditsch y Ward (en prensa) analizan las influencias regionales sobre la democratización. Aquí sólo mencionamos tres mecanismos causales regionales en relación con las olas de democracia y autoritarismo en América Latina: la diseminación de normas e ideas, la presencia de actores trasnacionales, y las políticas de las potencias hegemónicas regionales y de los organismos internacionales. Esos mecanismos no agotan todas las explicaciones posibles sobre las tendencias de escala regional, pero ofrecen un sustento teórico a los patrones de difusión regional identificados en la sección previa.

En primer lugar, la diseminación de normas e ideas afecta la forma en que los actores domésticos perciben sus intereses políticos y puede, en consecuencia, afectar sus preferencias sobre el régimen y su comportamiento político. Por ejemplo, la diseminación a escala regional de ideologías anticomunistas durante la Guerra Fría reforzó la predisposición de ciertos actores a apoyar golpes militares en América Latina. La amplia diseminación de normas prodemocráticas en las últimas décadas ha aumentado el costo de los golpes. La diseminación de normas entre naciones también inspiró a los militantes de derechos humanos a pelear por la restauración de la democracia, allí donde no existía (Htun, 2003; Keck y Sikkink, 1998). La diseminación de normas e ideas establece el encuadre con el que los actores políticos perciben al régimen, y a sus propios intereses y preferencias políticas. La diseminación de normas puede legitimar y dar poder a algunos grupos domésticos en detrimento de otros.

Hay canales de diseminación y comunicación internacional de políticas que son más potentes dentro de una misma región que entre regiones. Algunos actores que tienen un efecto importante sobre los regímenes políticos actúan principalmente, o exclusivamente, en una región particular (por ejemplo, la Organización de Estados Americanos, OEA). En una región con un lenguaje común, como América Latina, la comunicación entre naciones es más fácil, y permite explicar por qué la comunicación y difusión regional de ideas es tan fuerte, independientemente de la comunicación y diseminación entre regiones.

El segundo mecanismo a través del cual actúa la difusión es la existencia de actores internacionales que trabajan en varios, o en todos, los países de la misma región. Aunque esas organizaciones tienen un impacto diferente en cada país, los cambios en su orientación a lo largo del tiempo pueden afectar al régimen político en diferentes países. Por ejemplo, en muchos países de América Latina los cambios en la Iglesia Católica afectaron el contexto político regional a favor de la democracia. Tradicionalmente, la Iglesia ha sido un actor de importancia política en la mayoría de los países de América Latina, y hasta los años '60 solía apoyar a los sectores autoritarios. A partir de los años '70, la Iglesia Católica ha apoyado con frecuencia la democratización (Huntington, 1991: 74-85). Con los cambios del Concilio Vaticano II (1962-1965) la Iglesia empezó a aceptar y promover la democracia en la mayor parte de la región25. En Brasil, Chile, El Salvador, Perú y Nicaragua, la Iglesia fortaleció la coalición que trabajaba para la transición a la democracia. Los cambios en la Iglesia Católica también influyeron en las perspectivas de la democracia de otras regiones, pero América Latina es la única región predominantemente católica, de allí que los cambios en la Iglesia Católica hayan afectado más en América Latina que en otras regiones26. Es más, aunque la Iglesia Católica tiene un alcance global, tiene especificidades regionales que se derivan de la combinación de la necesidad de dar respuesta a ciertas oportunidades y desafíos regionales específicos, un liderazgo regional (el Consejo Episcopal Latinoamericano), y la comunicación regional entre teólogos, curas, religiosos y obispos.

El tercer mecanismo de difusión es el hecho de que poderosos actores externos, como Estados Unidos, puedan influir en la probabilidad de golpes y transiciones democráticas de varias maneras: 1) persuasión moral que cambia las actitudes y comportamiento de actores domésticos, 2) gestos simbólicos que dan coraje a algunos actores, fortalecen sus posiciones y debilitan a otros actores, 3) sanciones contra los gobiernos, 4) conspiraciones contra los gobiernos, 5) acciones militares que derrocan al régimen e instalan uno nuevo. En los tres primeros tipos de influencia, los actores externos dan forma al cambio de régimen influyendo sobre los actores domésticos; en el último, los actores externos determinan de manera directa el cambio de régimen. Esta última posibilidad ha sido excepcional en América Latina, pero los actores externos, especialmente el gobierno de Estados Unidos y, desde 1990, la Organización de Estados Americanos, con frecuencia han influido sobre la lógica, costos y beneficios de los actores domésticos a través de los tres primeros tipos de influencia. Por ese medio, Estados Unidos y la OEA han afectado significativamente el contexto político regional.

