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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Antropología de la Deuda: ¿obligaciones entre personas o matemática impersonal?]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif"><b>RESE&Ntilde;A BIBLIOGR&Aacute;FICA</b></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="4" face="Times New Roman, Times, serif"><b>Antropolog&iacute;a de la Deuda: ¿obligaciones entre personas o matem&aacute;tica impersonal?</b></font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif"><b>GRAEBER, David. 2011. <i>Debt: The First 5,000 Years</i>. New York: Melville House Publishing. 534 pp. </b></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif"><b>Julieta Gazta&ntilde;aga    <br> </b></font><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">Julieta Gazta&ntilde;aga, Doctora en Antropolog&iacute;a, docente e investigadora, UBA/CONICET. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:azaryraza@gmail.com">azaryraza@gmail.com</a>. </font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><b>Fecha de realizaci&oacute;n:</b> marzo de 2012.<b> Fecha de entrega:</b> junio de 2012. </font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif"><b>Introducci&oacute;n: de Deudas, Deuda y Violencia </b></font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">David Graeber sostiene que en los 5000 a&ntilde;os de historia humana registrados, la <i>deuda</i> tendi&oacute; a involucrar la creaci&oacute;n de grandes instituciones que estaban orientadas, entre otras cosas, a controlar las consecuencias sociales de la existencia de una masa de endeudados frente a una minor&iacute;a de acreedores. La realeza sagrada mesopot&aacute;mica, el jubileo mosaico, la shar&iacute;a musulmana y el derecho can&oacute;nico son algunos ejemplos, llegando, en algunos casos, a promover la condonaci&oacute;n total de las deudas. En nuestra era, mientras tanto, se ha producido un cambio conceptual y pr&aacute;ctico, ya que las grandes instituciones supranacionales de la deuda est&aacute;n orientadas a proteger los intereses de los acreedores. La existencia de corporaciones e instituciones financieras como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y el Standard & Poor's, entre otras, representan as&iacute;, un cambio en la tesitura hist&oacute;rica respecto de los l&iacute;mites y posibilidades de la deuda. ¿Pero de qu&eacute; tipo de cambio se trata? Por un lado, si lo enmarcamos en la din&aacute;mica hist&oacute;rica de las relaciones de desigualdad, no parecer&iacute;a ser una transformaci&oacute;n absoluta. Es decir, se tratar&iacute;a de maneras alternativas de controlar no s&oacute;lo a los deudores sino la propia existencia de deudas como basamento de la relaci&oacute;n que los sit&uacute;a desigualmente frente a los acreedores. Por otro lado, podr&iacute;a ser la dram&aacute;tica profundizaci&oacute;n de las consecuencias del capitalismo financiero que estar&iacute;an llevando a un cambio en la naturaleza y en la manera en se concibe la deuda como instituci&oacute;n. Posiblemente la respuesta no sea &uacute;nica ni pueda zanjarse buscando par&aacute;metros acerca de qu&eacute; es realmente lo novedoso. En todo caso, de cara a la crisis financiera mundial y las ideas y s&iacute;mbolos que la sostienen y legitiman, s&iacute; resulta fruct&iacute;fero llamar la atenci&oacute;n sobre que no sea lo mismo hablar de la <i>deuda</i> que de las <i>deudas</i>. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Para desandar reflexivamente los caminos que nos llevado hasta la forma actual de la deuda, hay dos ejercicios fundamentales: la desnaturalizaci&oacute;n de las formas que asume la deuda en el presente a trav&eacute;s de la evidencia historiogr&aacute;fica, y la etnograf&iacute;a como teor&iacute;a y pr&aacute;ctica en disyuntivas conceptuales para producir "homonimia disyuntiva" considerando la diversidad de las posibilidades humanas (Da Col y Graeber, 2011: vii-viii). Ambas empresas anal&iacute;ticas son acometidas por Graber en "La deuda: los primeros 5000 a&ntilde;os" ( <i>Debt: The First 5.000 Years</i>). Como en sus trabajos anteriores, el autor logra sistematizar un amplio espectro de discusiones te&oacute;ricas y conceptuales -en parte, que exceden el campo de la reflexi&oacute;n antropol&oacute;gica-, present&aacute;ndolos en un lenguaje accesible y una textura narrativa que potencia una audiencia m&aacute;s amplia que la meramente acad&eacute;mica. Esta elecci&oacute;n resulta coherente con el hecho de que Graeber, adem&aacute;s de antrop&oacute;logo, es un anarquista comprometido con la acci&oacute;n pol&iacute;tica transformadora.<a name="nn1"></a><sup><a href="#n1">1</a></sup> Y es tambi&eacute;n coherente con los hallazgos y las conclusiones del libro: el problema de la deuda pone de relevancia el modo en que la violencia siempre ha sido fundamental para crear y moldear las instituciones b&aacute;sicas de lo que denominamos "la econom&iacute;a". La guerra, la conquista y el esclavismo nutren nuestras concepciones m&aacute;s &iacute;ntimas de honor, propiedad y libertad; las cuales no podr&iacute;an haberse establecido hist&oacute;ricamente sin el monopolio de la violencia, y, en la actualidad, sin la amenaza sistem&aacute;tica del uso de la violencia por parte del Estado. Si bien este enfoque de la naturaleza de las instituciones econ&oacute;micas no es nuevo -de hecho, Karl Marx reflexion&oacute; de manera ejemplar sobre este hace siglo y medio-, su actualidad irresoluta sigue promoviendo la necesidad de discutir alternativas te&oacute;ricas y pr&aacute;cticas, donde la antropolog&iacute;a tiene valiosos aportes para realizar. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">La relaci&oacute;n entre deuda y violencia es el eje de este libro, y su examen aglutina un notable desaf&iacute;o de las barreras disciplinares y de la divisi&oacute;n del trabajo intelectual establecida, desarmando las incumbencias que en principio parecer&iacute;an ser privativas de la reflexi&oacute;n econ&oacute;mica. Asimismo, actualiza la necesidad de salir del encorsetamiento que produce la visi&oacute;n de la vida social como formada por dimensiones estancas (religi&oacute;n, econom&iacute;a, pol&iacute;tica, etc.). Esta ha sido una de las grandes contribuciones de la antropolog&iacute;a a la teor&iacute;a social: dar cuenta que la vida social es un proceso que los actores sociales construyen y que en ciertas condiciones y contextos 'compartimentan' al hacerlo. Una contribuci&oacute;n ensombrecida u obliterada cada vez que surgen problemas ingentes como la crisis financiera mundial contempor&aacute;nea (que no es meramente econ&oacute;mico sino que se desarrolla en el marco de pr&aacute;cticas macroecon&oacute;micas regresivas y el dise&ntilde;o transnacional de las obligaciones monetarias de los Estados-Naciones). Considerando este punto, tal vez uno de los mayores logros de la obra sea mostrar c&oacute;mo la antropolog&iacute;a puede transmutar el prisma de la diversidad en un tipo de reflexi&oacute;n capaz de se&ntilde;alar los puntos de clivaje, simb&oacute;licos y materiales, que han hecho posible -y que de hecho perpet&uacute;an- la condici&oacute;n de crisis global en que vivimos hoy. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif"><i>Debt</i>, o <i> La deuda</i>, comienza con una vi&ntilde;eta personal, un di&aacute;logo que se desarrolla en una reuni&oacute;n en los jardines de la Abad&iacute;a de Westminster, en Londres. El anfitri&oacute;n de la fiesta, un sacerdote, introduce al autor y a una joven abogada inglesa que trabaja en una fundaci&oacute;n que lucha contra la pobreza, asumiendo que ambos tendr&iacute;an temas comunes de conversaci&oacute;n. Impactado por la postura de su interlocutora, quien sostuvo sin miramientos "uno debe pagar sus deudas", Graeber hace de esto el pie argumental para comenzar a trabajar sobre la relaci&oacute;n entre deuda y moralidad. Los senderos de esa charla prontamente se bifurcan, y a trav&eacute;s de ellos se desarrolla el primer cap&iacute;tulo ("Sobre la experiencia de la confusi&oacute;n moral"), donde alude a que la mayor&iacute;a de las personas sostienen <i>al mismo tiempo</i> que devolver el dinero prestado es una cuesti&oacute;n moral, y que aquellos que se dedican a prestar dinero son malvados. