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Argos

versão On-line ISSN 1853-6379

Argos vol.34 no.1 Bahía Blanca jan./jun. 2011

 

ARTÍCULOS

Roma en Chile: sobre la proyección del mundo antiguo en la Conquista de América

 

Irene M. Weiss

Johannes Gutenberg-Universität, Mainz

weissds@uni-mainz.de

 


Resumen

En la historiografía oficial, el proyecto imperial de Carlos V incluye tanto la consolidación de la identidad nacional de España como la legitimación de la Conquista del Nuevo Mundo. Roma y los romanos sirven en uno y otro caso de modelos. La dobre función que consecuentemente cumple la imagen de Roma hace de ella un símbolo polivalente: en algunos casos refleja al enemigo de los españoles en el período pre-romano; en otros, la eficiente fuerza civilizatoria de los conquistadores. Un caso especial lo ofrece la plasmación de la Conquista de Chile en La Araucana de Ercilla, obra en la que inclusive los romanos, que como conquistadores aventajan a los españoles, pueden aprender de las virtudes del indígena araucano.

Palabras clave. Roma; Historiografía; Mito; Pueblos indígenas; Ercilla.

Abstract

In the official historiography, the imperial project of Charles V includes the consolidation of a national Spanish identity as well as the legitimation of the Conquest of the New World. Rome and the Romans serve in both cases as a model, and so the image is used consequently as polyvalent symbol: sometimes it reflects the enemy of the pre-roman Spaniards, sometimes the advantageous civilizing force of the conquerors. A special case is offered by the reflection of Chile's Conquest in Ercilla's La Araucana, where even the Romans should learn from the virtues of the indigenous people.

Keywords. Rome; Historiography; Myth; Indigenous people; Ercilla.


 

I.

¿Cómo se produce la memoria histórica, cómo se llega a escribir sobre lo ocurrido, cómo se "historifica", en una palabra, lo vivido o lo oído? ¿Qué hechos se seleccionan, según qué procedimientos, cómo se sopesan y evalúan, y sobre todo, cómo y en qué tipo de narración historiográfica se los integra? Y en caso de que no se trate ni de lo visto ni de lo oído (visum et auditum), ¿qué fuentes se utilizan, con qué criterio se las elige, cuál es la mirada que esas fuentes determinan o condicionan?

Los textos historiográficos medievales y renacentistas peninsulares permiten afirmar que la idea de Roma, tal como aparece reflejada en diversas etapas de su desarrollo en los mismos escritores romanos, acompaña, impregna y sella en gran medida la presentación que ofrece España de la propia historia, desde su resistencia a la colonización romana en los siglos III y II a.C. hasta el momento de autorreflexión al que la lleva el enorme movimiento expansivo colonizador del siglo XVI. Precisamente es en la Conquista de América donde el impulso del modelo y exemplum romano resulta en más de una ocasión polisémico e incluso paradójico, defraudando así las expectativas puestas en él como instrumento de comprensión y exposición de las nuevas realidades antropológicas que España quiere integrar a su Imperio. Chile, en el extremo sudoeste americano y uno de los últimos territorios conquistados, terreno de los más virulentos enfrentamientos entre indígenas y españoles, obliga a revisar una vez más la aptitud del modelo historiográfico romano en la lectura de las nuevas realidades1.

La realización de la idea imperial de Carlos V (1519-1558), I de España (1516-1556), se logró a partir de acciones, de hechos alcanzados a través de ellas, de la fijación, en fin, de estos logros en imágenes y en textos. Así, en Europa, y especialmente en España, estuvo acompañada por crónicas, por trabajos historiográficos, por poemas histórico-encomiásticos, por monumentos y retratos de grandes pintores que plasmaron para la posteridad la figura del gran monarca. Dentro de este programa de afirmación imperial, Florián de Ocampo, cronista oficial del Emperador Carlos V, publicó en 1541 una versión revisada de la Primera crónica general de España de Alfonso X, una compilación de fuentes antiguas y medievales2. En la crónica alfonsina, España quedaba integrada en la historia universal, que para Alfonso X se desarrollaba en cuatro grandes ciclos: Babilonia, Cartago, Macedonia y Roma. Dado que Roma había desplazado a los cartagineses del territorio español en el siglo III a.C., España quedaba incluida en el último de estos ciclos, en el romano. En la Crónica general de Alfonso el Sabio, entonces, no se plantean dudas sobre el papel civilizador que ejerce Roma en la península. Pero esta perspectiva cambia en los Cinco libros primeros de la corónica de España, publicados bajo la autoría del mismo Ocampo en 15533 y que luego continúa, en la Corónica general de España de 1574 y 1577, su sucesor Ambrosio Morales, cronista de Felipe II. Morales, según aclara en el prólogo, retoma en el punto en que había dejado Florián de Ocampo. Ambos amplían sus fuentes con la lectura de Polibio y de Tito Livio, Morales declara haber consultado además a Apiano Alejandrino, Valerio Máximo, Veleyo Patérculo, Cicerón, Paolo Orosio, y estas lecturas les llevan a dar un giro en la perspectiva historiográfica. El resultado: ambas crónicas evidencian la clara voluntad de dar testimonio de la existencia de una identidad española ya desde las lejanas épocas de Viriato y de Numancia4. Sobre todo Morales insiste en añadir otros casos, como el de los catalanes Indibil y Madonio, que confirman su interpretación de que la resistencia al avance romano es una forma de defender la propia libertad y de no aceptar el sometimiento a un poder extranjero. Dice Morales:

