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Cuyo

versión On-line ISSN 1853-3175

Cuyo vol.26  Mendoza ene./dic. 2009

 

ARTÍCULOS

La presencia de Darwin en William Henry Hudson*

The Presence of Darwin in William Henry Hudson

Herminia Solari
Universidad Nacional de Mar del Plata
<hsolari@mdp.edu.ar>

Adrián Monjeau
Instituto de Análisis de Recursos Naturales, Mar del Plata/ CONICET
<amonjeau@gmail.com>

Resumen
W. H. Hudson tuvo un contacto muy temprano con El origen de las especies; probablemente haya leído el libro el mismo año de su aparición (1859). Esta lectura lo acercó a una filosofía naturalista que, a la vez, lo alejó de la formación materna en cuestión religiosa, y lo condujo a asumir una posición evolucionista crítica. De hecho, contradijo observaciones de Darwin que éste revisó, además de mencionarlo en la segunda edición de El origen de las especies (1888). Asimismo, son numerosas las citas que Hudson hace de Darwin en sus textos. Aunque pueden marcarse diferencias, ciertos tópicos generales del evolucionismo, son fácilmente reconocibles a lo largo de su producción. El trabajo pretende avanzar sobre estos aspectos para identificar cuán profundamente caló en su concepción del mundo la perspectiva evolucionista.

Palabras clave: W. H. Hudson; Charles Darwin; Evolucionismo.

Abstract
W. H. Hudson had an early contact with The Origin of Species. He may have read it in the same year of its publication (1859). This reading brought him close to a naturalist philosophy that, in turn, took him away from an education in religious practice, fostered by his mother, and made him adopt a critical evolutionist position. In fact, he contradicted Darwin's observations, which he latter reviewed, in addition to mentioning him in the second edition of The Origin of Species (1888). Also, there are numerous quotations of Darwin in Hudson's works. Even though differences can be noted, certain general topics on evolutionism may be easily recognized throughout his production. This paper attempts to move forward in these aspects in order to identify how deeply the evolutionist perspective influenced Hudson's conception of the world.

Keywords: W. H. Hudson; Charles Darwin; Evolucionism.

Introducción

Según Marcelo Montserrat William Henry Hudson (1841-1922) habría sido el primer lector de Darwin en la Argentina1. Probablemente haya accedido a El origen de las especies el mismo año de su aparición (1859); en este caso, rondaba los dieciocho años. Fue su hermano mayor, Daniel, conocedor de los intereses de William por la naturaleza, quien le indicó la lectura del libro que traía del extranjero a poco de aparecer. Su primera impresión no le resultó satisfactoria. Darwin aparece en un momento en el que el joven Hudson luchaba por afianzar una fe religiosa cuyos sermones en contra de los "infieles" le convencían considerablemente menos que los argumentos de los propios infieles2. La biblioteca familiar, repleta de obras teológicas, no contenía libros que aportaran un balance a su lucha íntima entre la razón y la fe. Su hermano Daniel le aconsejó una relectura de El origen... como un naturalista, despojado de prejuicios religiosos. Los nuevos abordajes de la obra finalmente le permitieron explicar aquella unidad que él intuía en la naturaleza. Sus propias observaciones de los seres vivos le sugieren la confirmación de un origen común, de un parentesco ramificado en grupos que se van diferenciando en la variedad del mundo viviente. La obra lo acercó a una filosofía naturalista, tal como el mismo Hudson relata en su autobiografía. Es en este bello escrito hudsoniano donde, obviamente, de modo más marcado y directo quedan reflejados los conflictos que en sus primeros quince años lo llevaron a alejarse de la formación materna en cuestión religiosa y a asumir una posición crítica evolucionista; dice "inadvertidamente la nueva teoría me condujo a modificar mis viejas ideas religiosas y eventualmente a una más clara y simple filosofía de esta vida"3. Aunque podrían marcarse diferencias con posiciones de Darwin, y a pesar del tinte expresivo de muchas de esas afirmaciones, ciertos tópicos generales del evolucionismo, son fácilmente reconocibles a lo largo de la obra hudsoniana. Pero además de los aportes del evolucionismo a su concepción del mundo, están los comentarios a cuestiones puntuales del inglés que ya aparecen en alguna de las colaboraciones hechas desde la Argentina a la Zoological Society de Londres y en la producción posterior realizada en Inglaterra. El trabajo pretende dar un panorama de ambos aspectos.