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Ahora bien, si las aristas morales de dicha interacci&oacute;n condensan el primer cap&iacute;tulo, y resumen en gran parte la intencionalidad de la obra, siguiendo esta l&oacute;gica argumental cabe notar que curiosamente otros aspectos de ella quedan pendientes. Por ejemplo, Graeber tiene que explicarle a la abogada qu&eacute; es el FMI ¿Es posible que una profesional inglesa socialmente comprometida con combatir la pobreza desconozca esta instituci&oacute;n? La pregunta parece ret&oacute;rica, pero la respuesta es no, no la conoc&iacute;a. M&aacute;s all&aacute; de que podr&iacute;a tratarse de un caso aislado -no hay c&oacute;mo saberlo-, resulta llamativo que el autor en su actitud pedag&oacute;gica de dar cuenta de las atrocidades de la ingenier&iacute;a de la deuda del tercer mundo, no reflexiona sobre este punto sino que su atenci&oacute;n se concentra en la naturaleza de esta instituci&oacute;n y en la violencia constitutiva de su modus operandi. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Seguramente debido al sesgo latinoamericano de quien escribe estas l&iacute;neas, la vi&ntilde;eta adquiere otra densidad producto del extra&ntilde;amiento. Parafraseando a Bourdieu (1997), las experiencias sociales est&aacute;n mediatizadas por las configuraciones de los diferentes campos y sus efectos como interiorizaci&oacute;n. Tal vez la incorporaci&oacute;n conceptual de la deuda en una suerte de habitus tercermundista, no solamente particulariza los t&eacute;rminos de su conocimiento -en el sentido bourdiano de (des)conocer- sino que provee un marco simb&oacute;lico que tambi&eacute;n dispone incorporar socialmente su (i)legitimidad. Dado que <i>Debt</i> brinda algunas herramientas para pensar este aspecto sociol&oacute;gicamente sugestivo, es posible realizar un ejercicio similar, al estilo de la vi&ntilde;eta, y preguntar c&oacute;mo es posible que los argentinos, especialmente durante los '90, consider&aacute;ramos al <i>Fondo</i> (FMI) un elemento cotidiano del discurso p&uacute;blico y una parte de nuestro sentido com&uacute;n macroecon&oacute;mico -a cuyos directivos conoc&iacute;amos tanto o m&aacute;s que a nuestros representantes, a quienes, en cambio, s&iacute; elegimos a trav&eacute;s del voto-, y esto sumado al impacto de sus pol&iacute;ticas en c&oacute;mo nos pensamos como sociedad y nuestro lugar en el sistema interestatal. Asimismo, mientras que en la d&eacute;cada del'90 solamente algunos sectores de la izquierda revolucionaria planteaban "No al pago de la deuda externa", parecer&iacute;a que actualmente hoy se ha amplificado la poblaci&oacute;n c&iacute;vica y pol&iacute;tica que considera a esa deuda (de origen privado y p&uacute;blico) como impagable (de hecho fue presentado el <i>default</i>) y acaso ileg&iacute;tima. Una respuesta podr&iacute;a venir de la mano del planteo de Graeber, acerca de c&oacute;mo estas percepciones se van conformando a la luz de la confusi&oacute;n moral en torno a la noci&oacute;n de deuda. Porque Argentina no dej&oacute; de pagar. De hecho, el mensaje que el ex presidente Kirchner dirigi&oacute; al FMI ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2003 ("Los muertos no pagan") fue aplaudido, como as&iacute; tambi&eacute;n lo fue la decisi&oacute;n de pagar 3.100 millones de d&oacute;lares en marzo de 2004. Obligada salvedad: aquello que Argentina desafi&oacute; no fue el pago de la deuda sino los plazos exigidos por el FMI. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Antes de embarcarnos en los detalles de la obra, cabe advertir que estamos ante un trabajo de considerable extensi&oacute;n (534 p&aacute;ginas y una gran profusi&oacute;n de notas al final de cada cap&iacute;tulo) donde el autor entreteje argumentos volcados en trabajos previos. Una lectura lineal comporta una fuerte demanda relacional al lector, pero &eacute;sta se contrarresta con el hecho de que el libro puede ser le&iacute;do de m&uacute;ltiples maneras. Por un lado, los doce cap&iacute;tulos que lo conforman pueden ser abordados como tres grandes partes con correspondencia interna. Una primera parte donde desnaturaliza una serie de supuestos te&oacute;ricos y del sentido com&uacute;n asociados a la deuda, el dinero y las instituciones econ&oacute;micas; una segunda, de tinte antropol&oacute;gico -aunque la etnograf&iacute;a comparada se complementa con fuentes hist&oacute;ricas- donde aborda las relaciones entre violencia, formas de dinero y las relaciones entre personas y comunidades; y finalmente, una tercera donde propone un patr&oacute;n de ciclos que habr&iacute;a atravesado la humanidad respecto de la relaci&oacute;n entre dinero y las pr&aacute;cticas asociadas con la deuda. Finalmente, el modo en que son presentadas discusiones conceptuales y ex&eacute;gesis etnogr&aacute;ficas, tambi&eacute;n permite un tratamiento por separado de cada cap&iacute;tulo. As&iacute;, se convierte en un libro al que se puede regresar permanentemente. </font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif"><b>La deuda como promesa corrompida por la matem&aacute;tica y la violencia </b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">"Any system that reduces the world to numbers can only be held in place by weapons,    <br> whether these are swords and clubs, or nowadays, 'smart bombs' from unmanned drones." (p. 386) </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">La tarea de "desmitificar" un conjunto de ideas directa e indirectamente relacionadas con el universo de sentido de la <i>deuda</i> sustancia la primera parte del libro y el fundamento argumental para el resto de la obra. En el primer cap&iacute;tulo, Graeber advierte acerca del poder del lenguaje de la deuda (hace pasar por morales a las relaciones fundadas en la violencia e invierte roles entre v&iacute;ctimas y victimarios) y propone comprenderlo en un arco temporal de 5000 a&ntilde;os y una diversidad de contextos culturales. Esto revela, por ejemplo, que los usureros pueden ser blanco de las cr&iacute;ticas morales (como en la excomuni&oacute;n cat&oacute;lica) pero que tambi&eacute;n pueden funcionar como autoridades en materia moral (el hinduismo y el budismo proveen ejemplos de la tolerancia moral hacia los prestamistas). Por otro lado, muestra que, invariablemente, las relaciones sociales enmarcadas en t&eacute;rminos de deuda conducen a la pregunta '¿qui&eacute;n debe qu&eacute; cosa a qui&eacute;n?', y en contrapartida, un mismo mecanismo social se pone en acto: el deudor adopta el lenguaje y el esquema de legitimidad del acreedor.<a name="nn2"></a><sup><a href="#n2">2</a></sup> En el cap&iacute;tulo inicial est&aacute;n planteadas las preguntas que hacen al libro: ¿qu&eacute; significa decir que nuestro sentido de moralidad y justicia se reduce al lenguaje de un trato comercial?, ¿cu&aacute;l es el sentido de reducir las <i>obligaciones</i> morales a <i>deudas</i>?, ¿qu&eacute; cambia cuando unas se transforman en las otras?, ¿en qu&eacute; se diferencian? Y tambi&eacute;n provee las primeras respuestas: la deuda puede ser cuantificada, tornarse impersonal y, por ende, transferible; a diferencia del favor u otras obligaciones sociales que siempre dependen de las personas cuya relaci&oacute;n las construye como tales. En este esquema, el factor crucial es el dinero, que aparece hist&oacute;ricamente en escena al mismo tiempo que la deuda. Se trata, seg&uacute;n Graeber, de la capacidad del dinero de transformar moral en aritm&eacute;tica. La violencia y la cuantificaci&oacute;n (o especificar num&eacute;ricamente) est&aacute;n &iacute;ntimamente relacionadas; la violencia matematiza las relaciones humanas. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">En el segundo cap&iacute;tulo ("El mito del trueque"), Graeber discute la continuidad hist&oacute;rica entre el trueque ( <i>barter</i>), el dinero y la deuda. La narrativa econ&oacute;mica establecida y epitomizada en la figura de Adam Smith, indica que el trueque evolucion&oacute; hasta el sistema de cr&eacute;dito gracias a la creaci&oacute;n del dinero, que permiti&oacute; desarrollar transacciones donde el intercambio directo de cosas diferentes, inconmensurables, no era posible. La evidencia hist&oacute;rica y etnogr&aacute;fica, sin embargo, reclama la falacia de este argumento, cuyo sentido teleol&oacute;gico le imprime fuerza para permear el sentido com&uacute;n. El autor muestra que, por un lado, el trueque no se produce entre personas de la misma comunidad sino con extra&ntilde;os y/o potenciales enemigos. De hecho, la proliferaci&oacute;n del trueque ser&iacute;a un fen&oacute;meno moderno y entre personas acostumbradas a utilizar dinero. Por otro lado, plantea que el "dinero virtual", basado en el cr&eacute;dito, se desarroll&oacute; previamente al acu&ntilde;amiento de moneda y esta nunca lleg&oacute; a reemplazarlo de manera completa. As&iacute;, la deuda precede al trueque, el cual ser&iacute;a producto del uso del dinero en contextos donde este hab&iacute;a mermado o desaparecido f&iacute;sicamente. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Si el fulcro argumental de esta secci&oacute;n es tensionar la evidencia emp&iacute;rica para desnaturalizar la historia convencional de los or&iacute;genes del dinero, tambi&eacute;n recupera c&oacute;mo el debate econ&oacute;mico llev&oacute; a que otras versiones hayan sido obliteradas, como, por ejemplo, la de Alfred Mitchell-Innes.<a name="nn3"></a><sup><a href="#n3">3</a></sup> Graeber se&ntilde;ala que esta situaci&oacute;n se debe a que el "mito del trueque" es fundante de la ciencia econ&oacute;mica, que supone un conjunto de individuos (y naciones) meramente abocados a trocar cosas. Pero, como han demostrado diferentes escuelas econ&oacute;micas, la mera existencia del dinero no es suficiente para sostener dicha cosmovisi&oacute;n: otro elemento fundamental es el gobierno. As&iacute; lo plantean las teor&iacute;as alternativas a la econom&iacute;a cl&aacute;sica que proponen que el dinero no es una cosa, una mercanc&iacute;a, sino un cr&eacute;dito, en &uacute;ltima instancia, un pagar&eacute; del Estado. Graeber las llama "teor&iacute;as del dinero basadas en el cr&eacute;dito y el Estado" (2011:46), y rescata su esfuerzo persistente por mostrar la inseparabilidad l&oacute;gica e hist&oacute;rica entre el Mercado y el Estado. Sin embargo, el problema con estos enfoques como el chartalismo, retomado por los post keynesianos, es su debilidad para explicar la existencia de impuestos: una cosa es por qu&eacute; los Estados los demandan (para crear mercados), y otra cosa es con qu&eacute; derecho. El tercer cap&iacute;tulo ("Deudas primordiales") se orienta a examinar algunos intentos por resolver este problema como el de la "teor&iacute;a de la deuda primordial" (2011:55). </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Graeber aborda dicho enfoque desde los trabajos de un equipo interdisciplinario franc&eacute;s (encabezado por Michel Aglietta, Andr&eacute; Orl&eacute;an y Bruno Th&eacute;ret) basados en fuentes hist&oacute;ricas y filos&oacute;ficas de la India (antiguos textos de literatura s&aacute;nscrita, vedas y br&aacute;hmanas, y comentarios hier&aacute;ticos) que proponen que la deuda de origen religioso fue adoptada por el Estado/monarca, sustituyendo los sacrificios por los impuestos y la defensa militar por la vida. Otrora instituci&oacute;n divina, la deuda pasa a representar el vivir en sociedad y el imperio de las normas -&aacute; la Durkheim-. Desde este enfoque, el mercado no hubiera sido posible ni se sostendr&iacute;a sin regulaciones gubernamentales ni pol&iacute;ticas monetarias motorizadas por los soberanos (los gobiernos pueden usar los impuestos para crear dinero porque son los guardianes de la deuda que todos los ciudadanos tienen entre s&iacute;). Sin embargo, Graeber recurre a la mirada antropol&oacute;gica y a la evidencia etnogr&aacute;fica para destacar algunos problemas. Por un lado, las ideas codificadas en esos textos hind&uacute;es no representan la naturaleza humana sino que son peculiares de una cierta tradici&oacute;n intelectual de especialistas rituales de la temprana edad del hierro. Por otro lado, el trazado de un recorrido directo desde la deuda absoluta para con los dioses hasta las deudas espec&iacute;ficas entre personas, donde los derechos y las obligaciones entre personas quedan subsumidos en una concepci&oacute;n de 'sociedad' de deudores 'equivalentes' frente al soberano, justificando las estructuras de autoridad (de hecho, el autor se&ntilde;ala la ra&iacute;z comtiana del planteo). As&iacute;, este esquema alternativo al de la econom&iacute;a cl&aacute;sica pone de relevancia c&oacute;mo los mercados son creados por los Estados pero concibiendo al dinero s&oacute;lo como aquello que proporciona la forma material de la deuda. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Para Graeber, esta propuesta no tiene asidero emp&iacute;rico. Al igual que el mito del trueque, el origen <i>primordial</i> de la deuda ser&iacute;a un producto moderno, en este caso un mito nacionalista basado en un modelo t&aacute;cito de sociedad como Estado-Naci&oacute;n. Pero a diferencia del trueque, que se apoya en la l&oacute;gica del Mercado donde los individuos por definici&oacute;n no se deben nada entre s&iacute;, en este caso el Estado provee la l&oacute;gica de la deuda, incancelable por definici&oacute;n, constitutiva de las relaciones entre las personas. Propone que ambos enfoques de la deuda (el planteo de mercado versus el de la sociedad) se fundan en una misma l&oacute;gica que sostiene las relaciones entre econom&iacute;a y soberan&iacute;a, y que es, en &uacute;ltima instancia, la de la violencia. ¿Hay una alternativa? La respuesta comienza en el cuarto cap&iacute;tulo ("Crueldad y redenci&oacute;n"), donde el autor regresa al problema del dinero. Para ello, y en clave del mismo tipo de ejercicio dial&eacute;ctico, recupera la propuesta de Keith Hart (1986) de considerar al dinero como un h&iacute;brido entre una mercanc&iacute;a y una relaci&oacute;n entre personas, una suerte de pagar&eacute;. Examinando al dinero como objeto y como relaci&oacute;n social, el planteo es que en cualquier contexto es posible conocer el balance de fuerzas pol&iacute;ticas a trav&eacute;s de examinar qu&eacute; es lo que se acepta como divisa. Esto demuestra que la oposici&oacute;n entre gobernantes y comerciantes no es inherente a la condici&oacute;n humana, y que suelen basarse en un mecanismo particular ya que impuestos y dinero surgen con la Guerra. Regresa, as&iacute;, al argumento original que sostiene que la guerra es el paradigma de la conversi&oacute;n de relaciones de extorsi&oacute;n violenta en algo moral, y del supuesto de que deuda y moralidad ser&iacute;an la misma cosa. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Ahora bien, una lectura filos&oacute;ficamente informada de este tipo de argumento podr&iacute;a plantear ¿no estamos ante otra forma del planteo de Friedrich Nietzsche (1996) acerca de que la moralidad se funda en la extracci&oacute;n de deuda bajo la amenaza de violencia y este sentido de obligaci&oacute;n da origen a la civilizaci&oacute;n? Graeber se distancia de manera ingeniosa, se&ntilde;alando que las premisas de Nietzsche eran otras: asum&iacute;a la naturaleza humana como Adam Smith, donde los humanos son racionales, calculan y donde el trueque es el pivote de las relaciones sociales. Es m&aacute;s, considera que cuando el fil&oacute;sofo alem&aacute;n se&ntilde;al&oacute; que la moralidad comienza con la usura (la libra de carne solicitada por Shylock en la obra de Shakespeare), estaba siendo provocativo, ya que si las relaciones morales s&oacute;lo surgen del intercambio, entonces solamente habr&iacute;a relaciones duraderas cuando hay deuda. Para Graeber es al rev&eacute;s: la deuda revela el fundamento humano y social de las relaciones econ&oacute;micas porque explicita la interdependencia entre personas y grupos. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">El problema de los enfoques antes mencionados ser&iacute;a que reducen todas las relaciones humanas al intercambio; incluso se puede detectar en las escrituras v&eacute;dicas y cristianas (cf.: Graeber, 2011: 89). Un enfoque alternativo es considerar que hay varios principios que nutren los fundamentos morales de las relaciones econ&oacute;micas. Esta hip&oacute;tesis da el t&iacute;tulo al quinto cap&iacute;tulo, donde comienza a desarrollar etnogr&aacute;ficamente la diversidad de formas del endeudamiento entre personas para llegar a argumentar m&aacute;s adelante c&oacute;mo el dinero hizo posible la deuda. Efectivamente, los dos cap&iacute;tulos siguientes son un di&aacute;logo entre teor&iacute;as monetarias y la etnograf&iacute;a comparada. </font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif"><b>Una mirada antropol&oacute;gica sobre la deuda: las posibilidades humanas </b></font></p>     <p align="right"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">"The king and slave are mirror images, in that unlike normal human beings who     <br>are defined by their commitments to others, they are defined only by relations of power.     <br> They are as close to perfectly isolated, alienated beings as one can possibly become". (p. 209) </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Muchos antrop&oacute;logos han registrado y analizado sistemas sociales donde la gente da y recibe cosas sin concebir a esas operaciones a la manera de las relaciones mercantiles. En cierto sentido, este ha sido el debate en torno a la noci&oacute;n de la reciprocidad, seminal de la disciplina, no solamente desde Malinowski, sino desde obras decimon&oacute;nicas como la de Morgan entre los iroqueses, pasando por el estructuralismo levistraussiano, hasta los estudios m&aacute;s actuales sobre clientelismo y patronazgo. Pero as&iacute; como las etnograf&iacute;as dan cuenta de que siempre hay una moralidad subyaciendo a lo que llamamos vida econ&oacute;mica, Graeber sostiene que el enfoque de englobarlas como econom&iacute;as del don o en una teor&iacute;a general de prestaciones rec&iacute;procas presenta el problema de reducir todas las relaciones humanas al intercambio perdiendo de vista otros aspectos que podr&iacute;an desnaturalizar la ubicuidad de aquel. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">El eje de esta secci&oacute;n es que el lenguaje del mercado impregna todos los aspectos de nuestras vidas debido al peso que tiene el intercambio. El argumento -desarrollado en un trabajo previo (Graeber, 2010)- es que habr&iacute;a tres principios b&aacute;sicos en que se basan las relaciones econ&oacute;micas y que existen en mayor o menor medida en todos los sistemas sociales: comunismo, intercambio y jerarqu&iacute;a. Suponen, respectivamente, una relaci&oacute;n eterna basada en medios y fines, una relaci&oacute;n temporaria basada en la equivalencia, y una relaci&oacute;n basada en la precedencia. Bas&aacute;ndose en las ideas de Marcel Mauss (1979) acerca de la coexistencia entre individualismo y comunismo, democracia y monarqu&iacute;a, etc., plantea que esos fundamentos morales no describen tipos de sociedades sino que son principios que se traslapan, a veces se contradicen y se alteran mutuamente. Podr&iacute;amos sistematizarlos en funci&oacute;n de criterios que los diferencian: entre los dos primeros, la continuidad de la relaci&oacute;n; entre el segundo y el &uacute;ltimo, la marcaci&oacute;n de estatus, y entre el primero y el &uacute;ltimo, el funcionamiento de la reciprocidad. Graeber demuestra que hay relaciones donde las personas no llevan la cuenta de sus actos porque se comportan solidariamente en funci&oacute;n de sus necesidades y sus habilidades (comunismo); relaciones entre personas con status desigual donde tradicionalmente no existen expectativas de reciprocidad entre un superior y un inferior (jerarqu&iacute;a), y relaciones donde la idea de equivalencia permite cancelar las deudas y con la propia relaci&oacute;n entre las partes (intercambio). Y concluye que el intercambio que surge como efecto de la violencia y la deuda es un producto de la reciprocidad, que poco tiene que ver con los otros dos principios. De esta manera, propone definir la deuda como un intercambio que no ha sido completado: el intercambio supone equivalencia y separaci&oacute;n, la deuda es lo que sucede entretanto, cuando las dos partes potencialmente equivalentes, todav&iacute;a no lo son (2011: 121-122). As&iacute;, la impronta maussiana le permite desafiar el sentido de ciencia ortodoxo asignado a la econom&iacute;a (ya que siempre est&aacute;n jugando simult&aacute;neamente diferentes principios) ya que no hay nada esencial que permita postular un modelo humano del comportamiento econ&oacute;mico -i.e. el mercado- . </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Si las relaciones morales son prioritarias ¿c&oacute;mo pasamos de las obligaciones a las 'deudas'? Para responder esta pregunta, el sexto cap&iacute;tulo ("Juegos de sexo y muerte"), se aboca de lleno a un ejercicio de etnograf&iacute;a comparada. El cap&iacute;tulo se centra en examinar el 'dinero primitivo', al que Graeber prefiere llamar "divisas sociales", y a las econom&iacute;as que las utilizan, "econom&iacute;as humanas" (2011:130). El inter&eacute;s por estos sistemas econ&oacute;micos que no est&aacute;n principalmente orientados a la acumulaci&oacute;n de riqueza, sino a la creaci&oacute;n, destrucci&oacute;n y reorganizaci&oacute;n de seres humanos, radica en varios aspectos. Por un lado, porque este es el tipo de econom&iacute;as que predomin&oacute; en la historia de la humanidad; por otro, porque el inter&eacute;s del autor es comprender c&oacute;mo, y con qu&eacute; efectos, estas econom&iacute;as son incorporadas en la &oacute;rbita de las econom&iacute;as comerciales. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">El ejercicio de ex&eacute;gesis etnogr&aacute;fica de trabajos 'cl&aacute;sicos' -entre los tiv, por Paul y Laura Bohannan (1953); los lele, por Mary Douglas (1963); los nuer, Edward Evans-Pritchard (1979) y los iroqueses, Lewis H. Morgan (1962)-, es realizado a trav&eacute;s de la propuesta de Philippe Rospab&eacute; (1993) de que en estos sistemas econ&oacute;micos humanos, cada persona es un nexo &uacute;nico en las relaciones con los dem&aacute;s; es decir, una vida solamente es equiparable a otra, y su valor es inconmensurable. Por ende, las 'compensaciones' (en brazaletes, dientes de ballena, ganado, etc.) no son realmente 'pagos' porque no equivalen a la vida humana perdida. As&iacute; lo demuestran las deudas por matrimonio ( <i>bridewealth</i>) entre los tiv y la entrega de ganado entre los nuer. En una vendetta de sangre, la compensaci&oacute;n ( <i>bloodwealth</i>) es admitir la deuda a sabiendas de que es imposible su cancelaci&oacute;n total.<a name="nn4"></a><sup><a href="#n4">4</a></sup> El mismo mecanismo ocurre entre los iroqueses, para quienes ofrecer <i>wampum</i> blanco era una forma de confesar el crimen y el arrepentimiento, y solicitar el perd&oacute;n; significaba ofrecer paz, pod&iacute;a sellar relaciones amistosas pero no compensaba la muerte. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Todo este esquema cambia cuando irrumpe la violencia en la ecuaci&oacute;n: una vida humana puede ser cuantificada e intercambiada por objetos f&iacute;sicos. Graeber plantea que para que algo pueda venderse, hay que sustraerlo de su contexto. Las personas expoliadas de sus comunidades y de sus relaciones sociales esenciales pueden ser vendidas -o asesinadas- porque la &uacute;nica relaci&oacute;n que pasaban a tener era con sus due&ntilde;os/ captores. Este argumento es desarrollado en extenso a trav&eacute;s de examinar la esclavitud, desde los esclavos lele hasta las diversas conexiones hist&oacute;ricas entre las econom&iacute;as humanas y comerciales en el comercio de esclavos. Aun m&aacute;s, la esclavitud como forma institucional centrada en la capacidad de arrancar a las personas de sus contextos y volverlas abstracciones, fue central para la emergencia hist&oacute;rica de los mercados, antes de la Conquista en el siglo XV. El argumento es que mientras que el dinero original era una medida, una abstracci&oacute;n y una relaci&oacute;n entre personas (de deuda y de obligaci&oacute;n), la forma mercantil siempre estuvo hist&oacute;ricamente ligada a la violencia. A diferencia del "dinero virtual" (el cr&eacute;dito), la forma met&aacute;lica es impersonal e intercambiable, puede ser robado y reutilizado. Desde esta perspectiva, las reflexiones sobre la violencia son imprescindibles para pensar la deuda.