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Revista SAAP

On-line version ISSN 1853-1970

Revista SAAP vol.5 no.2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires July/Dec. 2011

 

ARTÍCULOS

La conexión subnacional: geografía del voto y coaliciones electorales en el federalismo brasileño*

 

André Borges

Universidad de Brasilia
andrebc@unb.br

Alvino Sanchez Filho

Universidad Federal de Bahía
sanchesfil@uol.com.br

Carlos Rocha

Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais
carocha@pucminas.br

 


Resumen

El artículo propone investigar los patrones de continuidad y cambio de las coaliciones electorales en las elecciones legislativas nacionales en Brasil. Sostenemos que la definición de los patrones territoriales de voto de los partidos y candidatos se asocia fuertemente con el clivaje gobierno-oposición en el nivel estadual. En el federalismo brasileño los gobernadores controlan los recursos formales e informales de poder que les permiten ejercer una influencia considerable en la movilización de redes partidarias locales y votantes en localidades oficialistas. El papel de la coalición gobernante en las elecciones legislativas depende de procesos de cooperación y competencia entre el nivel nacional y el subnacional. Cuando el gobernador no está aliado al gobierno federal, la oposición local puede tomar ventaja de su acceso a programas del gobierno federal y a recursos de patronazgo para mejorar el desempeño de los candidatos a la Cámara Federal. Del mismo modo, cuando la coalición de gobierno estatal coincide con la nacional, los candidatos afiliados a partidos de la coalición gozan de una ventaja competitiva sustancial con respecto a los candidatos de la oposición. Estos procesos reflejan las características institucionales de la democracia brasileña, particularmente con respecto a la centralidad de los Ejecutivos nacional y estadual en el proceso de toma de decisiones gubernamentales y en la arena electoral. El artículo analiza la geografía del voto de los partidos de gobierno y oposición en tres estados de la Federación -Río Grande del Norte, Minas Gerais y Bahía- cubriendo las elecciones desde 1998 hasta 2006.

Palabras clave

Federalismo; Geografía electoral; Política subnacional; Brasil; Gobernador

Abstract

This paper proposes to inquire on the stability and change of electoral coalitions in national legislative elections in Brazil. We argue that the definition of territorial patterns of voting of both political parties and individual candidates is strongly associated with the government-opposition cleavage at the state level. In Brazilian federalism, state governments control formal and informal resources that allow them to exert substantial influence in the mobilization of local party networks and voters in "pro-incumbent" localities. The role of the state governor's coalition in legislative elections is shaped by national-local processes of cooperation and competition. When the governor is not allied with the federal government, the local opposition may take advantage of their access to federal policy and patronage to boost the performance of candidates to the Federal Chamber. Conversely, when the governor's coalition reproduces the national coalition, candidates affiliated with the coalition parties enjoy a much greater competitive advantage compared to the opposition. These patterns reflect institutional characteristics of Brazilian democracy, especially regarding the centrality of national and state Executives in the governing process and in the electoral arena. The paper analyzes the geography of the vote of government and opposition parties in three states of the federation -Río Grande del Norte, Minas Gerais and Bahía- from 1998 to 2006.

Key words

Federalism; Electoral geography; Sub-national politics; Brazil; Governor


 

I. Introducción

Este trabajo tiene como objetivo examinar cuestiones todavía poco estudiadas por la ciencia política brasileña en relación con la dimensión territorial de la política electoral en los estados. El objetivo principal es identificar la existencia o no de patrones territoriales regulares en la distribución de los votos en las elecciones para las Asambleas Legislativas y la Cámara Federal, y determinar en qué medida estos patrones están asociados con la posición de los partidos respecto a los gobiernos nacional y estadual. Sostenemos que la definición de los patrones territoriales de voto de diputados y partidos debe acompañar el clivaje entre el gobierno y la oposición a nivel estadual, una vez que el gobernador y su grupo político son capaces de hacer uso de los poderes formales e informales del Ejecutivo local para movilizar al electorado oficialista en los municipios pobres. Por otro lado, el posicionamiento del oficialismo y la oposición estadual respecto al gobierno federal también afecta a las estrategias de construcción de coaliciones debido a la potencial competencia vertical entre las coaliciones estaduales y nacionales.
La hipótesis central sigue el modelo desarrollado por Shefter (1994) para dar cuenta de la relación entre el estado y los partidos políticos. En el caso brasileño, el sistema político desarrollado posteriormente a 1985 se caracteriza por el predominio de las organizaciones "movilizadas internamente", es decir, partidos creados por las élites que ocupan cargos en el gobierno, que inicialmente tuvo éxito en la movilización del electorado a través de la distribución de recursos particulares. Sólo los partidos de izquierda, en particular el PT (Partido de los Trabajadores), se adecuan a la definición de partidos "movilizados externamente". Estas son organizaciones creadas al margen del régimen existente y que, por no tener acceso a los puestos de trabajo y los recursos públicos, se vieron obligadas a buscar el apoyo de una red de organizaciones de masas como los sindicatos de trabajadores urbanos y rurales, movimientos sociales y secciones partidarias que no dependen del patronazgo (Mainwaring, 1999; Nunes, 1997). De acuerdo con Shefter (1994), los partidos movilizados externamente deben desarrollar una identidad programática e ideológica bien definida y buscar el apoyo de los votantes menos susceptibles a las estrategias de movilización clientelista. La supervivencia de los partidos internamente movilizados depende principalmente de la capacidad de generar un flujo continuo de beneficios particulares capaces de satisfacer las demandas de sus miembros y afiliados.
Sin embargo, las diferencias entre los partidos catch all, de centro y derecha, y los partidos de izquierda, los bajos niveles de identificación partidaria y la existencia de un amplio electorado volátil, de fuerte inclinación oficialista, hacen que el acceso a puestos del Ejecutivo sea determinante en la estructuración de las disputas electorales y en el proceso de expansión de las bases sociales de los partidos. Esta dinámica surge de las características institucionales de la democracia brasileña. En un sistema político caracterizado por Ejecutivos fuertes, federalismo robusto y partidos débiles en el terreno electoral, los jefes del Ejecutivo a nivel federal y estadual ocupan un rol central en la construcción y reconstrucción de las coaliciones electorales, a diferencia de los sistemas donde los partidos están más institucionalizados. El modelo presidencial adoptado en la Constitución de 1988 garantiza al jefe del Ejecutivo poderes bastante amplios en lo que concierne a la formulación e implementación del presupuesto, el monopolio de iniciativa legislativa en materia de gestión administrativa, financiera y tributaria, además de la capacidad de legislar sobre las medidas provisionales (Figueiredo y Limongi, 1999).
El carácter multipartidario de las coaliciones de gobierno en el presidencialismo brasileño y el sistema federal amplían las posibilidades de acceso a los recursos gubernamentales, además de introducir la posibilidad de una competencia vertical entre esferas de gobierno, debido a la movilización de un mismo segmento de votantes. Del mismo modo, los partidos que se encuentran en la oposición a nivel nacional, pueden estar al frente del Ejecutivo en la esfera estadual. De forma análoga, los partidos de la oposición a nivel estadual son a menudo miembros de las coaliciones de gobierno. En este contexto, los partidos de oposición al gobernador pueden valerse de su acceso a los recursos del gobierno federal para compensar su desventaja competitiva frente a la coalición gobernante a nivel estadual. Por otro lado, los partidos oficialistas tanto a nivel federal como estadual tendrían una mayor capacidad de movilización del electorado oficialista y de las redes clientelares locales, y de construir coaliciones electorales amplias y difusas territorialmente. Los partidos de oposición en ambas esferas estarían en relativa desventaja competitiva, ya que les queda un segmento más pequeño de electores y élites locales para movilizar.
En resumen, en un sistema "centrado en el Ejecutivo" (Executive centric) caracterizado por una presidencia institucionalmente poderosa, gobiernos estaduales fuertes y profundas desigualdades regionales, la formación de las coaliciones electorales en las disputas legislativas debería estar profundamente influenciada por los clivajes entre gobierno y oposición, tanto en el nivel local como federal. En este trabajo presentamos evidencias a favor de este argumento analizando la geografía del voto de los partidos de oposición y oficialistas en tres estados: Río Grande del Norte, Minas Gerais y Bahía, entre los años 1998 y 2006.

