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Cuyo

On-line version ISSN 1853-3175

Cuyo vol.28 no.1 Mendoza Jan./June 2011

 

ARTÍCULOS

Francisco Valsecchi y las peripecias de una axiología económica católica en la Argentina del siglo XX

Francisco Valsecchi and the Adventures of a Catholic Economic Axiology in 20thCentury Argentina 

 

Omar Acha1
UBA - Conicet

 


Resumen

El recorrido intelectual de Francisco Valsecchi (1907-1992) en la historia de las ideas económicas católicas muestra las inflexiones teóricas de una axiología derivada de la Doctrina Social de la Iglesia. Sin embargo, las condiciones históricas del desarrollo de una economía católica en la Argentina y las transformaciones sociales, económicas y políticas del periodo 1930-1970 incidieron sobre las tendencias conceptuales de aquella axiología en apariencia perenne. Para explicar los cambios operados en el pensamiento económico se sigue la trayectoria de Valsecchi. Se muestran las fases principales de sus posiciones, destacando tres momentos fundamentales coincidentes con los tres momentos de la economía católica en la Argentina. Al mismo tiempo se muestra la curva teórica de los economistas católicos que los aleja de una propuesta propiamente católica de una economía política para concentrar su punto de vista en la dimensión ética de las prácticas empresariales. La reconstrucción del recorrido intelectual de Valsecchi sostiene que el pensamiento económico católico revela el pasaje de una visión crítica de la economía predominante en 1930 a una funcionalidad con la propuesta en clave antipopulista por las clases propietarias en 1970.

Palabras clave: Pensamiento económico; Catolicismo; Axiología.

Abstract

The intellectual trajectory of Francisco Valsecchi (1907-1992) in the history of Catholic economic ideas shows the theoretical turns of an axiology derived from the Social Doctrine of the Church. Both the historical circumstances of a Catholic economic thought in Argentina and the social, economic, and political changes of the 1930-1970 period had an impact on the conceptual trends of this apparently perennial axiology. To explain the changes in the economic perspectives the main stages of his theoretical positions are studied, emphasizing the three key moments of Catholic economy. At the same time the article shows the theoretical path followed by Catholic economists from their original proposal of a political economy towards a view orientated to the construction of an axiology of business practices. Valsecchi's intellectual trajectory reveals the passage from a critical perspective of economy prevailing in the 1930's to an antipopulist point of view strongly related to the proprietor class in the 1970's.

Keywords: Economic Thought; Catholicism; Axiology.


 

La trayectoria intelectual del economista católico Francisco Valsecchi (1907-1992) es significativa para la historia del saber económico en la Argentina del siglo XX. La posición de su pensamiento en el itinerario de ideas católicas permite captar su biografía intelectual pero también ir más allá, revelando temas esenciales de la historia de los economistas católicos e, incluso, ilumina un aspecto fundamental del devenir del vínculo entre laicado, sociedad y cultura. Finalmente, la inclinación teórica de Valsecchi lo lleva a reflexionar sobre el fundamento axiológico de la economía cristiana; naturaleza ética que persistirá como suelo permanente en un cambiante proceso de adecuación del saber a las exigencias de la acumulación económica y el control social.

La perspectiva, que esperamos justificar, destaca un viraje del pensamiento económico católico desde una visión de conjunto interesada en definir una estrategia socioeconómica para el país, hasta otra concepción en la que se situó como una fuente intelectual de las clases propietarias en disputa contra la transformación operada por el peronismo. Parece útil subrayar el condicionamiento social en el que se desarrollan los discursos católicos sobre la economía, orientados a una cierta idea de un orden regido por el capital pero mediado por la moral. Dichos discursos jamás pierden de vista la corrección de una lógica económica liberal, cuyas bases en el plano de la propiedad, sin embargo, nunca son cuestionadas. La crítica del liberalismo y del "capitalismo", así como la permanente denuncia de los males del socialismo y del comunismo, habilitan una contención de algunas facetas del dominio del capital a través de una idea de la sociedad corporativizada y de una moderada regulación estatal.

