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Mundo agrario

versión On-line ISSN 1515-5994

Mundo agr. v.5 n.10 La Plata ene./jun. 2005

 

Transformaciones y conflictos en el agro chaqueño durante los ´90. Articulaciones territoriales de una nueva racionalidad productiva.

Dra. Cristina Valenzuela

Instituto de Investigaciones Geohistóricas-CONICET
Fac. de Humanidades. Universidad Nacional del Nordeste

cvalenzu@bib.unne.edu.ar

Resumen
Las transformaciones ocurridas en el sector agrícola del Chaco en los ´90, constituyen un ejemplo concreto de procesos de desarrollo geográfico desigual. A partir de 1999 esta provincia, dejó de ser la principal productora algodonera argentina para incorporarse a la siembra de soja genéticamente modificada, convertida en el principal cultivo nacional. El reemplazo de una lógica productiva que sustentó la organización económica y social provincial durante más de cuatro décadas por otra que privilegió la eficiencia y los menores costos comparativos, suscitó conflictos y reacciones diferenciales en el sector según la vulnerabilidad selectiva de los actores involucrados. El objetivo del trabajo es profundizar en ese proceso de reemplazo, estableciendo las principales características de las transformaciones acontecidas y dimensionando tanto sus efectos, como las respuestas de los distintos agentes del sector (una mayoría de pequeños productores tradicionales apoyados por organizaciones no gubernamentales, una minoría de medianos y grandes productores empresarios y el gobierno provincial).

Palabras clave: desarrollo geográfico desigual, transformaciones agrarias, vulnerabilidad diferencial, Chaco Argentina

Abstract
The transformations happened in the agricultural sector del Chaco in ´90, constitute a concrete example of processes of unequal geographic development. As of 1999 this province, stopped being the main Argentine cotton producer to get up itself to seedtime of soybean genetically modified, turned the main national culture. The replacement of a productive logic that sustained provincial the economic and social organization for more than four decades by other than privileged the efficiency and the smaller comparative costs, provoked conflicts and reactions differentials in the sector according to the selective vulnerability of the involved actors. The objective of this paper is to deepen available in that process, establishing the main characteristics of the occurred transformations and determine the proportions its effects as much, as the answers of the different agents from the sector (a majority of small traditional producers supported by nongovernmental organizations, a minority of medium and great producers industralists and the provincial government)..

Key words: unequal geographic development, agrarian transformations, vulnerability differential, Chaco Argentina

1. Consideraciones teóricas sobre desarrollo geográfico desigual, vulnerabilidad selectiva y racionalidad del espacio. Aplicación al caso de estudio

    En su elaboración de una teoría de los desarrollos geográficos desiguales, David Harvey (2003:95-100) señala que el concepto genérico del mismo comporta la fusión de dos elementos: las escalas cambiantes y la producción de diferencias geográficas. En cuanto al primer elemento, considera a la producción de escala en los asuntos humanos como un aspecto vital y sostiene que: “los seres humanos han producido típicamente una jerarquía articulada de escalas espaciales dentro de las que organizar sus actividades y comprender su mundo...”1. Esa comprensión se basa en las diferenciaciones, interacciones y relaciones que se verifican entre esas escalas y al interior de las mismas 2. El segundo elemento surge del examen del mundo en una escala particular. En el nivel de generalización escogido se revelan inmediatamente toda una serie de efectos y procesos que producen diferencias geográficas en los modos y niveles de vida, en el uso de los recursos, en las relaciones con el medio ambiente y en las formas culturales y políticas.
    Las diferencias geográficas resultantes de legados históricos y geográficos, se sostienen y reproducen o reconfiguran por los procesos político-económicos y socio-ecológicos que tienen lugar en el presente y adquieren particular relevancia a partir de la consolidación de los procesos de globalización 3 económica, política y cultural y la aceleración del desarrollo científico y tecnológico. Estos procesos ponen de manifiesto la “vulnerabilidad selectiva” que expone de manera desigual a las poblaciones a efectos tales como el desempleo, la degradación de los niveles de vida y la pérdida de recursos y de opciones y de calidades ambientales, en diversas escalas espaciales, así como al mismo tiempo: “concentra la riqueza y el poder y más oportunidades políticas y económicas en unas cuantas localizaciones selectivas y dentro de unos cuantos estratos restringidos de población” , (Harvey, 2003:102) variando de un lugar a otro la intensidad de los efectos tanto positivos como negativos.
    Los desarrollos geográficos desiguales plantean graves obstáculos a la adecuada reunión de múltiples intereses particulares en un marco que exprese el interés general. Así, en una misma escala coexisten procesos que implican simultáneamente producción / destrucción; concentración / fragmentación; inclusión / exclusión; adaptación / expulsión. En la misma línea de pensamiento Milton Santos 4, (2000:262) los describe en términos de la racionalidad del espacio señalando que frente a lo que denomina “la racionalidad dominante, deseosa de conquistarlo todo” , se puede, subjetivamente y desde el punto de vista de los actores no beneficiados, hablar de irracionalidad, es decir, de producción deliberada de situaciones no razonables. Y se puede también, objetivamente, decir que a partir de esa racionalidad hegemónica, se instalan paralelamente lo que denomina las “contra-racionalidades”. Estas se localizan, desde un punto de vista social, entre los excluidos, las minorías; desde un punto de vista económico, entre las actividades marginalizadas; y desde un punto de vista geográfico, en lo que este autor designa como “las áreas menos modernas y más “opacas”, convertidas en contrarracionales 5 para los usos hegemónicos. Todas esas situaciones se definen por su incapacidad de subordinación completa a las racionalidades dominantes, ya que no disponen de los medios para tener acceso a la modernidad material contemporánea”.
    A escala global, en referencia a los límites de la racionalidad en el campo y en la ciudad, Santos (2000:257) señala que con la globalización, la especialización agrícola basada en la ciencia y en la técnica incluye el campo modernizado en una lógica competitiva que acelera la entrada de la racionalidad en todos los aspectos de la actividad productiva.
    Se crea un mundo rural prácticamente sin misterios donde cada gesto y cada resultado debe ser previsto, con el fin de asegurar la mayor productividad y la más alta rentabilidad posible. Plantas y animales ya no son heredados de las generaciones anteriores, sino que son criaturas de la biotecnología. El campo modernizado es el lugar de los nuevos monocultivos y de las nuevas asociaciones productivas, enraizadas en la ciencia y en la técnica y dependientes de una información sin la cual el trabajo rentable no es posible 6.
    Y en un exacto vaticinio –desde la perspectiva de nuestro tema de estudio-, el autor describe en forma abstracta y general pero con precisión, la dinámica de los actores involucrados en los procesos de incorporación de tecnología:
    Los nuevos objetos cuestan caro. Convocado a implantarlos en nombre de la modernidad y de las necesidades de la globalización de la economía, el poder público acaba aceptando un orden de prioridades que privilegia a algunos pocos actores, y relega a un segundo plano todo el resto: empresas menores, instituciones menos estructuradas, personas, y así agrava la problemática social. Al tiempo que algunos actores, en virtud de los recursos públicos, (o en ausencia de impedimentos, agregaríamos) encuentran las condiciones de su plena realización (fluidez, adecuación a las nuevas necesidades técnicas de la producción), los demás, es decir, la mayoría, no obtienen respuesta adecuada para sus necesidades esenciales. Existe, de ese modo, una producción limitada de racionalidad, asociada a una producción amplia de escasez 7.
    Las transformaciones ocurridas en el sector agrícola del Chaco en los ´90, a partir de la expansión de la soja genéticamente modificada, (transgénica, también soja RR 8 constituyen un ejemplo concreto de estos procesos de desarrollo geográfico desigual y de contra-racionalidades generadas a partir de una nueva racionalidad productiva. A partir de 1999 esta provincia 9, dejó de ser la principal productora algodonera argentina para incorporarse a la siembra masiva de la oleaginosa convertida en el principal cultivo nacional. El reemplazo de una lógica productiva que sustentó la organización económica y social provincial durante más de cuatro décadas por otra que privilegió la eficiencia, la simpleza, los menores costos comparativos y la comercialización garantizada de los nuevos paquetes tecnológicos, suscitó conflictos y reacciones diferenciales en el sector según la vulnerabilidad selectiva de los agricultores chaqueños, diferenciados en grandes y pequeños. Los primeros, (un 6% del total) poseían en 1992 entre 100 y 500 hectáreas y los pequeños, representaban el 93% restante, constituyendo el grupo de mayor vulnerabilidad. (Censo para el Subsidio Algodonero. 1992. Centro de Documentación e Información, Ministerio de la Producción. Provincia del Chaco ).
    La reconversión productiva implicó el abandono casi total del algodón, forzó la expansión de la frontera agrícola hacia áreas no tradicionales (extremo sudoeste y oeste provincial) con procesos de desmonte acelerado y arrendamientos temporarios y generó una mayor concentración y polarización de la actividad, con una creciente marginación y exclusión de las fracciones más desfavorecidas.
    El objetivo del trabajo es profundizar en ese proceso de reemplazo, estableciendo las principales características de las transformaciones acontecidas y dimensionando tanto sus efectos, (en tanto consecuencias espaciales e impactos diferenciales), como las respuestas 10–acciones y/o discursos- de los distintos agentes del sector (una mayoría de pequeños productores tradicionales apoyados por organizaciones no gubernamentales, una minoría de medianos y grandes productores empresarios y el gobierno provincial) . Una experiencia territorial 11 concreta – la del Chaco- permite considerar las posibilidades y dificultades que encontraría la búsqueda de conciliación de los múltiples intereses particulares en un marco que exprese el interés general, para el diseño, por ejemplo, de políticas de desarrollo agrícola o de desarrollo rural sustentable.
    El estudio, entonces, se aproxima a un diagnóstico, a partir del análisis de bibliografía especializada, documentos y testimonios de fuentes periodísticas 12 y en la realización de entrevistas a informantes claves 13 de la realidad investigada, constituyendo una primera aproximación al problema.