<a name="nn5"></a><sup><a href="#n5">5</a></sup> Y el autor las resume en una sugestiva pregunta: ¿hasta qu&eacute; punto la dislocaci&oacute;n de las personas de sus contextos y lazos sociales -que las transforma en cosas intercambiables- es constitutivo de la civilizaci&oacute;n misma? Ciertamente la esclavitud no es sino una forma extrema de este mecanismo, pero nuestras ideas pol&iacute;ticas y legales est&aacute;n fundadas en su l&oacute;gica. El desarrollo del planteo est&aacute; en el cap&iacute;tulo siguiente: c&oacute;mo el legado de la guerra, la conquista, el pillaje y la esclavitud moldean nuestros supuestos de honor, propiedad y libertad, y nuestras instituciones b&aacute;sicas, hasta convertirnos en 'sociedades de la deuda'. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Mientras que en la primera parte desarroll&oacute; el dilema del pensamiento contempor&aacute;neo con respecto a la deuda (la tensi&oacute;n entre imaginar la sociedad al estilo de Adam Smith donde la deuda pertenece a la &oacute;rbita interindividual o imaginarla como la sustancia misma de la sociedad), en la segunda parte, ya no busca una respuesta &uacute;nica, sino que prefiere examinar c&oacute;mo se pasa de las econom&iacute;as humanas hasta la posibilidad de intercambiar seres humanos por dinero. El s&eacute;ptimo cap&iacute;tulo funciona como bisagra del libro, donde rastrea el problema de c&oacute;mo los humanos pueden volverse objetos de intercambio a trav&eacute;s de un concepto que en la antropolog&iacute;a consagr&oacute; a los estudios en el Mediterr&aacute;neo, el del <i>honor</i>.<a name="nn6"></a><sup><a href="#n6">6</a></sup> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Examina la esclavitud bas&aacute;ndose en fuentes etnogr&aacute;ficas e hist&oacute;ricas de diferentes contextos: desde &Aacute;frica occidental hasta la antigua Mesopotamia y el Islam. Siguiendo a Orlando Patterson (1982), destaca que los esclavos no tienen deudas, o en todo caso, que su deuda es su vida misma porque, a diferencia de otras relaciones humanas, la esclavitud no es una relaci&oacute;n moral. Luego conecta este problema con el del honor, a trav&eacute;s de un interesante argumento: "el honor es el exceso de dignidad" (2011: 170). Ser&iacute;a un juego de suma cero sumamente fr&aacute;gil: la capacidad de desnudar a otros de su dignidad y poder funda el honor, pero siempre existe la posibilidad de perder dignidad. Hay, entonces, dos significados de honor en juego. Por un lado, el que se implica con la posibilidad de degradaci&oacute;n donde los ataques al honor justifican actos de violencia; por otro lado, el que se implica con la integridad (sea en el sentido de poner en juego el honor o en el de honrar las deudas). Examinar la transici&oacute;n entre esos dos significados, permite regresar al problema de c&oacute;mo se pasa de las obligaciones a las deudas. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Algunas de las formas m&aacute;s arcaicas del dinero parecen haber sido usadas como medida del honor y la degradaci&oacute;n, tal como las muchachas esclavas ( <i>cumal</i>) usadas como dinero en Irlanda medieval. El sentido griego del honor tambi&eacute;n se relaciona con la propiedad sexual y el patriarcado, una caracter&iacute;stica extendida en Mesopotamia. Los diferentes casos le permiten sostener la hip&oacute;tesis de que el dinero pas&oacute; de ser una medida del honor hasta ser una medida de todo lo que no era honor. El dinero se volvi&oacute; un s&iacute;mbolo de degradaci&oacute;n porque con su capacidad de no discriminar, introdujo la democratizaci&oacute;n del deseo. Para mostrar que todo esto ocurri&oacute; hist&oacute;ricamente en un contexto de erosi&oacute;n de las viejas formas de jerarqu&iacute;a y de viejas formas comunales de ayuda mutua, regresa a los principios morales planteados en el cap&iacute;tulo 5. En el mundo heroico, solamente las deudas de honor implicaban la l&oacute;gica del intercambio (i.e. la equivalencia del ojo por ojo), y el honor era lo mismo que el cr&eacute;dito (i.e. la capacidad de mantener las promesas). Es aqu&iacute; donde rastrea el origen de la confusi&oacute;n que pervive en la actualidad y que llev&oacute; a que el lenguaje financiero del dinero y la deuda provean nuestros modos de pensar acerca de los problemas morales. Si las escrituras de Plat&oacute;n testifican la confusi&oacute;n moral que introdujo la deuda y que model&oacute; nuestra tradici&oacute;n de pensamiento y nuestras instituciones tradicionales, la noci&oacute;n de propiedad privada absoluta que se deriva de la esclavitud la crearon los juristas romanos, al crear la noci&oacute;n de <i>dominium</i>, a trav&eacute;s de haber tomado el principio de la autoridad dom&eacute;stica que signaba el poder absoluto sobre otras personas y de definir algunas de ellas (a los esclavos) como cosas, para luego extender esa l&oacute;gica hacia todas las dem&aacute;s 'cosas'. La noci&oacute;n de libertad corri&oacute; la misma suerte: en la tradici&oacute;n liberal es el derecho de hacer lo que uno quiera con su propiedad, pero con esto tambi&eacute;n se trata a los derechos como una forma de la propiedad (i.e. tener derechos). Al extender esta l&oacute;gica a las obligaciones que tenemos todos, halla su l&iacute;mite. Esta es una de las paradojas irresueltas del derecho: el poseernos a nosotros mismos significa considerarnos al mismo tiempo amo y esclavo, ya que ejercemos poder absoluto sobre nuestra propiedad y al mismo tiempo somos objeto del poder absoluto, la cosa pose&iacute;da. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Esta es la visi&oacute;n alternativa al dilema planteado en la primera parte de la obra respecto de c&oacute;mo concebimos los v&iacute;nculos entre las relaciones sociales y la deuda: los humanos transformados en objetos de intercambio, desde mujeres dadas en matrimonio hasta cautivos de guerras. El nexo es la violencia que permite separar a la gente de su red de relaciones hasta reducirla a algo comercializable (e.g. entre los tiv el castigo a la mujer que se escapa de su marido, el marido capturado y vendido como esclavo). Aniquilada la posibilidad de paridad tambi&eacute;n se elimina la deuda y la &uacute;nica relaci&oacute;n que queda es el poder. Sin embargo, mientras que en las econom&iacute;as humanas estas acciones son un fin en s&iacute; mismo, en las 'sociedades heroicas' es la esencia de la pol&iacute;tica: epopeyas, sagas y eddas hacen del mecanismo de remover las personas de sus mundos la expresi&oacute;n m&aacute;s alta del honor y la violencia glorificada. </font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif"><b>Desnaturalizando la relaci&oacute;n entre deuda y dinero </b></font></p>     <p align="right"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">".U.S. policy was to insist that those countries relying on U.S. treasury bonds    <br>  as their reserve currency behaved in exactly the opposite way as they did:     <br> observing tight money policies and scrupulously repaying their debts" (p. 367) </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">La tercera parte del libro comienza con una proposici&oacute;n provocadora: pese a que la esclavitud impregna nuestras ideas legales y pol&iacute;ticas, esta instituci&oacute;n fue eliminada varias veces en la historia de la humanidad. Por ejemplo, en el mundo occidental, por ejemplo, tras el colapso del imperio romano, y otro tanto ocurri&oacute; en India y China aproximadamente en el mismo momento. Para Graeber esto da cuenta de la existencia de momentos de oportunidad hist&oacute;rica que desaf&iacute;an la naturalizaci&oacute;n de muchas creencias asociadas a la naturaleza de nuestras instituciones. Lo mismo pasa con el dinero, que pas&oacute; por per&iacute;odos en que dej&oacute; de existir f&iacute;sicamente. En los cap&iacute;tulos siguientes, Graeber se aboca a las econom&iacute;as comerciales y esquematiza una serie de per&iacute;odos hist&oacute;ricos con el objeto de mostrar c&oacute;mo la forma socialmente dominante del dinero tendi&oacute; a oscilar entre lo f&iacute;sico y lo virtual, la mercanc&iacute;a y el cr&eacute;dito. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">En el octavo cap&iacute;tulo, "Cr&eacute;dito versus Metales y los ciclos de la historia", examina el primero de cinco periodos, donde la forma dominante del dinero era virtual, el cr&eacute;dito. Para abordar esta era de los primeros imperios agrarios (3500-800 AEC), recurre a fuentes de la Antigua Mesopotamia donde est&aacute; la mayor informaci&oacute;n registrada al respecto; sin embargo, sostiene que el mismo esquema podr&iacute;a aplicarse a Egipto fara&oacute;nico, China de la edad de bronce y el valle del Ganges en India. La econom&iacute;a mesopot&aacute;mica estaba dominada por grandes instituciones p&uacute;blicas (templos y palacios) cuyos bur&oacute;cratas creaban dinero estableciendo una equivalencia fija entre la plata y el cultivo de cebada. Las deudas se calculaban en plata; no obstante, las transacciones cotidianas de la comunidad se desarrollaban v&iacute;a el cr&eacute;dito y las personas tend&iacute;an a usar cebada u otros elementos generalizadamente aceptados en sus transacciones. En los mercados, los precios de las mercanc&iacute;as que no estaban sujetas a la administraci&oacute;n de precios eran los &uacute;nicos que tend&iacute;an a fluctuar de acuerdo con la oferta y la demanda. Asimismo, en esta &eacute;poca de "dinero virtual" como forma masiva de hacer transacciones, tambi&eacute;n se origina -en Sumeria- el h&aacute;bito de prestar dinero a inter&eacute;s, el cual coadyuv&oacute; a la emergencia de problemas econ&oacute;micos de profundas implicancias para el tejido social: en a&ntilde;os de malas cosechas los campesinos endeudados ten&iacute;an que dar a cambio sus tierras e incluso a miembros de sus familias en servidumbre. El drama de los endeudados fue escalando hacia crisis sociales: abandonaban las ciudades y se volv&iacute;an 'bandidos' semi-n&oacute;mades. La respuesta de los gobernantes ante los ataques y las amenazas de convulsi&oacute;n social, fue declarar amnist&iacute;as que permit&iacute;an a los campesinos regresar al trabajo y a sus familias. De hecho, Graber subraya que la primera palabra registrada que se conoce para el t&eacute;rmino 'libertad' es el vocablo sumerio <i>amargi</i>, que significa 'regresar a la madre', ya que cuando se declaraba borr&oacute;n y cuenta nueva, los campesinos endeudados pod&iacute;an regresar a sus hogares. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Un segundo per&iacute;odo es el de la "Era Axial"<a name="nn7"></a><sup><a href="#n7">7</a></sup> (800 AEC-600 EC), donde la forma dominante del dinero era el acu&ntilde;amiento y el met&aacute;lico en lingotes. Graeber lo desarrolla en el noveno cap&iacute;tulo, centr&aacute;ndose en c&oacute;mo el acu&ntilde;amiento de moneda emerge al mismo tiempo que las grandes religiones mundiales como el Juda&iacute;smo, Cristianismo, Budismo, Jainismo, Confucianismo, Tao&iacute;smo y el Islam. El acu&ntilde;amiento de moneda permiti&oacute; usar el oro y la plata como medios de intercambio, y posibilit&oacute; la creaci&oacute;n de mercados. De aqu&iacute; la insistencia en que no sea casual la afinidad entre el hecho de que fue un per&iacute;odo de mucha violencia y que los metales preciosos pod&iacute;an ser robados. El acu&ntilde;amiento no se cre&oacute; para facilitar el comercio (de hecho los fenicios fueron de los &uacute;ltimos en adoptarlo) sino para pagar a los ej&eacute;rcitos y mercenarios. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Retomando el concepto de <i>military-coinage complex</i> de Geoffrey Ingham (2004), Graeber a&ntilde;ade el t&eacute;rmino esclavitud. Por un lado, porque las tecnolog&iacute;as militares (e.g. los hoplitas griegos, las legiones romanas) estaban ligadas a la esclavitud; por otro, porque la deuda era fuente de esclavos. Aqu&iacute; los Estados ya no condonaban las deudas y la gente quedaba desprotegida pero los sistemas de cr&eacute;dito no desaparecieron por la competencia comercial sino debido a las necesidades de las campa&ntilde;as militares. A su vez, los impuestos forzaban la creaci&oacute;n de mercados impersonales donde pod&iacute;a usarse el met&aacute;lico recibido por soldados y funcionarios extendi&eacute;ndolos al conjunto social. Graeber subraya que esta situaci&oacute;n se dio tambi&eacute;n en Grecia, India y China, con efectos intelectuales profundos: las grandes religiones como <i>reacci&oacute;n</i>a la l&oacute;gica material del mercado. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">En el per&iacute;odo siguiente, en cambio, los mercados y las religiones universales comienzan a fusionarse. Graeber muestra c&oacute;mo el comercio (internacional y local) se organizaba a trav&eacute;s de redes definidas y reguladas por autoridades religiosas y que con ello 'regresan' las formas de dinero virtual, crediticio. En el d&eacute;cimo cap&iacute;tulo ("Las edades medias") examina el per&iacute;odo entre el a&ntilde;o 600 y 1450 (EC) desmenuz&aacute;ndolo geopol&iacute;ticamente. En Europa, durante la &eacute;gida de la cristiandad casi no estaba disponible el acu&ntilde;amiento y las compraventas ordinarias se desarrollaban a trav&eacute;s de otros medios, como los palos de conteo. Los precios se calculaban en t&eacute;rminos de una divisa carolingia que ya no exist&iacute;a, y las grandes transacciones eran a trav&eacute;s de letras de cambio respaldadas por ferias comerciales. En todo esto, la Iglesia proporcionaba el marco legal, la aplicaci&oacute;n de controles sobre el pr&eacute;stamo de dinero a inter&eacute;s y la prohibici&oacute;n de la servidumbre por deudas. Con el mismo tono desarrolla la situaci&oacute;n del comercio en las rutas centradas en el oc&eacute;ano &Iacute;ndico enmarcado en el Islam, que prove&iacute;a una estructura legal y prohib&iacute;a el pr&eacute;stamo a inter&eacute;s, pero permit&iacute;a relaciones pac&iacute;ficas entre los mercaderes y la creaci&oacute;n de una diversidad de instrumentos crediticios. En China, si bien el budismo todav&iacute;a no estaba en posici&oacute;n de regular el comercio, fue creada la casa de empe&ntilde;o como forma de ofrecer a los agricultores pobres una alternativa a los usureros locales. Cuando el Estado se fortaleci&oacute;, regul&oacute; las tasas de inter&eacute;s e intent&oacute; abolir la servidumbre por deudas, y abandon&oacute; el met&aacute;lico inventando el papel moneda y una variedad de instrumentos financieros. En definitiva, si bien la matanza, el saqueo y la acu&ntilde;aci&oacute;n segu&iacute;an ocupando un lugar relevante en todas partes, en este periodo se da un movimiento que contrasta con el anterior: el dinero se desvincula de las instituciones coercitivas y florecen instituciones basadas en un grado de confianza social relativamente grande.<a name="nn8"></a><sup><a href="#n8">8</a></sup> </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">La situaci&oacute;n antes descripta contrasta con la que comienza a desarrollarse desde mediados del siglo XV. El onceavo cap&iacute;tulo ["La era de los grandes imperios capitalistas (1450-1971)"], examina en detalle el regreso a la esclavitud masiva, el saqueo y las grandes guerras a nivel mundial. Es interesante notar que el 'regreso' al met&aacute;lico en oro y plata como la forma principal de divisa hab&iacute;a comenzado a gestarse antes de la llegada a Am&eacute;rica. Graeber rastrea c&oacute;mo a comienzos de la dinast&iacute;a Ming (siglos XV y XVI) surgieron movimientos populares que forzaron al gobierno a abandonar el papel moneda y cualquier intento de imponer sus divisas, coadyuvando a que el vasto mercado chino revierta a un est&aacute;ndar de plata sin denominaci&oacute;n. Los impuestos fueron siendo conmutados en plata y con ello se oficializ&oacute; la pol&iacute;tica de China de atraer plata al pa&iacute;s. Esta enorme demanda de plata tuvo grandes efectos en el mundo, por ejemplo, que la mayor&iacute;a de los metales preciosos saqueados con la Conquista americana y los extra&iacute;dos de las minas de Mexico y Potos&iacute; terminaron en China. En este per&iacute;odo se produce la desvinculaci&oacute;n del dinero de las instituciones religiosas y su reconexi&oacute;n con instituciones coactivas (en especial el Estado). La reversi&oacute;n ideol&oacute;gica hacia el "metalismo" tuvo que ver con que el cr&eacute;dito era una cuesti&oacute;n de Estado, de financiamiento del d&eacute;ficit, en vistas de guerras cada vez m&aacute;s caras. En el imperio brit&aacute;nico, se mantuvo firme en mantener el est&aacute;ndar de oro en los siglos XIX y XX y en EEUU se discuti&oacute; acaloradamente qu&eacute; est&aacute;ndar deb&iacute;a prevalecer (oro o plata). Es justamente en este periodo donde Graeber ubica el desarrollo del mito del trueque y las teor&iacute;as mercantiles del dinero. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Si bien las relaciones entre la Revoluci&oacute;n Industrial, el surgimiento del capitalismo y la democracia representativa resuenan con familiaridad, Graeber intenta proveer un marco para considerar estas instituciones en funci&oacute;n de los v&iacute;nculos entre la Guerra, el capitalismo y la esclavitud. Es decir, el hecho de que las hayamos insertado en un lenguaje de 'libertad' no quiere decir que lo que hoy consideramos 'libertad econ&oacute;mica' haya dejado de basarse en una l&oacute;gica que durante la mayor parte de la historia humana ha sido justamente la esencia de la esclavitud. Esta es la clave para comprender los dilemas que atravesamos en la actualidad. Esto lo trabaja en el periodo que llama la "Era del imperio de la deuda" con el cual desarrolla el doceavo cap&iacute;tulo ("Desde 1971 al comienzo de algo todav&iacute;a indeterminado").<a name="nn9"></a><sup><a href="#n9">9</a></sup> </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Para delimitar la era actual, toma un hito de la historia econ&oacute;mica y pol&iacute;tica: el 15 de agosto de 1971, cuando Nixon suspendi&oacute; oficialmente la convertibilidad fija del d&oacute;lar a oro, y cre&oacute; el r&eacute;gimen de cambio flotante (tambi&eacute;n conocido como la emergencia del sistema financiero virtual). Regresando entonces al planteo del primer cap&iacute;tulo, Graeber discute con las visiones que tienden a concebir la 'financierizaci&oacute;n' del capital como una novedad en la historia de la humanidad. O en todo caso, propone, la novedad ser&iacute;a otra. Por un lado, en la historia humana los sistemas de cr&eacute;dito habr&iacute;an predominado frente al acu&ntilde;amiento de moneda. Eran, asimismo, sistemas que pod&iacute;an mantenerse incluso en ausencia de autoridades que respaldasen los contratos (v&iacute;a el culto al honor personal y v&iacute;a la existencia de instituciones mayores que los Estados, usualmente religiosas). Este esquema difiere del que emerge hacia comienzos de la d&eacute;cada del '70, donde instituciones crediticias mayores que los Estados se abocan a proteger a los acreedores. Y podr&iacute;amos agregar que estos marcos supranacionales tambi&eacute;n han pasado a moldear los t&eacute;rminos dom&eacute;sticos de las deudas, ya que las instituciones del sistema Bretton Woods se fueron apoderando de los dise&ntilde;os de pol&iacute;ticas sociales y econ&oacute;micas de los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo. El rol crucial de la violencia pol&iacute;tica y econ&oacute;mica se mantiene, sin embargo, inc&oacute;lume. Los gobiernos buscan atenuar los efectos de la deuda pero no permiten poner en cuesti&oacute;n el principio moralizante de que hay que pagar las deudas. Sin embargo, hay un aspecto crucial en todo esto: no todos tienen que pagar las deudas; solamente algunos -sean personas f&iacute;sicas o jur&iacute;dicas- lo hacen. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">A modo de comentario final, <i>Debt</i> sustancia la contribuci&oacute;n de la antropolog&iacute;a al examinar la deuda en sus m&uacute;ltiples dimensiones: concepto, valor, meta-narrativa fundante de instituciones, l&oacute;gica de nuestro sentido com&uacute;n econ&oacute;mico, especificidad hist&oacute;rica y sociocultural, y problema pr&aacute;ctico de nuestro tiempo; permite pensar alternativas pol&iacute;ticas y sociales, recuperar experiencias hist&oacute;ricas e imaginar c&oacute;mo ser&iacute;a un mundo que en lugar de 'indignados' produjera sujetos art&iacute;fices de su felicidad (¿c&oacute;mo ser&iacute;a un jubileo en el siglo XXI?). El rol pol&iacute;tico de la reflexi&oacute;n intelectual amplificado por el inter&eacute;s del autor en regresar a las grandes preguntas antropol&oacute;gicas y la producci&oacute;n de teor&iacute;a sobre lo Social con may&uacute;scula, desde y a trav&eacute;s de la etnograf&iacute;a, es incluso un respiro para el lector informado antropol&oacute;gicamente: poder reflexionar sobre su propia disciplina sin limitarse a las discusiones sobre la auto-reflexividad, el auto-an&aacute;lisis y otros t&oacute;picos que han tendido a limitar lo etnogr&aacute;fico a un g&eacute;nero literario. Obras etnogr&aacute;ficas seminales de la disciplina y casos etnogr&aacute;ficos contempor&aacute;neos (incluyendo los del autor en su trabajo de campo en Madagascar), son conectados en una b&uacute;squeda deliberada por llevar a cabo una aut&eacute;ntica etnograf&iacute;a comparada, la cual Graeber defiende en su relevancia te&oacute;rica (1997:694; cf: 2001:xiii). </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif">Terminado el libro comienza una sensaci&oacute;n de que hay algo en la noci&oacute;n de deuda que genera el tipo de incomodad &eacute;tica que a veces produce lo familiar. La lectura &eacute;tica de la historia y el extra&ntilde;amiento antropol&oacute;gico se transforman as&iacute;, en imperativos anal&iacute;ticos y tambi&eacute;n morales. El autor explicita que ha decidido no hacer propuestas pol&iacute;ticas concretas en esta obra, pero s&iacute; proporciona l&uacute;cidamente sus par&aacute;metros pol&iacute;ticos, filos&oacute;ficos y &eacute;ticos: "el dinero no es inefable, pagar las deudas no es la esencia de la moralidad; todas estas cosas son arreglos humanos, y si la democracia significa algo se trata de la capacidad de que todos acuerden en que las cosas sean de otro modo" (2011: 390; mi traducci&oacute;n).<a name="nn10"></a><sup><a href="#n10">10</a></sup> Si <i>Debt</i> se public&oacute; en mayo de 2011, en lo que sin dudas era un 'momento'<a name="nn11"></a><sup><a href="#n11">11</a></sup> adecuado para hablar de la deuda, en realidad con esta tem&aacute;tica su autor articul&oacute; un conjunto de debates y problem&aacute;ticas sobre los cuales ven&iacute;a trabajando desde muchos a&ntilde;os atr&aacute;s, tal como se aprecia en su cr&iacute;tica a ciertas lecturas de la globalizaci&oacute;n (Graeber, 2002) y sobre todo en su trabajo acerca del concepto antropol&oacute;gico del valor (Graeber 2001); el &uacute;ltimo, sin dudas, una de las pocas empresas te&oacute;ricas surgidas en la antropolog&iacute;a fragmentada de nuestros tiempos. </font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="3" face="Times New Roman, Times, serif"><b><font size="2">Notas </font></b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n1"></a><sup><a href="#nn1">1</a></sup> Ha venido explorando tem&aacute;ticas relacionadas con los dilemas de la democracia y la toma de decisiones de tipo horizontal, basadas en el consenso. Recientemente su participaci&oacute;n en el movimiento Occupy Wall Street y en la consigna "somos el 99%", lo catapultaron hacia una gran notoriedad p&uacute;blica aunque su trayectoria como activista es de m&aacute;s larga data (en el Alter-Globalization Movement y en Direct Action Network) y es miembro de IWW (Trabajadores Industriales del Mundo). </font></p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n2"></a><sup><a href="#nn2">2</a></sup> Godelier (1986) plante&oacute; este problema respecto de c&oacute;mo los dominadores deben aparecer rindiendo alguna clase de servicio que legitima su necesidad y la propia relaci&oacute;n de dominaci&oacute;n. Si bien Graber cuestiona el considerar las relaciones humanas seg&uacute;n el esquema del intercambio, cabe advertir el parentesco entre la din&aacute;mica v&iacute;ctima/victimario en la relaci&oacute;n entre deuda y violencia y el an&aacute;lisis de Godelier respecto de la ideolog&iacute;a de los fluidos corporales en la cual se sustenta la dominaci&oacute;n masculina entre los baruya. </font></p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n3"></a><sup><a href="#nn3">3</a></sup> Este diplom&aacute;tico y economista brit&aacute;nico se&ntilde;al&oacute; hace un siglo que la historia de la econom&iacute;a se basaba en postulados falsos debido a la confusi&oacute;n entre la historia del dinero y la del acu&ntilde;amiento de la moneda, y propon&iacute;a en cambio, historiar la noci&oacute;n de deuda. </font></p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n4"></a><sup><a