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Argos

versão On-line ISSN 1853-6379

Argos vol.34 no.1 Bahía Blanca jan./jun. 2011

 

IN MEMORIAM

Clara Elisa Vedoya Beláustegui de Guillén

 

Clara fue una maestra en toda la extensión del término. Más allá de lo que pueda informar su curriculum, su humanitas era su principal virtud. Vivía  y encarnaba lo humano y, realmente, como lo expresa Terencio, "nada de lo humano le era ajeno".

Poseía la humildad de los grandes de espíritu y de quien se apresta a enseñar desde lo que sabe experimentando empatía por sus alumnos, ese difícil sentimiento de colocarse en lugar del otro y sentir con él.

Sus clases de griego y latín daban testimonio de su filía  por el prójimo. Al mismo tiempo, estaba abierta a todas las manifestaciones de la cultura.

Uno de sus legados fue la creación del Grupo de Teatro Leído de la Facultad de Humanidades, espacio que unió a docentes y alumnos de las distintas carreras y que demostró, mucho antes de que la palabra fuera usual, la transdisciplinariedad en pos de un logro común. Obras clásicas del teatro griego y proyecciones de esas obras en la dramaturgia posterior fueron abordadas con pasión y compromiso por todos los que participamos de la aventura de transmitir con un texto la esencia de los problemas universales que encarnaron los griegos y que asumieron autores de diferentes geografías y épocas.

Su sentido del humor y su actitud lúdica, proverbiales, hacían que los demás se acercaran sin reservas a recibir un consejo o pedir una orientación que era brindada con profundidad,  sencillez y una sonrisa que calmaba los ánimos más tristes o más abatidos.

Durante un largo período (1958-2000) Humanidades contó con su presencia en las aulas, donde compartió un extenso ágape, al celebrar en cada clase un convite donde el respeto y la consideración hacia el otro, su prójimo, pusieron de relieve su sensibilidad y comprensión humanas. Yo participé de ese convite desde que la conocí y me integré a la cátedra de Lengua y Cultura Griegas, lugar en el que permanezco y en el que constantemente admiré su testimonio de vida y recibí su saber.

Clasicista de raza, encarnó con autoridad y solvencia los estudios y la enseñanza de ese mundo de la antigüedad que moviliza y movilizará por siempre a las distintas sociedades. Sociedades que no pueden dejar de reconocer su vigencia en los momentos en que se hace necesaria una orientación.

Clara nos dejó físicamente al filo de septiembre, a las puertas de la primavera, pero su espíritu inquieto nos acompañará por siempre.

Dora Gladis Villalba