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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><b><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">EDITORIAL</font></b></p>     <p align="left"><b><font size="4" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Ciencia, cultura de la cita y dinero</font></b></p>     <p align="left"><i><b><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> Science, citation culture and money</font></b></i></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">La Real Academia Espa&ntilde;ola define a la "<b>ciencia</b>" (Del lat. scientia) como el conjunto de conocimientos   obtenidos mediante la observaci&oacute;n y el razonamiento, sistem&aacute;ticamente estructurados y de los que se   deducen principios y leyes generales. Asimismo, expresa que "<b>investigar</b>" (Del lat. investigare) consiste en   realizar actividades intelectuales y experimentales de modo sistem&aacute;tico con el prop&oacute;sito de aumentar los conocimientos sobre una determinada materia.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> Es pertinente referirse a la <b>investigaci&oacute;n</b> distinguiendo entre <b>investigaci&oacute;n aplicada</b> e <b>investigaci&oacute;n   b&aacute;sica</b>. La primera tiene como objetivo la soluci&oacute;n de un problema en un plazo de tiempo generalmente preestablecido,   mientras que la segunda tiene como finalidad ampliar el conocimiento cient&iacute;fico, sin perseguir,   en principio, ninguna aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica. Teniendo en cuenta esto, es sencillo comprender que la investigaci&oacute;n   b&aacute;sica constituye la base de conocimientos sobre la que se apoya la ciencia aplicada o la tecnolog&iacute;a, y tiene   el potencial de m&uacute;ltiples usos, al contribuir en un gran n&uacute;mero de &aacute;reas.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> El conocimiento posee caracter&iacute;sticas de lo que los economistas definen como <i>bien p&uacute;blico</i>: es no   excluyente, ya que una vez que los hallazgos son hechos p&uacute;blicos es dif&iacute;cil impedir que otros utilicen el   conocimiento generado, y su uso no implica rivalidad pues el bien no se consume con el uso. Entonces,   desde un punto de vista puramente econ&oacute;mico, el <i>mercado</i> no est&aacute; preparado para incentivar la producci&oacute;n   de tal clase de bienes "no rentables" (<a href="#ref">2</a>).</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> Como fuerza compensadora ha evolucionado un sistema de recompensa basado en la prioridad que   promueve el generar y compartir conocimientos. Por medio de la comunicaci&oacute;n, los investigadores hacen   propios sus hallazgos, y en el proceso, construyen su reputaci&oacute;n profesional, lo que indirectamente conduce   a recompensas financieras en forma de subsidios para futuras investigaciones y a mejoras salariales, entre   otros. El soci&oacute;logo de la ciencia Robert K. Merton expuso por primera vez en 1986 sus ideas respecto de la   naturaleza p&uacute;blica de la ciencia y argument&oacute; que en ciencia "la estructura de recompensa del sistema   basado en la prioridad funciona de manera que hace el bien p&uacute;blico privado".</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> Eugene Garfield, qu&iacute;mico y bibli&oacute;grafo norteamericano nacido en 1925, observ&oacute; y estudi&oacute; la relaci&oacute;n   existente entre las referencias o citas bibliogr&aacute;ficas y las ideas expresadas en un art&iacute;culo cient&iacute;fico. Sus   estudios condujeron a la elaboraci&oacute;n de la teor&iacute;a de la indizaci&oacute;n o indexaci&oacute;n por citas (<a href="#ref">1</a>), la cual plantea   que si en un art&iacute;culo de gran inter&eacute;s se cita a determinados autores, otros art&iacute;culos que citen a esos mismos   autores seguramente tambi&eacute;n ser&aacute;n del mismo inter&eacute;s. Garfield bas&oacute; el m&eacute;todo de indizaci&oacute;n en la llamada  "cultura de la cita"; subcultura de la ciencia en la que el investigador no solo describe en detalle su trabajo,   sino que tambi&eacute;n cita concienzudamente las publicaciones de otros autores que contribuyeron al desarrollo   de su investigaci&oacute;n (<a href="#ref">3</a>).