href="#nn4">4</a></sup> Se&ntilde;alado por Evans-Pritchard (1979): permite suspender el conflicto y posibilita la vida social. </font></p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n5"></a><sup><a href="#nn5">5</a></sup> Esta 'violencia' no es conceptual sino coacci&oacute;n f&iacute;sica. De hecho, en otro trabajo desarroll&oacute; este tema a la luz de la l&oacute;gica burocr&aacute;tica, mostrando c&oacute;mo la violencia es parte de los procedimientos burocr&aacute;ticos m&aacute;s rutinarios y "est&uacute;pidos" (Graeber, 2006). </font></p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n6"></a><sup><a href="#nn6">6</a></sup> Ver Las obras de Pitt Rivers (1989) y Peristiany (1968), si bien Graeber no las cita (quiz&aacute;s porque la discusi&oacute;n no est&aacute; planteada en t&eacute;rminos etnogr&aacute;ficos asociados al Mediterr&aacute;neo). </font></p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n7"></a><sup><a href="#nn7">7</a></sup> Seg&uacute;n Karl Jaspers (1995), <i>Axial Age</i> describe el periodo de la emergencia de las grandes tradiciones filos&oacute;ficas (800-200 AEC). Graeber lo usa en un sentido m&aacute;s amplio siguiendo a Lewis Mumford, desde la &eacute;poca de Zoroastro a la de Mohammed. </font></p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n8"></a><sup><a href="#nn8">8</a></sup>8 Graeber aclara que est&aacute; relegando la Alta Edad Media o <i>Dark Ages</i> en Europa al per&iacute;odo caracterizado por el militarismo predatorio y la importancia del metal (especialmente oro y plata). </font></p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n9"></a><sup><a href="#nn9">9</a></sup> No es casual que su desarrollo se centre en EEUU. De hecho, en este cap&iacute;tulo pareciera que el autor est&aacute; dirigi&eacute;ndose a sus compatriotas (e.g. c&oacute;mo aborda las percepciones del 11/09/2001). </font></p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n10"></a><sup><a href="#nn10">10</a></sup> En otros contextos, Graeber se ha definido a s&iacute; mismo como un 'abolicionista' que aboga por el fin de la deuda como herramienta de subordinaci&oacute;n. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><a name="n11"></a><sup><a href="#nn11">11</a></sup> Me refiero a la <i>primavera &aacute;rabe</i> en el Norte de &Aacute;frica y el Cercano Oriente, el <i>M15</i> o movimiento de los <i>indignados</i> en Espa&ntilde;a y lo que ser&iacute;a <i>Occupy Wall Street</i> en EEUU. </font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif"><b>Bibliograf&iacute;a </b></font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">1. BOURDIEU, Pierre. 1997. <i>Razones pr&aacute;cticas. Sobre la teor&iacute;a de la acci&oacute;n</i>. Barcelona: Anagrama.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060203&pid=S1850-275X201200010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">2. BOHANNAN, Paul y BOHANNAN, Laura. 1953. <i>The Tiv of Central Nigeria</i>. Londres: International African Institute.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060205&pid=S1850-275X201200010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">3. DA COL, Giovanni y GRAEBER, David. 2011. "Foreword. The return of ethnographic theory". <i>HAU. Journal of Ethnographic Theory</i>, Nro. 1: vi-xxxv.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060207&pid=S1850-275X201200010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">4. DOUGLAS, Mary. 1963. <i>The Lele of the Kasai</i>. Londres: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060209&pid=S1850-275X201200010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">5. EVANS-PRITCHARD, Edward E. 1979 [1940] <i>Los Nuer</i>. Barcelona: Anagrama.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060211&pid=S1850-275X201200010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">6. GODELIER, Maurice. 1986 [1982]. <i>La producci&oacute;n de Grandes Hombres. Poder y dominaci&oacute;n masculina entre los Baruya de Nueva Guinea</i>. Madrid: Akal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060213&pid=S1850-275X201200010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">7. GRAEBER, David. 1997. "Manners, Deference, and Private Property in Early Modern Europe". <i>Comparative Studies in Society and History</i>, Vol. 39, Nro. 4: 694-728.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060215&pid=S1850-275X201200010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">8. GRAEBER, David. 2001. <i>Toward an Anthropological Theory of Value: The False Coin of Our Own Dreams</i>. New York: Palgrave.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060217&pid=S1850-275X201200010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">9. GRAEBER, David. 2006. "Beyond Power/Knowledge an exploration of the relation of power, ignorance and stupidity". <i>Malinowski Memorial Lecture</i>, London, LSE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060219&pid=S1850-275X201200010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">10. GRAEBER, David. 2010. "Les fondements moraux des relations &eacute;conomiques. Une approche maussienne". Revue du <i>M.A.U.S.S.</i>, Nro. 36: 51-70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060221&pid=S1850-275X201200010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">11. GRAEBER, David. 2002. "The Anthropology of Globalization (With Notes on Neomedievalism, and the End of the Chinese Model of the Nation-State". <i>American Anthropologist</i>, Vol. 104, Nro. 4:1222-1227.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060223&pid=S1850-275X201200010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">12. HART, Keith. 1986. "Heads or Tails? Two Sides of the Coin." <i>Man</i>, Nro. 21: 637-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060225&pid=S1850-275X201200010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">13. INGHAM, Geoffrey. 2004. <i>The Nature of Money</i>. Cambridge: Polity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060227&pid=S1850-275X201200010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">14. JASPERS, Karl. 1995 [1949]. <i>Origen y meta de la historia</i>. Barcelona: Altaya.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060229&pid=S1850-275X201200010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">15. MAUSS, Marcel. 1979 [1924]. "Ensayo sobre los dones. Motivo y forma del cambio en las sociedades primitivas". En: <i>Sociolog&iacute;a y Antropolog&iacute;a</i>. Madrid: Tecnos. pp. 155-306.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060231&pid=S1850-275X201200010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">16. MORGAN, Lewis Henry. 1962 [1851]. <i>League of the Iroquois.</i>Secaucus, N.J.: Citadel Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060233&pid=S1850-275X201200010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">17. NIETZSCHE, Friedrich. 1996 [1887] <i>La genealog&iacute;a de la moral</i>. Madrid: Alianza Editorial </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060235&pid=S1850-275X201200010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">18. PATTERSON, Orlando. 1982. <i>Slavery and Social Death: A Comparative Study</i>. Cambridge: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060236&pid=S1850-275X201200010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">19. PERISTIANY, John (Ed.). 1968. <i>El concepto de honor en la sociedad mediterr&aacute;nea</i>. Barcelona: Labor.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060238&pid=S1850-275X201200010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">20. PITT-RIVERS, Julian. 1989 [1954]: <i>Un pueblo de la sierra: Grazalema</i>. Barcelona: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060240&pid=S1850-275X201200010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="left"><font size="2" face="Times New Roman, Times, serif">21. ROSPABE, Philippe. 1993. "Don Archaique et Monnaie Sauvage". En: Revue du <i>M.A.U.S.S., Ce que donner veut dire: don et int&eacute;rêt</i>. Nro. 1: 33-59. Paris: Editions La D&eacute;couverte.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1060242&pid=S1850-275X201200010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>      ]]></body><back>
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