Durante los años '60 y '70 Estados Unidos apoyó varios golpes en América Latina, y ayudó a crear un contexto ideológico en el que los actores conservadores creían que Estados Unidos no se opondría en caso de que apoyaran golpes (Robinson, 1996; Sanchez, 2003). Durante la mayor parte del período posterior a 1977, Estados Unidos ha apoyado las transiciones hacia regímenes competitivos, y se ha opuesto a las rupturas de tales regímenes. Sus posturas han aumentado el costo de los golpes de Estado para los potenciales golpistas. En ese caso, algunos jugadores que probablemente habrían apoyado golpes, no lo han hecho. La amenaza de sanciones por parte de Estados Unidos y la OEA hacen que la relación esperada entre los costos y los beneficios de apoyar un golpe sea desfavorable. Estados Unidos tiene más influencia en América Latina que en otras regiones del mundo: otro motivo para la existencia de importantes influencias regionales sobre la democratización.

Las organizaciones multilaterales como la Organización de Estados Americanos también pueden ejercer una influencia de alcance regional sobre los regímenes políticos (Pevehouse, 2002a, 2002b, 2005). Por supuesto, eso no significa que su influencia sea homogénea en todos los países de la región.

A partir de 1991, la OEA ha influido significativamente en varios des-enlaces sobre el régimen político en América Latina. En 1991 la OEA aprobó la Resolución 1080 que establecía la convocatoria de los ministros de relaciones exteriores de los países del hemisferio occidental dentro de los primeros días de una ruptura democrática, y legitimó la intervención de la OEA en esos casos. La Resolución 1080 desencadenó la intervención de la OEA en Haití (1991), Perú (1992) Guatemala (1993) y Paraguay (1996). En diciembre de 1992, en las postrimerías de la aprobación de la Resolución 1080, la OEA aprobó el Protocolo de Washington, que permite a su Asamblea General suspender la membresía de cualquier país miembro que haya sufrido un golpe (Burrell y Shifter, 2000; Perina, 2000). La Resolución 1080 aumentó los costos de un golpe y en varios momentos críticos alteró los cálculos y comportamientos de los actores políticos domésticos. En América Latina, la amenaza de sanciones internacionales contra los golpistas fue clara cuando dieron marcha atrás en Paraguay (1996) y Guatemala (1993) tras enfrentar la posibilidad de sanciones, y cuando Fujimori (Perú, 1992) respondió a las presiones internacionales restableciendo las elecciones (Pevehouse, 2005).

Los gobiernos democráticos en América Latina han apoyado los esfuerzos para fortalecer la democracia e imponer sanciones contra regímenes autoritarios. De manera colectiva, las ONG, las agencias multilaterales, y los gobiernos de América Latina, Europa Occidental y América del Norte, han establecido una norma de rechazo al autoritarismo y apoyo a la democracia, ideológica o materialmente. Esas normas están acompañadas con sanciones que pueden dañar los intereses de los golpistas.

Hay otras organizaciones subregionales que ayudan a explicar por qué ocurre la difusión. En julio de 1996, los presidentes de los países del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, más Bolivia, y Chile), firmaron un acuerdo que establecía que cualquier miembro sería expulsado en caso de ruptura democrática. Las presiones de los vecinos del Mercosur ayudaron a evitar un golpe en Paraguay, en abril de 1996. En una era de creciente integración económica internacional, los gobiernos autoritarios enfrentan la posibilidad de sanciones económicas, tales como las que deterioraron la economía en el Panamá de Noriega, y en Haití después del golpe militar que destituyó a Aristide. Juntos, Estados Unidos, la OEA y el Mercosur han elevado los costos de los golpes y el regreso al gobierno autoritario.

