SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.5 número1Entre el ser y la vida: el concepto de natalidad en Hannah Arendt y la posibilidad de una ontología políticaLa función de los medios masivos de comunicación en la legitimación de las reformas de mercado: Consideraciones a partir del caso argentino durante el primer gobierno de Carlos Menem (1989-1995) índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Bookmark


Revista SAAP

versión On-line ISSN 1853-1970

Revista SAAP vol.5 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./jun. 2011

 

ARTÍCULOS

El proceso de atribución de responsabilidades en América Latina:
un estudio sobre el voto económico entre 1996 y 2004 *

 

María Celeste Ratto
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
Universidad Nacional de San Martín, Argentina
celesteratto@conicet.gov.ar

Fecha de recepción: (día/mes/año)
Fecha de aceptación: (día/mes/año)


Resumen

Si bien el concepto de natalidad de Hannah Arendt no fue debidamente tratado por los comentaristas tempranos de la autora, desde los años noventa hasta la actualidad se ha estado formando un consenso acerca de la centralidad de la categoría, hasta el punto de, en algunos casos, referirse a la obra arendtiana como una "filosofía de la natalidad". En el presente texto, a través de la reconstrucción de la génesis y el desarrollo del concepto, rastrearemos las conexiones entre su disertación de doctorado "El concepto de amor en san Agustín" y su obra posterior, y argumentaremos que la postulación de la natalidad como "la categoría central del pensamiento político, distinguido del metafísico", establece el cimiento filosófico de la apuesta arendtiana por una ontología afín a lo político que entendería a los hombres en plural y celebraría la espontaneidad y la contingencia como raíz de la libertad.

Palabras claves

Política comparada; Comportamiento electoral; América Latina; Accountability; Reformas económicas

Abstract

Numerous economic reforms were implemented in many Latin American countries during the 1990s. The consequences of these reforms were: increases in unemployment and poverty, and stagnation of the social budget. In face of these negative results, the emergence of strong opposition from the citizens and the punishment at the polls of those politicians which had implemented such reforms, were predicted. Oddly enough, many of the presidents who implemented the reforms were reelected. What are the factors that account for the paradoxical electoral behavior of the voters? This article argues that institutional variables condition the process of accountability. Some political factors tend to affect the clarity in the process of responsibilities attributed to the government for economic outcomes. Political factors shape the electoral consequences of economic performance. It studies how different institutional designs have affected the attribution of government's responsibility for economic outcomes in Latin American countries in 1996, 2000 and 2004.

Key words

Comparative politics; Electoral behavior; Latin America; Accountability; Economic reforms


 

Estudiando cómo los ciudadanos evalúan la gestión de los gobiernos y cómo tienen en cuenta tales evaluaciones a la hora de votar, los teóricos de la democracia han podido disponer de evidencia sobre el incentivo que se crea mediante las elecciones en los sistemas democráticos. Ante la amenaza de sanción mediante el voto, los gobernantes se volverían más sensibles a las demandas de los ciudadanos. En Latinoamérica, con posterioridad a la implementación de la reformas económicas de los noventa, esta premisa fundamental fue puesta en duda. En este trabajo se estudió el comportamiento electoral de los ciudadanos latinoamericanos entre 1996-2004. Aquí se argumenta que las variables institucionales condicionan el proceso de atribución de responsabilidades a los gobiernos por los resultados económicos. El objetivo ha sido examinar cómo las distintas configuraciones institucionales influyeron en el proceso de atribución de responsabilidades, y cómo afectaron la selección de preferencias electorales.

Introducción

A partir del estudio de cómo los ciudadanos evalúan la gestión de los gobiernos y de cómo tienen en cuenta tales evaluaciones a la hora de votar, los teóricos de la democracia han podido disponer de una clara evidencia sobre el incentivo que se crea mediante las elecciones en los sistemas democráticos. Ante la amenaza de sanción mediante el voto, los gobernantes se volverían más sensibles a las demandas de los ciudadanos. En América Latina, durante los años noventa se implementaron reformas económicas con altos costos sociales (Calcagno, 2001). En virtud de las consecuencias negativas de tales reformas los países latinoamericanos no parecen haber seguido esa premisa fundamental de todas las democracias. Ello llevó al cuestionamiento mismo de la calidad de las democracias de la región. El tema principal de este trabajo fue estudiar el comportamiento electoral de los ciudadanos latinoamericanos entre 1996 y 2004. El objetivo ha sido examinar cómo las distintas configuraciones institucionales influyeron en el proceso de atribución de responsabilidades, y cómo afectaron la selección de preferencias electorales.
El principal dilema al que apunta este trabajo es la paradoja que implicaron las consecuencias de mediano plazo de las medidas de ajuste estructural tendientes al libre mercado en América Latina. Los costos de las reformas económicas fueron el aumento del desempleo, la pobreza, el índice de precios y el estancamiento del gasto social (Frenkel, 2003; Gambina, 2001). Ante estos resultados negativos, desde la teoría empírica de la democracia se predijo el castigo mediante el voto de los políticos que implementaron los planes de ajuste (Manin, Pzreworski y Stokes, 1999a, 1999b; Geddes, 1995; Bresser Pereira, Maravall y Przeworski, 1993). Por el contrario gran parte de los partidos que implementaron las reformas fueron premiados con la reelección. Esta situación conocida como "acertijo de tolerancia popular a los procesos de ajuste" (Navarro, 1995) creó un desafío tanto a la teoría del voto económico como a la de la accountability. En este trabajo se intentó estudiar cómo pueden haber influido las características de los diseños institucionales al facilitar u obstaculizar la claridad del proceso de responsabilización sobre la gestión de la economía. Así el tipo de sistema de gobierno o de sistema electoral podría facilitar la definición de las capacidades del gobierno y la atribución de responsabilidades por la gestión económica. "El contexto político y económico en el cual tienen lugar las políticas sirven como el lente que ajusta nuestra percepción sobre la responsabilidad del gobierno" (Palmer y Whitten, 2002: 67)[1]. Los resultados obtenidos ayudaron a comprender cómo las configuraciones institucionales facilitaron o dificultaron el premio o el castigo a la hora de votar, por ello también pude conocer un aspecto del funcionamiento del mecanismo de accountability[2] en América Latina en los años posteriores a las reformas neoliberales.
Para seguir la línea argumental el trabajo fue organizado en cuatro apartados principales. En el primero describí los conceptos teóricos utilizados. En el siguiente apartado describí el diseño de investigación especificando las variables e hipótesis del trabajo y cómo la evidencia generada aporta a las diferentes teorías. En la tercera parte presenté los resultados obtenidos. Luego de identificar las principales pautas de voto entre 1996 y 2004, sometí a prueba empírica las hipótesis alternativas de la literatura sobre la influencia del contexto institucional en el supuesto del voto económico. Por último, apunté las conclusiones.

Marco teórico y revisión de la literatura

Desde la literatura del comportamiento electoral, diferentes modelos teóricos han sido esgrimidos para explicar cómo y por qué vota la gente (Campbell et al., 1960; Lipset y Rokkan, 1967; Downs, 1957). Tales aportes pueden ser resumidos dentro de tres enfoques y son el sociológico[3], el psicológico[4] y el racionalista. En este trabajo me centré en el modelo de voto racionalista surgido en el seno de la teoría de la elección racional hacia los años '70. Desde esta perspectiva el votante fue considerado un actor racional que actúa rigiéndose por el cálculo de los beneficios y costos que le podría reportar cada candidato (Key, 1966: 8). El supuesto básico que subyace es el del voto como premio o castigo:

Los gobiernos pueden "ser controlados" si los ciudadanos pueden discernir entre gobiernos representativos y no representativos y pueden sancionarlos apropiadamente, reteniendo en el cargo a aquellos partidos de gobierno que tuvieron buenos resultados y sacando del cargo a quienes no lo hicieron así (Manin, Przeworski y Stokes, 1999b: 10).

Dentro de los estudios del comportamiento racional de los actores asumí la corriente más blanda conocida como "enfoque de la racionalidad limitada" (Simon, 1955; Lupia, McCubbins y Popkin, 2000). Estos trabajos asumen que los actores al estar limitados cognitivamente y por el contexto, también verán reducida su capacidad de actuar racionalmente. Ante estas limitaciones se desarrollan mecanismos de heurística que permiten tomar una decisión racional con el mínimo de información disponible (Simon, 1955). Tales mecanismos son conocidos como atajos informativos. La evaluación de la performance económica del gobierno, se convierte así en uno de estos atajos. Antes de votar cada ciudadano establece un juicio sobre los resultados económicos obtenidos por el gobierno. A partir de ello evalúa los costos y beneficios que cada candidato le podrían reportar y en virtud de tal evaluación emite su voto. En este estudio se analizó principalmente el mecanismo de heurística conocido como voto económico (en adelante VE).
"El voto económico es un fenómeno de nivel individual que está reflejado en la relación entre las percepciones sobre la economía de una persona y la probabilidad de su voto por cada uno de los partidos o candidatos disponibles en una elección" (Duch y Stevenson, 2006). Las preferencias pueden cambiar de un período a otro, como consecuencia de los cambios en los resultados de la gestión. La expectativa fundamental sobre la cual se construye la teoría del voto económico es que "el apoyo del gobierno será debilitado por los malos tiempos económicos y (quizás) fortalecido por los buenos" (Van der Brug, Van der Erij y Franklin, 2007: 54). Este fue el principal corolario defendido por la gran mayoría de los académicos que trabajan el tema (Lewis-Beck, 1988; Powell y Whitten, 1993; Whitten y Palmer, 1999; Lewis-Beck y Nadeau, 2001; Duch y Stevenson, 2006).
Ahora bien, más allá de los postulados generales aceptados por gran parte de la literatura del voto económico, en el seno de este enfoque es posible encontrar también algunas controversias. Dentro de la corriente del voto económico hay cuatro orientaciones principales (Lewis-Beck, 2007), una basada en los resultados económicos de la gestión pasada (conocido como enfoque retrospectivo, y en adelante se utilizarán como sinónimos) (Key, 1966); otra en el manejo futuro de la economía (conocido como enfoque prospectivo, y en adelante se utilizarán como sinónimos) (Fiorina, 1981: 196); otra en relación al nivel de la economía nacional (conocido como enfoque sociotrópico, y en adelante se utilizarán como sinónimos)[5] (Kinder y Kiewiet, 1981: 132) y por último otra basada en la evaluación de la economía personal (conocida como enfoque egotrópico, y en adelante se utilizarán como sinónimos) (Bloom y Price, 1975; Kramer, 1971). Los diferentes planteos nos indican las diferentes lógicas mediante las cuales se vincula la política y la economía y se atribuyen responsabilidades (Fraile, 2007: 5).
En este trabajo decidí medir las diferentes orientaciones del voto económico ya que existen pocos trabajos sobre los países de América Latina a nivel comparado, que permitan realizar una selección. Habitualmente los hallazgos empíricos han reforzado los enfoques sociotrópicos frente a los egotrópicos (Lewis-Beck, 1988: 155; Lewis-Beck y Paldam, 2000). En este trabajo si bien se pondrán a prueba ambos enfoques se puntualizarán mayormente los hallazgos en relación a las variables sociotrópicas que son las que mayor interés explicativo revisten. En cuanto a las orientaciones temporales del voto económico los hallazgos han sido dispares (Lewis-Beck y Paldam, 2000). En palabras de Lewis-Beck y Paldam, (2000: 114) "los votantes reaccionan a los eventos pasados (retrospectiva) más que a los esperados (prospectiva), pero la diferencia es pequeña". Teniendo en cuenta tales resultados en este trabajo evalué los dos tipos de valoraciones, retrospectivas y prospectivas. Por ello en este trabajo la evaluación de ambos enfoques temporales tendrá la misma relevancia y me permitirá concluir sobre qué orientación temporal del voto económico tiene mayor peso en América Latina.
El argumento de los análisis del voto económico posee gran lógica desde el punto de vista teórico, pero al pasar a la comprobación empírica los resultados son ambiguos y poco concluyentes (Lewis Beck y Paldam, 2000; Dorussen y Taylor, 2002; Duch y Palmer, 2002). Luego de analizar 197 elecciones en 17 países, Paldam (1991) concluyó que el efecto de los factores económicos es altamente significativo estadísticamente en algunos países y períodos de tiempo, pero se vuelve altamente inestable o desaparece en otros países y períodos temporales. Gran parte de tales variaciones han sido atribuidas a los efectos que el contexto institucional impone (Van der Eijk et al., 2006). El ideal de la accountability democrática requiere que los votantes reconozcan los resultados políticos relevantes y a su vez que sean capaces de atribuir la responsabilidad sobre ellos correctamente (Palmer y Whitten, 2002). Un punto se vuelve clave aquí: cuando luego de evaluar los resultados económicos el votante debe ser capaz de atribuirle al partido de gobierno la responsabilidad por tales resultados, o por las consecuencias de las políticas que implementó. En este sentido las características institucionales funcionarían como filtros, volviendo más clara y fácil la atribución de responsabilidades en algunos casos y dificultándola en otros (Palmer y Whitten, 2002). Si los diseños institucionales crean confusión, luego a los electores se les dificultaría determinar quién es el responsable de los resultados económicos. Así la atribución de responsabilidades se volvería difusa y los electores podrían premiar a "malos" políticos y castigar a los "buenos" rompiendo la lógica del voto económico y evitando el funcionamiento del mecanismo de control de la democracia.
En los últimos años una importante cantidad de trabajos comenzaron a investigar si el efecto de las condiciones económicas en las evaluaciones políticas ha estado condicionado por el contexto institucional. El trabajo de referencia ha sido el de Powell y Whitten (1993). En él sus autores operacionalizaron y midieron el concepto de "claridad de la responsabilidad". Ello les permitió clasificar en una escala a los sistemas políticos donde la responsabilidad fue clara y en donde lo fue menos por haber estado basados en factores como un partido versus multipartidismos; en donde hubo oposición bicameral; o en donde hubo poderes de toma de decisiones con partidos de oposición en el parlamento frente a los escenarios de cohesión partidaria. La expectativa fundamental de su trabajo fue "que a partir de su conceptualización de claridad de la responsabilidad el efecto de los resultados económicos en el voto pueda ser mayor donde la claridad de la responsabilidad era mayor" (Powell y Whitten, 1993: 410). Tal trabajo luego será repensado y readaptado para aplicarlo a contextos presidencialistas (Lewis- Beck y Nadeau, 2001; Rufolfp, 2003).

