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Revista SAAP

versión On-line ISSN 1853-1970

Revista SAAP vol.5 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./jun. 2011

 

ARTÍCULOS

Bicentenario: reflexiones sobre nacimiento, desarrollo y caída de un sistema político

 

Antonio A. Martino

Universidad de Pisa, Italia
Universidades del Salvador, Argentina
aamartino@gmail.com

 


Resumen

La celebración del Bicentenario es buena ocasión para reflexionar sobre el nacimiento, desarrollo y caída de un sistema político. Sobre esta última parte hay poca literatura y es esta una de las razones por las cuales los cambios fundamentales nos encuentran poco preparados. La teoría general de sistemas es metodología adecuada para prever los desenlaces posibles. Aquí se la utiliza en su forma clásica para analizar el sistema político argentino, siendo el propósito del trabajo llamar la atención sobre que hace más de cincuenta años mostramos algunos defectos de funcionamiento del sistema que no se han podido corregir hasta ahora. Se procederá a la construcción de un modelo que consiste en la descripción de la composición (C), el entorno (E), la estructura (S) y el mecanismo (M) del sistema. El mecanismo es la colección de procesos que se dan dentro de un sistema y que lo hacen cambiar en algún aspecto.

Palabras clave

Sistema político; Elementos; Entorno; Mecanismo; Caída

Abstract

The celebration of the Bicentenary is a good opportunity to reflect on the birth, development and collapse of a political system. Regarding the latter there is not considerable literature and I think that is one of the reasons for which the fundamental political changes in history, as the implosion soviet world, have taken us off guard. The General System Theory is a suitable methodology for to anticipate a possible ending. It is used here in its classic form to analyze the Argentine political system. The purpose of this paper is to draw attention to the system's functional problems that have not been resolved so far. A model that consists on the description of the composition (C), environment (E), structure (S) and mechanism (M) of the system will be constructed. The mechanism is the collection of processes that occur within a system and makes it change in any way.

Key words

Political system; Elements; Environment; Mechanism; Fall


 

"Y en una edad que produce luminarias como el gran Huygenius, el incomparable señor Newton, con otras de esa magnitud, ya es también bastante honroso trabajar como simple obrero en la tarea de desbrozar un poco el terreno y de limpiar el escombro que estorba la marcha del saber, el cual, ciertamente, se encontraría en un más alto estado en el mundo, si los desvelos de hombres inventivos e industriosos no hubiesen encontrado tanto tropiezo en el culto, pero frívolo, empleo de términos extraños, afectados o ininteligibles que han sido introducidos en las ciencias y convertidos en un arte, al grado de que la filosofía, que no es sino el conocimiento verdadero de las cosas, llegó a tenerse por indigna o no idónea entre la gente de buena crianza y fue desterrada de todo trato civil".
John Locke, "Epístola al lector", con la que abre el Ensayo sobre el entendimiento humano, 1690

Propósito de este trabajo es llamar la atención sobre el hecho que hace más de cincuenta años que mostramos algunos defectos de funcionamiento del sistema que no se han podido corregir hasta ahora y que llevan la marca del relajamiento de las relaciones interpersonales e institucionales, conforme al proceso indicado al final del apartado I: "para comprender los vínculos que mantienen un sistema unido es necesario comprender cuáles pueden ser las causas de su disolución [1] ".

I. Nacimiento

El hacer partir la historia del sistema político argentino desde la celebración de los 200 años del Cabildo Abierto del 25 de mayo es una buena ocasión para algunas reflexiones. Estas reflexiones serán encaradas desde una perspectiva que contenga un modelo cibernético en el cual la Argentina, en cuanto sistema político, tiene las propiedades de nacimiento, desarrollo y muerte, como todo sistema[2]. Urge reconocer que la Argentina no se agota en un sistema político, sería necio reducir Argentina a un sistema político, pero hay que reconocer que ese es su modelo[3].

El presupuesto que un sistema político pasa por los tres estadios mencionados (nacimiento, desarrollo y caída) no es un enfoque habitual en las ciencias sociales. Salvo los historiadores que se ocupan de la disolución de imperios, como el romano, o los antropólogos que tratan la desaparición de otros imperios, como el maya, los cultores de ciencias sociales trabajan con datos más o menos cercanos —o más o menos lejanos— pero difícilmente con la noción de descomposición de un sistema. Es cierto que Marx lo hace en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, pero se trata de un análisis puntual del periodo 1948-1951, que servía a Marx para exponer las tesis de las caídas de los gobiernos burgueses. Spengler (1918) trató en modo cíclico la historia y en La decadencia de occidente hace reflexionar sobre elementos de disolución o descomposición de sistemas históricos. Es una filosofía de la historia, como lo dice el propio autor en su introducción. Podría seguir la serie con otros prestigiosos ejemplos, lo que no produciría más que anotar algunas reflexiones de algunos autores. Lo concreto es que la disolución de los sistemas políticos no ha sido tomada en serio para estudiar las causas de "crisis" de un sistema cuando está aún en vigor. Esto es un grave error pues luego cuando estos hechos acaecen no hay ni teorías serias que los expliquen ni mucho menos previsiones que los anuncien: la disolución del sistema soviético luego de 70 años de intensa vida y protagonismo internacional puede ser un ejemplo (François, 2006)[4].
En otras disciplinas esto no sucede, sino que se estudia y se acepta la descomposición de los sistemas y de este modo resulta accesible la comprensión de ciertos fenómenos[5]. Los físicos, los químicos y los ingenieros han estudiado en profundidad los procesos de extinción, tales como la ionización, la fisión nuclear, la disociación química y la descomposición de sólidos. Los biólogos han comenzado recientemente a profundizar su comprensión de los mecanismos de envejecimiento y muerte, tales como la oxidación, el acortamiento de telómeros, el daño no reparado y la muerte celular programada (Bunge, 2004).
El estudio del debilitamiento de un sistema es sumamente útil para entender los fenómenos que se verifican en él y poder ofrecer explicaciones aceptables. Hay muchas maneras en las cuales un sistema se debilita. Una de las más conocidas es la presencia de un agente externo.

El caso del jabón merece nuestra atención a causa de su familiaridad, simpleza y generalidad. Es difícil penetrar la superficie del agua pura, a causa de la fortaleza de los enlaces de hidrógeno que mantienen unidas las moléculas hidrógeno y de agua: este es el origen de la tensión superficial que permite a ciertos insectos deslizarse sobre las superficies de agua. El efecto del jabón es el de debilitar los enlaces de hidrógeno y, de este modo, hacer "más íntimo" el contacto entre las partes del cuerpo y el agua. El mecanismo es el siguiente. El jabón contiene moléculas de ácido esteárico; estas son, esquemáticamente, bastoncillos con dos extremos: uno hidrofílico, es decir que es atraído por el agua, y el otro hidrofóbico, es decir que es rechazado por el agua. Cuando se halla en el agua, el extremo hidrofílico de la molécula se sumerge en el líquido, entre las moléculas de agua, debilitando o incluso rompiendo los enlaces de hidrógeno. En conclusión, resulta irónico que para comprender la descomposición de un sistema debamos comprender los vínculos que lo hicieron (Bunge, 2004: 53).

Dando vuelta la última frase citada, podemos decir que para comprender los vínculos que mantienen un sistema unido es necesario comprender cuáles pueden ser las causas de su disolución, en los sistemas políticos. Esto es lo que queremos tratar.