Al menos hasta las profundas tensiones que habitan la cultura católica durante los años sesenta y setenta del siglo XX, la estrecha relación del catolicismo argentino con las clases propietarias prevalece sobre los esfuerzos por desarrollar una alternativa que acercara el activismo católico a las clases populares. Las claras conexiones sociales de la jerarquía eclesiástica con los estratos privilegiados no se modera entre las filas laicales; por el contrario, si con el paso del tiempo entre las cúpulas de la jerarquía se advierte el ingreso de personas con apellidos de origen inmigratorio, entre las élites de la Acción Católica, la más importante institución católica laical del siglo XX, la presencia de individuos y redes directamente ligadas con las clases propietarias es transparente. Algunas novedades al respecto comienzan a asomar, tímidamente, hacia fines de la década de 1950. El economista que estudiamos, por ejemplo, expresa la ampliación de las filas católicas, aunque confirma la homogeneidad social de sus rangos: el especialista en materia económica continúa ligado a la firma Valsecchi Hermanos, importadora de productos italianos.

Entre otras consecuencias decisivas, este condicionamiento social afectó la trayectoria institucional y teórica de los economistas católicos, pues por las mismas pertenencias, pero sobre todo por la vinculación interna entre su objeto de análisis y la prioridad del capital característica de la sociedad contemporánea, esos estudiosos asumen la imposición de las estrategias de la dominación social y de la apropiación del valor. Las fases de su historia siguen el ritmo de las interrelaciones entre Estado, economía, clases sociales y modos de dominio.

No obstante, esta composición del contexto de una historia de la economía católica es compleja. Las mencionadas conexiones de clase sostienen la trama de la funcionalidad del pensamiento económico de los economistas cristianos, pero no son ellas las que definen el discurso específico de la especialidad. Nuestra hipótesis al respecto propone que sólo después de 1955 el condicionamiento de clase se torna directamente eficaz, en la medida que se resigna la autonomía estatal pro reformista, identificada con el peronismo, y se vira hacia una perspectiva liberal que no quiere decir su nombre. Se constituye en lo que podríamos denominar un liberalismo en el armario o en el closet. Pero esto significa una novedad.

La construcción de un programa económico en la Argentina durante las décadas de 1920, 1930 y 1940 muestra dimensiones críticas significativas respecto de una estructura productiva y social articulada alrededor de las exportaciones de bienes primarios. De allí que contribuya, principalmente desde la usina intelectual organizada alrededor de la actividad del ingeniero Alejandro Bunge, en una importante medida a la constitución de un proyecto de reforma económico-social mediada por el Estado en los cruciales años del primer peronismo.

La trayectoria de Francisco Valsecchi es relevante porque cruza diversos planos de la construcción de la economía católica que se acaba de mencionar, con su proyección de entreguerras y la creciente disolución de su carácter crítico desde mediados del siglo XX. Valsecchi permite captar, además, las porosidades de una "economía católica" que jamás alcanza una formulación precisa. Existen algunas coagulaciones conceptuales dominantes, como las establecidas en diversos momentos por intelectuales como Alejandro Bunge y Carlos Moyano Llerena; sin embargo, la figura destacada de Valsecchi jamás encuentra morada en los temas enunciados por aquéllos. Su repliegue en las líneas más conservadoras del laicado y su adhesión plena a la autoridad eclesiástica facilita la ocupación de cargos decisivos, como los de experto en el Secretariado Económico-Social de la Acción Católica durante las décadas del treinta y cuarenta, en la Escuela Superior de Economía durante los años cincuenta, y en el departamento de Economía de la Universidad Católica Argentina en los años sesenta y setenta2

