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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"><b>DOSSIER</b></font></p>     <p align="left"><b><font size="4" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Discusi&oacute;n  bibliogr&aacute;fica: <br />       Nuevas  contribuciones para una teor&iacute;a de las redes culturales</font></b></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><b><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">&Aacute;lvaro  Fern&aacute;ndez Bravo</font></b><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"></font></p>     <p align="left"><font size="2" face="Arial, Helvetica, sans-serif">CONICET, New York University Buenos Aires, Argentina<br /> <a href="mailto:afb3@nyu.edu ">afb3@nyu.edu</a></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">La atenci&oacute;n  sobre las redes culturales como objeto cr&iacute;tico ha tenido un crecimiento  significativo en la producci&oacute;n te&oacute;rica contempor&aacute;nea. Esta discusi&oacute;n  bibliogr&aacute;fica sobre cuatro publicaciones recientes propone trazar un estado de  la cuesti&oacute;n a trav&eacute;s l&iacute;neas y problemas emergentes que recorren distintas  articulaciones de la red como dispositivo de circulaci&oacute;n del capital simb&oacute;lico,  zona de condensaci&oacute;n y nodo conceptual transdisciplinario. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">En el  terreno de la investigaci&oacute;n literaria y cultural, la multiplicaci&oacute;n de las  redes ha generado una rica reflexi&oacute;n que comprende desde los trabajos m&aacute;s  emp&iacute;ricos y textuales en el &aacute;rea de los estudios de la literatura mundial, como  los de Pascale Casanova (<i>La rep&uacute;blica  mundial de las letras</i>) y los de Franco Moretti sobre la novela como &quot;forma  plantearia&quot;, hasta las r&eacute;plicas recientes de Ignacio S&aacute;nchez Prado, Jean Franco  y otros. Estos &uacute;ltimos cuestionan la posici&oacute;n atribuida a la literatura  latinoamericana en el mapa mundial, es decir, la colocaci&oacute;n perif&eacute;rica e  imitativa a la que la han confinado ciertas lecturas. El centro de estas  miradas es la figura de la copia imperfecta respecto del &quot;modelo&quot;  metropolitano en los nuevos atlas culturales de aspiraciones globales. Sabemos  que los escritos sobre la globalizaci&oacute;n pecan a menudo de escasa densidad  conceptual y demuestran, verbigracia, la relativa debilidad de las redes de  circulaci&oacute;n del conocimiento, a pesar de su proclamado &eacute;xito. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">M&aacute;s all&aacute; de  un debate que excede el espacio de esta discusi&oacute;n bibliogr&aacute;fica, es dable  constatar que los l&iacute;mites y contornos de los campos no cesan de expandirse,  horadarse, dejarse infiltrar por nuevos elementos que incluyen tanto a  literaturas antes raramente comparadas entre s&iacute;, como nuevos conjuntos de  objetos integrados en redes de relaciones entre lenguajes. La literatura y el  cine, las artes visuales, el teatro, y formas h&iacute;bridas como el <i>performance</i> y las nuevas producciones  escritas que circulan en la web resultan puestas en di&aacute;logo y en contexto, con  una presencia m&aacute;s n&iacute;tida de elementos de la vida cotidiana como el g&eacute;nero  sexual y la raza, necesarios para situar los objetos culturales en su coyuntura  hist&oacute;rica y pol&iacute;tica. S&oacute;lo baste mencionar el lugar de la imagen  cinematogr&aacute;fica en obras recientes como las de Jacques Ranci&egrave;re, Alain Badiou o  Slavoj Zizek, para mencionar algunos de los autores m&aacute;s conocidos en el campo  te&oacute;rico continental.