Las referencias puntuales de Hudson

En su autobiografía Hudson se construye volcado al interés por los fenómenos de la naturaleza desde pequeño pero, fundamentalmente, desde una perspectiva de gozo. La producción no ficcional de Hudson, aquella que en general tiene que ver con sus experiencias con pájaros o, más ampliamente, distintos fenómenos de la naturaleza, a pesar de la agudeza de sus observaciones, no llega a tener status científico; en mayor o menor medida está teñida por su subjetividad. Podría decirse que se trata de ensayos que se encuentran en una zona fronteriza entre el arte y la ciencia. Los abordajes de ésta llegó a verlos descarnados ante el encantamiento emocional que él sentía por la naturaleza. Con los años, son reiterados los casos en que descalifica a los científicos llamándolos irónicamente "naturalistas de laboratorio"4, así como también se repiten los cuestionamientos a los prejuicios de los especialistas o la "imbecilidad de la ciencia"5, a la que considera que avanza en un camino destructivo de un supuesto "orden antiguo y hermoso"6 de la naturaleza. No obstante, sus trabajos más informativos cuentan con numerosas referencias y citas de diversos autores; a veces, la mayoría de ellas de naturalistas o científicos7. Estas las pone, sin embargo, en un mismo nivel que las que recogen observaciones del gaucho (a quien llama "naturalista primitivo"8). En Un naturalista en el Plata se ven alternadamente unas y otras sin distinción, y reivindica la sabiduría popular al mismo tiempo que habla burlonamente de los "cultos galenos"9, por ejemplo. Este es un punto interesante, donde estos dos observadores de la naturaleza, Darwin y Hudson, aparecen como habitantes de dos mundos que hoy pueden verse como irreconciliables, el científico y el naturalista. La diferencia sustancial parece estar en la actitud de contrastación de las ideas. Hudson no tenía el menor interés en contrastar la multiplicidad de sus observaciones con experimentos científicos que pudiesen falsificar su interpretación. Las da por ciertas sin dudarlo. En cambio, Darwin era un riguroso especialista, siempre poniendo en duda sus hipótesis y colectando enormes cantidades de fuentes de verificación. Aún hoy sigue vigente este quiebre entre el científico profesional y otros abordajes del estudio de la naturaleza. Esto se ve muy claramente, por ejemplo, entre las actividades del ecólogo profesional y del ecologista. Y más específicamente adecuado al caso de Hudson, entre el ornitólogo aficionado y el científico estudioso de las aves. Hudson -en sus críticas- parece compartir esa sensación que hoy en día aún existe en algunos sectores, de que la diferencia entre un naturalista y un científico es que el primero interpreta sus observaciones como se le da la gana y el segundo tortura las observaciones hasta que los datos confiesen lo que a él se le da la gana.

La actitud crítica de Hudson hacia el ámbito científico que manifestó con los años, probablemente se haya desarrollado ante la frustración que le produjo el intento de ingreso a él, en calidad de par, al arribar a Inglaterra. Es llamativo que, durante su estadía americana, no hubiera retaceado colaboraciones, tanto en el envío de colecciones como de notas, a instituciones científicas. Juan Azcoaga registra, entre cartas y notas, veintitrés publicaciones en Proceedings de la Zoological Society de Londres, solo las dos últimas de cuando recién arribaba a Inglaterra10. Asimismo, sus primeros trabajos en ese período fueron con científicos destacados.

Son numerosas las citas que Hudson hace de Darwin (de hecho en Un naturalista en el Plata es el autor con más referencias), así como de Spencer. Su posición, siempre (no sólo con estos autores), es crítica; Hudson tiene su propio parámetro que es su experiencia y criterio personal. De hecho, contradijo observaciones de Darwin que éste revisó, además de mencionarlo en la segunda edición de El origen de las especies (1888) como "excelente observador"11. Mencionaremos algunos pocos casos.