Esquema argumentativo e hipótesis

Como he sostenido previamente, el interés de este trabajo ha sido someter a prueba empírica la influencia del voto económico en los países de América Latina entre 1996 y 2004, y analizar la influencia que ejercieron los contextos institucionales de cada país en la atribución de responsabilidades. Por ello esta investigación sometió a prueba empírica tres hipótesis.
Si la valoración de la situación económica fue tenida en cuenta a la hora de seleccionar las preferencias electorales, entonces debería haber observado:

H1. A mejor valoración de la situación económica (futura o pasada) mayores probabilidades de que los ciudadanos voten por el incumbent [6], premiando al partido en el gobierno por su buena gestión de la economía.

Para poder concluir sobre la hipótesis 1 analicé el signo de los coeficientes obtenidos en la regresión. De esta sencilla forma, a través de una ecuación de regresión logística pude comprobar si quienes valoraron positivamente a la economía tuvieron intención de voto por el partido de gobierno. También si quienes valoraron como igual o peor el estado de la economía tuvieron intención de voto distinta al incumbent. Lo esperable hubiera sido obtener coeficientes positivos para las cuatro variables de valoración positiva de la situación económica e intención de voto al incumbent. Ello estaría indicando que si se valora de forma positiva la economía (valor 1) se posee intención de voto al incumbent (valor 1). O por el contrario si se valora como igual o peor la economía (valor 0) se posee intención de voto diferente al incumbent (valor 0) [7]. Al comprobar empíricamente esta variables se habrían generando aportes que reforzasen los hallazgos de la teoría del voto económico. Asimismo, al someter a prueba las diferentes formas de medición de la valoración económica habré aportado evidencia a favor de la postura sociotrópica (Kinder y Kiewiet, 1981: 132) o por el contrario de la egotrópica (Bloom y Price, 1975; Kramer, 1971); y de la retrospectiva (Key, 1966) o de la prospectiva (Downs, 1957). Como se sostuvo previamente, en virtud de los hallazgos preliminares se valorará principalmente la visión sociotrópica, tanto retrospectiva como prospectiva. Luego de poner a prueba la H1, pasé a comparar los resultados de la ecuación logística segmentando los resultados por contextos para poder evaluar cómo ésas características contextuales podrían afectar al VE.

H2. El VE fue más fuerte cuando el contexto permitió atribuir más claramente las responsabilidades sobre la economía.

De la H2 se desprenden las siguientes subhipótesis:
Los contextos de mayor claridad fueron aquellos caracterizados por:
H2.a) gobierno unificado,
H2.b) bicameralismo monocolor,
H2.c) mayoría absoluta en congreso del partido del presidente,
H2.d) número efectivo de partidos reducido, y
H2.e) posibilidad de reelección legal y posibilidad de reelección efectiva.

La H2.a y H2.b hacen referencia a los factores estáticos del diseño institucional. Tales hipótesis se sustentan en el trabajo de Powell y Whitten (1993) que fue el que sentó las bases para poder estructurar la línea de investigación sobre cómo las configuraciones del diseño institucional pueden volver más "claro" u "obscuro" el proceso de atribución de responsabilidades. Debe remarcarse aquí, que si bien estos trabajos comenzaron analizando contextos parlamentaristas, con posterioridad fueron aplicados para evaluar presidencialismos. En este trabajo sólo se tomaron aquellas variables de los parlamentarismos que pueden ser medidas también para los presidencialismos: el tipo de coalición de gobierno (H2.a), es decir si el partido del presidente tenía mayoría (gobierno unificado) o no en la Cámara de diputados (gobierno dividido). Y también en los casos de bicameralismo se pudo distinguir la existencia de una mayoría de senadores que fuera del partido de oposición al partido de gobierno (con Cámara de veto) o su contrario (H2.b). Se esperó coeficiente positivo de VE, mayor nivel de significatividad y más magnitud del impacto en los contextos de mayor claridad, es decir en gobierno unificado y sin Cámara de veto.
Con el paso del tiempo la valoración de la influencia del contexto sólo a partir de variables relacionadas con el formato del sistema de gobierno fue criticada por estática. Autores como Anderson (2000), Nadeau, Niemi y Yoshinaka (2002) y Van der Brug, Van der Eijk y Franklin (2001) profundizaron la línea de investigación introduciendo factores que daban cuenta de los cambios que se producían en la competencia partidaria y en la distribución de poder resultante. Estos autores retomaron el enfoque de la claridad de las alternativas (Anderson, 2000). Ello supone que los efectos económicos serían mayores cuando el número de partidos fuera menor (Anderson, 2000: 156) o el apoyo del partido de gobierno fuera amplio en el congreso. Tales trabajos fueron retomados en la formulación de las hipótesis H2.c y H2.d. Al igual que en el análisis previo, hubo que adaptarlos a los contextos latinoamericanos. La primera variable fue el nivel de apoyo que obtuvo el partido de gobierno en la Cámara de diputados (H2.c). La variable estuvo medida a partir del porcentaje de escaños que obtuvo el partido de gobierno en las elecciones previas a la realización de la encuesta. Fue esperable un coeficiente mayor y positivo donde hubo mayor porcentaje de apoyo, con mayores niveles de significatividad. La segunda variable (H2.d) fue el número efectivo de partidos (NEP) mediante el índice de Laakso y Taagepera (1979)[8]. En este caso según el NEP resultante la variable original fue recodificada en 5 escenarios. Se utilizó la clasificación de sistemas de partidos competitivos sugerida por Sartori (1976) que distingue entre sistema de partido predominante, bipartidismo, multipartidismo moderado, multipartidismo extremo y polarizado. Dada la distribución del NEP y para asegurar un cierto grado de variación las categorías fueron recodificadas en sistemas predominante a bipartidismo (entre 0 a 2,5 partidos); bipartidismo a multipartidismo moderado (entre 2,51 a 3,5); multipartidismo moderado (entre 3,51 y 5,50); multipartidismo extremo (entre 5,51 a 8); y polarizado (más de 8). En sistemas con menor número de partidos fue esperable obtener un coeficiente positivo de mayor magnitud y con mayor nivel de significatividad que en los sistemas más fragmentados. Conforme aumente el NEP menor significatividad y magnitud del VE sería esperable.
La subhipótesis H2.e hace referencia a los factores propios de los presidencialismos. Rudolfp (2003) y Lewis-Beck y Nadeau (2001) fueron los encargados de readaptar los trabajos sobre la influencia del contexto en el proceso de atribución de responsabilidades desde los parlamentarismos al presidencialismo americano. Ambos trabajos llegaron a conclusiones diferentes sobre el impacto del tipo de gobierno. Lewis-Beck y Nadeau (2001) agregaron a este marco de referencia el estudio del impacto que podría tener la posibilidad de reelección presidencial. Posteriormente Gélineau (2007) aplicó este mismo análisis a los casos de América Latina. Retomando estos antecedentes la H2.e permitió evaluar los contextos en los que hubo o no reelección. Como bien ha señalado Gélineau (2007: 415), "la naturaleza centralizada de los regímenes presidenciales y la relativa baja institucionalización del sistema de partidos de la región puede obscurecer la atribución de las responsabilidades económicas, especialmente cuando el presidente no compite por la reelección". Fue esperable entonces, que haya un coeficiente positivo, con mayor nivel de significatividad y una mayor magnitud del coeficiente en los contextos en donde hubo reelección.

H3. Además de los factores que afectan normalmente a los contextos de democracias consolidadas, existen factores intrínsecos a las democracias latinoamericanas que afectan la claridad del proceso de atribución de responsabilidades.

De aquí se desprenden las siguientes subhipótesis:
Los factores contextuales propios de los presidencialismos latinoamericanos que afectaron la responsabilización fueron[9]:
H3.a) grado de confianza en el sistema democrático,
H3.b) grado de estabilidad de las pautas de voto,
H3.c) grado de estabilidad del sistema partidario, y
H3.d) grado de estabilidad de las reglas institucionales.