II. Geografía del voto e instituciones políticas subnacionales: una visión general

En función del control que ejercen sobre vastos y valiosos recursos políticos, los gobernadores pueden influenciar sobremanera la carrera de los postulantes a cargos electivos en las Asambleas Legislativas y en la Cámara de Diputados. No podemos olvidar que la capacidad de formulación de políticas públicas del Poder Legislativo -sea en la esfera nacional o en la esfera subnacional- es bastante limitada en virtud de las prerrogativas institucionales que garantizan al jefe del Ejecutivo poderes bastante amplios en relación con la formulación e implementación del presupuesto, y el monopolio de iniciativa legislativa en materia de gestión administrativa, financiera y fiscal (Figueiredo y Limongi, 1999, 2002). La centralidad del Poder Ejecutivo tiende a ser todavía mayor en los estados en relación con el nivel federal, debido al control ejercido por los gobernadores sobre el Legislativo y el Judicial en muchos casos.
La fuerza del regionalismo y del federalismo en la democracia brasileña, junto con el predominio del Poder Ejecutivo, garantiza a los gobernadores de los estados un rol clave en las elecciones proporcionales. Como señaló Samuels (2000), los gobernadores actúan como "traccionadores" de votos en las elecciones para diputado y hasta los candidatos a diputados federales tienen fuertes incentivos para vincular sus campañas a la carrera subnacional. La asociación entre la fuerza electoral de los gobernadores y el desempeño de candidatos a cargos proporcionales tiene como uno de sus componentes la capacidad del Ejecutivo estadual de formular e implementar políticas públicas de salud, educación, infraestructura, etcétera, ejerciendo control sobre la nominación de miles de empleos y la distribución de los fondos y las inversiones en los municipios.
Mientras que el modelo de distribución de la conexión electoral desarrollado en los estados Unidos supone que los diputados que intentan maximizar los votos irán a buscar recursos para sus distritos a través de enmiendas parlamentarias al presupuesto, en el caso brasileño la capacidad del parlamentario individual de implementar políticas públicas para atender a su electorado dependerá a menudo de su capacidad de influenciar directa o indirectamente a las burocracias del Poder Ejecutivo1.
En la medida en que el sistema electoral brasileño establece a los estados como distritos electorales para las disputas proporcionales, los diputados procuran en sus estrategias de campaña definir un "mapa" de distritos informales, más o menos dispersos desde el punto de vista espacial, ya que no es posible (ni productivo) buscar votos en todos los municipios, aun considerando la gran extensión territorial de muchos estados (Ames, 2001; Carvalho, 2003). Es justamente en el proceso de diseño y rediseño del "mapa electoral" de los diputados que la actuación del gobierno estadual en la formulación e implementación de políticas públicas debe ser crítica. Garantizando el apoyo del Ejecutivo para realizar obras y distribuir cargos en determinados municipios, los diputados pueden mantener o también expandir su base electoral inicial. De manera análoga, el diputado que, por cualquier motivo, decide dejar la base de apoyo al gobernador, corre el riesgo de ver al Ejecutivo estadual "patrocinar" a un candidato alternativo en sus bastiones, permitiendo que un nuevo candidato tome el rédito por las obras realizadas en el municipio (Ames, 2001; Samuels, 2003).
Según el trabajo pionero de Ames (2001), existirían cuatro tipos básicos de distritos informales de los diputados brasileños, cada uno asociado a un patrón distinto de distribución geográfica del voto: distritos concentrados-dominantes, concentrados-compartidos, fragmentados-dominantes y fragmentados-compartidos. La dimensión concentración/fragmentación se refiere principalmente a la contribución porcentual de los principales bastiones del candidato al total de los votos (por ejemplo, los diputados de votos concentrados reciben gran parte de sus votos de una cantidad reducida de municipios). Por su parte, la dimensión dominación/compartición se puede estimar a partir del porcentaje de votos válidos obtenidos por el candidato en cada municipio -los diputados dominantes son aquellos que obtienen altos porcentajes de votos en sus municipios clave-.
Los diputados de votos concentrados y dominantes son usualmente parlamentarios de "bastión", de orientación parroquial. Este tipo de diputado generalmente domina una región de municipios geográficamente contiguos a partir de un municipio clave donde obtiene mayores votos. La dominación acostumbra venir acompañada de una trayectoria previa en la política local, como es el caso de parlamentarios ligados a una familia política con tradición en la ciudad, ex intendentes y ex miembros del Consejo, etcétera (Carvalho, 2003; Ames, 2001).
Los diputados de tipo fragmentado-dominante presentan un voto disperso por varios municipios y un alto grado de dominación media, lo que refleja su capacidad de establecer redes de apoyo y clientelas difusas y disociadas de una actuación política previa en regiones específicas del estado. Según Ames (2001), es común que este patrón de voto esté asociado a la "compra" de apoyo político de intendentes y otros líderes locales a través de políticas distributivas. Aunque el diputado obtenga muchos votos en determinados municipios, en muchos casos no demuestra ninguna identificación con aquella localidad, volviendo a sus bastiones sólo en los momentos preelectorales. Esto es típico de diputados que han pasado por puestos burocráticos estaduales con potencial de implementación de políticas distributivas (por ejemplo, secretarios estaduales de infraestructura, educación, salud, etcétera). Esto se debe a que los órganos de administración pública estadual como la Secretaría de Salud y Educación acostumbran realizar obras en todas las regiones de un estado, permitiendo al diputado que recibe el rédito por estas acciones obtener una penetración electoral más difusa geográficamente (Carvalho, 2003).
Los diputados de tipo de voto concentrado-compartido se encuentran principalmente en las capitales y los grandes centros urbanos. Debido a la gran dimensión de los colegios electorales en donde obtienen votos, los diputados están lejos de poder dominar esos municipios. Como regla general, son representantes que se reportan a sectores de opinión difusos en esos grandes municipios y que estarían más interesados en tomar una postura en relación con algunos temas que a la persecución de beneficios particulares (Carvalho, 2003).
Por último, el tipo fragmentado-compartido presenta un voto porcentualmente bajo y geográficamente difuso. Estos son diputados que consiguen proyección en todo el estado, presentando sin embargo menor dependencia de las redes locales. Su base electoral puede ser resultado del prestigio político adquirido con la ocupación de cargos estaduales o nacionales (tanto electivos como administrativos). Según el análisis de Carvalho (2003) sobre la Legislatura federal 1994-1998, cerca de un tercio de estos parlamentarios ha pasado por secretarías en sus estados, así como los diputados de voto fragmentado y dominante se diferencian por sus carreras legislativas más largas2. En otros casos, estos diputados pueden movilizar un voto más ideológico, de carácter religioso o issue-oriented, movilizando minorías difusas en todo el estado (como por ejemplo los diputados ambientalistas o evangelistas).
Los trabajos de Nelson Carvalho y Barry Ames presentan evidencia similar en lo que se refiere a la menor competitividad electoral y la fragmentación de voto en los municipios pequeños y de bajo desarrollo socioeconómico, patrón que se invierte en las capitales de los estados y los grandes municipios. El voto de tipo dominante es un fenómeno más común en municipios de baja densidad poblacional, con altos índices de pobreza y cuyas economías son más dependientes del empleo y el gasto público. La situación de escasez extrema del electorado y dependencia frente al gobierno facilita el uso clientelista del aparato público. En estas localidades, los liderazgos locales presentan una mayor capacidad de control y monitoreo de los electores, lo que posibilita la "venta" de apoyo político a cambio de puestos y fondos canalizados por el diputado. En los grandes centros urbanos, la acción política sucede en un ambiente de relativo anonimato, el peso del sector público no es tan significativo y existe mayor acceso a la información y a los bienes y servicios básicos (por ejemplo, de sanidad), lo que contribuye a reducir la influencia de intermediarios locales. La mayor heterogeneidad social del electorado, a su vez, induce a la fragmentación del voto entre los diversos candidatos y partidos.
Es interesante ver que el tipo fragmentado-dominante predomina en la región del Nordeste: 57 por ciento de los diputados electos en 1994 y 64 por ciento de los electos en 1998 mostraron este patrón de voto. En el Sudeste, por el contrario, para los mismos años estos porcentajes fueron del 15 y 16 por ciento respectivamente. En el caso del voto del tipo concentrado-compartido, son las regiones Sudeste y Norte las que presentan un porcentaje importante, por encima de la media nacional, de diputados electos con base en esa modalidad de conexión electoral, 47 por ciento y 44 por ciento, respectivamente, como media de las legislaturas de 1994 y 1998. En el Sur predomina el tipo fragmentado-compartido con el 34 y 29 por ciento de las apariciones en 1994 y 1998 respectivamente (Carvalho, 2003: 105).
Existe también una clara diferenciación entre los partidos desde el punto de vista de los patrones de voto. Del total de diputados del PMDB, 52 por ciento encajaban en la categoría fragmentado-dominante y el 19 por ciento en la categoría fragmentado-compartido; los porcentajes para el PFL eran 49 y 16 por ciento respectivamente. A su vez, el PT no tenía ningún diputado con voto del tipo fragmentado-dominante en 1998; en la categoría fragmentado-compartido, se encontraba el 16 por ciento de los diputados del partido. El tipo concentrado-dominante predominaba en la delegación del PT, llegando al 61 por ciento del total en 1998, lo que revela el gran peso del voto urbano y metropolitano en el voto del partido (Carvalho, 2003).
Para Carvalho (2003), los datos permiten diferenciar los grandes partidos políticos en dos bloques bien definidos: uno caracterizado por el predominio o mayor peso relativo del patrón de voto concentrado-compartido y otro marcado por la presencia mayoritaria de diputados de orientación más ideológica, como el caso del PT en la izquierda, o del PPB en la derecha3. El segundo tipo sería característico de partidos catch-all como el PMDB y el PFL. En este trabajo procuramos demostrar que estas diferencias no reflejan solamente factores como la organización interna y el grado de programación y coherencia ideológica del partido, sino también y principalmente el posicionamiento de los partidos respecto a los gobiernos estaduales y federales (oficialismo u oposición) y por lo tanto, la capacidad de éstos de obtener acceso a cargos y recursos controlados por el Poder Ejecutivo.
De hecho, el PFL y el PMDB presentan porcentajes bastante elevados de diputados que han pasado por altos cargos en el Ejecutivo estadual. El estudio de Rodrigues (2002) sobre la composición social de la Legislatura federal electa en 1998 indicó una proporción de diputados que iniciaron su carrera en la alta administración pública estadual en torno al 9 por ciento para el conjunto de la Legislatura. Sin embargo, estos valores eran más bien elevados para el PMDB (15,7 por ciento del total) y el PFL (11 por ciento), en contraposición al PT (1,7 por ciento) y el PSDB (6 por ciento). En este sentido, la mayor presencia de diputados con voto del tipo fragmentado-dominante, normalmente asociada a políticas distributivas implementadas de forma difusa en el territorio estadual, se explicaría parcialmente por el peso relativo de los "diputados-burócratas" en estos partidos. Debido a su mayor longevidad como herederos directos de las organizaciones políticas creadas por el régimen autoritario, el PMDB y el PFL estuvieron más tiempo al frente de gobiernos estaduales, obteniendo así un mayor acceso a los altos cargos en la administración en esta esfera.