2. Las racionalidades y contra-racionalidades en el espacio agrícola Chaqueño: impacto desigual del reemplazo de lógicas productivas

    Para comprender el impacto diferencial que los cambios en el sector agrícola chaqueño suscitaron en los distintos agentes involucrados en esa realidad territorial ( una mayoría de pequeños productores tradicionales apoyados por organizaciones no gubernamentales, una minoría de medianos y grandes productores empresarios y el gobierno provincial) , es necesario analizar la dinámica de las transformaciones, sus etapas, para luego dimensionar sus consecuencias, particularmente la gran variedad de situaciones de debilidad relativa que generaron. A partir de allí es posible precisar las posibilidades de reacción de cada grupo ante las alternativas planteadas.
    El primer paso admite la división del análisis en dos fases: una primera correspondiente al pico secular y el declive de la producción algodonera (1994-1998) y una segunda de difusión acelerada de la soja transgénica (1999-2004). Las consecuencias de cada fase son confrontadas conjuntamente con las manifestaciones –discursos y acciones- de los distintos sectores participantes en el proceso.

2.a. Primera etapa: la “primavera” algodonera: 1994-1998

    La evolución de la superficie ocupada por los principales cultivos en el Chaco en las últimas cuatro décadas se caracterizó por períodos de expansión y retracción alternativa de alguna de las cinco especies anuales (maíz, sorgo, trigo, soja y girasol) en las épocas de crisis de la actividad algodonera. Esos intentos diversificadores, se sucedieron en el contexto de una agricultura marginal, dependiente y vulnerable a los ciclos de sobreoferta, (ante las cosechas “récords” se desbordaba la capacidad de almacenaje, transporte y colocación de lo producido, generándose la crisis consecuente), en un proceso que fue reafirmando la alternancia monoproductiva del “cultivo de turno” que pasaba a dominar temporariamente las orientaciones agrícolas a escala provincial (Valenzuela, 2001b:56).
    Como señalan Guy (1993), Girbal (1998) y Bruniard (1999), en un escenario básicamente monoproductor, las opciones de diversificación propias de la práctica tradicional de cultivos anuales 14, fueron ejercidas por los agricultores en función de las dimensiones físicas de sus explotaciones y de las perspectivas de la demanda interna y de los precios relativos. Una mayor disponibilidad de tierra posibilitó un contexto participativo, con una mayor integración social y comercial que alentó mayores posibilidades de progreso. En este sentido, el sector agrícola chaqueño no fue ajeno a lo que EKBOIR, FIORENTINO y LUNARDELLI, (1990:543) destacan como “...los problemas estructurales más frecuentes de las economías regionales; la concentración de la propiedad fundiaria y la consiguiente división de los agricultores entre “empresarios” y minifundistas dentro de una misma rama productiva” . Mientras los minifundistas chaqueños –con explotaciones de menos de 50 hectáreas- compartieron una serie de rasgos negativos de índole diversa (dependencia del trabajo familiar en condiciones precarias de tenencia de la tierra, escasas posibilidades de acceso a una oferta crediticia cara e insuficiente, extrema vulnerabilidad a los fenómenos meteorológicos y sujeción a los intermediarios que compran la producción a precios inferiores a los vigentes en el mercado); la situación de los agricultores con explotaciones comparativamente mayores, las que históricamente no constituyeron un estrato importante en la estructura agraria provincial, siempre fue más desahogada por contar con una mayor extensión de tierra que les posibilitó un margen más amplio de diversificación en su manejo productivo.
    A excepción de los productores minifundistas “el estrato obligado a plantar algodón” 15, tradicionalmente restringidos en sus probabilidades de innovación e intensificación por la insuficiencia de sus recursos, el resto del conjunto se manejó con un alto grado de incertidumbre para la toma de decisiones de producción e inversión. Como los productos en los que se apoyaban las decisiones agrícolas debían competir con la producción pampeana, el agricultor ensayaba con oleaginosas y cereales, además del algodón, guiado por su percepción de los mercados y basándose en la limitada información que pudiera manejar la cooperativa local. Esta aleatoriedad se tornó una característica de la práctica agrícola de las últimas décadas. Como señalaba un informe oficial del Ministerio de Agricultura y Ganadería del Chaco en 1986, los altibajos de las superficies dedicadas a cada cultivo no obedecen a ninguna combinación planificada de alternativas o combinación de recursos que tienda a incrementar el nivel de ingresos del productor:

…cuando se realizan rotaciones, éstas obedecen a dos tipos de circunstancias, las económicas al depender la disminución de hectáreas de un cultivo respecto a otro de las expectativas de precios futuros que el productor llegue a estimar; y la más importante, las condiciones ambientales (sequías, insuficiencia o exceso de lluvias) que muy a menudo hacen que el productor se vea obligado a cambiar su programa de producción anual y cultive finalmente lo que las condiciones ambientales circunstancialmente le permitan. (PROVINCIA DEL CHACO, 1986:36).

    Este contexto totalmente eventual de decisiones, restringió las posibilidades de uniformidad y difusión en el uso de tecnología, ante las modalidades heterogéneas y desintegradas de los cultivos de turno. A su vez, como destaca Bruniard (1999) la diversificación desarticulada hacia la producción de granos u oleaginosas, incluyendo siempre en mayor o menor medida al algodón, demandó una infraestructura que debió adecuarse a cada intento y que incluyó desmotadoras, fábricas de aceite, silos y graneros, y que podía trabajar a pleno en algunos años, estar parcialmente ociosa en otros, o entrar en parálisis total, según fuera la estructura de los precios relativos o el humor del clima subtropical (Bruniard, 1999:30) . Como una suerte de “destino trágico” para el Chaco se sumaron con frecuencia, los efectos negativos de los llamados “excesos hídricos no regulados”, que en numerosas ocasiones, truncaron el éxito que auguraba una etapa de crecimiento agropecuario.
   La perdurabilidad de este modelo de gestión productiva que incluía sectores de agentes económicos muy distintos, exigía que se mantuvieran ciertas condiciones operativas, estrechamente asociadas con los lineamientos del modelo de crecimiento vigente en la etapa mercadointernista, (Rofman, 2000:130-131) .

”...las características altamente protegidas de la estructura de producción –tanto en el sector agrícola como en el industrial- que signaban la política económica entonces vigente impedían asimilar los niveles de eficiencia internos a los que se exigían a nivel internacional. Ello posibilitaba que los sectores productivos, de este modo desvinculados de costos y precios internacionales, pudiesen incluir a importantes segmentos marginales, de baja productividad y limitada calidad del producto obtenido, los que subsistían pese a no exhibir condiciones de eficiencia similares a las que regían internacionalmente”.

   A principios de los ´90, la desregulación y apertura de la economía a la competencia externa, impactó de manera diferencial sobre la agricultura chaqueña, que quedó expuesta de manera desigual a la inestabilidad de los mercados internacionales y sin protección ni sostén ante los vaivenes de los precios en esta escala. La producción algodonera se expandió en volumen, mediante la difusión –en las explotaciones medianas y grandes- de sistemas mecanizados de cosecha, la introducción de nuevas variedades de mayor rendimiento, calidad y precocidad en su desarrollo y la ampliación del parque industrial de primera transformación.
    El período de precios internacionales favorables llevó al Chaco a registrar la mayor cosecha del siglo, en una euforia productiva que duró cuatro campañas apoyada también en el creciente déficit del mercado brasilero que se configuró como el principal comprador. Si bien todos los agricultores se volcaron a producir algodón, el extraordinario incremento de la productividad y la elevación de los rendimientos obedecieron a las innovaciones tecnológicas incorporadas en los estratos de medianos y grandes productores. Rofman (2001:110) reseña con precisión el proceso señalando que sobre la base de los grandes productores de algodón que pudieron reconvertirse, la producción creció y fue absorbida por flamantes desmotadoras –muchas de ellas instaladas en este período en la región-, que encabezaron el proceso de colocación de los excedentes de fibra en el mercado externo. “Se conformó, así, una alianza nueva, integrada por productores industriales con plantas en expansión muy modernas y agricultores aptos para incorporar innovaciones tecnológicas acentuadas en sus predios”. Al respecto señalaba la prensa local:

“1995 mostraba a una provincia en una alocada carrera de instalaciones de desmotadoras y batía todas las marcas de ventas en las concesionarias, elevando el parque de cosechadoras por encima del millar. Esa primavera algodonera que alcanzaba su pico máximo a mediados de los ´90, como contraste generaba uno de los mayores endeudamientos de los que se tenga conocimiento en la historia de los colonos chaqueños, además de profundizar la permanente migración hacia las ciudades desde los campos del interior, dejaba como amargo corolario la pérdida de la titularidad y el trabajo de la tierra chaqueña, hoy en manos de empresas extrachaco (sic)” . En Suplemento Norte Rural, 31 de diciembre de 2003, p. 2.

    En estos años, se instalaron en la provincia nuevas plantas desmotadoras de propiedad particular, las que pasaron a concentrar más del 80% del algodón en bruto producido en la provincia. Las desmotadoras de las Cooperativas que tuvieron una activa participación desde mediados de los ´70 y en toda la década del ´80, concentrando casi la mitad de la producción comercializada en el Chaco, para mediados de la década siguiente, en pleno récord de hectáreas sembradas con algodón en el Chaco, solamente recibían el 20% del algodón en bruto comercializado.

Tabla 1: Provincia de Chaco: algodón en bruto recibido en desmotadoras.

Fuente: El Chaco en Cifras . nº 8, 1971:47; nº 16, 1979:54; nº 26, 1989-90:64 y nº 37, 2001:58 clasificados según vías de comercialización.

