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Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas. Mario J. Buschiazzo

versión On-line ISSN 2362-2024

An. Inst. Arte Am. Investig. Estét. Mario J. Buschiazzo vol.49 no.1 Buenos Aires jun. 2019

 

ARTICULO

Chel Ita Negrin

Martín Carranza *

* Arquitecto por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata (FAU-UNLP). Especialista y Magíster en Historia y Crítica de la Arquitectura, el Diseño y el Urbanismo por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA). Doctorando en Historia, por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FAHCE-UNLP). Investigador del Instituto de Historia, Teoría y Praxis de la Arquitectura y la Ciudad (HiTePAC-FAU-UNLP). Docente de la FAU-UNLP, de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) y de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). Secretario de la Cátedra Libre “Hábitat y Territorio” en la UNLP.

Instituto de Investigación en Historia, Teoría y Praxis de la Arquitectura y la Ciudad (HiTePAC), Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Calle 47, Nº 162 (1900) La Plata, República Argentina. Email: mcarranza73@hotmail.com

Esta investigación es parte de un trabajo de tesis en el marco del Doctorado en Historia de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata (FAHCE, UNLP), dirigida por el Dr. Arq. Fernando R. Aliata.

RECIBIDO: 30/07/2018
ACEPTADO: 28/10/2018


RESUMEN

Al calor de los años sesenta del siglo XX existió un cambio de paradigma cultural, en el cual ciertas arquitectas pudieron destacarse con nombre propio en labores profesionales vinculadas a proyectar, construir e investigar en ámbitos tradicionalmente ocupados por hombres. El objetivo específico del artículo está puesto en la investigación biográfica de Chel Ita Negrin, una de las primeras y multifacéticas arquitectas argentinas graduadas en La Plata, provincia de Buenos Aires. Negrin supo entrelazar la tradición profesionalista con la docencia, la investigación académica y las exploraciones artísticas entre Argentina y México. En resumen, se intenta hacer un aporte a la historiografía de la arquitectura latinoamericana, con especial consideración de la perspectiva de género.

Palabras clave: Chel Ita Negrin; mujeres arquitectas; historia de la arquitectura; biografía.
Referencias espaciales y temporales: Argentina; década de 1960.

ABSTRACT

During the 1960s there was a change on cultural paradigm, in which some female architects were able to stand out, under their own name, in professional activities such as design, building and research, fields traditionally occupied by men. The aim of this paper is to release the results of a biographical research about Chel Ita Negrin, one of the first and multifaceted Argentinian architects graduated in La Plata, Buenos Aires Province. She knew how to combine the traditional aspect of the profession with teaching, academic research and artistic explorations between Argentina and Mexico. In summary, this article is an attempt to contribute to the Latin American architecture historiography, with a particular emphasis in gender perspective.

Keywords: Chel Ita Negrin; female architects; history of architecture; biography.
Space and time references: Argentina; 1960 decade.


Chel Ita Negrin nació en Jacinto Arauz (provincia de La Pampa, Argentina, 1932). Estudió arquitectura en la Universidad Nacional de la Plata (UNLP) y se graduó el 21 de diciembre de 1959. Desde entonces, junto a su esposo el arquitecto Tulio Icilio Fornari (Rosario, Argentina, 1935-2018), repartió labores profesionales y académicas entre Argentina y México, en las áreas del diseño arquitectónico, industrial y gráfico, donde obtuvo premios y distinciones en concursos nacionales de arquitectura, en paralelo a una producción artística que exploró distintas técnicas.
Ingresó a la universidad pública en el momento en que las políticas de Estado del primer gobierno peronista (1946-1951) ampliaron derechos para los estratos sociales históricamente postergados, al eliminar en las universidades nacionales el ingreso irrestricto y el arancelamiento. Esto ocasionó no sólo un crecimiento en la matrícula de inscriptos, sino también una mayor movilidad social entre los hijos provenientes de familias de clase media, baja y trabajadora. En este contexto se creó a fines de 1951 la carrera de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), en el ámbito de la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas (FCF) como uno de sus departamentos.
Negrin comenzó a estudiar arquitectura en 1953. Si bien por aquel entonces el sistema de enseñanza aún arrastraba resabios academicistas de tradición beaux arts, se puede decir que esta novel carrera nació moderna debido, probablemente, a la renovada plantilla de jóvenes profesores y docentes oriundos de Buenos Aires, que luego dejarían su impronta en otras escuelas y facultades del país. En suma, Negrin fue parte de una camada de arquitectos imbuidos en el universo de problemas que exploraron en décadas previas los miembros del Movimiento Moderno europeo en los Congresos Internacionales de la Arquitectura Moderna (CIAM).
Una vez graduada, inició su práctica profesional como proyectista y directora de obra en una empresa privada. Al poco tiempo viajó junto a su marido a Cuba, pero regresó pronto a la Argentina y se incorporó al Departamento de Construcciones de la FCF-UNLP como investigadora full time. Brindó asesoramiento al Instituto de la Vivienda de la Provincia de Buenos Aires (IVPBA) y fundó su propio estudio de arquitectura (Fornari-Negrin, en orden alfabético), donde recibió encargos de proyectos, direcciones técnicas y construcciones de obras. Edificó varias casas y departamentos, así como oficinas y sanatorios, entre otros. Trabajó también en breves y discontinuos períodos como docente en la carrera de Arquitectura y estuvo contratada por el Departamento de Diseño de la Escuela Superior de Bellas Artes (ESBA) de la UNLP.
Luego de un primer insilio se exilió en México, donde se instaló como docente-investigadora full time. Allí obtuvo un destacado reconocimiento académico en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco (UAM-A), con importantes aportes en el campo de la prefabricación, la semiótica del diseño y experimentaciones neográficas. Su labor profesional y académica transitó un camino de formación constante, ya que asistió a cursos de posgrado sobre Arquitectura, Diseño Industrial, Tecnología Industrial, Semiótica y Formación de Docentes, dedicándose también al diseño de productos y a la comunicación gráfica.
Hacia fines de la década de 1990 se retiró de la UAM-A y volvió a la Argentina para continuar con sus indagaciones plásticas en torno al arte digital.