III. Competencia vertical y geografía del voto en el presidencialismo brasileño

Los patrones territoriales de voto del PMDB y el PFL no sólo reflejan su capacidad de construir una sólida base regional organizada en torno a los gobiernos de los estados. Hay que destacar también el importante rol desempeñado por estos partidos en las coaliciones nacionales formadas desde la transición a la democracia. Entre 1985 y 2002, con raras (y breves) excepciones, estas dos organizaciones participaron de todas las coaliciones formadas por los presidentes, lo que les garantizó acceso privilegiado a cargos y fondos federales. A su vez, el PT, partido que presentaba los patrones de voto más contrastantes con relación al PMDB y al PFL en 1998, permaneció en la oposición durante todo el período que antecede a la elección de Lula en 2002. Estos aspectos revelan la importancia de la dimensión vertical de la competencia partidaria en el entendimiento de la formación de las coaliciones electorales.
En las democracias federales, los gobiernos subnacionales tienen que lidiar no sólo con la competencia horizontal (entre partidos), sino también con la amenaza de la competencia vertical (entre niveles de gobierno). Es decir, el gobierno central y los gobiernos subnacionales compiten por un mismo pool de electores al ofrecer servicios similares en un territorio dado. Al buscar el apoyo del electorado por medio de políticas de gasto social, por ejemplo, los gobiernos estaduales o locales compiten con políticas similares ofrecidas por el gobierno federal (Migué, 1997). Cuando el gobernador pertenece a un partido de oposición a la coalición nacional, los presidentes pueden sacar provecho de su control sobre determinadas políticas sociales y cargos de libre nombramiento para ayudar a los candidatos de su partido o coalición en las elecciones estaduales. Esto significa decir que la influencia del gobernador y su grupo político sobre el desempeño de los candidatos a cargos legislativos puede ser menos significativa en una situación en que la oposición local cuenta con el apoyo del aparato de gobierno federal. De la misma forma, en momentos marcados por la coincidencia entre las coaliciones nacionales y subnacionales, las fuerzas de oposición al gobernador estarían en situación de mayor fragilidad, por la imposibilidad de obtener acceso a los recursos políticos controlados por los Ejecutivos estaduales y federales.
En Brasil los efectos de la competencia vertical se intensifican debido al carácter "constituency diluting" de la competencia partidaria nacional. En un análisis estadístico reciente sobre las elecciones presidenciales en Brasil desde 1989, Zucco (2008) demostró la existencia de una fuerte tendencia del electorado de las regiones más pobres a votar a los candidatos del gobierno, independientemente de quién sea el candidato y de su ideología. A partir de datos ecológicos, Zucco (2008) demuestra que los patrones de voto en elecciones presidenciales del PSDB y del PT, tanto cuando estaban en la oposición como en el gobierno, fueron básicamente los mismos. Cuando eran oposición, los dos partidos obtuvieron mejor desempeño en las ciudades más desarrolladas, más pobladas y con mejores índices sociales. Una vez en el gobierno, los patrones se invierten, y el voto en las elecciones presidenciales aparece asociado positivamente a factores como la pobreza y negativamente con relación al IDH.
En otro trabajo, Zucco (2010) argumenta persuasivamente que la ideología no es la fuerza que explica los patrones territoriales del voto de los candidatos oficialistas. Lo más probable es que los electores, y especialmente los electores pobres, estén respondiendo a la provisión de beneficios tangibles, sea directamente en la forma de transferencias gubernamentales, o indirectamente una vez que los programas y proyectos federales son utilizados para obtener el apoyo y la capacidad de movilización de liderazgos políticos locales. Se concluye así que el sistema político brasileño crea incentivos para que los presidentes busquen movilizar el mismo grupo de electores, independientemente de cuáles sean sus "constituencies" originales. Los mismos partidos movilizan coaliciones electorales distintas en la oposición y al frente del gobierno nacional, lo que revela el carácter "constituency diluting" de nuestra democracia (Zucco, 2010)4.
Debido a estos aspectos, la naturaleza y los efectos de la competencia vertical sobre la formación de coaliciones electorales en las elecciones legislativas deberían variar en función de las características socioeconómicas y políticas de los estados. En los estados menos desarrollados, donde la dependencia de las elites políticas frente al gobierno federal es mayor, el posicionamiento de los partidos estaduales respecto a la coalición nacional determinará en buena medida la capacidad de estos de movilizar las coaliciones periféricas en los municipios más pobres y dependientes de fondos. Los gobernadores de estos estados están en peores condiciones para enfrentar una coalición de oposición apoyada por el presidente en las elecciones estaduales, dado el peso del electorado pobre en relación al total, y la mayor dependencia del estado frente a las transferencias federales. Así, los costos de permanecer en la oposición al gobierno central son elevados para los diputados aliados al gobernador. De la misma manera, cuando el partido del gobernador participa de la coalición nacional, los diputados de la oposición corren el riesgo de perder el acceso a valiosos recursos políticos, utilizados para movilizar el electorado oficialista.
Esta dinámica nos ayuda a entender por qué las representaciones estaduales del PMDB y del PFL lograron construir sólidos aparatos políticos en algunos estados del Norte y del Nordeste, deteniendo el crecimiento de las fuerzas opositoras a la izquierda del espectro ideológico hasta muy recientemente. En muchos de estos estados la oposición de izquierda fue virtualmente excluida del acceso a los recursos de patronazgo controlados por el gobierno estadual y federal, dejando su poder de movilización y respuesta restringido, en la práctica, a las áreas más urbanizadas y pobladas. Más recientemente, con el ascenso de Lula a la presidencia, el PT y otros partidos de izquierda obtuvieron acceso a ministerios y fondos federales anteriormente monopolizados por sus adversarios de centroderecha en los estados más pobres y de menor competitividad electoral. Así, las fuerzas de izquierda presentaron un extraordinario crecimiento en estados del Norte y del Nordeste que hasta entonces eran verdaderas fortalezas políticas bajo control de unas pocas familias y liderazgos de extracción conservadora (Borges, en prensa; Montero, 2009).
En los estados más ricos, la autonomía de los gobernadores frente a la coalición nacional tiende a ser mayor, ya que estos cuentan con más recursos para competir con las iniciativas de política pública del nivel federal. Aliados a factores demográficos, como el mayor peso del electorado urbano y de la clase media, estos aspectos pueden, en algunas circunstancias, permitir al gobernador movilizar el voto de oposición al presidente y mantener aun el apoyo de parte de las coaliciones periféricas.
Tomando en cuenta el carácter multipartidario del presidencialismo brasileño, es de esperar que haya diferencias significativas en el posicionamiento de los partidos frente al gobierno nacional y estadual. Por ejemplo, no es raro que partidos que son aliados a nivel nacional sean adversarios en la esfera estadual. En este trabajo analizamos el posicionamiento del partido del gobernador electo y del principal partido de oposición (segundo puesto en la última elección para el Ejecutivo estadual). Suponiendo una dicotomía simple entre gobierno-oposición a nivel federal y estadual, es posible obtener la siguiente tabla 4x4.

Cuadro 1 Matriz de posicionamiento de los partidos frente al gobierno estadual y federal

Desde un punto de vista hipotético, en una situación en que los principales partidos que compiten en la arena estadual se localizan en los cuadrantes I y IV deberíamos esperar una significativa segmentación territorial del voto. El partido que monopoliza el acceso a fondos y cargos federales y estaduales (I) debería desarrollar a lo largo del tiempo un patrón de voto concentrado en las localidades menos pobladas y de menor desarrollo socioeconómico, dada su mayor capacidad de movilizar al electorado oficialista. También suponemos que el partido en la situación I tenderá a presentar un patrón de voto caracterizado por índices de dominación y fragmentación elevados. El partido en la situación IV, en cambio, debería ser más bien exitoso en la movilización del electorado de las regiones y localidades más pobladas y más desarrolladas. Además, su patrón de voto tendería a aproximarse al tipo concentrado-compartido, típico de partidos con bases urbanas y metropolitanas.
La contraposición entre partidos situados en los cuadrantes II y III representa la clásica situación de competencia vertical. De un lado, el presidente apoya al partido de oposición en la arena estadual. Del otro, el gobernador pertenece a un partido de oposición al presidente. Hipotéticamente, es de esperar que haya una división del electorado oficialista residente en las localidades más pobres entre los dos partidos. En este caso, los patrones de voto deberían ser menos claramente segmentados. En particular en el caso de un cambio de partido de oposición al gobernador del cuadrante IV hacia el cuadrante III, y del partido oficialista del I hacia el II, es de esperar que las fuerzas de oposición consigan sacarle votos a la coalición oficialista anteriormente movilizada por el partido en I.
De manera más general, creemos que el cambio en la situación del partido del cuadrante IV hacia uno de los demás cuadrantes debería llevar a una mayor interiorización del voto en crecimiento en áreas con mayores índices de pobreza y dependencia frente al gobierno. Esta tendencia debería ser más fuerte en el caso de una transición del cuadrante IV hacia el cuadrante I, una vez que el partido pase a contar con los recursos del Ejecutivo estadual y federal.

