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Propuesta educativa

versão On-line ISSN 1995-7785

Propuesta educativa (Online)  no.55 Ciudad Autonoma de Buenos Aires jun. 2021

 

Reseñas de libros

La época de las pasiones tristes. De cómo este mundo desigual lleva a la frustración y el resentimiento, y desalienta la lucha por una sociedad mejor, de François Dubet

Sabrina Mariel Pérez1 

1Licenciada en Ciencia Política, Universidad Nacional de La Matanza; Profesora Universitaria para la Educación Secundaria y Superior, Universidad Abierta Interamericana; Maestranda y Doctoranda en Ciencias Sociales, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales

Dubet, François. La época de las pasiones tristes. De cómo este mundo desigual lleva a la frustración y el resentimiento, y desalienta la lucha por una sociedad mejor. 2020. Siglo XXI Editores, Argentina: 123p.

Los estudios sobre desigualdades sociales constituyen un tema nodal y recurrente en el campo de la sociología. Desde diversos puntos de vista y niveles de análisis, numerosos autores como Tourain (de quien Dubet fuera discípulo), Bourdieu, Tilly o Castells, por mencionar algunos, se han dedicado a desentrañar las causas y factores determinantes de las desigualdades, reconstruir sus características, medirlas, y ofrecer posibles abordajes para interpretar las dinámicas y procesos asociados a éstas. Dubet es, sin dudas, uno de los exponentes contemporáneos en la materia, con una obra prolífica que aborda en profundidad el fenómeno a través de distintas aristas. Algunas de sus lecturas obligadas al respecto son ¿Por qué preferimos la desigualdad?(2015) y Repensar la justicia social(2011). Sus estudios sobre las desigualdades se caracterizan por una aguda comprensión del comportamiento humano, el procesamiento subjetivo de estas experiencias y su relación con las grandes metamorfosis sociales.

En el presente ensayo, el autor continúa sus reflexiones sobre las transformaciones de la modernidad tardía y sus consecuencias sociales. Apoyándose en su instrumental teórico previo, retoma aspectos de obras pasadas como la problematización de la noción de justicia social, el declive de las instituciones de la modernidad (haciendo hincapié aquí en las clases sociales), la concepción de la igualdad de oportunidades y la meritocracia.

En esta ocasión, la hipótesis que desarrolla es que en las últimas décadas ha operado una transformación del régimen de las desigualdades, producto del agotamiento del sistema de clases sociales propio de las sociedades industriales. Estas mutaciones se traducen en un efecto de atomización, donde las desigualdades se multiplican y diversifican. Dejan de estar inscriptas en estructuras estables, bajo las que se podían constituir identidades colectivas y grandes relatos que permitían dotar de sentido a las vivencias atravesadas. Por el contrario, la experiencia de la desigualdad en la modernidad tardía es sobre todo una experiencia individual, y por ello más cruel, porque pone en entredicho la propia valía del sujeto, una prueba individual que lleva al desprecio y la humillación. Dubet encuentra allí la explicación a las iras, indignaciones y resentimientos que abundan en estos días, y advierte sobre la relación que esto guarda con el advenimiento de gobiernos populistas. El libro se estructura en cuatro capítulos que presentan progresivamente los argumentos que sustentan la hipótesis planteada. En el primero de ellos, Dubet se aboca a analizar en clave histórica el pasaje de la sociedad estructurada bajo la lógica de las clases sociales al régimen de las desigualdades múltiples, donde las antiguas clasificaciones son reemplazadas por la desagregación de posiciones, calificaciones y estatus. Reflexiona en torno a la pérdida de centralidad de las clases sociales como principio organizador social que, si bien sostenía posiciones desiguales, permitía a las personas reconocerse en circunstancias más o menos homogéneas entre sí. En esta nueva coyuntura las vivencias de las desigualdades se fragmentan y singularizan para convertirse en una experiencia solitaria. Los modos en que esos fragmentos reconfiguran las representaciones de la desigualdad se abordan con más detalle en el segundo capítulo. Allí explora lo que podría denominarse la “interseccionalidad” de las desigualdades, la multiplicación de criterios que intervienen en las percepciones de la desigualdad y las identificaciones. El género, la etnia, los títulos educativos, el origen social, los estilos de consumo, son algunos de los elementos que se combinan para establecer finas jerarquías que, lejos de ser estáticas, se desplazan en función de los criterios que se elijan para pensar la desigualdad. El autor nos lleva a cambiar el foco de la lente para examinar en el nivel micro las pequeñas diferencias cotidianas con aquellos más cerca nuestro, que afectan la percepción subjetiva de las desigualdades y que pueden sentirse más reales, y por ende más dolorosas, que las obscenas brechas con el 1% más rico y a la vez más distante.