LA BÚSQUEDA DE LOS ORÍGENES

Chela o Chelita (así la llaman sus afectos) fue la única arquitecta de su familia. Hija de Don Manuel Negrin, dedicado a la agricultura y la ganadería, así como a la militancia en el partido laborista, y de Doña Celia Magdalena Rostan, abocada a las tareas del hogar. Completaban la familia sus seis hermanos: Delis, Sidel, Manuel, Celia, Alicia y Dora. Don Manuel Negrin fue también funcionario público, primero como delegado municipal en Villa Iris (localidad del sur de la provincia de Buenos Aires, 1943-1944) y luego como Intendente de Jacinto Arauz (localidad del departamento de Hucal, provincia de La Pampa, hasta 1955).

Mi viejo militaba en el partido laborista y le gustaba mucho la política. Además tenía condiciones de liderazgo y buena relación con funcionarios. Al llegar el peronismo, el partido se pliega cuando se interviene la provincia de Buenos Aires y en cada distrito se nombra un interventor. Al ser militante del laborismo lo nombra Perón como intendente de Jacinto Arauz, La Pampa […] Un pueblo casi en el límite con la provincia de Buenos Aires entre Bahía Blanca y Santa Rosa, su capital. Nunca pasó los cinco mil habitantes y se formó como la mayor parte de [los] pueblos en Argentina, con los inmigrantes en plena expansión [...] Eran pueblos que se formaban con cada estación de ferrocarriles y construcciones que hicieron los ingleses (S. Negrin, entrevista semi-estructurada, 2015).

El padre de Chel Negrin supo ser propietario de unas cien hectáreas en Jacinto Arauz, herencia familiar que recibió al casarse. De ahí que los estudios preescolares y primarios de Chel Negrin fueran en una escuela rural. Recién cuando Manuel (el segundo de sus hermanos menores) se asentó en Bahía Blanca, Don Manuel Negrin alquiló una casa para que viva toda la familia. Allí, Chel Negrin se formó en el Colegio Nacional y en paralelo estudió en la Escuela de Arte Municipal, donde definió su vocación por la pintura.
No obstante, existieron otras vivencias que también moldearon el perfil profesional de Negrin. Por ejemplo, conoció y frecuentó la Casa Pillado, una de las primeras obras concebidas en Argentina por el arquitecto Wladimiro Acosta (1900-1967), ubicada en la Av. Alem esquina 19 de Mayo, ciudad de Bahía Blanca.

Vivía a media cuadra de una casa que había hecho Acosta. Una casa grande hecha con muchos medios, toda revestida de mármol. Prácticamente parecía una casa de mármol. Muy actualizada con el sistema Helios en el que estaba planteado el problema de adecuación climática, etcétera. Es decir, cinco o seis años antes de venir a La Plata [c. 1948-1949] ya conocía esa casa y la conocía por dentro (C. Negrin, entrevista personal, 17 de noviembre de 2006. Archivo de Historia Oral, FAU, UNLP).

El testimonio de su amigo, el arquitecto Luis E. “Mono” Caporossi, suma con su relato una cualificada crónica de la casa:

Entre 1932 y 1933 Adrián Pillado (un abogado de Bahía Blanca muy vinculado con la actividad cultural de la ciudad) comenzó a considerar la construcción de su casa particular y estudio jurídico. Su inquietud personal lo llevó a buscar información arquitectónica previamente a tomar cualquier decisión, y llegó incluso a formularse la necesidad de lecturas de historia de la arquitectura. Mientras tanto optó por buscar referentes en revistas nacionales y extranjeras. Fue así como a través de un proyecto que Acosta había publicado en “Mi Casita” (una revista de segunda línea, pero de mucha circulación) y leyendo el texto en el que explicaba sus principios, llegó a la conclusión de que Wladimiro Acosta era el profesional que mejor representaba sus intereses, orientados a realizar una obra de actualidad y calidad arquitectónica (Müller, 2014, p. 64).