[...] Sólo España tardó en ser sujeta por los romanos más de doscientos años, sin que jamás en todo este tiempo ellos pudieron decir, ya está sujeta España, ya está tan pacífica esta parte de ella, que no habrá más que guerrear de nuevo allí: sino que lo que por más seguro tenían, eso se les levantaba primero, y nunca palmo de España fue tan de romanos, que muchas y muchas veces en todo este largo tiempo no dejase alguna vez de ser suyo5.

Y luego, tras citar como fuentes a Lucio Floro y Estrabón, quienes dan cuenta de levantamientos sucesivos en diferentes partes de España:

Era sin duda por el amor natural que tienen los hombres a su libertad, con deseo de cobrarla, cuando la tienen perdida. Y en particular nosotros los españoles con tener más vigor en el alma para procurarla, tenemos también más ferocidad para poder sufrir la sujeción. Y como hay en nosotros universalmente alto denuedo para dexar grandeza y señorío, así hay muchos bríos para escapar de la servidumbre6.

A este amor a la libertad se agrega el inigualable valor de los españoles, evidente sobre todo en la defensa de Numancia:

Y volviendo los ojos al valor con que mantuvo esta guerra con los romanos, y al estrago que en ellos hizo, veremos que tuvo mucha razón Marco Tulio de llamarla espanto y terrible miedo del imperio romano7.

España, los españoles y el repetido "nosotros" señalan la distancia que toma Morales de la distante rigidez de la crónica alfonsina8: en el siglo XVI, con toda evidencia, se puede leer la historia de España como un proceso dinámico y ver en aquellos españoles de los siglos III y II a. C. a los legítimos antecesores de los españoles contemporáneos.

II.

Esta doble recepción de España y del Imperio romano como términos de comparación complementarios o incluso en algunos casos excluyentes del creciente Imperio español, que en los casos de Ocampo y Morales, por provenir de cronistas del rey, son indicadores de la nueva apertura iniciada ya con los Reyes Católicos, se transforma en una de las claves de interpretación de la doble lectura del modelo romano que habría de llegar a su culminación dialéctica en la controversia de Valladolid, en 1550. Esta disputa de nivel académico enfrenta, como es sabido, dos posiciones: la de quienes defendían, con Juan Ginés de Sepúlveda a la cabeza, el derecho de España de someter a los indígenas americanos, de ser necesario inclusive por las armas, y la de quienes abogaban por los derechos de los indígenas. Como ha sido largamente estudiado por González Gutiérrez y Lupher9, unos y otros recurren a la idea de Roma para cimentar su posición: Sepúlveda, defensor del impulso cultural de la expansión romana, la presenta como imagen constructiva de comprensión de las acciones del Imperio español en América; Las Casas, junto con otros dominicos de la Escuela de Salamanca como Domingo de Soto o Melchor Cano, seguidores todos de las enseñanzas de Vitoria, tiende a presentarla como contraimagen que permite deconstruir la acción de España en el Nuevo Mundo. El enfrentamiento pone en evidencia la necesidad, de una y otra parte, de incluir la nueva realidad americana en una determinada perspectiva historiográfica10. En ambos casos, el espejo histórico de que echan mano11 proviene de historiógrafos, filósofos y poetas de la Antigüedad que en sus obras ilustran la expansión romana o reflexionan sobre la actitud de Roma frente a los pueblos vencidos o conquistados. Interesan especialmente aquellos cuyos ejemplos parten de paradigmas culturales y civilizatorios.

Las principales afirmaciones que sirven para estructurar la comparación entre Roma y España en el siglo XVI se pueden resumir en cuatro ejes fundamentales: (1) por un lado está la dimensión antropológica de la Roma originaria, todavía rústica, tal como la presenta Cicerón en De re publica12: también Roma tuvo un comienzo y luego fue creciendo hasta llegar a la edad adulta13. (2) Por el otro está la dimensión moral de la Roma encarnada por la romanitas, resumida emblemáticamente en el tan citado pasaje de Eneida VI 850-851, donde se le encomienda al romano: pacique imponere morem, / parcere subiectis et debellare superbos. Como contraparte ética, esta perspectiva incluye una decidida autocrítica, tal como la presenta, por ejemplo, la omnipresente invectiva de Salustio contra la avaritia -nuestra "codicia"- en Bellum Catilinae, crítica que Virgilio vuelca en la metáfora de la auri sacra fames14. (3) Más allá de esto surge con el Cristianismo la dimensión política de la Roma encarnada por la civitas terrena frente a la civitas caelestis, según la oposición que propone San Agustín en De civitate Dei. (4) A las tres anteriores se agrega finalmente la dimensión sobrenatural de la Roma cristiana, a partir de Constantino (313 d. C.)15.