En cuanto a la importancia del grado de satisfacción con la democracia (H3.a) es un indicador de su grado de consolidación. Su inclusión se basó en la presunción de que si los ciudadanos no están satisfechos con la democracia y prefieren otro tipo de sistema o no confían en que mediante las elecciones se pueden obtener resultados, tampoco confiarán en que sus votos tengan algún impacto. En tales casos los votos resultarían aleatorios y no responderían a ninguna lógica de votación. Para controlar este problema se incluyeron preguntas sobre el grado de satisfacción con la democracia y sobre la efectividad de las elecciones. Fue esperable un coeficiente positivo, a mayor grado de satisfacción con la democracia y si se considera que las elecciones tienen fuerte impacto más probabilidades de votar por el partido de gobierno.
El segundo punto se relaciona con la volatilidad del sistema (H3.b). Si no existen pautas de voto estables y los ciudadanos cambian sus opciones y sus reglas de decisión de elección a elección, los resultados podrían entonces volverse azarosos. Por obvia que parezca esta afirmación, fue necesario que primero se demostrara que hay pautas estables de voto para luego ver si existe o no alguna dimensión de accountability. Con ello se intentó incluir la posibilidad teórica sostenida por varios artículos que analizaron América Latina (Roberts y Wibbels, 1999; Bengtsson, 2004) sobre que los altos niveles de volatilidad electoral imposibilitaban el ejercicio del control y la influencia del VE. Dado que introducir la volatilidad del sistema en los contextos me hubiera producido un problema de endogeneidad [10], lo que hice fue comprobar mediante regresiones logísticas los países en donde hubo pautas de voto estables a lo largo de los años y por el contrario en donde las pautas de voto se alternaron. A partir de ello creé una variable que identificaba estos dos tipos de contextos: pautas estables y pautas alternas. Pude así estudiar si existieron diferencias en el ejercicio del control entre ambos contextos y pude controlar el efecto de la volatilidad de una forma no endógena. Sería esperable que la atribución de responsabilidades fuera más clara en los sistemas en donde hubo pautas de voto establecidas.
El tercer elemento fue la existencia de un sistema de partidos estables (H3.c). Si las opciones partidistas cambian de elección a elección se hubiera vuelto imposible la atribución de responsabilidades. Si, por ejemplo, en un contexto donde no hay reelección pero en donde además desaparece el partido del presidente electo y no se presenta un candidato que siga las mismas directrices, entonces habría sido imposible castigar o premiar. Teniendo en cuenta que lo que me interesó estudiar fue la estabilidad del sistema de partidos, en lugar de utilizar directamente el número efectivo de partidos, medí el cambio. Saqué las diferencias en el número de partidos entre una elección y la otra. Las elecciones tomadas como referencia fueron las elecciones previas a 1996, a 2000 y a 2004. En los contextos con poco cambio el comportamiento esperado fue de una mayor significatividad y magnitud del impacto del VE. A mayor diferencia mayor cambio, menor claridad, reducción de la magnitud y significatividad del impacto del VE.
Por último, el supuesto de la estabilidad de reglas electorales (H3.d) fue clave ya que sería lo que habría permitido generar parámetros en base a los cuales establecer cálculos racionales. Pero la estabilidad de este aspecto tampoco parece haber sido la regla en América Latina (Benton, 2005). Karen Remmer (2008) realizó un interesante trabajo sobre las distintas reformas electorales que se produjeron en América Latina entre 1978 y 2002. Retomé este estudio para medir el impacto del cambio de reglas electorales. Evalué y clasifiqué los contextos según si se realizaron cambios o no en la reglas de elección del presidente[11]. La expectativa fue que a mayor cambio en las reglas electorales, menor claridad y por lo tanto menor probabilidad de VE (menor magnitud y menor significatividad de los coeficientes).

Diseño de la investigación

El trabajo adquirió la forma de un estudio comparado de 16 países[12] dedicado al estudio del impacto que el contexto ejerce sobre el proceso de atribución de responsabilidades. Se evaluó cómo las distintas características institucionales de cada país pudieron favorecer o dificultar la atribución de responsabilidades y, como consecuencia, cómo fue afectado el funcionamiento del voto económico, ergo de la accountability. Para poder llevar adelante la evaluación del efecto que ejercen estos factores en el proceso de atribución de responsabilidades y en la consecuente influencia del VE construí una gran base de datos. Esta base contuvo las variables relevantes de la ecuación que mejor explicó la probabilidad de voto para el partido de gobierno para los individuos entrevistados en 1996, 2000 y 2004, de forma conjunta.[13]Luego fueron creadas 9 nuevas variables (referidas a la H2 y H3) que dieron cuenta de los 4 tipos de factores principales identificados. Los valores adoptados por estas 9 variables fueron los relativos a los tipos de configuraciones registradas en cada país para el año 1996, 2000 y 2004. Las variables fueron tipo de gobierno; existencia de bicameralismo con Cámara de veto controlada por la oposición; grado de apoyo del presidente según el porcentaje de bancas obtenidas por su partido; sistema de partidos según el número efectivo de partidos; posibilidad legal de reelección presidencial; posibilidad efectiva de reelección; estabilidad o alternancia de las pautas de voto; grado de estabilidad de las reglas de elección del presidente; grado de estabilidad/cambio del sistema de partidos medido en la diferencia en el NEP[14].
La estrategia metodológica de este trabajo fue la subdivisión de muestras y la estimación de una regresión en cada tipo de contextos para poder evaluar y comparar la eficiencia estadística de los coeficientes ante cada tipo de factores contextuales de forma separada (H2: estáticos; dinámicos; relativos a los presidencialismos; y H3: propios de América Latina). Los datos usados fueron las bases de datos de la encuesta de Latinobarómetro del año 1996, 2000 y 2004[15]. Ello me permitió trabajar las percepciones de los votantes de los 16 países de forma comparable[16].
Aquí debo hacer una salvedad respecto de los años estudiados. Dado que no fue posible conseguir bases de datos comparadas con anterioridad a 1996 (éste es el primer año que Latinobarómetro incluye a todos los países de la región) los hallazgos de este trabajo no permiten medir exactamente las respuestas electorales a los costos inmediatos de las reformas económicas. Específicamente, con los datos disponibles se puede concluir sobre las consecuencias de mediano plazo de las reformas introducidas. Tales consecuencias son consideradas como los costos de las reformas y resaltan un punto importante estudiado por la literatura del VE: el tiempo necesario para que se puedan ver los resultados de las políticas que lleva adelante el gobierno. Así puede ser posible que un gobierno implemente ciertas políticas de mediano plazo y por lo cual este gobierno que las implementa no pueda llegar a ver los resultados; pero indudablemente esto sí podría tenerse en cuenta por los ciudadanos a la hora de votar. Este argumento tiene un impacto especial en este trabajo ya que durante la implementación de las reformas económicas en América Latina fue frecuente la utilización de este tipo de explicación para dar cuenta de la intertemporalidad de las consecuencias de los procesos de ajuste (Hirschmann, 1984; Offe, 1988; Przeworski, 1990).[17] Basándome en la teoría prospectiva (Kahneman y Tversky, 1979) implementada por Weyland[18] (1996, 2002 y 2003) a América Latina, puedo sostener la importancia de estudiar los costos de mediano plazo de las reformas de mercado, que son a los que aquí particularmente me refiero.
Para medir la variable dependiente construí una variable denominada intención de voto para el incumbent (Manin, Przeworski y Stokes, 1999a, 1999b). Recodifiqué las respuestas de la pregunta de intención de voto[19] en dos categorías que distinguen quienes prefieren votar por el partido de gobierno (valor 1) frente al resto de opciones (valor 0)[20]. Al trabajar con una muestra de los entrevistados que tenían decidido el voto por una de las opciones electorales disponibles, se excluyeron del análisis a los indecisos[21]. Para evitar el riesgo de endogeneidad seguí la estrategia del trabajo de Fernádez-Albertos (2006) para estudiar el voto económico en 15 países europeos. El autor introduce una variable de control de distancia ideológica respecto de al partido de gobierno. La variable ideología del incumbent, en este caso distancia ideológica del incumbent, fue calculada tomando la diferencia de la autoubicación ideológica de los entrevistados respecto de la media de la autoubicación ideológica de los votantes al oficialismo[22]. "Si la correlación entre las evaluaciones económicas y las pautas de voto persisten luego de controlarla por la distancia ideológica, podemos estar mucho más seguros de que las evaluaciones económicas tienen un efecto independiente en la probabilidad del voto al votar por el incumbent" (Fernádez-Albertos, 2006: 35).
Teniendo en cuenta que el principal problema que en este trabajo analicé es cómo influyó la valoración de la situación económica en la selección de preferencias electorales, adopté la propuesta de medición de las variables independientes provenientes del modelo de voto económico. La selección de las evaluaciones de la situación económica como variables independientes es la que mejor mide el estado de la opinión pública sobre la economía[23]. Para facilitar la lectura de los coeficientes de correlación a partir de las variables mencionadas creé cuatro variables dicotómicas que identificaron a los votantes que han valorado la situación económica como buena (sociotrópica retrospectiva como buena; sociotrópica prospectiva como buena; egotrópica retrospectiva como buena; y egotrópica prospectiva como buena). Tomé tal decisión ya que lo que me interesó medir específicamente fue si aquellos que valoraron positivamente a la economía tuvieron intención de votar por el incumbent, o si por el contrario quienes no valoraron bien a la economía (ya sea que la consideran igual o peor) tuvieron intención de votar diferente al incumbent. Así fue esperable que el signo de las cuatro variables dicotómicas fuera positivo. Vuelvo a remarcar aquí que el interés central estuvo puesto en los indicadores sociotrópico retrospectivo y prospectivo. También introduje dos nuevas variables explicativas relacionadas con las propuestas de modelos ampliados de voto por rendimientos que sostienen que la valoración de la gestión del gobierno debe incluir variables sobre políticas sociales (Fraile, 2005). Para evitar un problema de colinealidad incluí sólo la valoración sobre la evolución de la pobreza. Ésta fue medida en una escala de 5 categorías en la que 1 representa que aumentó mucho y 5 que decreció mucho. Fue esperable que el coeficiente fuera positivo. La segunda variable incorporada fue la valoración del sistema de salud. Esta variable mide la calidad de los hospitales en los últimos 12 meses y varía de la categoría 1 que representa que ha mejorado mucho a la categoría 5 que indica que ha empeorado mucho. Se esperó, por lo tanto, un coeficiente negativo.
Para seleccionar las variables de control, tomé como base los estudios realizados en el marco de los modelos de voto que sugieren la importancia de variables sociológicas y psicológicas para la selección de preferencias. Consideré importante incluirlas al análisis para controlar los efectos de las variables de valoración de la situación económica[24].
Teniendo en cuenta el elevado porcentaje de personas religiosas en América Latina —alrededor del 90 por ciento de los entrevistados declara sentirse identificado con una religión— incluí la variable religiosidad[25]. La escala de respuestas varía entre 1 = muy devoto a 4 = no devoto[26]. De haber sido significativa la relación me hubiera indicado que a mayor nivel de religiosidad (es decir menor valor en la escala, cercano al cero) mayor intención de voto por incumbent (mayor valor = 1). Para poder completar el arco de variables de control sociodemográficas[27] y evitar el problema de omisión de variables relevantes creé una variable dicotómica, desempleados[28]. También incluí la variable educación que mide el nivel educativo del entrevistado[29]. Otra de las variables que introduje fue el nivel de ingreso del entrevistado[30]. También se incluyeron sexo (0 = hombre 1 = mujer) y edad[31]. Decidí incluir la confianza en la iglesia como forma de control del modelo de voto religioso[32]. Fue esperable que quienes tuvieron un elevado nivel de confianza en la iglesia desarrollaran mayor tolerancia a las reformas, fueran más conservadores y por lo tanto tuvieran mayor intención de voto por el partido de gobierno.[33] Ello debería reflejarse en un coeficiente inverso (mucha confianza 0; ninguna confianza 4). Por su parte dentro de las posibles variables de control que aporta el modelo psicológico incluí la pregunta referida a la autoubicación ideológica[34, que se operacionalizó en una escala de 11 posiciones del 0 al 10[35]. Donde el menor valor corresponde a la orientación de izquierda, el 5,5 a una ubicación de centro y los mayores valores orientaciones de derecha. Esta variable luego fue recodificada para descontar el efecto del incumbent, como fue descripto previamente.