IV. Los índices de dominación y fragmentación y su aplicación al análisis del voto a los partidos

Las dimensiones de dominación y fragmentación originalmente desarrolladas por Ames (2001) fueron operacionalizadas y aplicadas al análisis del voto para diputados individuales. Este trabajo innova al utilizar medidas de dominación y fragmentación para analizar la evolución de los patrones de voto para los partidos políticos -y no sólo para los candidatos tomados individualmente- en las elecciones proporcionales5. En la medida en que el voto en el sistema de lista abierta adoptado en Brasil es, en buena medida, el resultado de la suma de los votos para los diputados individuales, es razonable suponer que haya alguna correspondencia entre los patrones de voto para un diputado "típico" o promedio del partido, y los votos agregados de la etiqueta partidaria6.
El índice de dominación se puede calcular utilizando la fórmula Σ (Vi x Ci) / 100 (i = 1... N), donde Vi representa los votos en el municipio (porcentaje de votos válidos), Ci la contribución del municipio i al total de votos del partido, y N el total de municipios en el distrito electoral (estado). Un alto índice de dominación indica que los municipios más importantes para el partido (desde el punto de vista de la contribución al total de los votos) se caracterizan por un promedio de votos elevado.
Para dar cuenta del grado de fragmentación/dispersión de votos adoptamos, siguiendo a Carvalho (2003), el índice de Rae invertido, muy utilizado como medida de fragmentación de las bancas entre los partidos con representación en el Congreso. La fórmula puede ser utilizada también como medida de dispersión/concentración de los votos del partido entre los municipios del estado7. Este indicador nos da una idea aproximada de la cantidad de municipios con votos efectivos del partido (Carvalho, 2003).

V. Análisis de los casos

En este trabajo, analizamos los patrones de voto de los principales partidos de oposición y gobierno en las elecciones para la Cámara Federal en tres estados, dos de la región Nordeste (Bahía y Río Grande del Norte) y uno de la región Sudeste (Minas Gerais). Si bien no es representativa de la Federación Brasileña, esta selección de casos permitió a la investigación dar cuenta en cierta medida del impacto de las diferencias sociales, económicas y demográficas entre las regiones/estados en la arena electoral. Como muestra la tabla a continuación, el estado de Minas presentaba indicadores sociales y económicos bastante superiores a los dos estados del Nordeste.

Tabla 1 Bahía, Minas Gerais y Río Grande del Norte: indicadores de desarrollo social y económicos seleccionados

La selección de los casos también permitió observar los patrones de voto de un conjunto variado de partidos desde el punto de vista de las orientaciones ideológicas, incluyendo partidos de izquierda (PSB y PT), centro (PSDB y PMDB) y derecha (PFL). Algunos de estos partidos estaban presentes en coaliciones gubernamentales o en la condición de líderes de coaliciones opositoras en más de un estado, lo que también abrió espacio para comparaciones entre los casos. La selección de los partidos fue hecha tomando en cuenta un criterio simple: fueron incluidos todos los partidos que gobernaron un estado por lo menos una vez o lograron obtener la segunda mayor cantidad de votos en las elecciones para gobernador una o más veces en el período de análisis (1998-2006). En cada elección, el partido del gobernador en ejercicio fue considerado oficialismo estadual y los demás partidos relevantes (en el caso de que no hubiesen participado de la coalición del gobernador, ocupando cargos de alto rango), como miembros de la oposición. Los partidos presidenciales o miembros de la coalición del presidente fueron clasificados como gobierno en el plano federal y los demás como oposición. A partir de estos criterios, clasificamos los partidos en cada estado dentro de la matriz gobierno-oposición, agrupando los datos para el análisis.

V.1. El caso de Río Grande del Norte

Desde el final del régimen militar hasta el inicio de los años 2000, la política de Río Grande del Norte estuvo marcada por la hegemonía de dos familias políticas rivales: los Maia y los Alves. La familia Maia ganó importancia en el escenario estadual después de la candidatura del Diputado Federal Tarcizio Maia a gobernador por la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) en 1975. Gracias a sus vínculos con lideres influyentes en la cúpula de régimen autoritario, el gobernador consiguió rápidamente hacerse cargo del aparato de ARENA en Río Grande del Norte, garantizando el ascenso de familiares a cargos clave en la política estadual: el sobrino, Lavoisier Maia, candidato a gobernador en 1978, y el hijo, José Agripino Maia, nombrado intendente de Natal en 1979. Después del retorno a la democracia, los Maia pasaron a controlar la rama estadual del PFL, extendiendo su influencia a otras familias y partidos de extracción conservadora.
Los Alves tienen orígenes más antiguos en la política de Río Grande del Norte. El patriarca del clan, Aluizio, era un periodista y empresario que había sido elegido gobernador del estado en 1962 después de una administración de fuerte apoyo popular al frente de la intendencia de Natal. A diferencia de los Maia, cuyas bases electorales estaban más en el interior y concentradas en el oeste del estado, los Alves tenían buena penetración en la capital y en la región metropolitana, aunque también contaban con el apoyo de redes clientelares locales respaldadas por el estado. A lo largo del régimen militar el grupo perdió influencia al entrar al MDB, partido que tenía poca importancia electoral en Río Grande del Norte. Por eso, después del retorno a la democracia, los Alves ganaron fuerza con la organización del PMDB local y nacional, pasando a polarizar las disputas electorales con los Maia. Durante las décadas del ochenta y noventa, las familias Maia y Alves consolidaron sus posiciones como fuerzas dominantes en la política de su estado. José Agripino Maia fue electo gobernador en 1982 y 1990, mientras que los Alves fueron victoriosos en las elecciones para gobernador en 1986, 1994 y 1998.
Más recientemente, el dominio de las familias se vio sacudido por el ascenso político de Vilma Faria (PSB), electa gobernadora en 2002 y 2006. La principal líder del PSB en el estado ganó fuerza para disputar el Ejecutivo estadual después de tres mandatos bien evaluados al frente de la intendencia de la capital del estado (1988-1992; 1996-2000; 2001-2002). Inicialmente un partido sin importancia fuera de la capital y de la región metropolitana, el PSB creció rápidamente a lo largo del primer mandato de Vilma Faria, ocupando espacios previamente dominados por el PMDB y por el PFL. A partir de la campaña de 2002, la gobernadora estableció una alianza con el presidente Lula, lo que le garantizó retornos electorales y el apoyo del gobierno nacional para sus ambiciones políticas. Con los cambios en el escenario político estadual y nacional, los Maia y los Alves experimentaron una rápida decadencia electoral, perdiendo su influencia sobre las otras familias y grupos locales que se mostraron ávidos por apoyar a las nuevas fuerzas oficialistas.
La tabla a continuación muestra la evolución del voto de los principales partidos -PFL, PMDB y PSB- en las elecciones para diputado estadual y federal.

Tabla 2 Río Grande del Norte. Votos para diputado federal (PSB, PMDB y PFL) (1998-2006)

Fuente: Tribunal Superior Electoral.

Como se ve en la tabla, el PSB experimentó, entre los años 2002 y 2006, un crecimiento meteórico, pasando de cerca del 1 por ciento de los votos válidos al 21 por ciento en 2006. Este movimiento es comprensible teniendo en cuenta que pasó del campo de oposición a los gobiernos federales y estaduales (cuadrante IV), al gobierno en ambas esferas (cuadrante I). Por otro lado, el PMDB y el PFL tuvieron una importante pérdida de votos en el período analizado. Si en 1998 los dos partidos llegaron a sumar el 63 por ciento del total de los votos válidos, en 2006 este porcentaje ya se había reducido a poco menos de la mitad (29 por ciento).
A continuación presentamos tablas de correlación para los votos de los partidos en el nivel municipal, según el IDH (Índice de Desarrollo Humano), porcentaje de población pobre y población rural, y la distancia hasta la capital. Incluimos también un indicador de dependencia del municipio respecto de la actividad gubernamental, obtenido por medio de un cálculo de participación de la administración pública en el PBI (PIB.adm (%))8. Los resultados fueron agrupados según la clasificación de los partidos en la matriz gobierno/oposición.