    A escala nacional, la liberación a la venta de la soja genéticamente modificada en 1996, en un “paquete” tecnológico que combinó la siembra directa, los biocidas (glifosato) y fertilizantes, aceleró la expansión de la oleaginosa en la región pampeana, al ofrecer la posibilidad de adoptar rápidamente tecnologías ahorradoras de costos en un modelo de “fuga hacia adelante”, que se apoyó fundamentalmente, en una importante capacidad instalada previa (Bisang, 2003:436-437).
    Mientras se difundía la soja RR en el área pampeana, la euforia algodonera chaqueña se veía truncada por el descenso de los precios internacionales y las inundaciones ocurridas entre septiembre de 1997 y abril de 1998. El sector agrícola provincial pasaba del “cielo” al “infierno”, en una sucesión de éxito y crisis que no era nueva para el área, sino que identificó el devenir agrícola de las últimas cuatro décadas, cuando ya sea de forma combinada o no, la incidencia negativa del medio físico y coyunturas de mercado desfavorables determinaron la sucesión de períodos críticos que alternaban el estancamiento y la merma de la producción, con la euforia de las cosechas récords, “salvadoras”, que disipaban las dificultades pasadas (Valenzuela, 2000a: 147-161).
   En el caso de ésta última crisis, las perspectivas alentadoras dejaron paso a una crisis casi terminal, por la magnitud del endeudamiento registrado por pequeños y medianos productores, (poseedores de explotaciones de menos de 100 hectáreas y de 101 a 200 hectáreas, respectivamente). Cabe citar como ejemplo el testimonio brindado a medios periodísticos locales por el propietario de dos plantas desmotadoras (una nueva, en la que invirtió en los ´90), en Tres Isletas, centro de la provincia:

“Todos nos agrandamos, los colonos con tractores, con más hectáreas, se compraron cosechadoras, nosotros con las desmotadoras y hoy nos encontramos con que todo lo que se había dicho en reuniones con especialistas, que el futuro del algodón era bueno hasta el 2003 y al año nomás nos encontramos con la tremenda realidad de que esto no era así, los precios cayeron y se sumaron las condiciones climáticas que echaron por tierra cualquier posibilidad de producir en términos rentables”. En: “ La realidad contradijo los pronósticos y golpeó duro ”. Suplemento Norte Rural 30 de junio de 1999, p. 5.

    En ese contexto, el algodón, el gran dinamizador de la economía chaqueña, el cultivo de mayor contenido social, inició un descenso sostenido de su área de siembra hasta niveles nunca antes vistos, determinando años después la necesidad de importar fibra, cuando pasó a ocupar menos de un 10% de la superficie provincial sembrada 16. El parque de cosechadoras que en 1998 superaba las 1000 unidades, quedó parcialmente inactivo 17. Un gran número de desmotadoras cerró sus puertas por el brusco descenso de la oferta, luego, la falta de acopio llevó a que el 50% de las plantas permanecieran cerradas, según su mayor o menor capacidad de desmote, sus costos operativos y la posibilidad de afrontar con pagos directos la compra del algodón en bruto 18.

Tabla 2
Provincia del Chaco
Evolución de la superficie sembrada con los principales cultivos (en hectáreas)

Fuente: Centro de Documentación e Información del Ministerio de la Producción de la Provincia del Chaco

 

Gráfico 1: Chaco. Hectáreas sembradas con los principales cultivos. 1995-2003.


Fuente:

   La situación registrada por el sector algodonero chaqueño a fines del siglo XX, no es más que una repetición agravada de las crisis que registró desde 1967 19, y constituye la consecuencia recurrente de la falta de respuestas de largo plazo por parte del Estado Nacional. La actividad algodonera chaqueña, tan substancial para la economía de la provincia, no revistió una importancia primordial frente a los cultivos tradicionales de la pampa húmeda argentina, (cereales y oleaginosas), que tuvieron y tienen un muy fuerte peso en el comercio agropecuario argentino . En el año 2001, catorce países subsidiaron la producción algodonera elevando con ello los montos comercializables y promoviendo un descenso de los precios internacionales. El futuro quedó planteado entre dos opciones: solicitar, como lo viene haciendo desde 1985 la Argentina ante el Comité Consultivo Internacional del Algodón (CCIA) la eliminación o disminución de los subsidios y apoyos gubernamentales a la producción y comercialización del algodón o instrumentar una política de apoyo a la producción, con soporte financiero y técnico a los pequeños productores del Norte del país, como lo hizo Brasil , nuestro principal comprador de fibra hasta mediados de los noventa-, quien con la reducción a la carga impositiva, el crédito subsidiado y la instrumentación de precios sostén, se acercó al autoabastecimiento y exporta fibra de algodón desde 2002 (Rofman, 2001:112-113).

2.b. Segunda etapa: la “sojarización” de los campos chaqueños: 1999-2005 y continúa

    Entre fines de 1997 y principios de 1998 la combinación entre el marcado descenso de los precios en el mercado internacional y las contingencias climáticas adversas determinaron una nueva crisis que llevó al algodón a ocupar la mínima superficie sembrada del siglo. A la virtual desaparición del estrato de los pequeños productores tradicionalmente algodoneros, el segmento más perjudicado por su incapacidad estructural de adaptarse al nuevo contexto productivo, altamente endeudado y en consecuencia, impedido de acceder al crédito bancario, -el que cabe agregar que fue prácticamente inexistente durante el año 2002-. se sumó una minoría de medianos y grandes productores chaqueños que abandonaron el cultivo del textil porque resultaba antieconómica su siembra, ya que los costos triplicaban a los necesarios para sembrar soja 20, proceso facilitado por el sistema de siembra directa en un marco de precios más estables y comercialización más ágil (Besil, 2002:24).
    El acelerado crecimiento de la producción argentina se apoya en la incorporación de tecnología (vía insumos) y en los cambios en las formas de organización de la producción con la difusión de los organismos genéticamente modificados. Como señala Bisang (2003. 417): “A diferencia de lo ocurrido en el caso de la denominada revolución verde, este cambio –basado en la aplicación de la biotecnología- es adoptado, en algunos aspectos, por la sociedad local con un escaso retraso respecto de su lanzamiento internacional, (1994 en EEUU y 1996 en Argentina). Tiene la impronta de una fuerte influencia de los proveedores de insumos (del área industrial) sobre el productor en la adopción y aplicación de las nuevas técnicas y de otros actores de la trama agraria (terceristas, exportadores, sistema financiero)”.
    En el Chaco el paso del monocultivo algodonero al monocultivo sojero implicó también cambios en las modalidades y escalas productivas. La adopción del “paquete” tecnológico asociado a la oleaginosa significó el relegamiento de toda la infraestructura (cosechadoras y desmotadoras) y las prácticas propias del cultivo algodonero, que dos años antes había registrado la máxima superficie implantada del siglo. En estas circunstancias se asentaron, particularmente desde 2003, productores oriundos de las provincias de Santa Fe o Córdoba que compraron o alquilaron tierras para sembrar soja, en un proceso de ampliación de la frontera productiva pampeana con la incorporación de tierras marginales en el sudoeste y oeste de Chaco y Santiago del Estero.
    Con el reemplazo del algodón por la soja, las cosechas algodoneras a partir de 1999 fueron las peores en la historia del país. El impacto de la crisis dejó en una situación crítica a miles de productores y trabajadores rurales, siendo los pequeños y medianos productores los más agobiados por su endeudamiento generalizado derivado de los pagos pautados a cosecha futura. En ese contexto, los menores costos y la siembra directa fueron los factores dominantes para la expansión de distintas variedades de soja en la provincia, dando lugar a lo que la prensa local calificó como “...un peligroso esquema de monocultivo que muchos dieron en llamar la sojarización de los campos chaqueños”, (Suplemento Norte Rural, 8 de octubre de 2003, p. 3) .
    Con la expansión acelerada de las fronteras productivas, la provincia superó las 1.500.000 de hectáreas sembradas incursionando en áreas “no tradicionales” como el departamento Almirante Brown 21.Las posibilidades ciertas de obtener dos cosechas por año agrícola en el Chaco, además de los bajos costos para la accesibilidad a la tierra fueron los ejes de esa ampliación conducida por productores y empresarios del sur del país que en significativa corriente migratoria y alta capacidad de producción, arrendaron y adquirieron la mayoría de los campos con superficies superiores a las 500 hectáreas.
    El advenimiento de estos nuevos agentes productivos, -oriundos y residentes en otras provincias del área pampeana-, atraídos por los bajos precios de la tierra, generó la ruptura de la cadena comercial en las localidades del interior, por cuanto la renta agrícola se salió del circuito local. Los nuevos agentes productivos cordobeses y santafesinos encontraron en el área sudoeste del Chaco extensiones suficientes para expandirse, (ya que esa zona del Chaco, no registró una subdivisión tan marcada como el área central, donde se concentra el minifundio) y conjugaron la tecnología de insumos y procesos –contratada- con la toma de tierras en arrendamiento por un año o dos, disponiendo de liquidez para pagar de forma adelantada la renta del campo, antes de comenzar la implantación. Al respecto testimoniaba José M. antiguo trabajador de la estiba algodonera en Gancedo:

“Atropellaron con la plata en la mano y por adelantado, así que se llevaron todos los campos los cordobeses; pero hay que reconocerles algo, de los fierros [maquinarias] que trajeron para la zona, hay muy pocos de esos en otro lado, este es otro Chaco...la siembra directa, las semillas esas que le dicen RR que nos dejaron sin la carpida, los volcadores y los tumbadores. Y bueno, es el adelanto, por lo menos en nuestro pueblo (Gancedo) no hay changuitos pidiendo por la calle, el que quiera trabajar, aquí seguro que tiene conchabo, aunque sea para sacar las raíces del desmonte”: (En : “ Megaproductores: contracara de la Chacra tradicional. La nueva manera de hacer agricultura en el Chaco” . Suplemento Norte Rural, 28 de diciembre de 2001).

La prensa provincial describió el proceso como:

“…la invasión de productores ajenos a la provincia que compraron o alquilaron tierras y se dedican a la producción de soja. Es evidente que la vocación de esta gente es producir soja y no algún cultivo alternativo. La incógnita se basa en saber si este cambio estructural no tiene retorno, es circunstancial y puede ser revertido, y sobre esa base se puede pensar en volver a incrementar el cultivo de algodón o no” (Larramendi, 2003:7).

    La soja cosechada sólo es acondicionada y preservada para su traslado a los centros procesadores del sur, funcionando el área chaqueña como un gran silo granario. La ampliación de la frontera productiva pampeana con la incorporación de tierras marginales particularmente en el sudoeste y oeste chaqueño, pero también el noreste de Santiago del Estero y noroeste de Santa Fe, se concretó sobre la base del arrendamiento y desmonte de vastas áreas semiáridas. En el caso particular del Chaco, s egún la comparación de los datos censales de los censos nacionales agropecuarios a nivel departamental para 1988 y 2002, el área algodonera (centro-sudoeste) perdió más de 2000 explotaciones y el área recientemente desmontada por los nuevos cultivos de soja (departamentos Almirante Brown y General Güemes, en el oeste) incorporó 1000 explotaciones, todas de más de 500 hectáreas. La superficie agropecuaria provincial se incrementó en más de 400.000 hectáreas y la extensión de la unidad agropecuaria promedio aumentó de 302,6 a 365,8 hectáreas. En cuanto a la población rural, la misma descendió en más de 60.000 habitantes de acuerdo con los datos de los censos nacionales de población de 1991 y 2001.