II. La noción de sistema político

Un sistema es un objeto complejo estructurado, cuyas partes están relacionadas entre sí por medio de vínculos (estructura) pertenecientes a un nivel determinado. Además, los sistemas se caracterizan por poseer propiedades globales (emergentes o sistémicas) que sus partes componentes no poseen. Una sociedad humana es un sistema compuesto por personas y diversos subsistemas sociales unidos entre sí por vínculos de varios tipos: biológicos, políticos, económicos, etcétera. Para estudiarlo requiere la construcción de un modelo que consiste en la descripción de la composición (C), el entorno (E), la estructura (S) y el mecanismo (M) del sistema. El mecanismo es la colección de procesos que se dan dentro de un sistema y que lo hacen cambiar en algún aspecto. Más precisamente, si bien el conocimiento de un sistema concreto radica en la descripción de los cuatro aspectos mencionados, la explicación científica del comportamiento del mismo la brinda la descripción de su(s) mecanismo(s), es decir de los procesos de los cuales resultan la emergencia, la estabilidad, el cambio y la desintegración de un sistema (Bunge, 2004).
Hay una propiedad en los sistemas que es la resiliencia, o sea la capacidad de los sistemas de volver a la estabilidad dinámica luego de una catástrofe[6].
Un sistema político es un conjunto de individuos que están unidos por lazos parentales, un sistema jurídico, normas sociales de convivencia, unidades productivas, costumbres, una o más lenguas comunes y en general valores compartidos con respecto a muchas cosas, comenzando por la noción de sucesión en el poder[7]. Un sistema político es la plasmación organizativa de un conjunto de interacciones dinámicas a través de las cuales se ejerce la política en un contexto limitado. Este sistema viene formado por agentes, instituciones, organizaciones, comportamientos, creencias, normas, actitudes, ideales, valores y sus respectivas interacciones, que mantienen o modifican el orden del que resulta una determinada distribución de utilidades, conllevando a distintos procesos de decisión de los actores, que modifican la utilización del poder por parte de lo político a fin de obtener el objetivo deseado.

III. Elementos del sistema político 

El sistema político debe tener, como dijimos antes: la descripción de la composición (C), el entorno (E), la estructura (S) y el mecanismo (M) del sistema. Además:

  • La adaptación, que se configura por la relación del sistema con el medio exterior, dentro del cual se encuentra y con el que, a su vez, interactúa.

  • La persecución de objetivos, que consiste en la movilización de las energías del sistema hacia las metas que se han propuesto.

  • La integración, que se define por las acciones que permiten mantener la coherencia del sistema.

Como todo sistema, el sistema político está constituido por elementos y subsistemas conectados pero con sus propias características. Sin querer entrar en discusiones sobre cuáles son todos estos elementos y subsistemas, nosotros analizaremos: el territorio, la historia, la constitución, el federalismo, el conjunto de normas (o sistema jurídico), el sistema de partidos, la sociedad, la economía, la identidad y la cultura[8].
Si siguiésemos al autor que ha inaugurado esta noción, David Easton (1990)[ 9], podríamos decir que los elementos del sistema político se pueden reducir a cuatro, que operan en distintos niveles dentro del sistema:

  • Elementos institucionales. Son los órganos e instrumentos que dirigen el sistema y cumplen la función de asignar valores a la sociedad.

  • Actores institucionalizados, en los que la sociedad se organiza para transmitir sus demandas o influir o modificar las decisiones de la autoridad.

  • Los valores de los individuos y grupos sociale: la cultura política.

  • Otros sistemas políticos de carácter nacional: el escenario internacional.