Tabla 3 Río Grande del Norte. Correlaciones para los votos de los principales partidos de gobierno y oposición (indicadores socioeconómicos y demográficos seleccionados) (1998-2006)

Dos aspectos llaman la atención en la tabla. Primero, existe cierta estabilidad en los patrones de votos del PFL. En todos los años, los votos del partido aparecen positivamente correlacionados con la variable que indica la distancia entre el municipio y la capital estadual (distancia). Muy probablemente esta estabilidad refleje la fuerza electoral del partido en la región oeste del estado, donde se encuentran las localidades más distantes en relación con la costa. Por otro lado, cabe resaltar que el PFL en 2006 no representa un caso "puro" de oposición federal y estadual, ya que el partido participó del primer gobierno del PSB (2003-2006) ocupando cargos en el alto escalafón estadual hasta mediados del año 20049. Debido a divergencias sobre la conducción de las disputas locales en 2004, el partido abandonó el gobierno en aquel año, pasando entonces al campo de la oposición.
Las correlaciones para el PMDB presentan una variación más significativa en el período, lo que parece indicar una mayor capacidad de este partido de movilizar al electorado metropolitano en comparación con el PFL. En cuanto a la situación I, los votos del PMDB aparecían positivamente relacionados con la distancia, indicando mayor interiorización del voto. Ya en 2006, en la oposición al gobierno estadual, la señal de correlación se invierte, sugiriendo un mejor desempeño en la capital y los municipios metropolitanos. Es claro todavía el contraste entre el PSB en 2002 -altas correlaciones para distancia y población, indicando concentración de votos en la región metropolitana de Natal- y el PSB en 2006, una vez que las correlaciones se volvieron mucho más débiles. En ambos años, sin embargo, existe una correlación negativa entre el voto del partido y el indicador de participación de la administración pública en el PBI local, lo que sugiere la persistencia de una mayor fuerza relativa en las localidades de mayor dinamismo económico.
En términos generales, la ausencia de patrones estables de voto para el PSB y el PMDB sugiere cierta repartición de bases electorales entre éstos, en congruencia con la hipótesis de Zucco (2010) sobre el carácter "constituency diluting" de la competencia partidaria. Sintomáticamente, la correlación entre el voto del PSB en 2006 y del PMDB en 1998 (años en que el gobernador se postuló para una reelección y resultó victorioso) es de 0,184 (p<0,01). El PFL, partido que permaneció en la oposición al gobierno estadual durante casi todo el período, se presenta como un típico partido de bases en el interior, con débil penetración relativa en la capital y los municipios más grandes del estado (a excepción de Mossoró, cuna política de la familia Rosado, tradicional aliada de los Maia).
La siguiente tabla presenta los índices de dominación, fragmentación y razón de dominación de los tres partidos, también agrupados de acuerdo con los cuadrantes de la matriz gobierno/oposición:

Tabla 4
Río Grande del Norte. Índices de dominación y fragmentación (1998-2006)

Fuente: Banco de datos Ipeadata.

Como se ve en la tabla, los partidos ubicados en el cuadrante I (oficialismo en el gobierno estadual y federal) presentan, en promedio, índices de dominación más elevados. No existen diferencias tan claras respecto al indicador de fragmentación, a pesar de que los valores también son más elevados. La combinación de estos indicadores sugiere, así, una tendencia al predomino del tipo de voto fragmentado-dominante en el cuadrante I, exactamente como fue previsto por nuestro argumento relativo a los efectos del acceso privilegiado de los partidos a cargos y recursos controlados por el Ejecutivo estadual y federal.
Los cambios en los patrones de votos del PSB en el período 2002-2006 fueron especialmente rápidos e intensos. En 2002, el partido presentaba un voto fuertemente concentrado: los 20 municipios de mayor cantidad de votos respondían al 71 por ciento del total de los votos (ya que las ciudades de la región metropolitana de Natal contribuyeron con el 64 por ciento del total de los votos válidos)10. Al mismo tiempo, el partido presentaba un índice bajísimo de dominación, lo que indica un voto de tipo compartido-concentrado, típico de los partidos con base metropolitana. El PSB obtuvo un voto superior al 1,5 por ciento de los votos válidos en apenas veinte municipios. En 2006, el índice de fragmentación se amplió, a la vez que la razón de dominación experimentó un ligero descenso, indicando mayor dispersión e interiorización del voto. La contribución de la región metropolitana de Natal al total de los votos cayó del 64 por ciento al 53 por ciento. El índice de dominación creció exponencialmente, lo que sugiere la anexión de "territorios oficialistas" a la base metropolitana tradicional del partido, de carácter compartido.

V.2. El de caso de Bahía

La elección del caso de Bahía se debe al hecho de que este estado está caracterizado en la literatura como un ejemplo paradigmático de la política oligárquica y clientelista en la esfera estadual (Desposato, 2001). A lo largo de 20 años prácticamente ininterrumpidos entre 1982 y 2006 (a excepción de una breve experiencia opositora entre 1986 y 1990) una misma coalición de partidos de derecha, con PFL (actualmente, DEM) al frente, estableció una amplia hegemonía electoral en el estado. Mientras tanto, el crecimiento de fuerzas de la oposición de izquierda en las últimas elecciones, lideradas por el PT, culminó con una victoria (inesperada) de este partido en las elecciones de 2006. Aunque sus implicancias aún no estén claras, el reciente realineamiento electoral ciertamente plantea preguntas significativas sobre la naturaleza del proceso político-electoral en los estados brasileños y, especialmente, en estados marcadamente "clientelistas".
El resultado de las elecciones de 2006 en Bahía sorprendió hasta a los electores más entusiastas de la candidatura de Jaques Wagner (PT) al gobierno. Después de años de dominación política, el grupo comandado por el fallecido Senador Antônio Carlos Magalhães (ACM) terminó derrotado en las urnas incluso en primera vuelta, cerrando un ciclo en el Ejecutivo estadual bahiano que se inició durante el gobierno burocrático militar y se extendió hasta el período de redemocratización del país. El dominio del grupo carlista en el gobierno del estado sufrió pocos reveses electorales en el período postautoritario, con la única excepción del gobierno de oposición de Waldir Pires (PMDB) en la elección de 1986. Pires fue Procurador General de la República durante el gobierno de Joao Goulart (1962­-64) y principal líder político de Bahía en el exilio. En la elección para el gobierno estadual en 1986, derrotó al candidato de ACM, Josaphat Marinho (PFL), ex socialista, con 1,5 millones de votos de ventaja, poniendo fin a una dominación ininterrumpida del grupo carlista que ya persistía desde 1978.
A partir de la brecha representada por el gobierno de Waldir Pires, el grupo retomó su supremacía con la elección de ACM para el gobierno estadual en 1990 y su hegemonía se estableció a partir de sucesivas victorias en el gobierno estadual de Bahía. De las cuatro elecciones para el gobierno estadual realizadas desde 1990, el grupo comandado por ACM ganó todas, tres de ellas en primera vuelta (1990/1998/2002). Respecto a las elecciones municipales, el dominio no fue tan diferente. En la elección de 1996, el grupo conquistó el 75 por ciento del total de las intendencias, eligiendo cerca de 300 intendentes, ganando, inclusive, en la capital, Salvador. En las elecciones de 2000 el hecho se repitió, ya que el carlismo conquistó 312 intendencias, número que fue ampliado posteriormente a 363 a través de la adhesión, aumentando el nivel del grupo a más del 80 por ciento de las intendencias. Para las elecciones de 2004, el grupo mantuvo su hegemonía ganando en 335 ciudades, a pesar del crecimiento de la oposición -principalmente del PT y el PSDB- que conquistó aproximadamente 70 intendencias.
La desaparición gradual del grupo carlista coincide con su posición en el escenario político nacional. El auge electoral de este grupo coincide con los ocho años de gobierno del presidente Fernando Henrique Cardoso (PSDB), con el cual ACM mantenía buena relación, sirviendo de enlace en la alianza nacional PSDB-PFL. Su declive, iniciado con el escándalo del panel electrónico en 2001, tuvo su desestabilización confirmada a partir de 2002, coincidiendo con la victoria del presidente Lula (PT). El PT bahiano, que a lo largo de la década del noventa emerge como "oposición natural"al grupo carlista, en 2002, con la victoria de Lula, gana fuerza regional, con una cantidad de votos importante, representando un peligro para el grupo carlista. En 2006, todavía en primera vuelta, las elecciones se definieron con la victoria del candidato del PT, Jaques Wagner, a través de una fuerte política de alianzas con los partidos de izquierda PSB, PDT y PPS, además del PMDB y ex carlistas del PTB.
La tabla a continuación muestra la evolución de los votos del PT y del PFL en las elecciones para la Cámara Federal entre 1998 y 2006. A lo largo del período, el PFL mostró importantes pérdidas en sus votos, a pesar de haber permanecido al frente de la mayor cantidad de escaños en la Cámara. Si bien eligió el gobernador en 2006, el PT no llegó a obtener un importante crecimiento, manteniendo los porcentajes obtenidos en 2002.

Tabla 5 Bahía. Votos para diputado federal (PT y PFL) (1998-2006)

Fuente: Tribunal Superior Electoral.