Tabla 3
Variación absoluta de población total y rural agrupada y dispersa
Argentina y Nordeste,1991-2001

Fuente: Elaboración propia sobre la base de los datos de los Censo Nacionales de Población de 1991 y 2001.

2.c. Las nuevas tendencias productivas en el sector agrícola chaqueño

    La brecha tecnológica y de costos entre el cultivo del algodón y la industria genética granaria, sumada a la persistencia de cuestionamientos sobre la falta de transparencia en el mercado de precios del primero, fueron los factores de mayor incidencia en el cambio de la orientación agrícola provincial. Los acontecimientos encendieron duros discursos críticos desde la prensa local:

“El Chaco enfrentó dos elementos de suma gravitación para dejar de lado el tremendo efecto multiplicador del algodón; las permanentes pérdidas de los algodoneros tradicionales y la amplificada invasión de productores extra-provinciales, que ocuparon todos los espacios disponibles [la negrita es nuestra] y volcaron más de 600.000 hectáreas a la soja excluyendo en muchos casos a los propios dueños de la tierra a resignarse a la renta anual. Esta nueva revolución granaria del Chaco, expresada en la fría estadística de la superficie cultivada regocijaba a muchos, mientras el endeudamiento, la pérdida de la capacidad productiva y la “extranjerización de las tierras”, tornaba más vulnerable aún al sistema productivo chaqueño y dejaba sin posibilidad de recupero y de pago de la deuda, como principales consecuencias en la colocación del moño y final a un sistema de monocultivo”. En: “La campaña algodonera es una de las peores de la historia del Chaco”. En: Suplemento Norte Rural, 15 de mayo de 2002, p. 2.

   A su vez, las nuevas tecnologías de insumos y procesos acentuaron la pérdida de autonomía decisoria de los productores, -tanto locales como de otras provincias-, generando una nueva dependencia, que los convirtió en meros consumidores del paquete tecnológico, de la maquinaria y los asesores de procesos, en un cambio de perfil de la oferta tecnológica que es provista por “centros de servicios” o por terceristas con lógicas altamente productivistas. Esta dependencia se vuelve conflictiva cuando bajan los márgenes de rentabilidad, ya que con una leve tendencia decreciente no se puede solventar la compra de insumos y maquinarias sin financiación.

Esquema tentativo de sistematización de los procesos de cambio en los tipos y formas de producción agrícola

1º ETAPA (1994-1998)

2º ETAPA (1999-2004)

Tipos de transformaciones

Modalidades (corto plazo)

Manifestaciones actuales

•  Expansión de la frontera productiva

Excepcional Expansión Algodonera

•  Reemplazo del algodón por la soja

•  Superficie sembrada con soja : 768.000 hectáreas

•  Superficie sembrada algodón: 89.000 hectáreas

•  Reconversión global del perfil productivo

•  Incorporación tecnológica sobre la base del crédito

•  Sistemas mecanizados de cosecha. Disminución de la demanda de braceros.

•  Variedades de ciclo corto

•  Crecimiento del parque industrial de 1ª transformación

•  Nuevos agentes de comercialización: (descenso de la participación de las desmotadoras de cooperativas)

•  Orientación exportadora concentrada en Brasil

•  Incorporación tecnológica en base al crédito

•  Insumo-dependencia. Paquete: Biocidas, Fertilizantes, Siembra Directa.

•  Inoperancia de sistemas mecanizados de cosecha de algodón: 1999: 1000 unidades; 2002: 700 unidades (de las cuales sólo 140 estaban en óptimas condiciones).

•  Desmantelamiento infraestructura industrial algodonera de 1ª transformación. (Obsolescencia de usinas desmotadoras de cooperativas).

•  Alta concentración del acopio y escasa demanda laboral. Despidos. (La caída en la demanda laboral de las desmotadoras dejó fuera del mercado de trabajo a más de 3000 operarios).

•  Nuevos agentes de comercialización: Centros de servicios.

•  Integración como eslabón inicial de la cadena de exportación.

  • Cambios en el régimen de tenencia

•  Aumento de los arriendos en el sudoeste, por parte de productores del centro del Chaco

•  Arrendamientos a pequeños y medianos productores por parte de capitales extra-provinciales.

Alquileres por hectárea, por año ($ 120 a 250 según zona) o a porcentaje (16 a 18%) de la producción.

  • Transformaciones en el medioambiente

•  Desmonte indiscriminado

•  Desmonte indiscriminado

•  Contaminación por contigüidad de cultivos y ejido municipal de los pueblos.


Fuente: Elaboración propia sobre la base de fuentes periodísticas y documentales. Suplementos semanales Norte Rural, Chaco Adentro y La Chaqueña. Obrantes en el Archivo Histórico de la Provincia del Chaco. Años 1994 a 2004

    A escala local, los efectos de las nuevas modalidades incluyeron consecuencias perniciosas recientemente denunciadas por medios periodísticos, relacionadas con la venta ilegal de tierras fiscales, la disminución indiscriminada de la cubierta vegetal natural por el desmonte de extensiones superiores a las que permite la legislación vigente y el inadecuado manejo de los agroquímicos. Este último problema, si bien no es nuevo, se volvió más peligroso con la expansión de los cultivos de soja hasta tocar los límites del ejido municipal de los pueblos en una inusitada presión por la ocupación de la tierra disponible. Esta contigüidad se tornó nociva cuando las avionetas al rociar el área urbana -patios, árboles frutales y los techos donde los pobladores juntan el agua de las lluvias hacia los aljibes-, generaron problemas de límites entre el espacio aéreo del poblado y los campos linderos fumigados.
    El fenómeno adquirió dimensiones graves en el pueblo de Gancedo, en el límite sudoeste de Chaco. Este pueblo, que en 1996 fue uno de los más beneficiados con la “primavera” algodonera con la instalación de modernas desmotadoras, se transformó a partir de 1999 en un polo de la avanzada sojera de los productores cordobeses. En el año 2000, la comunidad comenzó a movilizarse por una serie de fumigaciones que destruyeron las huertas domésticas, y la vegetación arbórea de la zona. Desde entonces, Gancedo se constituyó en una zona de conflicto donde se enfrentan los productores agropecuarios, los prestadores de servicios aéreos de fumigación, los vecinos y el gobierno. (Para ampliar: Pomar y Quinteros, 2004:8-10).

3. Conflictos de intereses y respuestas diferenciadas: los discursos y acciones de cada sector

    Ante la desarticulación de la lógica territorial que dinamizó a la agricultura provincial durante gran parte del siglo XX, la variedad de reacciones de los tres segmentos de agentes involucrados ( una mayoría de pequeños productores tradicionales apoyados por organizaciones no gubernamentales, una minoría de medianos y grandes productores empresarios y el gobierno provincial) conjugó según el caso, la protesta social, los reclamos judiciales, los discursos autocríticos y las posturas reivindicatorias, ante las cuales el gobierno provincial conducido por el partido opositor al gobernante en el ámbito nacional, respondió con medidas orientadas por un asistencialismo coyuntural de contención y con disposiciones tendientes a minimizar los costos políticos que podían suscitarse a raíz de los reiterados cuestionamientos de la prensa local.
    Las respuestas –acciones y/o discursos- que manifestó cada segmento son un ejemplo de la dialéctica de Santos (2000:260), entre racionalidades (el sector empresario dinamizado con las nuevas tendencias) y contra-racionalidades, (los pequeños productores y minorías afectadas por el desmonte y el inadecuado manejo de los agroquímicos) en un mundo rural que busca asegurar la más alta rentabilidad posible, con un campo modernizado por nuevos monocultivos y asociaciones productivas y donde el poder público acaba aceptando un orden de prioridades que privilegia a algunos pocos actores y relega a un segundo plano todo el resto agravando la problemática social.

3.a. La situación de los pequeños productores 22, sus agrupaciones, cooperativas y las ONG´s asociadas al sector

