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Cuyo

versión On-line ISSN 1853-3175

Cuyo vol.26  Mendoza ene./dic. 2009

 

TEXTOS

Naturaleza infantil, educación para la libertad y escuela de acción libre en un texto de Carlos Norberto Vergara: El libro de los niños y de los que a ellos se parecen

Mariana Alvarado
Universidad de Congreso - CONICET
<marianaalvarado@yahoo.com>

El pensador y pedagogo mendocino Carlos Norberto Vergara (Mendoza, Argentina, 1859-Córdoba, Argentina, 1929) ingresó de muy niño en el Colegio Nacional, nuestro actual "Agustín Álvarez", donde realizó sus estudios secundarios. Más tarde se formó en la Escuela Normal de Paraná. Ingresó becado en 1875 y egresó hacia 1878.

En vínculo directo con los directores George A. Stearns (1843-1916), José María Torres (1876-1885), los profesores Pedro Scalabrini (1849-1916) y Sara Emily Chamberlain de Eccleston (1840-1916), fue nombrado profesor y ejerció la docencia por primera vez en la misma Escuela que le otorgó el título. Luego, en la Normal de Maestros de Mendoza en 1879. En Buenos Aires fue subalterno en una Escuela de la Boca; más tarde en una nocturna y, finalmente, tomó la dirección de la Escuela del Asilo de Huérfanos entre 1881 y 1883.

En Mendoza fundó la revista El Instructor Popular (1883-1885) con la que inaugura una campaña pedagógica krausista, que bien pudo ser eco de la labor de la Institución Libre de Enseñanza creada por Giner de los Ríos (1839-1915) y Francisco Salmerón (1838-1908), entre otros profesores destacados de España. En Buenos Aires, vinculado con José Benjamín Zubiaur y Manuel Sársfield Escobar, fundó La Educación (1885-1888).

Fue Inspector Nacional de Enseñanza de la Superintendencia de Escuelas de Instrucción Primaria en Mendoza hacia 1883 e Inspector Técnico de Escuelas en Buenos Aires hacia 1885. Como normalista y no como normalizador, cual otros egresados -para los que valieron las designaciones del racionalismo deísta, como "apóstoles de la instrucción primaria", "soldados del progreso", "obreros del progreso", "apóstoles de la educación"- formó parte de un movimiento de renovación que atendía a la formación del magisterio, al gobierno escolar, y a la disciplina.

La amistad que sostuvo con Zubiaur le permitió acceder al cargo de director de la Escuela Normal de Mercedes, Provincia de Buenos Aires, mucho antes que la primera médica italiana María Montessori comenzara a dirigir una escuela nacional italiana en 1898. Bajo su dirección instaló lo que podría entenderse como una alternativa en los inicios de la configuración del sistema educativo argentino, en el que terminó por imperar un modelo que propició la centralización, la jerarquización, la burocratización, la ritualización y el autoritarismo1.

Aplicó las ideas pedagógicas que circulaban desde hacía años en aquella campaña inaugurada con El Instructor Popular en el marco de su gestión como Inspector. Las experiencias fueron explicadas en Educación republicana y en el capítulo "Gobierno propio del niño" de su Revolución pacífica. En los tiempos de Mercedes, con La Mamápropuso el autoaprendizaje de la lectura en combinación con la escritura, anticipándose en un año a la formulación del método de la palabra generadora que los últimos estudios sobre Manuales Escolares2 y textos de lectura asignaron a Francisco Berra3. Tal vez en los tiempos de Mercedes se haya inspirado su hermana, Petrona Vergara de Echevarrieta, para seguir las indicaciones y doctrinas de la auto-educación para que los analfabetos mayores de siete años pudiesen aprender a leer sin maestro.

Con la experiencia de Mercedes el sistema educativo argentino comprendió cuán disolvente era el discurso y la práctica vergariana, la línea transformadora de la que era un emergente para la constitución del sistema, y la línea fundadora que la "Escuela Activa" o "Escuela Nueva" argentina más tarde situaría en él y en las "locuras de Mercedes", el mito de su origen.

Luego de su destitución como director y, de su reemplazo por el normalizador positivista, Víctor Mercante, comenzó a editar numerosos libros hasta su traslado a Córdoba en 1924, donde pasó sus últimos años de vida. Allí publicó voluminosos libros que dieron organicidad a su obra.

Desde aquellos tiempos de reforma, Vergara adjudicó a la educación un potencial revolucionario que, a partir de 1911 con su título de abogado otorgado por la Universidad de La Plata, vendría a inaugurar la etapa de producción escrita más intensa: la de la revolución pacífica. Entre sus libros es preciso recordar: Educación republicana (1899), Revolución pacífica (1911), Nuevo mundo moral (1913), Filosofía de la educación (1916), Evología (1921), Solidarismo. Nuevo sistema filosófico (1924).

Sus escritos filosófico-pedagógicos han sido motivo de análisis filosófico y de reflexión historiográfica en la línea de la historia de las instituciones argentinas de la mano de Adriana Puiggrós y Juan Carlos Tedesco y de la historia dada a pensar por Tulio Halperín Donghi, Natalio Botana y Ezequiel Gallo.

Vergara ha sido un representante de la tendencia democrático-radicalizada, tal como lo ve Adriana Puiggrós en Sujetos, disciplina y currículo en los orígenes del sistema educativo argentino; el exponente del krausismo pedagógico que, según el historiador de las ideas Arturo Andrés Roig en Los krausistas argentinos,transita hacia una faceta krauso-positivista; en tanto que Alberto Caturelli lo sitúa como "el último krausista". En los términos en los que Juan Carlos Tedesco piensa a Carlos N. Vergara en su Educación y sociedad en la Argentina, el discurso vergariano careció de rigurosidad, mientras que para Sandra Carli con él se hace notorio el descubrimiento de la infancia como una edad con características propias. Así, el discurso vergariano construiría la infancia como un sujeto con rasgos peculiares engarzado en la sociedad familiar, escolar y civil, un sujeto libre y autónomo frente al que las instituciones no debían disolver su naturaleza propia.

El trabajo que aquí se reproduce forma parte de la tercera etapa en su pensamiento. En los estudios que llevamos a cabo para la elaboración de nuestra tesis doctoral hemos periodizado su ideario en tres momentos: "campaña pedagógica krausista", "la experiencia de la reforma", y "revolución desde los libros", atentas a la autobiografía del pedagogo4.

El libro de los niños y de los que a ellos se parecen de 1921 es uno de los textos más breves, con apenas 62 páginas, escrito por Vergara en Buenos Aires5. No habíamos tenido noticia de su existencia en ninguno de los pensadores nombrados precedentemente. Accedimos a él en el marco de la conformación del corpus teórico, en una visita a la Biblioteca Nacional de la República Argentina.

Se trata de un texto que consideramos en sintonía con el que se cierra "la experiencia de reforma", La Mamá, de 1889, en tanto que no sólo tiene como destinatarios a los niños y niñas, sino que la intención que lo anima es netamente educativa. Ambos textos se introducen en el ámbito escolar. Mientras La Mamá se presenta como el primer libro en el país de lecto-escritura simultánea que introduce el método de la palabra generadora, El libro de los niños y de los que a ellos se parecen da continuidad a lo que Vergara llamó auto-educación y sostiene el propósito de aprender a "leer" solo, por sí mismo.

Se trata, en resumidas cuentas, de una especie de manual que introduciría a los niños de entre 8 y 10 años a diversos saberes. Para ello el pedagogo apela a dos recursos. Por un lado pone en valor las historias de vida de los "héroes de acción", "héroes del pensamiento", "guerreros ilustres", que desde la "acción solidaria" pudieron intervenir en los asuntos públicos de la patria, instalando la posibilidad de educar desde el ejemplo. Por otro, otorga el mismo estatuto epistemológico al sentido común, al saber científico y a las prácticas de producción de conocimiento alternativas, tales como el hipnotismo, la adivinación, el magnetismo, la telepatía, la futurología, la adivinación del pensamiento y las fuerzas telepáticas, así como el uso de plantas medicinales y de la imposición de manos.

Advierte en las primeras páginas sobre cierta concepción del saber, de la verdad, y de su transmisión que ha sostenido la división de clases desde el sometimiento intelectual, moral y material de unas sobre otras. Declara querer invertir esta relación aduciendo la dignidad de los sometidos. Con ello, el pedagogo impugna las condiciones político-pedagógicas de la enseñanza que se estaban cristalizando en el sistema de su época, denunciando los efectos nocivos sobre la infancia; las prácticas opresivas de la época que terminaban por desnaturalizar la personalidad infantil, es decir, sustraerla de su naturaleza en tanto que la alejaban de sus propios impulsos.

Eran los impulsos infantiles los que habían de determinar lo que debía hacerse en la escuela. Los impulsos infantiles se tornan motor del proceso de aprendizaje porque, tal como los entendía Vergara, eran parte de la naturaleza infantil, considerada buena y orientada al bien. En este sentido, el texto se presenta como un incentivo que invita a sumergirse en la Historia, la Ciencia de la Educación, la Ciencia del Gobierno, los Derechos, la Criminología, la Biología y, claro está, la Filosofía en la dimensión de la Psicología, de la Antropología Experimental, de la Lógica y de la Moral, así como en los grandes temas de la ciencia de las ciencias: leyes morales, la existencia de Dios, la inmortalidad del alma.

Una introducción hacia el conocimiento de sí mismo, una introducción hacia el "más preciado tesoro". "Dentro de nosotros mismos está el espíritu divino [...], dentro de nosotros mismos, está el más preciado tesoro del saber, de la ciencia" y ese "[...] secreto está en la inteligencia de los niños. Ellos son quienes mejor pueden guardar, crecer y hacer fructiferar [sic] ese descubrimiento."

Así, el discurso de Vergara acerca de la infancia se opuso radicalmente a la interpretación positivista. Aunque insistió sobre todo en sus últimas obras en una validación científica para la pedagogía, se alejó abismalmente de marcos conceptuales como los de Víctor Mercante, con quien sostuvo un interesante debate en las páginas de El Instructor Popular. Incorporó elementos positivistas que recuperó de Darwin -asimilado dentro de un panteísmo- y de Spencer, en detrimento de los postulados comteanos. Todo lo cual atraviesa la tercera parte del texto animado por tesis krausistas en las que vincula ideas roussoneanas, pestalozzeanas y froebeleanas. Allí aparece más de una vez la metáfora de la planta y la del gusanillo para considerar al individuo como punto de partida de procesos colectivos, como un organismo en el cual la naturaleza sintetizaría procesos de siglos. Analogías que bien pueden encontrase en Zubiaur y Eccleston, así como en Rousseau y Froebel.

Se trata entonces de un texto que nos interesa rescatar en primer lugar por ser un exponente de una de las últimas facetas en las que se presentó el espiritualismo en la Argentina a principios del siglo XX. Un referente en la trama de los discursos educativos de maestros normalistas que remite a Krause y Spencer desde la perspectiva filosófica, y a Rousseau, Pestalozzi y Froebel desde los fundamentos pedagógicos. Todo lo cual lo coloca como netamente krauso-positivista. Pero sobre todo porque es posible sostenerlo como un antecedente en la construcción de una determinada interpretación sobre la naturaleza infantil, su vínculo con el saber, con el deseo, con los adultos y las instituciones, y en la lucha por instalar discursos democratizadores de la instrucción pública. Interpretación y lucha que polemizó críticamente con el paradigma de la pedagogía positivista, postulado por algunos como la ideología hegemónica. Interpretación y lucha que darían lugar a pensar una educación alternativa como alternativa a la educación.

El libro de los niños y de los que a ellos se parecen*

Advertencia

Uno de los errores que más daño han hecho al mundo, consiste en la creencia de que para comprender las más importantes verdades del saber humano es indispensable estudiar muchos y muchos libros durante largos siglos.

Tal creencia dio como fruto que se formaran clases superiores, privilegiadas, cuya misión fue penetrar en los secretos de la sabiduría, para transmitir al pueblo ignorante algunas verdades que estuvieran al alcance de las míseras masas populares, las que debían dedicarse a los trabajos más rudos.

Así fue como surgieron las castas, las clases y la nobleza, llamada de derecho divino.

Y hasta hoy, los que viven blandamente del sudor del pueblo, sostienen y creen, que unos han nacido para esclavos y otros para señores.

Esa es la teoría del despotismo y de la injusticia.

Es cierto que esa teoría pierde terreno, cada día más; pero es aún casi unánime la creencia de que el dominio del saber es sólo para una minoría elegida. Y como esa creencia domina hasta en los que se llaman socialistas, queda, con esa creencia, la raíz siempre retoñando, con brotes de donde provienen todas las desigualdades, injusticias y despotismos.

Con las presentes páginas me propongo demostrar que, precisamente, son los que pretenden levantarse por sobre sus semejantes para esclavizarlos intelectual, moral o materialmente, los que menos pueden alcanzar los secretos de la verdad; y los que realmente pueden poseer las más preciadas conquistas de la sabiduría, son los hombres buenos, trabajadores, sencillos y humildes de corazón, y que conservan algo de la paz interior, de la sinceridad y del carácter infantil.

El tesoro

Queridos niños he encontrado un tesoro; pero es de ustedes porque por ustedes lo he descubierto.

Si ese tesoro fuera de diamantes y perlas preciosas, no tendría tanto valor como el tesoro que yo debo a ustedes, niños.

Nuestro tesoro, es de verdades, que iluminan el camino de la vida y conducen a la gloria.