La sorprendente victoria del PT en la primera vuelta de las elecciones para gobernador en 2006 fue el resultado de la conjunción de factores que nos llevan a mirar las variables situadas por fuera del juego político partidario estadual. Esa es la evaluación de Dantas Neto (2010), para quien la victoria de Wagner (PT) fue resultado: (i) de la maduración de una alianza política que conectó al PT a casi la totalidad de la entonces oposición bahiana. Se formó en torno al PT y su candidato un campo político, del cual formaba parte el PMDB, que se convirtió en una alternativa real de poder; (ii) del decisivo apoyo personal del presidente Lula en la elección y de la pérdida del carlismo de sus posiciones en el gobierno federal; (iii) del desgaste del grupo que se mantenía hacía dieciséis años en el poder, a pesar de que este hecho no significa que el PT haya derrotado a un adversario moribundo (Dantas Neto, 2010)11.
Ante este escenario, cabe intentar identificar la existencia, en el caso de Bahía en el período estudiado, de patrones regulares en la distribución de los votos en las elecciones para la Cámara Federal y determinar en qué medida estos patrones se asocian al posicionamiento de los partidos respecto a los gobiernos nacional y estadual. Resaltando, además, que esa es una primera aproximación al material obtenido por la investigación y, de esta forma, el análisis todavía tendrá un carácter más de presentación de los datos que de conclusiones definitivas. También, este es un primer paso para arriesgar una hipótesis, pero todavía no permite afirmar impactos, efectos y mucho menos causalidades.

Tabla 6 Bahía. Correlaciones para los votos de los principales partidos de gobierno y oposición (indicadores socioeconómicos y demográficos seleccionados) (1998-2006)

La Tabla 6 muestra valores estadísticamente significativos, a pesar de que muchos sean muy bajos. Los resultados más relevantes indican que existe una correlación negativa entre el voto del PT en las elecciones de 1998 y 2002 con la pobreza, así como con el IDH en la elección de 2002, lo que significa que el desempeño electoral del partido fue mayor donde las condiciones socioeconómicas eran mejores. Lo mismo ocurre en relación con el voto en los municipios distantes de la capital, es decir, el voto fue menor en los municipios más distantes, aunque con un grado de importancia un poco menor cuando se los compara con las variables de pobreza e IDH. Para las elecciones de 2006, se percibe un cambio gradual en los índices, sobre todo en relación con la pobreza e IDH, pero principalmente en la columna que informa el voto de municipios distantes a la capital. Este cuadro parece revelar la clásica situación de competencia vertical, característica de situaciones en las cuales el partido migra del cuadrante IV al cuadrante II, es decir, cuando el residente apoya al partido de oposición en la arena estadual y el gobernador pertenece a un partido de oposición al presidente. Conforme a lo que planteábamos anteriormente, en estos casos se espera hipotéticamente una división del electorado oficialista residente en las localidades más pobres entre los dos partidos. Así, los patrones de voto deberían estar menos claramente segmentados, conforme indican los valores de votos del PT y del PFL en las elecciones del 2006.
Tal situación parece confirmar el análisis de Dantas Neto (2010), que brinda una explicación de la victoria del PT en la elección de 2006. Para el autor, la construcción de una alianza política entre el PT y la oposición bahiana, principalmente con el PMDB, partido difuso en el interior de Bahía, propició al PT el acceso a nuevas áreas en la geografía electoral, además de contribuir a la gobernabilidad a través de la conquista de importantes bancas legislativas, teniendo al frente al entonces Diputado Geddel Vieira Lima, futuro ministro del gobierno de Lula.
En relación con el voto del PFL, se percibe una cierta estabilidad en sus patrones de voto, como en el caso de Río Grande del Norte -y probablemente también en otros estados del Nordeste en los cuales la competencia electoral se despertó en las últimas elecciones- lo cual sugiere una pérdida progresiva y constante en sus reductos electorales cuando se comparan las elecciones de 1998 y 2002 con la elección de 2006, en la cual el partido era oposición al gobierno federal. Aquí también, el trabajo de Dantas Neto (2010) ofrece elementos interesantes para el análisis. Para él, "... el PT fue el gran beneficiario de la erosión de los recursos extra electorales del carlismo, principalmente después de la victoria de Lula en 2002, lo cual le permitió avanzar sobre áreas electorales ajenas y, en 2006, sobre los propios reductos carlistas" (Dantas Neto, 2010: 10). Se desprende, entonces, que el dato más significativo de la Tabla 6 es el cambio gradual de los patrones de voto del PT cuando se comparan sus posiciones en relación con el gobierno estadual y, principalmente, con el gobierno federal. Esta tendencia ciertamente se ha acrecentado en las elecciones de 2010, cuando el PT se volvió gobierno tanto en el plano estadual como en el federal, yendo del cuadrante II al cuadrante I.

Tabla 7 Bahía: Índices de dominación, fragmentación y razón de dominación (PSB, PMDB y PFL) (1996-2006)

Fuente: Banco de datos Ipeadata.

La Tabla 7 confirma los resultados de la Tabla 6 al presentar una cierta constancia en el voto del PFL con cambios poco salientes hasta el momento en el que el partido pasa a ser oposición al gobierno estadual en la elección de 2006. En las dos situaciones, tanto en el cuadrante I como en el cuadrante III prevalece una alta dominación. En la tabla se destaca el aumento del índice de fragmentación en la elección de 2006, lo que significa que entre 1998 y 2006 se acentuó la interiorización de los votos del partido al mismo tiempo que hubo una pérdida de votos en el conjunto del estado, lo que puede significar una situación de pérdida confusa de apoyo, a pesar del mantenimiento de reductos interiores. Esta última afirmación debe ser vista con cuidado debido a que el índice de fragmentación del voto en los partidos ofrece dificultades para la interpretación al representar el voto de los diversos candidatos distribuidos en el distrito.
En cuanto al PT, se observa un cambio acentuado en el patrón de voto cuando se comparan las situaciones en las cuales el partido era oposición a los gobiernos estadual y federal, tal como muestra el cuadrante IV, y la elección en la que figuraba como aliado del gobierno federal, característica del cuadrante II. Los números indican una posible fragmentación e interiorización de los votos, sugiriendo también un cambio en el patrón geográfico del voto con mayor dispersión y menor concentración en los grandes centros urbanos.
Para finalizar, somos conscientes de la necesidad de nuevos elementos para un análisis más sustantivo de la situación de Bahía respecto a los patrones de voto de los principales partidos que participaron del juego político electoral desde 1998, sobre todo en lo que concierne al peso del voto en la región metropolitana de Salvador y en los mayores centros urbanos del interior del estado. Sin embargo, el material presentado sugiere la confirmación de los argumentos presentes en la literatura, principalmente respecto a la importancia de la posición de los partidos en relación con los gobiernos -estaduales y federales- y de la repercusión de esa posición en la definición de los patrones geográficos del voto.

V.3. El caso de Minas Gerais

Desde mediados de la década del ochenta, la política minera estuvo marcada por el protagonismo de tres partidos: el PMDB, el PSDB y el PT. El PMDB gobernó el estado de Minas Gerais entre 1999 y 2003, y el PSDB desde 2003 hasta el día de hoy. El PSDB gobernó Minas Gerais con Eduardo Azeredo desde 1995 hasta 1999, al mismo tiempo en que en la presidencia de la República estaba FHC, que pertenecía al mismo partido que el gobernador minero. En 1999, Itamar Franco fue electo gobernador por el PMDB, adoptando una postura de oposición al gobierno federal del PSDB. Cuando en 2002 el candidato del PT Luiz Inácio Lula da Silva fue electo a la presidencia de la República, Aécio Neves fue electo gobernador de Minas Gerais. Desde entonces, el gobierno estadual y la presidencia de la República han estado ocupados por partidos rivales, el PSDB y el PT respectivamente.
Para agregar otra variable fundamental que ayude a entender la distribución de las fuerzas políticas en Minas Gerais es necesario tomar en cuenta el desarrollo de las disputas político-electorales en Belo Horizonte, que es la capital del estado y tiene importancia económica, política y social en el contexto de los cerca de 850 municipios del estado. Después de un gobierno municipal del PMDB, en 1998 fue electo intendente de la capital Pimenta da Veiga, del PSDB, quien fue sustituido en la mitad de su mandato por su vice y futuro gobernador del estado Eduardo Azeredo. Desde 1993, sin embargo, la ciudad de Belo Horizonte ha sido gobernada por un grupo político de centroizquierda, generalmente liderado por el PT (en algunos momentos por el PSB, pero en coalición con el PT), y conformado por partidos como el PSB y el PCdoB. Se consolida así una hegemonía de ese grupo de centroizquierda en la política de la capital del estado, aunque, sin embargo, no logra expandir su dominio hacia el gobierno estadual, que a su vez es dominado por el PSDB desde principios de la década del 2000. Este hecho configura, desde entonces, una división de la política estadual entre el PSDB y el PT, apoyados por otros partidos que buscan disputar espacios especialmente en las elecciones proporcionales. El PT gobierna o participa de la coalición oficialista de la capital desde principio de los años noventa, mientras que el PSDB gobernó el estado de Minas Gerais entre 1995 y 1999, y posteriormente a partir de 2003 y hasta la fecha. Esto significa que ambos partidos mantienen sus bases de influencia en el Ejecutivo estadual y municipal con una estabilidad notable. También son los partidos que, en general, en los últimos diez años han elegido más diputados federales y estaduales. Por otro lado, el PSDB gobernó el país durante ocho, perdiendo el gobierno federal en 2002 al PT, que se mantiene hasta hoy.

Tabla 8 Minas Gerais. Voto para diputado federal (PSDB, PT y PMDB) (1998-2006)

Fuente: Tribunal Superior Electoral.