Cada una de estas dimensiones presenta dos caras, porque por un lado existe siempre una interpretación que ilumina positivamente la acción de España en América, por el otro, sin embargo, hay otra que la oscurece. Roma puede de esta forma tanto legitimar como deslegitimar la Conquista. Así, para los dominicos que prepararon por medio de numerosos escritos la controversia de Valladolid, Roma aparece como modelo negativo de la España invasora de América; a los indígenas, en cambio, los equiparan a los valientes españoles que defendieron justamente su propia tierra, su patria, del avance conquistador romano16. En Valladolid, Las Casas insiste en la imagen antropológica de una Roma que en sus orígenes es primitiva; en esta medida son sus habitantes legítimo término de comparación del indígena americano. Este argumento le sirve para liquidar la imagen idealizadora de Roma, de neta utilidad política, que difunde Sepúlveda. Pero las imágenes contrastantes no necesitan representar dos voces enfrentadas: inclusive un mismo pensador puede presentar el ejemplo de Roma desde perspectivas opuestas. Tal es el caso precisamente de Sepúlveda, quien aunque por regla general enaltece la acción civilizadora de Roma en España, en otros momentos exalta la valentía de Viriato defendiendo el suelo ibérico en el siglo II a.C. o la resistencia de Numancia al avance romano17. Mitificación y desmitificación histórica, sea de España, sea de Roma, se transforman así en estrategias en alternancia según quién y cuándo las utilice18.

Cada posición, cada argumento encuentra apoyo en textos antiguos, como no podía ser de otra forma en hombres del Renacimiento. Pocos, sin embargo, han pisado el Nuevo Mundo. De todo el grupo de eruditos dominicos, sólo Las Casas tiene una larga experiencia en América, primero como encomendero, luego como monje en Santo Domingo, Cuba, Venezuela, y como obispo de Chiapas. Esto da pie a un segundo momento en la recepción de Roma: el de los textos etnográficos latinos que ofrecen una lente de visión para mirar al "otro" en el lugar mismo de la Conquista. Si bien el paralelismo no es completo, conviene aquí recordar que también de César se cuenta que fue a conquistar Galia llevando en su equipaje el estudio etnográfico de Posidonio sobre los celtas. En el caso de la Conquista de América, poco interesaba en la práctica lo que Todorov llama la cuestión del "otro", es decir quién era en realidad el habitante del Nuevo Mundo19. Son escasísimos los intentos de diálogo con los nativos: el esfuerzo por presentar la visión azteca se encuentra sólo en las obras del franciscano Bernardino de Sahagún y del dominico Diego Durán, preocupados por hacer entrar en diálogo la voz indígena20. Para la generalidad de los conquistadores, en cambio, que seguían los decretos del monarca, o para los misioneros, el indio debía ser cristianizado, es decir "aculturado". Y así, un libro como la Apologética historia de Bartolomé de Las Casas, que sigue los modelos etnográficos de la Antigüedad21, tiene como objetivo la cristianización del indígena; he ahí su utilidad22. Lo mismo se puede decir del camino elegido por muchos cronistas, quienes, cuando se trata de hacer entrar al indio en la lente historiográfica, de ordenar lo visto y oído y de describir los nuevos pueblos con los que se encuentran, se apoyan en la estructura compositiva de los modelos -geografía, pueblo/gente, thaumásia- sean éstos los excursos en los Comentarios de César o en Tito Livio, o la redescubierta Germania de Tácito, un texto de gran popularidad en el Renacimiento. Exceptuando contadísimos casos, la "individualidad" del indígena sólo puede expresarse en el molde que aportan los textos prestigiosos.

III.

            Precisamente aquí es donde se inserta en nuestro discurso la comparación con Roma en la conquista de Chile, conquista que por un lado queda reflejada en textos pragmáticos, como las Cartas de Pedro de Valdivia o la Crónica de Gerónimo de Vivar, por otro en un poema histórico, La Araucana de Alonso de Ercilla23. En 1540 comienza Pedro de Valdivia la Conquista de Chile. Del período 1545-1552, año en que los indígenas toman prisionero y matan a Valdivia, quedan once cartas, casi todas dirigidas al Emperador Carlos V y al Príncipe Felipe24. Son textos que, como las crónicas, siguen un esquema relativamente preciso, pues su función es informar a la corona de las características particulares y las posibilidades de usufructo del territorio a conquistar o ya conquistado25. Son informes sobre la calidad de las tierras, la fundación de fuertes y ciudades, la lucha y eventualmente la sumisión de algunos indígenas y principalmente sobre el oro que comienza a extraerse de las minas26. Falta todo interés etnográfico o antropológico por los indígenas y sólo en dos ocasiones repite una referencia a la historia romana, la venganza de la muerte de Julio César por parte de Octavio, para ilustrar el grado de la acción emprendida por Vaca de Castro contra los asesinos de Francisco Pizarro.