Guiado por un niño

Mi profesión de maestro me ha hecho vivir entre los niños, y viéndolos siempre he llegado a amarlos.

Este amor ha despertado la parte buena de mi ser, que había heredado de mis padres.

Estando tantos años entre los niños, algo de su espíritu se me ha transmitido, de ellos a mí. Así he visto que la sencillez infantil ilumina todas las grandes verdades científicas, y que los hombres más ilustres fueron los que más tenían de esa sinceridad y candor infantil.

Entonces me propuse demostrar en estas páginas, cómo es que las más graves cuestiones históricas y filosóficas, están al alcance de los niños.

Puedo decir que es la mano de un niño la que me ha conducido hasta una fuente sublime e inagotable de las más preciosas verdades.

Por eso en este libro devuelvo a los niños lo que es de los niños, porque ellos me lo dieron, y porque he comprobado que las más importantes doctrinas científicas donde mejor arraigan para dar los más preciados frutos, es en los cerebros nuevos.

Jesús

El más noble de los héroes, el más ilustre de los sabios, el más grande de los filósofos, a la vez apóstol inmortal y mártir incomparable, fue Jesús.

Se le ha llamado redentor, porque redimió a la humanidad con su doctrina, cambiando los destinos del mundo.

Se ha dicho que su palabra fue divina, porque jamás nadie habló mejor.

Lo que él dijo y enseñó, es hoy la doctrina de todos los hombres buenos.

Ese hombre tan extraordinario, llevaba dentro de su pecho, un corazón tan puro y un alma tan candorosa, como la de un inocente niño.

Se le ha llamado también el divino cordero, por su humildad y mansedumbre.

Cuando fue clavado en la cruz, permaneció tranquilo, y se dice que esperaba que Dios lo salvara de esa situación.

Mas cuando se sintió que se moría, lanzó una gran voz diciendo: "¡padre mío!, ¡padre mío!, ¿por qué me has abandonado?

Al terminar esas palabras murió.

Allí se revela cómo había vivido confiando, cual el más candoroso niño, en la bondad de su padre celestial.

Pero su padre celestial no lo abandonó, puesto que luego resucitó, y subió al cielo en cuerpo y alma.

Cuando él dijo: "de los que se parecen a los niños es el reino de la gloria", fue porque eso lo sentía y lo veía dentro de él mismo.

El vio que por la pureza del corazón, por la mansedumbre y por la humildad infantil, el alma se ilumina para ver el camino de la gloria.

Cuando los egoísmos y las pasiones groseras nos alejan de la primitiva sinceridad infantil, entonces el alma se cierra a los encantos de la luz y de la verdad.

Jesús, que fue quien mejor conservó la pureza infantil, nos dice: pareceos a los niños, si queréis alcanzar fama y gloria.

Eso quiso decirnos con esas palabras que expresó "dejad a los niños que se acerquen a mí porque de los que a ellos se parecen pertenece el reino de los cielos".

Juana de Arco

Después de Jesús, la persona en quien se encuentra más semejanza con los niños ha sido Juana de Arco.

Juana se crió trabajando con sus padres en el campo.

En la tarde traía ovejitas al corral, y por la mañana muy temprano las sacaba, caminando tras de ellas, para que fueran a comer el verde pasto y a beber en el manso arrollo cristalino.

Juana miraba las montañas que señalan el azul purísimo del cielo, pensaba en Dios, en la Patria y en la libertad.

Así creció la niña inocente y pura. El trabajo la hizo fuerte y bella.

Su abundante cabellera, resplandecía ante la luz del sol, como si fuera de purísimo oro; pero más pura y bella era la luz de su rostro, el que tenía la aureola de la inocencia.

Cuando Juana contaba dieciséis años de edad, soldados soberbios de extranjeros ejércitos, atacaron a la Francia, y lloraron su sagrado suelo.

Al saberlo Juana, lloró de dolor por su patria querida; y pasaba las noches rogando a Dios por la suerte de sus conciudadanos; y por las mujeres y los niños que la horrible guerra arrojaba, en inmenso número, de sus hogares.

La alegre y dulce niña, que pasaba su vida jugando con los corderillos, mirando el cielo y adorando a Dios, sintió, por primera vez, que el dolor penetraba hasta su tranquilo corazón y hería su alma pura.

De sus divinos ojos caían las perlas del llanto que bañaban su rostro de virgen, a la vez que arrojándose de rodillas levantaba los brazos al cielo, pidiendo a Dios que salvara su patria, de tantos males.

Entonces, un día, estando en oración, oyó una voz (o le pareció oír) que le decía: "anda y salva a la Francia".

Juana, llena de temor, pensó que cómo podría, ella, pobre niña, salvar a la nación.

Pero en los días siguientes vió imágenes celestiales; y un ángel del cielo que le decía: "Juana obedece, que Dios te ayudará".

Cuando comunicó a su familia lo que le pasaba creyéronla loca.

Pero un pariente se puso de su parte y la ayudó, para que fuera a la corte y viera al rey.

Cuando el rey tuvo noticias de lo que sucedía con Juana, estuvo en duda si debía recibirla o no.

Si la recibo, -decía- y ella es sólo una pobre loca, me pongo en ridículo. ¿Qué hacer? La pondré a prueba.

Y cuando Juana se presentó a preguntar por el rey, éste hizo poner a otro en su lugar.

Llegó la niña que jamás había ido a la corte, ni conocía a nadie, ni tampoco al rey, y le dijeron:

- Allá está; pasa y habla con él.

Juana, al mirarlo dijo: "No eres tú a quien yo busco; es uno que está más alto que vos".

Entonces todos vieron que Juana venía enviada por Dios. Y más creyeron en Juana cuando ésta mirando entre todos los señores que rodeaban el trono, descubrió al rey, y yendo directamente hacia él le dijo: "tú eres a quien yo busco".

Estos milagros se repitieron, y el pueblo, loco de entusiasmo y ardiendo de fe en Dios aclamaba a Juana.

Y el ejército francés que estaba ya desalentado y en derrota reaccionó.

Juana a su frente, con una bandera en la mano y con una espada en la otra, hacía que cada soldado fuera un héroe, y el nombre de Juana de Arco, la virgen y santa, producía el espanto y el desbande en las filas enemigas.

Una noche muy oscura, los enemigos resolvieron sorprender a los franceses, cuando estos dormían sin temor alguno.

Ya avanzaban seguros del más complejo éxito. Ya estaban próximos al campamento de los franceses, para exterminarlos a todos, sin que pudiera escapar uno solo. Principalmente los enemigos querían apoderarse de la joven, que era el alma de los valientes defensores de la Francia.

Juana que también dormía, y aunque era imposible sentir los pasos del enemigo a esa distancia, despertose de un salto y de un salto se puso de pie y dijo: - ¡compañeros, el enemigo se acerca! ¡A las armas!

Y así, adivinando y viendo y oyendo lo que nadie podía ver, ni oír, esta joven virgen y santa aseguró la victoria y la libertad de Francia.

Esto parece increíble; pero yo, que acostumbro a decir la verdad, digo a los niños, que es verdad, más aún, que cualquiera siendo bueno y humilde como la niñez, y dedicando a sus energías al bien, verá despertarse dentro de sí mismo atributos maravillosos, increíbles, divinos.

Cristóbal Colón

Colon comprendió que la Tierra era redonda, como antes ya lo habían supuesto algunos sabios.

Con esa idea apoyada en los conocimientos adquiridos en sus viajes, se propuso buscar un camino nuevo para las Indias.

Lo menos que se imaginaba era encontrarse a su paso con un nuevo mundo, que cambiaría los destinos de la humanidad.

Sin sospechar Colón lo que realmente iba a suceder, sintiese movido por algo que lo llevaba a lo desconocido, algo que en su interior lo obligaba a buscar los medios necesarios para su maravillosa empresa, cuyos secretos él mismo desconocía, y aunque vislumbraba algo grandioso y sublime.

Sintiéndose predestinado para la gloria, se humilló ante Dios, dirigiendo al cielo expresiones de gratitud.

Ya nada podía arredrarle, porque creía en la protección del cielo.

Se sentía como un inocente niño que se dejaba llevar por la mano de la providencia.

Allí estaba el secreto de su saber, de su acierto y de su fuerza.

Por eso se lanzó en los abismos desconocidos del Océano, buscando la muerte y la gloria.

Por eso Colón representa la imagen más luminosa del genio.

Fue soldado valeroso y héroe inmortal; pero dentro de su corazón llevaba la humildad infantil; por eso al pisar las costas americanas; se arrodilla y levanta los brazos al cielo dando gracias a Dios, y luego besa a la madre Tierra.

Gutemberg

El inventor de la imprenta, encontró también como Colón, su mejor ciencia dentro de su sencillo y humilde corazón.

Tenía Guttemberg pocos estudios, pero, como todos lo grandes bienhechores de la humanidad, su alma estaba llena de inmenso amor.

Pasaba noches enteras en vela, llorando como un niño, queriendo anhelante buscar un medio para que la palabra divina de Jesús, pudiera propagarse y ser conocida por todos los hombres.

Fue por ese noble deseo que llegó al gran invento.

Nada había adelantado, aparte del creciente fervor de su alma.

Como siempre la mano de la providencia salió al paso del hombre bueno.

Un humilde sacristán de una iglesia -Lorenzo Koster- grababa las iniciales de su novia en la corteza fresca de un árbol, y esos caracteres los envolvió en un papel.

Tan sencillo hecho, aprovechado por la piedad santa que desde tanto tiempo llenaba el corazón de Guttemberg, fue el punto de partida que llegó a crear la imprenta y a iluminar el mundo.

Guttemberg formó letras de madera y se puso tinta para que quedaran grabadas en el papel.

Luego, fueron perfeccionándose los medios de imprimir y aún hoy siguen perfeccionándose.

Así, por los caminos rectos, puros y candorosos de la fe infantil, es como se han hecho las más grandes cosas en el mundo.

Guerreros ilustres

Hemos visto que los más grandes hombres encerraban en su corazón la ternura infantil. Pero causará sorpresa que también los guerreros más ilustres conservan en su alma esos caracteres de los niños, cual si la edad ni las durezas de la vida, hubiera podido borrar el néctar que santifica al espíritu en los primeros pasos de la existencia.

Cuando Washington, el primer gran ciudadano de Estados Unidos, fue llamado al congreso de aquella gran nación, para darle públicamente las gracias por sus eminentes servicios al país, reveló su humildad infantil.

Después de que varios diputados hicieron su elogio; le correspondía contestar a él.

Se paró deseando hablar; pero se quedó tembloroso, sin decir una sola palabra.

Uno de los representantes del pueblo se disculpó diciendo que Washington era tan valiente en los campos de batalla, como modesto ante los elogios. Garibaldi creía que era respetado por las balas enemigas y por la muerte, porque su madre venía del cielo a protegerlo en medio del combate.

El espejo del alma

Así como en el espejo se ven mejor los objetos cuando su cristal está más limpio, también el alma de cada persona, según sea su pureza, ve mejor la verdad.

Los vicios, los odios, los egoísmos y las acciones violentas, obscurecen el espejo del alma.

Los que conservan la rectitud, la sinceridad y la bondad de los niños, esos tienen el espejo del alma en buenas condiciones para que las imágenes de la verdad y de la ciencia se presenten tal como son.

Los que quieran comprender la verdad y la ciencia limpien su alma de impurezas, apartándose de todo mal, haciendo obras buenas.

Ése es el único camino de la verdad y del saber. Avanzando en ese camino la inteligencia se despierta y ve todo lo que necesita aprender y hacer para ir siempre adelante, hasta llegar a la mayor altura.

Sobre esto han discutido mucho los más grandes filósofos y han escrito centenares de libros, sin provecho alguno, según la autoridad irrefutable de ellos mismos.

Cada uno dice de los demás, que ha perdido el tiempo al dedicarse a estudiar ese problema tan difícil.

Pero Jesús dijo: "Sed buenos, y lo demás se os dará por añadidura"

Y así es, porque acciones buenas y nobles propósitos es todo lo que necesitamos para avanzar en el camino de la verdad, comprendiendo fácilmente el contenido de los mejores libros.

Concepto de la Historia

Sobre lo que es la historia y lo que ella nos enseña, han discutido mucho los pensadores, sin llegar a ponerse de acuerdo.

Creo que nos acercaríamos a la solución de este y de muchos otros problemas capitales, si los estudiásemos a la luz del espíritu infantil.

Entrando a considerar detalles innumerables y pequeñeces sin valor, los autores se han extraviado.

Pero tomando en conjunto la marcha de los pueblos, se evidencia que las naciones avanzan siempre, derribando despotismos, rompiendo toda clase de cadenas, para vivir cada día más libres, dentro de sentimientos de respeto, de amor y de confraternidad.

Es cierto que aún hay guerras; pero tienen la reprobación universal, en medio de una protesta creciente de todas las conciencias.

Esa reprobación y esa protesta que va en aumento tienen que traer el reinado de la paz permanente.

Esos hechos de la historia nos prueban que todos los sucesos de los pueblos llevan al reinado del amor y de la confraternidad.

Las sociedades humanas se dirigen a que todos los hombres se reconozcan como hermanos, de modo que en cada municipio, los débiles, los pobres y los desgraciados sean levantados y dignificados por el cariño, la piedad y la caridad de todos, acercándose al momento en que la riqueza y la felicidad esté repartida por igual entre todos.

Se ve así, que la marcha de las naciones y de la humanidad toda, va dirigida por una ley de bondad y justicia, que nos lleva a pesar de todos los errores y de todos los crímenes, hacia un estado de creciente libertad y felicidad.