Un grupo político —dicho aquí en sentido amplio— responde a un esquema de organización en cuyo contexto se encuentran idearios, preferencias y programas que dirigen la acción de sus miembros. Lo que constituye el fundamento teórico y axiológico del grupo y proyecta su acción visible es la ideología. Ésta es la razón suficiente de toda acción del grupo y de sus miembros en interés del grupo. La actitud política tanto de un individuo como de un conjunto de individuos es una disposición mental que no es conclusa ni cerrada, y puede variar con el tiempo. Como es actitud mental, no es comportamiento visible, es una predisposición. Es el sustrato de objetivos, preferencias y especialmente de la capacidad de la acción política. Ideología, actitud y acción política son los conceptos con los cuales aspiramos a dar forma a una teoría lógico-normativa de grupo político.
Exploramos posibles formalizaciones de los conceptos de ideología, actitud, acción política, de modo de sentar las bases para sistemas sociales multiagente (MAS) que manejen estos conceptos (Linchetta et al., 2010).
Los especialistas hacen problemas por el territorio[10], pues puede haber estados (sistemas políticos) sin él, pero el territorio generalmente forma parte de éste y en muchos sentidos es determinante: por sus dimensiones, por dónde está colocado, por sus accidentes geográficos, etcétera. Paraguay y Bolivia, sin salida al mar, tienen problemas con su territorio. Chile, siendo una larga costa, también. Israel, rodeado de países islámicos, y éstos con Israel en Palestina desde 1948. Finlandia, por su proximidad a Suecia primero y a la Unión Soviética después, etcétera.
El territorio argentino es vasto y variado, tiene accidentes geográficos interesantes hasta para el turismo. Se extiende por casi 3 millones de km2 desde los 23º hasta casi los 55º de latitud sud y desde los 54º hasta los casi 72º de latitud oeste, en forma de triangulo invertido. Está en el fondo de América del Sur y es un país despoblado pues con sus 40 millones de habitantes concentrados en tres mega ciudades y el 76 por ciento de su población viviendo en zonas urbanas, es un país vacío de gente. La población argentina se asienta básicamente en las áreas urbanas: en el año 2001 la población urbana total era del 89,3 por ciento y para el año 2015, según proyecciones del Indec, se estima que la población llegará a 42,4 millones y la tasa de urbanización ascendería al 94 por ciento. Los dos problemas que puso Alberdi sobre la población no sólo no se han resuelto sino que se han agravado. Un país vacío con una capital desproporcionada[11].   Además está en Latinoamérica. Y no es irrelevante el hecho que luche por un territorio como el de Malvinas, apropiado por Inglaterra en 1831 y por una zona de la Antártida que se atribuyen otros países. Es más, en el plan territorial la superficie total atribuida es de 3. 751.274, que incluyen las Malvinas y la zona Antártida[12].
En Argentina el territorio es sumamente importante pues —a diferencia de los europeos— nosotros que no tenemos tradiciones nos apelamos al jus soli como elemento característico de la ciudadanía: esto es, nuestra ciudadanía tiene que ver con el haber nacido dentro del territorio argentino (lato sensu) independientemente de las tradiciones que tuvieron nuestros antepasados. Las tradiciones típicamente argentinas no tienen más de 200 años.
La historia es importante porque va contando cómo se ha ido desarrollando el sistema político y sin entrar en detalle para historiadores, no caben dudas que a partir de 1930 hemos tenido mucha injerencia militar en el gobierno y una última dictadura que ha dejado muchos muertos desaparecidos y heridas que aún no han sido curadas[13]. Es más, en Argentina hay una tradición nefasta de "historias oficiales", esto es historias contadas por una parte. Esto atenta a la identidad pues refleja conflictos permanentes no resueltos.
Se podría dividir, en forma muy esquemática la historia superficial argentina en: la Revolución de Mayo, 1810; las luchas por la independencia, 1810-1820; las autonomías provinciales, 1820-1853; la organización nacional, 1853-1880; la generación del 80, 1880-1916; las presidencias radicales, 1816-1930; la década infame, 1930-1943; las presidencias de Perón, 1943-1955; civiles y militares, 1955-1983; y la actual democracia, 1983 a la fecha. Esto dice muy poco sobre las luchas entre federales y unitarios, entre conservadores y radicales, entre peronistas y no peronistas, entre intervencionistas y liberistas[14], entre quienes creyeron siempre un país donde vivir e invertir y quienes (desde la élite, no importa el color) prepararon sus hijos para vivir fuera y fuera depositaron sus fondos. Se requeriría un espacio impensable para este artículo, pero la historia argentina contiene mucha sangre, mucho encono, poca creencia en el diálogo y mucha dictadura o por lo menos tendencias fuertes a concentrar todo el poder. La historia de las oposiciones es siempre dura y triste. Últimamente la corrupción y los atropellos institucionales han vuelto la lucha por el poder total una realidad a la que nos acostumbramos: desde la lucha por los más altos cargos del Estado hasta la del dominio de un sindicato, en un todo vale que implica cualquier recurso a la fuerza (bruta o sutil que sea).
Un sistema constitucional presidencialista más o menos adaptado del norteamericano con algunas reformas importantes[15]. El presidencialismo fuerte de Alberdi esperaba con eso terminar con los conflictos entre caudillos. En la práctica, el sistema que se dio en nuestro país fue distinto. Un Poder Ejecutivo Nacional muy poderoso, que trató siempre de llegar a tener la suma del poder político, un Congreso, que a diferencia del americano, se comportó más como un parlamento. En resumen, no se cumple con la filosofía de la Constitución modelo. Varias veces dejada de lado por gobiernos militares que llegaron a obtener la bendición de la Corte Suprema[16]. Una praxis constitucional que no escatimó intervenciones ni declaraciones de estado de sitio. Con la última reforma la introducción de instituciones de sistemas parlamentarios como el Jefe de Gabinete[17], el Consejo de la Magistratura y varios medios de democracia semidirecta, hasta ahora muy poco usados. La parte más relevante es la división de poderes, que se está mostrando débil en estos días y un federalismo declarado pero no cumplido.
La Argentina es un Estado federal constituido por una ciudad autónoma y 23 provincias. El federalismo fue siempre un elemento de discusión durante el nacimiento y formación del país. Parecía que con la Constitución de 1853 el federalismo era consolidado jurídica y políticamente. Artículo 104, hoy 121. Pero no fue así: por un lado la Constitución permite la intervención de una o más provincias y eso se realizó varias veces. Por otro lado, el federalismo exige también un federalismo fiscal o respeto por las autonomías económicas provinciales. Esto no se ha logrado y la posibilidad de constituir regiones con la reforma de 1994 es la más patente prueba de que se piensa que algunas provincias son inviables. La ley de participación fiscal[18] muestra cómo la Nación y particularmente el Poder Ejecutivo manejan la mayor parte de los fondos y el presupuesto nacional de forma discrecional de esos fondos (y sobre todo de esas ayudas). Si a ello se agrega que el Indec desde hace tiempo no refleja los datos reales de la economía (Noriega, 2010), el presupuesto es un dibujo en el aire y los decretos de necesidad y urgencia exclusivos del Ejecutivo (anomalía legal en un sistema con tres poderes) tornan el federalismo un juego de espejos engorroso desde el punto de vista administrativo e inicuo desde el punto de vista económico. Es difícil hablar de federalismo en un país donde los gobernadores, gorra en mano, esperan ser recibidos por algún alto funcionario en la Ciudad de Buenos Aires que les resuelva los problemas económicos de sus provincias[19].
Un cuerpo de normas heterogéneo, acumulado en el tiempo. Con normas básicas como los códigos, pero luego desconocidas por leyes especiales. El Poder Legislativo de la Nación es el encargado de dictar las leyes generales de la Nación (Códigos Civil, Comercial, Penal, legislación laboral y otros temas que son competencia del gobierno federal) que rigen en todo el territorio del país, mientras que la legislación de forma o procesal y temas propios de las provincias son de competencia de los gobiernos provinciales, lo que establece prácticamente 24 sistemas de procedimientos. Asimismo, el Poder Ejecutivo interviene en la formación y sanción de leyes al otorgarle la Constitución el poder de veto, tanto total como parcial, con el consiguiente reenvío a las cámaras legislativas para la reconsideración de las propuestas legislativas que no hayan sido promulgadas. El Poder Ejecutivo tiene facultades para dictar reglamentos o decretos de carácter delegado —en aquellas materias de administración o de emergencia pública que expresamente le delegue el Congreso (Artículo 76 de la CN) o por necesidad y urgencia— cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos para la sanción de las leyes, y no se trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos (Artículo 99, inciso 3 de la CN). Estos decretos son materialmente normas generales, aunque se las pueda considerar normas inferiores a las leyes[20]. El sistema es obsoleto con casi 9/10 de las mismas derogadas por falta de objeto, o por otras normas en forma explícita o implícita y la realización de una obra monumental al respecto el Digesto Jurídico Argentino, que el Ministerio de Justicia se ha comprometido en terminar y presentar a la Comisión bicameral prevista por la Ley 24.967 (Martino 2006).
El sistema de partidos fue generalmente bipartidista: unitarios y federales, suplantados en los partidos Nacional y Autonomista. Este último gobernó hasta 1916 pero con la presencia del Partido Radical y el Socialista. Desde 1945 peronistas y radicales se disputaron el poder hasta 1995, con desgraciadas interrupciones militares. A partir de 1995, el sistema fue girando por un lado hacia la creación de muchos partidos y al llegar la crisis de 2001 con una implosión de los partidos importantes [21] revirtiéndose hasta llegar a la cifra ridícula de 700, que son los partidos acreditados en las últimas elecciones[22]. El partido peronista tiene una compleja interna que prácticamente cubre todo el arco ideológico. Y los otros partidos se van organizando en base a circunstancias más que a programas[23]. Generalmente coagulados en torno a personas y muy poco a ideas. En 2009 se perfilaban tres grandes grupos: Frente para la Victoria-Partido Justicialista, Acuerdo Cívico y Social, y el peronismo disidente-Propuesta Republicana (PRO). La pregunta importante es si las fracciones (o facciones) pueden transformarse en partidos políticos y de allí, qué tipo de sistema de partidos se podrá consolidar. Con un hiperpresidencialismo que ha anulado al Poder Legislativo y en cierto modo también al Judicial, la perspectiva actual, no sé si no peor: el Ejecutivo ya es débil frente a las oposiciones y parece destinado a seguir siéndolo, vistas las previsiones para 2011.