    La vulnerabilidad de los agentes agrícolas locales tradicionales –pequeños productores con menos de 100 hectáreas, que constituían para 2002 el 52% del espectro productivo provincial- se tradujo básicamente en la imposibilidad de reconfigurar sus funciones y conocimientos tácitos con los requeridos por el nuevo modelo tecnológico productivo. Luego de pasar por la “primavera” algodonera de mediados de los ´90, suspendida abruptamente por la crisis de los precios internacionales y las inundaciones del 97-98 y asistir a la “sojarización” del área agrícola chaqueña, su capacidad de reacción (de los que podían “reaccionar”, es decir, de los agricultores familiares de 50 a 100 hectáreas, ya que los productores de menos de 50 hectáreas, dependieron históricamente de la asistencia 23 del gobierno para cualquier iniciativa de siembra) era sumamente limitada. Por su parte, los productores con explotaciones de 50,1 a 100 hectáreas, conformaban un conjunto heterogéneo, cuyos principales problemas se derivaban de los elevados costos de implantar algodón, la falta de financiamiento y de transparencia en la fijación del precio del textil 24, sumados a un alto endeudamiento y la imposibilidad de competir. Desde 1999, en el sudoeste chaqueño, este conjunto se convirtió en pasivo espectador de un paradigma productivista que privilegió los costos, la eficiencia y la simpleza de las nuevas tecnologías y garantizó la comercialización. La salida del circuito productor se inició con el alquiler de los campos, tornándose sumamente azaroso el retorno a la actividad. 25.
    En cuanto a las organizaciones no gubernamentales o de la sociedad civil que intervinieron en los procesos analizados, es posible mencionar al Equipo Nacional de la Pastoral Aborigen (ENDEPA), surgida en 1984, FUNAM (Fundación para la Defensa del Ambiente), el Instituto de Cultura Popular (INCUPO), fundado en 1969 como “institución cristiana dedicada a la educación integral de adultos y a la promoción de estructuras comunitarias para el desarrollo en áreas rurales y zonas especialmente desprotegidas del norte argentino” y el INDES (Instituto de Desarrollo Social Y promoción Humana) fundado el mayo de 1974 para el trabajo con grupos y organizaciones de base, prioritariamente en áreas rurales postergadas (Posada, 1992:119 y 122), así como Federación Agraria (distrito Chaco). Las entidades que agrupaban a pequeños productores como UNPEPROCH (Unión de pequeños productores del Chaco), APPECH (Asociación de Pequeños Productores del Chaco), apoyada por el INDES y la Coordinadora del Tacuruzal, que tuvieron una destacable participación política en la década de los ´90 26; desde la crisis del 2001 (devaluación y default ), se encontraban desunidas y desestructuradas, según expresiones de sus propios integrantes 27.
    El accionar de las organizaciones cooperativas afectadas por las reformas macroeconómicas de los ´90, de las agrupaciones de productores y de las ONG´s en el caso que nos ocupa, debe dividirse en dos modalidades: la protesta social en reclamo de asistencia financiera y medidas que contemplen la situación de emergencia encabezada por los propios productores con o sin el acompañamiento de algunas organizaciones y el reclamo judicial ante procesos de enajenación de tierras fiscales, deforestación ilegal y deterioro del ambiente por parte, básicamente, de las ONG´s cuyos objetivos se centran en la defensa de minorías y del medio natural.
    La protesta social se centralizó en cortes de ruta y manifestaciones de distinta magnitud y trascendencia, en las cuales los productores -movilizados por lo terminal de su situación financiera-, efectuaron piquetes en la principal ruta que conecta el este y el oeste del Chaco, y cortes del puente interprovincial que une Chaco y Corrientes, reclamando medidas al Poder Ejecutivo provincial, básicamente subsidios para afrontar nuevas campañas de siembra. En estas movilizaciones, que se sucedieron todos los años desde 2001, los productores expresaron a los medios periodísticos su determinación de encabezar los reclamos, sin intermediarios de ninguna asociación, ni organización 28.
    Por su parte el cooperativismo, que para el caso del sector agrícola chaqueño involucra básicamente a las cooperativas algodoneras, nucleadas en UCAL29, centró sus reclamos en la solicitud al gobierno provincial para la creación de un Fondo Compensador de precios, que sostenga y asista a los productores algodoneros para afrontar las vicisitudes de cada campaña anual 30 en un tipo de discurso que se ha repetido sistemáticamente a lo largo de la historia del cultivo en la provincia y resume una postura que otorga al Poder Ejecutivo Nacional, potestad y responsabilidad sobre el devenir agrícola chaqueño.
    La segunda modalidad de accionar y de expresión de los pequeños productores se presenta más recientemente, y se concreta a través del reclamo judicial (promoviendo acciones de amparo) por parte de asociaciones comunitarias, con el asesoramiento jurídico de organizaciones no gubernamentales denunciando la enajenación de tierras fiscales, la deforestación ilegal y el deterioro del ambiente. Un ejemplo de esta modalidad es el amparo presentado por un conjunto de asociaciones comunitarias de poblaciones del oeste provincial, asesorados por ENDEPA (Equipo Nacional de la Pastoral Aborigen) ante la aceleración del desmonte para habilitación de campos para la siembra de soja y/o para la venta ilegal de la madera en 2003 por la aprobación de una nueva ley de bosques, modificando las modalidades de manejo de los mismos 31.

3.b. Posturas y discursos del sector empresario chaqueño

    Este segmento osciló entre dos discursos, según se trate del futuro de la actividad agropecuaria provincial, o bien de las amenazas a su rentabilidad. Ambas opciones expresan la diferencia entre lo que Lattuada (2000:5) distingue como la concreta racionalidad cotidiana de corto plazo de los agentes económicos individuales -de producir más y mejor al menor costo posible-, (adscribiendo en términos generales al resguardo de los recursos en tanto éste no afecte los negocios) de la deseable racionalidad colectiva que persigue la sustentabilidad en el manejo de los recursos, la equidad en el acceso a los mismos o en la distribución de sus beneficios para la sociedad.
    En relación con la primera cuestión, la posibilidad de crecimiento productivo y el futuro de los empresarios agrícolas chaqueños, el discurso más equilibrado, promovido por empresarios que no se endeudaron críticamente en los ´90, ha sido autocrítico, señalando los principales defectos operativos del sector, tales como la falta de habilidad para promocionar los proyectos productivos, la falencia de confesar “hacia fuera”, (es decir, hacia las potenciales inversiones) las incertidumbres climáticas, las fallas estructurales, la incapacidad financiera interna para soportar bajas de mercado, el endeudamiento, etc. . La postura se resume expresando que “…la situación nos muestra nuestra propia habilidad para ganarnos la calificación de ser la provincia argentina con menos credibilidad por parte de quienes tienen las herramientas financieras” (Robledo, 2001:4)
    En cuanto a la segunda cuestión, vale decir, las amenazas a la rentabilidad de la actividad, el sector empresario se confiesa castigado en sus proyecciones, en su apuesta al cambio de escala en pos del desarrollo agropecuario chaqueño sustentado en una verdadera propaganda del Estado, y llevado a un endeudamiento desproporcionado a través de la adquisición de tractores, herramientas, desmontes, inmuebles rurales. Cuestiona además, lo que en la jerga judicial provincial se dio en llamar el “paraguas protector de la emergencia”, esto es la Ley 4524/98 que se orientó a evitar remates judiciales por deudas originadas a partir de la emergencia agropecuaria de fines de 1997 y señala que de mantenerse sin término esta emergencia y no discriminarse las fechas y los montos de las deudas originadas a partir de la misma (ni antes, ni después) el Chaco será una isla dentro de la República Argentina y sólo podrán operar, sea en el agro, el comercio, la industria, las profesiones, aquellos que tengan su propia capacidad de financiación. Reclama al gobierno que no insista en seguir endeudando a la provincia sin un objetivo claro, que signifique un cambio definitivo hacia un sector agropecuario y forestal sustentable. Se interroga acerca de la probabilidad de recuperar credibilidad para eventuales financiaciones si no existe un programa que demuestre técnica y económicamente que el sector es viable y en cambio, se sigue proponiendo tan sólo “agua para apagar el incendio sin tener siquiera la curiosidad de analizar el motivo de la chispa que lo generó” . El discurso más interesante y acertado de este sector apunta a sincerar deudas, instrumentar específicamente para el Chaco un sistema serio de securitización y un fondo estabilizador de ingresos, alertando que nuevas fallas en la producción, posiblemente no cuenten con la comprensión y la lástima de las autoridades nacionales en el futuro.
    También en el marco de las amenazas a la rentabilidad, pero contrapuesto a la autocrítica equilibrada y el reclamo de opciones de crecimiento productivo ya presentados, se presenta el discurso extremo de tinte irónico y especulativo planteado por algunos de los nuevos empresarios y agricultores directamente afectados por las restricciones impuestas al desmonte en el oeste provincial, zona del Impenetrable y escenario de todo el problema de deforestación acelerada y difusión de la soja RR. Este discurso relativiza el valor de la superficie boscosa en cuestión, esbozando una forzada dicotomía entre la tremenda pobreza por la que históricamente atravesó el sector forestal (los obrajes) y la convicción de inversores chaqueños y argentinos en general, de capitalizar la región con el cultivo de soja. Sintetizan su postura resaltando a medios periodísticos locales que:

“los propietarios de inmuebles aptos para agricultura nos comprometemos a resignar nuestra ganancia, reservando el monte en pos de los preceptos ambientalistas sólo en la medida en que cada uno de los chaqueños resigne su ganancia en la actividad que fuera, para soportar en igual medida los costos de poseer un ambiente sin contaminación”. “Lo contrario –sostienen- implicaría una desigualdad manifiesta, puesto que los propietarios del Brown y Güemes debemos soportar la totalidad de los costos en beneficio de la sociedad toda”…. Es decir, si nuestro pueblo para crecer, necesita incorporar suelos al proceso agrícola desmontando, y vamos a resignar el crecimiento, queremos saber en cuánto seremos recompensados por el potencial perdido…”, afianzan como línea de pensamiento 32.

    El sector empresario oriundo de Córdoba o Santa Fe, recientemente instalado en la provincia, no duda en expresar claramente que el costo de la tierra es determinante para su traslado a lo que considera como “áreas marginales”. Las contingencias meteorológicas adversas son cubiertas por l os seguros agrícolas, como una nueva metodología de trabajo y disminución del riesgo empresarial 33. “Con una hectárea de Córdoba se compran 15 en el Chaco” resaltaba en este sentido, a principios de 2003 el encargado de la sucursal instalada en Pampa del Infierno de la cooperativa Agrícola Ganadera de Justiniano Posse de Córdoba y agregaba:

“El productor de Córdoba, de mi zona, para hacerse de una hectárea de tierra tiene que disponer de 3.500 dólares o más y acá, un campo limpio, arable, está de promedio en los 600 dólares, hay de todo precio...y los costos de producción son menores al ser tierras nuevas... Los productores de nuestra zona tienen de promedio cien hectáreas, las parcelas son chicas, muy distinto aquí (sic), donde logramos adquirir campos superiores a las 500 hectáreas” (En Suplemento Norte Rural, 19 de marzo de 2003, p. 3).

3.c. Las respuestas del gobierno provincial

    Las respuestas del gobierno provincial en relación con el sector, en los últimos cinco años han sido duales. Por una parte, se continuó con un asistencialismo de contención, práctica histórica en una provincia signada por la sucesión de fenómenos meteorológicos adversos y una producción marginal, poco importante en el espectro productivo agrícola del país. Este asistencialismo, apoyado en la generación de deuda, se constituyó en un deplorable círculo vicioso que no encuentra alternativas en medio de la agudeza creciente de la crisis, la pobreza, la marginalidad y el hambre. Por otra parte se instrumentaron respuestas de coyuntura (tales como las acciones tendientes a reglamentar el manejo de los bosques, con la modificación de leyes, decretos normativos, creación de reservas forestales y de Comisiones de Evaluación de daños) constituyendo medidas dispersas, con motivaciones discutibles, pero que se traducen en la intención general de minimizar las críticas fundamentalmente de los medios periodísticos ante la expansión del “Chaco transgénico” en el sudoeste y oeste provincial.
La prensa local sintetizaba la realidad provincial señalando dos procesos simultáneos: la desprovincialización (sic) del área agrícola fundamental y su concentración en pocas manos, que no son chaqueñas.