Conclusión: regiones en política comparada

A pesar de la tradicional organización de la política comparada según regiones, se ha hecho muy poco por construir un argumento sobre la importancia sustantiva de las regiones. En un libro excelente, Gleditsch (2002) sostiene que las regiones son importantes para comprender la política mundial, especialmente en relaciones internacionales. Aquí hemos extendido ese argumento a la política comparada. Las regiones del mundo son importantes para comprender fenómenos políticos importantes tales como el nivel de democracia y los cambios de régimen político.

A nivel empírico hemos desarrollado el argumento observando dos tipos diferentes de evidencia. En primer lugar, las especificidades regionales son importantes para comprender los procesos políticos entre regiones (ver también Bunce, 1995, 1998, 2000). El impacto del nivel de desarrollo sobre la democracia difiere entre regiones. Los países exportadores de petróleo del Medio Oriente son gobernadas por autocracias a pesar de los altos niveles en el ingreso per cápita. En América Latina, el ingreso per cápita tiene un particular impacto no monotónico sobre el nivel de democracia.

En segundo lugar, las dinámicas regionales son importantes al dar forma a las perspectivas de la democracia (Gleditsch, 2002). De allí que sea imposible entender el cambio de régimen focalizando sólo sobre países individuales o tendencias globales. El régimen político ha sido un tema de estudio de los comparativistas que focalizan en procesos domésticos, pero las dinámicas del régimen no están guiadas exclusivamente por factores domésticos. Sea por las especificidades regionales o por las influencias regionales, los científicos sociales y los historiadores deben prestar atención a la importancia de las regiones en política.

Al defender la importancia de las regiones en política comparada hemos defendido algunos enfoques para estudiar regiones y criticado otros. Rechazamos el supuesto de que las regiones son relativamente homogéneas, así como rechazamos las generalizaciones burdas sobre las regiones como un todo, a menos que haya evidencia empírica que lo apoye. Nuestro enfoque estudia las especificidades y mecanismos de difusión regionales, a pesar de lo cual considera que cada país tiene características distintivas. Tratamos a cada país de manera diferente asignándole a cada uno un puntaje distinto en cada variable independiente y dependiente. En una región tan heterogénea como América Latina, el supuesto de homogeneidad dificulta la comprensión. Es posible (aunque es poco común en la investigación social) reconocer la profunda heterogeneidad dentro de una región y simultáneamente considerar que las regiones son importantes. Asimismo, la única manera de verificar el hecho de que una región tenga dinámicas particulares es compararla con otras regiones o con un conjunto más amplio de casos.

Metodológicamente, nuestro estudio sobre especificidades regionales se ubica entre dos posiciones extremas en la ciencia política. Por un lado, nuestro énfasis en las especificidades regionales nos aleja de los enfoques universalizantes de la ciencia política que niegan la importancia del contexto. Las generalizaciones son importantes, pero la ciencia política también debe prestar atención a la heterogeneidad causal (Hall, 2003; Ragin, 2000: 88-119) y a las diferencias contextuales (Adock y Collier, 2001; Bunce, 1998, 2000)27. En ciencias sociales, ciertos enfoques universalistas pretenden ser más científicos que otros enfoques (Bates, 1997; Ferejohn y Satz, 1995). Sin embargo, tener en cuenta la heterogeneidad causal es algo totalmente consistente con el rigor científico, y a la hora de mejorar la comprensión de temas cruciales puede ser superior a los enfoques universalistas (Beck y Katz, 2004; Luke, 2004; Raudenbush y Bryk, 2002). Si un mecanismo causal funciona en algunas circunstancias pero no en otras, es mejor que las ciencias sociales sean conscientes de ello.

Por otro lado, el estudio de las regiones también nos aleja de los enfoques individualizantes que buscan una comprensión detallada de cada caso. Compartimos con los enfoques individualizantes el reconocimiento de la importancia de las diferencias nacionales al considerar, por medio de análisis cuantitativos, que cada país posee diferentes atributos en cada año dado. Pero nuestro interés está centrado en tendencias que van más allá de un sólo país y en las diferencias entre regiones, lo que marca un profundo quiebre respecto de las ciencias sociales individualizantes28.