</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> En 1964, Garfield present&oacute; el <i>Science Citation Index</i> (SCI), cat&aacute;logo de indexaci&oacute;n por citas para art&iacute;culos   cient&iacute;ficos. En poco tiempo, este indicador revolucion&oacute; la sociolog&iacute;a y las pol&iacute;ticas de la ciencia y la tecnolog&iacute;a.   Posteriormente, se publicaron el <i>Social Science Citation Index</i> (SSCI), el <i>Arts & Humanities Citation Index</i>  (AHCI) y el <i>Journal Citation Report</i> (JCR); el objetivo de este &uacute;ltimo fue generar un factor de impacto de las   revistas cient&iacute;ficas m&aacute;s prestigiosas en cualquier &aacute;rea.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> El factor de impacto de una revista determinada se establece anualmente. Este factor se calcula como el   cociente entre el n&uacute;mero de documentos publicados en dicha revista durante el bienio precedente que fueron   citados en art&iacute;culos cient&iacute;ficos publicados en el a&ntilde;o que se desea evaluar y el n&uacute;mero total de documentos   citables publicados en la revista en ese mismo bienio. Por ejemplo:</font></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/ram/v44n3/a01fig1.gif" width="575" height="50" /></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">De este modo, una revista con factor de impacto elevado da cuenta de la buena visibilidad en el mundo   acad&eacute;mico de los art&iacute;culos en ella publicados y de la mayor influencia de estos sobre un gran n&uacute;mero de   investigadores. En consecuencia, aumenta el inter&eacute;s de los investigadores (o la presi&oacute;n sobre ellos) para publicar en dicha revista.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Desde que Henry Oldenburg puso en circulaci&oacute;n en 1665 <i>The Philosophical Transactions of the Royal   Society</i> (Phil. Trans.), con el objetivo de difundir los hallazgos cient&iacute;ficos con mayor celeridad y haciendo de   esta la primera revista en el mundo dedicada exclusivamente a la ciencia, el n&uacute;mero de revistas ha crecido de manera casi exponencial.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> La necesidad de los investigadores de publicar en revistas de mayor prestigio y la presi&oacute;n a la que se ven   sometidas las instituciones por parte de los usuarios para suscribirse a dichas revistas han conducido a   numerosas editoriales a embarcarse en el mundo de las publicaciones cient&iacute;ficas, puesto que sin dudas   representa un negocio de mucha rentabilidad. En este terreno, la situaci&oacute;n general es compleja y parad&oacute;jica,   ya que existen editoriales que publican art&iacute;culos sin costos para el autor pero cuyos costos de suscripci&oacute;n   son elevados y, en ocasiones, inasumibles para las instituciones, mientras que en otras los investigadores   se ven obligados a pagar sumas importantes de dinero para publicar, siendo que son ellos quienes proveen   el contenido que ser&aacute; evaluado luego para determinar el factor de impacto de la revista en la que publican.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> Volviendo a lo dicho anteriormente, los investigadores deben comunicar sus hallazgos r&aacute;pidamente para   evitar p&eacute;rdidas en la carrera por la prioridad, haciendo uso del circuito de publicaciones cient&iacute;ficas. Sin   embargo, dado que las revistas desean publicar trabajos cuyos autores tengan un gran prestigio (adem&aacute;s de   la capacidad de afrontar los gastos implicados en publicar), pues eso garantiza un mayor n&uacute;mero de lectores,   se genera un c&iacute;rculo en el que para acceder a dichas revistas es crucial que el investigador ya haya   publicado en revistas con un importante factor de impacto. As&iacute;, el factor de impacto, uno de los &iacute;ndices por   excelencia de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, se convierte en indicador de la calidad de los trabajos publicados   por un investigador (cuando, en realidad, hace referencia a la calidad de una revista) y es considerado por   los gestores de la ciencia un indicador esencial en la evaluaci&oacute;n de investigadores, grupos de investigaci&oacute;n, proyectos e incluso &aacute;reas de relevancia.