De esta forma, la lógica de las disputas políticas en el estado se ve impactada por un contexto caracterizado por tres vectores: el PSDB ha consolidado su dominio sobre el gobierno del estado de Minas en los últimos años; el gobierno de Belo Horizonte está ya hace casi 20 años en manos del PT y el PSB; y el gobierno central estuvo ocupado por el PSDB entre 1994 y 2002, y desde entonces está en manos del PT. Así, se puede afirmar que en las últimas dos décadas la política minera se caracteriza en primer lugar por la disputa entre el PSDB y el PT, y que los demás partidos definen sus estrategias electorales de acuerdo con esta relación entre los dos partidos. El PMDB, por ejemplo, se alió con uno u otro partido o buscó sin éxito postular candidatos propios a la intendencia de Belo Horizonte en 2000 y 2008, dependiendo de las circunstancias de cada momento (ese carácter inestable del PMDB se pone en evidencia si consideramos que el entonces gobernador Itamar Franco del PMDB apoyó al candidato Aécio Neves del PSDB para su sucesión y, al mismo tiempo, apoyó al candidato Lula para la presidencia de la República). La disputa entre el PT y el PSDB se desarrolla en un contexto en el que el PSDB puede contar con los recursos de poder previstos por el gobierno federal o estadual, de acuerdo con el momento; y el PT, de la misma manera, puede acceder a los recursos de poder previstos por su dominio estable del gobierno del municipio de Belo Horizonte y, a partir de 2003, por el control de la presidencia de la República.
El mandato de Itamar Franco (1999-2003) como gobernador del estado tuvo características específicas que merecen ser destacadas. Dio, por ejemplo, un énfasis técnico a su gobierno, buscando la recomposición del sector público con un sustento burocrático. En el ámbito político, Itamar Franco se destacó por una política centrada en los grandes temas. La composición política de su gobierno, de tendencia de centroizquierda, llegó a tener participación del PMDB, PT, PDT, PSB, PcdoB, PTB, PPB y PL, entre otros. Itamar Franco se distanció de las características típicas de la política tradicional, como las relacionadas con el clientelismo político. Eliminó las subvenciones sociales distribuidas por diputados y no negoció enmiendas parlamentarias, renunciando a los mecanismos que aseguraban históricamente la dominación del Ejecutivo sobre el Legislativo. En consecuencia, fue el gobernador con la mayor cantidad de proyectos rechazados en la Asamblea Legislativa de Minas Gerais en décadas (con apenas el 71 por ciento de aprobación de sus propuestas legislativas contra, por ejemplo, cerca del 95 por ciento de Eduardo Azeredo y casi el 100 por ciento de Hélio Garcia, gobernador que se caracterizó por aumentar los recursos de distribución libre de los diputados a sus bases electorales). El gobernador Itamar Franco evitó establecer relaciones con los parlamentarios basadas en el clientelismo a través del fortalecimiento de los medios necesarios para las acciones parroquiales que, si no se extinguieron, se vieron significativamente limitadas durante su gobierno.
La tabla a continuación muestra las correlaciones para el voto de los tres partidos que han polarizado la disputa por el Ejecutivo estadual en Minas Gerais.

Tabla 9 Minas Gerais. Correlaciones para los votos de los principales partidos de gobierno y oposición (Indicadores socioeconómicos y demográficos seleccionados) (1998-2006)

Durante el gobierno de Itamar, el PT integró la coalición oficialista, la cual nos llevó a clasificar al partido en el cuadrante II (oposición federal y oficialismo estadual) en las elecciones de 2002. Sin embargo, es necesario resaltar que el partido estuvo dividido durante buena parte del mandato del gobernador, ya que algunos parlamentarios no coincidían con la alianza con el PMDB. Así, se trató de un caso más ambiguo de "oficialismo" que en los demás tratados en esta sección. El PMDB, a pesar de ser rival del PSDB en casi todas las elecciones a gobernador disputadas en el período, integró el gabinete del gobernador Aécio Neves en su primer mandato (2003-2006), quedando entonces clasificado en el cuadrante I durante el período (oficialismo estadual y federal, ya que el partido formaba parte de la base del gobierno de Lula).
De manera similar a lo observado en el caso de Bahía, el PT presenta un patrón claramente diferenciado respecto a los demás partidos, obteniendo un mejor desempeño en los municipios más poblados y desarrollados y más cercanos a la capital. Nótese, sin embargo, que en las elecciones de 2006, cuando el partido pasó al gobierno en el nivel federal, las correlaciones fueron más débiles o inexistentes para las variables IDH, pobreza, PBI de la administración pública (%) y distancia, lo cual indica una mayor interiorización del voto. De hecho, mientras que en 1998 y 2002 la contribución de la región metropolitana de Belo Horizonte al voto del PT representaba el 40 por ciento del total, en 2006 este porcentaje había bajado al 27 por ciento.
Los patrones de voto del PSDB de Minas Gerais ya no parecen estar tan claramente asociados a las características socioeconómicas de los municipios. Las correlaciones para el año 1998, cuando el PSDB estaba al frente del gobierno estadual y de la presidencia, son débiles y no apuntan a ningún patrón definido. Una posible explicación podría estar en la trayectoria del partido en el estado, ya que sus bases electorales originales estaban fuertemente concentradas en la capital y la región metropolitana12. En el año 1994, la región metropolitana de Belo Horizonte contribuyó con un importante porcentaje del 36 por ciento del voto total del partido en las elecciones para diputado federal. El análisis descripto de la evolución de los patrones de voto del PSDB en las elecciones siguientes indica que el partido mantuvo en cierta medida su base metropolitana, al mismo tiempo que expandió considerablemente su penetración en municipios menos poblados y más pobres localizados en la región norte del estado. Es interesante notar que en los años 2002 y 2006 el voto del partido muestra correlaciones negativas con las variables población y distancia de la capital, lo que refuerza este análisis.
Finalmente, el PMDB presenta un patrón de voto más interior, extrayendo su fuerza electoral de las localidades menos pobladas y de menor desarrollo social y económico. Las correlaciones más fuertes se observan en el año 2002 (cuadrante I), cuando el partido obtuvo mejor desempeño en los municipios más lejanos a la capital, más pobres y rurales, y con mayor dependencia del gasto gubernamental. El desempeño del partido en la región metropolitana de Belo Horizonte es consistentemente débil, independiente de su posicionamiento frente al gobierno estadual, sin sobrepasar el 9 por ciento del total de los votos (porcentaje obtenido en 1998).
La tabla siguiente muestra los índices de dominación, fragmentación y razón de dominación para los mismos años y partidos.

Tabla 10 Minas Gerais. Índices de dominación, fragmentación y razón de dominación (PT, PSDB y PMDB) (1998-2006)

Fuente: Banco de datos Ipeadata.

Como se ve en la tabla, los índices de fragmentación calculados para el estado de Minas Gerais son, en general, bastante elevados en comparación con los valores obtenidos en los demás estados, lo que refleja factores demográficos. El estado de Minas es el más poblado y más extenso entre los tres estados y también tiene la mayor cantidad de municipios: 853 en comparación con apenas 168 en el estado de Río Grande del Norte.
A diferencia de lo observado en los demás estados, los valores medios de dominación no parecen guardar relación clara con el posicionamiento de los partidos en la matriz gobierno-oposición. El PT presenta, en promedio, valores más bajos que el PMDB y el PSDB, como sería de esperar. Sin embargo, las diferencias no son especialmente significativas. En 2002, los índices de dominación del PT y del PMDB fueron prácticamente idénticos, lo cual refleja el excelente desempeño del primer partido en las urnas, en parte como resultado de la victoria de Lula en las elecciones presidenciales.
Cuando se observan los indicadores de fragmentación, es posible notar diferencias más marcadas entre los partidos. El PT muestra los índices más bajos en todos los años. Sin embargo, se nota que la fragmentación crece en 2006, cuando el partido se torna gobierno a nivel federal, reproduciendo la misma tendencia observada en el caso de Bahía. El PMDB presenta los patrones de votación más fragmentados en todos los años, lo cual indica la capilaridad territorial de esa organización, así como su fuerza en los pequeños municipios. En los años 2002 y 2006, cuando el partido estaba en el gobierno estadual y federal, se observaron los índices más elevados de fragmentación, como se esperaba. Sin embargo, el cambio del cuadrante III al cuadrante I en el período 1998-2002 no resultó en un aumento de la dominación media. El PSDB presenta un crecimiento constante de la fragmentación entre 1998 y 2006, lo cual refleja el ya citado proceso de interiorización del partido.
En comparación con los demás estados analizados, el caso de Minas Gerais presenta una peculiaridad, ya que dos de los partidos más grandes en las disputas proporcionales y para gobernador -el PSDB y el PT- son también los partidos que polarizaron las disputas presidenciales en el período. En cierta medida, este hecho nos llevaría a esperar una mayor "nacionalización" de las elecciones al legislativo federal en el estado. Sin embargo, en base a los datos aquí presentados no es posible concluir algo al respecto. En el año 2006, cuando se configuró el escenario clásico de competencia vertical (el PT pasó del IV al III y el PSDB del I al II), no se verificó un cambio significativo en los patrones de voto del PSDB. A pesar del buen desempeño del partido en las elecciones presidenciales en las ciudades más pobladas y desarrolladas del estado (Zucco, 2008), el partido no fue capaz de movilizar el voto de la oposición en las elecciones para diputado federal.