Las ciencias sociales deben basarse sobre la diversidad de estrategias de investigación, a veces poniendo el acento en la generalización más allá de las especificidades (aunque tales estudios deben también prestar atención a las especificidades), otras prestando más atención a las especificidades sin dejar de lado perspectivas comparativas y teóricas más amplias (Fishman, 2005). En ciencias sociales, el uso de diferentes unidades de análisis contribuye a mejorar la imagen acerca de cómo funciona la política y la sociedad. Así como los análisis de muchos casos y los estudios de caso ayudan a entender esa imagen más amplia, el foco en regiones hace lo propio respecto de ciertas preguntas de investigación. De hecho, es imposible aprehender algunas dinámicas políticas importantes si no se es consciente de las especificidades e influencias regionales.

En esa concepción de las ciencias sociales, una de las estrategias menos desarrolladas en el estudio de regímenes políticos (así como en otros campos) es la de observar un número intermedio de casos. Son raros los estudios sobre democratización de escala regional que sean receptivos a las diferencias entre regiones (para una excepción, ver Bratton y Van de Walle, 1997)29. Tanto la estrategia de un número intermedio de casos como el diseño de investigación a escala regional, que en principios son distintos pero que aquí los hemos combinado, complementan los estudios de muchos y de pocos casos que dominan de manera abrumadora los estudios sobre democratización.