El remate de esta pequeña historia no podía terminar mejor para Negrin, ya que tras el temprano deceso del Dr. Pillado, heredó toda la biblioteca de arquitectura que le había aconsejado el propio Acosta. Graduada como bachiller en 1951, permaneció en Bahía Blanca un año más, donde tuvo un breve paso por la carrera de Ingeniería en la Universidad Nacional del Sur, experiencia que nunca llegó a satisfacerla porque sólo tenía carreras técnicas (C. Negrin, entrevista personal, 17 de noviembre de 2006. Archivo de Historia Oral, FAU, UNLP). En 1953 se mudó a La Plata para estudiar Arquitectura, donde conoció a Tulio Fornari. Su primera estadía fue en una pensión de señoritas. Luego se mudó a un monoambiente que le alquiló su padre, en un edificio de departamentos en altura de lenguaje moderno. La ubicación era privilegiada, en avenida 53 esquina 3, a unas cuadras de la Casa Curutchet de Le Corbusier y muy cerca del Comedor Universitario de la UNLP, de los arquitectos Bares, García, Germani, Rubio, Sbarra y Ucar.

ARQUITECTURA, DISEÑO Y PREFABRICACIÓN

Los primeros pasos profesionales de Negrin fueron como proyectista y directora de obra en Baum&Kadishevich, empresa privada promotora y constructora de obras civiles, donde trabajó entre 1960 y 1961. De esa etapa destacan dos obras de su autoría: un edificio en altura, de los primeros en propiedad horizontal de la ciudad de La Plata (Figura 1); y la casa-taller Bergamini (Figura 2), obra en la que conviven estos dos programas en un espacio único y flexible de uso mixto, con un taller en la planta baja y la vivienda en la planta alta.


Figura 1:
Edificio en altura, calle 45 entre 6 y 7, La Plata (1960-1961). Fuente: Archivo privado Fornari-Negrin.


Figura 2:
Casa-taller Bergamini, calle 15 entre 62 y 63, La Plata (1961). Fuente: Archivo privado Fornari-Negrin.

En 1961, con cierta expectativa laboral, Negrin y Fornari viajaron a la Cuba revolucionaria de Fidel Castro y del “Che” Guevara, quince días después de la invasión a Playa Girón. Sin embargo, su paso por la isla del Caribe fue corto y en 1962 regresaron a la Argentina.
Reinstalada en La Plata, Negrin recibió el apoyo del ingeniero César J. Luisoni, conocido de su etapa estudiantil, quien la contrató para el Departamento de Construcciones de la FCF-UNLP como investigadora con dedicación exclusiva. Allí desarrolló temas ligados a la prefabricación e industrialización de la construcción, y organizó y dictó cursos al respecto. Producto de esta labor fue el libro Problemas de la prefabricación (Negrin, 1964). Subsiguientemente, se encargó de la organización institucional, concepción, estructuración y puesta en marcha del Centro de Información y Documentación de la Construcción de la misma universidad, desde donde publicó Prefabricación de Viviendas en la Argentina (Negrin, 1965). También participó en numerosos congresos y seminarios de Arquitectura, Industria de la Construcción y Diseño Industrial, en algunos casos como representante institucional.
Negrin se inició como docente de grado en la asignatura Taller Vertical de Arquitectura (TVA) de la carrera de Arquitectura de la UNLP, espacio que condujo el arquitecto Rodolfo Ogando entre 1962 y 1964. En 1966 se sumó como Jefe de Trabajos Prácticos al TVA que encabezó Fornari, hasta el golpe militar del General Juan C. Onganía ocurrido en junio de ese mismo año, cuando renunció. Además, cumplió tareas de asesoramiento en el Instituto de la Vivienda de la Provincia de Buenos Aires (IVPBA), en materia de industrialización de la construcción y en la elaboración de bases para llamados a concursos, correspondientes a sistemas constructivos no tradicionales en la edificación de viviendas de interés social. Entre abril de 1966 y febrero de 1968 fue contratada por el Departamento de Diseño de la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata (ESBA-UNLP), como Profesora Adjunta en la asignatura Taller de Diseño Industrial.
Por último, junto a Fornari, Negrin tuvo una intensa participación en concursos públicos nacionales, en los que la dupla obtuvo varias distinciones. En 1962 recibieron un Primer Premio sobre temas de Arquitectura Industrial, organizado por la Federación Argentina de Sociedades de Arquitectos; una Mención Honorífica en anteproyectos para el edificio del Colegio de Abogados de la ciudad de Mercedes; y un Cuarto Premio en anteproyectos para el edificio de la sucursal General Roca del Banco de la Provincia de Río Negro. Este último fue en colaboración con sus pares Graciela Pronsato y Roberto Capelli. En 1966, Negrin y Fornari obtuvieron un Cuarto Premio para la Sistematización Urbanístico-Edilicia del Centro Cívico y de Educación Física de Berisso y, en 1973, el Primer Premio del Concurso Nacional de Ideas de Sistemas Constructivos para el edificio de la Universidad Nacional del Comahue de Neuquén, en coautoría con los arquitectos Álvaro Arrese y Luis Caporossi (Figura 3).