De mayor interés es la Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reinos de Chile de Gerónimo de Vivar, finalizada en 1558 y de segura difusión como texto manuscrito en la segunda mitad del XVI y principios de XVII27. El interés etnográfico por los indígenas no se reduce a una simple descripción de lo que el cronista ve u oye, sino que en diversas ocasiones aparecen comparaciones con pueblos conocidos. El objetivo de estas comparaciones es ajustar a los ojos europeos la lente con que "ver" a los habitantes de la región, pero reflejan además la intención del cronista, que busca una determinada recepción en el lector. Así, al relatar el encuentro con los nativos del valle de Copiapó, en el norte de Chile, el pueblo referente de los indígenas es el Medio Oriente invasor de Grecia, representado por Aliate. En cambio en el caso de los mapuches, los naturales de la zona del Bío Bío, el referente es el valiente español que se resiste a la conquista romana. Dice Vivar:

En lo qual me pareçe a mí, en los ardiles que tienen en la guerra y orden y manera de pelear, ser españoles quando eran conquistados de los romanos. Y asy estan en los grados y altura de nuestra España28 

La fructífera comparación remite a la exaltación del "patriotismo ibérico" tal como se encuentra en Florián de Ocampo y en Ambrosio Morales29, o inclusive en el mismo Sepúlveda, como se vio más arriba. Pero con la diferencia de que en Vivar los que defienden su tierra con habilidad y táctica bélicas son ahora los araucanos y no los españoles; estos últimos corresponden en Vivar mucho más al conquistador romano. Los guerreros nativos quedan de este modo a la prestigiosa altura de los españoles de "nuestra España", que en este caso es la de la resistencia al avance romano y no la España que extiende su Imperio en territorio americano.

Justamente es la defensa de la propia tierra el punto en que se centra el segundo pasaje de comparación, esta vez entre araucanos y numantinos. Allí un indígena mapuche, a quien los españoles han cortado ambas manos, arenga a los suyos para que defiendan su "patria". El cronista encuentra tal actitud digna de compararse con "aquellos antiguos numantinos quando se defendian de los romanos"30. Este texto completa a su vez un elogioso aserto precedente de Vivar, quien al razonar sobre la condición que impele a los araucanos a la defensa de la patria, afirma que es su deseo de libertad. Deseo que, como se ha visto repetidamente, motivaba la lucha de Viriato y de las poblaciones de Sagunto y Numancia no sólo en las en las crónicas de Ocampo y Morales, sino inclusive en Sepúlveda31. Dice el pasaje de Vivar:

[...] viendo [los indígenas] el trabajo que tenian, porque era el primer año que les avian echado a sacar oro, acordaron levantarse, no como yndios, syno como gente que entendian, y que procuravan verse libres32.

Aunque sin la fuerza de la invectiva anti-romana de Las Casas o de Morales, Vivar adopta en estos pasajes, los únicos en los que remite a la imagen de Roma, una posición que lo acerca a la de los dominicos salmantinos. Pero, como hace notar Lupher33, en lugar de poner énfasis en el sufrimiento de los invadidos, pone el eje de su comparación en la gran destreza y valor guerrero de ambos pueblos.

IV.

Alonso de Ercilla (1533-1594), humanista y hombre de vastísimas lecturas, en su niñez y adolescencia paje y compañero de juegos del futuro Felipe II, luchó como soldado en Chile desde mediados de 1557 hasta 1558. En 1569, casi diez años después de su regreso a Madrid, publicó la Primera parte de su poema épico La Araucana, a la que siguieron una Segunda en 1578 y la Tercera en 1589/90. Esta obra tiene poco que ver con la prosa ancilar de un cronista, pero coincide con Vivar en la alta valoración de los araucanos. Es lo que le interesa destacar en su programa poético, resumido en las dos primeras estrofas del poema: el valor y esfuerzo de españoles y araucanos en las luchas en territorio chileno. Dado que Vivar, como se vio más arriba, terminó su Crónica en 1558 y probablemente en el lugar de los hechos, no es de descartar que los dos hombres se hayan inclusive conocido y que hayan compartido experiencias con la soldadesca  que acompañaba a García Hurtado de Mendoza34. Dicen las dos primeras estrofas de La Araucana:

No las damas, amor, no gentilezas
de caballeros canto enamorados,
ni las muestras, regalos y ternezas
de amorosos afectos y cuidados;
mas el valor, los hechos, las proezas
de aquellos españoles esforzados,
que a la cerviz de Arauco no domada
pusieron duro yugo por la espada.

Cosas diré también harto notables
de gente que a ningún rey obedecen,
temerarias empresas memorables
que celebrarse con razón merecen,
raras industrias, términos loables
que más los españoles engrandecen
pues no es el vencedor más estimado
de aquello en que el vencido es reputado.

Al poema de Ercilla, que al menos parcialmente es un relato de lo visto y oído, le cabe la responsabilidad de la difusión por la Europa del Imperio español (la península ibérica, Flandes e Italia) de la imagen altamente positiva de los indígenas araucanos35. Sin duda constituye además la culminación estética de la reiterada comparación de Roma y España36. Pero la obra no se limita a la exaltación de la valentía araucana en la defensa de la propia tierra, sino que tiene otros elementos de recepción de fuentes antiguas y contemporáneas que sin duda contribuyeron a su inmenso y sostenido éxito editorial de más de un siglo37.