 

Resultados

En la base de datos se incluyeron un total de 51.760 observaciones de las cuales 17.405 correspondieron al año 1996, 17.517 al año 2000 y 16.838 al año 2004. Las observaciones correspondientes a cada país variaron entre un máximo de 3.900 para Venezuela y el mínimo de 1.800 para Paraguay. La media fue de 1.200 observaciones por país y año. En cuanto a la distribución de las variables contextuales el 70 por ciento de los contextos fueron de gobierno dividido frente al 30 por ciento de gobierno unificado. Entre los bicameralismos el 35 por ciento tuvo Cámara de veto con mayoría de la oposición frente al 65 por ciento sin este tipo de posibilidad de bloqueo. En cuanto a los sistemas de partido según el NEP el 11,2 por ciento correspondieron a escenarios de partido predominante a bipartidismo (entre 0 y 2,5 partidos); el 38 por ciento a sistemas de bipartidismos a multipartidismos moderados (entre 2,51 y 3,5 partidos); el 25,3 por ciento a multipartidismos moderados (entre 3,51 y 5,5 partidos); el 19,5 por ciento multipartidismos extremos (entre 5,51 y 8) y el 6 por ciento a sistemas atomizados (de más de 8 partidos). El porcentaje de los escenarios con posibilidad legal de reelección fue del 28 por ciento y los escenarios que prohibieron por ley la reelección correspondieron al 72 por ciento. En cambio los escenarios en los cuales efectivamente el presidente se presentó a la reelección fueron del 13,5 por ciento. En cuanto a la estabilidad de pautas de voto, mediante regresiones realizadas previamente para cada país y año se estableció una distinción entre los países en los que sus votantes tuvieron pautas de voto estables frente a los cuales tuvieron pautas de voto alternadas. El 49,3 por ciento fueron escenarios de alternancia de pautas y el 50,7 por ciento correspondió a escenarios con pautas estables. En el 12,8 por ciento de escenarios hubo cambios en las reglas que regulan la elección de presidente y en el 87,2 por ciento se mantuvieron estables. En cuanto a la estabilidad o cambio de los sistemas de partidos el 41 por ciento correspondieron a sistemas sin cambio; el 44 por ciento a escenarios de cambio medio; el 8,5 por ciento a escenarios de cambio alto y el 6,5 por ciento a escenarios de cambio extremo (más de cuatro partidos de diferencia entre elección y elección)

Segmentación de la muestra según el tipo de factores contextuales

La primera estrategia metodológica consistió en segmentar la base y estimar la ecuación de regresión logística para cada tipo de conformación institucional. Se estimó una primera ecuación que reflejara los principales determinantes del voto para obtener el parámetro promedio que representara a los individuos latinoamericanos de todo el período (1996-2004). Estos datos fueron usados como referencia para comparar los coeficientes obtenidos luego en cada tipo de contexto. Principalmente se evaluó el comportamiento de los coeficientes de las principales variables en cuanto al signo, el nivel de significatividad y la magnitud de los coeficientes. Luego esa misma ecuación fue estimada en 26 diferentes contextos[36]. A continuación se exponen los principales resultados de esta primera estrategia de estudio. En la Tabla 1 se presentaron los principales estadísticos resultantes.

Tabla 1: Resumen de estadísticos de ecuación promedio y teniendo en cuenta la influencia de los factores institucionales estáticos y dinámicos de los contextos
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Latinobarómetro 1996-2004.

En la primera columna de la Tabla 1 que se indicó con el nombre de promedio, se describen los estadísticos obtenidos para el total de la muestra. El número de observaciones ascendió a 19874 y el r2 me indicó que la mejora introducida en la varianza de la probabilidad de voto por el partido de gobierno por la introducción de las variables independientes fue de casi el 5 por ciento[37].
Los estadísticos de la Tabla 1 me permitieron reflexionar en torno a las hipótesis: H1, H2.a y H2.b. En relación a la primera hipótesis, en esta primera ecuación las distintas valoraciones de la economía alcanzaron significatividad. En el caso de la valoración de la economía sociotrópica pasada y futura fueron positivas y alcanzaron significatividad al máximo nivel de confianza. La valoración egotrópica también fue positiva pero con un nivel de confianza del 99 por ciento. La pobreza fue relevante al 95 por ciento de confianza pero el signo no fue el esperado. En cambio la valoración del sistema de salud fue significativa al 99,9 por ciento de confianza y con el comportamiento esperado, negativo. Si se consideró que la calidad de los hospitales decreció mucho (mayor valor) hubo menos probabilidades de votar por el partido de gobierno.
Para comprobar la H2.a y H2.b debería haber encontrado un coeficiente más significativo o con mayor magnitud de impacto en los escenarios de gobierno unificado y en los bicameralismos sin Cámara de veto. Ambas premisas (H2.a y H2.b) parecen cumplirse de forma clara en relación a la valoración de la situación económica sociotrópica pasada. La magnitud del impacto del coeficiente aumentó respecto al promedio en los escenarios de gobierno unificado y se redujo respecto el promedio en los casos de gobierno dividido. Ocurrió lo mismo con la existencia de Cámara de veto en los bicameralismos. Pero la hipótesis H2.a no pareció confirmarse de forma tan clara en relación a la valoración sociotrópica prospectiva. Este tipo de perspectiva sobre la economía redujo la magnitud de su coeficiente en los escenarios de gobierno unificado respecto la pauta promedio y la aumenta en los gobiernos divididos. En cambio sí se cumplió la expectativa de la H2.b en relación al comportamiento de la valoración sociotrópica prospectiva ante la existencia de una Cámara de veto.
Para que se cumplan expectativas de la hipótesis H2.c debería haber encontrado que el coeficiente del VE aumente su nivel de significatividad y su magnitud en los contextos con mayor apoyo legislativo. Tal como se desprende de la Tabla 1, al introducir el control del nivel de apoyo que el presidente obtuvo en la Cámara tanto la valoración sociotrópica pasada como futura mantienen su nivel de significatividad al máximo nivel de confianza. Sin embargo, se repitió el comportamiento registrado en relación al tipo de gobierno. La valoración sociotrópica pasada cumple las expectativas teóricas (H2.c). Aumenta la magnitud del impacto respecto al promedio cuando el nivel de apoyo obtenido fue alto y se redujo en gran proporción en los contextos de apoyo bajo (la odds ratio pasa de 1,71 en apoyo alto a 1,33 en apoyo bajo). No ocurre lo mismo con la valoración sociotrópica futura. Mientras que la valoración pasada se vio claramente afectada por el nivel de claridad de los contextos en la atribución de responsabilidades, las visiones prospectivas parecerían haberse mantenido con cierta independencia respecto al tipo de contexto.
En cuanto a la hipótesis sobre el número efectivo de partidos (H2.d) fue posible observar que los escenarios con un reducido número de partidos parecieron afectar a las valoraciones sociotrópica pasada y futura que redujeron la magnitud de su coeficiente respecto de la ecuación promedio. Los sistemas con un mayor número de partidos redujeron claramente la claridad en la atribución de responsabilidades. Las valoraciones sociotrópicas redujeron su nivel de significatividad al 99 por ciento de confianza en los multipartidismos extremos y pasaron al 95 por ciento de confianza en los polarizados.
En la Tabla 2 se expusieron los resultados sobre el impacto de los factores institucionales propios del presidencialismo (H2.e) y de los países de América Latina en el VE (H3).

Tabla 2: Resumen de estadísticos de ecuación promedio y teniendo en cuenta la influencia de los factores propios de los contextos presidencialistas
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Latinobarómetro 1996-2004.