La sociedad argentina fue sustancialmente el encuentro del criollo[24] y del inmigrante, una fuerte presencia española e italiana forzaron una forma familiar y vecinal colaborativa con reglas de comportamiento reconocidas y reconocibles. Fue una sociedad incluyente, donde —siguiendo las enseñanzas de Alberdi— se permitió una gran permeabilidad social y en pocos años la creación de hábitos de una clase media que llegó al poder con Yrigoyen, no tenía limites de entrada en clubes o asociaciones (salvo algunos muy exclusivos), permitió la creación de entidades formadas por extranjeros, como el Banco de Italia y Río de la Plata, o el Lawn Tennis Club. Tuvo que esperar hasta 1945 para la incorporación de la clase obrera a los beneficios de acceso de las otras clases sociales, pero tuvo el primer partido socialista de América y un diputado elegido en 1904, Alfredo Palacios, antes que en muchos países europeos. Tuvo el cimbronazo reformador de la universidad en 1918, donde los alumnos participaban del claustro de gobierno y de la elección de profesores. Fue una sociedad de enfrentamientos sobre todo políticos y donde no faltaron las represiones salvajes. Un predominio de intereses ingleses dibujó un sistema radial de trenes para el país que confluían en el puerto de Buenos Aires.
A partir de 1930 comenzaron a verse las radicaciones norteamericanas y la simpatía de una parte influyente de militares argentinos mantuvo el país alejado de la guerra. Era el granero del mundo y así se comportó. Las tensiones sociales se fueron enquistando y el extraordinario poder de los sindicatos creó nuevas distribuciones sociales. Del '55 al '83 predominaron los conflictos político-militares, pero la sociedad se fue transformando y los periodos de bonanza alternados con dependencias totales de la situación internacional fueron creando nuevas elites, con rápidos ascensos económicos y sociales así como bruscas caídas. Las políticas liberistas de Menem y Cavallo, más el acomodamiento a un mundo siempre más veloz y globalizado, trajeron nuevos ricos y sumieron a la clase media en el desamparo, yendo a pelear, en una pelea de pobres, los espacios de las clases más bajas[25].
Hoy predomina la competitividad, y su arma más letal, el laurel al vencedor, desalienta la cooperación. Una ley del "sálvese quien pueda" no sirve ni siquiera en casos de emergencia, imaginémonos lo que vale en tiempos de normalidad: la justificación de todo oportunismo, atropello, violencia, robo, corrupción[26]. Sin necesidad de argumentar mucho, estos son males sociales que crean recelo, desconfianza y temor. La inseguridad social es una manifestación de la lejanía que van tomando los elementos fundamentales del sistema político, las personas y las instituciones entre sí[27].
La economía produce un producto bruto y un juego de oferta y demanda interno e internacional que hemos aprendido está muy lejos de ser perfecto. Por lo tanto hay que intervenir sobre él. Cuánto se interviene es motivo de políticas económicas. Pero además está la división de esa riqueza en los miembros de la sociedad. Cuando aumenta la diferencia entre los más ricos y los más pobres se crea un estado de intranquilidad social que puede degenerar en conflictos y en guerras civiles más o menos encubiertas y rencor social.
Puede decirse que la economía argentina fue dirigista a partir de 1946 y luego de 1955 se debatió entre un liberalismo desenfrenado y una intervención controlada del Estado. Pero además los resultados económicos crean o no confianza externa: no se olvide que crédito viene de creer (credere) y la economía argentina es poco creíble por las faltas de pago públicos y por los incumplimientos privados[28].
Al final del primer siglo el país ofrecía una imagen de prosperidad y promisorio futuro. La Argentina se colocaba en similitud de situaciones con los países desarrollados y se proyectaba como un lugar de grandes oportunidades. Los masivos flujos inmigratorios ponen en evidencia que era un país donde abundaban las elevadas expectativas de mejoras en la calidad de vida y, gracias a ello, se configuraba una sociedad multicultural y multiétnica con enormes potencialidades. Había muchas razones que justificaban celebrar el primer centenario como una auténtica fiesta. ¿Hay motivos para asumir el Bicentenario con una evaluación más crítica y pesimista sobre el desempeño que tuvo la Argentina? El voluminoso y monumental trabajo de Angus Maddison (2006) que recoge estadísticas de largo plazo para la mayoría de los países permite plantear con objetividad tendencias y comparaciones en torno al desempeño económico de la Argentina en el último siglo: entre 1910 y el 2010, el producto bruto interno (PBI) per cápita en dólares de 1990 de la Argentina pasó desde 3.822 a 11.258. Si la Argentina hubiese experimentado en el mismo período el crecimiento observado en Chile su PBI per cápita sería hoy un 50 por ciento más alto. Si la Argentina hubiese tenido el desempeño de Australia su PBI per cápita en la actualidad sería un 68 por ciento más elevado. Los datos son muy indicativos del pobre desempeño argentino. Chile es un país con similitudes geográficas y culturales, que en 1910 tenía un PBI per cápita un 21 por ciento inferior al de la Argentina. En la actualidad, su PBI per cápita es un 20 por ciento superior. La diferencia estriba en que, entre 1910 y 2010, la producción argentina per cápita creció a una tasa promedio anual de 1,1 por ciento, mientras que la de Chile lo hizo al 1,5 por ciento. Fueron claves las últimas 3 décadas cuando Chile creció al 3 por ciento y la Argentina apenas al 1 por ciento anual.
La comparación con Australia también cabe en virtud de que en 1910 tenían similares dotaciones de factores productivos: mucha tierra fértil y trabajo inmigrante. Australia y Chile enfrentaron desafíos parecidos a los de la Argentina y supieron aprovechar mucho mejor las oportunidades. Las connotaciones sociales de estas diferencias no son triviales. Si el nivel de ingreso por habitante fuera hoy en Argentina entre un 50 y un 68 por ciento más alto, la pobreza sería significativamente más baja aun cuando no se modificara la desigual distribución del ingreso prevaleciente. Asumiendo que en la actualidad la pobreza se ubica por encima del 20 por ciento de la población total, si los ingresos de toda la población fueran entre un 50 y 68 por ciento más altos, la incidencia de la pobreza se reduciría a menos de la mitad. Es decir, con niveles de crecimientos como los experimentados por Chile o Australia en el último siglo una parte importante de los problemas sociales argentinos estarían resueltos.
Ante el fracaso en términos de crecimiento económico se apeló a mecanismos muy rudimentarios de redistribución de ingresos.
Con experimentos catastróficos como el del "1 a 1", se creó un tren económico que nadie podía (o quería) parar hasta que llegamos a la explosión (o implosión) del sistema: corralito y desastre para los ahorristas internos. Desconfianza y mala administración de la deuda externa. La situación actual, con una bonanza en los precios de las exportaciones básicas que siguen siendo las commodities[29] mejoran los datos macro de la economía pero no aclaran hacia dónde vamos, ni que estemos preparándonos para diferenciar producción. Todas las economías son dependientes pero la nuestra aparece como particularmente débil[30].
La identidad es uno de los temas más difíciles que aquejan hoy a las naciones. Argentina logró con la Ley 1.420 de Enseñanza Primaria Obligatoria a fines del siglo XIX formar un argentino en una generación. Educando —además— a los hijos se incorporaba, por añadidura, a la familia. El sistema es aún valido, pero se han relajado mucho los lazos de responsabilidad de los padres y hay lugares alejados o villas de emergencia donde los controles casi no existen y la integración de los nuevos inmigrantes (países limítrofes, chinos) es más difícil que en el pasado.
Podría hablarse de una identidad porteña y una provinciana, que son diferentes. La primera con su vista y comparación con Europa se va determinando como en el tango: la figura de uno depende de la figura del otro, con diferencias, claro, somos más pícaros que los ingleses, pero menos calculadores y aún menos pícaros que los napolitanos[31]. La identidad provinciana tiene más que ver con el territorio y esa pampa inmensa que se saltaron los porteños. El territorio se impone a la cultura, el hombre frente a la naturaleza siente que forma parte de sí mismo [32]. La inmensidad de la Pampa o los territorios áridos de la Patagonia, la imponencia del noroeste o los esteros del este argentino no pueden dejar indiferente a nadie[33].
Mediando se puede decir de nuestra identidad que es la de un porteño que tiene a sus espaldas un provinciano, o al revés. En la identidad argentina hay algo de metafísico o artificial, vemos poco lo que hay que ver e imaginamos demasiado lo que no está[34]. Exageramos algunas propiedades y luego nos encontramos —como decía Hegel— con los duros retos de la historia. En materia de propaganda política la metafísica es total: sabemos que Evita murió, pero declaramos que está presente. Hay algo de soledad en esta identidad, algo machista que se resiste a la globalización[35].
La cultura argentina fue forjada en Córdoba y en las provincias del noroeste antes de 1810, luego una serie de medidas inteligentes crearon universidades prestigiosas y una emisora que cubría todo el espacio de Latinoamérica (Radio Nacional). Escuelas secundarias de gran prestigio como la Escuela Normal de Paraná y en Buenos Aires el Colegio Nacional, la escuela Normal de Profesores, el Carlos Pellegrini y el Otto Krause. Una intensa vida teatral y artística en general y revistas de prestigio internacional como Sur. Radio Municipal se encargaba de transmitir directamente desde el Teatro Colón sus funciones. Con estas herramientas ejercitó una notable influencia en toda Latinoamérica, incluyendo Brasil. Hay una cultura argentina que se reconoce en el tango sensiblero, profundo, sencillo y popular. El tango es una manera de caminar la vida, y fíjense que los pasos más interesantes son los que se hacen casi caminando en el bailar pero con elegancia. Tuvo y tiene grandes expresiones en la literatura y no sólo del pasado, sino de los contemporáneos que han marcado un derrotero. Borges y Bioy Casares, Victoria Ocampo y Silvina Bullrich, Sábato y Cortázar y los actuales.
Es una cultura distinta, recién después de la muerte de Ernesto Guevara se puede decir que la cultura argentina se hizo cargo de su latinoamericanidad, que aún hoy le cuesta. Tuvimos dos esposas de presidentes del mundo del arte (una soprano y la otra actriz) y una eterna actriz de cine que sigue llenando los espacios televisivos. Pensadores importantes y hasta atrajimos pensadores. Uno de ellos, Ortega, nos dedicó Meditación del pueblo joven, que en nuestra eterna creación de lo irreal leímos como un elogio cuando era la más seria declaración de inmaduros[36] . Varios nobeles. A partir de La Noche de los Bastones Largos (1966), comenzó una sangría de inteligencia que se acrecentó enormemente en la última dictadura (1976-1983) y que es difícil decir que se ha parado. La cultura ha perdido prestigio para sobrevivir, para destacarse y no hay fondos para investigar. Siendo un país pluricultural, tenemos una cultura plural, pero reconocible y hemos obtenido —a través de un autor de tiras cómicas— el personaje más argentino y universal: Mafalda.