Figura 3: Primer Premio del Concurso Nacional de Ideas de Sistemas Constructivos para el edificio de la Universidad Nacional del Comahue, Neuquén, 1973. Fuente: Summa, 1974, 83, p 75.

REVISITAR LAS CASAS BLANCAS

Entre las décadas de 1950 y 1960, el campo cultural de la arquitectura estuvo marcado a nivel internacional por un debate que dividió aguas en el imaginario moderno, que por entonces hegemonizó el funcionalismo a partir del valor del uso. Esta discusión tuvo sus diferencias en cuanto al abordaje de las estrategias proyectuales y tensionó dos poéticas: la arquitectura racionalista y el organicismo. Ambas corrientes fueron representadas por Le Corbusier y Frank Lloyd Wright, respectivamente. Al calor de este proceso, la revista argentina Nuestra Arquitectura publicó entre 1963 y 1966 una serie de notas, obras y artículos que esbozaban la voluntad de establecer una mirada contemporánea sobre las raíces coloniales del país, postura que de algún modo se alineó a la inflexión organicista y que tuvo su versión local con el movimiento delas casas blancas”.1
Fueron pioneros de este enfoque teórico llevado a la práctica el arquitecto, crítico e historiador, Rafael E. J. Iglesia, y sus pares Claudio Caveri, Horacio Berretta y el uruguayo Eduardo Ellis. Este grupo formó una escuela de pensamiento proyectual que tuvo gran éxito entre 1965 y 1975. Tal vez la buena recepción fuera por la reelaboración estilística aplicada, generalmente, al diseño de viviendas unifamiliares. O bien, “como tendencia didáctica expresada en talleres de arquitectura, como los de Alfredo C. Casares, Eduardo Ellis y Horacio Berretta en Buenos Aires, o de Casares y Osvaldo Moro en La Plata que, obviamente aseguraron una compleja y diversificada reproducción de las ideas fundantes” (Fernández, 2003, p. 97). Si bien el lenguaje arquitectónico era modernista, estuvo definido por una espacialidad placentera, de fácil mantenimiento, con volúmenes descompuestos en planos con muros bolseados y techos de hormigón visto horizontales. Podría decirse que esta suerte de hibridación o estética de la impureza, osciló entre la Quinta Pueyrredón (San Isidro, Argentina, c. 1790) y la Capilla de Notre Dame du Haut de Le Corbusier (Ronchamp, Francia, 1950-1954).
Cabe señalar que la producción de esta corriente se expandió por todo el territorio nacional gracias a la “existencia de créditos para la vivienda [que posibilitaron] la inserción en el paisaje urbano de un ‘casablanquismo’ accesible a mayores sectores de la clase media (jóvenes profesionales, pequeños comerciantes, etc.)” (Longoni y otros, 2009, p. 19). Negrin abrevó de este contexto económico y sociocultural, ya que la mayor parte de sus encargos privados provenían de amigos o conocidos, vinculados al ámbito intelectual universitario de La Plata.
Su proceso creativo de diseño estuvo signado por un método de proyectación racional, a partir de una búsqueda de espacios proporcionados y una materialidad que le diera forma bajo un celoso rigor técnico-constructivo y una economía de recursos, que negaba incluso todo tipo de referentes. También supo sacar partido de la capacidad productiva del país, a través de cierta habilidad y oficio para mejorar una mano de obra no necesariamente calificada.

La idea no era tener una referencia directa, por lo menos de manera consciente. No había un embanderamiento. La realidad es que la inspiración estaba dada por la cuadrilla que teníamos para trabajar, sea esta mano de obra especializada, semi-especializada y/o poco especializada, ya que había que enseñarles algunas cosas (entrevista semi-estructurada realizada a Chel Negrin en 2006).

Una cierta poética tectónica define el lenguaje “casablanquista” de sus obras: muros de mampostería portante de ladrillo (a veces visto, otras veces con un bolseado pintado a la cal), techos planos de hormigón armado con cenefa a la vista o de chapa ondulada o acanalada de hierro galvanizado, cuando el diseño requería alguna pendiente. También se observan pisos interiores revestidos en cerámica y exteriores en ladrillo con distintas trabas. En esta somera descripción se da cuenta del uso de materiales reconocibles también en las corrientes llamadas Organicismo, de raigambre norteamericana, y Nuevo Brutalismo, de influencia británica. En coautoría con Fornari, se destacan en esta clave su propia casa-estudio Negrin-Fornari y una pequeña vivienda de fin de semana llamada Pajarito, construidas en la ciudad de La Plata entre los 60 y principios de los 80. Obras de exclusiva autoría de Negrin son las viviendas apareadas y en dúplex Medrano-Ferreira (Figura 4), la casa Tamarit (Figura 5), la casa Adamo-García (Figura 6), las viviendas agrupadas Bacci (Figura 7) y la casa Cura de Villa Elisa (Figura 8).