En esa marcha de los sucesos, los pequeños son engrandecidos, los débiles fortalecidos, los humildes dignificados y los soberbios humillados.

Es así como han caído las monarquías, para que triunfe la república.

Otra verdad culminante que nos enseña la historia es que, cuando los hombres dedican todas sus energías a una gran empresa, se hacen superiores aún a la misma muerte.

Así como los pequeñísimos organismos vegetales y animales (las células) que inician la vida terrestre, mueren muy fácilmente y en gran número los hombres inferiores, el genio que dedica su vida a obras inmortales, ese vive, y aún la muerte misma le cede el paso, mientras avanza en sus empresas gloriosas.

Esto se ve en la vida de los hombres ilustres, cuyos ejemplos jamás debiéramos olvidar, porque esos espíritus superiores son la luz del mundo, y por ellos se ve el camino de la verdad, que todos debemos seguir.

En cambio los seres en formación, como los hombres inferiores extraviados, representan la duda y las tinieblas, sobre las cuales surgirá la imagen luminosa de la Verdad.

La Verdad es Dios, porque de él viene la justicia, la libertad y el bien, que avanza triunfante según se ve en los sucesos de la historia.

Los hombres buenos que ponen todas sus energías al servicio de la libertad, se ven salvados, milagrosamente, de los mayores peligros, mostrando así que Dios interviene en todo lo que sucede.

Y que Dios está en realidad, presente en todas partes, es lo que se ve más patente en toda la historia.

Y es lo que ha de llegar a demostrarse por las diversas ciencias, cooperando cada una en forma distinta a ese mismo y único propósito del saber humano.

Sarmiento

Casi todo lo que puede aprenderse sobre educación y sociología, está expresado en la vida de este argentino extraordinario.

Su vida nos dice que aún el niño de más humildes y pobres padres, puede mediante una firme voluntad, buscar lo bueno, abrirse camino en el mundo, hasta colocarse más arriba que los reyes poderosos.

Cada uno surge en razón de su esfuerzo y de la nobleza de sus propósitos.

Eso se ve en la vida de Sarmiento, y también que es falsa la creencia general de que hay que disponer de mil y mil elementos para ascender en la vida. Lo cierto es que basta la voluntad y el noble propósito; con esto lo demás viene solo, o se le busca hasta encontrarlo.

El cuerpo y la inteligencia se fortalecen por el trabajo y por las virtudes; avanzando en ese camino, cada día un paso más, se llega por fin a la altura que se quiere.

En cambio, los hijos de familias muy ricas, casi nunca llegan a hacer algo grande, aunque se ven rodeados de todas las comodidades para estudiar; porque les falta lo principal que es la perseverancia y la energía, que sólo se forma por la necesidad y la pobreza.

Felices los que como Sarmiento, se ven obligados al trabajo, porque así forman un corazón fuerte y un cerebro robusto, lo que vale más que todo el oro del mundo.

Ciencia de la educación

A todos los niños, y también, con mayor razón, a las personas mayores, les interesa saber lo que significa la palabra educación, y cómo se adquiere ésta.

Generalmente se llaman bien educadas las personas que saben conducirse en sociedad.

En realidad la palabra educación significa mucho más.

Es bien educado quien ha vigorizado su cuerpo y su inteligencia practicando el bien.

Cualquier niño de nueve a diez años, ya puede comprender que para encontrar el mejor camino del saber y de la ciencia, debería empezarse por ver cuál es el camino que siguen los hombres más grandes, buenos y sabios.

Esto, que está al alcance de un niño, es lo que falta se comprenda en la mayoría de las escuelas, colegios y universidades del mundo.

Los hombres más ilustres del mundo, como Jesús, Sócrates, Juana de Arco, Gutemberg, Colón, etc. llegaron a hacer mucho bien, ante todo porque fueron buenos y tuvieron gran perseverancia en sus nobles propósitos.

Hoy se cree que para adquirir educación y ciencias hay que estudiar libros, largos años. Con esa idea, se descuida lo principal, que es ser bueno y practicar el bien lo más que cada uno pueda.

Eso es lo que nos dice la vida de los grandes hombres, y allí está el camino de la educación y de la ciencia.

Para que el niño pueda educarse, necesita ante todo, ayudar a sus padres en todos los trabajos del hogar.

Al mismo tiempo le conviene aprender a leer y a escribir; pero sin descuidar nunca el trabajo; porque es la labor con los brazos, con el propósito de ayudar a sus padres y a la sociedad, lo que fortalece el cuerpo y el corazón, elevando el espíritu, iluminándolo.

Los libros son muy valiosos como auxiliares para realizar mejor el trabajo diario; pero en las escuelas, colegios y universidades se piensa sólo en los libros y se descuida el trabajo y la práctica del bien.

De aquí proviene que gran parte de la juventud estudiosa, durante el día se ocupa de los libros, y durante la noche se lanza en el camino del vicio, llegando así a veces, a figurar como los mejores alumnos los que son más corrompidos.

La obligación de aprender lo que dicen los libros les hace olvidar lo principal, que es ser buenos y justos.

En esa forma, los estudios dan por resultado que de los colegios y universidades salgan hombres, en su mayoría extraviados, y aunque hayan leído mucho lo que dicen los libros, son inútiles para la vida práctica porque toda la edad juvenil la ocuparon sólo en estudiar y repetir palabras y teorías, olvidando leer y atender el libro que habla dentro de nosotros mismos, que es la conciencia.

Todo esto que está al alcance de un niño, no lo han comprendido los que dirigen la enseñanza de casi todas las naciones del mundo.

La única base de la ciencia y la educación intelectual, moral y física, está en el trabajo productivo, que fortalece el cuerpo y desarrolla el cerebro.

Esto lo expresa, con claridad insuperable, que puede comprender un niño de siete años, la vida de todos los hombres ilustres.

También es infantil la verdad de que la educación debe buscarse, ante todo vigorizando y purificando el cuerpo y el alma.

Y este vigor y pureza, sólo puede adquirirse por el esfuerzo noble y por la virtud, trabajando y haciendo el bien.

Otra cosa que la mayoría de los pedagogos no han comprendido y que está al alcance de un niño es que la grandeza de los bienhechores de la humanidad, proviene de las condiciones del medio social, o sea del pueblo en el que se formaron. Así es que Colón, Gutemberg, Sarmiento, etc. fueron un fruto de la acción de todo el pueblo.

A la vez se ve en la historia que un pueblo que ha abdicado de sus derechos, para que el gobierno lo haga todo, nada grande se produce.

Esto nos dice que los hombres útiles se deben al ambiente formado por la libertad y por la acción popular.

La mejor escuela es la que más acción colectiva desarrolla mediante los alumnos, las madres, los padres y el pueblo.

Estos son los hechos de la historia que están al alcance de todos y por los cuales se ve que los libros y las escuelas sólo dan fruto por la libertad y por la acción colectiva, de los pueblos.

Acción libre, o sea conciente y digna, es lo que más que todo, necesitan los individuos y los pueblos para su educación, prosperidad y felicidad.

Según esto, todos los que deseen propagar la educación e impulsar la prosperidad nacional, necesitan empezar por unirse para pedir, ante todo, que se estimule por todos los medios, la acción popular y las libertades públicas, haciendo efectivo el gobierno propio y la soberanía del pueblo.

Otro hecho muy patente es que la educación prospera donde las escuelas son más prácticas, lo que indica la conveniencia de convertirlas en centros de trabajo, de acción, a favor de los necesitados; porque sólo puede aprenderse a hacer el bien haciéndolo.

Pero pretender educar mientras a nuestro alrededor se ven miserias y desgracias que nada costaría remediar, es algo monstruoso.

Los niños y los jóvenes que se habitúan a mirar indiferentes las desgracias ajenas mientras están educándose, cuando llegan a grandes hacen lo mismo, y mientras hablan muy bien de todas las ciencias de lo bueno, de lo justo y de lo bello, permanecen impasibles ante las mayores inequidades, injusticias y martirios del pueblo.

Tal educación debe necesariamente llevar a las naciones a los más vergonzosos y temibles desastres.

En cambio, una sola escuela de acción, de trabajo, donde niños, jóvenes y ancianos, madres, padres y vecinos, colaboren con la obra de la felicidad general, convirtiéndose cada uno en factor eficiente de riqueza moral y material, así esa sola escuela hará milagros en poco tiempo.

Y si una escuela de acción libre en una colectividad libre puede conmover a una nación, como ya ha sucedido, ¿qué harían cien escuelas de libertad?

El mundo está próximo a ver maravillas superiores a toda previsión y quizás, sólo falta que se reconozca la importancia del concurso de los niños y de sus madres en la obra de la cultura humana.

Un niño comprendería que, siendo esto lo que dicen los hechos de la historia, ese es el camino de la cultura, y de la prosperidad para las naciones.

La ciencia del gobierno

Aprendamos, queridos niños, la ciencia del gobierno.

A todos ustedes, aún, los que tienen ocho años, ya les interesa saber de qué depende la suerte de la nación en que viven y de todas las naciones del mundo.

Para comprender esto, como para casi todas las cuestiones, deben ser, ante todo, lo que dice tu conciencia en lo íntimo de tu propio ser. Allí verás que para saber cómo se gobierna, debes empezar sabiendo cómo gobernarte a ti mismo.

Luego podrás entender lo que dicen los libros, y ante todo, lo que dicen los hechos.

El hecho es este: en todos los tiempos, cada nación vale y puede tanto como sea la intervención que tiene el pueblo en la dirección de los asuntos públicos.

Más acción e intervención del pueblo en todo lo que se hace para impulsar la marcha de la república, de la provincia o del municipio, corresponde a mayor progreso.

Menos acción popular, menos progreso.

Ninguna discusión cabe a este respecto, porque sólo hemos expresado lo que dicen los hechos.

El país en que más gobierna el pueblo es Estados Unidos, y allí es donde hay más progreso, cultura, educación y felicidad general.

Viene enseguida Inglaterra, como país fuerte y grande, y es también el más libre.

Y esto se comprueba en la vida interna de cada nación y de todas las naciones.

Aquí, en la República Argentina, en Francia o en Italia, el progreso y la felicidad general fue mayor o menor en cada época, según fue mayor o menor la intervención del pueblo en la marcha de los asuntos públicos.

De estos hechos se induce, con evidencia insuperable, que la ciencia del gobierno consiste en poner al pueblo en uso de todos sus derechos y de todas sus energías, buscando que desarrolle la mayor acción libre que sea posible.

Se entiende que la acción libre debe ser sin dañar a nadie, porque si unos a otros, los individuos o los distritos, se dañan entonces no habrá libertad.

El problema queda reducido a elegir entre el gobierno libre que permite pensar a todos y cooperar en la obra del bien general, o el gobierno centralizador, que sólo permite pensar y dirigir a los que forman parte de las autoridades.

Por eso es que las monarquías van desapareciendo para que vengan las repúblicas, en las que es el pueblo el soberano.

En las repúblicas el gobierno debe obedecer al pueblo, porque es este el que manda y designa a las autoridades, para que cumplan las leyes dictadas por el pueblo mismo o por sus representantes.

Se entiende que el pueblo lo forman todos los habitantes, y cada uno vale por la acción que desarrolla, y cuando el pueblo es libre pesan más y ejercen más influencia los más inteligentes y abnegados, a tal punto que la opinión pública señala (en los países libres) a cada uno, casi con certeza absoluta, en razón de los bienes que ha hecho al pueblo.

Así como la nación se gobierna a sí misma, y todo va mejor mientras mayor sea el número de sus habitantes que piensan y cooperan en la obra del progreso nacional, lo mismo sucede en todas las colectividades, grandes o chicas.

Un municipio prosperará más en tanto que sea mayor la acción y el pensamiento libre de todas las personas que a ese municipio pertenecen, para que todos gobiernen los intereses públicos, respetándose mutuamente.

Exactamente lo mismo diríamos de una provincia, de una asociación cualquiera, o de una repartición pública, escuela, colegio o universidad.

Antes, el gobierno de una escuela estaba a cargo de una sola persona, lo mismo que las naciones que tenían un rey que mandaba a todo el pueblo.

Hoy en las escuelas se empieza a ver que es el personal todo el que sabe más que el director; y por tanto este debe obedecer al cuerpo de profesores.

Más aún, ya hay universidades en las que el cuerpo de profesores elige al director, y los alumnos a los profesores.

La ciencia del gobierno consiste en organizar las colectividades para que cada individuo y cada agrupación, corporación, sociedad, municipio o provincia se gobierne a sí mismo.

De ahí viene que la misión del gobierno es asegurar la libertad, para que cada individuo y cada pueblo impulse por sí mismo su cultura, su progreso y su felicidad.

Y esta ciencia del progreso deben aprenderla los niños en la escuela, donde la educación debe consistir en que aprendan esas prácticas de propio gobierno, conduciéndose por los dictados de su conciencia y organizándose como un pequeño pueblo libre.

Organizada cada escuela en particular y toda la enseñanza en general, de acuerdo con los principios del gobierno libre y republicano, como ya se está haciendo en algunas naciones y como ya lo han hecho aquí en nuestro país algunos maestros con resultados superiores, es como mejor puede la juventud aprender la ciencia del gobierno; practicándola desde la niñez, y ese es el único medio de que la educación forme hombres dignos, concientes, libres, fuertes y buenos.