IV. El Entorno

El entorno inmediato del sistema político argentino es su contexto territorial: los países limítrofes diferentes por sí mismos y por la relación con el nuestro: Chile, una larga franja costera con la cual compartimos la cordillera de los Andes y la confluencia de ambos océanos en el extremo sur. Con relaciones difíciles hasta llegar cerca de una guerra en dos oportunidades. Por lo demás con características muy parecidas como para favorecer el intercambio. Bolivia y Paraguay, dos países sin salida al mar, pobres, despoblados y siempre con problemas políticos y obviamente económicos. Con una población pobre que ve en Argentina una tierra prometida y acuden legal o ilegalmente. Uruguay, un pequeño país "sugerido" por los ingleses en la guerra con el Brasil. Pequeño, con una población prácticamente idéntica a la Argentina, buenas relaciones con relámpagos de intolerancia por los gobiernos de turno. Hoy el banco sustituto y la inversión fuera de casa de una parte importante de la clase alta económica argentina. Brasil, prácticamente un continente con 8 millones de km2. Y casi doscientos millones de habitantes. Hasta mediados del siglo pasado fuertes competidores por la preeminencia subcontinental hoy sólidamente en manos de Brasil. La política exterior brasileña siempre ha sido coherente y lo que se denomina "Palacio de Itamaraty" no tiene correspondencia en el Palacio San Martin, por el peso que ambos tienen en la política nacional e internacional. Fuerte competencia comercial y al mismo tiempo complementariedad, si bien el gigante brasileño es ya una potencia internacional de significación y forma parte del grupo Rusia, India, China (BRIC). La existencia del Mercosur, que nace como un tratado comercial pero con vocación política no puede olvidarse, más allá de los vaivenes de su vida más de arriba para abajo que lo que aconsejaría un antecedente ilustre como la Unión Europea.
Inmediatamente después un conjunto de países latinoamericanos, comenzando por los de América del Sur, muy distintos entre sí y con relaciones diferenciadas con Argentina. Perú comparte con Paraguay y Bolivia el flujo migratorio, pero además una presencia argentina en toda la cultura peruana[37]. Actualmente la creación de Unasur, no bien determinada aún, también merece atención. Más lejos, pero no con menor presencia en el entorno argentino, los Estados Unidos. Bastante borrascosas las relaciones que comenzaron con un infeliz intento de invasión en Malvinas[38]. La política Monroe "América para los americanos" fue entendida más o menos literalmente por los diferentes gobiernos estadounidenses con matices de detalle y por la fuerte presencia económica y financiera de sus empresas. Hay una especie de fastidio popular por el "gringo"[39].
En un horizonte más lejano en kilómetros pero más cercano en sangre aparece Europa con sus inmigrantes españoles, italianos, ingleses, alemanes, franceses, etcétera, que han constituido la parte más importante de la población argentina y que siguen siendo punto de referencia argentina. No vale la recíproca, con alguna excepción para España. Y luego el resto del mundo ancho y ajeno con el cual hemos sabido relacionarnos comercialmente [40]culturalmente, deportivamente, científicamente, etcétera.

V. El mecanismo del sistema

El mecanismo (M) es la colección de procesos que se dan dentro de un sistema y que lo hacen cambiar en algún aspecto (el mecanismo de radiación electromagnética de un átomo es un proceso en el que un electrón cambia de estado de energía, el comercio es un mecanismo económico de los sistemas sociales humanos). Más precisamente, si bien el conocimiento de un sistema concreto radica en la descripción de los cuatro aspectos mencionados, la explicación científica del comportamiento del mismo la brinda la descripción de su(s) mecanismo(s), es decir de los procesos de los cuales resultan la emergencia, la estabilidad, el cambio, la resiliencia y la desintegración de un sistema. Justamente por eso es importante estudiar y analizar los mecanismos frente a las emergencias, los de estabilidad del sistema, qué sucede con los cambios, cómo se logran absorber, si el sistema es resiliente o no, esto es si luego de la catástrofe logra volver a su estabilidad dinámica —como por ejemplo Chile después de los terribles terremotos del año pasado—, y finalmente cuáles son los signos que muestran el camino de la desintegración, pues ellos nos darán —en forma negativa— cuáles son los criterios de salud o de recuperación del sistema.
Esta es la parte más importante de este trabajo y obviamente la más difícil de desarrollar por las innumerables variables que es necesario tener en cuenta[41]. Habíamos establecido que cualquier sistema debe tener, además de sus elementos, un mecanismo que consista sustancialmente en: la adaptación, la persecución de objetivos y la integración.
Desde el punto de vista de la adaptación habría que hacer un análisis minucioso de las tentativas de participación en un sistema regional supranacional como el Mercosur, la OEA, la ONU y actualmente el G20. Han existido periodos de expansión, de contracción y hasta de afirmación de una tercera posición. Actualmente, luego del periodo conflictivo a partir de la crisis financiera de 2001, comenzaron a avizorarse aperturas no sólo con partners tradicionales sino con nuevos como China y una constante presencia en el Mercosur. En definitiva se trata de saber cuál es la política exterior argentina y cómo los otros nos perciben[42]. No tenemos buena adaptación con nuestro entorno: antes nos parecía pequeño porque perseguíamos un horizonte europeo, hoy nos parece desparejo pues queremos aún discutir a Brasil un liderazgo regional insostenible, en vez de ser la gran Canadá de Sur. Debemos dinero a demasiados países y con muchos nos hemos peleado incomprensiblemente.
Hay muchos modelos de cómo se relaciona el sistema con su entorno[43]. El sistema en su relación con el entorno es un modificador de los elementos que entran y los devuelve modificados al entorno. Asimismo se retroalimenta de esos elementos modificados del entorno.

El sistema absorbe en distintos instantes o, en algunos casos simultáneamente ingresos variados obtenidos de diversas fuentes en su entorno. Los transforma por varios procesos internos y utiliza una parte para su propio mantenimiento. También devuelve a su entorno en forma modificada productos de su actividad transformadora (por ejemplo metabólica en los sistemas vivientes, caso cual los productos pueden ser también calor y desechos) (François y Moriello, 2008: 28-29).