Figura 4: Viviendas apareadas y en dúplex Medrano-Ferreira, calle 117 esquina 61, La Plata (1963-1964). Fuente: Archivo Privado Fornari-Negrin.


Figura 5:
Casa Tamarit, calle 532 entre 12 y 13, La Plata (1965-1966). Fuente: Archivo privado Fornari-Negrin.


Figura 6:
Casa Adamo-García, Diagonal 75 entre 54 y 55, La Plata (1969). Fuente: Archivo privado Fornari-Negrin.


Figura 7:
Viviendas agrupadas Bacci, Av. 60 entre 1 y 2, La Plata (1970-1971/1984). Fuente: Archivo privado Fornari-Negrin.


Figura 8:
Casa Cura, Villa Elisa (1969). Fuente: Archivo privado Fornari-Negrin.

En resumen, Negrin supo destacarse al hacer aportes en la transformación del paisaje urbano platense, con obras de arquitectura que dejaron su marca en franca empatía con la renovación arquitectónica que acontecía a nivel mundial, tras la crisis de la segunda posguerra.

DE LA UNIVERSIDAD DEL PUEBLO AL EXILIO AZTECA

La nueva universidad en la Argentina de 1973 fue una revolucionaria, fugaz e intensa experiencia que se derrumbó rápidamente en el tercer mandato del presidente Juan Domingo Perón, tras su muerte el 1° de julio de 1974. En esos años, Fornari ocupó el cargo de Decano Interventor en la FAU-UNLP y Negrin se desempeñó como ayudante en la materia Coordinación Modular y Prefabricación. En 1974 extendió su tarea docente a las asignaturas Procesos Constructivos II y Sistemas de Comunicación A, y asumió como Jefe de Trabajos Prácticos (JTP) en la novedosa asignatura Introducción a la Teoría del Hábitat.
Su actividad académica se vio interrumpida por el asesinato de los funcionarios universitarios Rodolfo Achem y Carlos Miguel. Este hecho desencadenó una ola de violencia provocada por la denominada “ultra-derecha peronista” hacia todos los movimientos políticos de izquierda (por aquel entonces dominantes), con especial interés en el “ala izquierdista” del peronismo. Quien sembró el terror fue un grupo de tareas comandado por “El Indio” Castillo, denominado Concentración Nacional Universitaria (CNU), que actuó en La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca. La ciudad universitaria platense se tiñó de violencia y Chel Ita Negrin junto con su esposo aparecieron en una lista negra. En la madrugada del 3 de noviembre de 1974 la casa-estudio Fornari-Negrin sufrió un atentado, cuando la CNU irrumpió en la propiedad y la incendió con bombas molotov al descubrir la ausencia de sus dueños. Este hecho produjo un giro radical en la vida de la pareja.
Entre 1974 y 1976 tuvieron un insilio en tres ciudades balnearias de la costa bonaerense: Mar del Plata, donde sufrieron otro atentado en el que hicieron explotar su auto; luego Pinamar, lugar en el que construyeron una casa denominada “Providencia” y en la que vivieron un tiempo; y por último Villa Gesell, donde continuaron su trabajo como arquitectos. En 1977, cuando la persecución y desaparición de personas se tornó insostenible, decidieron iniciar la vía del exilio. Entre 1978 y 1979 trabajaron en Brasil como docentes e investigadores en la Coordinación de Programas de Posgrado de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Luego tuvieron un breve paso por Caracas, ciudad en la que desarrollaron labores similares. Finalmente, se radicaron en el Distrito Federal de México. Allí, Negrin se incorporó a la UAM-A,2 al ingresar al Departamento de Evaluación del Diseño en el Tiempo (DEDT), perteneciente a la División de Ciencias y Artes para el Diseño (DCyAD), donde fue designada como Profesora Visitante. En 1981 obtuvo por concurso público una plaza de Profesora Titular-Investigadora de planta con dedicación exclusiva.
Desde ese entonces, se desempeñó como Profesora Titular de la asignatura Laboratorio de Diseño (1980-1982), Metodología del Diseño Arquitectónico (1983-1989) y Diseño Arquitectónico (1980-1999). Todas sus investigaciones fueron publicadas. De su autoría se destaca Coordinación modular en arquitectura de 1981 y, en coautoría con Fornari, La práctica edificatoria y su modernización (Vol. 1 y 2) de 1982. Las derivas intelectuales llevaron a la pareja a realizar ensayos sobre las funciones del código lingüístico arquitectónico. Así nacieron La voz de la arquitectura en 1984 y El mensaje arquitectónico en 1987. El análisis de los procesos proyectuales y productivos dio lugar a Semiótica del producto y Diseño y Producción (Premio Anual a la Investigación de la UAM), ambos publicados en 1993. Un año más tarde obtuvieron una Mención Honorífica en el concurso de Diseño de Logotipo para la UAM.
Nuevamente, sus búsquedas teóricas devinieron en líneas de investigación abocadas a la identificación y el análisis de códigos estilísticos vigentes en la arquitectura mexicana contemporánea, cuyos resultados fueron publicados en tres fascículos: Estilística de la arquitectura mexicana actual. Estilo neobrutalista (1993); Estilística de la arquitectura mexicana actual: Estilo reflectante e invernadero (1994) y Estilística de la arquitectura mexicana actual. Estilo emocional (1994). Participaron además en la producción de numerosos textos para libros colectivos, artículos para revistas y videos.
Negrin también incursionó en la técnica de la acuarela (Figura 9), así como en prácticas digitales, bajo el análisis y evaluación de las posibilidades de aplicación de la electrografía en el campo del diseño de la comunicación gráfico-artística (Figura 10). Estas prácticas e indagaciones estéticas fueron divulgadas entre exposiciones individuales y colectivas.