Ya en el prólogo a la primera Parte justifica el poeta su elogiosa  presentación de los araucanos -"Si a alguno le pareciere que me muestro algo inclinado a la parte de los araucanos"-, que podría parecer demasiado extensa para quienes en definitiva son "bárbaros", argumentando que pocos les pueden aventajar en "crianza, costumbres y modos de guerra"38. Por un lado, en el nivel de vida que Ercilla les asigna, parece resonar el pasaje del De Legibus I, 24-28 donde Marcus, partiendo de la consideración de la razón humana como un bien que el hombre tiene por naturaleza, que lo aleja de los animales y lo asemeja a los dioses, le reconoce a todo hombre el derecho natural. El hombre está creado para la justicia; el derecho humano se funda en la naturaleza misma del hombre. Pero además el concepto de "bárbaro", que en el prólogo de Ercilla designa a los no cristianos, conserva el sabor de la alteridad que tenía en los textos etnográficos y que también se aplicaba a los españoles antes de que los romanos conquistaran la Península39. Ercilla lo utiliza con una restricción irónica: si les otorga a los araucanos más espacio del que se considera adecuado a "bárbaros" es porque en definitiva, por su cultura y por su amor a la patria y a la propia libertad, son semejantes a otros pueblos avanzados. La equiparación que presenta en las primeras dos estrofas introductorias del poema entre los valientes araucanos y los "esforzados españoles" puede explicarse por un principio de economía épica: el enemigo tiene que tener altura heroica. Pero, más allá del parangón con el enemigo concreto, los araucanos merecen compararse, por su valeroso sacrificio por la patria, con los más famosos romanos, a quienes inclusive superan, porque la virtud de los nativos no tiene un fin más allá de sí misma. Dice el poeta:

No los dos Publios Decios, que las vidas
sacrificaron por la patria amada,
ni Curcio, Horacio, Scévola y Leonidas
dieron muestra de sí tan señalada,
ni aquellos que en las guerras tan reñidas
alcanzaron gran fama por la espada,
Furio, Marcelo, Fulvio, Cincinato,
Marco Sergio, Filón, Sceva y Dentato.

Decidme: estos famosos ¿qué hicieron
que al hecho deste bárbaro igual fuese?;
¿qué empresa o qué batalla acometieron
que a lo menos en duda no estuviese?;
¿a qué riesgo y peligro se pusieron
que la sed de reinar no los moviese
y de intereses grandes insistidos
que a los tímidos hacen atrevidos40?

La segunda estrofa apunta a este nuevo motivo: la superioridad moral del araucano sobre los mismos romanos, quienes no aparecen aquí como prisma para comprender la expansión imperial, sino como ejemplo del alcance que puede tener "la sed de reinar". El grado de incidencia del modelo romano para la justa percepción de la actualidad histórica, concretamente la de la conquista del sur de Chile, alcanza con el ajuste de esta nueva lente su punto culminante.

Los momentos descriptivos del primer canto de La Araucana41 son deudores de la literatura etnográfica clásica, particularmente de la Germania de Tácito: se ocupa de la geografía chilena, de su gente, de lo que la caracteriza. Los araucanos son valerosos guerreros, como los germanos, lo que el poeta ilustra con una detallada información sobre sus armas ofensivas y defensivas; insiste además en la importancia de las asambleas para tomar decisiones que incumben a todos, y en el predicamento que tienen entre los indígenas los adivinos y agoreros. Pero hacia el final del canto I se sale del modelo etnográfico y se vuelca a una primera crítica moral contundente a los conquistadores, a quienes los araucanos han creído dioses por vía de accesorios como el caballo y las armas de fuego. El comportamiento "demasiado humano" de los españoles despierta a los indígenas de su error, con lo que pasan a transformarse en instrumento de la Divina Providencia:

Crecían los intereses y malicia
a costa del sudor y daño ajeno,
y la hambrienta y mísera codicia
con libertad paciendo, iba sin freno.
La ley, derecho, el fuero y la justicia
era lo que Valdivia había por bueno:
remiso en graves culpas y piadoso,
y en los casos livianos riguroso.

Así el ingrato pueblo castellano
en mal y estimación iba creciendo,
y siguiendo el soberbio intento vano,
tras su fortuna próspera corriendo;
pero el Padre del cielo soberano
atajó este camino, permitiendo
que aquel a quien él mismo puso el yugo,
fuese el cuchillo y áspero verdugo42.