El sistema modifica el entorno y esto es claro en los casos de políticas públicas que miran a obtener réditos sin medir las consecuencias como el caso del cultivo exclusivo de la soja que pauperiza el terreno o la extracción a cielo abierto de minerales por medio de cianuro. En los años '70 Maturana incorporó un término que es importante para describir los mecanismos del sistema y su entorno: autopoiesis[44]. Para Maturana, la autopoiesis es la propiedad básica de los seres vivos puesto que son sistemas determinados en su estructura, es decir, son sistemas tales que cuando algo externo incide sobre ellos, los efectos dependen de ellos mismos, de su estructura en ese instante, y no de lo externo. Los seres vivos son autónomos, en los que su autonomía se da en su autoreferencia y son sistemas cerrados en su dinámica de constitución como sistemas en continua producción de sí mismos.
Aunque un sistema autopoiético se mantiene en desequilibrio puede conservar una permanencia estructural absorbiendo la energía de su medio permanentemente. Al igual que la célula y los seres vivos, los sistemas autopoiéticos tienen la capacidad de conservar la unión de sus partes e interactuar entre ellas. Los sistemas autopoiéticos son autónomos, lo que los hace cerrados, autorregulándose continuamente. Otros ejemplos de autopoiesis son la conciencia, un organismo, etcétera. Éstos se constituyen de una red de procesos que logran transformar componentes pero en los que el mismo sistema maneja su identidad con relación al entorno. La autopoiesis designa la manera en que los sistemas mantienen su identidad gracias a procesos internos en que auto reproducen sus propios componentes.
La propiedad central del sistema autopoiético es posibilitar las mismas unidades elementales de que consta (basalmente) mediante el establecimiento de lazos operativos entre esas mismas unidades (por la propiedad de autoreferencia). El sistema autopoiético consta de un complejo de operaciones realizadas en clausura operativa y autoreferenciales (unas operaciones tienen que referirse a otras del propio sistema) que son percibidas cognitivamente. La clausura operacional del sistema consiste pues en que esas operaciones son reguladas exclusivamente por el código específico del sistema (en el sistema económico ese código binario es el definido por la diferencia pago/no pago). Pero en esa clausura operacional, el sistema sigue abierto estructuralmente al entorno en cuanto que sus mecanismos o sensores permiten traducir impulsos externos a eventos internos (la irritación producida en los receptores biológicos informa a la célula sobre eventuales cambios).
Imaginemos la irritacion por la desigualdad social y por las diferencias de entradas económicas. Un sistema autopoiético no podría operar (en esas operaciones internas) si sus elementos fluctuaran caóticamente, debe compensar la permanente destrucción de sus elementos asegurando una relativa permanencia de determinadas cadenas de eventos. Para ello tiene que relacionar sus elementos y crear estructuras relativamente estables que se autoorganicen y autoregeneren. La Estructura de un sistema no debe pues concebirse como si se tratara de la arquitectura o del ordenamiento de elementos estáticos, no consta de substancias sino designa una propiedad de permanencia (relativa) de cadenas de los eventos —los de las operaciones internas del sistema—. Y esa durabilidad es la que posibilita establecer nuevas conexiones a esas operaciones. Esto es lo que sucede en el proceso de autoorganización que, a su vez, crea valores propios (eigen-values; atractores) en forma de memoria del sistema, de redundancia o de auto referencia (Luhmann, 1998). Aquí pueden ubicarse todos los mecanismos complejos que hacen que un sistema sea lo que es y que trate de mantenerse como tal. Uno de esos mecanismos es la conciencia colectiva (entendida a la manera de Jung) que permite reconocerse en el sujeto colectivo y al mismo tiempo da cuenta de esa "voluntad" de la cual suelen hablar los estudios militares sobre lo que te atañe y lo que sientes que te atañe[45].
Las relaciones que tienen los elementos entre sí y las posibilidades de comunicación también caracterizan un sistema. Hay modelos de sistemas con buena comunicación que rápidamente encajan, ensamblan y fortalecen el sistema. Cuando los subsistemas son conflictivos, con mala comunicación y —a veces con rechazo— se producen disfunciones que pueden llegar a afectar seriamente al sistema.
En la medida que una sociedad acompañe a la economía y viceversa, en la proporción con la cual los partidos políticos consiguen representar a la sociedad y ésta sentirse representada se delinean modelos de sistemas políticos más cooperativos o más conflictivos. Revísese la historia argentina y se verán estos cambios en cuanto a periodos de participación o por el contrario de contraposición. Siempre va a haber cooperación y conflicto, pero se requiere mucho de la primera para que funcione cualquier sociedad por más simple que sea. En nuestra relación con el exterior lo primero que busca un inversor es reglas claras y Estado de derecho, mantenimiento de un estándar político de objetivos y confianza. Todo esto se puede medir actualmente y los países tienen puntajes hasta de riesgo país. Cuando hay cambios bruscos en los objetivos o aparecen determinados obstáculos no previstos es necesario que el sistema esté preparado para enfrentar catástrofes[46]. Siempre puede haber una catástrofe, lo que diferencia un sistema político de otro es cómo reacciona (o dicho mejor, cómo previene, sigue y reconstruye). El año pasado Haití tuvo un cismo de 6,2 de de la escala Richter, Chile varios que llegaron al punto 8,9 de la misma escala, esto es un tercio más fuerte. Haití está destruido, Chile se está recuperando ordenadamente.
La persecución de objetivos parece el punto más controvertido de toda la historia de los últimos años, con cambios tan notables en los objetivos que parecería contrastan con la más elemental norma de coherencia. Hemos perdido el hábito de discutir sobre programas y nos acostumbramos a funcionarios que forman parte de un gobierno, como de otro, cuando parecería que los objetivos son incompatibles.
La integración está fuertemente amenazada con un país que no logra definir objetivos claros en materia de política interna e internacional, donde se han relajado las nociones de identidad, donde el federalismo es una materia pendiente, donde es difícil pedir coherencia a quienes se pasan de un partido a otro con la misma frescura que se cambia de perfume, donde los índices de aceptación de la población de las autoridades en cualquiera de los poderes es baja, donde ha crecido la inseguridad, donde la desconfianza gana a la colaboración, donde seguimos con los mismos problemas de (des)población que hace un siglo y medio, donde se ha agrandado la brecha entre los que más tienen y los que están debajo de la línea de pobreza, donde hemos desmantelado una clase media, puntal de nuestro desarrollo. Un país que ha aceptado y adoptado la corrupción, con lo que eso lima la estructura social.
La generación del '80 tuvo su programa de país y lo llevó a cabo. Imponiendo diferencias y limitando el acceso al poder político. Pero lo obtuvo. El radicalismo de Yrigoyen permitió a la clase media poder acceder prácticamente a todos los lugares y puestos, permitió una conducta social participativa. El justicialismo de Perón incorporó a las clases más excluidas a la vida social y política del país. Creó enconos y resentimientos pero tuvo un plan y lo llevó adelante. Desde 1955 a la fecha, con la sola excepción del proyecto de Frondizi (que prescindía en parte del contexto político militar) es difícil encontrar un proyecto que sea sólido en sus propuestas, coherente en la acción y prolongado en el tiempo. Se oye hablar de "modelo" pero nadie podría definirlo claramente ni en sus objetivos internos ni en su política exterior, más allá de algunas generalidades que cualquier grupo político puede reivindicar. Y de hecho, se discute muy poco sobre modelos políticos y mucho más de quiénes están capacitados para realizarlos y ambos son importantes. Es más, sobre los programas se puede saber cuándo y por qué se discrepa o hay aciertos o desaciertos, siguiendo a las personas se cae en la descripción de Freud de Psicología de las masas y análisis del yo [47].
No quiero decir con esto ni que estemos en descomposición, ni que nos acerquemos a nuestro final. Un sistema político sano se adapta al mundo que le toca vivir, tiene objetivos compartidos que persigue porque hay una política de Estado que puede ir variando, pero es reconocible. Sobre todo compartidos entre generaciones pues los más jóvenes podrán terminar lo que los contemporáneos han perseguido, lo que sus padres han comenzado, y sobre todo tener una integración que permita que los individuos se reconozcan como compatriotas, cooperen más que compitan y formen sociedades y empresas que tengan en vista sus propios intereses, pero sin estar directamente enfrentados con los intereses generales, sino en casos extremos. Eso hace que las partes del sistema tiendan a juntarse y a estar más cerca. Una seria reflexión de cómo estamos en cada uno de los puntos tratados nos acercara a ver qué festejamos en el Bicentenario. Esto sea entendido para bien de todos y para mal de ninguno.

Notas

[1] Según Charles François (1997), los conceptos cibernéticos nos permiten hacer un nuevo comienzo en entender sistemas humanos.

[2] Según Bertalanffy (1976), el sistema es un conjunto de unidades recíprocamente relacionadas, se deducen dos conceptos: el propósito (u objetivo) y el de globalismo (o totalidad). Esos dos conceptos reflejan dos características básicas en un sistema. Las demás características dadas a continuación derivan de estos dos: a) propósito u objetivo: todo sistema tiene uno o algunos propósitos u objetivos; las unidades o elementos (u objetos), como también las relaciones, definen una distribución que trata siempre de alcanzar un objetivo. b) Globalismo o totalidad: todo sistema tiene una naturaleza orgánica, por la cual una acción que produzca cambio en una de las unidades del sistema, con mucha probabilidad producirá cambios en todas las otras unidades de éste. En otros términos, cualquier estimulación en cualquier unidad del sistema afectará todas las demás unidades debido a la relación existente entre ellas. El efecto total de esos cambios o alteraciones se presentará como un ajuste del todo al sistema. El sistema siempre reaccionará globalmente a cualquier estímulo producido en cualquier parte o unidad. Existe una relación de causa y efecto entre las diferentes partes del sistema. Así, el sistema sufre cambios y el ajuste sistemático es continuo. De los cambios y de los ajustes continuos del sistema se derivan dos fenómenos el de la entropía y el de la homeostasia. c) Entropía: es la tendencia que los sistemas tienen al desgaste, a la desintegración, al relajamiento de los estándares y al aumento de la aleatoriedad. A medida que la entropía aumenta los sistemas se descomponen en estados más simples. La segunda ley de la termodinámica explica que la entropía en los sistemas aumenta con el correr del tiempo. A medida que aumenta la información, disminuye la entropía, pues la información es la base de la configuración y del orden. Si por falta de comunicación o por ignorancia, los estándares de autoridad, las funciones, la jerarquía, etcétera, de una organización formal pasan a ser gradualmente abandonados, la entropía aumenta y la organización se va reduciendo a formas gradualmente más simples y rudimentarias de individuos y de grupos. De ahí el concepto de negentropía o sea, la información como medio o instrumento de ordenación del sistema. d) Homeostasis: es el equilibrio dinámico entre las partes del sistema. Los sistemas tienen una tendencia a adaptarse con el fin de alcanzar un equilibrio interno frente a los cambios externos del medio ambiente.

[3] Una organización es un sistema sociotécnico incluido en otro más amplio que es la sociedad con la que interactúa influyéndose mutuamente. También puede ser definida como un sistema social integrado por individuos y grupos de trabajo que responden a una determinada estructura y dentro de un contexto al que controlan parcialmente, y desarrollan actividades aplicando recursos en pos de ciertos valores comunes. Ver François (1992, 2004).