“Se estima que menos de un millar de empresas agrarias cubren el 78% de la gran producción del Chaco (los triunfadores del Chaco transgénico, los nuevos ricos de la soja). De aquél millar, casi el 80% es de capitales de Córdoba y otras provincias, que invirtieron con buena puntería, sacando partido de nuestras flaquezas. Se codean con ellos unos 220 productores chaqueños que hoy conforman una minoría privilegiada: aguantaron lo peor, retuvieron sus campos y arriesgaron para mostrase manejando sus 4x4, reestablecidos, potentes, envidiables (sic) .Quedan poco menos de 14.000 productores chaqueños con explotaciones no mayores de 300 hectáreas; y entre éstos, los minifundistas de hasta 50 hectáreas están fuera del campeonato de los grandes cultivos. Solamente la apicultura, la horticultura y otros rubros diversificadores pueden darles la chance de salir de perdedores. Diario Norte, 23 noviembre de 2003.

   No existe a la fecha un verdadero análisis de qué ocurrirá con gran parte de los productores de esta provincia si no se logra su reconversión, ante un mercado y una realidad económica, que son excluyentes. Las cargas tributarias y el endeudamiento terminal de los productores son temas de urgente e ineludible tratamiento, pero aún en el caso de que estos problemas fuesen resueltos o reprogramados, la realidad muestra la carencia de un planteo serio y general referido al futuro del sector agrícola provincial.

3.d. La situación actual del sector agrícola chaqueño

    El Chaco es una de las provincias más endeudadas del país, con uno de los mayores niveles de pobreza e indigencia de su población. El sector rural provincial se encuentra desintegrado, quebrado y se enfrenta a un futuro muy incierto. Los datos censales de 2002 arrojan unas 4695 explotaciones agropecuarias con límites definidos con un tamaño inferior a las 50 hectáreas y para 2005 se estima que quedan unos 5000 productores algodoneros que cultivan 30 hectáreas, aproximadamente, de los 12.000 que existían en 1992, ( PROVINCIA DEL CHACO. Compendio de la producción. 1998.) . A su vez, la c omparación de los datos censales de 1988 y 2002 permite advertir que desaparecieron 2537 explotaciones agropecuarias con límites definidos, todas de una extensión menor a las 200 hectáreas y se incorporaron 640 nuevas explotaciones de más de 200 y hasta 20.000 hectáreas.

4. Consideraciones y sugerencias finales

    En los últimos años, la consolidación creciente de un modelo de desarrollo capitalista del agro configurado en torno al dominio de la agroindustria exportadora, impulsando cultivos de alta rentabilidad accesibles a segmentos habilitados para invertir en el uso intensivo de tecnología, fue determinando grados muy diversos de inserción de los diferentes tipos de agricultores en los mercados nacionales e internacionales, al mismo tiempo que aceleró la exclusión de la pequeña agricultura. En el caso del Chaco, los procesos reseñados pueden traducirse y sintetizarse en la desarticulación definitiva de una lógica territorial y social previa nacida en la década del ´20, dando paso a una nueva lógica que implicó tanto la creciente concentración y polarización de la actividad agrícola como la marginación social y expulsión del sistema productivo de los pequeños agricultores.
    Ante esa desarticulación, quedaron en evidencia las debilidades estructurales de los sistemas agrícolas locales, es decir, -retomando los conceptos expresados al principio por Santos, la vulnerabilidad diferencial de los espacios que desde un punto de vista geográfico, se definen por su incapacidad de subordinación completa a las racionalidades dominantes, al no disponer de los medios para tener acceso a la modernidad material contemporánea. La dinámica seguida por los tres segmentos de agentes a partir de la crisis de 1999, el desplazamiento del algodón y con él, una serie de cambios inusitados en la realidad agrícola provincial puso de manifiesto, con un alto grado de dramatismo, la seriedad de las consecuencias derivadas de la falta de políticas claras, concretas y equilibradas para el sector. L a única coincidencia entre los tres segmentos fue el reclamo de acciones en el ámbito nacional, principalmente de apoyo financiero, pero también de protección y sostén a la producción tradicional. La búsqueda de conciliación de los intereses en conflicto tropieza con una problemática social cada vez más grave, a la que el asistencialismo apoyado en la generación de deuda no logra disimular, constituyendo un círculo vicioso que no encuentra alternativas fuera del corto plazo, en medio de la agudeza creciente de la crisis. Ante esta realidad provincial, como respuesta coyuntural, es preciso sumar acciones a mediano plazo, que deben partir y estar motivadas por un conocimiento cabal y profundo de la problemática territorial local. Acciones basadas en un análisis colectivo y pluralista de los problemas de cada sector, que promuevan la participación, la cooperación y el asociativismo unido al empleo de la tecnología disponible y accesible, en todas las escalas de producción. A su vez, éste último precisa en sus bases de honestidad y solidaridad y también requiere acciones concretas de apoyo financiero (en escala provincial y nacional), programas de capacitación e inserción socio-productiva y un control eficaz del manejo de los fondos públicos destinados al sector.
    A escala regional, la nueva racionalidad productiva articulada en el sector agrícola Chaqueño, supone una inserción subordinada, coyuntural y complementaria como periferia ampliada de la frontera productiva pampeana, en un contexto de precariedad que hace prever una “retirada” apresurada ante la disminución de los beneficios temporales. Pero el avance de la soja no es más que el corolario de una problemática mucho más compleja que está referida a la mayor vulnerabilidad de las áreas marginales al complejo productivo pampeano. Y en este sentido, la dinámica actual de la expansión sojera, a costa de producciones agropecuarias tradicionales, expone clara y crudamente la falta de una política de desarrollo rural a escala regional que promueva el manejo sustentable y equilibrado de la actividad agropecuaria y defina el papel que han de jugar en la misma las distintas regiones argentinas (Pengue, 2000a).
    Esa política ausente debe basarse, y requiere, el planteamiento previo de una visión del desarrollo. Ante procesos de desarrollo geográfico desigual, la alternativa debe ser la búsqueda del desarrollo humano sustentable. Esta perspectiva se distingue según Coraggio (2000: 5 y 6), por “ el pleno desarrollo de las capacidades de las personas, las comunidades y las sociedades, ampliando el espectro de opciones para su propio desarrollo, así como el planteamiento de una relación no suicida con la naturaleza” y requiere, como precisa este autor, actores socioeconómicos cooperantes, con regulaciones consensuadas, y una visión común que suponga que el bienestar de cada parte depende de las otras, o que la expansión de las oportunidades de cada uno depende del desarrollo del conjunto. El papel del Estado y de los agentes colectivos, implica la regulación de la competencia y de los ritmos de cambio, “procurando que la destrucción/exclusión creadora devenga en transformación incluyente” 34.
    Para un desarrollo sustentable es preciso considerar los rasgos particulares de ámbitos territoriales limitados, lo cual lleva a pensar en el desarrollo local, entendido en los términos relativos que debe otorgársele ; mirado, como señala Boisier (1999:14) “desde afuera y desde arriba”, por cuanto las regiones constituyen espacios locales enfocados desde el país, así como la provincia es local desde la región y sucesivamente, la comuna o departamento lo es desde la provincia.
A su vez, ante vectores de origen global, el desarrollo local, como precisa Coraggio, no puede ser un proceso local a cargo únicamente de actores locales:

“Compete entonces a las instancias nacionales de gobierno la implementación de una política de desarrollo humano, que proponga respetar la diversidad pero ampliar las oportunidades equitativamente. Esto requiere una estrategia de tratamiento desigual de las regiones desde el orden nacional.... Una vez más, para el actor colectivo que quiere intervenir para modificar las realidades locales, el análisis concreto de las situaciones concretas se vuelve indispensable” 35.

    En ese marco y compartiendo esa motivación importa contar, desde sus particularidades, con un diagnóstico que permita ofrecer –desde este punto de partida- soluciones y alternativas a fin de favorecer propuestas específicas para diseñar políticas públicas de largo plazo que incluyan a las regiones marginales.
   La solución a esta problemática exige como punto de partida la aceptación de las realidades agrarias extrapampeanas como escenarios desiguales, que exigen políticas diferenciadas. Sólo partiendo de esta base será posible el diseño de estrategias de desarrollo que contemplen el logro de transformaciones multidimensionales, desde una posición de partida caracterizada por una serie de carencias, desigualdades e inequidad de opciones, hacia una situación en que éstas últimas son ampliadas y las primeras son resueltas o disminuidas a niveles poco significativos.
    El desarrollo en su doble dimensión -espacial y sustentable-, supone el diseño de instrumentos de políticas que respeten la idiosincrasia de cada ámbito territorial, en cuanto expresión de sistemas económico-ecológicos, con potencial humano, capital social e institucional variables, y la atención ya no se centra en las políticas sectoriales (de escaso impacto sobre la sostenibilidad económica y social en el mediano y largo plazo) sino en cada región, con sus particulares problemas y potencialidades (recursos naturales, actividades productivas, estructura económica, dinámicas demográficas, procesos institucionales, capital social, etc.), ya que justamente la complejidad de esa dinámica pone en evidencia la debilidad de las estrategias unifactoriales. A su vez, las acciones no sólo deben atender a esa multiplicidad de factores, sino revestir una persistencia temporal que las sostenga desde su concepción hasta su instrumentación y ejecución.
    Lograr un desarrollo abierto, que evite la desconexión con los procesos globales, pero a su vez mantenga una relativa autonomía que implique la consideración y el respeto por las diferencias en los modos de vida y de producción regional, sustentados por los procesos aquí descriptos, no es un problema menor, ya que implica encontrar la forma de resolver coherentemente la relación entre estos sistemas diferenciados y el mercado global.
    La promoción del desarrollo debe incluir esfuerzos concretos y efectivos tendientes a reconocer y valorizar la diversidad del mundo agrario haciendo la salvedad de que esta valoración de las diferencias no implique una idealización. Entendemos que la comprensión de la realidad regional es el camino más corto para el planteo de políticas de desarrollo realistas, que conlleven implícitamente estrategias de tratamiento desigual desde el orden nacional, dada la gran variedad de problemas y carencias a aquella escala. Para llegar a esa comprensión es necesario indagar en los procesos de configuración de las regiones, su desarrollo y grados de inserción e integración socioeconómica y política en ámbitos territoriales estatales o supraestatales. La consolidación histórica de estos espacios y su particular evolución en el tiempo, con dinamismos diferenciados por el predominio de fuerzas de inercia o de cambio, por el efecto positivo o negativo de herencias y contingencias históricas los distingue aunque compartan el mismo sistema económico y los elementos sociales y materiales sean también iguales.
    El eje de discusión y la problemática prioritaria deben apuntar a encontrar un punto de conciliación entre las fuerzas endógenas de la región, es decir, sus capacidades de adaptación y de innovación y ajuste a las nuevas condiciones, y las fuerzas de las dinámicas globales de acumulación que debilitan los entramados locales al endurecer el contexto competitivo bajo el accionar de las libres fuerzas del mercado y de redes globales de producción y comercialización. Esa conciliación no implica la negación de las posibilidades locales de “resistencia” e incluso “enfrentamiento” a la lógica dominante, sino que cuestiona la perdurabilidad y eficacia de esas acciones, rescatando la opción de búsqueda de vías alternativas.
    Considerando las limitadas capacidades de respuesta de la dimensión local –regional-, partiendo de la idea de que en un mundo globalizado esa “reacción” no puede ser un proceso local a cargo únicamente de actores locales, corresponde primordialmente a las instancias nacionales de gobierno la implementación de una política de desarrollo. Esta deberá considerar la necesidad de instrumentar programas de financiamiento nacional e internacional accesibles, con los que se subsidie y sostenga la producción regional, con el apoyo de la banca estatal y cooperativa. Pero cualquier acción de protección y sostén, no debe olvidar el objetivo último que debe ser la ampliación de las oportunidades de acceso a bienes y servicios de las personas, los hogares y las comunidades agrarias y el fortalecimiento de las capacidades de estos actores para tomar decisiones con creciente autonomía.