Figura 9: Sin título. Técnica: acuarela (c. 1990). Fuente: Archivo privado Fornari-Negrin.


Figura 10: Exposición electrográfica (c. 1990). Fuente: Archivo privado Fornari-Negrin.

Fueron muchos los premios y distinciones académicas otorgados a Negrin y Fornari, pero resulta meritorio señalar la continuidad de los estímulos otorgados por la UAM a la docencia y la investigación (1992-1998), a la trayectoria académica sobresaliente (1993-2000) y los incentivos con becas de apoyo a la permanencia del personal académico (1993-2002). Todas fueron recompensas que premiaban actividades de los campos del Diseño Arquitectónico, Industrial, Gráfico y Artístico.
En lo que respecta a Negrin, su labor académica se completó al integrar comisiones asesoras (jurados), encargadas de emitir dictámenes a nivel divisional en concursos académicos de oposición y antecedentes. También realizó actuaciones en comités encargados de evaluar planes y programas de estudio y de proponer sus rectificaciones o reemplazos, al integrar juntas de planeamiento académico. Participó en diversos congresos, foros y seminarios, y tomó parte en eventos relacionados con la arquitectura, el diseño industrial y las artes plásticas. Concurrió a varios de ellos en representación de la DCyAD. Fue miembro del Seminario-Taller teórico práctico Construcción de la Imagen (Neográfica) en el DEDT (1993-1996). Realizó estudios para graduados, entre los que destaca el de especialización en Arquitectura Bioclimática y Energía Solar. En Diseño Gráfico estuvo a cargo del diseño y control de edición de afiches institucionales y del diseño de ilustraciones para publicaciones de arquitectura editadas por la UAM-A (1991-1999). En 1999 se retiró de esta institución por cuestiones de salud y regresó a la Argentina, donde continuó hasta 2005 con las experimentaciones neográficas iniciadas en dicha universidad.
En síntesis, Chel Ita Negrin repartió, desde su etapa de estudiante, labores formativas, académicas y profesionales entre dos países por casi veinte años de estadía continuos en cada uno de ellos: 1953-1977 (Argentina) y 1979-1999 (México). Supo destacarse en varias facetas del amplio espectro de la arquitectura, como disciplina y como profesión, en áreas del diseño arquitectónico, industrial y gráfico. Exploró además el campo del arte, con una producción de trabajos en acuarela y nuevas propuestas estéticas en técnicas diversas, como la electrográfica, infográfica y digital.

LOS AÑOS SESENTA Y “LA MUJER EN LA ARQUITECTURA”

Ha sido señalado que:

Las mujeres han dejado muchas menos huellas que los hombres en la documentación histórica. Esta es una de las consecuencias más importantes de las actitudes culturales negativas hacia las mujeres. Si su historia se define como los hechos de los hombres, se menosprecian sus acciones, la vida de las mujeres se hace “ahistórica”, al vivir fuera del mundo de las empresas masculinas (Anderson y Zinsser, [1998] 2007, p. 16).

Se entiende que esta valoración puede hacerse extensiva a la actividad profesional de las mujeres arquitectas. Por ello, en este apartado se acepta como supuesto que las transformaciones socioculturales de “los largos años sesenta” –periodización enmarcada entre 1955 y 1980 (Jameson, 1997)– contribuyeron a un paulatino cambio de paradigma acerca del rol de la mujer en la sociedad y, en lo específico, sobre sus aportes en la cultura arquitectónica.
Desde una perspectiva occidental del mundo, el contexto económico-productivo de este momento histórico se encontraba en proceso de reestructuración capitalista, en pleno pasaje de la industria tecnológica de los motores a la industria intelectual de la información. Se consolidaba, así, una nueva sociedad de consumo. Dos disciplinas humanísticas contribuyeron en este proceso: la sociología y la psicología, al aportar con sus encuestas nuevas técnicas de investigación de mercado, que vieron nacer al marketing. Esta situación de bonanza y bienestar económico provocó cambios de hábitos y costumbres en los estratos medios. Por un lado, posibilitó el acceso de estos sectores a bienes suntuarios que indicaban cierto status (automóviles y electrodomésticos) y, por otro, produjo un impacto en el sistema familiar al transformar, con la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, el tradicional estereotipo femenino del ama de casa reducido históricamente a su rol reproductivo. Es cierto que fue la juventud el actor social que se rebeló a este proceso. Esta franja etaria canalizó su descontento a través del movimiento hippie, así como las minorías étnicas y sexuales oprimidas. Fueron ellos quienes cuestionaron los valores burgueses reproducidos por el sistema (competencia e individualismo), en paralelo a las disputas ideológicas que el mundo debatía en torno a la Guerra Fría entre capitalismo y comunismo. En definitiva, fue una década de cambios, alternativas y esperanzas revolucionarias, que agudizó las contradicciones de clase en las nuevas generaciones y tensó al extremo la cultura política entre izquierdas y derechas, al tiempo que se ampliaba la brecha entre países centrales (desarrollados) y países periféricos (en desarrollo).