La expectativa que buscó comprobar la H2.e es que la atribución de responsabilidades sería más ambigua en contextos donde ante la imposibilidad de ser reelecto un mismo presidente fuera substituido por otro candidato de su partido. Por ello el voto económico se vería reforzado en los contextos en donde hubo reelección efectiva frente al debilitamiento en donde no la hubo. Como se desprende de la Tabla 2 al introducir el control impuesto por los dos tipos de reelección (legal y efectiva) el impacto del voto económico varía sustantivamente. Todas las valoraciones de la economía (sociotrópica pasada y futura y egotrópica futura) han mantenido su nivel de confianza para las predicciones al 99,9 por ciento en todos los escenarios planteados por los factores propios del presidencialismo. En todos los casos la posibilidad de reelección legal y efectiva aumentó la magnitud de los coeficientes respecto al promedio. Todas ellas también redujeron su impacto en los contextos sin reelección respecto al promedio y al escenario de reelección. Sin lugar a duda la posibilidad de reelección legal y efectiva generaron escenarios mucho más claros que en los que no existió tal posibilidad para la atribución de responsabilidades. A partir de tales datos pude comprobar la H2.e.
En cuanto a la H3.a, la satisfacción con la democracia mostró un comportamiento bastante estable a lo largo de los escenarios institucionales. En su mayoría fue significativa con un alto nivel de confianza. La influencia de las elecciones no fue significativa en la mayoría de escenarios. A partir de ello se puede concluir que la satisfacción con la democracia ha ejercido una influencia significativa a la hora de seleccionar los votos. Aún así la influencia del VE se ha mantenido estable.
Por su parte el haber comprobado que el VE alcanzó el máximo nivel de significatividad tanto en los países con pautas de voto estables como en aquellos donde la característica ha sido la alternancia de los factores explicativos del voto (H3.b) me permitió concluir que pese a los niveles de volatilidad que experimentan mucho países de América Latina el VE siempre se confirma. Los ciudadanos que valoraron mejor la economía tanto en sistemas con voto más estables como en aquellos con votos más volátiles tuvieron mayores probabilidades de votar por el partido de gobierno.
En cuanto a la influencia que ejerció el cambio en el sistema de partidos (H3.c) sobre la atribución de responsabilidades pareció corresponder en alguna medida a la expectativa teórica. La valoración sociotrópica retrospectiva tuvo una magnitud de impacto mayor en los sistemas sin cambio que en los con cambio medio y con cambio extremo. Pero en los sistemas con cambio alto aumentó la magnitud de su coeficiente. Por su parte la orientación sociotrópica prospectiva, si bien la magnitud del impacto fue mayor en los sistemas de cambio medio que en los sin cambio, luego al ir aumentando el grado de cambio partidario se reduce la magnitud del impacto del coeficiente. Con ello pude concluir que para el ejercicio del control sociotrópico prospectivo el aumentar el grado de cambio del sistema de partidos volvió más confusa la atribución de responsabilidades.
Al estimar la ecuación de regresión logística en contextos con estabilidad de reglas (H3.d) frente a los escenarios que experimentaron cambios en el sistema electoral para elegir presidente, la valoración sociotrópica retrospectiva perdió significatividad. Esto me indicó que en aquellos contextos en donde se registraron cambios en este tipo de reglas, la atribución se volvió confusa e impidió el ejercicio del control retrospectivo. En cambio, en los escenarios más claros, al tener estabilidad en las reglas de elección, la atribución de responsabilidades fue más fácil y el VE retrospectivo tuvo una importante influencia. Ésta fue mayor que la registrada en la pauta promedio. Si bien la orientación retrospectiva mostró esta sensibilidad, no ocurrió lo mismo con la visión sociotrópica prospectiva que mantuvo el mismo nivel de influencia en ambos tipos de escenarios.
El objetivo que busqué para finalizar fue intentar estimar el impacto de todos los factores institucionales previamente estudiados en una misma ecuación de regresión. Poder evaluar la influencia de todos los factores en simultáneo me permitió controlar la influencia que en la realidad cada factor ejerce. Debe tenerse presente que la realidad empírica es multicausal y que los escenarios en el que los votantes deciden su voto normalmente se caracteriza por la combinación de todos los factores institucionales. Por tal razón fue necesario recurrir a una regresión logística aplicando un modelo linear jerárquico generalizado (GHLM) de dos niveles para poder sacar una conclusión final.
El objetivo de las estimaciones multinivel ha sido el de predecir valores a más de un nivel de agregación (Snijders y Bosker, 1999)[38]. En el caso de este trabajo he estudiado el comportamiento de individuos que se encontraban agrupados por países y por años[39]. La lógica de estimación que seguí fue la de avanzar desde el modelo más simple (sin variables independientes) al modelo más complejo y evaluar luego cuál se ajusta mejor a los datos. Teniendo en cuenta el nivel de complejidad que implica la interpretación de este tipo de explicaciones sólo fueron presentados los resultados de los principales hallazgos, los mismos se exponen en la Tabla 3. En el modelo 1, se estimó un modelo vacío, sin variables explicativas. Tal resultado permite conocer el nivel de variación de la intención de voto por el incumbent a través de los países. En el modelo 2 sólo se introdujeron variables explicativas a nivel individual, permitiendo que la constante y la pendiente de la ecuación varíen por país. Estos modelos intentan captar la explicaciones de fenómenos determinados mayormente por variables individuales, en lo cuales se asume que las características de los individuos pueden ser distintas de país a país, pero en virtud de las diferencias individuales. En el modelo 3, tiene dos versiones, una respecto de la valoración sociotrópica prospectiva (3ª) y otro respecto de la valoración sociotrópica retrospectiva (3b). En ambos modelos se asumió que la pendiente y la constante variaron a través de los países (es decir tanto el punto de corte en la intención de voto por el incumbent a partir del cual comienza el efecto de las variables independientes, como el efecto de las variables independientes son distintos de país a país). Además se asumió que hay un efecto de interacción entre los niveles vinculado a cómo las características de los países influyen en la relación entre el VE y la probabilidad de voto por el incumbent. Esta fue la principal hipótesis sostenida en este trabajo (H2 y H3) —es decir cómo afectó el contexto para que la valoración de la situación económica sea tenida en cuenta a la hora de votar—. Estos modelos con pendiente aleatoria no sólo midieron la influencia de las variables de nivel país en el promedio de la probabilidad de voto, sino que también estimaron cuándo estas características de los contextos de cada país interactúan con las variables individuales. La especificación de estos modelos[40] se presentó en la Tabla 3, tercera y cuarta columna.

Tabla 3: Resumen de estadísticos de modelo lineal jerárquico generalizado (GHLM) en dos niveles: individuos y países

En la Tabla 3 se resumieron y presentaron los resultados. La explicación de la probabilidad de voto por el partido de gobierno estuvo ahora compuesta por la varianza que aportan las variables a nivel individual más la varianza que aportan las variables a nivel país. Para evaluar la bondad del ajuste del modelo el programa estadístico arrojó un test de confiabilidad que recibe el nombre de índice de dispersión. Cuánto más se acerca a 1 el valor del índice, mejor es el modelo. En la Tabla 3 se pueden ver que ambos modelos tiene un muy buen ajuste aunque ambos poseen una subdispersión. Considerando que los valores son muy cercanos al valor de referencia (1) el riesgo fue muy pequeño.
Tal como se adelantó el modelo 2 sólo contuvo a las variables independientes a nivel individual. Los resultados han sido muy similares a los reflejados en el análisis previo. Todos los coeficientes confirman su nivel de significatividad y sólo hay pequeñas modificaciones relacionadas con la magnitud del impacto de los coeficientes. Con ellos podemos reconfirmar la hipótesis 1 (H1). En cuanto a la constante de nivel individual se puede decir que en principio la variabilidad de la probabilidad de voto por el partido de gobierno entre los países no puede ser explicada como una simple extensión de las variables individuales al interior de cada Estado[41].
El modelo 3 (a y b) con pendiente y constante aleatoria me permitió evaluar cómo las características de los contextos de los países interactúan con los factores explicativos del voto a nivel individual. El primer dato a destacar fueron las diferencias entre la lógica del control sociotrópico retrospectivo frente al del prospectivo. Es decir las variables que afectaron a las valoraciones sociotrópica restrospectiva y a la valoración sociotrópica prospectiva fueron diferentes, tal como los resultados previos lo indicaron.
Los resultados reportados en los modelos 3.a y 3.b son el principal hallazgo del modelo multinivel. Tales modelos han permitido poner a prueba nuevamente las hipótesis 2 (a, b, c, d, e) y las hipótesis 3 (a, b, c, d). Los resultados obtenidos fueron precisados. Sólo pueden ser confirmadas con claridad la H2.a respecto a la valoración sociotrópica retrospectiva y la H2.e respecto de la valoración sociotrópica prospectiva. Las hipótesis 3 no han sido confirmadas con el análisis multinivel.

Se asume varianza binomial en todos los modelos: Varianza de nivel-1 = 1/[P(1-P)] Dado que la variable resultado es una variable Bernoulli la varianza está completamente determinada por la media por lo cual no se incluye término de error de nivel individual. Las variables no fueron centradas.
aModelo 1: Es un modelo vacío sin parámetros explicativos a nivel individual y nivel país. Sólo estima los parámetros de la varianza.
bModelo 2: Incluye sólo los parámetros explicativos a nivel individual.
cModelo 3: Incluye los parámetros explicativos a nivel individual y los explicativos a nivel país que influyen sobre la pendiente de la valoración de la situación económica futura (3.a) y pasada (3.b). La constante y la pendiente pueden variar entre países.
dModelo 4: Incluye los parámetros explicativos a nivel individual y los parámetros explicativos de segundo orden (país). Las variables explicativas de segundo orden influyen en la constante de la predicción de nivel uno y en las pendientes de las variables explicativas individuales de las valoraciones sociotrópica pasada y futura.
c El error típico fue reportado entre paréntesis.
d Cada una de las variables explicativas a nivel país también fueron introducidas en el modelo 3 como componentes que influyen en la constante de la predicción de nivel 1. Al no alcanzar significatividad no fueron expuestas en la tabla para simplificar los resultados. La no presentación de los coeficientes de estas variables se hizo para simplificar los resultados y hacerlos más fácilmente comprensibles.
También fue estimado un modelo pendiente fija y constante aleatoria en el que se incluyeron los parámetros explicativos a nivel individual y los parámetros explicativos de segundo orden (país). En este modelo las variables explicativas de segundo orden sólo influyen en la constante de la predicción de nivel uno. La pendiente se dejó fija. Las variables explicativas a nivel país no alcanzaron significatividad y por ello no se exponen los resultados.
Método de estimación Full PQL corroborado con REML. Estimación Laplace de efectos fijos.
Fuente: Elaboración propia, utilizando paquete estadístico HLM 6.0.

Al ser positivas las dos variables contextuales significativas me indicaron que el tipo de gobierno y la posibilidad de reelección fueron factores que facilitaron la atribución de responsabilidades otorgando mayor claridad al sistema. Estas variables aumentaron el efecto de valorar positivamente a la economía en la probabilidad de voto por el partido de gobierno. A partir del valor de la odds ratio también pude saber que el factor que mayor claridad pareció aportar al escenario de elección fue la posibilidad de reelección efectiva, siguiéndole en importancia si el tipo de gobierno fue unificado o dividido. Este primer dato viene a confirmar el hallazgo de la instancia de análisis anterior, cuando fueron analizados cada tipo de factor por separado.