Cuando se entienda así la ciencia del gobierno, y se garanta la más absoluta libertad de todos, para pensar y para tener iniciativas, siempre que sean a favor del bien general, será indiscutible la posibilidad de que las autoridades unidas al pueblo y obedeciendo a éste, realicen en poco tiempo cosas grandes, sorprendentes, hoy increíbles.

Lo primero que puede hacerse, sin ninguna dificultad, es que en cada ciudad nadie sufra miserias de hambre.

En cada manzana, mediante un acuerdo de los vecinos organizados en comisión, puede saberse siempre cuáles son los verdaderos necesitados y con lo que sobre a los que tienen más, puede hacerse felices a los que carecen de todo.

En las manzanas donde la mayoría son pobres pueden recibir los donativos de aquellas donde la mayoría son pudientes.

Lo mismo pueden conocerse, con el concurso de todos los vecinos, dónde hay elementos dañinos para regenerarlos o sacarlos de la ciudad, hasta extirpar en poco tiempo los delitos.

Una libreta de identidad con algunos datos sobre la conducta, serviría para dar plena evidencia sobre la moral de cada nuevo vecino y de todos.

Así, por la acción y la inteligencia de todos, puede asegurarse el orden y la moralidad pública, hasta llegar a disminuir las policías y su enorme costo actual.

Una organización política, que mejor responda a la voluntad del pueblo, se sostendrá más fácilmente, con menos costos y menos puntales.

Lo mismo en educación y en todo sentido, pueden hacerse milagros por la cooperación de todas las inteligencias y de todas las conciencias libres.

En general, la misión del gobierno consiste en despertar todas las almas a la acción a favor de los débiles y de los que sufren, para que se realice una gran obra solidaria de confraternidad y de amor cristiano.

Derecho

Puede creerse muy difícil que un niño comprenda algo de Derecho.

Voy a demostrarles, estimados lectorcitos, que ustedes aunque sólo tengan ocho o diez años de edad, pueden tener algunos conceptos fundamentales sobre "la ciencia de lo bueno y de lo justo", que es la ciencia del Derecho, según la definición aceptada por la mayoría de los autores.

Ya esa definición, parece decirnos que lo principal para saber lo que es Derecho, consiste en ser bueno y justo, porque mal comprenderá lo bueno y justo quien no es bueno y justo.

Pues hablar de eso, siendo injusto y malo, sería hipocresía y maldad, que es lo contrario de la ciencia de lo bueno y de lo justo.

Lo anterior, que está al alcance del niño, es lo más importante para saber Derecho, porque Sócrates sabio ilustre decía que "sólo se sabe lo que se practica".

Según Sócrates quien practica lo bueno y lo justo, sabrá más Derecho que todos los que, sin practicarlo, hablan de mil libros que leyeron y estudiaron sobre Derecho.

También un niño puede entender lo que significa marchar por camino recto (o sea bueno y justo).

Recto quiere decir sin desvíos ni trampas, o sea de acuerdo al derecho de cada uno.

Por esto, quien se conduce rectamente, ya con eso, va en el camino de la ciencia del Derecho, o sea de lo bueno y de lo justo, ciencia que jamás pueden comprender quienes marchen por caminos torcidos, aunque estudien cuantos libros existan sobre Derecho.

Nada más que lo expresado en líneas anteriores de este título, y que los niños pueden comprender, ya harían un inmenso bien, si lo entendieran y lo practicaran los que, en colegios y universidades enseñan o aprenden Derecho, unos como maestros, otros como alumnos.

A que se realice ese gran bien, pueden contribuir ustedes, queridos niños, cuando, después de leer estas páginas, algunos años más tarde, se den cuenta de que los males inmensos que producen tantos hombres a quienes se considera Doctores en Derecho, han estudiado muchos libros, practicando muy poco lo bueno y lo justo.

Dicen los autores más respetables que los principios del derecho podrían reducirse a los tres siguientes:

Vivir honestamente

Dar a cada uno lo que es suyo

No hacer mal a nadie

Desde luego, un niño puede entender la importancia de estos principios, y también puede entender un niño que esos principios serán bien comprendidos en tanto que sean practicados.

En nuestras universidades, y también en las de casi todas las naciones del mundo, se habla mucho de esos principios de Derecho, pero se hace poco para que los estudiantes los practiquen.

Hasta hoy el título de Doctor en Derecho se da a los que saben hablar del contenido de muchos libros.

Se cree que saben, quienes pueden hablar de los principios en que se basa lo bueno y lo justo, recordando lo que dicen los libros.

Este es un error. Cada uno sabe tanto como sea lo que practica de esos principios, y sólo así puede entenderse el contenido de los buenos libros.

La mayoría de los jóvenes que actualmente estudian Derecho, por la mañana hablan de la ciencia de lo bueno y de lo justo, y luego, por la tarde, olvidan todo eso en medio de una vida desordenada, doblemente culpable, en la que dicen una cosa y hacen lo contrario.

Es esta una de las principales causas de que haya males en el mundo.

Los niños que practiquen los tres principios que antes recordamos, se verán iniciados en la ciencia del Derecho, y pronto lo comprenderán mejor que todos los Doctores que hablan de mil libros sobre la ciencia de lo bueno y de lo justo, sin ser buenos ni justos.

Criminología

La ciencia que trata de los crímenes, de los criminales y de sus penas, se llama Criminología.

Los hombres más sabios que se han dedicado a estos estudios penales, han llegado a creer que los crímenes se propagan principalmente a causa de la mala organización social.

Cuando las leyes son malas, los gobernantes soberbios y la injusticia dominan, los malos ejemplos de los poderosos, hacen que se despierten con mayor fuerza los malos instintos de los hombres oprimidos y vejados.

En eso influyen también los impulsos heredados de los padres que tuvieron vicios, de lo cual nacen personas enfermas e inclinadas al mal.

Pero así como toda planta busca la luz, todo ser humano tiene impulsos al bien, en el fondo de su alma y estos impulsos se despiertan en un buen ambiente y vencen a las malas inclinaciones.

Por esto se ha llegado a establecer como verdad de la ciencia, que los criminales son enfermos morales, que, en vez de ser castigados, deben ser curados.

De acuerdo con esto, la constitución argentina, en su artículo 18, ha establecido que "las cárceles deben ser sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas."

En el país más progresista del mundo, que es Estados Unidos de Norte América, las cárceles han empezado ya a ser reemplazadas por reformatorios: son establecimientos en los que a los detenidos se les trata como enfermos, con amor y piedad, para regenerarlos por medio del trabajo y la fraternidad.

Los criminales, que antes eran mirados como seres dignos de los peores castigos y de la pena de muerte, ahora son mirados como los más dignos de amor y de piedad.

Biología

Así se llama la ciencia de la vida.

Uno de los primeros problemas que estudia esta rama del saber es el descubrir cómo se ha iniciado la vida en nuestro planeta, la Tierra. Si nació del sol y en sus primeras edades estuvo incandescente, se cree que no pudo en tal estado de calor, tener gérmenes de vida.

Razonando así, los hombres de ciencia han hecho conjeturas o hipótesis, que después han resultado de poco valor para los conocimientos humanos.

En cambio, Darwin, Ameghino y otros han comenzado, sencillamente y humildemente, como lo haría un niño, anotar sus observaciones y a narrarlas, tal como se presenta en la Naturaleza.

El que quiera saber biología debe leer las obras de esos dos hombres célebres.

Hagamos nosotros algunas observaciones sencillas, con lo que podremos adquirir luz que nos muestre el camino de la verdad en Biología.

Coloquemos unas semillas de trigo y otras de eucaliptos en la tierra; las que caen en buena tierra, húmeda, y gozan de buen sol, crecen fácilmente; las que caen en tierra muy estéril, quedan sin germinar y mueren.

Esto ya nos dice algo de cómo surgió la vida, por la influencia del ambiente propicio para que sean desarrollados los gérmenes de la vida más rudimentarios que surgieron en el seno de nuestra madre la Tierra, cuando se enfrió.

Si tomamos dos semillas de una misma planta y las colocamos en tierra y clima muy distinto, esas plantas, hijas de una misma madre, toman distintos caracteres, y si en una generación ya las diferencias pueden notarse a la primera vista, en dos o más generaciones, las diferencias son mucho mayores, en razón de lo que sea distinto el suelo y el clima en que germina cada semilla.

En esas experiencias se nota que diferentes condiciones del medio en que viven los seres, es de diferente carácter, hasta formar especies distintas.

Así vemos que para el desarrollo de la vida, todo lo relativo al medio ambiente tiene importancia primordial.

También se observa que cada planta y cada animal transmite a sus hijos los caracteres que posee. Esa transmisión de los caracteres de los padres a los hijos, se llama herencia, la cual cambia en razón de que cambia el medio en que van a vivir los descendientes.

Tenemos así, que en Biología, después del ambiente, debe considerarse la herencia como otro de los grandes factores de la vida.

Cada ser vivo, ya sea vegetal o animal, representa una fuerza que se desarrolla según la acción que realiza. Así las primeras plantas o animales rudimentarios, movidos por la influencia del ambiente, ya sea el agua o el viento, desarrollan fuerzas y órganos correspondientes a la acción que realizan. Por esto puede decirse que la vida es acción y se desarrolla por la acción.

Ya tenemos tres conceptos capitales en biología: ambiente, herencia y acción. Esta última como ley de la vida, lo reasume todo porque el ambiente es más favorable a la vida y también a la herencia es mejor, en tanto que más acción representa.

Vemos también que la vida en todos los seres, ya sean vegetales o animales, llevan una dirección interna, sin que la inteligencia humana pueda cambiar esa naturaleza íntima de los seres, o impulso que viene desde innumerables generaciones.

Por esto decimos que otra de las grandes leyes de la vida es la libertad; si ésta es imposible el perfeccionamiento, ya se trate de una planta, de un hombre o de un pueblo.

También vemos que así como las plantas sólo prosperan, buscando la luz y las alturas, lo mismo sucede con el hombre y con los pueblos; sólo se engrandecen en tanto que buscan la libertad y las alturas morales.

Fuera de esas leyes de la vida, los seres se debilitan hasta desaparecer, dejando el camino abierto a las que mejor saben avanzar por el camino de la luz y la libertad.

El problema capital de la biología sería saber lo que es la vida, y esto ha sido hasta hoy incomprensible para la ciencia

Quizá con espíritu infantil pudiéramos arrojar alguna luz en tan grande problema.

Ante todo, para saber lo que es la vida debemos, sin ninguna duda, sentirla dentro de nosotros mismos.

Debemos, entonces, empezar por vivir en el más amplio sentido, para lo cual nos conviene ver qué nos dice la naturaleza mediante los seres que nos rodean. El mejor ejemplo es quizá, el que vemos en las plantas.

La planta desarrolla vigor y vida, en tanto que extiende más ampliamente sus raíces en la madre común, a la vez que su ramaje se ensancha buscando la luz del cielo.

Lo mismo sucede con todos los seres y con el hombre, crece y se fortalece en razón de lo que se vincula más noblemente con sus semejantes, con vínculos de amor y de confraternidad, buscando, también, como los grandes árboles, la luz de las alturas morales.

Es la acción hacia lo alto, con más amplia base de hechos a favor de nuestra especie, y aún de todas las especies vegetales y animales, lo que nos permite concentrar vida, sentirla y comprenderla.

El que más amor sienta a cuanto existe en el Universo es el que más vida posee y el que más sabe lo que es la vida, porque la siente palpitar dentro de sí mismo.

El que menos ama es porque está muerto, o muriéndose, y nada siente, ni sabe.

Desde los primeros gérmenes de vida que avanzan hasta formar las actuales especies animales y al hombre, cada especie representa más vida en razón de lo que tiene más amor a su familia y a sus semejantes.

Y como el hombre y su espíritu, con todos sus atributos, proviene de las fuerzas naturales que han evolucionado, resulta que las fuerzas de la naturaleza tienen amor, inteligencia y razón infinita.

Eso es lo que se hace patente en el desarrollo de la vida; pero como el hombre es nada más que un pequeñísimo granito de polvo en medio de la Naturaleza, que es infinitamente superior, debe, evidentemente, tener esas mismas fuerzas que transmite al hombre, pero infinitamente mayores.

Entonces el alma del universo y de cuanto existe tiene poder supremo y obra con razón, inteligencia y amor infinito. Esa inteligencia y poder supremo es Dios, cuyo espíritu lo dirige todo.

Es esta una verdad de importancia inmensa, para la ciencia y que los sabios poco han podido comprender; pero creo que los niños y jóvenes están destinados a propagarla. "Vino nuevo exige odres nuevos", decía Jesús; también las ideas nuevas fructifican en los cerebros nuevos.

Si el universo es un organismo, como ya empieza a reconocerse, debe estar como todo organismo, lleno de vida. Mas según las leyes generales de la vida orgánica, una parte cualquiera de un ser orgánico, nos dice lo que es el organismo a que esa parte pertenece; pero jamás la parte puede tener nada que sea superior al todo.

Esas son verdades axiomáticas, apoyadas en leyes biológicas universales que jamás tienen excepción, y que, bien pronto, nadie podrá ponerlas en duda.

Según esas leyes, ¿cómo un granito de polvo, cual el hombre, puede tener inteligencia y razón, sin que esos atributos posea en grado infinitamente superior, el padre Sol, de donde proviene toda la vida de nuestro planeta?

Pero tan sublime verdad sólo será aceptada por los niños y por los que a ellos se parezcan.

El hombre se creyó rey del universo, y aún los sabios más famosos creían y sostenían que todo giraba alrededor de nosotros; el sol y las estrellas.