Allá se rebelaron los hijos de la abundancia; aquí, la sublevación cultural no estuvo totalmente separada de otras insurrecciones. Allá, una satisfecha clase obrera sólo despertó a la conciencia política cuando la guerra de Vietnam le devolvió a sus hijos en bolsa de plástico; aquí, los jóvenes siempre soñaron con su revolución que iría más allá del flower power (Pujol, 2007, p. 284).

No obstante, sería injusto silenciar a la mujer. Fue otra importante protagonista de la época a través del movimiento feminista, que luchó por sus derechos, por la igualdad entre los géneros y también por su liberación. Sus reivindicaciones comenzaron a fines del siglo XIX, con su participación en el trabajo industrial, pero fue en los años sesenta del siglo XX cuando sus voces se multiplicaron y alcanzaron a todos los sectores sociales.

No fue necesario esperar el estreno de Masculino-femenino, la polémica película de Jean-Luc Godard de 1966, para descubrir que muchas cosas estaban cambiando en las relaciones entre hombres y mujeres jóvenes. Para los primeros, no iba a ser tan sencillo asimilar estos cambios, pero tal vez menos simple para las mujeres protagonizarlos. De todos modos, los temores no inmovilizaron a la gente, y ser mujer en los años ´60 fue muy distinto a ser mujer apenas unos años antes (Pujol, 2007, p. 297).

Si se proyecta esta aseveración sobre las arquitectas mujeres de los años sesenta, resulta notable y premonitorio el artículo La mujer en la arquitectura, escrito en un país periférico como Argentina y firmado por la arquitecta, crítica e historiadora Marina Waisman, quien señaló en 1969:

En general, la mujer como profesional tiene comienzos mucho más difíciles que el hombre, y el abrirse paso en la profesión suele resultar, en ocasiones, realmente arduo. Es muy frecuente que la mujer debe demostrar una capacidad indiscutiblemente mayor que la de sus competidores masculinos para ocupar un lugar cualquiera en la profesión […] Ahora bien, es importante tomar en consideración el cambio que se ha producido en la situación de las mujeres arquitectas de nuestro país en los últimos diez años [ya que] al aumentar considerablemente el número de estudiantes mujeres desapareció esa condición de excepcionalidad [...] Con ello se ha ganado un grado notable de naturalidad que, lógicamente, se traslada luego a la vida profesional (Waisman, 2011, p. 56-58).

En resumen, el caso de Chel Ita Negrin puede tomarse como testigo de esta coyuntura histórica. No solo fue la cuarta arquitecta mujer que egresó en La Plata,3 sino que también formó parte (conscientemente o no) de esta nueva ola. No tuvo hijos y fue contemporánea a la aparición de la píldora anticonceptiva. El haberse dedicado exclusivamente a su profesión expresa de algún modo la pérdida de viejos prejuicios y la puesta en acción de un nuevo tipo de mujer, más deseosa de concretar sus propias aspiraciones que de satisfacer antiguos mandatos culturales.

HACIA UNA HISTORIOGRAFÍA DE LA ARQUITECTURA CON PERSPECTIVA DE GÉNERO

Es sabido que el camino recorrido por las mujeres que se dedicaron a la arquitectura no es ni ha sido fácil, ya que no aparecen en la historia con igual asiduidad que los hombres, y no por falta de aportes.

La explicación de que las mujeres están presentes en la arquitectura a partir de las vanguardias, no deja de ser parte de la construcción heroica de la modernidad, que señala al movimiento moderno como el primer momento en que las mujeres estuvieron presentes; y la historia no ha sido realmente así: las mujeres lucharon décadas y siglos por el derecho a estudiar, a ejercer un rol público, a la autonomía económica; y a principios del siglo XX ya habían logrado una cierta visibilidad y presencia pública (Muxí, 2018b).

Hasta prácticamente fines del siglo XIX las mujeres no tenían permitido el acceso a las escuelas o academias de arquitectura. Fue a principios del siglo XX donde aquellas mujeres nacidas después de 1900 pudieron titularse a pesar de ser minoría en sus cursos o tener permisos especiales para hacer la carrera. Recién por entonces las mujeres comenzaron a participar en la vida académica, a integrarse a los organismos públicos, a publicar, a sumarse a estudios o a formar los propios (Moisset, I., Marciani, F., Kesman, C., Ojeda, G., Muxí, Z. y Arias, D., 2016).