Conclusión

El hecho que los ciudadanos evalúen las acciones de gobierno y utilicen tales evaluaciones como criterio de selección de sus votos es una evidencia del incentivo fundamental que sea crea mediante las elecciones en los sistemas democráticos. Se puede comprobar a través de tales indicios que la votación viabiliza el control de la representación en tanto los votantes retienen al gobernante sólo cuando este actúa persiguiendo el interés de sus electores; y el gobernante elige políticas que le permitirán ser reelecto (Manin, Pzreworski y Stokes, 1999a, 1999b). Por ello el objetivo de este trabajo fue el estudio de las pautas de voto de los ciudadanos latinoamericanos con posterioridad a la implementación de las reformas de mercado llevadas a cabo durante los años noventa en América Latina. Las tres hipótesis puestas a prueba se han confirmado mediante el análisis empírico: se confirmó el supuesto del VE. El VE fue más fuerte cuando el contexto permitió atribuir más claramente las responsabilidades sobre la economía; y la claridad de la responsabilización estuvo ligada a los mismos factores que la afectan en las democracias consolidadas y además a factores propios de América Latina.
Al concluir el análisis pude extraer las siguientes conclusiones. Una de las conclusiones más relevantes de este trabajo ha sido que los latinoamericanos han actuado según los parámetros que indica la teoría de la racionalidad limitada, utilizando la valoración de la situación económica como heurística a la hora de votar (Simon, 1955). Se confirmó la H1 y se ha demostrado cierta la expectativa fundamental sobre la cual se construyen la teorías del voto económico: "el apoyo del gobierno será debilitado por los malos tiempos económicos y (quizás) fortalecido por los buenos" (Van der Brug, Van der Eijk y Franklin, 2007: 54). Los datos generados mediante el estudio de los países de América Latina vienen a reforzar el principal corolario defendido por la gran mayoría de los académicos que trabajan el tema (Lewis-Beck, 1988; Powell y Whitten, 1993; Whitten y Palmer, 1999; Lewis-Beck y Nadeau, 2001; Duch y Stevenson, 2006).
En cuanto a los antecedentes de la literatura, los hallazgos de las Tablas 1 y 2 me permitieron afirmar que los factores que más impactaron en la claridad de la atribución de responsabilidades fueron los propios de los presidencialismos (H2.e). La posibilidad de la reelección tanto efectiva como legal fue el factor que mayor claridad otorgó al proceso de atribución de responsabilidades en los presidencialismos latinoamericanos. Todas las variables que miden el VE demostraron un comportamiento acorde a lo predicho en la hipótesis H2.e de este trabajo. Tales datos vienen a corroborar el trabajo de Lewis-Beck y Nadeau (2001) sobre el impacto de la reelección y refuerzan los hallazgos de Gélineau (2007). La introducción de este tipo de factores fueron los únicos que han tenido el mismo tipo de impacto en todas las variables de la valoración de la situación económica.
En cuanto al resto de las hipótesis se han confirmado la H2.a y la H2.b respecto a la valoración sociotrópica pasada. Tal dato refuerza los hallazgos de Powell y Whitten (1993) para los parlamentarismos y la reformulación para los presidencialismos hecha por Rudolph (2003). En cambio a partir del comportamiento de las evaluaciones prospectivas se debe concluir la no confirmación de tales H2.a y b. Tales hallazgos parecen acordar más con la conclusión de Lewis-Beck y Nadeau (2001) que sostienen que el gobierno dividido no influyó en la claridad del proceso de atribución de responsabilidades.
En cuanto a la H2.c y H2.d fueron confirmadas por la evidencia expuesta en la Tabla 1, especialmente en relación a la valoración sociotrópica retrospectiva. Tal información refuerza los hallazgos de los trabajos precedentes (Anderson, 2000; Nadeau, Niemi y Yoshinaka, 2002; Van der Brug, Van der Eijk y Franklin, 2001). La hipótesis se confirma especialmente para el grado de apoyo que el presidente tuvo en el Congreso (H2.c). En los contextos de mayor claridad (mayor nivel de apoyo) se refuerza el VE. En cambio la evidencia no fue tan clara para las valoraciones prospectivas.
La hipótesis sobre el número efectivo de partidos (H2.d) se ha visto reforzada por los hallazgos en relación a la pérdida del nivel de significatividad del VE en los sistemas de menor claridad (multipartidismo extremo y polarizado). Tal conclusión reforzó a los estudios previos (Anderson, 2000; Nadeau et al., 2002; van der Eijk et al., 2001). La evidencia fue mayor en los sistemas polarizados y para la orientación prospectiva.
Por último el estudio de los factores propios de Latinoamérica también me permitió extraer importantes conclusiones. Sólo el cambio de reglas para la elección de presidente volvió ambiguo el contexto que imposibilitó el ejercicio del control retrospectivo (H3.d). Pero por su parte la magnitud del efecto del control prospectivo se mantuvo estable tanto en los contextos de estabilidad como de cambio de este tipo de reglas. Otras de las importantes consecuencias extraídas de la Tabla 2 fue que pese a los distintos grados de consolidación de las democracias de la región y pese a los altos niveles de volatilidad que existen en algunos países, los ciudadanos han actuado racionalmente en las urnas premiando a los "buenos" políticos y castigando a los "malos".
Los hallazgos obtenidos en la primera parte del análisis de evaluación de cada tipo de factor por separado han sido confirmados y han podido profundizarse. Tanto la importancia de los factores institucionales estáticos (Powell y Whitten, 1993), como los factores dinámicos para los parlamentarismos (Anderson, 2000; Nadeau, Niemi y Yoshinaka, 2002; Van der Brug, Van der Eijk y Franklin, 2001) y la reformulación para los presidencialismos hecha por Rudolph (2003), los factores característicos de los presidencialismos Lewis-Beck y Nadeau (2001), y la aplicación para Latinoamérica hecha por Gélineau (2007), han demostrado influir en la relación entre valoración económica y voto. También los factores propios de América Latina que propuse para dar cuenta de la naturaleza propia de las democracias de América Latina resultaron ser influencias significativas en el escenario de atribución de responsabilidades.
Con los resultados obtenidos mediante la estimación de la regresión multinivel se confirmaron las H2.a y H2.b. Se puede concluir entonces que si el partido de gobierno tiene una mayoría unificada en el congreso, genera mayor claridad facilitando el proceso de atribución de responsabilidades, volviendo más intenso el efecto de la valoración sociotrópica restrospectiva. La misma influencia parece tener la posibilidad de reelección. Ésta genera mayor claridad y facilita la responsabilización, aumentando el efecto de la valoración sociotrópica prospectiva.
A la luz de los resultados obtenidos en este trabajo el enfoque que mayormente ha salido reforzado ha sido el propuesto por Lewis-Beck y Nadeau (2001). Este enfoque advierte sobre la importancia de que los presidentes se presenten a la reelección como factor facilitador de la responsabilización de los residentes. Esta condición ha sido la que visiblemente atribuye mayor claridad al escenario electoral y al proceso de atribución de responsabilidades. Para las valoraciones sociotrópicas prospectivas tener la posibilidad efectiva de castigar o premiar al mismo mandatario ha sido el factor más determinante. En cambio que el partido del presidente tenga mayoría en el Congreso es lo que parece otorgar mayor claridad a la hora de responsabilizar en relación a las valoraciones sociotrópicas retrospectivas.

Notas

* En primer lugar la autora agradece los comentarios realizados por el evaluador anónimo de la Revista SAAP, los cuales, según la autora, han permitido una versión mucho más fluida y coherente del trabajo. También la autora quisiera agradecer a los jurados del Premio SAAP a las Investigaciones sobre Comportamiento Político (2009) cuyos comentarios le permitieron enriquecer el artículo. La autora también quisiera agradecer a sus directores de tesis con quienes fue construyendo paso a paso esta investigación, a Juan Manuel Abal Medina y a José Ramón Montero. A la autora le gustaría agradecer a Michael Lewis-Beck por haberse constituido en un comentarista permanente de su trabajo. Por último, la autora desea agradecer a todas aquellas personas que con sus comentarios y sugerencias han contribuido a mejorar este artículo.

[1]Todas las traducciones de los fragmentos citados son de la autora.

[2] Creo que sería un equívoco reducir la accountability subsumiéndola sólo al análisis que aquí se realiza y desconociendo el resto de aspectos que la misma implica (Pitkin, 1967). Teniendo en cuenta las limitaciones de este estudio de carácter empírico, soy consciente de que analizo un solo aspecto (entre varios) que reflejan una pequeña parte de la relación de representación. De ninguna manera las conclusiones extraídas pueden abonar al fenómeno general de accountability. Por ello las conclusiones que aquí se plantean no deberían moverse más allá de uno de los aspectos de la rendición de cuentas.

[3] Este enfoque se desarrolló por los años '40 y nació como el modelo de Columbia. La principal conclusión a la que llegaron teóricos como Lazarsfeld fue que el voto está determinado casi exclusivamente por las características sociológicas de los votantes. Esta clase de factores se anclan en los clivajes. Estos postulados se basan en un modelo de sociedad con fuerte estratificación social, con grandes divisiones sociales y con una movilidad mínima (Dalton, 1996).

[4]El enfoque psicológico, conocido como modelo de Michigan, nace por los años '60 y se centrará en explicar el voto a partir de factores psicológicos como la identificación partidaria o ideológica. A fin de explicar la volatilidad de un electorado con características sociales prácticamente inalteradas, encuentran que como resultado de la socialización y del entorno se generan mecanismos de identificación hacia un partido, lo que permite establecer un orden de preferencias y ello es traducido en votos (Campbell et al., 1960: 137). No desconocen el rol de las características sociológicas, sino más bien lo que sugieren es que tales condicionamientos aparecen mediatizados por la identificación partidaria-ideológica (Berglum et al., 2005).

[5]A lo largo de este trabajo se utilizarán como sinónimos visión retrospectiva, control retrospectivo y sociotrópica retrospectiva, para referirse a la valoración de la situación económica pasada general del país. También se utilizarán como sinónimos visión prospectiva, control prospectivo y sociotrópica prospectiva, para referirse a la valoración de la situación económica futura general del país.

[6]Término en inglés que hace referencia al partido en el gobierno. A lo largo del texto incumbent, partido en el gobierno y oficialismo serán utilizados como sinónimos.

[7] Debemos hacer notar que se ha evaluado la posibilidad de introducir las variables originales de valoración de la situación económica medida en tres niveles (0 mejor, 0,5 igual y 0,1 peor) estandarizada pero dado que el comportamiento de los coeficientes era similar, preferí construir las variables dicotómicas a fin de facilitar la interpretación.

[8] El NEP es un índice diseñado por Laakso y Taagepera en 1979, para medir el número efectivo de partidos. La fórmula para calcular este índice es: N=1/∑ pi²                                                                 i=1
donde pi es la proporción de votos obtenido por cada partido y la expresión ∑ pi²  es la suma del cuadrado del porcentaje de los votos obtenidos por cada partido. Se tomó la elección previa más cercana como referencia.

[9] Para poder seleccionar los factores que podrían tener mayor impacto en la atribución de responsabilidades he estudiado en profundidad el concepto de accountability y su consecuente proceso de responsabilización. Para que se cumplan los atributos definitorios de este concepto se asumen ciertos supuestos básicos subyacentes. Estos son: mínimo grado de legitimidad del sistema democrático, grado mínimo de estabilidad en las pautas de voto, grado mínimo de estabilidad del sistema de partidos, grado mínimo de estabilidad de las reglas institucionales. La desaparición de alguno de estos factores imposibilitaría el proceso de atribución de responsabilidades y por lo tanto desaparecería el control de los representantes. Por ello fueron incluidos en el estudio.

[10] Esto es así ya que la volatilidad es el cambio en las pautas de voto y nuestra variable dependiente también sería voto. Ambas dimensiones comparten una importante cantidad de información que es redundante y eso puede hacer que la bondad del ajuste se eleve ficticiamente.

[11] La variable que mide esta dimensión identificó con el valor 1 cuando se realizaron cambio de reglas y 0 cuando las reglas permanecieron estables.

[12] Estos países son Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Todos ellos más Ecuador son los países incluidos en la encuesta de Latinobarómetro. Este último país fue excluido del análisis porque su cuestionario no incluyó preguntas sobre valoración de la economía futura.

[13] En los análisis preliminares realizados, que por cuestiones de espacio no pudieron incluirse en este trabajo, fueron estimadas mediante funciones logit las ecuaciones de voto que mejor explicaron la probabilidad de voto en forma separada para el año 1996, 2000 y 2004. En tales ecuaciones fueron incluidas las variables explicativas de los distintos modelos de voto: voto económico; voto de identificación ideológico-partidaria; y voto por caracteríticas sociológicas. Tales ecuaciones fueron sometidas a rigurosos medios de control que incluyeron análisis de residuos y de estadítisticos de bondad del ajuste; regresión logística multinomial incluyendo indecisos para evitar el sesgo de la muestra; análisis ancova con dummies por país; regresión segmentada en el interior de cada país y año. Luego de todas las operaciones descriptas pude concluir sobre el modelo que mejor estima la probabilidad de voto y fue el utilizado como parámetro de la comparación.

[14] Las fuentes de datos de estas variables contextuales fueron las siguientes: Payne, Zovatto y Mateo Díaz (2007); Political dataset of Americas de la Universidad de Georgetown; y Cavarozzi y Abal Medina (2002).

[15]   Dado que algunos trabajos sugieren que la cercanía a las elecciones activa la influencia del VE, los resultados fueron controlados con la introducción al modelo de una variable dicotómica que indica cuando la elección fue realizada en el año previo y/o posterior a la encuesta. También se probó con un término de interacción. La significatividad y la magnitud de los coeficientes fue similar a los resultados reportados. También se estimó el mismo modelo de forma separada en los países en donde hubo elecciones en el año previo o posterior y en donde no hubo elecciones. Todos los modelos fueron significativos y los resultados fueron similares. Sólo varió el ajuste del modelo que fue levemente mayor en los años electorales.