Galileo vino y les dijo que la verdad era todo lo contrario, y que rey de la creación es el hombre, como cualquier microbio, pues ambos son infinitamente pequeños ante el universo que es infinitamente grande.

Esta revolución que produjo Galileo, dejando en ridículo las pretensiones de todos los sabios, demostrando la pequeñez del hombre ante la grandeza de la Creación.

Con esa pretensión del hombre, que lo hizo creerse rey del Universo, miró a su madre la Tierra, y al glorioso Sol, y dijo: ¿qué valen los infinitos soles que llenan el espacio ante mi rayo divino de la inteligencia y de la razón?

Allí se ve que se ha creído sin vida a la Tierra y al Sol, apoyándose en el orgullo y en las tinieblas del pasado. Pero como el orgullo y las tinieblas sólo conducen al error, tal creencia de que la Tierra y el Sol carecen de alma, debe necesariamente ser un error.

Esto es evidente y está al alcance de los niños, pero los hombres enceguecidos por su necio orgullo se resisten a creerse inferiores a su gran madre la Tierra, y a nuestro padre, el glorioso Sol.

La ignorancia niega alma a la Tierra y al Sol.

La ciencia contesta: el universo es un organismo; todo organismo es superior a cualquiera de sus partes, y éstas valen en razón de las funciones que realizan; la tierra y el sol producen la vida que nos anima y, por tanto, deben tener vida y alma inmensamente superior a la de los hombres, que son simples granitos de polvo, en medio de la Naturaleza.

Estas verdades capitalísimas para el porvenir humano, llegarán a ser axiomas.

Hasta hoy los hombres se niegan a aceptarlas. Yo las he tratado de propagar desde hace cerca de medio siglo, como puede verse en mi primer libro, "Educación Republicana", en cuyas páginas los expliqué ampliamente. Ahora las entrego a los niños, quienes, espero, las harán triunfar, con lo que iniciarán una nueva era para el ser humano.

Que el Universo es un organismo lleno de vida y que, por tanto todo cuanto existe obedece a las leyes biológicas, los seres, las instituciones los pueblos, es una de las verdades que más influirá en la marcha del mundo, y que los niños y los que a ellos se parecen, contribuirán a propagarla mucho más que las profundas investigaciones científicas.

Filosofía

Generalmente se define la filosofía diciendo que es "la ciencia de las ciencias".

Esta definición nos parece la más acertada; pero para que sea comprendida es necesario tener una idea clara de lo que es ciencia. Ésta ordena y clasifica a los fenómenos observados por el hombre, para descubrir las leyes a que obedecen esos fenómenos.

Esta ordenación y clasificación empiezan a conocerla los niños cuando estudian Gramática. Al aprender que todas las palabras que sirven para nombrar objetos o cosas se llaman sustantivos, tienen, en esta sola expresión como reasumido o sintetizado algo que caracteriza o distingue a un número incalculable de palabras o partes del lenguaje.

Así también se da el nombre de verbo a todas las palabras que expresan acción, como correr, hablar, trabajé, comí, etc., etc.

En esta forma, o por este camino, se llega a tener como un resumen o síntesis, unos pocos términos que sirven para distinguir todas las innumerables palabras, que existen o pueden existir, consideradas como parte de la oración.

Algo semejante se hace en Botánica para clasificar las plantas o en Zoología para clasificar las especies animales.

Es así como las ciencias hacen su proceso de síntesis.

Cada una en su radio del saber humano, trata de explicar en pocos términos lo que son los seres innumerables que nos presenta la Naturaleza.

Como fruto de su labor, cada una de las ciencias llega a un reducido número de verdades, principios y leyes.

Estas verdades, establecidas por las diversas ciencias, son las que la Filosofía se encarga de estudiar, para hacer un resumen aún más sintético, que comprenda a todo el saber humano o sea a todas las ciencias.

Es por eso que también se ha definido la Filosofía diciendo que es la ciencia de los primeros principios o de las verdades superiores y más altas.

La ciencia que más claro muestra la marcha o proceso del saber humano hacia un menor número de verdades que todo lo explica es la Química.

Por el análisis químico se encuentra que muchos cuerpos que antes se tenían como simples, o sea que era imposible descomponerlos en más de un elemento, se descomponen, y, así, a medida que la Química progresa, se reduce el número de cuerpos simples, de tal modo que se mira hacia el porvenir de esta ciencia y se cree en la unidad de la materia, es decir que todos los cuerpos tienen la misma esencia, o son iguales en el fondo, aunque con distinta apariencia, cual el negro carbón y el luminoso diamante, que son químicamente idénticos aunque tan diferentes en la apariencia.

En esta dirección va el saber humano, acercándose a comprender que todo obedece a una misma fuerza o ley que lo produce y lo explica todo en el universo.

Y la ciencia más directamente encargada de iluminar y buscar esa verdad suprema, es la Filosofía.

La llave mágica

De acuerdo con lo expuesto, es que desde hace siglos se ha hablado de la piedra filosofal, o sea de un descubrimiento que pudiera convertir fácilmente en oro cualquier objeto.

Como el oro, aunque en muchos casos es muy valioso, también ha producido inmensos males, podría tomarse en este caso como un símbolo de algo que nos iluminara en todos los casos y trances de la vida, para evitar todo mal y conseguir una segura e invariable felicidad.

Por estar organizado el Universo y cuanto existe, con una ordenación maravillosa y sublime, en grado infinito, es que reconócese el espíritu de Dios obrando en la naturaleza.

Nada puede concebirse más justo, ni bueno que el orden por el cual los hombres pueden llegar, con toda seguridad, a librarse del mal y a asegurar su bienestar y felicidad.

Allí estaría la piedra filosofal que ha de ser descubierta por la ciencia de las ciencias.

Y esto, que se parece a un cuento de hadas, es lo que realmente busca la Filosofía.

Los dos más grandes filósofos que recuerda la Humanidad, son Sócrates y Jesús, pero colocando a este último mucho más alto que el primero.

Ambos coinciden en lo fundamental, cuando expresan las verdades más altas, que todo lo explican y aclaran con evidencia que está al alcance de los niños, para que los hombres, se salven de andar confundidos y perdidos en medio de las ideas, conceptos, doctrinas y verdades sin número y vastísimas.

El que tiene que atender constantemente a cosas innumerables, o a lo que dicen los libros voluminosos, pronto se extraviará o se enloquecerá.

En cambio, el que llegue a tener una sola verdad que le explique y le aclare todo, tiene una llave mágica, maravillosa; es poseedor de aquella deseada piedra filosofal de que se ha hablado durante siglos.

Como el camino de la ciencia es interminable, de ningún modo podemos pretender que las verdades más altas, ya alcanzadas por los sabios más ilustres, queden para siempre como las últimas, sin que sea posible ir más allá.

Pero debemos aprovechar los frutos más preciosos que nos han dado los hombres más ilustres.

Jesús decía: "sed buenos, y lo demás se os dará por añadidura".

Esto coincide con la doctrina de Sócrates, que decía: "la sabiduría de cada hombre es igual a su virtud".

La ciencia ha conceptuado esas verdades como las más altas a que ha llegado el saber humano, o sea como la linterna o la llave mágica para comprender y explicar todas las cuestiones.

Por desgracia, la humanidad actual, la civilización y la ciencia de la época presente está empeñada en buscar y atender mil caminos y cosas innumerables en bibliotecas inmensas, olvidando que siendo bueno y arreglando la conducta, mediante acciones dignas y nobles todo se comprende fácilmente y también lo que dicen los libros. En cambio, sin empezar por ser bueno, ante todo, como decían Jesús y Sócrates, mientras más cosas pretendan estudiarse y comprenderse, mayor será la confusión y la perdición.

Que el bueno sea iluminado, para que halle fácilmente los caminos de la verdad y de la felicidad, es lo establecido por la sabiduría de Dios.

Esta teoría de Jesús y de Sócrates viene ahora a ser confirmada por una de las más grandes concepciones de la ciencia actual.

Empieza a reconocerse que el Universo, hasta hoy considerado como un mecanismo es en realidad un organismo.

Las leyes ya establecidas sobre la vida orgánica, reconocen que cualquiera de las partes de un organismo, por pequeña que esa parte sea, da idea o refleja lo que es la vida del conjunto, como lo hemos explicado en el título Biología.

Por esto es que el ser humano, es una partícula o átomo del Universo, refleja o nos muestra lo que es la vida universal.

El alma del Universo es el espíritu de Dios, que lo llena y lo penetra todo, produciendo la vida con bondad y amor infinito.

Los hombres que mejor obedecen las leyes naturales, realizando acciones buenas, llegan a sentir dentro de sí el espíritu divino o la voz de Dios.

Por esto la mayor síntesis filosófica está en la palabra de Dios, que aclara, explica y resuelve cualquier dificultad que se nos presente.

De aquí proviene que todos los problemas de la vida se reducen a uno solo, que es realizar acciones que despierten nuestra conciencia, a la vez que purifiquen y vigoricen nuestro ser físico y moral, para sentir así, dentro de nosotros, o sea en la conciencia, el espíritu de Dios, que nos hace comprender y saber todo sin dificultad.

Y esta doctrina de la ciencia moderna, es también la de Jesús y la de Sócrates, en cuya ciencia está resumida toda ciencia y toda Filosofía.

Habiéndose encontrado ese resumen de todo saber y de toda ciencia, en lo íntimo del ser humano, el propósito capital de la Filosofía es conocer el alma humana o mejor dicho el ser humano, su origen y su fin.

Este estudio sobre lo que es el ser humano se llama Psicología, y es la primera parte de la Filosofía.

La segunda parte trata de los medios, métodos o caminos para llegar a la verdad, y se llama Lógica.

La tercera y última rama de la Filosofía trata de lo que es bueno y cómo se realiza, y se llama la ciencia del bien, que es la moral.

Esas son las tres partes o ramas que comprende la Filosofía.

De lo que es la primera de estas tres ramas de la Filosofía, o sea la Psicología, nos ocuparemos a continuación.

Psicología

Hace pocos años, ningún sabio si quiera vislumbraba cómo habían surgido los seres humanos sobre la faz de la tierra.

Mediante los recientes estudios del célebre naturalista Carlos Darwin, ha tomado nuevo impulso sobre amplias bases la teoría de que todos los seres vivos cambian gradualmente, de generación en generación.

Esos cambios provienen en el hombre y en los otros animales, de la salud de los padres, del clima, de los alimentos, etc.

En las plantas los cambios provienen principalmente de la clase de tierra, del clima y de la humedad.

Así es como dos semillas iguales (o muy semejantes) sembradas en tierra distinta, producen hojas, flores y frutos con algunas diferencias.

También dos hermanos gemelos, si uno se cría en el campo y el otro en la ciudad, cuando grandes serán diferentes, hasta en el color de la piel y si se hubieran criado en las mismas condiciones podrían ser casi idénticos.

Mayores serán las diferencias en los hijos de esos dos hermanos gemelos si viven en distinto medio como los padres.

Un ruso o un alemán que vaya a vivir en la zona tórrida, en pocos años cambia mucho.

En los nietos, ya el cambio sería muy grande.

¿Cuánto sería ese cambio en cien generaciones?

En hechos como este se basan las teorías de la evolución y del transformismo.

Tomando por base los estudios de Darwin, se afirma que todos los organismos y animales de la actualidad provienen o descienden de pequeños organismos que han evolucionado gradualmente a través de innumerables generaciones.

Como parece imposible que un organismo haya surgido de golpe, ya de algún volumen, debe creerse que todas las actuales especies se iniciarían en pequeñísimas formas rudimentarias.

De acuerdo con esto, los estudios más serios hechos hasta hoy, llegan a afirmar que el hombre desciende del gusano, y éste de la célula o pequeñísimo ser en que empieza a revelarse la vida.

A eso se reduce todo lo que hasta hoy dicen los sabios sobre el origen del hombre.

La doctrina expuesta ha hecho que algunos digan que el hombre desciende del mono, y que eso ha querido decir Darwin; pero este sabio, lo que dice, es que descendemos de una especie inferior, sin que él haya podido determinar cuál sea esa especie.

El gran sabio Florentino Ameghino ha hecho descubrimientos por los cuales afirma que el hombre existió en la Patagonia, en otras épocas, de un tamaño muy inferior al actual.

Esto se comprueba mediante esqueletos fósiles encontrados en capas terrestres, que indican la época en que vivieron esos antecesores nuestros.

Estos datos son muy importantes para saber lo que ha sido el hombre y lo que será; pero tal estudio de lo que el hombre ha sido en las diferentes épocas y climas se llama, más propiamente, Antropología.

La verdadera Psicología se refiere más al conocimiento del alma humana.

Después de la Antropología que reúne datos históricos relativos al hombre y a su manera de vivir en las diferentes épocas pasadas, podemos colocar a lo que ahora se llama Psicología experimental, que estudia hechos y fenómenos relativos a las funciones orgánicas (principalmente del cerebro), como agentes de las aptitudes intelectuales y morales.

Es así como ha llegado a determinar cuál es el órgano del cerebro que desempeña las funciones por las que podemos expresar nuestras ideas, hablando o escribiendo.

Por esto se dice se ha "localizado" el órgano del lenguaje, la memoria, etc.

Pero la Antropología y la Psicología experimental pueden considerarse como la base o la introducción para llegar a los verdaderos y altos estudios relativos al espíritu humano.

De acuerdo con lo ya explicado, el gran problema psicológico fue señalado por Sócrates con las célebres palabras: "conócete a ti mismo".

Este conocimiento de sí mismo se adquiere mediante la luz interna, o sea de la propia conciencia, que se despierta por las acciones dignas, nobles y fructíferas.