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Hay  antecedentes importantes que vale la pena recordar en la especulaci&oacute;n sobre la  categor&iacute;a de &quot;red&quot;. Desde la teor&iacute;a de la intertextualidad de Mija&iacute;l Bajt&iacute;n  hasta diversas aproximaciones del posestructuralismo que buscaron leer m&aacute;s all&aacute;  de los recortes inmanentistas que el estructuralismo privilegi&oacute; durante su  primera etapa —<i>Il n'y a pas de hors-texte</i>,  Derrida dixit. Hoy esa afirmaci&oacute;n resulta insostenible y tanto textos como  obras de arte se hallan arrojados en un afuera que los atraviesa, altera y  condiciona lecturas y recortes. En este mismo sentido, la muerte del autor fue  una formulaci&oacute;n que abasteci&oacute; hip&oacute;tesis diversas en torno al fin de la  soberan&iacute;a del sujeto sobre la obra y habilit&oacute; una reflexi&oacute;n que postulaba la  participaci&oacute;n de sujetos colectivos en la producci&oacute;n de una obra de arte  (literaria o no), impuls&oacute; una reflexi&oacute;n que busc&oacute; desplazar inicialmente tanto  la hegemon&iacute;a del sujeto como la idea de propiedad de la obra de arte,  derrocando el antiguo r&eacute;gimen del autor. El efecto colateral de esta pol&iacute;tica  fue una inflaci&oacute;n del texto que borraba otros componentes relevantes y aislaba  las obras en un solipsismo que domin&oacute; la cr&iacute;tica literaria durante algunas  d&eacute;cadas. Podr&iacute;amos decir que las conceptualizaciones seminales sobre la muerte  del autor dieron su fruto reci&eacute;n algunas d&eacute;cadas m&aacute;s tarde y ahora asistimos a  una proliferaci&oacute;n de estudios que llevan aquellas hip&oacute;tesis a estudios de caso,  reponiendo la constelaci&oacute;n y el entramado que sostiene a la producci&oacute;n  simb&oacute;lica —la verdadera polifon&iacute;a de voces y af&aacute;n de salir de s&iacute; del arte  contempor&aacute;neo— en el centro de atenci&oacute;n. Esta vuelta de tuerca repone ciertos  atributos que hab&iacute;an sido erradicados, vaciando los textos de las condiciones  de enunciaci&oacute;n que las redes permiten apreciar. Algunos de los estudios que  forman parte de esta nota, como los libros de Bourriaud, Garc&iacute;a Canclini y  Escobar, muestran un inter&eacute;s por circuitos espec&iacute;ficos y redes de intercambio  que sit&uacute;an a comunidades y experiencias est&eacute;ticas en relaci&oacute;n. No es casual que  estos trabajos se enfoquen primordialmente en las artes visuales: es all&iacute; donde  la teor&iacute;a hoy genera una productividad conceptual m&aacute;s arriesgada y provocativa.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">En el campo  latinoamericano, la teor&iacute;a de la transculturaci&oacute;n elaborada por Fernando Ortiz,  retomada y expandida luego por &Aacute;ngel Rama, as&iacute; como el concepto de religaci&oacute;n  desarrollado por Susana Zanetti y la teor&iacute;a de la heterogeneidad cultural  acu&ntilde;ada por Antonio Cornejo Polar sirven tambi&eacute;n como antecedentes importantes  de la reflexi&oacute;n sobre la funci&oacute;n de las redes culturales y el grado de  interacci&oacute;n e impacto que tuvieron en la producci&oacute;n simb&oacute;lica de la regi&oacute;n. La  red resulta una met&aacute;fora insustituible para analizar la producci&oacute;n simb&oacute;lica,  porque &eacute;sta siempre se encuentra inserta en una malla de objetos, discursos y  relaciones dial&oacute;gicas entre componentes heterog&eacute;neos. Precisamente Derrida, en  su libro <i>Pol&iacute;ticas de la amistad</i>,  desarrolla uno de los esfuerzos te&oacute;ricos precursores por desplegar una  reflexi&oacute;n en torno al problema de las relaciones intersubjetivas y su huella en  la producci&oacute;n cultural. Otros fil&oacute;sofos contempor&aacute;neos como Agamben tambi&eacute;n se  han detenido en la cuesti&oacute;n de las relaciones humanas e intersubjetivas como un  componente central de la actividad filos&oacute;fica y un insumo capital en la  formaci&oacute;n de las tradiciones culturales, siempre insertas en conjuntos mayores  que implican el intercambio de ideas y conceptos, la circulaci&oacute;n de informaci&oacute;n  y bienes simb&oacute;licos, y su impacto en la proliferaci&oacute;n de nuevas categor&iacute;as,  apropiadas para interrogar el problema de las redes culturales.