Notas

* Originalmente publicado en Munck, Gerardo (comp.), Regimes and Democracy in Latin America. Theories and Methods, Oxford, Oxford University Press, 2007. Reproducción autorizada por los autores y Oxford University Press. Los autores agradecen especialmente la cuidadosa traducción de Javier Zelaznik.
1 Munck y Snyder codificaron los 319 artículos publicados en Comparative Politics, Comparative Political Studies, y World Politics entre 1989 y 2004. La región que recibió mayor cobertura es Europa Occidental (22 por ciento de los artículos), seguida por América Latina (16 por ciento). Tres de cada cuatro artículos focalizaban en cinco países o menos (Munck y Snyder, 2005, cuadros 5 y 12).
2 Por ejemplo, European Journal of Political Research, Latin American Politics and Society, Post- Soviet Affairs, y West European Politics.
3 Coincidimos con Bates respecto de las serias limitaciones que presentan los tradicionales estudios de área que focalizan en un solo país o región sin hacer referencias a teorías o a una literatura más amplia.
4 Este artículo es parte de un proyecto sobre las tendencias regionales respecto de la democracia y el autoritarismo en América Latina desde 1945. Aquí formulamos una pregunta metodológica vinculada al proyecto: ¿por qué focalizar en una región?
5 La literatura sobre diseminación y difusión está más desarrollada que la escasa literatura sobre especificidades regionales. Los modelos sobre democratización han ido incluyendo cada vez más, como variable de control, a los efectos de la difusión internacional (Boix y Stokes, 2003; Gasiorowski y Power, 1998; Przeworski et al., 2000) y regional (Bernhard, Reenock, y Nordstrom 2003; Gasiorowski, 1995; Gasiorowski y Power, 1998; Pevehouse, 2002a; Starr, 1991).
6 Entre los estudios de muchos casos citados en este artículo sólo Coppedge (1997), Gasiorowski y Power (1998) y Ross (2001) hacen uso de variables dicotómicas.
7 Para argumentos similares a los de Bunce, ver Howard (2003); Kwon (2004); Linz y Stepan (1996); McFaul (2002). A pesar de la importante convergencia que hay entre los argumentos de Bunce y los nuestros, los enfoques son diferentes. Mientras Bunce desarrolla su argumento sobre la base de comparaciones cualitativas entre regiones, nosotros lo hacemos con datos cuantitativos. Se puede llegar al argumento central de este artículo tanto desde enfoques cualitativos como cuantitativos: las regiones son importantes en política. Mientras Bunce analiza principalmente los legados de los regímenes postcomunistas y sólo de manera secundaria las influencias y especificidades regionales; nosotros analizamos las regiones como constructos geográficos. Si la variable independiente clave para explicar diferencias en los resultados es el tipo de régimen autoritario previo, la región es sólo un proxy del tipo de régimen previo. Esto es, los efectos de la región serían espurios.
8 Para un enfoque cultural más sutil respecto de las especificidades regionales, ver Inglehart y Carballo (1997), quienes son más receptivos de las diferencias entre regiones que la mayoría de los culturalistas.
9 Un excepción parcial a ese consenso es Acemoglu et al. (en prensa), quienes usan modelos de efectos fijos. Como controlan por factores específicos de los países sin especificar, el nivel de desarrollo no ayuda a dar cuenta de los cambios en el nivel de democracia.
10 Landman (1999) y Mainwaring y Pérez-Liñán (2003) registran especificidades regionales en América Latina. Ross (2001) sostiene que existen especificidades regionales en Medio Oriente. Coppedge (1997) estudió las especificidades regionales, concluyendo que no existen.
11 Los puntajes de Polity se computan restando el puntaje de autoritarismo (0-10) del puntaje de democracia (0-10). Esos puntajes reflejan la competitividad y apertura del reclutamiento del ejecutivo, la competitividad y regulación de la participación política, y los límites sobre el jefe de gobierno. El puntaje Polity corregido recodifica los valores perdidos en puntajes convencionales dentro del espectro (-10, 10). Las transiciones de régimen (codificadas como -88 en la base de datos original) se prorratean linealmente durante el curso de la transición, los casos de intervención extranjera (-66) son tratados como perdidos, y los casos de "interregno" o anarquía (-77) son convertidos en un puntaje "neutral" de 0 (Marshall y Jaggers, 2002: 15-16).
12 Mainwaring y Pérez-Liñán (2003) modelan esta función no lineal usando un polinomio cúbico y uno de cuarto grado. Los problemas de colinearidad impiden seguir esa estrategia en nuestro análisis.
13 La información sobre el pasado colonial británico y la fragmentación social fueron originalmente recopilados para el proyecto "The Effects of US Foreign Assistance on Democracy Building", con el apoyo de USAID (Finkel, Pérez-Liñan, y Seligson, 2005).
14 Ver Bartels (1996) para la discusión de la manera en que las ciencias sociales cuantitativas puede ser concientes de la heterogeneidad causal.
15 En la misma línea, Bates (1997: 166) sostiene que "los científicos sociales buscan identificar regularidades en forma de ley, las cuales (...) no deben estar ligadas al contexto". Otro claro ejemplo de un argumento universalizador que se contrapone a la importancia de las especificidades contextuales (o la heterogeneidad causal) es King, Keohane, y Verba (1994: 93): "la noción de homogeneidad de la unidad de análisis (o el supuesto menos demandante de efectos causales constantes) está en la base de toda investigación científica". En contra de esa afirmación, hay una gran cantidad de investigaciones cuantitativas que, usando términos interacción y exponenciales, demuestran que la investigación científica no depende de la homogeneidad de las unidades de análisis o de los efectos causales constantes. Para otro argumento según el cual las ciencias sociales deben apoyarse en argumentos universales, ver Ferejohn y Satz (1995).