Es por esto que todos los problemas de nuestra vida se reducen a las palabras "acción buena" porque de allí viene la luz, sin la cual estamos en tinieblas.

La acción buena es la que se llama virtud y por esto Sócrates agregaba: la sabiduría de cada hombre es igual a su virtud.

Esto coincide, exactamente con la doctrina de Jesús.

El gran mal está en que, actualmente, se pretende adquirir ciencia, en virtud, o por lo menos, sin entender la doctrina de Jesús.

Por haberse olvidado estas verdades capitales de Psicología, actualmente se habla y se escribe mucho de esta importante rama de la Filosofía, sin saber en realidad, nada, puesto que la antorcha que debe guiarnos por cualquiera de los caminos del saber, está en la propia conciencia, cuya luz proviene únicamente de las acciones que realizamos.

Según las leyes de la evolución y del transformismo de que antes hablamos, todos los organismos, lo mismo que el ser humano, se han formado por la acción dirigida a buscar la luz y las alturas, o sea lo bueno.

La acción que va en contra de lo bueno, produce la disolución y muerte.

Esto que vemos en la formación de todos los seres y también del hombre, es una gran ley psicológica. Sólo podemos avanzar por las acciones buenas y concientes, o sea libres.

Estas grandes verdades las ve y las siente cada uno dentro de sí, en tanto que despierta su conciencia.

De aquí viene que todos los problemas sean resueltos por algo que vemos en nosotros mismos.

Pongamos algunos ejemplos sobre asuntos de lo más diversos que se nos presenta a cada paso en nuestra vida diaria, ya se trate de política, de religión, de arte o de ciencia.

Cualquier problema político, cada uno lo entiende, según sea lo que ve y siente dentro de sí mismo. Así quienes están habituados a vivir obedeciendo ciegamente a otras personas a las que consideran muy superiores es muy probable crean que el mejor gobierno es el monárquico.

En cambio, quienes han vivido en libertad, creen es mejor el gobierno libre de los republicanos. Algo semejante sucede en los demás problemas.

Si se trata de escuelas y de cómo debe ser la educación de los niños y jóvenes cada uno opina según sean sus acciones y la manera que tiene de vivir.

Por esto es que los más grandes hombres son los que, por sus acciones y también por la de los padres, que nos transmiten sus inclinaciones, tienen más luz en la conciencia, en la que encuentran explicadas o iluminadas las verdades más difíciles, cuya conquista es honra y gloria de los sabios, artistas y héroes.

Esta luz interna de nuestro ser, así como crece en cada individuo por sus acciones, también crece de siglo en siglo en la generalidad de los hombres, a medida que aumenta la civilización y la cultura.

Hace pocos siglos se creían una superchería los fenómenos del hipnotismo, la adivinación del pensamiento y otros semejantes, pero hoy ya son vulgares, así como el magnetismo y las fuerzas telepáticas, que consisten en producir un fenómeno físico, a alguna distancia sin contacto con el cuerpo, y sólo con el poder de la voluntad.

También son cada día más frecuentes las curas de algunas enfermedades con el sólo contacto de la mano, y aún con la influencia moral, de acuerdo con la doctrina de Jesús.

Hay personas que, en momentos de gran conmoción nerviosa han visto hechos que se producían a gran distancia, con un saber superior al de los ojos; otros han tenido conocimiento de hechos futuros.

Tales poderes se vieron principalmente en Jesús, y en Juana de Arco; pero después se han presentado muchos otros semejantes.

Todos estos son fenómenos que corresponden al campo de la psicología o sea al conocimiento de las fuerzas humanas y de lo que es el hombre; pero aunque hasta a poco la ciencia los rechazaba; hoy se ve obligada a estudiarlos.

Reconocido ya por sabios ilustres, que el Universo, es un organismo, lleno de vida, cada una de sus partes, por pequeña que sea refleja o dice lo que es el conjunto de todo. Así es que el ser humano, aunque es un granito de polvo respecto del padre sol con minúscula?, y muchísimo menos respecto del Universo, refleja o dice lo que es el gran ser. Es decir, que las fuerzas o poderes que vemos en el hombre, deben, necesariamente ser tomadas de la Naturaleza, de las que salió el hombre; pero como el universo es infinito, sus poderes serán también infinitamente mayores a los del hombre.

Esto no puede ser más claro; pero es tan hermoso y sublime creer que una inteligencia y una bondad infinita, con poder supremo, dirige e interviene en todo, que nuestra pequeñez se deslumbra y se ha echado atrás.

¡Cómo! ¿Está realmente Dios en todas partes, como antes se creía?

 ¿Y nuestros dolores y desgracias?

De aquí proviene la duda.

Pero nuestras enfermedades y dolores vienen para enseñarnos a marchar derecho, y aún la muerte, cuando llega, viene para sacarnos a una vida mejor.

Así vemos que, tal como el hombre es una síntesis del Universo, también el conocimiento del ser humano, la Psicología, reasume todos los problemas desde los más sencillos hasta el de los atributos de Dios, por lo cual se ha llegado a ver que el gran problema de la vida está en las célebres palabras: "conócete a ti mismo"; en lo cual aún los niños ya pueden iniciarse, y deben hacerlo habituándose a obrar de acuerdo con los dictados de su propia conciencia, porque es ese el único medio para avanzar en el camino del saber y de la ciencia.

Lógica

Entre los hechos más interesantes y dignos de estudio que se nos presenta en la marcha de las ciencias está el siguiente: miles de hombres que pasan como sabios ilustres, se han ocupado desde hace muchos siglos, de estudiar lo relativo a los medios o caminos para llegar a la verdad.

Sobre esto se han escrito tantos libros, que con ellos podría formarse una montaña.

Esos libros han sido estudiados de generación en generación, por la juventud de todas las naciones que asiste a los colegios y universidades; pero ha sucedido algo muy sorprendente: los que han descubierto algo de importancia para el mundo o han hecho grandes cosas, como Gutemberg o Colón, nada absolutamente sabían de esos estudios. Más aún, los que se han dedicado mucho a estos estudios, jamás hicieron nada de importancia.

Estas afirmaciones irritan a muchos hombres dedicados a estudiar libros, pero debemos decir lo que es cierto para bien de todos.

Los hombres que mejor han comprendido cuáles son los caminos de la luz y del éxito en el mundo, fueron siempre los más nobles y esforzados.

Esfuerzo y nobleza, o sea acción digna y consciente es todo lo que se necesita para ir adelante, y aún para entender fácilmente todos los libros que debemos estudiar en cada carrera o profesión.

Creemos que sobre los caminos de la verdad, como también en otros asuntos, quienes más supieron fueron Jesús y Sócrates.

Ambos, como lo hemos recordado en otros capítulos, decían que todos los problemas se iluminan mediante las buenas acciones.

Cualquier otra doctrina que nos desvíe o nos haga desviar la acción más digna, consciente y fecunda conduce a las tinieblas, al error y a la perdición.

En cambio, quienes se empeñen en buscar, mediante las mejores acciones el mayor vigor y la purificación física y moral, de su propio ser, encontrarán la luz necesaria para abrirse paso en cualquier rumbo que necesite[n] seguir, ya sea en las industrias, comercio, arte o ciencia.

Moral

Esta rama de la Filosofía es la "ciencia del bien". Mas como todas las ciencias tiene como objetivo y propósito el bien, puesto que ninguna rama del saber humano puede buscar el mal, resulta que todas las ciencias deben considerarse comprendidas en la Moral.

Por esto algunos autores representan a la Moral por un gran círculo, dentro del cual hay muchos círculos menores que representan a las otras diversas ciencias.

Esta verdad coincide con lo que antes dijimos, que todo saber se reasume en la práctica del bien, según Jesús, así como todas las ciencias están comprendidas en la moral, ciencia del bien.

Ya se trate de Medicina o de Derecho, cualquier concepto representa tanta verdad como sea el bien que expresa.

Así, quien nos diga cómo se cura una enfermedad, nos expresa una verdad, pero mucho más y mejor la expresa quien cura esa enfermedad, porque realiza un bien más real que las palabras.

Y aún habrá más verdad y ciencia, si el que cura lo hace sin otro interés, que el despertado por el amor al prójimo enfermo.

Allí se ve que hay más verdad y ciencia, donde hay más moral y religión.

Una cura hecha nada más que por dinero, tiene poco de Moral, y mucho de falsedad, porque esa ciencia médica surgió ante la luz del amor al prójimo, y cuando se ejerce sólo por negocio, degrada y embrutece, lo que significa la destrucción de esa misma ciencia, puesto que enceguecerá al que la practica egoístamente.

La Moral, como todas las ciencias, tiene sus leyes de las que pasamos a ocuparnos.

Leyes morales

Al estudiar la ciencia del bien, debemos saber, ante todo, que cada uno sabe lo que es el bien, matemáticamente, tanto como sea lo que ha practicado.

Todas las ciencias se proponen hacer el bien, por lo que serán comprendidas tanto como sea el bien que se haga aplicando cada una de ellas.

Esta es una ley porque jamás deja de cumplirse.

Y cuando se observa este orden y sabiduría infinita que se ve en todo cuanto existe y sucede, se dice que el Universo, marcha dirigido por una inteligencia suprema.

La felicidad de cada hombre depende de él mismo, y es igual al mérito de sus acciones.

Esta es otra ley que prueba infinita sabiduría, pues si fuera cierto que cualquiera puede hacernos desgraciados, el mundo estaría tan mal organizado, como creen los que se portan mal, y luego acusan a otros de sus desgracias.

Las leyes morales de más importancia fueron esperadas por Jesús. De él podemos tomar las siguientes leyes:

Si eres bueno, te irá bien.

Si tienes fe removerás hasta las montañas que pretenden cerrarte el paso, y por eso el hombre es invencible cuando lucha por nobles y grandes causas.

Con la vara que mides serás medido.

Si eres bueno, todo lo demás vendrá solo.

Bueno es quien tiene en su corazón llama inextinguible, que lo impulsa a practicar el bien.

Honra a tu padre y tu madre, y vivirás largos años sobre la tierra.

Después de Jesús fue Sócrates, quien expresó verdades morales más importantes.

Entre otras, debe siempre recordarse: "la sabiduría de cada hombre es igual a su virtud", o sea el bien que ha hecho.

Muchas otras leyes morales podrían expresarse; pero las anteriores ya señalan, sin sombra de duda, el camino de la luz.

Pruebas de la existencia de Dios

Si muchos renombrados pensadores antiguos y modernos se han lanzado a dar pruebas difíciles sobre la existencia de Dios, llegando, así, a obscurecer la misma verdad, de suyo resplandeciente, que deseaban probar; si hay quienes ponen en duda la existencia de Dios, decíamos, es porque les falta tener algo de espíritu humilde, sincero y candoroso de los niños.

Pero aquellos grandes luminares de la historia, como Sócrates y Sarmiento veían a Dios en todas partes, interviniendo en todo.

Mediante las obras buenas se ilumina el alma y se ve a Dios, patente en todas las obras.

¿Quiénes serán los que saben, los que han hecho grandes cosas buenas o los que nada de importancia hicieron?

Es evidente que quien nada bueno hace, nada sabe; y lo que cada uno sabe se ve en sus obras buenas.

Pues bien, todos los que han hecho grandes bienes creían en Dios, y los que no creían nada de importancia han hecho.

Así se ve que los que dudan de la existencia de Dios, son los que no saben, y los que saben, creen en Dios.

Véase cómo vió Sarmiento a Dios.

Dice el gran maestro, que un día, su madre, que era pobre, no tuvo con qué hacer la comida para la familia; su esposo trabajaba fuera de la ciudad, en la campaña. En tales circunstancias dijo a sus hijos: voy a traer lo necesario, Dios proveerá.

Y al pasar la puerta de su casa, vió sobre un pequeño puente, una moneda, con la cual fue e hizo compras para el día.

En otra ocasión, encontrándose en iguales circunstancias, salió también hacia la calle, confiando en la ayuda de Dios, y cuando salió a la puerta de calle, miró en todas direcciones, y distinguió a un hombre en la calle, con una carga, reconociendo luego, que venía de la casa de unos parientes ricos, quienes le mandaban una carga de carne.

Hechos así, repetidos, de la vida diaria, con circunstancias que no dejan lugar a la duda, sobre la intervención de un poder superior, son los que Sarmiento, Sócrates y los más grandes bienhechores de la humanidad, presentan como prueba de la existencia de Dios.

Lo principal en este problema, como en todos, es despertar nuestra inteligencia mediante acciones buenas.

Cuando oyen citar estos hechos, los ateos se enfurecen, y dicen que son mentiras; pero lo antes citado lo afirma Sarmiento en sus obras, y algo muy semejante dicen todos los grandes sabios.

Esos hechos y esa prueba están al alcance de los niños. Esa comprobación infantil puede servir de base para hacer otros estudios, pero sin esa base de verdades infantiles, nadie puede creer en Dios.

¿Quién ilumina nuestra alma cuando practicamos la virtud, y nos enceguece cuando vamos en el camino del vicio?

¿Quién hace que los buenos sientan, en su interior dulcísima satisfacción y los males torcedores infernales?

¿Quién da buena suerte al hombre honrado, y arruina al criminal? ¿Quién ha hecho que los excesos produzcan enfermedades y que la buena conducta vigorice y purifique nuestro cuerpo?

Si todos los héroes creyeron en Dios, a los que lo niegan podrá decírseles: lánzate a la acción noble y heroica y verás a Dios, porque la acción dirigida al cielo es vida y luz.