[4] ¿Cuál es la organización interna del sistema? ¿Cuáles son sus estructuras y subestructuras? ¿Cuáles son sus funciones principales y subordinadas? ¿A qué función corresponde cada estructura?
Estas preguntas constituyen un desarrollo del clásico problema cibernético de la "caja negra". Se trata de observar las reacciones del sistema a los estímulos que recibe del exterior, pero cuidándose bien de la introducción de razonamientos abusivamente simplificadores. Por ejemplo, el sistema puede llegar a reaccionar en forma distinta ante dos estímulos sucesivos iguales, por diferencias en algunos de sus estados internos. En consecuencia, hay que desconfiar de las generalizaciones y conclusiones apresuradas.

[5] "Puede denominarse extinción la pérdida de propiedades de niveles superiores. Habida cuenta de que las propiedades no tienen existencia independiente, sino que son poseídas por las cosas, la extinción de propiedades es una característica de la descomposición (total o parcial) de sistemas de cualquier clase. Por ejemplo, tiene lugar cuando una molécula se disocia en sus precursores atómicos y cuando los miembros de una familia o de un partido político se dispersan" (Bunge, 2004: 52).

[6] Diccionario de la Real Academia Española: capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

[7] Esto último puede obtenerse de la noción de "legitimidad" de Guglielmo Ferrero, el politólogo más famoso que se ocupó de este tema.

[8] En este primer acercamiento, permítasenos cierta libertad en no ser exhaustivos y ni siquiera del todo excluyentes en la clasificación de los elementos. Dado que ésta no es la parte central de la tesis nueva, esperamos que las críticas y observaciones de los colegas nos permitan rendirlo más aceptablemente en el futuro. Además la importancia de cada elemento requeriría un artículo por cada uno de ellos.

[9] Los sistemas políticos están constituidos por aquellas interacciones por medio de las cuales se asignan autoritativamente (en el sentido de que provienen de una autoridad) valores a una sociedad. Contienen, según Easton, la adaptación, que se configura por la relación del sistema con el medio exterior dentro del cual se encuentra y con el que a su vez interactúa; la persecución de objetivos, que consiste en la movilización de las energías del sistema hacia las metas que se han propuesto; la integración, que se define por las acciones que permiten mantener la coherencia del sistema; y lo que denomina "latencia", que es la capacidad de motivación del sistema para alcanzar los objetivos señalados.

[10] Es la delimitación geográfica en la cual se encuentra asentada la población. Elemento físico del Estado. Existen agrupaciones humanas en las que el territorio no es de importancia primordial, por ejemplo: la Iglesia, o las organizaciones internacionales. El territorio es el elemento de primer orden colocado al lado del elemento humano tratándose del Estado. Los hombres llamados a componer el Estado deben estar permanentemente establecidos en su suelo, el cual se llama patria (patria: tierra de los padres). No puede hacerse una igualdad o semejanza del Estado con la Iglesia en el aspecto territorial, porque la misión y fines de la Iglesia, puramente espirituales, son diferentes de la misión y fines del Estado, en los que se involucran fundamentalmente intereses materiales. El territorio tiene dos funciones: 1) negativa: es una función negativa en virtud de que circunscribe las fronteras, los límites de la actividad estatal y también a la actividad de los estados extranjeros dentro del territorio nacional, 2) positiva: consiste en constituir el asiento físico de su población, la fuente fundamental de los recursos naturales que la misma necesita y el espacio geográfico donde tiene vigor el orden jurídico.

[11] Un detalle para anotar: el territorio se está desertificando.

[12] Argentina tiene un plan territorial administrado por la Subsecretaría de Planificación Territorial de la Inversión Pública (véase http://www.planifterritorial.gov.ar/paginas/programas/pet.php).

[13] Yo diría ni siquiera tratadas, pero evito la polémica sobre el tema.

[14] Que fue la gran invención de Croce para distinguir el liberalismo político del económico.

[15] La de 1953 fue derogada dos años después. Es decir, no cuenta.

[16] El caso más paradigmático fue la "destitución" de Frondizi y la sentencia de la Corte del momento diciendo que estando el presidente impedido de ejercer sus funciones (lo tenían preso en la isla Martín García) correspondía que el Vicepresidente Guido asumiera. Y hasta hubo que alegrase pues ya estaba por jurar como presidente el jefe del Estado Mayor.

[17] No usado hasta ahora en su sentido atenuador del presidencialismo por ninguno de los presidentes posteriores a 1994. Ver Martino y García Lema (1998).

[18] Ley Nº 23.548 Régimen Transitorio de Distribución. Artículo 3º. El monto total recaudado por los gravámenes a que se refiere la presente ley se distribuirá de la siguiente forma: a) El cuarenta y dos con treinta y cuatro centésimos por ciento (42,34 %) en forma automática a la Nación; b) El cincuenta y cuatro con sesenta y seis por ciento (54,66 %) en forma automática al conjunto de provincias adheridas; c) El dos por ciento (2 %) en forma automática para el recupero del nivel relativo de las siguientes provincias: Buenos Aires 1,5701%, Chubut 0,1433%, Neuquén 0,1433%, Santa Cruz 0,1433%; d) El uno por ciento (1%) para el Fondo de Aportes del Tesoro Nacional a las provincias. Artículo 4º. La distribución del Monto que resulte por aplicación del Artículo 3º, inciso b) se efectuará entre las provincias adheridas de acuerdo con los siguientes porcentajes: Buenos Aires 19,93%, Catamarca 2,86%, Córdoba 9,22%, Corrientes 3,86%, Chaco5,18%, Chubut 1,38%, Entre Ríos 5,07%, Formosa 3,78%, Jujuy 2,95%, La Pampa 1,95%, La Rioja 2,15%, Mendoza 4,33%, Misiones 3,43%, Neuquén 1,54%, Rio Negro 2,62%, Salta 3,98%, San Juan 3,51%, San Luis 2,37%, Santa Cruz 1,38%, Santa Fe 9,28%, Santiago del Estero 4,29%, Tucumán 4,94%.

[19] La Corte Suprema convocó para el 28/04/2010 a una audiencia pública al Estado Nacional y a la provincia de Catamarca, por el reclamo de esta provincia por fondos adeudados. Se trata de la segunda audiencia del año para discutir el régimen de coparticipación federal de impuestos luego del reclamo de Santa Fe por la retención de 15 por ciento de la masa coparticipable sin su consentimiento.

[20] La corruptela de los decretos de necesidad y urgencia llaman al escándalo. La reforma del '94 parecía haber fijado los límites para su redacción, pero en verdad les dio una homologación constitucional sólo limitada por la remisión a una comisión bicameral. Hasta ahora tal comisión no existe y se habla ya de alrededor de nueve mil decretos de necesidad y urgencia dictados desde 1994, o sea diez veces más que las leyes que fueron promulgadas.

[21] "Que se vayan todos" era un slogan desesperado contra todos los partidos políticos. Obviamente inviable.

[22] Es cierto que en verdad sólo unos 20 sobreviven en el ámbito nacional, pero aun así es un número desproporcionado y poco eficaz desde el punto de vista político.

[23] El radicalismo sufrió un declive electoral nacional pronunciado y varias fracturas, pero mantiene presencia provincial y local y una considerable representación parlamentaria; Afirmación para una República Igualitaria (ARI), dirigido por Elisa Carrió, ha sido en gran parte un desprendimiento de la UCR. En 2006 Carrió renunció al ARI para crear una entidad política no regida por las normas de los partidos políticos, llamada Coalición Cívica, que resultó segunda fuerza en las elecciones presidenciales de 2007. Recrear para el Crecimiento (Recrear), dirigido por Ricardo López Murphy, en gran parte también un desprendimiento de la UCR. En 2005 creó junto a Compromiso para el Cambio de Macri la alianza Propuesta Republicana (PRO). El kirchnerismo y el Frente para la Victoria, con autonomía pero sin romper con el Partido Justicialista, con importantes aliados en el radicalismo y otros partidos ganó las elecciones presidenciales de 2003 y 2007, el partido se coloca a centroizquierda del espectro político pero maneja la política con criterios muy pragmáticos y verticales. El macrismo con Compromiso para el Cambio, como fuerza política nueva de centro-derecha aunque con participación de radicales y peronistas, parece tender a formar un amplio frente nacional mediante el frente Propuesta Republicana (PRO). En 2007 ganó la Ciudad de Buenos Aires, uno de los distritos más importantes del país, y en 2009 en las elecciones intermedias ganó en la Provincia de Buenos Aires, el principal distrito. El Partido Justicialista, sin fracturarse formalmente, tiene diversas corrientes internas sumamente enfrentadas. Los sectores que no reconocen la conducción Kirchner se denominan genéricamente, como "peronismo disidente". El Partido Socialista se unificó y en 2007 ganó en el cuarto distrito electoral (Santa Fe). []Electoralmente tiende a establecer alianzas con la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica. Varios grupos y partidos de izquierda de origen trotskista (Partido Obrero, PO; Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados; Partido de los Trabajadores Socialistas, PTS, etcétera) y maoista (Partido Comunista Revolucionario, PCR) lograron cierta inserción entre los trabajadores desocupados e informales, aunque con escaso reflejo en los resultados electorales.