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">El primer  ensayo que seleccionamos para esta nota, <i>La  amistad</i> de Giorgio Agamben, es un buen ejemplo de esta  l&iacute;nea de pensamiento, ya que parte de una relaci&oacute;n epistolar entre el autor y  Jean-Luc Nancy, y tambi&eacute;n refiere, de un modo tal vez un poco pomposo,  su voluntad de &quot;corregir&quot; a Derrida en <i>Pol&iacute;ticas  de la amistad</i>, por la lectura del moto medieval &quot;Oh amigo, no hay amigos&quot;  en torno al cual Derrida organiz&oacute; parte del argumento de su ensayo.&nbsp; Agamben sostiene en su breve texto que hay un  problema filol&oacute;gico y que la frase atribuida a Arist&oacute;teles por Di&oacute;genes  Laertius en su <i>Vidas de fil&oacute;sofos  eminentes</i> deber&iacute;a ser le&iacute;da m&aacute;s bien como la muy diferente &quot;Aquel que tiene  muchos amigos, no tiene ninguno&quot;. En cualquier caso, el italiano atribuye a la  amistad un rol clave en el seno de la misma actividad filos&oacute;fica, que depende  del di&aacute;logo con el otro para su ejercicio, tal como fue establecido en la  filosof&iacute;a griega cl&aacute;sica bajo el formato del di&aacute;logo plat&oacute;nico. Valga como  ejemplo su propia enunciaci&oacute;n del ensayo, fruto de los v&iacute;nculos personales del  autor con dos reconocidos fil&oacute;sofos franceses contempor&aacute;neos. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Uno de los  puntos se&ntilde;alados por Agamben en su comentario de un fragmento de la <i>&Eacute;tica nicomaquea</i> de Arist&oacute;teles resulta  relevante para nuestro prop&oacute;sito: el lugar que atribuye a la &quot;amistad&quot; como  categor&iacute;a existencial.&nbsp; La amistad  depende del otro, del interlocutor y del amigo, en un nivel material y  concreto; es esa experiencia compartida aquello que la dota de sentido. La  amistad no es otra cosa que la co-existencia con el otro y se define por su  car&aacute;cter eminentemente relacional.&nbsp; Las  relaciones de amistad resultan por lo tanto un elemento indispensable para  habilitar la actividad filos&oacute;fica.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Precisamente  la est&eacute;tica relacional es el centro de atenci&oacute;n del libro de Nicol&aacute;s Borriaud, <i>Est&eacute;tica relacional</i>, curador del Palais  de Tokio de Par&iacute;s, responsable de numerosas muestras y exhibiciones y un autor  de amplia circulaci&oacute;n (Garc&iacute;a Canclini le dedica varias referencias en su  libro). El libro de Bourriaud recorta un objeto claramente delimitado: el arte  de la d&eacute;cada de los 90 –que conoce muy bien por su trayectoria como curador.  Fue publicado en Francia en 1998 y en 2008 por Adriana Hidalgo en la Argentina, donde ya se  public&oacute; la segunda edici&oacute;n. Su reflexi&oacute;n se despliega en torno a lo que  Bourriaud denomina &quot;forma relacional&quot;, un tipo espec&iacute;fico de articulaci&oacute;n en el  arte contempor&aacute;neo que privilegiar&iacute;a distintas formas de vinculaci&oacute;n entre la  obra de arte y el mundo social. Aunque el autor propone apartarse de la  disciplina de la Historia  del Arte tal como fue practicada hasta el presente e incluye un repertorio  te&oacute;rico rico en citas de Gilles Deleuze, Felix Guattari, Michel De Certeau y  Louis