Pero nadie, jamás, dijo sobre Dios, nada comparable a lo que expresó la palabra divina de Jesús.

Jesús decía: "hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados": quería recordarnos que nada puede sucedernos sin la voluntad de Dios.

Todo lo que nos sucede es para nuestro bien.

Si tenemos una caída, es para advertirnos que vamos en mal camino, y que debemos mejorar nuestra conducta.

Para ese mismo objeto vienen las enfermedades y todos los dolores.

La muerte misma llega cuando nos conviene dejar esta vida para renacer a una vida superior.

La pequeñez y la flaqueza humana, nos hace mirar nuestros dolores, sin pensar en que la vida del alma es eterna, y que nuestro espíritu avanzará, pasando por sobre todos los dolores pasajeros, en una existencia de felicidad siempre superior, mayor cada día, acercándose al Bien Supremo, que es Dios, padre de todo lo creado.

Dios
Lo que es él

Siendo Dios infinito, jamás podremos comprender toda su grandeza, pero siempre nos acercamos a El, a medida que desarrollamos la inteligencia, al practicar acciones buenas que vigoricen y purifiquen nuestro cuerpo y nuestra alma.

Dios está en todas partes, y todo está en Dios.

Esa inteligencia infinita y suprema que dirige al Universo y a todos los seres, es Dios.

El espíritu de Dios penetra y anima todo cuanto existe.

Jesús decía: "Yo estoy en mi padre, y mi padre está en mí."

Y también:

"Mi dios y vuestro Dios; mi padre y vuestro padre"

Quería decir que Dios es su padre y también el de todos los hombres.

Si cada uno de nosotros está en Dios, purificando nuestra vida sentimos a Dios y a su espíritu divino dentro de nosotros mismos.

La inteligencia, la razón, la bondad y todas las virtudes del hombre bueno, son atributos que Dios posee en grado infinito, y de los cuales cada hombre tiene una pequeñísima partícula.

Para saber lo que es el Universo finito que nos rodea, examinemos una pequeña partícula de ese infinito.

Esa partícula, somos nosotros mismos.

Si nosotros tenemos inteligencia y razón, esos mismos atributos, en grado infinito, debe tenerlos el infinito Universo que nos rodea y del cual formamos parte.

Pero cada uno ve y siente lo que anima al Universo, según sea mayor o menor su grado de vitalidad.

A mayor vida corresponde mayor comunicación con el infinito de que formamos parte, o sea con la Naturaleza, o mejor dicho, con el espíritu de Dios que anima a cuanto existe.

Lo que necesitamos para comprender y sentir al espíritu de Dios, que es la Verdad suprema, el Bien, la Justicia y lo Bello, hablando dentro de nosotros mismos; lo que necesitamos, decía, es aumentar, nuestra propia vitalidad; lo que se consigue vigorizando y purificando nuestro ser físico y moral, mediante acciones nobles y buenas, y dejando toda impureza.

Nuestra alma es una partícula del espíritu de Dios, por eso Jesús decía que Dios está en nosotros, y nosotros estamos en Dios, y somos hijos de Dios.

Así es que todo está en Dios, porque siendo El infinito en todo sentido, nada hay que pueda estar fuera de él.

Por eso mismo, todo viene de Dios y todo va hacia Dios.

Todo viene de Dios, porque de Él provienen las leyes morales y universales, que dan felicidad a los buenos y castigan a los malos.

De Él viene la sabiduría y de Él la ignorancia, porque se hace sabio el que obedece a sus leyes y se hace ignorante quien de Él se aleja, al obrar mal.

La sabiduría y la ignorancia van a Él, porque ser sabio es buscar a Dios o ir hacia Dios; pero también la ignorancia de algún modo sirve para que se vea el camino del cielo, pues las desgracias de los ignorantes aleccionan para que se vea la importancia de la virtud, que es la sabiduría.

Mas, los ignorantes, como también son hijos de Dios, en esta o en la otra vida serán iluminados y levantados a la gloria, porque Dios, con su amor infinito, salvará a todos sus hijos, sin dejar abandonado ni uno solo, curando con divino bálsamo todos los dolores, llevando a la gloria de todos sus hijos.

De allí viene que no hay mal, pues todo va al bien por uno u otro camino.

El mal es como las tinieblas, que existen para que se nos presente más hermosa la luz del día.

El mal nos da enseñanzas para que sepamos evitarlo o nos lleva al cielo haciéndonos renacer a otra vida, mediante la muerte.

Los dolores pasan como la noche, para que veamos el sol eterno del espíritu, cuya marcha gloriosa jamás será interrumpida.

La inmortalidad del alma

Jesús, que fue el más puro de los hombres, fue también quien mejor sintió dentro de sí el espíritu de Dios, y la voz de Dios.

Jesús decía: "mi padre está en mí y yo estoy en mi padre"

La doctrina de Jesús es doctrina de amor.

Jesús oyó dentro de sí mismo lo que Dios le decía y lo que Dios quiere.

Dios decía a Jesús, lo mismo que dice a todos los hombres: "Te he creado para que me ames. Ámame que yo te amo".

Por el amor se produce la vida.

Dios es el amor infinito que produce a todos los seres creados.

Siendo infinito el amor con Dios que nos ama, Él quiere que jamás se destruya nuestra vida, para que continuemos amándole eternamente.

Por esto es que los hombres más buenos son los que más aman a cuanto les rodea, y especialmente a sus semejantes.

Si muriéramos y se acabara nuestro espíritu, terminaría nuestro amor a Dios, y Él habría dejado de amarnos; lo que es imposible por ser infinito su amor hacia nosotros.

Además, se ha constatado la vuelta a este mundo de personas que murieron o que dejaron su envoltura material.

Muchos casos se recuerdan; pero la generalidad de las personas lo ponen en duda.

Que Jesús resucitó y volvió a hablar con sus discípulos es un hecho bien comprobado por el testimonio de muchos hombres tan respetables como los apóstoles.

Bien examinando el texto de los evangelios, se descubre que realmente Jesús volvió después de su muerte.

Hasta hoy, este hecho lo sostienen como indudable los católicos, apoyándose en la fe, pero el autor de este libro es racionalista y librepensador; y al afirmar que Jesús se fue al cielo en cuerpo y alma, y que volvió, lo hace después de largos estudios científicos.

Bien podemos comparar al hombre con un gusanillo, por ser tan grande la pequeñez y la ignorancia humana.

Estos gusanillos humanos que nos llamamos hombres, somos nada ante el infinito universo que nos rodea, y, por tanto, bien podemos comportarnos con esos otros gusanillos que se arrastran y que luego se convierten en halada mariposa.

Si a un grupo de gusanillos de esos que llegan a tener alas, se les dijera que ellos llegarán a volar en los aires, posando en las más fragantes flores, todos, a una, esos gusanillos creerían imposible, que ellos están destinados a tan brillante porvenir.

Algo semejante es el caso de los gusanillos humanos. Nos negamos a creer en la inmortalidad; porque eso nos parece demasiado para nuestra humilde situación actual.

Pero ahora la ciencia ha probado que el hombre actual proviene del gusano, porque toda la vida de nuestro planeta se ha iniciado con pequeñísimas formas orgánicas, que han evolucionado, transformándose y mejorando gradualmente.

Por esta transformación, han ido apareciendo gradualmente las diversas especies vegetales y animales.

En las especies animales, la transformación gradual de la vida podríamos representarla por una línea horizontal, o sea un gusano, que va gradualmente enderezándose en las diversas especies superiores hasta llegar a la vertical representada por el hombre.

A nosotros nos parece muy largo ese camino; pero para la Naturaleza es sólo obra de un segundo.

Esto es como decir que tal prodigio lo ha hecho la Naturaleza en un instante.

Ante eso ya se ve lo que puede llegar a ser el hombre actual, que también es un gusanillo, respecto de lo que llegará a ser ese hombre, en el porvenir.

Si nos sorprende que los hombres puedan irse al cielo en cuerpo y alma, como se dice de Elías y de Jesús, es nada más, porque nos falta familiarizarnos con la verdadera idea de lo que es el camino de la vida y de la perfección, que es el infinito.

Infinito quiere decir que cualquier grado de perfección que nosotros podemos concebir, es nada, ante la realidad, porque ésta es infinitamente mayor.

Así nosotros concebimos que un hombre puede irse al cielo en cuerpo y alma. Basta que esto podamos imaginarlo, para que debiéramos reconocer que lo cierto y lo real es infinitamente más sorprendente, maravilloso y sublime, puesto que el camino de la perfección de lo bueno y de lo bello es infinito.

Esta verdad sorprende nada más que por la poca familiaridad con la palabra infinito.

En cuanto se comprenda bien lo que significa la palabra "infinito", y como es imposible concebir limitada o cortada en alguna parte la gradación de lo bueno, lo bello, lo sublime y lo maravilloso, en la creación moral y física, que realmente es ilimitada en todo sentido, se verá en esa palabra una expresión digna del poder soberano de Dios.

Así se ve que la sorpresa de que Jesús y Elías y otros se hayan ido al cielo en cuerpo y alma, proviene nada más que de nuestra ignorancia, pequeñez y flaqueza, la cual es tanta que ni siquiera hay en el mundo una decena de hombres que hayan comprendido lo que significa la palabra infinito, aplicada al progreso moral del alma humana.

Pero esto que fue rechazado por tantos sabios, puede ser aceptado por los cerebros jóvenes, y aún y también por todos los seres vivos de este mundo, porque sin la luz y sin el calor del Sol ninguna vida podría existir en nuestro planeta, el que estaría tan frío como un pedazo de nieve.

Según la teoría hoy aceptada, el Sol tenía a su alrededor muchos anillos, los que con el movimiento de rotación fueron lanzados en el espacio. Luego, donde se equilibró la fuerza centrífuga con la de atracción, esos anillos o partes del sol siguieron girando alrededor del Sol, como lo hace la Tierra.

A la vez, por el movimiento que ya traían al salir del Sol, continuaron moviéndose, así como lo hace un trompo.

Por esto, y como estaban en estado ígneo, tomaron la forma redonda.

Así se formaron los numerosos cuerpos que giran alrededor del Sol y que llamamos planetas.

Los cometas, que también giran alrededor del sol, deben tener el mismo origen; aunque se nos presentan con una inmensa cola, la que se ha formado por causas aún no bien comprendidas.

A su vez la Tierra tiene su hija, que es la luna; otros planetas, como Júpiter, tienen? varias hijas o lunas.

Antes se creyó que el Sol estaba quieto, en un mismo punto del espacio, pero ahora se sabe que marcha rápidamente, con su cohorte de planetas y cometas, lo mismo que los planetas con los satélites.

Es indudable que a semejanza del Sol, todas las estrellas deben ser centros de sistemas, semejantes al sistema solar, con otros mundos también llenos de vida como la Tierra.

Si aquí hay vida, necesariamente debe haberla en el resto del Universo. Y en planetas mucho más grandes y antiguos, en centros mucho mayores que nuestro Sol, los hombres serán inmensamente superiores a nosotros.

Así, el cielo se nos presenta como algo maravilloso, infinito, en todo sentido, es decir, en lo físico, en lo intelectual y en lo moral.

Sí, según la ciencia, el gusano o la célula más simple transformándose gradualmente y perfeccionándose, ha llegado a formar al hombre, lo intelectual y lo moral debe seguir avanzando, en ese camino sin término, porque la razón y la inteligencia es una revelación de lo divino, es una expresión o partícula de Dios, que jamás puede tener límites, ni encontrar barreras, ya que Dios es infinito en todas sus manifestaciones.

Por esto, el universo es infinito en lo físico, en lo intelectual y en lo moral.

Encierra belleza, bondad y justicia infinita.

El cielo y las estrellas nos hablan con elocuencia soberana de la grandeza de Dios.

Algo que mucho interesa a niños y jóvenes

Habiendo nacido el autor a mediados del siglo anterior en pocos lustros más verá acercarse a su mitad este nuevo siglo en que vivimos.

Aunque con íntimas y grandes satisfacciones por lo bueno que creía haber hecho, esa larga experiencia ha sido también dolorosa. Cómo podrían evitar esos dolores, quiero decirles a las nuevas generaciones.

Yo, como con todos los jóvenes de este y de muchos países nos lanzamos al mundo cual si creyéramos que podemos llevarlo todo por delante, sin respeto a nada, sin temor a nada, cual si aquello que no ve la policía o que puede hacerse sin recibir castigo inmediato, jamás fuera a tener sus consecuencias, necesarias, cual si nada hubiese más arriba que nosotros, los hombres, y cual si no hubiera un orden moral y una justicia que jamás deja nada impune.

Mas ¡qué gran sorpresa queridos míos!, cuando ahora, después de tan larga experiencia, ya serenado el espíritu me encuentro con que cada una de nuestras acciones han tenido su justa recompensa o castigo; cada noble esfuerzo y cada obra buena ha dado impulso y ha mejorado nuestro ser físico y moral, en forma que jamás se borra y que persiste toda la vida, y, quizá, toda la eternidad, ya que el alma continuará viviendo.

Así mismo, cada mala acción daña nuestro cuerpo y nuestra alma, contribuyendo a producirnos enfermedades o desvíos físicos y morales, cuyos efectos los sentimos toda la vida.

Es cierto que cuando se deja el mal, para seguir el bien con gran firmeza, aún los mismos errores y vicios pasados nos dan experiencia y nos enseñan cuan triste fue la caída y cuan bello el despertar hacia la luz.