Notas

1.“También sabemos que lo que sucede en una escala no puede entenderse fuera de las relaciones articuladas que existen en la jerarquía de escalas: los comportamientos personales (por ejemplo conducir coches) producen (cuando se agregan) efectos locales y regionales que culminan en problemas continentales de, por ejemplo, sedimentación de ácidos o calentamiento del planeta. Dicha descomposición intuitiva es inadecuada, sin embargo, porque hace parecer que las escalas son inmutables y completamente naturales, en lugar de productos sistémicos de tecnologías, modos humanos de organización y luchas políticas cambiantes”. Harvey, 2003:95 y 101.

2. “ Un error común tanto de la interpretación analítica como de la acción política se produce porque demasiado a menudo nos encerramos en una sola escala de pensamiento, tratando las diferencias en una escala como si fuesen la línea fundamental de la división política. El resultado final es que todas las formas de pensar que operan sólo en una escala se vuelven al menos cuestionables, si no directamente engañosas”, Harvey, 2003: 101.

3. Estefanell (1997:9) define a la globalización como un proceso de alcance internacional consolidado en la década de los 90 producido por la concurrencia de varios factores tales como el avance tecnológico de las telecomunicaciones (con una homogeneización cultural y política implícita) y el crecimiento de la inversión extranjera directa y de las transacciones financieras internacionales, procesos que no ocurren sin conflicto. Precisa que la globalización económica está caracterizada por la ampliación de los mercados a escala mundial, el desarrollo de actividades económicas y financieras por parte de empresas transnacionales que operan simultánea y coordinadamente en varios países y el fuerte crecimiento de la inversión extranjera directa. En lo institucional, frente a la concentración del poder por el aumento de escala de empresas y mercados, se difunde la descentralización de las actividades del Estado.

4. Las ideas de David Harvey y Milton Santos pueden encuadrarse en el marco de la Geografía Radical marxista, basada en el historicismo dialéctico. Los geógrafos radicales conciben al espacio como un producto social.

5. Las contrarracionalidades no constituyen una simple dicotomía, sino que Santos (2000:262) las considera, en realidad “...otras formas de racionalidad, racionalidades paralelas, divergentes y convergentes al mismo tiempo. Podemos repetir con M. Godelier (1967:312) que ”no hay racionalidad en sí misma, ni racionalidad absoluta”.

6.“ La difusión de esa información en el espacio de la contigüidad asegura a un área dada una cierta comunidad de preocupaciones, aunque los intereses de los diferentes actores sean diversos. Tal solidaridad se manifiesta frecuentemente por una forma particular de ejercicio de la política, a partir de la defensa de particularismos, vinculados al orden cotidiano de los productos y de los productores. Esta actividad toma diversas formas, desde la defensa de los precios, hasta la demanda de aplicaciones y garantía de un mercado. De esa forma, en un segundo momento, preocupaciones originariamente económicas se metamorfosean en preocupaciones políticas”. Santos, 2000: 260.

7. Santos es optimista al rescatar la actitud de los actores, que están fuera del círculo de “racionalidad hegemónica”, suponiendo que ante el descubrimiento de su exclusión, pueden buscar formas alternativas de racionalidad, indispensables para su supervivencia y otorga a estas formas el status de “límites a la racionalidad dominante y ciega” que se termina autolimitando.

8. Son las iniciales inglesas de Roundup (Marca comercial del producto a base de Glifosato de la Empresa Monsanto), Ready (preparado, listo). Los primeros desarrollos de transgénicos se centraron en una variedad de soja, a la cual se adosó un gen que la volvió resistente a un herbicida (el glifosato), la introducción de la semilla fue realizada por Nidera en su casa matriz, en Estados Unidos, y a mediados de 1991 comenzaron los primeros ensayos en Argentina, tratándose de técnicas experimentales, su desarrollo estuvo rodeado de un marco regulatorio (también en formación) –la CONABIA, Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria- y su liberación a la venta comercial se autorizó un quinquenio más tarde (1996). El gen inicialmente fue propiedad de Monsanto en Estados Unidos, que lo licenció a Asgrow; luego esta empresa fue adquirida por Nidera, la que hace su introducción en la Argentina. Posteriormente, cuando Monsanto patenta el producto en el exterior, éste ya había sido liberado, por terceros, a la venta en la Argentina (Qaim Y Traxler, 2002, en Bisang, 2003:421.

9. Las “provincias” son las jurisdicciones políticas mayores, dentro del ordenamiento federal del Estado Argentino, y están conformadas, a su vez, por “departamentos” que son jurisdicciones políticas menores, de carácter municipal.

10. Se examinaron las respuestas (acciones y discursos) fundamentalmente a partir de 1999, cuando la crisis del sector agrícola Chaqueño se agudizó.

11. Consideramos al territorio escogido como un ámbito donde se concretan las interacciones, conflictivas o no, entre actores y organizaciones sociales; donde la población trabaja y vive, y donde inicia su camino dirigido a viabilizar y generar acciones y actividades de transformación social, económica, política e institucional (Manzanal, 2004: 406).

12. Uno de los diarios locales, con más de 40 años de trayectoria en la provincia, constituye una importante fuente de referencia para analizar la expresión de demandas sociales y para dimensionar los poderes de negociación de los distintos actores. De ese matutino se han consultado más de 500 ejemplares de los suplementos semanales Norte Rural, La Chaqueña y Chaco Adentro, obrantes en el Archivo Histórico de la Provincia del Chaco, para los años 1994 a 2004.

13. Uno de los comentaristas de la realidad agropecuaria, el Sr. José Valentín Derewicki, entrevistado para la realización del trabajo, ha sido considerado por Alejandro Rofman como “el más informado periodista especializado en el tema algodonero” de quién rescata “las evidencias que dicho analista ha venido recogiendo en su observación crítica cotidiana”. Rofman, 2000:210.

14. El Chaco es una de las pocas provincias extrapampeanas donde la agricultura se orientó hacia cultivos anuales, a diferencia de Misiones y las provincias de Cuyo y del Noroeste, que se especializaron en cultivos perennes. A esta diferencia debe agregarse el hecho de que gran parte de las especies que conformaron el espectro agrícola chaqueño son cultivadas principalmente en el área pampeana: girasol , sorgo, maíz, trigo y soja, de allí la idea de “pampeanización” de la agricultura chaqueña.

15. Como señala Larramendy (2003:17) “Tradicionalmente la presencia de minifundistas y pequeños productores garantizaba independientemente de cuál fuera la coyuntura del mercado un mínimo de producción destinado al algodón, porque ese sector de productores estaba condenado a hacer algodón; no tenía por escala y tecnología otra posibilidad y esa producción garantizaba un piso que casi se ajustaba a la demanda del sector industrial en ese momento”.

16. En la declaración sobre la situación del algodón en la Argentina realizada para la 61º reunión plenaria del CCIA de octubre de 2002 se señalaba que “la producción y desmote del algodón es una de las actividades productivas con mayor agregado, utilización de mano de obra, aún con cosecha mecánica y efecto multiplicador en las economías regionales. El daño producido a estas economías es muy considerable, pues ha emigrado a las ciudades un gran número de obreros rurales y pequeños productores. También ha determinado el aumento de la pobreza e indigencia, con las consecuencias sociales y políticas que esta situación determina”. “Boletín Algodonero 2001/2002”, en: Indicadores Económicos. Publicación del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional del Nordeste. Año 11, Nº 49, Diciembre de 2002, p. 75.

17. Para fines de 2002 existían sólo unas 700, de las cuales sólo unas 140 estaban en condiciones operativas óptimas El resto, por falta de recursos, estaban ociosas y en pésimas condiciones, ya que la reparación de una cosechadora modelo medio de 4 surcos, costaba aproximadamente 20.000 U$S (Suplemento Norte Rural, del 9/10/02, p. 4).

18. La región agropecuaria que tiene como eje a Gancedo (extremo Sudoeste de Chaco) contaba en febrero de 2000 con tres usinas desmotadoras: SOGICO, Antonio Bergués y Martín. Estas dos últimas no abrieron en las dos últimas campañas y despidieron a parte de su personal. La caída en la demanda laboral de las desmotadoras dejó fuera del mercado de trabajo a más de 3.000 operarios. En “Alta concentración de acopio en pocas industrias y escasa demanda laboral“. Suplemento Norte Rural, de febrero de 2000, p. 4.

19. Al finalizar la década del ´60 reinaba en la provincia del Chaco un especial clima de pesimismo respecto del futuro del cultivo del algodón. La situación coyuntural del mercado algodonero argentino reflotaba los problemas estructurales del área productora y parecía constituirse en una crisis irreversible. Esta crisis se mostraba, para 1976 como un fenómeno transitorio que tendería a revertirse, por las renovadas esperanzas de la cosecha récord esperada para 1977, la instalación de nuevos equipos desmotadores, etc., Bruniard, 1975-78:83.