Hudson se envalentona en sus críticas cuando otros autores -cualquiera sea su prestigio- intentan observaciones sobre "sus" aves. Se involucra escandalosamente con el poeta Burns y su famosa "Oda a la Alondra" afirmando que la alondra no se encuentra en Escocia, que debe tratarse de otra ave12. No vacila en criticar a Shakespeare en Inglaterra, diciendo que no es cierto que la lechuza del bosque cante "to-whit-to who", ya que no tiene ni la "t", ni la "w", ni la "h"13. Y por supuesto, enfrenta a Darwin en su propio territorio. Es conocido el juvenil y, si se quiere, impertinente cuestionamiento que hace en la cuarta carta publicada en Proceedings de la Zoological Society de Londres a las observaciones de Darwin acerca del pájaro carpintero. Darwin argumentaba que el carpintero era un ejemplo de adaptación a distintos ambientes, pudiendo ser tanto arbóreo como habitante de pastizales pampeanos. Siendo Darwin ya una eminencia mundial, Hudson escribe esta famosa carta a Sclater diciendo que por más cuidadoso observador que (el Sr. Darwin) pueda ser, no le es posible saber acerca de una especie después de ver uno o dos individuos, tal vez en el curso de una rápida cabalgata a través de las pampas. Que la persona que conozca al carpintero y a su hábitat sabrá que éste habita siempre entre los árboles, incluso en los montes del ambiente pampeano. Que esto le induce a creer que Darwin torció adrede las verdades de la naturaleza para hacerlas encajar en su teoría, pero que sin embargo se da cuenta que sus Researches fueron escritos antes de concebir la teoría de la selección natural y viendo que abunda en errores parecidos cuando habla de Argentina, cree que más bien estas observaciones pueden atribuirse al descuido y no a descripciones fraudulentas. Darwin, ya una celebridad mundial, se toma el trabajo de responder al joven Hudson en otro número de los Proceedings. Darwin, elogia la agudeza de las observaciones de Hudson y a sus valiosos artículos y admite su error. Sin embargo, no deja pasar la acusación principal y se queja de que un colega pueda acusar a otro colega de mentir o de torcer sus observaciones para hacerlas encajar en sus teorías sin presentar pruebas suficientes y necesarias para demostrarlo.

En otra de sus tantas citas a Darwin, Hudson critica, en Allá lejos... el romanticismo de Darwin cuando dice "si un gaucho os cortara el cuello, lo haría como un caballero". Hudson dice que no, que por el contrario, que lo haría con saña y que gozaría de ello14.

El evolucionismo en la concepción hudsoniana del mundo

Aunque podrían marcarse diferencias con posiciones de Darwin, como se dijo, ciertos tópicos generales del evolucionismo son fácilmente reconocibles a lo largo de la producción de Hudson, a pesar del tinte expresivo de muchas de esas afirmaciones. Para dar sólo un ejemplo, en Una cierva en el Parque Richmond cuestiona el principio de acumulación de variaciones individuales y la herencia que llevan a una suerte de transformación imperceptible de la especie15. Curiosamente, estos cuestionamientos de Hudson están en otras fuentes, desde las religiosas hasta en los propios cenáculos científicos. Cuando el obispo anglicano de Oxford, Samuel Wilberforce -en el famoso debate sobre la evolución en el museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford- le pregunta a Thomas Huxley (el "Bulldog" de Darwin) si desciende del mono por parte de madre o por parte de padre, está tocando -sin saberlo16- un punto crucial en las ideas de Darwin, si uno cree en la evolución gradual y simpátrica17 como el proceso que hace originar a las especies unas de otras, hay un punto en esa paulatina transformación en el que una madre debe engendrar a un hijo de otra especie. Hudson, y evolucionistas posteriores, no encontraban en los escritos de Darwin una explicación última sobre el origen de las especies a partir de otras. Darwin había encontrado el proceso, pero faltaba el mecanismo íntimo. Sus evidencias con los pinzones de las Galápagos eran un caso especial que no explicaba el proceso de especiación de especies continentales. Darwin decía que las especies sólo son variedades muy marcadas y permanentes y que cada especie tuvo primero su variedad. Pero para el observador de la naturaleza, muchas especies presentan un aspecto muy distinto, sin formas de transición entre las mismas, o por el contrario, hay especies cuyos límites quedan difuminados por la presencia de formas intermedias o híbridas. Recién con la teoría sintética de la evolución, con la incorporación de la genética, la paleontología y la biogeografía al cuerpo conceptual de la evolución, pudo darse respuesta a las dudas de Hudson y otros. Las modernas teorías de especiación explican el fenómeno según dos grandes procesos, la simpatría y la alopatría. La simpatría necesita de la genética para el explicandum, la alopatría en cambio, se nutre de la biogeografía. En la época de Hudson y Darwin, nada se sabía sobre deriva genética, cambios mutacionales, poliploidía y reordenamientos cromosómicos que explican la aparición de una nueva especie en simpatría. Recién con Ernst Mayr18 y otros pudo entenderse que por aislamiento geográfico, dos grupos anteriormente en contacto, pueden ir diferenciándose en el tiempo, en respuesta a retos ambientales divergentes, hasta acumular suficientes cambios como para llegar a diferencias que impiden la reproducción entre ellos, produciéndose la llamada especiación alopátrica. Notablemente, Hudson coincidía con el proceso de diferenciación por selección natural, pero no entendía el mecanismo y decía que faltaba algo, que la selección natural no podía ser la única explicación. Hoy en día se ha comprendido que hay muchos mecanismos de especiación que no necesariamente involucran a la selección natural.