Esta nueva vuelta de tuerca en la compleja metafórica de inserción de la nueva realidad en el discurso histórico europeo puede tener en Ercilla otra fuente de inspiración además de los textos clásicos ya citados, como Salustio o Virgilio. Quiero remitir aquí a un breve escrito de gran difusión en el siglo XVI y que, en su claro enjuiciamiento moral de la conducta de los romanos en los nuevos territorios conquistados, ofrece por un lado una nueva perspectiva en la recepción de la Germania de Tácito en la península ibérica, por el otro un analogon ficcional para denunciar el comportamiento de los españoles en América. Me refiero a "El villano del Danubio", de Antonio de Guevara, también él cronista del Emperador. El texto apareció publicado en 1529 como parte del Reloj de príncipes dedicado a Carlos V, quien pasaba por un momento decisivo en la concreción de su proyecto imperial43. Quien habla en el texto es un "bárbaro" germano, un vencido por los romanos, que se presenta ante el sabio emperador Marco Aurelio y el Senado para "pedir justicia al Senado contra un censor que hacía muchos desafueros en su pueblo"44. Marco Aurelio, en boca de quien se pone el "exemplo", en un primer momento lo confunde con un animal, tan astrosa es su apariencia. Pero después de haberlo oído hablar, dice: "lo juzgué ser uno de los dioses"45. La acusación principal del villano es que los romanos subyugaron a los germanos con gran soberbia, y una vez instalados en el territorio mostraron su crueldad e inmensa codicia46. El germano confía, empero, en la justicia de los dioses: "Todo lo que los malos con su tyrania allegaren en muchos dias, se lo quitarán los dioses en un dia"47. También aquí, como en La Araucana, aparece la intervención divina para regular las injusticias humanas, y también aquí está el nudo en la grave acusación moral: la expansión territorial sirve para financiar los lujos a que están acostumbrados los romanos48. Tanto en Guevara como en Ercilla la ficción se vale de un cambio de perspectiva para expresar directa o indirectamente la voz del "bárbaro", recurso que también vimos utilizado por Vivar en su crónica. Pero en Ercilla la denuncia no es indirecta, como en Guevara, quien la presenta mediada por el exemplum del avance romano en Germania, sino que es directa y abrevada en la experiencia de la Conquista de Chile.

En Epic and empire alinea David Quint a Ercilla entre los poetas que, como Lucano, componen su poema sobre hechos históricos y teniendo como héroes a los perdedores, es decir a los vencidos y no a los vencedores49. Es cierto que el referente histórico es hilo conductor en la narración de La Araucana, pero, contrariamente a lo que ocurre en Lucano, no se trata de que la historia valga alegóricamente para predecir el futuro (a saber, el fin del tirano César sirve como anuncio del fin del tirano Nerón), sino de que la historia pasada, idealizada y mitificada, ilumine el presente de las luchas en Chile. Y esta historia pasada es la de la España primitiva luchando contra el conquistador romano, o la de los ejemplos de famosos republicanos que encarnan la virtud romana. La dimensión moral, que habíamos visto al principio de estas páginas como una de las coordenadas de comprensión de la conquista de América, es la que guía el discurso narrativo de Ercilla, en el que la superioridad en la virtud es la que da a los araucanos libertad interior. Así Galbarino, uno de sus héroes, puede decir en sus momentos finales, revirtiendo el significado de la palabra "vencido":

muertos podremos ser, mas no vencidos
ni los ánimos libres oprimidos50.

Estas palabras puestas en boca de un natural de América despiertan en el lector una reacción semejante a la que producen las del villano del Danubio en Marco Aurelio, el emperador filósofo. También en La Araucana se interpreta la victoria del conquistador como una victoria exterior, no operante sobre el ánimo de los "vencidos". Como se vio más arriba, el deseo de libertad era el núcleo del denominado "patriotismo ibérico" ante la expansión romana, pero la convicción que transmite el poema de Ercilla va más allá, porque hace invencibles a los araucanos, conscientes de su superioridad moral. En su presentación mítico-heroica de los naturales de Chile, el poema de Ercilla ofrece el contrafuerte poético de la "acción patriótica" de los indígenas frente al avance español, con lo que imprime la primera huella duradera en la constitución de la identidad chilena. "Don Alonso de Ercilla, el duradero", lo llama Pablo Neruda.

Volviendo a las preguntas iniciales, podemos decir que la polivalente semántica de Roma y de los romanos les permite a historiógrafos, teólogos y pensadores del Renacimiento español afirmar la propia conciencia identitaria mediante la exaltación del "patriotismo ibérico" tanto como legitimar el avance imperial sobre los territorios y las gentes del Nuevo Mundo. En la conquista de Chile, en cambio, tal y como se presenta en La Araucana, las connotaciones inherentes a la imagen de Roma sirven básicamente en una sola dirección: la de desmontar la construcción del modelo que justifica la expansión imperial de España, presentando a los araucanos como equiparables a los españoles por su fortaleza física, pero valorándolos superiores a ellos, y por elevación también a los romanos, por su inalienable libertad interior. La Araucana supera en este sentido los límites del debate historiográfico, ofreciendo un fundamento duradero a la construcción mítico-histórica de Chile mediante su integración "poética" en la "historia" universal.

Notas

1 Son sobre todo tres los estudios dedicados a iluminar la función de Roma y de los romanos en la Conquista y Colonización del Nuevo Mundo: GONZÁLEZ RODRÍGUEZ (1981), MACCORMACK (2001) y LUPHER (2003). Nuestro breve aporte sólo pretende completar algunos aspectos de la función especular de Roma en la Conquista de Chile.

2 Cf. MACCORMACK (2001: 75).

3 De la inmensa repercusión que tuvo esta publicación en España da cuenta Alexander Samson: "[It] was a landmark in historiography, the first step on the road to a complete history of Spain up to contemporary times, a project that reached fruition only with the Castilian edition of the Jesuit Juan de Mariana's Historia general de España en 1601 [...]", SAMSON (2006: 339).