La primera obra importante de Valsecchi muestra su especificidad en un ámbito que sería erróneo identificar con la obra ya muy extensa de Alejandro Bunge. En su tesis doctoral titulada Problemi economici dell'Argentina (1929), ampliamente referenciada en los economistas católicos Giuseppe Toniolo y Francesco Vito, Valsecchi diferencia entre los problemas "primogénitos", que incluyen las dificultades demográficas, de la colonización y de los transportes. Los problemas "reflejos o derivados" comprenden la industria, los capitales extranjeros y la reforma monetaria (Valsecchi, F. 1929). La cuestión demográfica es fundamental, en un énfasis que recupera las apreciaciones de Bunge, cuyos libros publicados hasta entonces cita exhaustivamente3. En este plano, Valsecchi se congratula de la desaparición de la población negra. Como después de la Independencia cesa el ingreso poblacional, la Argentina permanece "preservada" de la "invasión" y el "cruce" con la raza negra, fenómenos que produjeron el "gravísimo problema" de la población mixta tal como aconteció en el Brasil y los Estados Unidos (Valsecchi, F. 1929, 165). Donde manifiesta una discrepancia con el planteo de Bunge es en la problemática de la industrialización y la política estatal para estimularla. Al respecto, sostiene que "la joven república deberá fundar su futuro desarrollo sobre la agricultura" y "por muchos años todavía no podrá dar una amplio impulso a las otras actividades", por lo que, continúa, "todas las condiciones, en este momento, concurren a hacer de la Argentina una nación eminentemente agrícola y un gran mercado mundial de aprovisionamiento de productos del suelo" (Valsecchi, F. 1929, 232). No obstante la claridad de estas expresiones, en las conclusiones Valsecchi no toma posición decidida al respecto, y por el contexto de su discusión es evidente que se sitúa en una posición conservadora respecto del esquema económico desarrollado desde 1860. Frente a la posición de Bunge, indica que las decisiones sobre la industria se hallan en una etapa de "estudio y discusión". Valsecchi mantiene a lo largo de su vida una vigorosa impronta teórica, bien distante de la definición de Bunge como un pensador a la vez que experto preocupado por las políticas estatales. Es razonable suponer que la crisis de 1929 y sus repercusiones inmediatas introdujeron urgencias para avanzar en ese estudio y discusión futuros, aunque no disponemos de documentos de una revisión explícita.

Retornado a la Argentina después de sus estudios doctorales (revalidados en la Universidad de Buenos Aires en 1931), Valsecchi forma parte del equipo de Gustavo Franceschi en el Secretariado Económico-Social de la Acción Católica Argentina, creado en 1934. Entonces se encuentra embarcado en lo que será su obra más importante: el Silabario social aparecido en tres volúmenes entre 1939 y 1943 (Valsecchi, F. 1939-1943). El trabajo de Valsecchi muestra en la temática del Silabario una continuidad del discurso económico con el sociológico, propio de Bunge y su escuela de pensamiento. La perspectiva general de Valsecchi, sin embargo, se apoya más claramente en una imaginación corporativa de la sociedad. Es por eso que al mismo tiempo desarrolla un publicismo a favor de las "profesiones". Propone fundar sindicatos cristianos entre la clase obrera, que serían contenidos por una corporación específica de cada rama de la producción o actividad social. De ese modo, la división "horizontal" en clases se organizaría de modo "vertical" con las corporaciones (Valsecchi, F. 1935). Pocos años más tarde Valsecchi continúa su activismo organizativo y discursivo a favor de la constitución de la Juventud Obrera Católica, en uno de cuyos órganos escribirá (Valsecchi, F. 1942a). Sus perspectivas se pliegan a los términos del catolicismo social impulsado por Franceschi, caracterizando la actividad del Secretariado Económico-Social en una línea de organización de sindicatos de mujeres y la promoción de reformas estatales.

El punto de vista económico prevaleciente en su tesis doctoral se modifica sensiblemente al avanzar la década de 1930. En un evento público ocurrido en 1937 admite que la industrialización es el rasgo más notorio de la evolución económica argentina: "La economía argentina en estos últimos años ha evolucionado mucho y se está encaminando rápidamente hacia nuevas formas: entre ellas va en primer término la industrialización del país". Es también de interés destacar que en esa ocasión subraya que si bien la doctrina social de la Iglesia se interesa por los problemas sociales derivados de la industrialización, respecto de las modalidades prácticas de su uso, los católicos "no poseemos todavía una tradición propia y debemos formar nuestra experiencia en las experiencias de los demás que nos han precedido en este campo [...]" (Valsecchi, F. 1937).

Valsecchi se encuentra por entonces plenamente integrado a las redes sociales de los economistas católicos que edifican su estructura organizacional más nítida: la Corporación de Economistas Católicos. También está conectado con el "grupo Bunge", de cuyo Instituto de Investigaciones, fundado en 1943, es colaborador. Sus textos de la época se consolidan en una línea luego inmodificada: la postulación de una perspectiva católica identificada como un "humanismo económico" estrechamente ligado a la reivindicación de la moral (un tema común a todos los economistas católicos, que celebrarán con el naciente reformismo protoperonista el regreso de la moral a la economía) y las preocupaciones sociológicas. Los efectos integradores del salario familiar, promovido desde su tarea en la Acción Católica, constituyen un tema recurrente de este periodo en su trabajo (Valsecchi. F. 1941, 1942b).