Los debates en torno a la justicia social son una constante en su obra, a lo largo de la cual dialoga con autores como Rawls, y Fraser acerca del interrogante filosófico y ontológico sobre qué es la justicia. En el tercer capítulo recupera estas cavilaciones, argumentando que el cambio en el régimen de desigualdades implica a su vez una mutación en los modelos de justicia. Asocia estos cambios al principio meritocrático de igualdad de oportunidades[1], según el cual todas las personas deberían tener las mismas posibilidades de alcanzar las mejores posiciones, partiendo de condiciones similares y en función de su esfuerzo, pero manteniendo las distancias sociales. Esta concepción contiene intrínsecamente la noción de que ciertas desigualdades son justas, porque la competencia es equitativa, y que la responsabilidad de ellas recae en cada individuo. Dado que se parte de principios (teóricos) de igualdad, cada uno vivencia sus desigualdades como un ataque a su dignidad, una humillación personal y al sentimiento de desprecio.

El autor se pregunta por qué esas dolorosas vivencias de la desigualdad generan iras e indignaciones que no se traducen en un fortalecimiento de los partidos políticos con un perfil más progresista o de izquierda. En el cuarto capítulo bosqueja algunas respuestas a este fenómeno, aduciendo que el régimen de desigualdades múltiples al individualizar la experiencia de las desigualdades dificulta la capacidad de los sujetos de verse representados por partidos programáticos. Además, la incertidumbre sobre la propia posición incita al deseo de distanciamiento de aquellos que están en peores circunstancias y de los que se sospecha de ser falsas víctimas. El estilo paranoico que caracteriza estos razonamientos puede dar lugar a las opciones y salidas de corte populista (de todo el espectro político), en los cuales a través de discursos indignados se acusa a extranjeros, pobres, empresarios, embajadas, entre otros posibles enemigos, de ser el origen de todos los males.

Finaliza su trabajo arguyendo que la lucha contra las desigualdades debe darse en los dos frentes, tanto en el de las “grandes” y más extremas brechas sociales, como en el de las “pequeñas” expresiones de la desigualdad con las que convivimos a diario. Para ello, insta a las izquierdas democráticas a proponer otros horizontes de justicia social, con políticas públicas universalistas que convoquen a los ciudadanos y promuevan puntos en común.

Cabe aquí hacer una digresión respecto del concepto de populismo que el autor aduce que utiliza a falta de un término más adecuado. Se trata de un concepto elusivo que según la perspectiva teórica desde la cual se lo observe designa distintas cosas a la vez y tiende a igualar bajo la misma categoría a fenómenos políticos diferentes[2]. Según Dubet, este estilo político de democracia agonista no lleva a la reducción de las desigualdades, porque se “enquista” (el término es propio) en el momento de la indignación.

Para concluir, es evidente que esta obra no pretende ser un mero despliegue intelectual de la capacidad del autor para describir a las sociedades actuales. Tampoco es, como el lector inicialmente podría sospechar a partir de su título, una resignación ante el peso avasallante de la desigualdad. Al contrario, Dubet ofrece a través de estas páginas profundas y sentidas reflexiones que pretenden conformar una base teórica para comprender las injusticias actuales y obrar sobre ellas. Es un aporte a la batalla contra la desarticulación social y el pesimismo. Un aliento de esperanza para la continuación de la contienda.

Bibliografía

Dubet, F. (2011) Repensar la justicia social: contra el mito de la igualdad de oportunidades. Buenos Aires: Siglo XXI Editores. [ Links ]

Dubet, F. (2015) ¿Por qué preferimos la desigualdad? Aunque digamos lo contrario. Buenos Aires: Siglo XXI Editores. [ Links ]

Laclau, E. (2005) La razón populista. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

[1]Dubet profundiza sobre el principio de igualdad de oportunidades en su libro Repensar la Justicia Social donde lo contrapone al de igualdad de posiciones, el cual prefiere por ser más efectivo en la reducción de las brechas sociales (Dubet, 2011).

[2]Al hablar de populismo Dubet cita a Laclau, Mouffe, Sloterdijk y Liogier. Desde la obra de Laclau y Mouffe, se entiende al populismo como un estilo político que se caracteriza, entre otras cosas, por la construcción de una frontera política entre un “nosotros” y un “ellos”. Para profundizar ver Laclau (2005).

Recibido: 04 de Abril de 2021; Aprobado: 10 de Mayo de 2021