4 Punto sobre el que insiste Samson: "Morales taught his readers to understand the uprising of the Lusitanian tribal leader Viriathus and the revolt of the city of Numancia not simply as repetitions of earlier acts of resistance on a larger scale but as expressions of a gradually emerging sense of Iberian identity [...]", SAMSON (2006: 81).

5 MORALES (1574: VII, I).

6 Ibidem. También Florián de Ocampo se mueve en el mismo campo semántico: "Los Saguntinos viéndose ya todos vencidos, y que nada les aprovechaba cuanto hiciesen, para se librar de la muerte o de perpetua servidumbre, que siempre fue peor que morir, comenzaron a poner mucho más fuego por sus mesmas casas, y meterse dentro, por fenecer como los otros principales habían hecho primero [...]", OCAMPO (1553: IV, XXXIV).

7 MORALES (1574: VII, XXXIV).

8 Lupher destaca la importancia del énfasis puesto en el pronombre personal, evidente reminiscencia de un uso semejante en Las Casas al oponer a íberos y romanos, cf. LUPHER (2003: 222).

9 GONZÁLEZ RODRÍGUEZ (1981: capp. 2 y 4); LUPHER (2003), sobre todo capp. 2 y 3.

10 Como sostiene Stelio Cro, para una parte de los pensadores del siglo XVI el descubrimiento de América inspira una utopía experimental, un buen gobierno antimaquiavélico, un ideal político que aspira a una renovatio acorde bien al ideal medieval de un imperio cristiano universal, bien a los ideales erasmistas, cf. CRO (1990: 2).

11 González Rodríguez prefiere emplear, y lo hace reiteradamente, la palabra "instrumentalizar".

12 Sobre todo en la descripción del origen de Roma, cf. omnes qui tum eos agros ubi hodie est haec urbs incolebant, Cic. Rep. II 2. En Rep. I 58, Escipión aporta una perspectiva cultural y no antropológica, cuando al hablar de los bárbaros argumenta con el étymon de la palabra, que de ninguna forma puede servir para descalificar a Rómulo cuando se habla de él como barbarorum rex. Cf. además Cic. Leg., sobre todo el libro I, que se ocupa de la historia y del derecho natural; una ampliación del tema en Cic. de Orat. I 36-37, en boca de Escévola. Sobre la argumentación de Las Casas en favor de los indígenas fundada en la constatación de que todos los pueblos comienzan como bárbaros, cf. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ (1981: 53-54).

13 Cic. Rep. II, 1.

14 Verg. A. III, 57.

15 Un panorama ilustrativo, muy erudito, del desarrollo de la idea de Roma en la España de la primera mitad del XVI se encuentra en GONZÁLEZ RODRÍGUEZ (1981: capp. 2-4).

16 Cf. LUPHER (2003: 110; 190-220).

17 Una doble valoración de la actitud ibérica frente al avance  romano, paralela a la de Sepúlveda, se encuentra también en FERNÁNDEZ DE OVIEDO (1951: 212-216). Contra la afirmación de ADORNO (1991: 154), según la cual se encuentra ya en Sepúlveda la comparación con Numancia aplicada primero a los españoles, luego también a los indígenas, ver LUPHER (2003: 300).

18 González Rodríguez muestra cómo hasta la misma definición de la historia como magistra vitae, formulada en Cic. de Orat. II 36, puede servir para apuntalar tanto una como otra posición, cf. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ (1981: 53-54).

19 TODOROV (1991: passim).

20 TODOROV (1991: 254-302) le dedica la mayor parte del capítulo IV a desmenuzar los intentos de comprensión del "otro" en Sahagún y Durán. Hay que tener además en cuenta que las culturas  precolombinas tenían poco o ningún registro del propio pasado, no tenían, para decirlo brevemente, la conciencia histórica que impregnaba en muchos casos los actos del europeo renacentista, quien si no era receptor directo de la historiografía clásica apenas redescubierta, muchas veces lo era por participación indirecta en el discurso general.

21 Ya el título completo de la obra es programático en este sentido: Apologética historia sumaria cuanto a las cualidades, disposición, descripción, cielo y suelo destas tierras, y condiciones naturales, policías, repúblicas, maneras de vivir e costumbres de las gentes destas Indias occidentales, cuyo imperio soberano pertenece a los Reyes de Castilla.

22 LUPHER (2003: 255-292).

23 Es a partir de un dato toponímico y gracias al poema de Ercilla que "araucano" se impone como nombre para designar a los indígenas hoy conocidos como mapuches.

24 I, dirigida a Gonzalo Pizarro (Santiago, 20.08.1545); II, al Emperador Carlos V (La Serena, 4 .09.1545); III, a Hernando Pizarro (La Serena, 4.09.1545); IV, al Emperador Carlos V (La Serena, 5.09.1545); V, al Consejo de Indias (Los Reyes del Perú, 15.06.1548); VI, al Emperador Carlos V (Santiago, 9.07.1549); VII, a sus apoderados en la Corte (Santiago, 15.10.1550); VIII, al Emperador Carlos V (Concepción, 15.10.1550); IX, al Emperador Carlos V (Concepción, 25.09.1551); X, al Príncipe Don Felipe (Santiago, 26.10.1552); XI, al Emperador Carlos V, (Santiago, 26.10.1552).