La primera década peronista encuentra a Valsecchi en el lote de los economistas católicos que pasan del entusiasmo al descrédito tardío. Como es sabido, para los profesionales católicos la alianza entre Juan Perón y la Iglesia parece refrendada por sus declaraciones sobre el origen de su política social y la continuidad de la educación religiosa en las escuelas (Belini, C. 2006). Los economistas de dicha orientación proveen al gobierno de capacidad técnica de estudio y planificación, especialmente desde el núcleo constituido en la Secretaría de Comercio. Ya en 1942, destacados miembros de la Corporación de Economistas y de la Revista de Economía Argentina continúan trabajando en distintas instancias gubernamentales hasta los meses terminales del primer peronismo. También el periodo iniciado en 1943 y continuado entre 1946 y 1955 tiene un capítulo significativo en las actuaciones académicas. En efecto, numerosos economistas católicos, como Valsecchi, César Belaúnde, Carlos Moyano Llerena y Emilio Llorens ocupan cátedras desde 1944. Durante el decenio de la hegemonía peronista comienzan a notarse entre los economistas divergencias al respecto, como la abierta oposición sostenida por el ingeniero Francisco García Olano. Las discrepancias entre los economistas católicos profundizan las razones para el estancamiento de su Corporación, que se había afiliado en 1947 a Pax Romana, el movimiento internacional de profesionales cristianos auspiciado por el Vaticano. Hacia 1955 la institución pierde el impulso mostrado desde 1937.

Una de las razones posibles de un escepticismo creciente reside en que el peronismo se ha apropiado del tono general de las ideas económicas católicas en su vertiente más reformista, no obstante, imprimiéndoles una identificación ideológica incompatible con la pretensión católica de ejercer la dirección intelectual y moral del nuevo gobierno.

La actitud positiva e incluso entusiasta ante algunas medidas pro industrialistas del peronismo inicial se ven empañadas por el hecho de que son dirigidas más allá del rubro de la industria liviana. Dieciocho meses después de iniciada la gestión peronista, un sector de los economistas católicos comienza a desengañarse de las expectativas despertadas por el peronismo, aunque la ausencia de cualquier alternativa viable y el apoyo continuado de la Iglesia lo constituye todavía en un aliado insustituible. Sin embargo, en ningún momento posterior a 1947 los economistas católicos se identifican con la concepción económica del peronismo. Cuando hacia 1950 Valsecchi se propone reescribir su obra Silabario social, el peronismo brillaba por su ausencia en la rediscusión de la relación entre economía y sociedad4. Una excepción es un trabajo suyo publicado por la Universidad de Buenos Aires sobre el Segundo Plan Quinquenal y el salario familiar, cuya imposición, aseguró, "vendrá a coronar la obra de justicia social en que está empeñado el Superior Gobierno de la Nación" (Valsecchi, F. 1953).

No obstante, de conjunto, se observa entre los economistas católicos una creciente aprensión por las derivas "demagógicas" del peronismo, inescindibles de la percepción, igualmente inexorable, de la autonomía que el movimiento peronismo adquiría con el correr de los años respecto de la inicial alianza con el catolicismo. Sigue vigente la argumentación por una alternativa al liberalismo y al socialismo, pero el peronismo no es mencionado como una alternativa válida.

Fue entonces que la vocación transformadora comienza a ser reemplazada por una tendencia conservadora y antipopulista, afectando sobre todo al papel del Estado antes pregonado. Las prevenciones contra el avance del Estado se traducen en una preocupación por la empresa, una especialidad que hace su camino tanto en la economía como en la sociología de inspiración católica. Valsecchi sostiene en una conferencia de 1950 que "en estos últimos años" se ha advertido la necesidad de introducir reformas en lo microeconómico. Respecto de la empresa dice, recuperando palabras recientes de Pío XII ante un grupo de empresarios italianos que "[d]emás está decir que la empresa pertenece al derecho privado y no al derecho público" (Valsecchi, F. 1950). Dos años más tarde, otra ponencia sobre la misma cuestión consolida la adopción del énfasis pro empresarial de la política del Vaticano5. Valsecchi defiende que en la postguerra se ha impuesto una tendencia a una mayor "valorización del trabajo en el seno de la empresa", lo que conduce a su reforma. La empresa es conceptualizada como una "coordinación" entre el capital y el trabajo, lo que permite desgajar la argumentación de una noción de empresa ligada al capitalismo, que todavía despierta recelos.