20. Los técnicos del INTA Reconquista exponían en octubre de 2002 algunas de las causas del aumento del área sembrada con soja en detrimento del algodón: El costo de implantación para el caso del algodón ascendía en esa fecha a U$S 227 por hectárea, mientras que en el caso de la soja era de solamente U$S 80 por hectárea, a ello se sumaba el alto costo de la cosecha manual de algodón (por gastos de seguros para riesgos de trabajo) y la no disponibilidad de seguros multiriesgo adecuado a las posibilidades de inversión de los productores.

21. El departamento Almirante Brown se localiza en el extremo oeste de la provincia, ocupando parte del llamado “Impenetrable” Chaqueño, con un 3% de la población provincial y un 17% de la superficie de la provincia, es el segundo departamento en tamaño y exhibe la densidad más baja de la provincia con 1,7 hab/km2.

22. En 1992 existían en el Chaco unos 15.600 productores agrícolas. Un 74% de los mismos producía en predios de menos de 25 hectáreas, los cuales son denominados “minifundios” y considerados “inviables” en razón de su escala, la cual dificulta considerablemente las posibilidades de crecimiento económico e introducción de innovaciones tecnológicas. Para el caso del 26% restante, (con unidades de más de 30 y que no superan las 500 hectáreas) se daba una relación directa, en términos generales, entre la mayor extensión de la explotación agropecuaria y la creciente adopción de tecnología y ampliación del sistema productivo por un mayor ritmo de capitalización, y una relación inversa en cuanto a la dependencia del cultivo algodonero.

23. Como complemento a la asistencia anual que efectúa el gobierno provincial a través de los municipios, mediante la entrega de insumos (semillas y pesticidas básicos) el Programa Social Agropecuario (PSA) es considerado el único instrumento actual destacable de asistencia los pequeños productores de la provincia.

24. Uno de los aspectos que tiene una fuerte incidencia en la formación del precio pagado al colono por el algodón son los altos costos operativos que tienen las desmotadoras consideradas obsoletas en función de su capacidad de producción fardo/hora, consumo –y deuda- energética, capacidad económico-financiera para la compra de algodón en bruto y la gestión empresarial de venta. Al respecto, destaca E. CEPEDA que las desmotadoras de las cooperativas Chaco tuvieron a principios de los ´90 como valores promedio los setenta pesos por tonelada de algodón en bruto desmotada más la semilla que quedaba en manos del industrial que procesaba el algodón en bruto. Para el año 2000 era considerado como “muy razonable” pagar entre treinta a treinta y cinco pesos por tonelada desmotada en las modernas usinas que se instalaron en la “primavera algodonera” del 94-96. CEPEDA, 2000:5.

25. Para abril de 2004, los pequeños y medianos productores chaqueños, acosados por las deudas y sin acceso a nuevos créditos no tenían mayores alternativas que las de alquilar sus campos. Los alquileres son por año, (variando, por ejemplo en el noreste de la provincia de $120 a $250 por hectárea por año, según la calidad de la tierra y su ubicación) o se alquila por un porcentaje (16 a 18%) de la producción y, como señala el titular de la filial de la Federación Agraria en Gral San Martín (localidad del noreste de Chaco, con excelentes suelos) “ aquél (productor) que alquiló más de una campaña ya comienza a salirse del sistema de producción. Las tierras son hoy inaccesibles para los pequeños y medianos productores. La insólita escalada de su valor y el costo de los arrendamientos va dejando sin oportunidades a miles de familias de auténticos productores” . En: “ Hay productores acosados por deudas que no pueden trabajar y alquilan sus tierras”, en Suplemento Norte Rural, del 14 de abril de 2004, p. 3.

26 Para mayor detalle del accionar de UNPEPROCH, su origen y accionar entre 1980 y 1998, véase Benencia, 2001.

27. El espectro se completa con entidades con una participación muy débil, circunstancial y básicamente de índole mediática, como las llamadas Ligas Agrarias, APROCHA (Asociación de Productores Chaqueños), asociada con los piqueteros de Raúl Castells, la agrupación Campesinos Poriahjú y con la agrupación Mujeres en Lucha, constituida recientemente en el Chaco y que ha concentrado sus esfuerzos en detener las ejecuciones judiciales.

28.“No tenemos más jefes, los cabecillas están todos vendidos al gobierno, de acá en más, vamos a manejarnos entre todos” . Expresiones de un grupo de productores agrícolas de Villa Berthet (Sudoeste de Chaco) en uno de los más importantes cortes de ruta efectuados por los agricultores en el Chaco los días 13, 14 y 15 de marzo de 2001.

29. La Unión de Cooperativas Algodoneras fue creada en 1934, y es una organización de segundo grado que nuclea a las cooperativas algodoneras de la provincia.

30. Al respecto, en febrero de 2005, el presidente de UCAL advirtió severamente que “…si no hay garantías en cuanto a los precios del textil, ya no podrá sembrarse algodón”, y a la vez denunció que se está pagando ";cualquier cosa"; en el mercado por la fibra de la presente campaña”, recordando recientes gestiones y promesas de fondos por parte del Poder Ejecutivo Nacional. El dirigente lamentó que ante la ausencia de respuestas, ";nos empujan a hacernos odiar, a que la sociedad en su conjunto, que nada tiene que ver con todo esto, nos tenga bronca porque tengamos que obstaculizarle el tránsito";, en obvia referencia a que se sienten obligados a efectuar medidas de fuerza, como cortes de rutas . El dirigente cooperativista dijo sentirse asombrado por la actitud de las autoridades nacionales en el tratamiento de un tema que ";para miles y miles de chaqueños, es crucial, por cuanto el cultivo de algodón es sinónimo de subsistencia”. Indicó que a simple vista se advierte que al gobierno (nacional) no le interesa la cuestión algodonera , ";porque no se puede dilatar una cuestión tan crucial, con una altísima incidencia en lo social";, señaló Diario Norte, Resistencia, Chaco, 24 de febrero de 2005. Disponible en: http://www.chaco.com.ar- Advierten que dejará de ser negocio el algodón.

31. Como resultado de las acciones judiciales realizadas por la Asociaciones Comunitarias de Comandancia Frías, Nueva Población y Nueva Pompeya (oeste de Chaco), con el asesoramiento jurídico de ENDEPA contra la Provincia del Chaco y/o Subsecretaría de Recursos Naturales y Medio Ambiente e Instituto de Colonización, ante la tala indiscriminada de los bosques en un proceso de venta de tierras fiscales para la producción de soja transgénica, siendo las áreas más afectadas los departamentos del sudoeste y oeste provincial (Departamentos Gral. Güemes y Almte. Brown), la Titular del Juzgado Civil y Comercial Nº 6, de la Provincia, declaró inconstitucional la ley 5285/03 (Reforma a la Ley de bosques), basándose en estudios técnicos y científicos, sosteniendo que la misma es deficiente y no cumplimenta los presupuestos para asegurar una gestión ambiental sustentable y adecuada y compromete el uso y goce de los recursos naturales para las generaciones futuras. El fallo, de fecha 17 de diciembre de 2004 dispone además, “la urgente e inmediata realización de une valuación de impactos ya ocasionados por la destrucción de los montes chaqueños y acerca del impacto ambiental y social con relación a las actividades futuras de continuarse el mismo ritmo de afectación del bosque y suelo...”. Disponiendo además “Que para dar mayor transparencia al otorgamiento de permisos de regulación de la frontera agropecuaria se conformará una comisión de evaluación y seguimiento integrada por los representantes de las Direcciones de Bosques, de suelos y agua rural, del IIFA; APA, del Instituto de Colonización y de los profesionales del INTA, con el objeto de hacer un seguimiento del efectivo cumplimiento del Plan de Manejo de Suelos posteriores al Desmonte”. Para abril de 2005, el Poder Ejecutivo Provincial, dispuso que el INTA en conjunto con la Administración Provincial del Agua (APA), realicen un control anual mediante imágenes satelitales de la evolución de los desmontes en el área en conflicto y prohibió la salida de productos forestales de la provincia. Para más detalle, ver: http://www.endepa.org.ar/dninconst_leyprov_bosques.htm .

32. Calculan que la rentabilidad potencial de la madera por extraer de una hectárea de monte promedio, (sumando el quebracho colorado para uso industrial, rollizo, leña y quebracho blanco), no supera los 400 pesos (120 dólares) por hectárea; agregando al cálculo la ironía de que, una vez extraídos, hay que esperar cuarenta años para repetir el procedimiento, contra el enorme potencial agrícola ganadero, sobre una superficie superior a los dos millones de hectáreas. Señalan que la degradación del monte debido a la extracción de madera desde principios de siglo y a los grandes incendios, que dejaron aisladamente algún monte de mediana aptitud, pero en su mayoría compuestos por especies invasoras de escaso valor económico y arriesgan que “no existe sustentabilidad a partir de la explotación forestal, por cuanto el monte degradado que poseemos de ninguna manera es rentable”.

Un empresario sojero reclama que, “…cada vez que en abstracto sea invocado el concepto de sustentabilidad, debemos saber con claridad y en concreto lo que significa en términos económicos”. Diario Norte, Suplemento Chaqueña 29/08/04. “ El dilema entre el bosque nativo y la expansión de la frontera agropecuaria. Voces productivas reflejan preocupación por las nuevas restricciones al desmonte en el Chaco”.

33. La mayor parte de la superficie sojera está asegurada y si bien cada explotación establece acuerdos particulares con la aseguradora, se puede considerar una media de doscientos pesos por hectárea de soja que toma como base los rendimientos zonales.

34.“Esto parece requerir ámbitos territoriales limitados, con fuerte peso de las relaciones interpersonales, donde puedan expresarse y reconocerse los proyectos y rasgos particulares, donde pueda realizarse sin alienación una evaluación del todo y su evolución posible y deseable. Lo que algunos denominan “desarrollo a escala humana” (Coraggio, 2000:7).

35.“En nuestros países, en muchos casos se trata de iniciar procesos de desarrollo local a partir de la pobreza estructural, de la ausencia de actores colectivos con experiencias en promover el desarrollo de totalidades sociales y/o de puntos de partida marcados por los desastres sociales resultantes de varios años de exposición desprotegida a las fuerzas del mercado global, la emigración de los recursos humanos más emprendedores, y la pérdida de expectativas y de confianza en las propias capacidades y en el Estado” ( Coraggio, 2000:15).

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Fecha de recibido: 10 de mayo de 2005.
Fecha de publicación: 23 de diciembre de 2005.