A la luz de estas afirmaciones, resulta imprescindible impulsar un equilibrio tendiente a construir una historia con perspectiva de género, que impulse una revisión del campo historiográfico sobre la cultura arquitectónica. Con solo pensar el problema desde el pequeño mundo de la historiografía del siglo XX, se registran muy pocas mujeres arquitectas con publicaciones de libros. Recién aparece una incipiente visibilidad a finales de los sesenta y albores de los setenta, pero aún en coautoría con sus maridos. En torno a estas publicaciones, se destacan dos parejas en la esfera internacional. Por un lado están los Smithson, Peter Smithson y Alison Smithson (Alison Gill), arquitectos y urbanistas ingleses que trabajaron activamente en aspectos teóricos de la arquitectura y el urbanismo entre 1950 y 1960. Fueron líderes del Team X y figuras clave de lo que se conoce como brutalismo y estructuralismo. En 1967 publicaron el libro Urbanstructuring. La otra pareja en cuestión, que revolucionó los cánones modernos de la arquitectura, fue la del arquitecto estadounidense Robert Venturi y su esposa Denise Scott Brown, arquitecta experta en planificación urbana, profesora y escritora, nacida como Denise Lakofsky en la ciudad de Nkana, Zambia. En 1971 escribió, en colaboración con su marido y con Steven Izenour, Aprendiendo de Las Vegas: el simbolismo olvidado de la forma arquitectónica (Scott Brown, Venturi e Izenour, 1971), uno de los textos más influyentes en el campo de la historia y la teoría arquitectónica y urbana de la segunda mitad del siglo XX.
En el ámbito local, la arquitecta Marina Waisman (cuyo apellido de soltera era Kitroser) trascendió como crítica de arquitectura de América Latina.

Produjo teoría de la arquitectura mirando las problemáticas propias de la región y proponiendo herramientas adecuadas para entender nuestra realidad […] En 1972 publica su primer libro La estructura histórica del entorno, una interpretación desde la cultura latinoamericana del libro Teorie e Storie dell’Architettura, de Manfredo Tafuri (Moisset, 2015).

Podría decirse que Waisman fue protagonista en soledad y que sembró la semilla de lo que vendría luego, especialmente por el doble rol ejercido: fue pionera en abordar temas desde una perspectiva de género y fue objeto de estudio en la historiografía de la arquitectura latinoamericana. Parte de la primera cosecha de estas semillas pareciera haberse instalado en aportes bibliográficos recientes,4 así como en el ciclo documental Arquitectas. Maestras del espacio,realizado por la televisión pública argentina en 2018.5 Sumado a esto, es probable que el proyecto colectivo en red que desarrolla el blog Un día | una arquitecta tenga un mérito mayor, al haber profundizado el tema-problema y al haberlo difundido masivamente a través de medios digitales.6 A pesar de los avances del emergente movimiento global de “arquitecturas feministas”, pareciera que la revolución cultural de los largos años sesenta se encuentra aún en pleno proceso deconstructivo.

NOTAS

1. El movimiento casablanquista o de “las casas blancas” fue una corriente estética cuyo nombre procede de la exposición “La arquitectura argentina de hoy: 14 casa blancas”, inaugurada en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires el 7 de agosto de 1964.

2. Fundada en 1974, la Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Azcapotzalco (UAM-A) es una institución educativa que se encuentra en la ciudad de México y que desde sus inicios tiene como misión impulsar la vinculación de la universidad con el Estado, la industria y la sociedad, a través de la Unidad de desarrollo tecnológico.

3. Chel Ita Negrin fue la cuarta arquitecta mujer egresada de la UNLP, detrás de Lya Ethel Araujo, Elena Alba Petroni y Elsa Inés Rzekonski.

4. Tales son los casos de Muxí (2018a, 2018b), Muzi (2018), el sitio Un día | Una arquitecta, Moisset (2015; 2017), Segato (2016), Preciado (2010), Espegel (2007), Cevedio (2004) y Falú (2002), entre otros artículos, publicaciones y notas periodísticas recientes.

5. Ellas fueron Carmen Córdova y Josefa Santos, ambas de Buenos Aires, Odilia Edith Suarez y Flora Manteola, de la provincia de Córdoba, junto a otras profesionales menos conocidas como Helena Victoria Acquarone (Concordia), Itala Fulvia Villa (Buenos Aires), Inés Edith Rubio (La Plata) y Chel Ita Negrin (Jacinto Arauz).

6. Espacio virtual creado y coordinado por la arquitecta Inés Moisset, en el que confluyen otros pares rioplatenses con centralidad organizativa en Córdoba, Buenos Aires, Montevideo y Barcelona, y que trabaja desde 2015 en visibilizar lo invisibilizado: la producción de las arquitectas en el mundo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Agradecimientos

Esta investigación biográfica no hubiera sido posible sin la colaboración de Manuel Negrin (sobrino de Chel Negrin), sumado a los testimonios familiares.

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