Valsecchi adhiere al esfuerzo católico por afirmar una concepción "humanista" de la propiedad privada y por negar el "derecho natural" de los obreros a participar de los beneficios empresarios y la administración. Serían atribuciones "que pueden ser convenidas entre trabajadores y empresarios mediante acuerdos mutuos voluntarios", aunque no, desde luego, impuestos por la legislación. En todo caso, la preeminencia de la propiedad privada puede ser corregida por la "función social" de la misma (Valsecchi, F. 1952a).

Pero esto no debe conducir a pensar que la coexistencia con el discurso peronista es serena. Por el contrario, la argumentación de Valsecchi no se abstiene de proponer temas difíciles de interpretar dentro de un clima "revolucionario" como el defendido por las élites peronistas. En trabajos preparados para eventos internos al asociacionismo católico, Valsecchi confirma la aspiración a inducir una "restauración social", en la que un término mal visto en la prosa peronista, la caridad, es decisiva:

[...] el orden social cristiano ha de establecerse sobre el fundamento del reconocimiento de Dios, y de la dignidad de la persona humana, y, mediante la estructuración orgánica de la sociedad a través de todos los cuadros sociales y la mayor difusión posible de la propiedad entre todos los hombres. Con este orden social cristiano, se logra así la libertad y la justicia, se concilia la justicia y la libertad. [...]. Pero esta conciliación entre la justicia y la libertad no podrá ser realizada si no hay una gran efusión de caridad. La caridad viene a ser como el alma de toda esta vida social, organizada de acuerdo con los principios del cristianismo (Valsecchi, F. 1952b).

Con el declive de la Corporación de Economistas Católicos durante la década peronista, la importancia de Valsecchi se incrementa. Un acontecimiento significativo del periodo es la fundación en 1951 de la Escuela Superior de Economía en el seno de los Cursos de Cultura Católica. Valsecchi es su decano y estímulo. Sobre ese núcleo, en el que conviven junto a Valsecchi, Moyano Llerena, Francisco García Olano, Emilio Llorens, Héctor Bernardo, Felipe Tami, César Belaúnde y Gabriel Meoli, se construirá luego la división Economía de la Universidad Católica Argentina. En su conferencia inaugural, pronunciada en abril de 1951, Valsecchi explica la "crisis" de la ciencia económica en la pretensión de autonomía absoluta y de exterioridad respecto de la ética. Esa concepción reposaba en un error porque hay una jerarquía de las ciencias, según la cual la teología prevalece sobre la filosofía, debajo de las cuales se hallan las ciencias sociales, y entre ellas la economía. Puesto que la teología contiene una dimensión moral, y particularmente de moral cristiana, la economía no puede evadir una subordinación a las metas de una ética social de origen teológico. El deber de los economistas católicos, en consecuencia, consiste en contribuir a la solución de los problemas argentinos bajo una "nueva ciencia económica", reconstruida a la luz de la filosofía católica y la teología cristiana, "porque las verdades del orden natural encuentran firme apoyo en las verdades de orden sobrenatural". Para lograr dicho objetivo la Escuela establece un currículo de cuatro años de estudios (Valsecchi, F. 1951). Las actividades de la Escuela se extienden hasta 1958. No obstante, como veremos con mayor detalle en la sección siguiente, la posición de Valsecchi y la influencia de su pensamiento fueron disímiles. Su discurso se tornaba cada vez menos actual. Su parecer era afín al de Octavio Derisi, quien deploraba la reducción técnica de la economía y reivindicaba un retorno a una visión tomista del mundo (Derisi, O. 1972, 54-55).