Pero el que ofende a un anciano, el que engaña y desprecia a las mujeres, el que se burla de los desgraciados ¡hay queridos niños!, ese es insensato, ciego y loco.

Ese sufre un terrible chasco, cree que sus faltas quedarán impunes, y en realidad, sufrirá el correspondiente castigo durante su vida.

Aquellos que, soberbios, ofenden a sus semejantes, refrenarían su orgullo, si supieran que "con la vara que mides serás medido".

Cuantos refrenarían sus desmanes si supieran nada más que eso.

Nos creíamos lanzados a un mundo sin una ley superior y sin un orden divino, y, ahora, la experiencia nos dice cuán grande error cometeríamos con tal creencia.

Creíamos que el rostro se afea y desfigura por los años, y, en verdad, cada arruga, cada enfermedad, es un resultado de nuestras faltas y extravíos.

Cierto es que estamos sujetos a mil extravíos, a causa de impulsos que nos vienen desde las especies inferiores, pero esos impulsos pueden disminuir con el noble esfuerzo.

Niños y jóvenes, os interesa mucho pensar en que, sí, desde temprano, obráis como que estáis realmente en la presencia de Dios, respetando a vuestros semejantes, cuidando cada una de vuestras acciones, para ser, así dignos y nobles, podréis llegar a una edad avanzada, con expresión cada vez más noble en vuestro propio rostro, y, lejos, de que el tiempo traiga triste felicidad, el tiempo os dará en la ancianidad, belleza como inteligencia, aún superior a la de la juventud.

Seamos libres

- Papá, yo quiero ser libre.

- Muy bien, hijo mío; nada hay más hermoso que la libertad.

Pero generalmente esta palabra es muy mal comprendida.

¿Qué entiendes por libertad?

- Poder hacer lo que yo quiera.

- Bien dicho. Pero para hacer lo que tú quieras debes disponer de algunos recursos.

En primer lugar necesitas ilustrarte para saber bien lo que has de hacer, y cómo has de realizarlo.

Así se ve que todo progreso y todo perfeccionamiento individual nos sirve para aumentar nuestra libertad.

Muchos creen que ser libre consiste en obrar mal o hacer daño a nuestros semejantes, y esto no es así.

El que obra mal es esclavo de sus pasiones.

Ser libre es obrar de acuerdo con nuestros propios impulsos internos, o sea de acuerdo con nuestra propia conciencia, que es la voz de Dios en cada individuo.

Por esto, ser libre, es obedecer a Dios.

Constantemente se repite que la libertad puede conducir a los pueblos al desorden y a la anarquía, pero esto se dice porque se ignora el verdadero significado de la santa palabra.

Si hay desorden y anarquía, no puede haber libertad, porque los individuos, unos a otros se privarán de libertad.

Así es que la libertad implica orden.

También la libertad implica justicia, porque la injusticia significa opresión y atropellos que destruyen la libertad.

Es por esto que la libertad comprende y realiza todo lo bueno para los individuos y para los pueblos.

Ser libre significa ser bueno, noble y digno, a la vez que feliz.

 La conciencia

He podido comprobar si desde niños, nos habituamos a obrar fijándonos en lo que hacemos para evitar lo malo y sólo hacer lo bueno, se desarrolla en nuestro ser algo que nos avisa cuando vamos mal.

Más aún, procediendo siempre lo mejor que podemos con seriedad y dignidad, se llega a tener aviso interno de cuando nos dirigimos hacia algo que puede dañarnos.

Es así como algunas personas dicen que el corazón les avisa cuando van a un camino malo.

Este aviso o voz interior se desarrolla sin cesar, por el hábito de obrar conscientemente y con dignidad.

Atendiendo y obedeciendo la voz de la conciencia, se despiertan gradualmente poderes maravillosos y divinos, en los que sólo puede creerse cuando empieza a manifestarse sí mismo.

Lo maravilloso

En uno de los títulos anteriores hemos visto cómo es que, según la ciencia, el hombre desciende de una célula y del humilde gusano.

También el árbol más gigantesco proviene de pequeñísimas formas vegetales que se han transformado a través de innumerables generaciones en siglos sin número.

Y donde quiera que dirijamos la atención, siempre se encuentra que, más allá de la superficie de las cosas se encuentra algo sorprendente y maravilloso.

El padre Sol, que nos parece un pequeño globo luminoso, es en realidad de un tamaño millones de veces más grande que nuestro mundo, la Tierra.

Las estrellas, al parecer pequeños luminares de la noche, son soles aún mayores que el nuestro, centro de otros mundos, que llenan los espacios infinitos.

La grata fragancia de una flor nada significa para una persona ignorante; pero para la ciencia, es el resultado de una vaguísima evolución.

De igual modo se explica, hoy, por las leyes de la evolución, el veneno de algunas plantas y de algunos animales.

Las plantas medicinales son originarias de regiones donde los cambios de temperatura son más suaves, y las venenosas, de regiones donde cambios bruscos, en el ambiente, les dieron una forma de acción contraria a la suave y firme perseverancia con que se han desarrollado todos los organismos en el tiempo y en el espacio.

Los insectos y los reptiles venenosos provienen de regiones donde el alimento escaso, la falta de agua o las persecuciones incesantes, irritándolos continuamente acibarran su sangre hasta producir veneno que aumenta gradualmente de generación en generación.

Tal hecho comprueba que la violencia es contraria a la vida y a las leyes generales que la desarrollan.

En cambio, la acción tranquila y persistente hacia lo alto, como lo vemos en las plantas que buscan la luz, y en los hombres buenos, que también tratan de buscar las alturas morales, está el secreto de la vida y del éxito.

Véase, en esas leyes, que cuanto nos rodea está animado por una fuerza que sintetiza todas las virtudes.

Hay, allí, en los seres que nos rodean, y que nos parecen lo más vulgar algo inexplicable y superior que empezamos a vislumbrar reconociendo que, cada paso de la ciencia, nos espera una nueva sorpresa, más humilde, más increíble, más maravillosa.

Sorprendente fue el cable eléctrico y se creyó que nada podría ya descubrirse más maravilloso, pero llegó el telégrafo sin hilos y aquel tan portentoso descubrimiento, queda como algo vulgar y pasado de moda.

Así va el mundo en todo, avanzando en un camino de perfeccionamiento sin término, en el cual lo más imprescindible y maravilloso es reemplazarlo siempre por otra conquista más sorprendente y superior, en todo sentido.

Pero todas esas maravillas del progreso, con ser tan sorprendentes, significan poco y quedan eclipsadas ante los progresos morales y ante los fenómenos y las fuerzas del alma humana, que tiene expresiones increíbles hasta hoy por muy pocos aceptadas y creídas.

El poder de una persona que hipnotiza a otra, o sea que se apodera de la voluntad de ésta, obligándola a que haga lo que aquella quiera, ciegamente, fue considerado por los hombres de ciencia como charlatanería despreciable.

Fue necesario que el fenómeno se hiciera muy vulgar para que los sabios lo aceptaran.

Lo mismo sucedió con el magnetismo, con la adivinación del pensamiento y con las fuerzas telepáticas.

Hoy ya se sabe que hay personas bien dotadas por la Naturaleza, que ven a la distancia, sin necesidad de los ojos; otras tienen conocimiento de sucesos futuros y otras curan enfermedades con el contacto de la mano.

Estas son fuerzas que empiezan a manifestarse en algunos individuos de la especie humana; pero como el camino del perfeccionamiento, es sin término, esas fuerzas maravillosas continuarán desarrollándose de generación en generación, de tal modo que lo más sorprendente que veamos en algunas personas, quedará más tarde como vulgar ante otros fenómenos que seguirán produciéndose después a cada nuevo paso del perfeccionamiento humano, hasta que surjan hombres con poderes que hoy ni siquiera podemos sospechar.

Siendo infinito el camino hacia lo maravilloso, cualquier maravilla que podamos considerar, por superior que parezca, será nada ante la realidad en la que lo maravilloso y lo sublime jamás pueda tener límites.

Así se dice que Elías se fue al cielo en cuerpo y alma, y esto nos detiene asombrados, como ante lo imposible, pero ésta y cualquier concepción del gusanillo humano que llamamos hombres, es nada y vulgar ante la sublimidad suprema e infinita de cuanto existe.

Todo se reduce a darse cuenta de lo que significa la palabra infinito, que quiere decir sin límites.

Es evidente que el perfeccionamiento es ilimitado, y que en el Universo todo continúa en una u otra forma, en un mundo o en otros mundos, hasta ser limitada y eterna.

Lo único limitado siempre es nuestra capacidad en un momento dado.

Llega así, a verse, que todo es maravilloso por su origen, por su progreso y por sus consecuencias en el porvenir.

Y la mayor de todas las maravillas es la presencia de Dios en todas partes, interviniendo en todos los sucesos de nuestra vida.

Nada se mueve sin la intervención divina.

¿Cómo se sabe esto?

Mil veces lo vieron los hombres buenos cuando en un gran peligro, algo inesperado e inexplicable les salvó.

Así lo han atestiguado en escritos y documentos históricos.

En cambio, los hombres malos niegan estos hechos.

¿Quiénes merecen más fe, los buenos o los malos?

A medida que el hombre ve con mayor inteligencia en el fondo de las cosas, descubrirá maravillas cada vez mayores, y cuando llega a ver que Dios interviene y dirige todo cuanto sucede en el universo, entonces ve que todo es maravilloso y que sólo lo maravilloso es verdadero.

Lo más preciado del tesoro

Hemos dicho al tratar de Biología, que la fuerza que anima a todos los seres vivos y también al Universo, es el espíritu de Dios.

Según esto, dentro de nosotros mismos está el espíritu divino.

Aquí, pues, adentro de nosotros mismos, está el más preciado tesoro del saber y de la ciencia.

Yo tengo sobre esto un secreto valiosísimo que desearía colocarlo en tierra sagrada para que se propagara y diese los mejores frutos.

¿Dónde podría estar mejor ese secreto o esa verdad inapreciable que en la inteligencia de los niños?

Vosotros niños, sois quienes mejor podeis guardar, crecer y hacer fructificar nuestro descubrimiento.

He observado repetidas veces a personas que cuidan su conducta, la arreglan, apartándose del vicio y en pocos meses se transfiguran, y en su rostro se ve vida.

Y esto lo he observado en mí mismo.

En una época en que hice vida muy arreglada, cuidando hasta los alimentos que comía, se despertaron en mí fuerzas morales que me eran desconocidas.

Entonces vi que eran ciertos esos fenómenos generalmente rechazados como falsos, relativos a la adivinación del pensamiento, a la visión a la distancia por un poder superior a los ojos, las fuerzas telepáticas, etc.

Ahora bien, queridos niños, si yo que he hecho una vida tan desordenada y culpable, si yo decía, salí del lado de mis padres para hacer vida libre de estudiante, muy lejos de mi hogar, desde los catorce o quince años de edad, siguiendo las prácticas que por desgracia, dominan en la juventud, sin respeto a nadie, sin Dios, sin ley, buscando los placeres, si después de todo eso y de los largos años de extravío, he podido aún vislumbrar lo divino que hay dentro del alma humana, ¿cuánto más harían otros mejor dotados que yo, si arreglan su conducta desde jóvenes, y más aún los hijos de esas personas?

Si en tan poco tiempo y tan fácilmente puede cada uno ver algo tan maravilloso y sublime dentro de sí mismo, ¿qué diremos de todo lo que hoy se entiende por educación, saber y ciencia?

Digo, pues, niños míos, que casi todo lo estudiado actualmente en los libros para educarse, será un gran conjunto de mentiras y maldades, siempre que se descuide la obra capital, que es purificar y vigorizar el organismo.

Para cualquier carrera que quiera seguirse, lo primero y más necesario es arreglar la conducta, purificar el cuerpo y el alma, con lo cual todo se aprende casi por adivinación.

En cambio, el Derecho, la Filosofía, la Moral, la Medicina y todas las ciencias sin el arreglo de la conducta mediante la acción creciente a favor de lo bueno y de lo justo, sólo formarán un conjunto informe de inquietudes.

Allí tenéis niños el más preciado tesoro: dentro de vuestra alma tenéis a Dios. Él es vuestro Padre, sed sus verdaderos hijos, por el amor, la piedad y la virtud.

Deposito esta verdad en vuestros tiernos corazones, aprovechadla.

Haced que Dios se manifieste en vosotros. Esa es la misión del hombre sobre la Tierra.

Notas

* En la trascripción se ha respetado la ortografía y sintaxis original.
1 Cf. ALVARADO, Mariana, "Educación Alternativa", en: Diccionario de pensamiento alternativo II. En línea: http://www.cecies.org/articulo.asp?id=235
2 MUSCIA,         [ Links ] Antonia Delia y otros, Manuales escolares. Política y pedagogía. Mendoza, UNCuyo, FFyL, 2007, p. 83.         [ Links ]
3 A diferencia de otros manuales de la época, tales como El Abecé de Víctor Mercante o Pininos de Pablo A. Pizzurno, Vergara propone prácticas que exceden los dispositivos que controlan la lectura, la escritura y sus efectos.
4 "Fundamentos filosóficos y proyecciones pedagógicas en producciones discursivas de la argentina durante el siglo XX. El lugar de la diversidad en el pensamiento de Carlos Vergara (1859-1929) y Saúl Taborda (1885-1944)", Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía y Letras.         [ Links ]
5 VERGARA, Carlos Norberto, El libro de los niños y de los que a ellos se parecen. Buenos Aires, s/e, 1921.         [ Links ]