La familiaridad entre especies, es otra cuestión que aparece en su concepción del mundo natural. Como recién señalamos, él la veía a partir de sus andanzas pampeanas sin poder comprenderla y quedó satisfactoriamente explicada con el libro de Darwin; solo una "comunidad de origen" podía dar cuenta de las relaciones que encontraba entre un grupo y otro de animales19. Estos, desde los más cercanos a los más lejanos en la escala zoológica, son nuestros familiares:

No existe una línea visible de demarcación entre nuestro noble yo y el de estos pobres parientes, incluidos los que llevan plumas o escamas. Hemos tenido que aprender, no sin cierta repugnancia y secreta amargura, que aun nuestras mejores y más altas cualidades tienen sus primeros principios en estos seres inferiores20

Al aceptar la condición zoológica del hombre, la propuesta más controvertida de Darwin, Hudson -como se dijo, de tradición familiar religiosa- da un giro copernicano a su filosofía. Observamos también una suerte de pensamiento teleológico en su interpretación de Darwin: ve a la evolución como un camino de superación desde lo inferior hacia lo superior. Hay reiteradas menciones sobre la inferioridad o superioridad de distintos animales, e incluso de grupos humanos respecto de sus propios patrones culturales como indicadores de "humanidad". Por ejemplo, en una carta a Cunninghame Graham, comentando las masacres del ejercito del Zar, Hudson dice, "me inclino a creer en un cambio grande y progresivo hacia lo mejor, a que el humano animal se haya vuelto más suave y más humano, a pesar de Rusia"21.

Con relación a estas cuestiones, si bien en Allá lejos... señalaque no terminó de aceptar a la selección natural "como única y suficiente explicación en el cambio de las formas de vida"22, más de uno son los pasajes en los que la reconoce como aspecto común en hombres y animales que lleva a la superación. Es más, critica a la civilización que atempera "la acción saludable de la selección natural" mientras la naturaleza "nos lleva hacia un lado [...] nosotros tomamos hacia otro, tratando de salvar al inepto de las consecuencias de su incapacidad"23. Aquí aparecería en Hudson una temprana interpretación eugenista del darwinismo. Extremando esta perspectiva, llegó a ver a la guerra como una oportunidad depuradora de la humanidad24. La lucha por la vida asociada a la selección natural no sólo tiene que ver con el perfeccionamiento de las especies, sino que En Días de ocio... dice que, sea

física o mental [,] es esencial para la felicidad. Es un principio de la Naturaleza que afirma que solo puede mantenerse la fuerza por medio de la lucha y cuando alguna especie no hace uso de ella o no la necesita empieza la degeneración25.

Algunas consideraciones finales

La explícita afirmación que hace Hudson acerca de su visión evolucionista para entender la vida de la naturaleza, podría hacer pensar, en principio, en un adherente sin fisuras a las afirmaciones de Darwin. No obstante, hemos intentado mostrar aquellas que surgen de la lectura, y que él mismo señala en algunos casos, en relación con esta cuestión. Por un lado, Hudson se encarga de marcar las diferencias, fundamentalmente con las observaciones del inglés. Esta parece ser una actitud claramente científica por el aspecto antidogmático de distancia crítica y la valoración de datos sensibles veraces que implica. No obstante, y por otro lado, este tipo de visión de la naturaleza claramente le resulta estrecho. Hudson es básicamente un "sentidor" del mundo natural. Tanto que, en su acercamiento, entra en éxtasis y comunión con él. Se ha hablado del "misticismo" hudsoniano. Podríamos aceptar esta expresión en un uso amplio del término pues Hudson huye de la idea de descorporización para unir la espiritualidad a dios. Contrariamente, Hudson exacerba sus sentidos y es en este mundo sensible donde halla el gozo extático.

Asimismo, hemos podido observar cómo, sin demasiada aclaración teórica -aspecto constante en él-, se desplaza hacia el darwinismo social y llega a pensar que la Primera Guerra Mundial, época que vivió en sus últimos años, podía ser un instrumento de perfeccionamiento de la raza por eliminación de los menos aptos. Hudson parece desconocer, o por lo menos desatender, las opiniones de Galton acerca de los efectos de la guerra en los grupos humanos, contrarios a los que él señalaba en el sentido de que lo que se produce es supervivencia del más débil y no del más apto26.