Son varias las razones que conducen al viraje teórico e ideológico del pensamiento económico católico después de 1955. A la crisis del catolicismo con el peronismo debe agregarse el reordenamiento de la situación mundial que conllevó la Guerra Fría. La ruptura final de la alianza de los sectores católicos con el peronismo en el período 1954-1955 parece confirmar las prevenciones de los más escépticos. En otras derivaciones, abre la puerta a una mayor desconfianza respecto de las fórmulas económicas orientadas hacia el mercado interno y una redistribución del ingreso. El cambio de orientación es explicado por las restricciones de la economía política del primer peronismo, que pronto revela sus límites en la apuesta por un mayor consumo popular como motor de la producción industrial. La preocupación por la "cuestión social" cede relevancia a favor de la búsqueda de un incremento de la productividad, que comienza a ser pensada como la condición de posibilidad de la "justicia social"; término que se torna cada vez menos ostensible en el léxico de la economía católica. Así lo muestra una intervención de Valsecchi en el Consejo Superior de la Asociación de los Jóvenes de la Acción Católica, un mes después del derrocamiento de Perón. En esa oportunidad llama la atención sobre la mentalidad del "trabajo" tras el "régimen peronista". Los rasgos de esa mentalidad son la pérdida de jerarquización, la desconfianza ante las nuevas autoridades, el resentimiento hacia otras clases y el odio a la Iglesia. Ante ello propone difundir la Doctrina Social de la Iglesia, crear núcleos sindicales similares a la JOC, favorecer la participación obrera en partidos políticos y propender a servicios sociales diocesanos y parroquiales (Valsecchi, F. 1955b).

Entretanto, los emplazamientos institucionales de los economistas católicos se diversifican. Las articulaciones en organizaciones mezclaban adscripciones culturales, religiosas, profesionales y de clase, de maneras diferentes y con frecuentes entrecruzamientos. Los espacios de coexistencia son múltiples, ya desde la segunda mitad de la década peronista, tales como la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE), la Acción Coordinadora de Instituciones Empresariales Libres o, luego, el Consejo Económico Argentino, diversas fundaciones, consultorías y universidades.

El postperonismo amplía los alcances de la actuación de Valsecchi, a pesar de que su eje sigue siendo el del mundillo intelectual católico. Un reconocimiento más amplio que el conferido en sus ámbitos de sociabilidad más estrecho permite que sea invitado a escribir en la conocida colección de divulgación publicada por la editorial Columba, entre una conspicua serie de firmas de conocido antiperonismo, un breve volumen sobre Qué es la economía (Valsecchi, F. 1955a).

Valsecchi, figura relacionada con la ACDE, es incorporado en 1956 a la Academia de Ciencias Económicas, donde ocupa el escaño antes utilizado por Bunge. En su discurso de incorporación, Valsecchi asegura proseguir la "inconfundible estela del saber y de la obra de Bunge". Concibe la meta de promover el "desarrollo económico nacional", que entiende adecuado para obtener estos resultados: "promover una producción más eficiente y abundante, favorecer una distribución más proporcionada y equitativa y conseguir una elevación efectiva del nivel de vida de la población" (Valsecchi, F. 1957, 21).

Con el acercamiento católico al universo económico pro empresarial y antipopulista se liman las asperezas teóricas con la perspectiva liberal, con la que se mantienen distancias teóricas de corte "ético" con débiles consecuencias en la noción de política económica. En la práctica se observan dos tendencias. Por un lado, los economistas se integran a los cuadros técnicos funcionales a la reforma económica sostenida bajo la perspectiva general de una desperonización de la Argentina. En ese plano participan del proceso de profesionalización de los economistas y de la conformación de espacios de interlocución autónomos. Así sucede que en la conformación en 1957 de la Asociación Argentina de Economía Política coexisten liberales, nacionalistas y católicos, tales como Juan E. Alemann, Roberto T. Alemann, Julio Broide, Benjamín Cornejo, Aldo Ferrer, Francisco García Olano, Juan José Guaresti (h.), Carlos C. Helbling, Carlos Moyano Llerena, Julio H. G. Olivera, Federico Pinedo, Oreste Popescu, Ovidio Schiopetto y Valsecchi. Al mismo tiempo, con la autorización de la emisión de títulos oficiales por universidades privadas se inicia un proceso de acumulación sistemática de intelectuales que habría de tener una notable incidencia en las décadas posteriores. El primer núcleo de la nueva red académica, constituida en la Universidad Católica Argentina, cuenta con la guía de Valsecchi y Moyano Llerena.