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> El propio Garfield ha se&ntilde;alado repetidas veces que el uso del factor de impacto de las revistas en las que   ha publicado un investigador para efectuar su evaluaci&oacute;n cient&iacute;fica tiene sus riesgos, y destaca la conveniencia   y necesidad de contrastar dicho par&aacute;metro con otros indicadores y con una evaluaci&oacute;n detallada de la   producci&oacute;n cient&iacute;fica de cada investigador. Sin embargo, muy frecuentemente las autoridades acad&eacute;micas y   los gestores de la investigaci&oacute;n utilizan el factor de impacto de las revistas como &uacute;nico criterio a la hora de   tomar decisiones, incluso cuando un gran n&uacute;mero de usuarios de dicho indicador bibliom&eacute;trico ni siquiera   sabe c&oacute;mo se calcula. Al parecer, resulta extremadamente dif&iacute;cil para algunas personas entender los inconvenientes   que tiene una evaluaci&oacute;n acr&iacute;tica de algo tan complejo como la investigaci&oacute;n utilizando indicadores cuyos fundamentos y limitaciones no se conocen del todo.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> Es sumamente importante tener en cuenta que quien calcula el factor de impacto de las publicaciones   cient&iacute;ficas es el Instituto para la Informaci&oacute;n Cient&iacute;fica (<i>Institute for Scientific Information</i> o ISI), fundado por   Eugene Garfield en 1960, adquirido por <i>Thomson Scientific & Healthcare</i> en 1992 y actualmente conocido   como <i>Thomson Reuters</i> ISI, tras la compra de <i>Reuters</i> por parte de <i>Thomson</i>, en 2008. Se trata entonces de una   empresa de informaci&oacute;n con sede en m&aacute;s de 90 pa&iacute;ses y cuyas acciones cotizan en las bolsas de valores   m&aacute;s importantes del mundo. Esta empresa mantiene una base de datos de citaciones que abarca miles de   revistas y que se puede consultar <i>on line</i> (previo pago), a trav&eacute;s del servicio <i>Web of Knowledge</i> (WOK).</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> El ISI cuenta las citas de cada documento publicado en cada una de las revistas que indexa y descarta   aquellas citas realizadas en revistas no indexadas por el instituto, pero, llamativamente, incluye tanto citas   de otras revistas como las que aparecen en art&iacute;culos publicados en la propia revista (autocitas de la revista),   y tambi&eacute;n las citas que realizan los investigadores a sus propios art&iacute;culos (autocitas). El c&aacute;lculo realizado   para determinar el factor de impacto no es f&aacute;cil de reproducir, ya que el ISI a&ntilde;ade o elimina algunas citas   mediante procesos manuales (no autom&aacute;ticos) que no explica en detalle.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> Hasta aqu&iacute; se han mencionado dos componentes del mundo de la ciencia: investigadores y medios de   divulgaci&oacute;n, &iacute;ntimamente relacionados e interdependientes, pero con grandes diferencias en t&eacute;rminos de   objetivos y ganancias. Un tercer componente, tan importante como los anteriores, es el dinero, ya que juega   varios roles cr&iacute;ticos en la ciencia. Primero, el dinero influye en la elecci&oacute;n de la carrera profesional. Los   cient&iacute;ficos son individuos motivados no solo a hacer investigaci&oacute;n por un inter&eacute;s innato por la resoluci&oacute;n de   problemas y cuestiones enigm&aacute;ticas, sino por el reconocimiento y, como cualquier otro individuo, por el   dinero. Segundo, puesto que la investigaci&oacute;n es onerosa, la mayor&iacute;a de los investigadores que se desempe&ntilde;an   en universidades o en instituciones p&uacute;blicas est&aacute;n obligados a conseguir fondos constantemente para poder   llevar adelante su