Althuser entre otros –con un neto predominio de autores franceses–, su  ensayo finalmente atraviesa un recorrido bastante tradicional: un conjunto de  instalaciones y obras de artistas como Rirkrit Tiravanija, Mauricio Cattelan,  Christine Hill, Nirotoshi Hirawaka y F&eacute;lix Gonz&aacute;lez-Torres a partir de las  cuales elabora su argumento. Es decir, no hace algo radicalmente distinto de lo  que otros historiadores del arte han hecho desde que Giorgio Vasari escribi&oacute; <i>Vidas de los mejores arquitectos, pintores y  escultores italianos </i>en 1550 y estableci&oacute; los fundamentos de la disciplina. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Bourriaud propone sin embargo, que  habr&iacute;a hoy un nuevo tipo de configuraci&oacute;n de la obra de arte que tendr&iacute;a  resultados democratizadores, permitir&iacute;a reconectar al arte con la vida y el  mundo, superando la acusaci&oacute;n adorniana sobre la pol&iacute;tica del museo y su  analog&iacute;a con el cementerio –la separaci&oacute;n arte-vida oportunamente denunciada  por las vanguardias. El arte relacional estimular&iacute;a una participaci&oacute;n m&aacute;s  activa e interactiva de la audiencia con las obras, capaz de contribuir a  deconstruir esta separaci&oacute;n. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"><i>Est&eacute;tica  relacional</i> incurre en un optimismo trivial, comete generalizaciones escandalosas  y, como mucha de la bibliograf&iacute;a que festeja los resultados de la  globalizaci&oacute;n, desconoce las condiciones&nbsp;  de producci&oacute;n en regiones alejadas de los centros mundiales donde se  cotiza el capital cultural. La confianza en la tecnolog&iacute;a y su potencial  liberador –que comprende por supuesto a las redes virtuales– resulta por lo  menos candorosa y f&aacute;cilmente refutable al reconocer la generalizada incapacidad  del autor para citar artistas alejados del mercado internacional, a pesar de  los supuestos beneficios provistos por las autopistas de la informaci&oacute;n. Del  mismo modo que muchos ensayos sobre el arte contempor&aacute;neo, el ensayo de  Bourriaud privilegia la contingencia y la fluidez sobre la permanencia y lo  material. Obras de arte perecederas, intervenciones que provocan y persiguen  reacciones inmediatas de la audiencia, privilegio del arte por su lugar  intersticial: un artista invita a la audiencia preparar una sopa thai en la  casa de un coleccionista; otro convoca al p&uacute;blico a participar en una cinta de  ensamblaje de una f&aacute;brica donde montan sus hobbies favoritos. A casi cien a&ntilde;os  del mingitorio de Duchamp, estos acontecimientos parecen provocaciones inanes. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">La voluntad por rastrear al arte  fuera de s&iacute; parece impedir reconocer las estructuras relacionales a partir de  sus resultados materiales, su manifestaci&oacute;n en cosas sobre las que pueden rastrearse  huellas concretas de las redes que las atraviesan y revelan su condici&oacute;n  h&iacute;brida y mestiza, impura y plural. El glosario incluido en el final del libro  propone una redefinici&oacute;n radical de ciertos conceptos de la cr&iacute;tica de arte  alineados con una po&eacute;tica posmoderna y con el fin de la autonom&iacute;a, una de las  tesis principales del libro. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif"><i>La  sociedad sin relato</i> es el decimoprimer libro del antrop&oacute;logo argentino radicado  en M&eacute;xico N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini. El volumen comparte con el de Bourriaud la  confianza en el fin de la autonom&iacute;a denunciada por Fredric Jameson a fines de  los 80 y retomada por Josefina Ludmer en su &uacute;ltimo libro, <i>Aqu&iacute; Am&eacute;rica Latina</i>. Garc&iacute;a Canclini hab&iacute;a empleado obras de arte  como objeto de investigaci&oacute;n en libros anteriores, pero en este caso desplaza  todo el foco de inter&eacute;s hacia el arte contempor&aacute;neo que &quot;se ha convertido en  una alternativa para inversores decepcionados, laboratorio de experimentaci&oacute;n  intelectual en la sociolog&iacute;a, la antropolog&iacute;a, la filosof&iacute;a y el psicoan&aacute;lisis,  surtidor de la moda, del dise&ntilde;o, y de otras t&aacute;cticas de distinci&oacute;n&quot; (p. 9)&quot;. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Algunos de los artistas que recorre  se superponen a los de Bourriaud, como Gonz&aacute;lez-Torres, conocido por la  incorporaci&oacute;n de su orientaci&oacute;n sexual en su obra, aunque Garc&iacute;a Canclini  conoce mejor el contexto y es capaz de lecturas m&aacute;s solventes que las del autor  de <i>Arte relacional</i>. As&iacute; ocurre cuando  denuncia abordajes esencialistas que leen siempre en la producci&oacute;n  latinoamericana la exhibici&oacute;n de una agenda social pr&oacute;xima a la denuncia.  Apoy&aacute;ndose en Bruno Latour, Garc&iacute;a Canclini sostiene que las estructuras  macrosociales han perdido su capacidad de interpelaci&oacute;n y fueron reemplazadas  por procesos que &quot;forman redes, luego las deshacen y las recomponen de otro  modo&quot;, articulando conexiones din&aacute;micas, donde quedan integrados la producci&oacute;n,  la circulaci&oacute;n y el consumo (44). Los flujos reemplazan a las obras como eje  del an&aacute;lisis. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Por esa raz&oacute;n los museos, como el  Museo quai du Brainly de Par&iacute;s, que analiza en detalle en el cap&iacute;tulo 3, &quot;Reapropiaciones  de los objetos,&quot; resultan in&uacute;tiles para capturar la diversidad de la  constelaci&oacute;n contempor&aacute;nea. Este museo re&uacute;ne objetos del mundo perif&eacute;rico  (Asia, &Aacute;frica y Ocean&iacute;a) y ante la dificultad para <br />   designar su acervo como base de su  propia denominaci&oacute;n, debi&oacute; resignarse a la referencia de su direcci&oacute;n postal  como nombre. Observados como s&iacute;ntoma de un cambio al que no les resulta f&aacute;cil  adaptarse, los museos se vuelven instituciones anacr&oacute;nicas, incapaces de  reflejar el dinamismo y la fluidez que caracterizan el mundo contempor&aacute;neo. Los  esfuerzos por matizar el saqueo colonial como origen de las colecciones del  museo quai du Brainly desembocan en una muestra casi pat&eacute;tica que vuelve a&uacute;n  m&aacute;s patente la desigualdad del intercambio colonial (otra forma de pensar el  tr&aacute;fico a trav&eacute;s de redes coloniales y poscoloniales). El libro recorre algunas  intervenciones muy provocativas como las obras de Gabriel Orozco, Francis Al&yuml;s,  Antoni Muntadas y Cildo Meireles, sin apartarse de un recorte iberoamericano que,  a pesar de parecer algo arcaico, permite reconocer la sinton&iacute;a del arte  brasile&ntilde;o e hispanoamericano con los flujos globales de sentido y a Garc&iacute;a  Canclini hablar sobre un territorio conocido sin incurrir en errores  conscientes, involuntarios o banales. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Quiz&aacute;s la sensibilidad del autor  para reconocer las diferencias culturales entre los participantes de las redes  sea el m&eacute;rito m&aacute;s destacable del libro. As&iacute;, cuestiona la categor&iacute;a de  &quot;patrimonio de la humanidad&quot; consagrada por la Unesco, por sus efectos indeseados  y oblicuos: termina por elevar la cotizaci&oacute;n de los bienes que pretende  proteger (lugares, edificios, locus urbanos) exponi&eacute;ndolos a la explotaci&oacute;n de  la industria tur&iacute;stica y a su consiguiente deterioro. Asimismo, la  representaci&oacute;n