El postperonismo supone, entonces, una vigorización de la tendencia pro empresarial dentro de un discurso católico global que afirma el equilibrio entre capitalitas y trabajadores. Dentro de tal perspectiva, el significado católico del tema empresarial deposita en los propietarios de capital una afinidad incuestionable. Es lo que muestran las Terceras Jornadas Nacionales de Profesionales de Acción Católica, realizadas en noviembre de 1958 en Mendoza, dedicadas a los "Problemas humanos de la empresa". Los intelectuales de orientación económica tienen una importante participación (Valsecchi, Francisco García Olano, Belaúnde, Miguens). La alocución de Valsecchi reitera el conocido motivo de la empresa como "unidad económica" de coordinación. De acuerdo con esa definición, "la empresa ha existido siempre". Pero en la época moderna es necesario imprimirle una "finalidad humana y cristiana", con la que alcanzaría la "perfección completa". En efecto, la empresa se consolida como el sujeto social predilecto de la economía católica: "La empresa, que es el personaje más importante de la vida económico-social moderna", asegura Valsecchi, "debe estar, pues, impregnada de un alto sentido humano y cristiano, si quiere ser un eficaz elemento de orden en este mundo convulsionado" (Valsecchi, F. 1958).

En contraste con un pensamiento más orientado a las decisiones de política económica, como el de Carlos Moyano Llerena, el pensador económico más importante de las dos décadas que siguen a la caída del peronismo, Valsecchi continúa especializado en la argumentación teórica, con muy remotas pero no por eso menos claras consecuencias para la toma estatal de decisiones. El tema que ocupa un espacio creciente es, como en Moyano Llerena, el del "desarrollo", que se sobreimpone sobre la más tradicional cuestión social orientada al consumo de las clases populares. Lo mismo sucede con otro asunto tradicional del paradigma bungeano: las desigualdades entre las regiones del país. En un informe preparado para la Acción Católica en 1962 a la luz de la encíclica Mater et Magistra, Valsecchi señala que las encíclicas sociales anteriores están centradas en el "desequilibrio" entre la clase obrera y la clase patronal, brújula que había orientado, siempre según Valsecchi, la promoción por parte del laicado organizado de la legislación y la ayuda sociales. Ahora el foco en los desequilibrios de sectores regionales en materia productiva está asociado al "desarrollo económico". Este desarrollo no debería ser un fin en sí, sino que debía procurar la armonía entre los intereses y las múltiples desproporciones, de manera que el progreso económico se distribuyera equitativamente (Valsecchi, F. 1962).

Durante la década de 1960 se advierte en Valsecchi una sujeción, sin fisuras, a la jerarquía eclesiástica explícitamente identificada con la política de las clases dominantes y las fuerzas armadas6. Incluso en su actuación en la gestión institucional en la Universidad Católica Argentina, donde llega al decanato de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, se halla en las filas de los sectores más intransigentes ante actitudes más flexibles, como las adoptadas por figuras como José Enrique Miguens. La problemática de la empresa se ha constituido por entonces en el tema decisivo dentro de una perspectiva en la que no es tanto un "objeto de propiedad", como una "verdadera comunidad de personas" en la que trabajo y capital cooperan "en la obra común de producir bienes y servicios necesarios a la sociedad", promoviendo por lo tanto la colaboración de clases (Valsecchi, F. 1967).

La dictadura militar implantada en 1976 contó con el asentimiento y aún el apoyo de los economistas católicos, que así constituían una tradición, pues habían colaborado con todos los gobiernos de facto desde 1930. Las aceitadas conexiones con la alianza de las clases propietarias y el gobierno castrense, por cierto, contó con la anuencia de los economistas católicos y Valsecchi entre ellos. La inequívoca inclinación hacia el empresario emerge en su respuesta a una encuesta promovida por Germán Bidart Campos en la revista de la Universidad Católica Argentina, El Derecho, en 1979. Allí sostiene que "el Estado debe 'dejar hacer' lo que la iniciativa privada es capaz de hacer sola, debe 'ayudar a hacer' lo que la iniciativa privada por sí misma no alcanza a hacer, y 'debe hacer' lo que la iniciativa privada no puede o no debe hacer"7.