trabajo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> El origen de los fondos para la ciencia ha ido cambiando con los tiempos. Hist&oacute;ricamente, la ciencia fue   apoyada en gran medida por benefactores privados (individuos o familias) o instituciones religiosas, o   simplemente, los gastos corr&iacute;an por cuenta del propio investigador. As&iacute; por ejemplo, el trabajo de Galileo   Galilei en los siglos XVI y XVII fue sostenido por individuos acaudalados, incluyendo al papa Urbano VIII y   al gran duque de Toscana Fernando II de M&eacute;dicis, mientras que el viaje realizado por Charles Darwin a bordo   del HSM Beagle en el siglo XIX fue posible gracias al apoyo econ&oacute;mico de su familia y, de manera indirecta,   del gobierno brit&aacute;nico, quien financi&oacute; la expedici&oacute;n a la que se sum&oacute; Darwin.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">En la actualidad, si un individuo con vocaci&oacute;n por la ciencia y la investigaci&oacute;n desea desarrollarse como   profesional en el &aacute;rea, deber&aacute; contar sin dudas con una buena cantidad de dinero para poder llevar a cabo su   tarea. Sin embargo, sabemos que la producci&oacute;n de conocimiento (un bien p&uacute;blico) no es "objeto de deseo" de   inversores privados por su escasa rentabilidad. De este modo, recae sobre el Estado (por lo tanto, sobre la   sociedad toda) y sobre fundaciones sin fines de lucro la responsabilidad de aportar la mayor parte de los   fondos necesarios para el desarrollo de actividades de investigaci&oacute;n. Pero, ¿c&oacute;mo hace uno de estos individuos   en un pa&iacute;s en donde el presupuesto destinado a investigaci&oacute;n b&aacute;sica se reduce constantemente, mientras   la demanda de fondos crece con el n&uacute;mero de investigadores, y donde la calidad de la investigaci&oacute;n (y   lamentablemente, del individuo) se eval&uacute;a casi exclusivamente por el &iacute;ndice de impacto de las revistas   donde se encuentran sus publicaciones cient&iacute;ficas, considerando en ocasiones de escaso nivel la publicaci&oacute;n de resultados en revistas cient&iacute;ficas nacionales?.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> Probablemente seamos miles los que podamos dar respuesta a este tipo de preguntas, y miles los que   d&iacute;a a d&iacute;a, desde diferentes lugares, seguimos dando impulso a la "m&aacute;quina de la investigaci&oacute;n" en la Argentina,   a la espera de cambios que desestructuren el c&iacute;rculo perverso dinero-publicaci&oacute;n-dinero y que compensen la asimetr&iacute;a a la que nos vemos sometidos y que nunca terminamos de comprender.</font></p>     <p align="left"><b><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Mauricio G. Carobene</font></b></p>     <p align="left"> <font size="2" face="Arial, Helvetica, sans-serif"><i>Instituto de Investigaciones Biom&eacute;dicas en Retrovirus y Sida, INBIRS   Facultad de Medicina-Universidad de Buenos Aires.   Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires, Argentina. </i> E-mail: <a href="mailto:mcarobe@fmed.uba.ar">mcarobe@fmed.uba.ar</a></font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Arial, Helvetica, sans-serif"><a name="ref" id="ref"></a>1. Garfield E. The history and meaning of the journal impact factor. JAMA 2006; 295: 90-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2700924&pid=S0325-7541201200030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> 2. Stephan P. How economics shapes science. Harvard University Press, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2700926&pid=S0325-7541201200030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Arial, Helvetica, sans-serif"> 3. Wouters P. The Citation Culture. Doctoral Thesis, University of Amsterdam, 1999. Disponible en l&iacute;nea en: <a href="http://garfield.library.upenn.edu/wouters/wouters.pdf" target="_blank">http://garfield.library.upenn.edu/wouters/wouters.pdf</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2700928&pid=S0325-7541201200030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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