Conclusión

Los resultados de la investigación presentados en este artículo en carácter preliminar apoyan parcialmente nuestras hipótesis relativas al cambio/continuidad de los patrones territoriales del voto de los partidos en las elecciones proporcionales federales en los estados. En todos los casos, los procesos de crecimiento electoral de los partidos, interiorización del voto y movilización del electorado oficialista en los municipios más pobres aparecen asociados a la capacidad de las organizaciones partidarias para obtener acceso a cargos y recursos controlados por el Ejecutivo federal y estadual. Esto se aplica también hasta a un partido de perfil más programático y de fuertes raíces sociales como el PT: en los casos de Bahía y de Minas Gerais, el partido experimentó una rápida interiorización del voto entre 2002 y 2006, a pesar de mantener sus bases electorales metropolitanas.
Entre estos tres casos, Bahía presenta un patrón más claro de segmentación del voto entre un partido de electorado urbano y metropolitano (PT), y otro de votación interior y rural (PFL), lo cual refleja la larga trayectoria de cada uno de estos partidos en posiciones polares respecto al gobierno estadual y federal (cuadrantes I y IV de la matriz gobierno-oposición). Por este motivo, el caso bahiano refuerza nuestra hipótesis respecto al impacto del clivaje gobierno-oposición en la definición de los patrones de voto de los partidos. Resulta útil, en este sentido, comparar los casos de Bahía y de Río Grande del Norte, ya que, en el segundo caso, la existencia de dos partidos catch all (PMDB y PFL) con acceso constante a los cargos y fondos del gobierno federal y que disputaban el mismo electorado oficialista se reflejó en patrones territoriales de voto claramente menos demarcados.
Por otro lado, el análisis de los casos indica otros factores que pueden explicar la evolución de los patrones de voto de los partidos. En los estados de Minas Gerais y Río Grande del Norte, dos partidos típicamente oficialistas (PSDB en el primer caso y PMDB en el segundo) pudieron movilizar el voto urbano y metropolitano debido a su trayectoria anterior al frente de la intendencia de la capital13. Respecto a los partidos de izquierda analizados en este trabajo (PT y PSB) se observa un patrón razonablemente similar en todos los casos -concentración de los votos en las regiones metropolitanas y los municipios más poblados, y de menor dominación y fragmentación media en relación con los partidos de centro y derecha- lo cual parece reflejar el tipo de vínculo representativo y las estrategias de campaña adoptadas por los diputados de izquierda en la definición de la geografía del voto, como recuerda Carvalho (2003). En esta línea de análisis, la mayor estabilidad en los patrones de voto del PT indicaría la importancia de las "experiencias críticas" de los partidos movilizados externamente (Shefter, 1994) en la continuidad de vínculos más programáticos entre líderes y seguidores del partido. Se puede argumentar también que la reproducción de patrones semejantes en tres estados tan distintos refleja la exclusión de los partidos de izquierda del poder federal antes de 2002. Es muy posible, por lo tanto, que los factores de organización interna, ideología y estrategias de campaña, así como la dinámica electoral nacional y estadual, hayan interactuado en el sentido de reforzar los mismos patrones a lo largo del tiempo aunque no se pueda saber con certeza cuál fue el impacto relativo de cada uno de estos factores.
Se puede aplicar un razonamiento similar para los dos partidos de tradición oficialista más larga (el PFL y el PMDB). En todos los casos, con pocas excepciones, estos partidos presentaron un patrón de voto caracterizado por altos índices de fragmentación y dominación, y por una alta penetración electoral en los municipios más pobres, menos urbanizados y más distantes de la capital. El salto del PMDB y del PFL al campo de la oposición (estadual, federal o ambos) en los últimos años parece haber tenido como principal resultado la pérdida de votos, mucho más que cambios en los patrones de voto. Esto sugiere cierta estabilidad en la geografía del voto que, nuevamente, puede estar relacionada con la trayectoria histórica de los partidos, su organización y acceso a las redes políticas locales, y la capacidad de los diputados individuales de cultivar y mantener determinadas "constituencies".
No podemos olvidar, sin embargo, que en ninguno de los casos analizados el PFL y el PMDB tuvieron una experiencia de oposición "pura" a los gobiernos federal y estadual, es decir, un período entre dos elecciones sin ningún acceso a cargos y fondos públicos. En el caso de Río Grande del Norte, como vimos, el PFL permaneció en el cuadrante más opositor (IV) solamente durante casi dos años, entre 2004 y 2006. De esta manera, no se pueden establecer conclusiones más definitivas sobre los efectos del clivaje gobierno-oposición en los patrones de voto de estos dos partidos.
Hechas estas advertencias, los resultados de este trabajo parecen apuntar en una dirección distinta respecto a los análisis de las elecciones proporcionales que enfatizan la conexión electoral de políticas distributivas implementadas por el Poder Legislativo, estableciendo una analogía -bastante problemática, dicho sea de paso- entre el sistema político brasileño y el norteamericano (Ames, 2001). La fuerza y la importancia del Poder Ejecutivo en las arenas electorales y las decisiones del presidencialismo brasileño ponen en duda esta línea interpretativa, ya que la capacidad de los parlamentarios de atender a las demandas de los sectores dependerá en buena medida de los recursos controlados por el presidente y por los gobernadores. Además, y no menos importante, los argumentos de este artículo sobre la competencia vertical entre las esferas de gobierno indican una mayor nacionalización del sistema partidario y, análogamente, una pérdida de la capacidad de los gobernadores de "aislar" a sus aparatos políticos de las presiones nacionales. Este punto, por otra parte, ya ha sido enfatizado por trabajos que cuestionan las tesis sobre el carácter "estadual" de los partidos brasileños (Cheibub et al., 2009; Borges, en prensa). En resumen, al presentar la conexión entre el clivaje gobierno-oposición en los planos federal y estadual y los patrones de voto de los partidos, este artículo apunta en la dirección de un nuevo camino interpretativo que tiene en cuenta las especificidades institucionales de nuestro presidencialismo.

Notas

* Este trabajo presenta los resultados de una investigación financiada con recursos del CNPq -Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico-, edicto Ciencias Humanas de 2009. Los autores agradecen el apoyo de los asistentes de investigación Iana Alves, Dennis Novaes, Noelle Campos y Sara Fadigas que trabajaron en la recolección de datos y la organización de tablas. (Traducción de Sergio Caplan).

1 Para una revisión del modelo de distribución, ver Limongi (1994).

2 Muy probablemente, estos sean representantes ampliamente conocidos, que lograron difundir su nombre entre el electorado del estado, dejando una base electoral razonablemente estable y menos dependiente de intermediarios locales.

3 Cabe destacar, sin embargo, que el PPB presenta un perfil más heterogéneo que el PT desde el punto de vista de la distribución de los patrones de votación de sus diputados.

4 Suponemos que lo mismo se aplica a las elecciones para gobernador. Una vez que el partido pasa de la oposición al gobierno (o viceversa), cambian los patrones de votación tanto en las elecciones mayoritarias como en las proporcionales.

5 Utilizamos como fuente principal el banco de datos Ipeadata (www.ipeadata.gov.br) que brinda información sobre los votos agregados de los partidos brasileños en las elecciones proporcionales desde 1994.

6 Datos recolectados por el equipo de esta investigación relativos a los índices de dominación y fragmentación de los candidatos a diputado federal de los mismos partidos/años de elección aquí analizados muestran que existe, de hecho, una correspondencia entre los valores medios para el conjunto de los candidatos del partido y los índices agregados.

7 Se calcula a través de la fórmula 1/ (Σ Ci2) (i = 1 ... N), donde Ci es la contribución del municipio i a la cantidad total de votos del partido en el estado.

8 Todos los datos se refieren al Censo 2000 y fueron obtenidos a través de la aplicación Atlas de desarrollo humano, con excepción de los datos de composición del PBI municipal y la distancia a la capital estatal. En ambos casos, se recurrió al banco de datos Ipeadata (www.ipeadata.gov.br).

9 Es digno de notar todavía que uno de los campeones de votos del partido, el Diputado Beto Rosado, ocupó la secretaría estadual de Educación durante un período en que el partido integró la base del gobierno, obteniendo la reelección en 2006.

10 La desproporción entre el peso de la región metropolitana de Natal respecto al electorado y su contribución a los votos del partido es significativa, ya que según los datos del TSE, en 2002, la región metropolitana respondía a cerca del 45 por ciento del electorado estatal.

11 No es objetivo de este trabajodiscutir la dinámica y el funcionamiento del grupo político denominado carlismo. La intención es tan solo situar el debate y el contexto para entender sus repercusiones en la geografía del voto de los principales partidos que actuaron en la escena política del período. Para un análisis más consistente, se sugiere Dantas Neto (2006, 2007 y 2010).

12 Como ya se vio, antes de asumir el gobierno del estado, el PSDB gobernó la ciudad de Belo Horizonte entre 1988 y 1992. El viceintendente Eduardo Azeredo, que asumió en reemplazo de Pimenta da Veiga en medio del mandato, fue electo gobernador en 1994.

13 En Río Grande del Norte, el senador Garibaldi Alves fue intendente de Natal (1988-1992) antes de ser electo gobernador por primera vez en 1994. En Minas Gerais, el gobernador Eduardo Azeredo del PSDB (1995-1999) había sido viceintendente y después intendente de Belo Horizonte (después de la salida de Pimenta da Veiga) en el período 1988-1992.

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