25 Cf. MIGNOLO (1982: 70).

26 Cf. WEISS (2008: 53-57). En resumen se puede decir que las cartas de Valdivia "reproducen la proyección de la imagen reguladora (física, psicológica, cultural) del europeo sobre el indígena. Es una mirada inclusiva, desde un imperialismo y un cristianismo que ve a los naturales de América como inminentes o actuales súbditos, siervos o bautizados. De ahí la insistencia de Valdivia en la falta de organización política del indígena y en la bondad de la tierra, lo que "llama" a conquistarlos [...]", WEISS (2008: 66).

27 La Crónica de Vivar fue publicada por primera vez en 1966, pero queda constancia de que circuló como manuscrito, como lo prueba el que la citara León Pinelo en 1629, o que la utilizara el P. Rosales, cf. DURAND (1978: 380).

28 SÁEZ-GODOY (1979: 184).

29 LUPHER (2003: 221-224) hace notar que a pesar de mantener una misma línea discursiva, hay en Morales, respecto de Ocampo, una escalación del patriotismo ibérico.

30 SÁEZ-GODOY (1979: 242).

31 ... non modo suorum libertatem a Romanorum injuriis tutatus est, sed magis etiam cladibus eorum imperatores afflixit, dice Sepúlveda de Viriato, cf. GINÉS DE SEPÚLVEDA (1780: 358).

32 SÁEZ-GODOY (1979: 200).

33 LUPHER (2003: 309-310).

34 Cf. DURAND (1978: 379-380).

35 Cf. PIERCE (1984: 113).

36 Cf. JANIK (1992: 28).

37 Cf. PIERCE (1984: 112).

38 Dice el pasaje correspondiente del Prólogo: "Si a alguno le pareciere que me muestro algo inclinado a la parte de los araucanos, tratando sus cosas y valentías más estendidamente de lo que para bárbaros se requiere, si queremos mirar su crianza, costumbres, modos de guerra y ejercicio della, veremos que muchos no les han hecho ventaja, y que son pocos los que con tan gran constancia y firmeza han defendido su tierra contra tan fieros enemigos como son los españoles. Y, cierto, es cosa de admiración que [...] con puro valor y porfiada determinación hayan redimido y sustentado su libertad [...]." Y más adelante agrega: "Todo esto he querido traer para prueba y en abono del valor destas gentes, digno de mayor loor del que yo le podré dar con mis versos."

39 Paralelamente, Las Casas hace extensivo el término "bárbaros" a los romanos a causa de sus aberraciones religiosas, es decir precisamente por su alteridad en este aspecto, cf. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ (1981: 111-112). El capítulo XLVIII de la Apologética historia está dedicado a justificar la igualdad de los hombres de cualquier nación. Curiosamente, también Fernández de Oviedo defiende el derecho natural, y en el cap. XLIX de su Historia general y natural de las Indias dice: "Yo sospecho que la natura es la guía de las artes, y no sin causa dicen los florentines: ‘Tuto (sic) il mondo è come a casa nostra'", OVIEDO (1959 [1535]: 211).  Sobre la construcción del "bárbaro" desde los orígenes del concepto en el mundo griego, cf. HALL (1989: 3-13).

40 La Arauc. I, III, 43-44.

41 La Arauc. I, I, 6-47.

42 La Arauc. I, I, 68-69.

43 El libro recoge en parte el contenido del Libro áureo de Marco Aurelio, del mismo Guevara, que ya circulaba manuscrito en 1525. Pero su ampliación y publicación como Reloj de príncipes, después del Saco de Roma y del matrimonio de Carlos I con Isabel de Portugal en 1526, le da al escrito el carácter de un "espejo" -género de tanta popularidad en la península ibérica- en que pudiese mirarse el monarca español.

44 GUEVARA (1994 [1529]: 699).

45 GUEVARA (1994 [1529]: 700).

46 "[H]a sido tan grande vuestra codicia de tomar bienes ajenos, y fue tan desordenada vuestra sobervia de mandar en tierras estrañas, que ni la mar nos pudo valer en nuestros abismos, ni la tierra nos pudo assegurar en sus campos [...]", GUEVARA (1994 [1529]: 701), y más adelante: "Como vosotros los romanos naturalmente soys sobervios y os ciega la sobervia, tenéysos por dicho que por tener como tenéys más que todos, por esso soys más honrados que todos, lo qual no es por cierto assí [...]", GUEVARA (1994 [1529]: 702).

47 GUEVARA (1994 [1529]: 704).

48 GUEVARA (1994 [1529]: 707).

49 QUINT (1993: 157-185) habla de épica de los perdedores, "losers' epic", y en ella incluye también Les Tragiques, de D'Aubigné. 

50 La Arauc., II, XXVI, 25.

Bibliografía

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Fecha de recepción: 03-09-11
Fecha de aceptación: 09-09-11