Hay un aspecto especialmente que nos sobrevive como pregunta abierta. Hudson es enemigo del progreso, rechaza la civilización, detesta Londres y las grandes ciudades, en cuanto alejan del verdadero mundo de la vida que es el natural; entonces, ¿cómo juega en esta visión el evolucionismo interpretado como "ideología del progreso" a la vez que la cultura es entendida como desarrollo evolutivo del hombre cuya máxima expresión sería el mundo europeo anglosajón? La misma actitud antiteórica, que señalamos con relación a otros aspectos, si se quiere, hasta su arbitrariedad, coloca a Hudson en una encrucijada irresuelta.

Notas

* Texto corregido de la ponencia leída en las "Jornadas 200/150 Año Darwin", Universidad Nacional de San Martín, Miguelete, Pcia. De Buenos Aires, 7 al 9 de octubre de 2009.
1 Cf. MONTSERRAT, Marcelo. Ciencia, historia y sociedad en la Argentina del siglo XIX, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1993, p. 31-2 y 61-2.
2 Cf. JURADO, Alicia. Vida y obra de W. H. Hudson, Buenos Aires, Emecé, 1988, p. 52.
3 HUDSON, William Henry. Allá lejos y hace tiempo, Bs. As., Kraft, 1967, p. 360.
4 v
Un naturalista en el Plata, Bs. As., Hispanoamericana, 1984, p. 42.
5
Ibid.
6
Ibid., p. 17.
7 En Un naturalista... pueden contarse alrededor de 60 autores distintos citados; en el caso de Darwin, con más de 20 referencias.
8
Ibid., p. 114.
9
Ibid., p. 59.
10
Cf. AZCOAGA, Juan. Hudson, Bs. As., Centro Editor de América Latina, 1969.
11 AROCENA, Felipe, De Quilmes a Hyde Park. Las fronteras culturales en la vida y la obra de W. H. Hudson, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 2000, p. 45.
12 JURADO, Alicia, Vida y obra de W. H. Hudson, Buenos Aires, Emecé, 1988, p. 47.
13
Cf. AROCENA, F., ob. cit. En rigor, sólo tiene la "u" y la "i".
14
HUDSON, William Henry. Allá lejos... p. 137-8.
15
Cf. HUDSON, William Henry. Una cierva en el Parque Richmond, Buenos Aires, Claridad, 1944, p. 37.
16 Según los historiadores de Darwin, Wilberforce no tenía ni idea de lo que estaba hablando. Fue el científico anti-darwinista Richard Owen quién le diera las argumentaciones para debatir con Huxley.
17"Simpatría" significa en el mismo lugar, su opuesto, la "alopatría", significa en lugares distintos.
18
Cf. MAYR, Ernst, Systematic and the Origin of Species, New York, Columbia University Press, 1942.
19
HUDSON, William Henry. Allá lejos..., p. 359.
20
HUDSON, William Henry. Aventuras entre pájaros, Buenos Aires, Santiago Rueda, 1944, p. 67.
21
HUDSON, William Henry. Cartas de W. H. Hudson a Cunninghame Graham y a la Sra. de Bontine. 1890-1922, Buenos Aires, Bajel, s/f, p. 109-10.
22HUDSON, William Henry. Allá lejos..., p. 360.
23HUDSON, William Henry. Días de ocio en la Patagonia, Bs. As., Joaquín Gil, 1940, p. 175.
24 JURADO, Alicia, p. 201.
25HUDSON, William Henry, p. 85.
26 Para Galton, a fines del siglo XIX, "las leyes para la protección de los pobres (poor laws) y las medidas higiénicas generalizadas ayudaban a sobrevivir a los sectores más dañados de la sociedad, actuando de esta manera en contra de la 'selección natural'. Los recurrentes conflictos bélicos acentuaban aún más este panorama, porque los ejércitos requerían brazos jóvenes y fuertes para defender a la patria, los cuales eran diezmados en gran proporción. Luego, las personas que no servían quedaban disponibles para otorgarle continuidad a la raza. Esta casta, en resumen, no hacía más que deteriorar la calidad global de la raza", en Ceccehetto, Sergio, La biología contra la democracia. Eugenesia, herencia y prejuicio en Argentina. 1880-1940, Mar del Plata, EUDEM, 2008, p. 117.

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