Esto mismo puede ser observado en un evento como la Primera Conferencia sobre Modernización Industrial realizada en noviembre de 1980. Auspiciada por la Secretaría de Estado de Desarrollo Industrial, cuyo titular era el licenciado Alberto L. Grimoldi, contó con la palabra de Valsecchi en su sesión inaugural, en su calidad de vicerrector de la UCA. Valsecchi habló en compañía del presidente de la reunión, el ingeniero Manuel R. Sacerdote y el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz. El argumento del vicerrector seguía orientado por las palabras de Pío XII brindadas a los dirigentes de empresa en enero de 1952.

Este recorrido indica, con las particularidades de una figura muy singular como Francisco Valsecchi, las tendencias de largo plazo en la economía católica del siglo XX.

Su fase fundacional, estrechamente ligada al programa teórico de Bunge, aspira a una conservación de la sociedad de un modo dinámico. Bunge propone una reforma industrialista que altere la prevalencia de la producción agropecuaria y modifique las condiciones socioeconómicas del país. Por lo tanto, destaca una distancia con una fórmula económica, cuyas contrariedades serán perceptibles desde 1930. En un segundo momento, posterior al fallecimiento de Bunge y el calor de la experiencia peronista, una opinión católica contribuye a desplegar un programa de cambio hacia la industrialización, combinada con la satisfacción de demandas sociales. Aunque existen algunos indicios de desacuerdos previos, después de 1955 se impone otra perspectiva. La noción de "desarrollo" complementada con la aceptación de una fuerte coerción estatal ante las fuerzas desestabilizadoras inclina a los economistas católicos a distanciarse plenamente del esquema populista. Como en otros casos -el de Moyano Llerena, a pesar de sus grandes diferencias intelectuales, es ilustrativo- en Valsecchi se advierte la fractura que el peronismo inscribió en el proyecto de un reformismo católico en lo económico y lo social. Tras 1955 el pensamiento económico católico conserva una impostación "ética" ante la primacía inmoderada del capitalismo, pero distingue esto del derecho empresarial a prevalecer sobre la intervención estatal. En el contexto político argentino esto no significa otra cosa que la conformidad con la liberalización económica y la destrucción de los aspectos de integración social desplegados estatalmente por el peronismo. Muestra, a la vez, la perseverancia en el sostenimiento de una cierta filosofía ética o axiología de la economía y los condicionamientos históricos que operan sobre el reino de las ideas.

Notas

1- Universidad de Buenos Aires/CONICET. <omaracha@gmail.com>

2- Una ubicación de Valsecchi en el panorama de las ideas económicas en: Fernández López, M. 2001.

3- Otros textos de producción local en la bibliografía de la tesis de Valsecchi que pueden ser mencionados son: Ernesto Tornquist, El desarrollo económico de la República Argentina en los últimos cincuenta años (1920); Atilio Dell'Oro Maini, El impuesto a la renta (1920); Alejandro Shaw, La escasez de numerario y la crisis de nuestro sistema monetario y bancario (1925); Emilio Coni, El proteccionismo y la solidaridad nacional (1927); Gastón Lestard, Orientación monetaria argentina y programa bancario (1928).

4- Ver los borradores del libro, previsto para su salida por la editorial Kapelusz en 1950, en Archivo Valsecchi, 8/44. Comparar con Valsecchi. F. 1939-1943.

5- Tres alocuciones de Pío XII son fundamentales: el 7 de mayo de 1949 ante la Unión Internacional de Asociaciones Patronales Católicas; el 3 de junio de 1950, en el Instituto Internacional de Ciencias Sociales y Políticas; el 31 de enero de 1952, ante la Unión Cristiana de Dirigentes de Empresa.

6- El 17 de mayo de 1967, monseñor Bonamin y Valsecchi hablaron sobre la encíclica Populorum Progressio (26 de marzo de 1967) ante el Comando en Jefe del Ejército. Ver el texto de Valsecchi, en su archivo, 8/44.

7- Germán Bidart Campos solicita la opinión el 28 de noviembre de 1978; Valsecchi responde el 26 de febrero de 1979. El texto aparece en la Revista en enero de 1980. Ver Archivo Valsecchi, 6/31.

Bibliografía

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