[16]La comparabilidad de las bases de Latinobarómetro está asegurada por el tratamiento similar del diseño e implementación de la encuesta y de la codificación de los datos, en los 16 países.

[17]Si bien estos autores pueden agruparse existen importantes diferencias entra cada uno de los planteos, para una mayor precisión del debate se recomienda Navarro (1995).

[18] Kurt Weyland (1996, 2002, 2003) aplicará la teoría prospectiva para intentar explicar las decisiones tomadas por los presidentes de varios países de América Latina al implementar los programas neoliberales de ajuste y el sorprendente alto nivel de apoyo popular que tuvieron esas mediadas riesgosas y costosas. "La teoría prospectiva provee el centro de una explicación convincente por las decisiones y reacciones inesperadas que hasta el momento han sido explicadas de una forma ad hoc" (Weyland, 1996: 190).

[19] Ante la ausencia de una pregunta sobre el recuerdo de voto seleccioné la pregunta de intención de voto.

[20] La pregunta original es si este domingo fueran las elecciones ¿por qué partido votaría?

[21] Se reduce así el tamaño de la muestra afectando la eficiencia estadística del análisis. Para evitar el posible sesgo que esta exclusión podría generar, repliqué los análisis con una variable multinomial que incluyó a esta clase de votantes. Dado que los resultados fueron similares, preferí utilizar los resultados de la regresión logística para simplificar la interpretación.

[22] La fórmula de la recodificación de la variable es: media de la autoubicación ideológica de los votantes al incumbent (menos) la autoubicación ideológica del entrevistado. Todos han sido medidos en una escala de 10 puntos. Posteriormente la escala de valores de respuesta de esta variable será estandarizada.

[23] La pregunta sobre las diferentes valoraciones de la economía se repiten en las dos encuestas analizadas y sus categorías de respuestas están de igual forma medidas. En todos los casos las respuestas se distribuyen en una escala de tres niveles, en los cuales la valoración 1 corresponde a "mejor", 2 a "igual", 3 a "peor". (SP2) ¿Considera usted que la actual situación económica del país está mejor, igual, o peor que 12 meses atrás? (SP3) ¿Y en los próximos 12 meses usted cree que, en general, la situación económica mejorará, estará igual o empeorará? (SP5) ¿Considera usted que su situación económica y que la de su familia está mejor, igual, o peor que 12 meses atrás? (SP6) ¿Y en los próximos 12 meses usted cree que, su situación económica y que la de su familia mejorará, estará igual, o empeorará? Tanto las respuestas no sabe como no contesta fueron excluidas del análisis.

[24] Todas las variables fueron medidas en una escala del 0 al 1. Esto me permitió comparar los efectos de cada variable en tanto comparten la misma unidad de medida y un cambio en cualquier de ellas, excepto en la edad, implicó el paso de su valor mínimo a su máximo efecto. La fórmula de estandarización sigue la siguiente transformación metrica K = (X - Xmin) / (Xmax - X min) donde K es la variable transformada y X la original.

[25] La pregunta original fue¿cuán devoto se considera de si mismo?

[26] Antes de hacer la selección de este indicador hemos probado diferentes combinaciones de otros ítems referidos a la religión y todos demostraron poseer un comportamiento similar.

[27] En el marco del modelo sociológico, gracias al trabajo de Mainwaring y Torcal (2004) se cuenta con evidencia empírica suficiente para sostener la debilidad del voto de clase para estructurar la selección de preferencias electorales, por ello no fue incluida de forma directa una clasificación de trabajadores.

[28] La pregunta original era: ¿Cuál es su situación laboral? 1 trabajador independiente, 2 asalariado público, 3 asalariado privado, 4 de baja temporal, 5 jubilado, 6 no tiene trabajo, 7 estudiante.

[29] Es una escala de 7 posiciones (1 sin estudios, 7 universitario completo, se ha estandarizado).

[30] Varía entre el valor 1 = cubre todas sus necesidades; y 4 = posee grandes dificultades para cubrir las necesidades.

[31] En el caso de la edad, debido a que el tipo de relación puede variar de segmento a segmento, siendo significativos sólo algunos rangos etarios, se han hecho las pruebas estadísticas correspondientes y en tanto al incoporar las diferentes opciones de variables al análisis su significatividad desaparecía ante el resto de variables, preferí mantener la variable original.

[32] Esta inclusión se basó en exploraciones previas que evidenciaron una importante asociación entre el nivel de religiosidad y la valoración de la situación económica.

[33]Tal argumento se fundamenta en los estudios sobre religiosidad y voto (Rose y Urwin, 1969; Kotler-Berkowitz, 2001; Calvo y Montero, 2002). Muchos de estos trabajos han probado que los votantes con afección religiosa suelen identificarse con valores conservadores. Siguiendo a Sander y Carey (2002: 228), las opiniones políticas de los votantes que son menos afines a tomar riesgos políticos se vuelven más conservadoras ("stickier" en el original). Por lo que es menos probable que cambios en sus percepciones económicas se traduzcan en cambios al apoyo al partido de gobierno. Justamente por esta adversión a los cambios desarrollarían conductas de mayor tolerancia a los procesos ajuste.

[34]Si bien considero que para Latinoamérica la identificación partidista sería el mejor indicador para introducir, este tipo de pregunta sólo fue incluida en el año 1996 y luego se excluyó de los cuestionarios. Para tal año la pregunta seleccionada fue: ¿Con respecto a los partidos politicos como se siente usted... muy cercano, bastante cercano, solo un simpatizante o no cercano a ningún partido politico?

[35] La pregunta original fue: En política, la gente normalmente habla de "izquierda" y "derecha". En una escala donde 0 es izquierda y 10 es derecha, ¿dónde se ubicaría usted?

[36] Gobierno unificado; gobierno dividido; bicameralismo con Cámara de veto; bicameralismo sin Cámara de veto; apoyo alto del presidente en Cámara; apoyo medio del presidente en Cámara; apoyo bajo del presidente en Cámara; sistema de partidos predominante a bipartidismo; sistema de partidos bipartidista a multipartidista; multipartidismo moderado; multipartidismo polarizado; sistema de partidos atomizado; sistemas con posibilidad legal de reelección; sistemas sin posibilidad legal de reelección; sistemas en donde candidatos se presentaron efectivamente para la reelección; sistemas en donde candidatos no se presentaron efectivamente para la reelección; pautas de voto estables; pautas de voto alternadas; cambio de reglas elección presidente; estabilidad de reglas de elección presidente; sistemas de partidos sin cambios; sistemas de partidos con cambio medio; sistemas de partidos con alto grado de cambio; sistemas de partidos con grado de cambio extremo.

[37] Debe advertirse aquí que el r2 si bien me sirvió como indicador del ajuste del modelo, la comparación entre las estimaciones hechas en los distintos contextos se ve limitada por la variación en el número de casos.

[38] La justificación de la utilización de este modelo de regresión multinivel se fundamentó en tres criterios. El primero fue empírico y se confirmó al analizar la intención de voto por el partido de gobierno promedio, hay una considerable variación de país a país en la intención de voto. El segundo criterio de justificación fue estadístico. Con ello hice referencia a la propia estructura de los datos. Uno de las principales supuestos de los modelos de regresión simples es que las observaciones y los términos de error son independientes unos de otros. La forma en que son recolectados los datos de las encuestas de Latinobarómetro por país, viola este supuesto básico. La recolección de los datos corresponde a muestras probabilísticas realizadas en cada país por separado y que luego una vez que todos los países recogieron sus datos, éstos son unificados en una misma base. La naturaleza de este tipo de datos implicó que de utilizar un modelo de regresión simple se pudiera violar el supuesto de independencia de las observaciones y errores. En cambio los modelos de regresión multinivel relajan este supuesto de independencia y permiten estructuras de errores correlacionadas. El tercer criterio de justificación fue teórico y ha sido la razón fundamental para tomar la decisión de aplicar el modelo multinivel. Como se mencionó previamente, en esta parte del análisis para poder explicar la influencia que ejerció el contexto en el proceso de atribución de responsabilidades he utilizado variables independientes medidas a nivel país. De no recurrir a este tipo de modelo no podrían controlarse los efectos de todos los factores institucionales preseleccionados introducidos al mismo tiempo al análisis. Tampoco podría conocerse cuáles factores tienen mayor relevancia. Pero fundamentalmente no podría captarse la interacción que fue postulada por la mayoría de los trabajos de la literatura.

[39] En un primer momento se recurrió a un análisis de tres niveles. Pero dado que la influencia de los años fue muy reducida ya que contenía sólo tres puntos temporales (varianza de tercer nivel = 0,000), priorizando la parsimonia apliqué una regresión de dos niveles (individuos y países).

[40] Debo hacer una importante aclaracin en relación a las limitaciones del análisis. Normalmente en la literatura se recomienda aplicar estos modelos con un número mínimo de 30 unidades agregadas (Luke, 2004). Pese a ello es frecuente en la literatura encontrar análisis con un número menor de unidades de nivel 2. Para evitar los problemas relacionados con esta restricción se han desarrollado algunas estrategias que permiten asegurar la fiabilidad de los resultados aunque el riesgo no desaparece. Entre las precauciones tomadas en este trabajo se ha elegido aplicar un método de estimación restringida PQL. Las siglas provienen del inglés penalizad quasi-likelihood que indica que se utlizó un procedimiento de aproximación asintótica a la probabilidad. También se estimó el índice de dispersión como test de confiabilidad. Otra de las recomendaciones ha sido priorizar la parsimonia y evitar forzar el modelo con la introducción de muchas variables. En este trabajo la utilización de este modelo se realizó para comprobar los resultados obtenidos en las etapas previas y para obtener un mayor grado de exactitud. Por tal razón también fue necesario incluir varios parámetros explicativos en cada nivel. Pero han sido incluidos teniendo un resultado previo que justificó esa decisión.

[41] Debe recordarse que todas las variables a nival país fueron incluidas como predictores de la constante a nivel individual pero no fueron reportadas por no alcanzar significatividad.