[24] Sobre las poblaciones precolombinas hay mucha polémica, pero en general su cantidad fue bastante relativa. Los datos más aceptables dicen que la población diaguita del Noroeste era de 55.000 almas; que en la pampa había de 30.000 a 40.000 indígenas y otros tantos en la Patagonia; cantidades similares se manejan para los tonocotés de Esteco, ciudad fundada por los españoles en el Chaco y luego abandonada. A. Rex González, por su parte, admite 30.000 indígenas en las sierras centrales de Córdoba y San Luis que desaparecieron rápidamente absorbidos por los europeos o diezmados por las epidemias. Y la población de huarpes se estima en unos 4.500, en los llamados valles centrales, Caria, Guanacache, Güentota y Uco, entre Mendoza y San Juan.

[25] Los jubilados, una clase sin red de contención, fue arrasada y a pesar de las lágrimas del Ministro de Economía hablando de su padre, no podemos olvidar los viejos abandonados que se ahorcaron en árboles bajos.

[26] En comparación con el informe de 2009, la Argentina continúa posicionado en el ranking como país de alto riesgo, a pesar de la nueva fuerza policial metropolitana, informó la consultora FTI en su mapa de seguridad regional.

[27] Importantes al respecto los índices de impopularidad de las instituciones, comenzando por el Congreso Nacional y siguiendo por el sistema judicial, los poderes locales (intendencias).

[28] Luego de que el Comité Monetario y Financiero Internacional del FMI pidiera que todos los países cumplan con sus obligaciones, el viceministro de Economía Roberto Felletti aseguró que el gobierno "fue claro" en "no aceptar la revisión de sus cuentas ni que se ponga en duda la robustez de nuestras estadísticas".

[29] La Argentina ocupa los primeros lugares en la producción y exportación mundial de: aceite de girasol, aceite de soja, equinos, jojoba, limones, miel, maíz, porotos de soja, carne vacuna, vino, hidroboracita, pesca, que no explota bien, industria, que ha quedado relegada, minería, en manos de empresas extranjeras, energía, transportes y comunicaciones.

[30] El 1 de enero de 1995 comenzó a funcionar el Mercosur, una zona de libre comercio entre la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Existe la posibilidad de que Chile se incorpore próximamente. Esta unión cobra vitalidad y se erige en importancia apenas detrás de la Unión Europea. Salvo los productos de las industrias azucarera y automotriz, el resto circula sin pago de impuestos aduaneros. Han adoptado un arancel externo en común a las importaciones del resto del mundo. En esta región conviven 200 millones de personas y la producción interna es de 800.000 millones de dólares.

[31] No es casualidad que el gol más conocido de la historia del fútbol mundial sea el de Maradona "mano de Dios".

[32] La publicación de Radiografía de la Pampa de Eduardo Mallea en 1933, debería ser de enseñanza obligatoria en las escuelas.

[33] En una entrevista a Pier Paolo Pasolini, al pedírsele un adjetivo para esta naturaleza, con énfasis dijo "fuerte". El autor ha sido testigo de la sorpresa y sobrecogimiento de extranjeros recorriendo los 500 kilómetros que hay entre Buenos Aires y Coronel Suárez, y no pudo eximirse de la profunda inmensidad que provoca cabalgar hacia el ocaso en la Pampa.

[34] En palabras de Ezequiel Martínez Estrada (1942: 67): "No en todos los lugares que el hombre habita se produce historia, aunque sucede algo semejante a lo que la historia propiamente dicha ha conservado en sus páginas y monumentos. La inhistoricidad del paisaje, la enorme superioridad de la naturaleza sobre el habitante y las fuerzas del ambiente sobre la voluntad, hacen florar el hecho con la particularidad del gesto sin responsabilidad, sin genealogía y sin prole. Técnicamente, en estas regiones no hubo nadie ni pasó nada. La soledad que se abre en el alma como una congoja inmotivada y quita el interior humano al espectáculo de la belleza panorámica es la falta de historia. Sobre este suelo sin pasado humano somos los primeros pobladores del mundo".

[35] Borges decía: "El tigre no sabe que es tigre, simplemente actúa". Vale para el ser argentino.

[36] Por eso nos incitaba a ir a "las cosas" y seguimos persiguiendo palabras.

[37] Incluyendo el hecho que durante gran parte del siglo pasado una de las opciones para los militares más sobresalientes en las tres fuerzas era concluir la academia militar en Argentina.

[38] Exactamente en 1829, algunas fragatas norteamericanas que intentaron tomar las islas siendo rechazadas. A partir de entonces se interrumpieron las relaciones diplomáticas, restableciéndose después de 1831, cuando los ingleses con la Fragata Clio, sí tomaron posesión de las islas.

[39] Seguramente acuñada por los mexicanos que querían sacarse a los norteamericanos guerreros vestidos de verde y les gritaban "green, go!".

[40] Siempre con la viveza criolla, lo que no nos hace muy populares.

[41] Es muy probable que si este trabajo tiene éxito no sea por las descripciones de las partes del mismo que dan lugar a muchas dudas y muchas lagunas, sino por la metodología. Si la metodología es aceptada seguramente un trabajo como este excede las posibilidades de un investigador individual y exija varios investigadores y de diferentes disciplinas que vean con ojo crítico la parte específica que les corresponde.

[42] Reconozco no conocer suficientemente las relaciones exteriores argentinas, pero encuentro trabajoso ver dónde vamos, qué queremos y cómo pensamos hacerlo. Desde un punto de vista ingenuo diría que estamos peleados con demasiados países y no se entiende por qué no terminamos de nombrar un embajador en Italia desde hace más de dos años, y otro en Inglaterra desde más de tres años y ahora se renunció a nombrarlo. Ni en México tenemos embajador.

[43] Uno de ellos es El "holon" (del griego holos: entero, total) es un modelo general del sistema propuesto en 1969 por Arthur Koestler (1905-1983). Por eso dijimos al principio que una de las propiedades del sistema es que es distinto de la suma de sus partes.

[44] Según Maturana y Varela son autopoiéticos los sistemas que presentan una red de procesos u operaciones (que lo define como tal y lo hace distinguible de los demás sistemas), y que pueden crear o destruir elementos del mismo sistema como respuesta a las perturbaciones del medio. El concepto proviene originalmente de Maturana, biólogo, que trató de aplicarlo a los organismos vivos, con Varela se extiende y se lo aplica a toda clase de sistemas de vida autorreferentes, dotados de autonomía para la supervivencia y la reproducción, que actúan de forma distinta según las circunstancias ambientales. De aquí que se lo haya extendido también al campo de los sistemas sociales, la educación y la comunicación, no siempre con criterios aceptables.

[45] Una idea curiosa pero significativa para los intelectuales porteños cuando recorremos el interior del país, nos golpea y nos duele alguna carencia o exclusión endémica, la sentimos como nuestra... hasta algunos días de vuelto a la metrópolis.

[46] La "teoría de las catástrofes" de René Thom es una modelización matemática y topológica de las discontinuidades bruscas, o sea de las mutaciones "por saltos" en los comportamientos mismos de los procesos. Thom describió varios tipos de "catástrofes". Pero la idea fundamental y realmente importante es la mejor toma de conciencia de la naturaleza de los cambios bruscos, en muchos casos imprevistos (aunque no necesariamente imprevisibles), que interrumpen de manera inesperada evoluciones que parecían previsibles.

[47] "Hemos intentado explicar este milagro, suponiendo que el individuo renuncia a su ideal del Yo, trocándolo por el ideal de la masa, encarnado en el caudillo" (Freud, 1921: 125). Pero el caudillo debe ser excepcional. Pocos recuerdan que en su última aparición pública masiva, cuando echó de la plaza a los imberbes, muchos cantaban "aunque sea un ladrón lo queremos a Perón".

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