16 En otras palabras, el lugar en que vive el votante tiene efectos indirectos (es decir, mediados por el impacto en los valores) y efectos directos sobre la votación. Para una argumento persuasivo según el cual los científicos sociales deberían prestar atención a los efectos indirectos y evitar combinar los efectos directos e indirectos en la misma ecuación (tal como hace, de manera implícita King), ver Shanks y Miller (1990), quines concluyen que las variables demográficas (tales como clase, sexo o domicilio) no tienen ningún impacto.
17 Ese es un ideal que no puede ser alcanzado fácilmente. Aun en caso de que, idealmente, pudiésemos identificar todas las fuentes de especificidades regionales, y tratarlas como variables nomotéticas, en la práctica los factores que hacen de América Latina una región diferente a las otras están muy marcados por el problema de dependencia histórica (path-dependence) para ser totalmente elucidados. Ver Hall (2003) para una discusión acerca de los desafíos del problema de path-dependence a los supuestos convencionales de causalidad.
18 Una razón obvia de las especificidades de América Latina es el impacto que tiene Estados Unidos en la región. América Latina tiene otras especificidades que podrían ayudar a dar cuenta de las dinámicas particulares apuntadas en este artículo, incluyendo mayores desigualdades que otras regiones del mundo.
19 Los hallazgos universales se mantienen en la mayoría de las muestras representativas de la misma población (esto es, del conjunto relevante de casos). Pero la definición de población en sí misma es una tarea analítica (Ragin, 2000: 43-63). Por ejemplo, "universal" puede significar todos los votantes estadounidenses en la segunda mitad del siglo XX.
20 Para un buen ejemplo de la manera en que los hallazgos presuntamente universales pueden estar históricamente condicionados, ver Boix y Stokes (2003).
21 El impacto de la inflación en los cambios de régimen debería ser no lineal, dado que en nuestra muestra de América Latina hay muchos casos de tasas de inflación de 3 y 4 dígitos (Gasiorowski, 1995, 1998). Por esa razón, usamos el logaritmo natural de la inflación. La fórmula empleada es: ln[1+i(t-1)] para cualquier caso de ie≥0 y -ln[1+|i(t-1)|] en caso de que i<0 (es decir, deflación), donde i es el porcentaje anual de cambio en el índice de precios al consumidor (Gasiorowski, 2000: 326).
22 La fórmula de número efectivo de partidos es 1/Σp2, donde sigma indica la suma de p2, la proporción de bancas obtenidas por cada partido al cuadrado (Laakso y Taagepera, 1979).
23 Un umbral de 3, 0 es un indicador más fuerte de multipartidismo que un número menor, pero un umbral de 2, 5 no altera los resultados.
24 Por motivos operacionales, asumimos que la polarización ideológica puede cambiar en cada elección, pero permanece constante entre las elecciones.
25 Hay algunas excepciones a esa generalización. Por ejemplo, la Iglesia en Argentina y Guatemala apoyó a los regímenes represivos y autoritarios en los años '70 y principios de los '80.
26 Si la Iglesia Católica fuese el único actor con un impacto a lo largo de América Latina, y si además tuviese un impacto similar en países que están fuera de América Latina, sería más apropiado pensar en un impacto de la Iglesia antes que de la región. En realidad, muchos actores importantes tienen un impacto entre las naciones de América Latina.
27 La búsqueda de una teoría universal puede a veces dificultar la comprensión en las ciencias sociales (Green y Shapiro, 1994). Downs (1957) presentó, implícitamente, en términos universales su teoría de motivaciones partidarias (ganar votos) y comportamiento partidario (adoptar una posición ideológica que aumenta la capacidad de ganar votos). Innovaciones posteriores mejoran su trabajo de muchas maneras, pero la mayoría de esos trabajos posteriores que modelaban espacialmente la competencia partidaria mantuvieron la idea de que el foco de todos los partidos es ganar votos o bancas, maximizar utilidades en el juego electoral. Sin embargo, en contextos de democracia inestable, donde los actores podrían preferir un gobierno autoritario, los partidos podrían sacrificar votos y bancas para maximizar su resultado preferido en un juego de régimen —preservar o destruir la democracia—. En esos contextos, es imposible comprender los objetivos y comportamiento de los partidos con un análisis que enfoca exclusivamente sobre la competencia electoral (Mainwaring, 2003). La teoría original universalista podría ser concebiblemente revisada de una manera más abarcadora, pero debería ser un teoría universalista que dependa más del contexto.
28 Los estudios de casos pueden hacer contribuciones valiosas a las ciencias sociales. Para argumentos sobre especificidades contextuales, y cómo combinarlas con generalizaciones, ver Adock y Collier (2001: 534–536) y Verba (1967). Fishman (2005) argumenta de manera persuasiva que el enfoque central de Max Weber en ciencias sociales es un balance entre los esfuerzos en construir teorías generales y un sutil conocimiento de las especificidades de los diferentes casos —un posición que apoyamos totalmente—.

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