de los bienes consagrados como &quot;patrimonio de la humanidad&quot;  resulta abrumadoramente ocupada por sitios europeos en desmedro del mundo no  europeo, carente de recursos tanto para preservar su patrimonio como para  solventar los lobbies necesarios para calificarlo como tal (Cap&iacute;tulo 2,  &quot;Culturas visuales: entre el arte y el patrimonio&quot;). Garc&iacute;a Canclini es un  h&aacute;bil realizador de estados de la cuesti&oacute;n. Lo que ocurre con ese registro es  que se vuelve obvio y obsoleto con rapidez. &iquest;Alguien se atrever&iacute;a a dudar hoy  de la fuerza del mercado del arte o de la separaci&oacute;n y contaminaci&oacute;n  simult&aacute;neas entre valor est&eacute;tico y valor econ&oacute;mico? La muerte de los grandes  relatos evocada en el t&iacute;tulo del libro fue anunciada por Jean-Fran&ccedil;ois Lyotard  hace ya m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, no resulta novedad que estamos en un horizonte sin  br&uacute;jula (afortunadamente quiz&aacute;s, luego de tantas agendas pol&iacute;ticas impuestas  por faros ideol&oacute;gicos). La est&eacute;tica de la inminencia tendr&iacute;a sin embargo  pretensiones m&aacute;s modestas: apenas describir un nuevo estado y reconocer el peso  de las redes como alianzas de resistencia ante la hegemon&iacute;a del mercado en el  capitalismo tard&iacute;o. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">La resistencia est&aacute; en el centro del  ensayo de Arturo Escobar <i>Territories of  Difference. Place, movements, life, redes. </i>Antrop&oacute;logo colombiano radicado  en los Estados Unidos, Escobar se ubica pr&oacute;ximo al grupo de estudios  modernidad/colonialidad/descolonialidad liderado por Walter Mignolo y Enrique  Dussel. Su trabajo tiene altas pretensiones te&oacute;ricas y contribuye a  problematizar la categor&iacute;a de &quot;red&quot; desde la antropolog&iacute;a contempor&aacute;nea, aunque  enfatizando su proximidad con las &quot;indisciplinas&quot; (undisciplinarity)  epistemol&oacute;gicas antes que con las fronteras r&iacute;gidas en la geopol&iacute;tica del  conocimiento. La inclusi&oacute;n del sustantivo &quot;redes&quot; en espa&ntilde;ol en el t&iacute;tulo del  libro da una pista sobre la posici&oacute;n del autor, que dialoga confortablemente  con diversas tradiciones cr&iacute;ticas y se encuentra, como muchos acad&eacute;micos  latinoamericanos, trabajando en la academia norteamericana. Se ubica por lo  tanto en una posici&oacute;n que siempre favorece la formaci&oacute;n de redes y alianzas  pol&iacute;tico-culturales como las que se reconocen en su libro.</font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">El objeto central de <i>Territories of difference</i> es el <i>Proceso de Comunidades Negras</i> (PCN en  espa&ntilde;ol, PNC en ingl&eacute;s). Se trata de las comunidades afrodescendientes del  Pac&iacute;fico sur colombiano, que el autor aborda desde una &oacute;ptica donde se mezclan  el activismo social con el conocimiento acad&eacute;mico y el af&aacute;n te&oacute;rico. El estudio  es extenso, minucioso, erudito y aborda cada cap&iacute;tulo apoy&aacute;ndose en seis  categor&iacute;as: capital, naturaleza, desarrollo, lugar, identidad y redes. En rigor  el libro en s&iacute; se nutre continuamente de las redes que son un instrumento usual  en la etnograf&iacute;a, pero que el autor emplea, con una voluntad an&aacute;loga a los  autores analizados anteriormente, para cuestionar su disciplina y procurar  llevar lo m&aacute;s lejos posible una cr&iacute;tica radical del quehacer antropol&oacute;gico en  busca de nuevas herramientas conceptuales. Como sabemos, su empresa no es  nueva, m&aacute;s bien parece haber nacido con la pr&aacute;ctica etnogr&aacute;fica misma, siempre  inc&oacute;moda con su posici&oacute;n frente al otro —a la vez objeto y sujeto con una voz  propia— de quien el antrop&oacute;logo obten&iacute;a saber a costa de su aculturaci&oacute;n y en  contextos pol&iacute;ticos de una desigualdad obscena. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">Escobar parte de un punto  estimulante: actualizar la teor&iacute;a y valerse de autores como Boaventura de Souza  Santos (sociolog&iacute;a de las ausencias) o Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (l&oacute;gica  de las articulaciones) para estudiar una red en plena expansi&oacute;n y analizarla de  manera contigua a su afianzamiento. El mundo afrolatinoamericano a&uacute;n se  encuentra muy desactualizado respecto a la producci&oacute;n de conocimiento, resulta  invisible y merece una atenci&oacute;n respetuosa como la que Escobar le depara para  saber m&aacute;s de &eacute;l. Asimismo se trata de un objeto atravesado por redes de todo  tipo, como nos lo ense&ntilde;&oacute; Paul Gilroy en su estudio precursor, <i>The Black Atlantic</i>. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">El problema aqu&iacute; parece estar en  cierto desajuste entre las pretensiones y alcance de las categor&iacute;as te&oacute;ricas,  los debates epistemol&oacute;gicos (la severa cr&iacute;tica del trabajo de campo y la  separaci&oacute;n entre conocimiento y activismo social) y la comunidad estudiada. La  misma noci&oacute;n de &quot;identidad&quot; puede volverse demasiado r&iacute;gida y opaca cuando el  argumento insiste, como en los otros libros comentados m&aacute;s arriba, en la  contingencia, fluidez, movilidad y &quot;posicionalidad&quot; del objeto estudiado. &iquest;C&oacute;mo  articular la teor&iacute;a l&iacute;quida con un concepto tan macizo como el de identidad?  Tal vez la categor&iacute;a de vida, presente en el t&iacute;tulo del libro aunque escasamente  trabajada en el cuerpo del ensayo podr&iacute;a haber prove&iacute;do de un recurso &uacute;til para  aceitar las redes del conocimiento sobre comunidades poco afines al  sedentarismo conceptual. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">La red es un concepto din&aacute;mico y  m&oacute;vil, fr&aacute;gil y evanescente como la red de una tela de ara&ntilde;a. Parte de su valor  y utilidad en el momento contempor&aacute;neo —la era de lo ef&iacute;mero, como ha sido  definida— radica en su misma contingencia. N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini se detiene en  su libro en la necesidad de cuestionar la misma categor&iacute;a de &quot;concepto&quot; para  restituirle su historicidad, capacidad de cambiar y replantear los usos que les  damos sin aferrarnos a ellos como si fueran inmutables. </font></p>     <p align="left"><font size="3" face="Arial, Helvetica, sans-serif">En esta nota predominan fuentes  sociales o art&iacute;sticas en un sentido amplio como objeto de an&aacute;lisis. Aunque los  autores recorridos no provienen de los estudios literarios ser&iacute;a un error  soslayar la escasa presencia de referencias a obras literarias. No se trata de  un dato menor, aunque como dije antes, la teor&iacute;a literaria haya tenido un papel  precursor, tanto en Europa como en las Am&eacute;ricas en la conceptualizaci&oacute;n de las  redes como mecanismos culturales. Quiz&aacute;s sea un buen momento para actualizar y  abrir el di&aacute;logo de los textos con otros dispositivos m&aacute;s porosos a la energ&iacute;a  que recorre los canales del conocimiento y contribuir tambi&eacute;n a la necesaria  actualizaci&oacute;n de los arsenales te&oacute;ricos que se construyen, como sabemos, en una  relaci&oacute;n abierta y receptiva con los objetos a partir de los cuales se  despliegan nuevas categor&iacute;as cr&iacute;ticas.</font></p>      ]]></body>
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