Bibliografía

1. Anderson, Christopher J. (2000). "Economic Voting and Political Context: A Comparative Perspective", en Electoral Studies, Vol. 19, N° 2-3, junio.         [ Links ]

2. Bengtsson, Åsa (2004). "Economic Voting: The Effect of Political Context, Volatility and Turnout on Voters' Assignment of Responsibility", en European Journal of Political Research, Vol. 43, N° 5, agosto.         [ Links ]

3. Benton, Allyson Lucinda (2005). "Dissatisfied Democrats or Retrospective Voters?: Economic Hardship, Political Institutions, and Voting Behavior in Latin America", en Comparative Political Studies, Vol. 38, N° 4, mayo.         [ Links ]

4. Berglum, Frode et al. (2005). "Party Identification and Party Choice", en Thomanssen, Jaques (ed.), The European Voter. A Comparative Study of Modern Democracies, Oxford, Oxford University Press-ECPR.         [ Links ]

5. Bloom, Howard S. y H. Douglas Price (1975). "Voter Response to Short-Run Economic Conditions: The Asymmetric Effect of Prosperity and Recession", en American Political Science Review, Vol. 69, N° 4.         [ Links ]

6. Bresser Pereira, Luiz Carlos, José María Maravall y Adam Przeworski (1993). Las reformas económicas en las nuevas democracias. Un enfoque social demócrata, Madrid, Alianza Editorial.         [ Links ]

7. Calcagno, Alfredo F. (2001). "Ajuste estructural, costo social y modalidades de desarrollo en América Latina", en Sader, Emir (comp.), El ajuste estructural en América Latina. Costos sociales y alternativas, Buenos Aires, Clacso.         [ Links ]

8. Calvo, Kerman y José Ramón Montero (2002). "Cuando ser conservador ya no es un problema: religiosidad, ideología y voto en las elecciones generales de 2000", en Revista Española de Ciencia Política, N° 6, abril.         [ Links ]

9. Campbell, Angus et al. (1960). The American Voter, Chicago, The University of Chicago Press.         [ Links ]

10. Cavarozzi, Marcelo y Juan Manuel Abal Medina (comps.) (2002). El asedio a la política. Los partidos latinoamericanos en la era neoliberal, Rosario, Homo Sapiens Ediciones.         [ Links ]

11. Dalton, Russel J. (1996). "Political Cleavages, Issues, and Electoral Change", en LeDuc, Lawrence, Richard G. Niemi y Pippa Norris (eds.), Comparing Democracies 2. New Challenges in the Study of Elections and Voting, Londres, Sage Publications.         [ Links ]

12. Dorussen, Han y Michael Taylor (eds.) (2002). Economic Voting,Londres, Routledge.         [ Links ]

13. Downs, Anthony (1957). An Economic Theory of Democracy, Nueva York, Harper & Row.         [ Links ]

14. Duch, Raymond M. y Harvey D. Palmer (2002). "Heterogeneous Perceptions of Economic Conditions in Cross-National Perspective", en Dorussen, Han y Michael Taylor (eds.), Economic Voting,Londres, Routledge.         [ Links ]

15. Duch, Raymond M. y Randy Stevenson (2006). "Assessing the Magnitude of the Economic Vote over Time and Across Nations", en Electoral Studies, Vol. 25, N° 3, septiembre.         [ Links ]

16. Fernández-Albertos, José (2006). "Does Internationalisation Blur Responsability? Economic Voting and European Openess in 15 European Countries", en West European Politics, Vol 29, N° 1, enero.         [ Links ]

17. Fiorina, Morris P. (1981). Retrospective Voting in American National Elections, Nuevo Haven, Yale University Press.         [ Links ]

18. Fraile, Marta (2005). Cuando la economía entra en las urnas. El voto económico en España (1979-1996), Madrid, CIS.         [ Links ]

19. Frenkel, Roberto (2003). "Globalización y crisis financieras en América Latina", en Revista de la Cepal, Nº 80, agosto.         [ Links ]

20. Gambina, Julio C. (2001). "Estabilización y reforma estructural en la Argentina (1989/99)", en Sader, Emir (comp.), El ajuste estructural en América Latina. Costos sociales y alternativas, Buenos Aires, Clacso.         [ Links ]

21. Geddes, Barbara (1995). "The Politics of Economic Liberalization", en Latin American Research Review, Vol. 30, N° 2.         [ Links ]

22. Gélineau, François (2007). "Presidents, Political Context, and Economic Accountability: Evidence from Latin America", en Political Research Quarterly, Vol. 60, Nº 3.         [ Links ]

23. Hirschman, Albert O. (1984). "A Dissenter's Confession: The Strategy of Economic Development Revisited", en Meier, Gerald M. y Dudley Seers (eds.), Pioneers in Development, Nueva York, Oxford University Press.         [ Links ]

24. Kahneman, Daniel y Amos Tversky (1979). "Prospect Theory: An Analysis of Decision Under Risk", en Econometrica, Vol. 47, Nº 2.         [ Links ]

25. Key, V. O. (1966). The Responsible Electorate. Rationality in Presidential Voting, 1936-1960,Cambridge, Harvard University Press.         [ Links ]

26. Kinder, Donald R. y Roderick Kiewiet (1981). "Sociotropic Politics: The American Case", en British Journal of Political Science, Vol. 11, Nº 2.         [ Links ]

27. Kotler-Berkowitz, Laurence A. (2001). "Religion and Voting Behaviour in Great Britain: A Reassessment", en British Journal of Political Science, Vol. 31, N° 3.         [ Links ]

28. Kramer, Gerald H. (1971). "Short-Term Fluctuations in U.S. Voting Behavior, 1896-1964", en American Political Science Review, Vol. 65, N° 1.         [ Links ]

29. Lewis-Beck, Michael (1988). Economics and Elections: The Major Western Democracies, Ann Arbor, University of Michigan Press.         [ Links ]

30. Lewis-Beck, Michael (2007). "Economic Models of Voting", Estudio/Working paper 75/2007, Universidad Autónoma de Madrid, Madrid.         [ Links ]

31. Lewis-Beck, Michael y Martin Paldam (2000). "Economic Voting: An Introduction", en Electoral Studies, Vol. 19, N° 2-3.         [ Links ]

32. Lewis-Beck, Michael y Richard Nadeau (2001). "National Economic Voting in U.S. Presidential Elections", en The Journal of Politics, Vol. 63, N° 1.         [ Links ]

33. Lipset, Seymour Martin y Stein Rokkan (1967). "Cleavage Structures, Party Systems, and Voter Alignments: Cross-National Perspectives", en Lipset, Seymour Martin y Stein Rokkan (eds.), Party Systems and Voter Alignments: Cross-National Perspectives, Nueva York, Free Press.         [ Links ]

34. Luke, Douglas A. (2004). Multilevel Modeling, California, Sage Publications.         [ Links ]

35. Lupia, Arthur, Mathew D. McCubbins y Samuel L. Popkin (eds.) (2000). Elements of Reason: Cognition, Choice, and the Bounds of Rationality,Nueva York, Cambridge University Press.         [ Links ]

36. Mainwaring, Scott y Mariano Torcal (2004). "Class Voting: Latin America and Western Europe", manuscrito.         [ Links ]

37. Manin, Bernard, Adam Przeworski y Susan Stokes (1999a). "Elections and Representation", en Przeworski, Adam, Susan Stokes y Bernard Manin (eds.), Democracy, Accountability and Representation, Cambridge, Cambridge University Press.         [ Links ]

38. Manin, Bernard, Adam Przeworski y Susan Stokes (1999b). "Introduction", en Przeworski, Adam, Susan Stokes y Bernard Manin (eds.), Democracy, Accountability and Representation, Cambridge, Cambridge University Press.         [ Links ]

39.Nadeau, Richard, Richard G. Niemi y Antoine Yoshinaka (2002). "A Cross-National Analysis of Economic Voting: Taking Account of the Political Context Across Time and Nations", en Electoral Studies, Vol. 21, N° 3, septiembre.         [ Links ]

40. Navarro, Mario (1995). "Democracia y reformas estructurales: explicaciones de la tolerancia popular al ajuste económico", en Desarrollo Económico, Vol. 35,Nº 139, octubre-diciembre.         [ Links ]

41. Offe, Claus (1988). "Democracy Against the Welfare State? Structural Foundations of Neoconservative Political Opportunities", en Moon, J. Donald (ed.), Responsibilities, Rights and Welfare: The Theory of the Welfare State, Boulder, West View Press.         [ Links ]

42. Paldam, Martin (1991). "The Development of the Rich Welfare State of Denmark", en Blomström, Mangus y Patricio Meller (eds.), Diverging Paths. A Century of Scandinavian and Latin American Development, Washington D.C., John Hopkins University Press.         [ Links ]

43. Palmer, Harvey D. y Guy Whitten (2002). "Economics, Politics, and the Cost of Ruling in Advanced Industrial Democracies: How Much Does the Context Matter?", en Dorussen, Han y Michael Taylor (eds.), Economic Voting,Londres, Routledge.         [ Links ]

44. Payne, J. Mark, Daniel Zovatto y Mercedes Mateo Díaz (2007). Democracies in Development: Politics and Reform in Latin America, Washington D.C., Inter-American Development Bank.         [ Links ]

45. Pitkin, Hanna (1998). El concepto de representación, Madrid,CEC.         [ Links ]

46. Powell, G. Bingham Jr. y Guy Whitten (1993). "A Cross-National Analysis of Economic Voting: Taking Account of the Political Context", en American Journal of Political Science, Vol. 37, N° 2.         [ Links ]

47. Przeworski, Adam (1990). Democracy and the Market, Cambridge, Cambridge University Press.         [ Links ]

48. Remmer, Karen (2008). "The Politics of Institutional Change: Electoral Reform in Latin America, 1978-2002", en Party Politics,Vol. 14, N° 1, enero.         [ Links ]

49. Roberts, Kenneth y Erik Wibbels (1999). "Party System and Electoral Volatility in Latin America: A test of Economic, Institutional, and Structural Explanations", en The American Political Science Review, Vol. 93, Nº 3.         [ Links ]

50. Rose, Richard y Derek W. Urwin (1969). "Social Structure, Party Systems and Voting Behaviour", en Comparative Political Studies, Vol. 2,N° 1.         [ Links ]

51. Rudolph, Thomas J. (2003). "Who's Responsible for the Economy? The Formation and Consequences of Responsibility Attributions", en American Journal of Political Science, Vol. 47, N° 4.         [ Links ]

52. Sanders, David y Sean Carey (2002). "Temporal Variations in Economic Voting: A Comparative Cross-National Analysis", en Dorussen, Han y Michael Taylor (eds.), Economic Voting, Londres, Routledge.         [ Links ]

53. Simon, Herbert A. (1955). "A Behavioral Model of Rational Choice", en The Quarterly Journal of Economics, Vol. 69, N° 1, febrero.         [ Links ]

54. Snijders, Tom y Roel Bosker (1999). Multilevel Analysis: An Introduction to Basic and Advances Multilevel Modeling, Londres, Sage Publications.         [ Links ]

55. Van der Brug, Wouter et al. (2006). "Rethinking the Dependent Variable in Voting Behavior: On the Measurement and Analysis of Electoral Utilities", en Electoral Studies, Vol. 25, N° 3, septiembre.         [ Links ]

56. Van der Brug, Wouter, Cees Van der Eijk y Mark Franklin (2001). "The Economy and the Vote: Electoral Response to Economic Conditions in 15 Countries", paper presentado en la Conferencia General de la ECPR.         [ Links ]

57. Van der Brug, Wouter, Cees Van der Eijk y Mark Franklin (2007). The Economy and the Vote. Economic Conditions and Elections in Fifteen Countries,Nueva York, Cambridge University Press.         [ Links ]

58. Weyland, Kurt (1996). "Neo-Populism and Neo-Liberalism in Latin America: Unexpected Affinities", en Studies in Comparative International Development, Vol. 32, Nº 3, otoño.         [ Links ]

59. Weyland, Kurt (2002). The Politics of Market Reform in Fragile Democracies, Princeton, Princeton University Press.         [ Links ]

60. Weyland, Kurt (2003). "Economic Voting Reconsidered: Crisis and Charisma in the Election of Hugo Chávez", en Comparative Political Studies, Vol. 36, N° 7, septiembre.         [ Links ]

61. Whitten, Guy y Harvey D. Palmer (1999). "Cross-National Analyses of Economic Voting", en Electoral Studies, Vol. 18, Nº 1, marzo.         [ Links ]